Picasso en la guerra civil

Picasso en la guerra civil, de Daniel Torres (Norma Editorial)

Daniel Torres es uno de los autores más importantes del cómic español en las últimas décadas. Ya en los 80 era una de las figuras más destacadas de la línea clara valenciana, pero es en los últimos años cuando ha creado obras tan imprescindibles como La casa. Crónica de una conquista o las nuevas aventuras de su personaje Roco Vargas. Picasso en la guerra civil entra sin duda en esa reservada categoría de cómics que dejan huella en el medio, ya que transita un camino prácticamente virgen en nuestro cómic. A priori, tan solo leyendo el título de la obra podríamos pensar que estamos ante un cómic biográfico centrado en una etapa concreta de la vida del universal pintor malagueño; pero si vamos un poco más allá y nos fijamos en el Picasso dibujado por Torres en la portada, algo no cuadra, pues Picasso tenía 55 años en 1936. Ya desde la portada el autor valenciano juega con nosotros.

picasso1El relato se inicia en Burdeos en 1953, con un misterioso encargo que recibe un dibujante de historietas llamado Marcel, con el que el autor homenajea a su padre. Marcel atraviesa el país galo para llegar a Vallauris, un pueblecito de la Costa Azul, donde encontrará a su cliente: Pablo Picasso. El pintor, de 72 años de edad y ya figura universal, contrata a Marcel para crear un cómic sobre un momento de su pasado muy especial: su participación como un joven de 25 años en la guerra civil. Realidad y ficción se dan la mano en el encargo del artista. Las reflexiones que incluye Torres en los diálogos entre dibujante y pintor muestran la profundidad de la obra, ya que el artista diserta entre otros temas sobre la ficción, la realidad, la memoria, la construcción de la propia identidad o la función del arte. Pese a la complejidad de las ideas, la narración fluye a un ritmo vertiginoso gracias al dominio de los recursos gráficos y narrativos que muestra Daniel Torres.

Tras un arduo proceso de creación, que Torres utiliza para poner en boca de Marcel parte de su pensamiento centrado en la naturaleza del cómic y su lenguaje, el dibujante ficticio se pone a trabajar. Es destacable la manera en que la narración avanza gracias a las cartas y las llamadas telefónicas mediante las cuales Marcel se comunica con su esposa. La tensión entre el dibujante y Picasso aumenta a medida que la entrega del trabajo se acerca, hasta que una mañana el joven dibujante lleva al pintor el cómic que protagoniza su ficticio alter ego.

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La presencia de un cómic con un estilo gráfico diferente en el interior de otro cómic es un recurso que ya hemos visto anteriormente en obras como El arte de Charlie Chan Hock Chye Las aventuras de Joselito – por citar algunas de las reseñadas anteriormente – , pero en este caso no es un pequeño injerto sino que es un cómic con entidad propia. El joven Picasso vive en Barcelona, en la calle Avinyó, en plena guerra civil. El retrato de la Barcelona en guerra es muy interesante, puesto que Torres nos muestra diversos aspectos de los que conformaron la vida cotidiana de la ciudad en ese terrible periodo: la escasez material, los juegos bélicos de los niños, la presencia de quintacolumnistas, el miedo y la incertidumbre; junto a aspectos más positivos como la esperanza en la victoria o la activa vida cultural que mantenía la capital catalana.

El deseo del joven dibujante, miembro muy activo del Sindicat de Dibuixants, es ir al frente a combatir. No valora demasiado su papel como autor de carteles y octavillas ni su fundamental labor en la propaganda bélica. Su objetivo es luchar por la República armado con un fusil, así que cuando recibe la orden de alistarse y es enviado al Ebro, se lleva una gran alegría. A pesar de ello, el ejército republicano es consciente de la importancia de su labor como dibujante y es destinado a seguir ejerciendo para mantener alta la moral de la tropa. Su firma, Pegasso, es muy admirada por los soldados y pese a la decepción inicial, Pablo Ruiz empieza a ser consciente del valor de la propaganda.

Dentro de este segundo cómic, en los momentos más intensos de la batalla del Ebro, Picasso dibuja un nuevo cómic, en esta ocasión con la intención de minar la moral de los soldados franquistas. A modo de pequeño fanzine, enviado a las trincheras enemigas de forma muy rudimentaria, Pegasso crea una obra que entronca con la tradición satírica de la época. Unas pocas páginas en las que pone el humor gráfico al servicio de una causa tan noble como la defensa de la República y la denuncia de las fechorías de Franco y sus aliados Mussolini y Hitler. Gráficamente es muy potente y el contenido está a la altura de alguien tan combativo como Picasso. Un cómic dentro de un cómic dentro un cómic, muñecas rusas que encajan a la perfección y que tienen un gran sentido narrativo.

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A nivel gráfico, como no podía ser de otra manera, el trabajo de Daniel Torres es excepcional. Sin buscar un lucimiento artificial, pone toda su habilidad al servicio de la narración. La historia principal está realizada en un bitono verde muy característico y se inserta claramente en la tradición de la línea clara típica del autor valenciano. El segundo cómic, el encargo de Picasso a Marcel, también sigue la línea clara, pero en esta ocasión el blanco y negro y la angulosidad del dibujo rememoran al Hergé más primitivo. Por último, las tiras creadas por Pegasso en el frente, también en blanco y negro, podrían formar parte perfectamente de las publicaciones bélicas de los años 30 y 40. Daniel Torres demuestra un gran dominio del lenguaje del medio y una gran versatilidad, siempre al servicio de la historia que está narrando y de las ideas que nos quiere transmitir.

Picasso en la guerra civil es sin duda uno de los cómics más interesantes de este año. Se han realizado bastantes cómics sobre la guerra civil, pero Daniel Torres demuestra que aún quedan muchas historias por narrar. La realidad y la ficción se combinan para hacernos reflexionar y para llevarnos más allá de la memoria histórica. Como decía al inicio del texto, esta obra abre nuevos caminos a la relfexión sobre la memoria y al uso del cómic como medio de recuperación de nuestro pasado. El despliegue gráfico, la presencia de un genio como Picasso tan bien retratado y una trama muy bien construida conforman un perfecto alegato en defensa de las innumerables virtudes que posee el cómic. Lectura obligatoria.

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