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En transición

En transición, de Alberto Haller y Ana Penyas (Barlin Libros)

La Transición, el periodo comprendido entre la muerte de Franco y la victoria electoral del PSOE en 1982, es uno de los momentos históricos más apasionantes de la España del siglo XX. El paso de una dictadura de corte fascista y aliada del nazismo a un sistema democrático equiparable al resto de países europeos ha sido estudiado en innumerables ocasiones. Tradicionalmente ha sido presentado como un cambio modélico en que una sociedad madura dio los pasos necesarios para transitar de forma pacífica hacia la democracia. Con el obvio distanciamiento que producen las cuatro décadas transcurridas, poco a poco van surgiendo análisis más críticos del proceso que muestran las facetas más oscuras del periodo. En esta corriente se enmarca el libro ilustrado En transición, con guión de Alberto Haller e ilustraciones de Ana Penyas.

Por primera vez escribo sobre un libro ilustrado y no un cómic, pero el nivel gráfico y la profundidad del relato bien merecen esta excepción. En tan solo 32 páginas, Haller y Penyas recorren los ochenta años transcurridos desde la guerra civil. Con muy poco texto, que en ocasiones solo enfatiza el mensaje y la fuerza de las imágenes, los autores tejen un relato consistente que permite observar la cara B de la La Transición.

La narración se inicia con la esperanza que supuso la República y su traumático fin a causa del golpe de Estado orquestado por la derecha y parte del ejército. En solo cuatro dobles páginas Ana Penyas consigue conmovernos y que seamos conscientes del sufrimiento que provocaron la guerra, el exilio y la terrible posguerra. Rápidamente llegamos a 1975, donde se inicia la parte central del relato, con las luchas populares como protagonistas.

La lucha por la amnistía y por la justicia social, con las grandes movilizaciones de la época como marco, contrastan con la violencia que definió el periodo. Una doble página llena de simbolismo, sin necesidad de violencia explícita, permite a la ilustradora valenciana retratar la vertiente mucha veces silenciada de la época, en que se produjeron centenares de asesinatos. Otro aspecto que destacan Haller y Penyas es el olvido que impuso el relato oficial a los crímenes de la dictadura.

En la que seguramente sea la imagen más impactante de toda la obra, Ana Penyas consigue estremecernos mientras denuncia los cientos de miles de muertos en las cunetas que contrastan con la nueva España del boom inmobiliario. El uso que hace Peñas del color y del realismo fotográfico se combinan a la perfección para recordarnos a todos la necesidad de hacer memoria. La Transición fue una época convulsa, llena de dificultades y en que los militares y los grandes poderes de la dictadura pudieron usar su fuerza para imponer una visión muy concreta del pasado, pero cuarenta años después es nuestra labor cambiar esta situación.

A continuación, y como colofón, los autores hablan de las luchas del presente, desde el No a la guerra hasta el 15M y nos invitan a reflexionar sobre la importancia de las luchas colectivas. La potencia del lenguaje visual permite introducir una gran cantidad de matices, profundizar en aspectos generalmente relegados y, al mismo tiempo, disfrutar de la cuidada estética del trabajo de Ana Penyas. En transición es una obra muy necesaria, que aunque menos conocida y con menor repercusión que Estamos todas bien – Premio Fnac Salamandra Graphic y Premio a la autora revelación en el Saló del Còmic de Barcelona – también debería ser tenida en cuenta cuando hablamos de memoria histórica a través del cómic, en este caso, a través de la ilustración.

En el siguiente enlace podéis ver un avance.

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El día 3

El día 3, de Cristina Durán, Miguel A. Giner y Laura Ballester (Astiberri) També disponible en català.

El 3 de julio de 2006 se produjo en Valencia uno de los peores accidentes ferroviarios de la historia de Europa. Fallecieron 43 personas y otras 47 resultaron heridas. Solo cinco días después llegaba a la ciudad, con una gran expectación, el papa Benedicto XVI. Las autoridades valencianas, desde el Ayuntamiento a la Generalitat, trataron de pasar página del accidente lo más rápidamente posible, para que tan trágico suceso no empañara el boato de la visita papal. Pese al silencio de los medios de comunicación públicos, hubo periodistas, como Laura Ballester, que llevaron a cabo una labor encomiable y buscaron la verdad. Cristina Durán y Miguel Ángel Giner leyeron su libro Luchando contra el olvido. El largo trayecto de las víctimas del metro de Valencia e inmediatamente decidieron llevarlo al cómic. El resultado, creado entre los tres, es El día 3.

La trama se inicia el día del accidente, pero el cómic se aleja del morbo obsceno y presenta la tragedia de una forma muy cuidada. Mediante personajes ficticios los autores reconstruyen las escenas que debieron vivir las decenas de familias afectadas. El respeto hacia las víctimas es una constante en todo el cómic y tan solo conocemos la información estrictamente necesaria para poder comprender la magnitud del suceso. La intención de las autoridades fue intentar archivar lo más rápidamente el caso y por ello repetían como un mantra que el accidente había sido “impredecible e inevitable“, versión difundida por los medios de comunicación públicos, como el desaparecido Canal Nou, y por la mayor parte de los privados.

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El eje de la obra es la lucha de las familias, a través de la Asociación de Víctimas, por esclarecer los hechos y conseguir que los responsables asumieran las negligencias que habían cometido. La labor de políticos, jueces y medios de comunicación, aliados para silenciar la verdad e imponer su versión, centra buena parte de las páginas y Miguel Ángel Giner y Cristina Durán se valen de su dominio del medio para mostrarlo. Las formas geométricas y los grises dan forma al conjunto, pero son los elementos en color rojo los que crean los momentos de mayor emotividad. Al mismo tiempo, otros recursos gráficos ayudan a entender la parte más técnica del relato: mapas, esquemas, diagramas…

Por encima de todos ellos destaca una solución gráfica muy original y totalmente efectiva: los políticos responsables no tienen rostro y en su lugar los autores utilizan una especie de gusanos que poco a poco se van extendiendo. La metáfora es evidente: la corrupción – la suciedad – se fue extendiendo, a partir de las autoridades valencianas, al resto de las instituciones y a la mayor parte de la sociedad, que rápidamente dejó de lado la lucha de los afectados por el accidente. El programa Salvados, dirigido por Jordi Évole, dedicó su episodio del 28 de abril de 2013 al accidente y supuso un punto de inflexión. La sociedad valenciana recuperó la memoria y por fin exigió responsabilidades siete años después de la tragedia. La lucha de las familias había valido la pena y había tenido sentido.

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El cómic como medio de reivindicación social y como forma de recuperar la memoria de hechos tan cercanos vuelve a mostrar, en manos de Giner y Durán, todas sus virtudes. El día 3, asimismo, evidencia la necesidad que tenemos como sociedad de movilizarnos y de luchar por lo que consideramos justo, sin caer en el pasotismo y la indiferencia que en multitud de ocasiones tratan de generar los poderes económicos y políticos. Una investigación periodística, un homenaje a las víctimas y un grito en favor de quienes perseveran en la defensa de la verdad, Miguel Ángel Giner y Cristina Durán – de la mano de Laura Ballester – han vuelto a realizar un gran trabajo.

Alpha

Alpha. Abiyán – Estación París Norte, de Bessora y Barroux (Norma)

Cientos de miles de personas han fallecido en los últimos años intentando dejar sus países de origen con el objetivo de llegar a Europa. Tras escuchar y ver tantas veces estas tragedias, las sociedades europeas se han inmunizado y, salvo honrosas excepciones, han centrado su atención en otros temas más candentes. Pese a ello, la enorme desigualdad existente entre el Norte y el Sur del Mediterráneo, agravada por los conflictos de Siria, Libia o el norte de Nigeria, sigue provocando que los flujos migratorios no dejen de crecer. Con Alpha. Abiyán – Estación París Norte la escritora belga Bessora y el dibujante francés Barroux han tratado de dar voz a los protagonistas de esta gran tragedia.

Galardonado con el Premio Médicos sin Fronteras 2015, el cómic se aleja de los relatos tradicionales y nos pone en la piel de Alpha, un marfileño que trata de llegar a París, donde se han establecido su mujer y su hijo.  De esta manera los autores nos muestran las distintas etapas del viaje, desde el lugar de origen hasta la llegada a Europa, pasando por los terribles y peligrosos lugares intermedios que conforman el camino. A nivel formal es un cómic muy original, puesto que a la manera de un diario personal y con dibujos hechos con rotulador, los autores consiguen transmitir una sensación de espontaneidad y veracidad muy conseguida.

Alpha se endeudó para pagar el viaje de su mujer y su hijo, a quienes esperaba en París su cuñada. Ante la falta de noticias, decide viajar a París siguiendo el rastro de sus seres queridos. En primer lugar intenta seguir las vías legales, pero la embajada francesa en Abiyán tan solo le pone trabas. La burocracia descarnada, que facilita los negocios y los movimientos de capital, pone límites a las personas e imposibilita el viaje de Alpha con visado de turista a Francia. Un vuelo de unas horas que cuesta unos cientos de euros, se convierte en una odisea de dos años mucho más cara y llena de peligros. Tras haber pagado una elevada cantidad por el viaje de su mujer y su hijo, el protagonista se ve obligado a vender su pequeño negocio de ebanistería para iniciar su propio viaje.

El tránsito hacia el Sáhara en una sobrecargada furgoneta y sobretodo los encuentros con sus diversos compañeros de viaje dan inicio a la travesía. La mayoría son jóvenes que quieren llegar a Europa en busca de una oportunidad, pero también hay madres jóvenes, con sus hijos de corta edad, que buscan un futuro mejor para ellos. Otros escapan de la turbulenta situación política de sus respectivos países. En un primer momento, todos tienen en común la esperanza, en muchos casos llena de ingenuidad, de llegar a una tierra opulenta que los acogerá de buen grado, pero poco a poco, a medida que su viaje avanza van conociendo la realidad. Es impactante cómo reflejan los autores la desesperación de jóvenes que, a mitad de camino y tras vivir hechos espeluznantes, tratan de regresar a sus lugares de origen. El espejismo que representa Europa merece tantos sacrificios.

Los lugares a los que llega el protagonista en busca de un nuevo transporte que lo acerque a su destino final, como Gao en Mali, parecen una mezcla del far west y un futuro apocalíptico, pero son tremendamente reales. Explotación sexual, droga, enfermedad, violencia y desesperación son los elementos que conforman una realidad durísima. Aún así, Alpha los va superando, en ocasiones trabajando en condiciones miserables durante meses para afrontar un nuevo pago; en otras arriesgándose a un viaje condenado al fracaso. Se va acercando a su objetivo, pero aún le queda el último gran obstáculo: el Mediterráneo.

Lo más interesante de la obra de Bessora y Barroux es la verosimilitud que han conseguido recrear. No tratan de hacer un cómic convencional con un mensaje agradable para nuestras conciencias, lo que consiguen es retratar lo que han vivido y están viviendo ahora mismo cientos de miles de personas. Alpha es un personaje de ficción, pero sería fácil encontrar en nuestras ciudades a muchas personas que han pasado por experiencias similares. Tras la lectura, la reflexión es obligada, puesto que su mensaje produce desasosiego y nos hace cuestionarnos muchas cosas.

Gráficamente, el trabajo de Barroux es muy interesante. Alejándose del dibujo realista, consigue dotar de realismo al cómic. El uso de rotuladores y de un potente blanco y negro, contrasta con un  cuidado uso del color para destacar algunos elementos. La intención original de recrear un auténtico diario de viaje se ve en aspectos como las manchas de tinta que traspasan algunas páginas o una tipografía manual bien trabajada. El uso de grandes viñetas y extensos textos de apoyo le confiere una apariencia de cómic documental idónea para el mensaje que nos transmite la trama.

En estos tiempos de activismos desde el sofá y de declaraciones vacías de contenido real, Alpha. Abiyán – Estación París Norte remueve nuestras conciencias. Para tratar de solucionar una de las cuestiones más complejas que debemos afrontar como sociedad, la desigualdad Norte – Sur y sus consecuencias, es imprescindible que seamos conscientes de las causas reales de los procesos y que empaticemos con las personas que sufren las consecuencias de nuestras decisiones políticas. Con el auge de los nacionalismos y la extrema derecha que asola buena parte de Occidente, este cómic es una lectura imprescindible.

 

Oscuridades programadas

Oscuridades programadas. Crónicas desde Turquía, Siria e Irak, de Sarah Glidden (Salamandra Graphic)Hace varios años leí Una judía americana perdida en Israel y me pareció una obra bastante interesante. Sarah Glidden viajaba a Israel gracias al programa Derecho de nacimiento que permite viajar a todos los judíos del mundo a Israel para ver in situ sus raíces. La dibujante norteamericana narraba sus experiencias durante el viaje y reflexionaba sobre su condición de judía, sobre la realidad del conflicto entre Israel y Palestina y sobre la visión que de éste llegaba a través de los medios de comunicación. Aunque no era un cómic redondo, ya permitía observar que la relación entre cómic, veracidad y periodismo era fundamental para la autora de Boston.

Con Oscuridades promgramadas Glidden no ha dado un paso más, en realidad ha dado un gran salto hacia adelante. En 2010, tras conseguir financiación a través de la plataforma Kickstarter viajó a Oriente Medio junto con dos periodistas amigos suyos del Seattle Globalist – Sarah y Alex – y un exmarine que había participado en la guerra de Irak – Dan -. Su objetivo era cubrir la crisis de refugiados que estaba teniendo lugar en la región a consecuencia de la invasión norteamericana y la guerra entre sunníes y chiíes que tenía lugar en territorio irakí.

Como indica el subtítulo del cómic, el viaje de los cuatro jóvenes estadounidenses transcurrió entre Turquía, Siria e Irak. Su primera parada los llevó a la ciudad turca de Van, cerca de la frontera con Irán, desde donde debían coger un autobús hacia Irak. Allí, mientras llevaban a cabo los engorrosos trámites para cruzar la frontera, entraron en contacto con refugiados iraníes que les explicaron cuál era la situación interna de su país y los motivos de su huida.

Unos días después llegaron al kurdistán irakí, a la ciudad de Suleimaniya. Allí, de nuevo, entraron en contacto con refugiados del resto de Irak, pero también conocieron de primera mano las trágicas experiencias que vivieron los kurdos bajo la dictadura de Saddam Hussein. Aunque desde occidente se ha idealizado bastante el kurdistán, Sarah Glidden refleja los problemas internos de la comunidad. Las discrepancias entre el gobierno regional y parte de la población se hacen evidentes con la situación que padecían unos centenares de refugiados kurdos de la ciudad de Kirkuk. Uno de los testimonios más interesantes es el de Sam, refugiado kurdo en los Estados Unidos que fue expulsado por haber tenido contacto con un miembro de Al Qaeda. La fina linea entre verdad y ficción provoca que los jóvenes estadounidenses se cuestionen sus propias creencias.

Posteriormente, se trasladaron a Damasco, donde se encontraron con ciertas dificultades para llevar a cabo su trabajo. El gobierno de Bashar Al Assad les impuso la presencia de un guía, pero pese al engorro hallaron estrategias para llevar a cabo su labor. De nuevo entrevistaron a refugiados irakíes y escucharon los motivos de su exilio. Mayoritariamente culpan de su situación a los Estados Unidos y su intervención armada, hecho que lleva a Dan a cuestionarse parte de sus ideas preconcebidas. Las entrevistas con expertos de ACNUR y la visita a algunas de sus instalaciones completan un panorama global de la situación de los refugiados en 2010, antes del inicio de las primaveras árabes o la guerra de Siria, que han agravado en gran medida la situación. 

A pesar del peso evidente de la parte autobiográfica en el cómic, el elemento central es la reflexión sobre la naturaleza del periodismo. La observación del trabajo de los periodistas del Globalist – Sarah Stuteville y Alex Stonehill – que lleva a cabo la dibujante y su posterior análisis, muestran de forma muy clara cómo se crean las noticias. La exigencia de conseguir el interés del publico, las presiones de los editores, las preferencias de los propios periodistas y, por encima de todo, la tozuda realidad, marcan completamente su agenda. la gran pregunta ¿qué es el periodismo? está siempre presente.

Es realmente interesante toda la trama vinculada a Dan, el exmarine amigo de la infancia de Sarah Stuteville que viaja con ellos. La periodista tiene una idea muy clara de la historia que quiere contar sobre él: un marine que participó en la invasión de Irak y que ahora vuelve a Oriente Medio y es consciente de las consecuencias de los actos del ejército americano. El perdón y el arrepentimiento tenían que ser los ejes del relato, pero Dan no vive su retorno a la zona de conflicto como Sarah esperaba. La multitud de entrevistas, las conversaciones a varias bandas y los contactos con refugiados no consiguen que Dan diga lo que los periodistas esperaban que dijera y su relación personal se ve afectada por ello.

A nivel gráfico el trabajo de Sarah Glidden es muy acertado. Sus acuarelas enmarcan perfectamente la acción y la reflexión sin robarles protagonismo. Sus soluciones gráficas – composiciones de página, por ejemplo – no son demasiado originales, pero permiten dotar de un ritmo pausado, idóneo para llevarnos por donde la autora desea que transitemos. Los escenarios en los que transcurren los hechos están bien documentados, aunque solo aparecen en los momentos necesarios. Vale la pena detenerse en los paisajes desolados de las zonas desérticas, en que la paleta cromática de Glidden y la suavidad de las acuarelas crean viñetas de gran belleza.

Si os interesa el periodismo no podéis dejar de leer Oscuridades programadas. Si queréis conocer cómo vivieron los irakíes la invasión norteamircana y la sangrienta posguerra no podéis dejar de leer este cómic. Seguramente fue Joe Sacco quien inició el camino del periodismo en viñetas, pero han sido muchos autores más quienes han seguido su estela. Sarah Glidden, sin duda, es una de sus alumnas más aventajadas y ha conseguido un estilo propio con un gran peso para el pensamiento sobre la propia acción de crear y sobre la naturaleza del periodismo. Una lectura compleja que os obligará a pensar y a analizar el trabajo periodístico de otra manera.

Los cuadernos de Esther

Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años, Riad Sattouf (Sapristi)


Riad Sattouf es uno de los autores más exitosos del potente mercado francobelga. Con El árabe del futuroobra de la cual se han publicado ya dos volúmenes en castellano y catalán, el dibujante galo nos traslada a sus recuerdos infantiles y a la construcción de su identidad entre Francia y Siria. La infancia siempre ha sido un tema de interés para él y con Los cuadernos de Esther Sattouf ha llevado este campo un paso más allá. Su objetivo es publicar un álbum anual hasta que Esther, la protagonista del cómic, llegue a la mayoría de edad. Un objetivo muy ambicioso, que tras este primer tomo, deseo que lleve a buen puerto.

Esther es la hija de unos amigos del dibujante, quien quedó fascinado por la historias que le explicaba. Su particular visión del mundo, desde sus nueve años, inspiró a Sattouf para crear una nueva obra. Las historietas autoconclusivas de una página de extensión que conforman el cómic permiten al autor presentar el particular mundo de Esther de forma muy divertida. La sucesión de anécdotas, los mordaces comentarios de la niña y su peculiar perspectiva de la Francia de hoy en día crean un conjunto de lectura muy amena y del cual podemos extraer mucho jugo.

Uno de los aspectos más interesantes de la obra es que Riad Sattouf transmite las vivencias de Esther sin entrar a valorar o juzgar nada de lo que le explica. Su objetivo no es hacer un alegato en clave generacional hablando sobre el desastre del sistema educativo actual o criticar las actitudes de las nuevas generaciones idealizando su propio pasado. El tan trillado discurso en que todo pasado fue mejor y el impostado ejercicio de nostalgia que idealiza la propia infancia y adolescencia quedan fuera de Los cuadernos de Esther. Quien busque una crítica autocomplaciente a las nuevas generaciones se llevará una decepción; pero quien trate de comprender cómo ve el mundo una niña francesa de diez años de edad tendrá una experiencia muy grata.

Las historias que nos cuenta Esther están centradas en su entorno: el colegio, la familia, las amistades y las vacaciones. Estos temas tan obvios, permiten a Sattouf – con la inestimable ayuda de su pecuiar guionista –, mostrarnos lo que piensa una niña francesa buscadamente normal sobre su vida cotidiana, sobre su propio mundo. El cómic está muy bien construido: las pequeñas historias del día a día, los personajes entrañables, los referentes culturales o los sueños de la protagonista, se combinan para retratar buena parte de la sociedad francesa a partir de hechos aparentemente banales.

Algunos temas, siempre trascendentes para los adultos, adquieren un nuevo enfoque gracias a las palabras de Esther. Las relaciones entre niños y niñas, fruto directo de las desigualdades de género que dominan nuestra sociedad, son un gran ejemplo. Los juegos que practican en el recreo, algo aparentemente inocuo, muestran la gran cantidad de trabajo que queda por hacer para conseguir una igualdad real entre hombres y mujeres. La educación es otro de los grandes temas presentes en el cómic y la visión infantil, de nuevo, muestra algunos de los grandes retos que debemos afrontar como sociedad para tratar de mejorar el sistema educativo.

Otras cuestiones sobre las que los comentarios de Esther dan pie a la reflexión son el racismo o las desigualdades sociales. Niños y niñas son, mayoritariamente, el reflejo de lo que ven y oyen en casa y materias como las citadas anteriormente muestran claramente este hecho. La idílica Francia multicultural o la supuesta gran redistribución de la riqueza que lleva a cabo el estado del bienestar galo ya muestran sus fallos a los ojos de una niña. La corrección política, los referentes culturales de la infancia y sus aspiraciones también aparecen apuntados a lo largo de las cincuenta y dos historietas.

A nivel gráfico Riad Sattouf se mantiene fiel a su trabajo en El árabe del futuro que tan bien le ha funcionado. Un dibujo sintético, aparentemente sencillo, consigue dotar de gran expresividad a los personajes. El aire caricaturesco le permite reflejar el tono divertido de la obra y al mismo tiempo hace que los personajes sean muy reconocibles. Algunos aspectos están especialmente cuidados: los peinados de futbolista, las prendas de ropa más atractivas para Esther y sus amistades, la música… Un elemento fundamental para el dibujante es el uso del color. A primera vista parecen colores planos, sin una función clara, pero para Sattouf el color tiene un importante papel narrativo como demuestra su uso en todas las historietas. Destacar un personaje o un escenario, centrar nuestra atención en un diálogo o un elemento secundario, todo ello conseguido a través del color.

Los cuadernos de Esther es una obra realmente interesante a muchos niveles. Sin tratar de ser un estudio sociológico, con mucha naturalidad, el trabajo de Sattouf permite ahondar en multitud de aspectos relevantes. Evidentemente, no estamos ante un cómic histórico, aunque en el futuro, su lectura permitirá conocer muchos elementos de la sociedad occidental actual. Además, el autor francés ha creado un cómic tremendamente divertido, que sin restar crudeza a la realidad que retrata, nos arrancará una sonrisa en la mayoría de las páginas. La evolución de Esther hasta que cumpla dieciocho años promete ser una de las grandes obras de los próximos años.

El sheriff de Babilonia

El sheriff de Babilonia. Bang Bang Bang, de Tom King y Mitch Gerads (ECC)

El 11S es uno de los hechos históricos más trascendentes de los últimos veinte años. La respuesta del gobierno de George W. Bush a los atentados fue la guerra contra el terror. Como consecuencia de este cambio en la política exterior norteamericana, que anunciaba la respuesta inmediata y expeditiva contra cualquier estado que en opinión de los Estados Unidos diera apoyo a Al Qaeda, la administración Bush inició la guerra de Afganistán y, posteriormente, la de Irak. Los grandes medios de comunicación occidentales defendieron que el derrocamiento de Saddam Hussein fue un gran éxito que iba a llevar la democracia y la prosperidad al medio Oriente. A pesar de los variados intentos por maquillar la realidad, la situación de Irak está muy lejos de ser pacifíca y la violencia y el caos siguen siendo los reyes.

En El sheriff de Babilonia, el guión de Tom King y el dibujo de Mitch Gerads se unen para trasladarnos al Bagdad post-Saddam. La zona verde, ese sector artificial donde se guarecen las agencias diplomáticas y los contratistas europeos y norteamericanos; los atentados suicidas; la violencia sectaria; la desolación que provoca observar la destrucción de una ciudad milenaria… Todos estos elementos, y muchos más, conforman un cómic muy interesante para conocer la situación actual de Bagdad. Tom King trabajó en la CIA durante diez años, de modo que su propia experiencia y sus amplios conocimientos sobre el terreno dotan de verosimilitud al contexto en el que se desarrolla una trama densa, compleja y, al mismo tiempo, adictiva.

Este tomo, con el acertado subtítulo de Bang. Bang. Bang., incluye los seis primeros números de la serie. En el primero de ellos, los autores nos presentan a los tres personajes principales: Christopher, Sofía/Saffiya y Nassir. Christopher es uno de los instructores norteamericanos de la nueva policía iraquí; Sofía es una iraquí que pasó su infancia y su adolescencia en los Estados Unidos y ahora ha vuelto para ayudar en la reconstrucción del país; y Nassir es un veterano policía con una larga hoja de servicios para el gobierno de Saddam Hussein. Tres seres humanos aparentemente distintos, a los que el asesinato de uno de los pupilos de Christopher lleva a colaborar.

Uno de los grandes aciertos del cómic es la recreación de la atmósfera cerrada y agobiante de la zona verde. El control militar y policial que ejercen los militares norteamericanos esconde el gran juego de intereses que se lleva a cabo entre bastidores. La reconstrucción de las infraestructuras, los beneficios del petróleo y la naturaleza del nuevo sistema político iraquí provocan tensiones y juego sucio por parte de diversos actores. La guerra soterrada entre chíies y suníes también tiene un papel fundamental en la situación de Bagdad y afecta directamente a los protagonistas.

En medio de este panorama, Christopher, Sofía y Nassir tratan de hallar solución al misterio y encontrar al responsable del asesinato. Al mismo tiempo, King y Gerads son capaces de ir desvelando el pasado de los tres y de ir tejiendo las relaciones entre ellos. El tradicional argumento de la novela negra consistente en encontrar al culpable, se convierte aquí en un retrato colectivo de Bagdad. Este contexto tan bien recreado es lo que convierte a El sheriff de Babilonia en una obra muy interesante para cualquiera que se interese por la política internacional y por la actual situación de Oriente Medio. Los propios autores se vanaglorian en afirmar que es el único cómic cuyo argumento debe ser aprobado previamente por la CIA, puesto que los conocimientos de King podrían revelar informaciones que la agencia no quiere que sean públicas.

A nivel gráfico, el trabajo de Mitch Gerads es impecable. Su dibujo tiene una gran fuerza y su buscado trazo sucio y abierto encaja perfectamente con la realidad que nos quiere contar. Pero si hay un elemento que brilla con luz propia es el uso del color, tarea del propio Gerads. El calor asfixiante de Bagdad y la violencia extrema que rodea a los personajes ganan en potencia y expresividad gracias al color. Los tonos ocres y los marrones tienen un gran peso en el relato, aunque también son destacables el rojo de la sangre y la paleta oscura de las escenas nocturnas. La labor de documentación es evidente que ha sido exhaustiva y este hecho se deja notar en los escenarios donde sucede la acción, así como en los uniformes y los vehículos. Son destacables también las trabajadas composiciones de página y el ritmo que consigue el cómic gracias a ellas. La combinación del guión de King con el dibujo y el color de Gerads funciona de forma muy efectiva.

El sheriff de Babilonia es el primer cómic que reseño del mainstream estadounidense, ya que pertenece al sello Vertigo, de DC Comics, y seguro que no será el último. Un argumento que te atrapa, un dibujo muy potente y, por encima de todo, una historia universal que habla sobre la condición humana. En cualquier contexto, por dantesco que este sea, surgen relaciones personales y estas son las que nos configuran y las que nos interesan y el guión de King lleva a cabo una labor fantástica a este respecto. En tan solo 150 páginas ambos autores consiguen atraparnos en un relato y dotarnos de innumerables elementos de reflexión.

Basura

Basura, de Derf Backderf (Astiberri)

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Pocas cosas hay más cotidianas que la basura,  pero a pesar de ello, es una gran desconocida. Más allá de los contenedores donde la depositamos y de los camiones de recogida que vemos a diario, en general ignoramos completamente lo que sucede posteriormente con nuestros desperdicios. Los residuos conforman una industria enorme que mueve 55.000 millones de dólares anuales en los Estados Unidos, en la que participan enormes conglomerados empresariales como ACS o FCC en España o con la que diversos grupos mafiosos se han lucrado durante décadas en Italia. Es un negocio redondo, con una materia prima prácticamente infinita que todos colaboramos a incrementar.

Derf Backderf, consciente de todo ello y con una experiencia de dos años (1979-1980) trabajando de basurero, ha tratado de dar a conocer este peliagudo tema. Para ello se ha basado en su propia experiencia, ha investigado sobre la materia en cuestión y ha visitado centros de reciclaje, vertederos y plantas de tránsito de basuras. Pese a lo aparentemente arduo de la cuestión, el dibujante norteamericano ha conseguido crear un cómic didáctico, entretenido y muy divertido.

La estructura del cómic es sencilla, pero muy efectiva. En primer lugar Backderf incluye un breve prólogo que narra el devenir histórico de la recogida de basuras, desde el 3.000 aC, cuando se data el vertedero conocido más antiguo en la isla de Creta, hasta los vertederos y plantas de incineración modernas. Es encomiable la capacidad de síntesis del dibujante, que en muy pocas páginas traza las líneas maestras de la recogida de basuras a lo largo de la Historia: los graves problemas de residuos que tuvo Roma, el peligro que suponía su acumulación al lado de las murallas de las ciudades, el uso de los ríos como vertedero natural, los hombres del polvo de Londres…


A continuación, Derf Backderf narra las andanzas de un joven norteamericano que empieza a trabajar como basurero. Aunque la trama es de ficción, en parte está basada en sus propias experiencias de hace más de tres décadas. Es muy interesante cómo Backderf relata la evolución del joven: desde el asco inicial a la total adaptación al medio. La sucesión de escenas muestra multitud de aspectos que juegan un papel fundamental en la gestión de los residuos: las diversas fases del proceso que lleva nuestra basura desde la puerta de casa hasta el vertedero; la corrupción y el nepotismo de la administración municipal; y por encima de todo, las acciones individuales de los vecinos y vecinas, mayoritariamente irrespetuosos con el medio ambiente y con las personas que se encargan de llevarse sus desperdicios.

La gran cantidad de anécdotas y de momentos divertidos están muy bien enlazados y no ocultan el gran peso que el autor confiere a la crítica de nuestra sociedad. Ya sea en el tórrido verano o en el gélido invierno, la basura no se detiene, el ciclo continúa y no somos conscientes del volumen que deshechos que producimos. Las reflexiones del protagonista y de algunos de sus compañeros dotan de profundidad a la trama, pero el gran mérito de Derf Bakckderf es el gran sentido del humor, negro y cínico en ocasiones, que recorre el cómic. La combinación de reflexión y crítica social con una trama realmente entretenida es un gran acierto.


Los personajes están muy conseguidos y permiten apreciar los diversos estereotipos que se dedican a esta imprescindible pero despreciada labor.  Desde los veteranos curtidos hasta los novatos inexpertos, todos forman parte de este mundillo tan especial. La mayoría de personajes son complejos y tienen momentos brillantes, pero es imposible no detenerse en Marv, el anciano trabajador de la perrera municipal, y en Magee, el extravagante trabajador del cementerio de la ciudad. Ambos proporcionan los momentos más cómicos de la obra y permiten aligerar el tono general de denuncia y reflexión tan importantes en la trama.

La parte gráfica de la novela gráfica es también muy remarcable. El bitono azul y negro funciona muy bien y permite a Backderf construir sus ya habituales personajes caricaturescos. Las caras con facciones muy marcadas y los cuerpos que recuerdan al cartoon hacen de contrapunto con la profundidad del argumento. Backderf es un dibujante versátil y como demuestra tanto en el prólogo como en el epílogo, es capaz de buscar el realismo. Pese a la repulsión que provocan, algunos de sus dibujos de basura son realmente espectaculares. Es interesante detenerse en algunos detalles muy propios del medio como el constante uso de onomatopeyas o el juego con el movimiento, especialmente cuando el protagonista recorre las calles a lomos de Betty. 

Este ha sido mi primer contacto con la obra de Derf Backderf, no he leído Mi amigo Dahmery su forma de presentar un tema de tanto calado como este me han parecido muy acertada. Basura presenta el equilibrio justo entre el humor y la crítica social, siempre manteniendo un tono didáctico que lo hace realmente interesante. Si os interesan mínimamente el futuro de nuestro planeta y tenéis conciencia ecológica lo disfrutaréis en gran medida; pero si no es así, seguro que pasaréis un buen rato y además Derf Backderf conseguirá que recapacitéis.

PD: En el colegio en que trabajo estamos preparando un proyecto para trabajar la concienciación medioambiental a través del cómic y Basura es una de las obras que utilizaremos, puesto que el prólogo y el epílogo son grandes herramientas didácticas. Cuando esté más avanzado lo colgaré en la sección de Propuestas Didácticas del blog.