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Patria

Patria, de Nina Bunjevac (Turner)

El cómic se ha acercado en numerosas ocasiones a la antigua Yugoslavia, aunque generalmente para narrar los episodios bélicos de los años 90. Las obras de Joe Sacco sobre la guerra en Bosnia (Gorazde. Zona Protegida, El mediador. Una historia de Sarajevo) retrataron con maestría algunos de los aspectos más duros del conflicto. Macedonia  de Harvey Pekar y Heather Robertson se centraba en la transición a la democracia del país balcánico o Regards from Serbia de Aleksandar Zograf narraba en primera persona cómo había vivido la guerra de Kosovo un serbio.

Con Patria, Nina Bunjevac adopta una visión muy íntima y personal de los acontecimientos que marcaron la vida de los ciudadanos yugoslavos durante el siglo XX. A partir de los incompletos recuerdos de su infancia y de su historia familiar, la dibujante canadiense reconstruye la historia del país en el que nacieron sus progenitores. El eje central de la trama es la figura de Peter Bunjevac, padre de la autora (vale la pena recordar que Fatherland es el título original del cómic). Su convulsa vida, que le llevó de alistarse en el ejército de la Yugoslavia de Tito a enrolarse en un oscuro grupo terrorista anticomunista, marcó profundamente el desarrollo de la dibujante y del resto de su familia.

El cómic está estructurado en tres capítulos: el primero, construido a partir de los recuerdos infantiles de Nina Bunjevac, con la separación de sus padres como elemento central; el segundo se centra en la historia familiar y se remonta hasta los bisabuelos de la autora y su emigración a Canadá; y, por último, el tercero narra la vida de su padre con la información que ha podido obtener la autora a posteriori. A medida que la novela gráfica avanza, Bunjevac nos va desvelando nueva información y nos hace partícipes de la historia, ya que es el lector el que va completando las lagunas argumentales.

Recrear la historia de un país a partir de una familia no es algo novedoso en el cómic, pero la manera en que lo hace Nina Bunjevac es realmente interesante. Los saltos en el tiempo y en el espacio son una constante: desde su infancia en Canadá nos trasladamos a la Yugoslavia de finales de los 70; de la Yugoslavia de la Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra viajamos a la zona de los Grandes Lagos, entre EEUU y Canadá, a finales del siglo XIX; del Canadá de los años 60 y 70 nos movemos al presente. Todos estos cambios están muy bien enlazados y la trama, con sus giros y sus momentos de suspense, tiene el ritmo adecuado.

Es también destacable que la autora no se conforma con recuperar la memoria familiar, hecho ya de por sí admirable, sino que va más allá y consigue hacer un excelente resumen de la historia de Croacia y de Serbia. Desde la época medieval hasta la dominación extranjera, por parte de austríacos y de otomanos respectivamente y desde los crímenes de los ustachis (milicia croata aliada de los nazis) hasta la Yugoslavia multiétnica de Tito; Bunjevac hace una explicación muy didáctica de un periodo que abarca casi mil años.

Algunos de los personajes que aparecen en el cómic tienen una gran fuerza. No solo grandes personajes históricos como Josip Broz “Tito” o el líder chetnik Draza Mihailovic, que aparecen en un lugar secundario para explicar el contexto en que se desarrolla el relato, sino algunos de los antepasados de Nina Bunjevac. Entre todos ellos destaca su abuela, que había luchado como partisana en la Segunda Guerra Mundial y que era una gran defensora del comunismo imperante en Yugoslavia. Su creciente enfrentamiento con Peter Bunjevac, su yerno, es uno de los aspectos claves del relato, ya que dejará una profunda huella en la autora.

Gráficamente el trabajo de Bunjevac también está a un gran nivel. La edición de Turner, de buen tamaño y en tapa dura, permite mostrar toda su belleza a las grandes viñetas sin marco de la dibujante canadiense. El blanco y negro, utilizado con maestría, consigue crear atmósferas muy íntimas y dota al cómic de una gran sobriedad. Las tramas, que en ocasiones se acercan al puntillismo, tienen una gran belleza visual y consiguen que las sombras jueguen un papel narrativo fundamental. Los retratos, algo fríos, son muy efectivos para crear un cierto distanciamiento con la acción, de forma que son los propios hechos los que cargan con la fuerza de la narración.

La novela gráfica de Nina Bunjevac es una lectura muy enriquecedora. La visión general de la historia de una región como los Balcanes, junto con la historia familiar, que explica más detalladamente el siglo XX de la antigua Yugoslavia, conforman un argumento muy sugerente. La inclusión de temas con poca presencia en los relatos más usuales sobre la región, como la disidencia anticomunista que llevo a cabo diversos atentados en los Estados Unidos o Canadá, es otro aspecto que hace la lectura de Patria altamente recomendable. Pese a que he leído bastante sobre los Balcanes, tras acabarlo tuve la sensación de haber aprendido muchas cosas. No lo dudéis, Patria es un gran cómic.

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Macedonia

Macedonia, de Harvey Pekar, H. Robertson y Ed Piskor (La Cúpula)

Harvey Pekar es muy conocido por ser el guionista de la legendaria American Splendor,  en la que grandes dibujantes como Robert Crumb o Joe Sacco, entre otros, daban vida a las andanzas cotidianas del propio Pekar. En esta ocasión, el guionista americano colaboró con Heather Roberson y con el dibujante Ed Piskor para crear Macedonia, una obra muy alejada del costumbrismo intencionadamente patético de American Splendor.

Heather Roberson era una estudiante de Peace and Conflict Studies (Estudios sobre Paz y conflictos) en California. Tras discutir con un profesor que defendía la inevitabilidad de la guerra, y después de utilizar el caso de Macedonia como ejemplo de que era posible evitar el conflicto; decidió viajar al país balcánico a estudiar con detalle cómo era posible que las guerras de la antigua Yugoslavia no hubieran llegado a ese lugar. Éste es el punto de partida del cómic, un viaje a un país bastante desconocido de la mano de la autora, aunque poco tiene que ver Macedonia con la obra de Guy Delisle.

El objetivo de Roberson era escribir su tesis doctoral sobre el caso macedonio, en concreto sobre las herramientas del derecho nacional e internacional que hicieron posible que Macedonia no sufriera una guerra. Esta investigación es la base del cómic, ya que por sus páginas aparecen continuamente jueces, abogados, trabajadores de la ONU, diplomáticos y politólogos que son interrogados en profundidad por la protagonista. En muchas ocasiones la sensación es de estar ante una obra académica y no ante un cómic.

Al mismo tiempo que la investigación avanza, asistimos al descubrimiento de la vida cotidiana macedonia por parte de Heather Roberson. La división étnica entre macedonios y albaneses está muy presente en el país, y Roberson va descubriendo que la realidad nada tiene que ver con el supuesto paraíso multicultural. En mi opinión esta es la parte más interesante del cómic, con los viajes y aventuras de la protagonista, ya que los fragmentos más centrados en la legislación son demasiado densos.

Formalmente, el dibujo de Piskor es correcto, pero aunque trate de conseguir un estilo realista a lo Joe Sacco, creo que no está ni mucho menos a su altura. El afán por transmitir al ciento por ciento los avances de la investigación de Roberson provoca que en muchos momentos los textos sean muy extensos y que el dibujo quede en un segundo plano, tan solo funcionando como contexto.

Finalmente, sólo añadir que Macedonia es una novela gráfica muy interesante. Trata un tema complejo  con total rigurosidad, pero precisamente éste es su punto más débil, ya que la falta de ritmo y la densidad del texto causan que el cómic sea una lectura farragosa. La prioridad de Pekar y Roberson fue la fidelidad a la investigación y este hecho provoca que solo quien esté realmente interesado en los países balcánicos o en los procesos de paz y la naturaleza de los conflictos bélicos disfrutará al máximo su lectura.

Gorazde. Zona protegida

Gorazde. Zona protegida, de Joe Sacco (Planeta de Agostini)

Joe Sacco en esta ocasión nos transporta a Gorazde, una pequeña ciudad de la parte oriental de Bosnia. El autor estuvo allí cuatro meses a finales de 1994 e inicios de 1995, en el tercer año de la guerra de Bosnia.

Gorazde fue un lugar especial durante la guerra, ya que era un territorio controlado por los bosnios, rodeado de territorios dominados por los serbobosnios. La ONU envió una misión especial para garantizar un corredor que uniera Gorazde con el resto de Bosnia – de aquí el nombre de Zona Protegida -. Al estilo de sus libros sobre Palestina, Sacco se introduce en la historia, y a través de sus conversaciones con los habitantes de Gorazde, vamos descubriendo el horror de esta guerra.

La limpieza étnica, la destrucción de la ciudad o las vicisitudes que deben superar los supervivientes crean un retrato espeluznante, pero real, del mayor conflicto bélico en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. La masacre de Srebrenica también tiene su lugar en este cómic, con el que Joe Sacco vuelve a demostrar que es uno de los mejores reporteros de guerra de la actualidad, aunque utilice un medio tan poco convencional para este tipo de temáticas como la novela gráfica.

También sobre la guerra en la antigua Yugoslavia, Joe Sacco creó otras dos obras: El mediador. Una historia de Sarajevocentrada en Sarajevo y en Neven, un personaje muy especial; y El final de la guerra. Reseñas biográficas de Bosnia 1995-96, que incluye dos historias cortas, una sobre un guitarrista de Sarajevo y otra sobre su intento de encontrar al criminal de guerra Karadzic. Ambas están editadas por Planeta de Agostini.

La matanza de Srebrenica también tiene un aparece en la obra de J. Sacco.