Archivo de la etiqueta: URSS

La muerte de Stalin

La muerte de Stalin, de Robin y Nury (Norma Editorial)

Iósif Stalin fue uno de los personajes históricos más importantes del siglo XX. Su liderazgo en la Unión Soviética, desde 1922 a 1953, es una de las etapas más fascinantes y aterradoras del siglo pasado. Convirtió un país enorme y atrasado en una gran potencia industrial y militar, gran responsable de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial; pero al mismo tiempo creó un régimen de terror responsable de millones de muertos. Nadie estaba a salvo de sus designios, como muestran las grandes purgas de los años 30 o la proliferación de gulags por todo el territorio de la URSS. Su figura era tan poderosa que su muerte generó un gran vacío y las luchas internas por su sucesión marcaron el devenir de la superpotencia comunista hasta su caída ya a inicios de los 90.

El dibujante Thierry Robin se embarcó en un proyecto faraónico: crear una biografía de Stalin en cómic. Ante la inmensidad de la tarea – calculó unas mil páginas y varios años de trabajo – decidió abandonarla. En ese momento, el reputado guionista Fabien Nury (reseñados en el blog Atar Gull Érase una vez en Francia) se puso en contacto con él para colaborar en una historia sobre el fallecimiento del líder soviético. La combinación del trabajo de ambos dio sus frutos con La muerte de Stalin, un cómic de muy buen nivel.

La trama se centra en los días anteriores y posteriores al deceso de Stalin, desde que el 2 de marzo sufriera un ataque cerebral hasta la celebración de los funerales de Estado. Por el camino, Nury y Robin crean una trama realmente adictiva en la que asistimos a la lucha por el poder entre los miembros del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Es una etapa tan oscura que los historiadores no han encontrado respuestas a todas sus cuestiones y por ello, dibujante y guionista elaboran un relato que, aunque muy verosímil, es ficción histórica.

Lo más interesante del cómic son los personajes. Desde el maquiavélico Beria hasta el melancólico Molotov, Nury y Robin han recreado con acierto a los miembros del Comité Central. La división en dos bandos, el enfrentamiento entre Beria y Khrushchev y sus respectivas maniobras para hacerse con el poder vacante son el eje de la acción y permiten conocer las entrañas del aparato soviético de la época. Es un cómic coral, sin un protagonista claro, que utiliza la exageración y el alejamiento irónico para transmitir una gran sensación de irrealidad. Parece imposible que fuera así, pero con la información histórica disponible, los hechos debieron suceder de una forma muy parecida a la relatada por los autores galos.

Otro elemento muy destacable es el retrato del Moscú de la época. Una ciudad gris, de corte marcial, que en esos luctuosos días vivió a la expectativa. El pueblo soviético recibió un gran impacto con la noticia de la muerte de Stalin y quedó expectante a la espera de acontecimientos. Todo pequeño gesto se interpretaba en clave política y nadie conocía las consecuencias reales del suceso. El papel del ejército y la policía secreta (NKVD) fue esencial en esos días y el estallido de un conflicto social fue una de las posibilidades barajadas en las altas esferas. Esa angustia y esa tensión quedan perfectamente reflejadas en las páginas del cómic. 

El apartado gráfico está muy bien resuelto. El realismo de los escenarios, los uniformes o los vehículos contrasta con el aire caricaturesco de los personajes principales y la unión de ambos elementos es muy efectiva. Las composiciones de página están muy trabajadas y Robin ha dibujado páginas de una gran belleza. El color es otro gran acierto, ya que consigue crear la atmósfera oscura que necesita el guión. Los anexos incluidos al final del cómic son muy valiosos, ya que podemos ver algunas páginas entintadas de la biografía que Thierry Robin tenía en mente, así como los bocetos con la caracterización de los personajes principales.

Los grandes personajes históricos siempre provocan cierta fascinación, especialmente los episodios de los que los historiadores no han hallado respuestas. El caso de la muerte de Stalin es paradigmático. El hermetismo soviético, la desestalinización llevada a cabo por Khrushchev tres años después y el intento posterior de dejar en el olvido al dictador de origen georgiano han provocado que su fallecimiento nunca se esclareciera y quedara en el terreno del misterio y la conspiración. Este cómic es una gran manera de acercarnos a esos acontecimientos y aunque posiblemente nunca lleguemos a conocer toda la verdad, la propuesta de Nury y Robin es realmente estimulante.

Modotti. Una mujer del siglo XX

Modotti. Una mujer del siglo XX, de Ángel de la Calle (Sins Entido)

Tina Modotti fue una fotógrafa, activista comunista, actriz y modelo, entre otras cosas, de origen italiano, que fue partícipe directa de buena parte de los acontecimientos históricos más importantes de la primera mitad del siglo XX. Si hubiera nacido hombre, seguramente sería una figura mundialmente conocida, pero como nació mujer su vida ha tenido muy poca repercusión. Ángel de la Calle, gran conocedor de sus peripecias, trató de dar a conocer a Tina Modotti con la publicación de Modotti. Una mujer del siglo XX en 2003. Posteriormente, también en Sins Entido, el cómic fue reeditado en 2007 y 2011.

El cómic de Ángel de la Calle no es una biografía al uso, ya que el relato se estructura en dos ejes: la vida de Tina Modotti y el proceso de investigación que llevó a cabo el autor. Las dos tramas se van combinando, de forma que vemos las interesantes reflexiones de De la Calle y su uso y crítica de las biografías existentes, a medida que avanza la historia personal de la fotógrafa. Además, para enriquecer aún más la historia, ésta no sigue un orden cronológico estricto, de modo que la vida de Modotti se va construyendo como si fuera un puzzle.

Tina Modotti se trasladó con su familia a la costa oeste de los Estados Unidos desde el norte de Italia, a inicios del siglo pasado, como cientos de miles de sus compatriotas. De manera bastante casual acabó trabajando como actriz en el Hollywood del cine mudo y gracias a los contactos que estableció allí, pasó a relacionarse con artistas de diversas disciplinas. Se trasladó a México donde, de la mano de Edward Weston, inició su carrera como fotógrafa. Desde una fotografía más artística, sus intereses derivaron hacia los temas sociales, con las grandes desigualdades de la sociedad mexicana de la época como eje central de su fotografía.

Se relacionaba con la élite cultural del país y pronto entró el Partido Comunista. La persecución a la que los miembros del Partido eran sometidos, la llevó a establecerse en Europa. Berlín y Moscú, la Asturias del 34 y, posteriormente, la Guerra Civil española fueron los escenarios en los que Modotti se implicó plenamente, poniendo su vida en peligro en multitud de ocasiones. Su participación en el Partido Comunista, en plenos años 30, era cada vez mayor – llegó a hacer diversas misiones para el Cominform -, e incluso fue la causa de su abandono de la fotografía.

Su participación en grandes acontecimientos históricos, sus relaciones – de todo tipo – con los y las mejores artistas de su época y su misteriosa muerte, junto con el ritmo del guión, hacen que la lectura de la novela gráfica te atrape. Después de leerla, solo una pregunta me vino a la cabeza: “¿Cómo es posible que no conociera la historia de Tina Modotti?”.  Volviendo al inicio, creo que su condición de mujer contribuyó a que no fuera una figura demasiado conocida. Un hombre que hubiera vivido una cuarta parte de las cosas que vivió Modotti tendría multitud de libros y películas glosando sus hazañas.

Además, otro aspecto destacado del cómic es que Tina Modotti es la protagonista real de su vida, es ella la que toma sus propias decisiones, en todos los ámbitos. Es ella la que se enfrenta al machismo imperante en la época y la que en muchas ocasiones vence. Ella es la gran mujer y no está detrás de ningún hombre, al contrario, son ellos los que están tras Tina, invalidando la tópica frase.

El apartado gráfico del cómic es correcto, aunque no es la parte más destacada de la obra. El blanco y negro funciona bien, así como los fondos desdibujados o inexistentes, en ocasiones, que permiten hacer énfasis en la acción y en los diálogos. Quizás sería mejorable el dibujo de los personajes secundarios, ya que ante su gran número y su parecido, en ciertos momentos se hace difícil distinguirlos. Uno de los elementos más interesantes es la inclusión de dibujos de muchas fotografías de Modotti, de manera que además de conocer su vida también nos introducimos en su obra artística.

Los anexos que incluye el cómic (Edición de 2011) son la guinda del pastel, ya que incluyen un texto de Tina Modotti sobre la fotografía, una docena de sus fotografías más valiosas y un epílogo de Paco Taibo sobre la obra de Ángel de la Calle y sobre el periplo de ambos – Taibo también aparece en la obra – durante la investigación para elaborar el cómic. Una gran lectura y un gran personaje, que todos y todas deberíamos conocer.

Chernóbil. La zona

Chernóbil. La zona, de Natacha Bustos y Fco. Sánchez (Glénat)

El 26 de abril de 1986 se produjo el mayor accidente nuclear de la historia, en la central soviética de Chernóbil (actualmente en Ucrania). 25 años después Francisco Sánchez y Natacha Bustos publicaron Chernóbil – La zona y quiso el destino que su lanzamiento coincidiera con el desastre de Fukushima, el único accidente nuclear de proporciones similares al ucraniano.

Bustos y Sánchez no reconstruyen el accidente ni tratan de encontrar las causas que lo provocaron. Su objetivo es presentar cómo afectó el trágico suceso a la gente que habitaba en la zona cercana a la central, en los 30 km a la redonda que ahora son zona prohibida, de ahí el título del tebeo. Para ello, los autores nos muestran las vivencias de tres generaciones de una misma familia: los abuelos, que vivían en una pequeña granja en el campo; los padres, que residían en Pripiat; y finalmente, los hijos, que son de Moscú pero vuelven para visitar la ciudad fantasma de Pripiat.

El guión está muy conseguido, ya que a través de las tres generaciones podemos comprender la magnitud de la catástrofe y cómo ésta afectó al modo de vida de la población. El cómic se inicia con la trágica historia de Leonid y Galia, una pareja de ancianos que volvió a la zona prohibida después del accidente. Tras perder sus campos y sus animales, sacrificados justo después de la crisis nuclear, el matrimonio volvió a su hogar. En un total aislamiento consiguen salir adelante, vuelven a tener animales y a cultivar sus tierras, pero la radioactividad es un enemigo implacable que volverá a marcar sus vidas.Posteriormente, vemos cómo era la vida de la bulliciosa Pripiat en los días inmediatamente anteriores al desastre. Era una ciudad nueva, con una población muy joven, en la que estaba a punto de ser inaugurado un parque de atracciones. De la mano de Anna, la hija de Leonid y Galia, y de su marido Vladimir, trabajador de la central, observamos cómo la tragedia de Chernóbil cambió completamente y para siempre sus historias. Además, los autores han reconstruido de manera muy veraz el caos que debió vivirse en la ciudad, ya que las autoridades soviéticas – como en el pasado más reciente las japonesas -, no estaban preparadas para afrontar un desastre de tanta magnitud.

En tercer lugar, Yuri y Tatiana, nietos de Leonid y Galia, e hijos de Anna y Vladimir, vuelven a Pripiat 20 años después del accidente de Chernóbil. Tratan de encontrar sus orígenes y cerrar un episodio terrible, especialmente para Yuri, que era un niño cuando sucedió el desastre. Es espeluznante ver cómo Natacha Bustos ha recreado la fantasmal Pripiat, que ha sido conquistada por la naturaleza, pero en la que aún están de pie sus enormes edificios.

Uno de los elementos más destacados de la novela gráfica es el homenaje que tributa a los liquidadores, los cientos de miles de soviéticos que fueron llevados a la central para limpiar el desastre e impedir que la radiación continuara saliendo de Chernóbil. Pese a su esencial papel, que en la mayoría de casos los condujo a la muerte o a una minusvalía muy severa, estos héroes anónimos no han tenido el reconocimiento que merecen ni por parte de la URSS ni de la Ucrania independiente.

Son muy interesantes los contenidos adicionales incluidos al final del cómic, ya que incluyen un diario ficticio de Yuri y su búsqueda por conocer lo que realmente ocurrió en 1986; un epílogo a cargo de Francisco Sánchez en el que explica el origen de esta novela gráfica; y, por último, el diario de trabajo de Natacha Bustos en el que relata el proceso de creación y documentación del cómic. Es muy destacable el dibujo de Bustos, ya que a través del blanco y negro y de unos trazos ligeramente desdibujados, consigue transmitir los sentimientos de unos personajes muy creíbles.

En definitiva, Chernóbil – La zona es un muy buen cómic que nos acerca de una manera muy humana a una de las grandes catástrofes del siglo XX. El mapa que aparece al final del cómic muestra la localización de las 442 centrales nucleares existentes en el planeta, y como muestra el ejemplo de Fukushima, no es descartable que algo así pueda volver a suceder.

Aleksis Strógonov

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov, de Régnaud y Bravo (Ponent Món)

Había visto varias veces el tomo integral de Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov y siempre me había llamado la atención lo que decía la contraportada: “Una auténtica obra maestra del humor negro que evoca amablemente episodios tan dramáticos como la revolución rusa de 1917, el auge del fascismo en la Alemania de los años veinte o los absurdos conflictos étnicos de los Balcanes“. Finalmente me decidí y me hice con él. Después de la lectura solamente puedo decir una cosa: gran compra.

La edición integral de Ponent Mon reúne los tres volúmenes que crearon Emile Bravo y Jean Régnaud. En el primero, titulado “Bielo”, el protagonista junto con su hermano son partícipes de la Revolución Rusa, ya que están en Bielorrusia luchando contra el Ejército Blanco. En el segundo, “Kino”, Aleksis llega a Berlín cuando la extrema derecha está empezando a coger fuerza y cuando el cine alemán se empieza a consolidar como una industria potente. Por último, “Tamo” narra las andanzas de Aleksis Strógonov en los Balcanes, en pleno ascenso de los movimientos nacionalistas.

Lo más interesante de este cómic es su acercamiento a la historia desde un punto de vista humorístico. La ironía y el absurdo tienen un lugar preponderante y, de la mano de Aleksis Strógonov, una especie de Tintín ruso, los autores nos llevan a visitar tres lugares y tres momentos esenciales para comprender el devenir del siglo XX en Europa. Comunismo, nazismo y nacionalismo han sido ideologías que han marcado profundamente la turbulenta historia del siglo pasado y el enfoque desenfadado de Régnaud y Bravo permite reflexionar ampliamente sobre las tres.

Tras el marcado sentido del humor, Bravo y Régnaud introducen una gran crítica a las grandes ideologías y a los intentos de éstas por establecerse como hegemónicas y como verdades eternas e indiscutibles. Los autores, a través del propio Aleksis, intentan explicar el contexto de la Europa de entreguerras en el que comunismo, nazismo y nacionalismo gozaron de amplia difusión.

Aleksis Strógonov es el nexo entre los diversos escenarios y los esperténticos personajes que lo acompañan a medida que su viaje avanza. El hipócrita revolucionario Bulkin, dispuesto siempre a dirigir el pueblo hacia lo que más convenga a su interés personal; el primo Ulf, que participa en las incipientes camisas púrpuras en Berlín; o Gorana Ranic, la líder de uno de los grupos guerrilleros nacionalistas de una indefinida república balcánica, son algunos de los secundarios de lujo que aparecen a lo largo de los tres álbumes.

El dibujo de Bravo, claro exponente de la línea clara, consigue que los personajes sean muy expresivos y contribuye a incrementar la comicidad de algunos fragmentos. Los escenarios están muy bien construidos y las escenas situadas en Berlín muestran la clara de intención de ser fiel a la arquitectura de la capital alemana. El vestuario también contribuye a crear la sensación de que estamos ante un cómic humorístico de época muy bien documentado.

Un aspecto muy interesante de la obra es la inclusión, en el segundo volumen, de los estudios de la UFA (Universum Film Ag), el principal estudio cinematográfico alemán del periodo de entreguerras como escenario. Buena parte de la acción de “Kino” (cine, en alemán) transcurre en este lugar. Aleksis y Dieter, su compañero de aventuras en Berlín, encuentran trabajo en los estudios y podemos ver las interioridades de un rodaje de la época con una actriz protagonista y un director bastante peculiares.

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov es un cómic bastante diferente a la mayoría de los cómics reseñados anteriormente. En esencia no es un cómic histórico, ya que el contexto tan solo es el escenario en el que se mueven los personajes; pero al mismo tiempo, el tono humorístico de la obra sirve a los autores para elaborar una poderosa crítica a la sociedad europea de los años 20, en el seno de la cual surgieron los terribles totalitarismos del siglo XX. Una lectura muy entretenida, en ocasiones muy divertida, y que gracias a su original enfoque permite que reflexionemos sobre la Europa que vivió dos guerras terribles en 30 años.

Los hijos de octubre

Los hijos de octubre, de Nikolai Maslov (Norma Editorial)

La escena del cómic en Rusia es muy minoritaria y para mí es totalmente desconocida. Como la historia de Europa del Este me interesa mucho, cuando en La novela gráfica, el brillante ensayo de Santiago García, leí que existía un autor ruso que se llamaba Nikolai Maslov, intenté hacerme con alguna de sus obras. Al que pude acceder fue Los hijos de octubre y lo que me encontré me pareció muy interesante.

Maslov, nacido en Siberia, trabajaba en Moscú como vigilante nocturno. En sus largas horas de aburrimiento, empezó a dibujar pequeñas historias con tintes autobiográficos. Cuando tenía algunas páginas dibujadas y un proyecto, se las llevó a Emmanuel Durand, el editor de Astérix en ruso y dueño de la librería especializada en cómic y literatura francesa Pangloss. Maslov le pidió 200$ al mes, el sueldo que ganaba como vigilante, para poder dejar su trabajo y dedicarse completamente a explicar sus historias a través del cómic. Durand confío en él, y el resultado fue Une jeunesse Soviétique, su primera novela gráfica. Ante el éxito en el mercado francés, Durand volvió a apostar por Maslov, y posteriormente publicó Los hijos de octubre, que Norma publicó en 2009 en su colección Graphic Journal, que une periodismo y cómic.

Los hijos de octubre es un compendio de ocho historias cortas que reflejan diversos aspectos de la vida cotidiana en la URSS de los años 80 y la nueva Rusia independiente de los años 90. Maslov, que creció en Siberia y después se trasladó a Moscú tras realizar el servicio militar en Mongolia, refleja la realidad de la cara B de Rusia. La crudeza del clima y el aislamiento geográfico hacen que la vida en Siberia sea tremendamente dura.

Maslov trata con sutileza y realismo diversos aspectos que tienen gran incidencia en la vida de sus compatriotas y que en el pasado le afectaron directamente a él: el alcoholismo, con el desmedido consumo de vodka presente en la mayoría de las historias, especialmente en “Un hijo”; el abandono por parte del Estado de los territorios más alejados de Moscú y de la gente que vive en ellos; la inexistencia de oportunidades; el contraste entre lo urbano y lo rural y un sinfín de temas más.

Los hijos de octubre 3

El dibujo de Maslov, alejado de las corrientes más vanguardistas del cómic, consigue transmitir la sensación de desamparo y se adapta perfectamente a la lúcida tristeza de las historias. Los textos son muy breves, y en ocasiones, prácticamente inexistentes. Aún así, Maslov retrata con gran precisión la desazón de los protagonistas y la sensación de fracaso y la imposibilidad de escapar de él. Es un cómic para leer despacio, prestando atención a los detalles y a las atmósferas, y que nos acerca a como perciben su realidad buena parte de la población rusa, muy alejada de los oligarcas que compran equipos de fútbol y de las grandes decisiones geopolíticas.

Por último, la cuidada edición de Norma incluye tres textos muy interesantes. La introducción, a cargo de José A. Zorrilla, escritor y director de cine y ex-diplomático en Moscú, que enlaza la obra de Maslov con la gran literatura rusa y  su descripción del alma rusa. Una vez finalizado el cómic, el periodista Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Moscú entre 1988 y 2002, escribe un texto biográfico sobre Maslov y conecta la vida del autor con los grandes periodos de la historia de la URSS. Por último, el escritor y guionista Emmanuel Carrère, francés de madre rusa, reflexiona sobre Rusia, sobre su experiencia en Kotelnitch para realizar un documental sobre sus orígenes y sobre el mundo del cómic en Rusia.

Si buscáis un cómic de acción, Los hijos de octubre no es una buena opción; pero si queréis conocer la realidad de esa Rusia que no aparece en los informativos y si buscáis leer un cómic diferente a los más habituales en nuestro entorno, os invito a acercaros a esta obra; seguro que descubriréis muchos elementos interesantes.

El fotógrafo

El fotógrafo, de Guibert, Lefèvre y Lemercier (Sins Entido, Glénat)

Didier Lefèvre es un fotógrafo francés, que en 1986 decide acompañar a un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) a Afganistán, que en esos momentos está en plena guerra con la URSS. El fotógrafo narra, mediante el dibujo y la fotografía, esta brutal experiencia que marcó a Lefèvre para siempre.

El protagonista viaja de París a Pakistán, donde MSF se prepara para cruzar la frontera y empezar el verdadero viaje. El choque cultural es muy grande y Guibert, un poco a la manera de Guy Delisle, refleja los elementos más curiosos de este nuevo entorno. Desde allí parten hacia Afganistán, donde el viaje se convierte en una gran aventura.

La expedición de MSF tiene como objetivo llegar al norte de Afganistán, donde la población está más desasistida. Para llegar hasta allí deben cruzar la cordillera del Hindu Kush, con sus picos de más de 6.000 m de altura. El frío y la nieve, el peligro de los bombardeos soviéticos y las disputas entre los clanes afganos hacen que el trayecto sea muy peligroso.

Además de Lefèvre, los personajes principales son los miembros de la expedición de MSF a los que vamos conociendo poco a poco. Sus motivaciones, sus dudas y sus miedos tienen un papel fundamental en el relato. El pueblo afgano se erige también en protagonista, ya que el retrato de sus costumbres y de cómo se adapta a la difícil situación que le ha tocado vivir es un elemento esencial del cómic. El sufrimiento provocado por la guerra es fundamental en la obra, pero también la capacidad de adaptación y de sacar provecho de los problemas.

A nivel gráfico, lo más destacado de El fotógrafo es el uso de dibujo y fotografía. Las viñetas de Guibert van creando la línea narrativa y las fotografías de Lefèvre (hizo más de 4.000 a lo largo del viaje) dotan de mayor realismo a la obra, de modo que nos trasladan directamente al corazón de Afganistán. Las fotografías nos acercan a los personajes que Didier Lefèvre va conociendo y nos permiten sufrir junto a él en su viaje de retorno a Pakistán.

El resultado global es fantástico. Una gran aventura situada en un contexto histórico muy cercano, hace menos de 30 años. En Afganistán y Pakistán, dos países en los que los conflictos que observamos en el cómic siguen totalmente vigentes. La visión de primera mano de las actividades de una organización como MSF en una zona de guerra. El crecimiento personal del protagonista y los cambios que su visión occidental padece. Todo ello conforma una obra maravillosa.

Cuadernos ucranianos

Cuadernos ucranianos [Memorias de los tiempos de la URSS], de Igort (Sins Entido)

Últimamente, Ucrania está muy de actualidad. Su conflicto con Rusia aparece continuamente en los informativos, pero la historia ucraniana, especialmente en el siglo XX, es muy interesante. Los ucranianos han sufrido mucho en los últimos 100 años: guerra civil rusa, la gran hambruna de 1932-1933, la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial o el accidente nuclear de Chérnobil son algunos de los momentos más destacados de este periodo.

El autor italiano Igort se instaló durante prácticamente dos años en el país, y se dedicó a entrevistar a sus habitantes para construir un relato escalofriante. La estructura de la novela consta de una pequeña introducción, los relatos de 4 víctimas de la historia ucraniana y un emotivo y reivindicativo epílogo.

La edición es una preciosidad: combina viñetas a color con aspecto de bocetos, sin definir del todo, con grandes dibujos en blanco y negro o en sepia que ocupan la mayor parte de las páginas. El conjunto es fantástico, puesto que transmite la crueldad y la dureza del relato; y al mismo tiempo es una muestra de la búsqueda de la perfección  estética y del dominio técnico de Igort.

En una entrevista concedida por el autor en el Salón del Cómic de Barcelona en 2011 a Entrecomics, Igort afirma que lo más difícil fue ser fiel a las historias que los supervivientes de los desastres históricos le narraban. Le daba miedo no estar a la altura y transmitir los relatos sin hacerles justicia. En mi opinión, el historietista italiano ha tenido éxito en esta labor. La lectura de Cuadernos ucranianos es dura, produce un gran impacto y no solo por el fondo de lo narrado, también por la forma en que Igort lo traduce al lenguaje del cómic.

Los 4 protagonistas de la novela gráfica son Serafina Andréyevna, que explica sus recuerdos de la gran hambruna de 1932 y 1933, durante la cual el canibalismo se extendió como forma de supervivencia; y posteriormente remomemora los problemas causados por la catástrofe de Chernóbil. Nicolái Vasílievich, quien narra sus recuerdos desde los difíciles años 30 hasta la caída del comunismo, pasando por la brutalidad de la ocupación nazi o las penosas condiciones laborales impuestas por la industrialización forzada.

María Ivánovna, que relata las duras vivencias de una mujer del campo ucraniano que sufrió la deskulakización (intento de eliminar a los pequeños propietarios rurales) y las dificultades para criar a una hija prácticamente en solitario. Y, por último, Nicolái Ivánovich, quien relata con nostalgia cómo se vivía bajo el comunismo y, en contraste, los problemas de la Ucrania rural actual.

Entre los recuerdos de los protagonistas, Igort lleva a cabo un trabajo fabuloso con la recopilación de documentos y de datos concretos que confirman las historias personales de estos supervivientes. Los archivos soviéticos o artículos de prensa de la época son sus fuentes, que muestran la hipocresía y el cinismo de los responsables de decisiones que afectaron a millones de personas.

Se calcula que durante los años de la gran hambruna murieron aproximadamente 5 millones de ucranianos, la mayoría de ellos como consecuencia directa de la decisión de Stalin de castigar al pueblo ucraniano por su rebeldía ante los dictados de Moscú. Las consecuencias de Chérnobil aún están presentes más de 25 años después del accidente, y a pesar de que las autoridades soviéticas y posteriormente ucranianas, han tratado de ocultar la magnitud del desastre.