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Basura

Basura, de Derf Backderf (Astiberri)

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Pocas cosas hay más cotidianas que la basura,  pero a pesar de ello, es una gran desconocida. Más allá de los contenedores donde la depositamos y de los camiones de recogida que vemos a diario, en general ignoramos completamente lo que sucede posteriormente con nuestros desperdicios. Los residuos conforman una industria enorme que mueve 55.000 millones de dólares anuales en los Estados Unidos, en la que participan enormes conglomerados empresariales como ACS o FCC en España o con la que diversos grupos mafiosos se han lucrado durante décadas en Italia. Es un negocio redondo, con una materia prima prácticamente infinita que todos colaboramos a incrementar.

Derf Backderf, consciente de todo ello y con una experiencia de dos años (1979-1980) trabajando de basurero, ha tratado de dar a conocer este peliagudo tema. Para ello se ha basado en su propia experiencia, ha investigado sobre la materia en cuestión y ha visitado centros de reciclaje, vertederos y plantas de tránsito de basuras. Pese a lo aparentemente arduo de la cuestión, el dibujante norteamericano ha conseguido crear un cómic didáctico, entretenido y muy divertido.

La estructura del cómic es sencilla, pero muy efectiva. En primer lugar Backderf incluye un breve prólogo que narra el devenir histórico de la recogida de basuras, desde el 3.000 aC, cuando se data el vertedero conocido más antiguo en la isla de Creta, hasta los vertederos y plantas de incineración modernas. Es encomiable la capacidad de síntesis del dibujante, que en muy pocas páginas traza las líneas maestras de la recogida de basuras a lo largo de la Historia: los graves problemas de residuos que tuvo Roma, el peligro que suponía su acumulación al lado de las murallas de las ciudades, el uso de los ríos como vertedero natural, los hombres del polvo de Londres…


A continuación, Derf Backderf narra las andanzas de un joven norteamericano que empieza a trabajar como basurero. Aunque la trama es de ficción, en parte está basada en sus propias experiencias de hace más de tres décadas. Es muy interesante cómo Backderf relata la evolución del joven: desde el asco inicial a la total adaptación al medio. La sucesión de escenas muestra multitud de aspectos que juegan un papel fundamental en la gestión de los residuos: las diversas fases del proceso que lleva nuestra basura desde la puerta de casa hasta el vertedero; la corrupción y el nepotismo de la administración municipal; y por encima de todo, las acciones individuales de los vecinos y vecinas, mayoritariamente irrespetuosos con el medio ambiente y con las personas que se encargan de llevarse sus desperdicios.

La gran cantidad de anécdotas y de momentos divertidos están muy bien enlazados y no ocultan el gran peso que el autor confiere a la crítica de nuestra sociedad. Ya sea en el tórrido verano o en el gélido invierno, la basura no se detiene, el ciclo continúa y no somos conscientes del volumen que deshechos que producimos. Las reflexiones del protagonista y de algunos de sus compañeros dotan de profundidad a la trama, pero el gran mérito de Derf Bakckderf es el gran sentido del humor, negro y cínico en ocasiones, que recorre el cómic. La combinación de reflexión y crítica social con una trama realmente entretenida es un gran acierto.


Los personajes están muy conseguidos y permiten apreciar los diversos estereotipos que se dedican a esta imprescindible pero despreciada labor.  Desde los veteranos curtidos hasta los novatos inexpertos, todos forman parte de este mundillo tan especial. La mayoría de personajes son complejos y tienen momentos brillantes, pero es imposible no detenerse en Marv, el anciano trabajador de la perrera municipal, y en Magee, el extravagante trabajador del cementerio de la ciudad. Ambos proporcionan los momentos más cómicos de la obra y permiten aligerar el tono general de denuncia y reflexión tan importantes en la trama.

La parte gráfica de la novela gráfica es también muy remarcable. El bitono azul y negro funciona muy bien y permite a Backderf construir sus ya habituales personajes caricaturescos. Las caras con facciones muy marcadas y los cuerpos que recuerdan al cartoon hacen de contrapunto con la profundidad del argumento. Backderf es un dibujante versátil y como demuestra tanto en el prólogo como en el epílogo, es capaz de buscar el realismo. Pese a la repulsión que provocan, algunos de sus dibujos de basura son realmente espectaculares. Es interesante detenerse en algunos detalles muy propios del medio como el constante uso de onomatopeyas o el juego con el movimiento, especialmente cuando el protagonista recorre las calles a lomos de Betty. 

Este ha sido mi primer contacto con la obra de Derf Backderf, no he leído Mi amigo Dahmery su forma de presentar un tema de tanto calado como este me han parecido muy acertada. Basura presenta el equilibrio justo entre el humor y la crítica social, siempre manteniendo un tono didáctico que lo hace realmente interesante. Si os interesan mínimamente el futuro de nuestro planeta y tenéis conciencia ecológica lo disfrutaréis en gran medida; pero si no es así, seguro que pasaréis un buen rato y además Derf Backderf conseguirá que recapacitéis.

PD: En el colegio en que trabajo estamos preparando un proyecto para trabajar la concienciación medioambiental a través del cómic y Basura es una de las obras que utilizaremos, puesto que el prólogo y el epílogo son grandes herramientas didácticas. Cuando esté más avanzado lo colgaré en la sección de Propuestas Didácticas del blog.

Presidente Trump

Presidente Trump. Dios perdone a América, de Pablo Ríos (Sapristi)

El pasado 8 de noviembre, Donald Trump ganó las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. Uno de los convencidos de su victoria era el dibujante Pablo Ríos (autor de Azul y Pálido, Fútbol. La novela gráfica y actualmente trabajando en un cómic sobre Jesucristo). El día 9 por la mañana, cuando vio confirmado su vaticinio, colgó en las redes sociales varias viñetas que había dibujado en su libreta . Tuvieron cierta repercusión y el editor de Sapristi, Octavio Botana, se puso en contacto con él. Le dijo que le habían gustado mucho esas tiras y le propuso hacer un cómic humorístico sobre el nuevo presidente americano. Con la intención de publicarlo antes de Navidad, el dibujante andaluz tuvo tan solo nueve días para pensar y dibujar cuarenta y seis chistes. El resultado fue Presidente Trump. Dios perdone a América, cuyos derechos ya han sido comprados en Alemania y Francia.

Las páginas mantienen una estructura fija: la primera viñeta con el título, que en muchas ocasiones ya forma parte del chiste, y a continuación tres viñetas – planteamiento, nudo y desenlace -. Debido al poco tiempo disponible, Pablo Ríos tuvo que obligarse a seguir ciertas reglas, por ejemplo, el único personaje que aparece es el propio Trump y la gran mayoría de viñetas presentan al nuevo presidente sentado en el despacho oval. Otros elementos recurrentes también ayudan a conseguir la carcajada: conversaciones telefónicas, noticias en periódicos, juegos con la continuidad de algunos chistes…

Lo más interesante de la obra es que el autor no ha caído en el humor simple de recurrir al físico del protagonista. La situación que Ríos plantea es ¿qué hará Trump cuando ya sea presidente? Partiendo de esta premisa, y basándose en muchas ocasiones en declaraciones reales del Trump candidato, el cómic recorre multitud de temas candentes: política internacional, cambio climático, racismo, machismo…

Gráficamente el cómic funciona muy bien, a pesar del poco tiempo con el que el autor ha contado. La simplicidad del escenario permite que todo el peso recaiga en los diálogos y en la expresividad del personaje principal. Son destacables algunos recursos gráficos utilizados en viñetas concretas, como la reforma de la Casa Blanca o las noticias secundarias de los periódicos.

Presidente Trump. Dios perdone a América es un cómic que tiene muchísimo mérito. Octavio Botana y Sapristi apostaron por un autor con ideas brillantes y vieron la oportunidad de publicar una obra de gran actualidad; y por su parte, Pablo Ríos aceptó el reto de dibujar y crear un cómic en un periodo tan breve. Sinceramente espero que el riesgo tomado por ambos tenga su recompensa y que el cómic tenga éxito comercial. Las risas están aseguradas.

La grieta

La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril (Astiberri)

La situación geopolítica internacional se mueve a una velocidad vertiginosa. Si tan solo hacemos balance del año 2016 nos encontramos con la guerra de Siria, la victoria electoral de Donald Trump, el Brexit, conflictos bélicos en Sudán del Sur o la República Democrática del Congo, enfrentamientos en Ucrania, infinidad de atentados terroristas, el proceso de paz en Colombia, el fallecimiento de Fidel Castro…  Ante este mundo tan convulso, la estabilidad y la prosperidad que teóricamente garantiza la Unión Europea es uno de los pocos asideros que teníamos. Pero en los últimos años este hecho también ha dado un vuelco. La Unión Europea se está resquebrajando y Carlos Spottorno y Guillermo Abril han tratado de encontrar y analizar las grietas que la están dañando.

La grieta es una obra dura, pero tremendamente necesaria. Desde  la valla de Melilla hasta la frontera ártica entre Finlandia y Rusia, pasando por los Balcanes, ambos periodistas – Spottorno, fotógrafo y Abril, reportero – han visitado los lugares más calientes de los confines exteriores de la UE para tratar de comprender y de explicar los múltiples procesos que están afectando al macroestado europeo. Para ello se han valido de su dominio respectivo de la imagen y el texto y han creado un cómic realmente original: todas las viñetas son fotografías y los cuadros de texto nos relatan los acontecimientos que vemos reflejados en ellas, a la manera de un diario.

Los autores han explicado en diversas entrevistas que en primer lugar Carlos Spottorno creó un relato puramente gráfico, a partir de una selección de las 25.000 imágenes que habían tomado a lo largo de tres años; y después Guillermo Abril escribió los textos de apoyo. El objetivo era narrar y dotar de coherencia a lo que se veía en las viñetas – lo que no se ve, no existe –, sin dejar cabos sueltos. Estamos por tanto ante un híbrido entre un extenso reportaje y una novela gráfica. La influencia de las obras de dibujantes como Joe Sacco o Guy Delisle es evidente, pero si hay un cómic que dialoga directamente con La grieta, ese es El fotógrafo. La obra de Guibert, Lefèvre y Lemercier utilizaba conjuntamente fotografía y dibujo para narrar las andanzas de Didier Lefèvre acompañando a una misión de Médicos Sin Fronteras en Afganistán; aunque en La grieta no hay dibujo.

 

Tras una breve introducción, la narración se inicia con la visita de los autores a Melilla, donde toman conciencia de la gigantesca valla que separa Europa de África. En la ciudad autónoma visitan las dependencias de la guardia civil y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Posteriormente cruzan a Marruecos, donde dialogan con las personas que esperan en el monte Gurugú, en unas condiciones terribles, para tratar de cruzar la frontera. Es interesante la manera en que dan voz a los diferentes colectivos implicados y tratan de recabar las diferentes versiones de la situación.

A continuación, Spottorno y Abril se trasladan a los Balcanes, una de las puertas de entrada más utilizada por los refugiados – mayoritariamente sirios, iraquíes y afganos -, que tratan de llegar a Europa. En esta región es donde los periodistas entran en contacto con FRONTEX, el organismo encargado de coordinar las fronteras exteriores de la UE, y observan el funcionamiento de las fronteras con Turquía, seguramente las más delicadas del todo el continente europeo.

El periplo continúa en Lampedusa, la pequeña isla italiana al sur de Sicilia, que geográficamente está más cerca de África que de Europa. De nuevo visitan lugares imprescindibles para conocer el alcance del drama de los refugiados: un gran centro de acogida, el museo con restos de naufragios que ha creado un activista e incluso un avión y una fragata que trabajan en la localización y rescate de embarcaciones que transportan gente desde Libia hasta las costas italianas. El mar proporciona imágenes de gran belleza, pero también escenas de gran dramatismo, como la que ilustra la portada.

Siguiendo el estricto orden cronológico que marca la actualidad, Spottorno y Abril nos trasladan a finales de 2015, a las fronteras de Hungría, Croacia y Eslovenia. El gobierno húngaro, de extrema derecha, había militarizado la frontera y prácticamente la había sellado, de modo que los miles de refugiados, ahora ya en su mayoría sirios, fueron obligados a buscar otras formas de llegar a su ansiado destino. Incontables familias se trasladaban a pie, cargando con sus escasas pertenencias, con el objetivo de llegar a esa Europa idílica que los recibía con alambradas y gases lacrimógenos.

Por último, los autores se fijan en las fronteras del este. El conflicto ucraniano y unas maniobras de la OTAN en los países bálticos muestran una nueva grieta: las relaciones con Rusia. La visión que muestran los autores en esta ocasión es tan solo la versión occidental, que presenta a Rusia como un enemigo peligroso. A pesar de que los autores se muestran razonablemente críticos con las declaraciones de algunos militares atlantistas, se echa en falta la opinión de alguien del otro lado. Es la única pega que le encuentro a la gran labor periodística que han llevado a cabo Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

A nivel gráfico poco hay que decir que no se vea en las imágenes que adjunto en el texto. Visualmente estamos ante un cómic mayúsculo. Las fotografías han sido retocadas de forma que los negros han ganado en intensidad y los colores han quedado en parte difuminados, con un ligero efecto que recuerda al cine y la televisión en tecnicolor. Las composiciones de página tienen un papel fundamental en la narración, ya que dirigen nuestra vista hacia los aspectos que los autores consideran fundamentales. Las grandes imágenes, que en determinados momentos ocupan una página entera o incluso dos, transmiten una gran fuerza e invitan a la reflexión. La inclusión de mapas ayuda a estar siempre situados con exactitud, especialmente en las zonas más desconocidas.

La grieta es un cómic fantástico, sin duda uno de los mejores de 2016, pero va mucho más allá. Es una llamada a nuestra conciencia, un golpe de realidad en estos días inciertos. La organización política que ha conseguido setenta años de paz en el continente que fue asolado por las guerras más sangrientas de la Historia, el gran sueño que fue un día la Unión Europea se está desmoronando. Grietas entre norte y sur, entre este y oeste. Nacionalismos cada vez más poderosos que luchan por derruir la esencia de la Unión. Políticas austericidas y competencia fiscal entre estados. Privatizaciones y recortes en el estado del bienestar. Todos estos elementos están aniquilando lo que un día fue la Unión Europea. La novela gráfica de Spottorno y Abril es un brillante estado de la cuestión, pero en nuestras manos está hacer ver a nuestros dirigentes que tienen que cambiar el rumbo.

PD: os inivito a visitar la web promocional de La grieta para conocer más detalles sobre la obra.

¡GARCÍA! 2

¡GARCÍA! 2, de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri)

Tras el intenso primer volumen de ¡GARCÍA!, mis expectativas respecto al segundo eran muy elevadas, pero Santiago García y Luis Bustos han estado claramente a la altura. La historia del superagente secreto franquista en una España muy parecida a la actual ha mantenido un nivel altísimo y el segundo tomo es un in crescendo imparable que culmina con un gran final. La acción, los giros dramáticos y el humor tienen una gran presencia; pero además, como ya vimos en la primera parte, los autores han conseguido abrir multitud de caminos a la reflexión.

Antonia, la joven periodista, y García, del que seguimos sin conocer su nombre, mantienen el protagonismo del relato, aunque la trama gana en complejidad. El contraste entre la España franquista y una España inspirada en el presente sigue en el meollo de la acción y permite ir conociendo mejor a alguien tan enigmático como García. Su visión del mundo, anclada en los años sesenta, es obligada a convivir con los referentes actuales y esto genera conflictos y situaciones en las que los autores dan lo mejor de sí mismos. Una buena muestra es la desternillante boda a la que García asiste con Antonia, ya que sus convicciones son golpeadas duramente y somos testigos de como el protagonista va evolucionando, aunque sea a marchas forzadas.

El papel de Antonia en este segundo volumen gana en profundidad. Ya no es solo una joven aprendiz de periodista, ahora es una auténtica mujer de acción. Ya no necesita que alguien – casi siempre un hombre – le diga qué debe o qué puede hacer, es ella la que coge las riendas de su vida y la que actúa en cada momento según su criterio. Su relación con el agente García también va creciendo y ambos descubren que tienen muchas cosas en común, pese a las diferencias de edad, de género o de ideología. Por encima de todas ellas está su integridad, que los aleja de la mayoría de personajes de la obra.

Este segundo tomo del cómic vuelve a estar lleno de guiños a la actualidad. La situación política es tremendamente complicada, el descontento de la gente se hace cada vez más evidente y los poderes fácticos están dispuestos a intervenir para favorecer sus intereses particulares. La expresión cloacas del Estado adquiere todo su significado en las páginas del cómic. Los servicios secretos, los medios de comunicación, los grupos mafiosos y algunos políticos corrupctos – ay, la omnipresente corrupción – dirigen el destino del país y solo García y Antonia conocen la verdad y tratan de combatirla.

Al mismo tiempo que transcurre la trepidante acción, García – y nosotros, lectores, junto a él – va descubriendo su pasado. Personajes oscuros, traiciones y cuarenta años de criogenización que poco a poco van encajando como las piezas de un puzzle. La construcción narrativa del relato es fantástica, solo hay que fijarse en el inicio del cómic, con el encadenamiento de diversos flashbacks, cada vez más alejados del presente, y que sirven a García y Bustos para volver a situarnos en la trama y para aumentar nuestro deseo de saber qué está pasando.

La lectura es vertiginosa y es recomendable una relectura para poder valorar los numerosos detalles. Uno de mis favoritos es la secuencia de la persecución, que mientras permite demostrar el dinamismo del dibujo de Luis Bustos, consigue llevarnos a la carcajada con el prototipo y los muy alejados referentes culturales de García y Antonia. La recreación del Valle de los Caídos, que gana en presencia en este volumen o las intervenciones fortuitas de un policía municipal, que se va haciendo imprescindible, son otros elementos a los que prestar atención.

El apartado gráfico vuelve a estar a un altísimo nivel. Luis Bustos se desata y su blanco y negro consigue atraparnos de nuevo. La mencionada escena de la persecución sirve como ejemplo del dinamismo del que consigue dotar a sus dibujos el dibujante madrileño. Los escenarios, los ambientes y los personajes, siempre con esa fuerza tan características de Bustos, están muy bien construidos y son muy expresivos. Con momentos para el lucimiento – algunas dobles páginas y algunas composiciones de página son espectaculares -, pero siempre consiguiendo que el cómic funcione, vale la pena leer con detenimiento y fijarse en los detallas más nimios, ya que nada es casual.

La distinción clásica entre guionista y dibujante pierde sentido en este caso, como en el resto de obras de Santiago García, y es imposible saber quién es responsable de cada giro argumental o de cada solución gráfica, así que ambos autores han conseguido realizar uno de sus mejores trabajos. Ahora solo nos queda esperar a que Bustos y García se decidan a crear más historias de García, el superhéroe español de nuestro tiempo. Estoy convencido que la España de 2016 es una fuente de inspiración inagotable y que no tardaremos en poder disfrutar de nuevas aventuras.

11-M. La novela gráfica

11-M. La novela gráfica, de Gálvez, Guiral, Mundet y González. (Panini Cómics)

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Este mes de marzo se han cumplido 12 años desde el mayor atentado terrorista de la historia de España. Fallecieron 191 personas y hubo casi 2.000 heridos. El uso político del atentado que hizo la derecha política y mediática del país es uno de los hechos más lamentables en los ya más de 40 años de democracia en España. Este cómic es posiblemente la mejor manera de rememorar los acontecimientos y conocer lo que realmente sucedió.

En octubre de 2007 el juez Gómez Bermúdez dictó sentencia y se hizo público un sumario de 700 folios que probaba que los autores habían sido islamistas radicales vinculados a la organización terrorista Al Qaeda. La editorial Panini, siguiendo lo que había pasado en los Estados Unidos con diversos cómics sobre el 11-S, pensó que el cómic sería una buena manera de acercarse a tan trágicos hechos. Contactó con Antoni Guiral y este a su vez lo hizo con Pepe Gálvez y ambos empezaron a trabajar en el guión.

Tras la salida del proyecto de Jesús Redondo, los guionistas se pusieron en contacto con Joan Mundet, quien accedió a ser el dibujante de la obra. Pese al recelo inicial de algunas de las personas con las que contactaron – el propio Pepe Gálvez me explicó que hubo quien le dijo ¿cómo vais a hacer un Mortadelo sobre el 11-M? -, la idea de crear un cómic riguroso que explicara qué había sucedido tuvo buena acogida.

El guión está basado en el sumario, que reconstruye cronológicamente los hechos. Para darle más dinamismo a la trama y facilitar la lectura, los autores crearon tres personajes ficticios: la familiar de una de las víctimas, un policía y un periodista. La inclusión de sus diferentes perspectivas permite recrear los acontecimientos en detalle y, más importante aún, consigue que seamos capaces de identificarnos con la gente que vivió en primera persona tan macabro suceso.

El uso de flashbacks, de gran importancia en el cómic, es una gran herramienta para reconstruir los hechos de la manera más fiel posible a la sentencia, al tiempo que dota a la trama de mayor viveza. Parece imposible que una obra basada en un sumario judicial sea entretenida y tenga ritmo, pero Guiral y Gálvez fueron capaces de hacerlo. Pese a que el objetivo principal de la novela gráfica era dar a conocer lo sucedido y rendir un sentido homenaje a las víctimas, los autores han conseguido crear una narración muy efectiva.

Otro aspecto que hace muy interesante la lectura de 11-M. La novela gráfica es la reconstrucción de los convulsos días posteriores al atentado. El impacto que provocó en los sentimientos y las conciencias, el desastroso manejo de la situación por parte del Gobierno o los actos de repulsa y sus implicaciones políticas tienen un lugar central en el relato.

A nivel gráfico, el trabajo de Joan Mundet raya a gran altura. La combinación del virtuoso dibujo realista con composiciones de página muy trabajadas da un gran resultado. Sin mostrar las escenas más morbosas, Mundet es capaz de recrear escenarios y situaciones realmente duras con gran precisión. Es muy destacable la gran cantidad de recursos propios del cómic que utiliza para transmitir su mensaje: tipografía, multitud de planos diferentes, dobles páginas, silencios…

Por último, me gustaría destacar el prólogo de Pilar Manjón, la presidenta de la Asociación 11-M. Afectados del terrorismo. Es alguien que sufrió una pérdida terrible – un hijo de 20 años -, que ha padecido ataques execrables por su implicación en la defensa de las víctimas y de la verdad, y que es capaz de afrontar el dolor para luchar contra el olvido. Es una persona realmente admirable. Sus palabras son realmente emocionantes y le añaden gran valor al cómic.

No se me ocurre una mejor manera de recordar qué sucedió exactamente que leyendo esta novela gráfica. La reconstrucción minuciosa de los hechos permite concer hasta el mínimo detalle, desde la fase más embrionaria hasta la terrible mañana del 11 de marzo de 2004. Una vez más el cómic vuelve a demostrar que es capaz de tratar cualquier tema, sea el que sea.

Así calló Zaratustra

Así calló Zaratustra, de Nicolas Wild (Dibbuks)

La historia reciente de Irán ha protagonizado diversos cómics en los últimos años. Es especialmente conocida Persépolis, la obra de Marjane Satrapi que retrata su infancia y da su visión de la revolución islámica que vivió el país a finales de los 70. Irán también tiene un papel fundamental en el fantástico Los mejores enemigos de Filiu y David B (aquí el segundo volumen).

En los últimos meses, su acuerdo con los Estados Unidos sobre armamento nuclear ha vuelto a llevar a las portadas a los iraníes. La guerra en Siria y los múltiples conflictos latentes en Oriente Medio muestran el peso de Irán en las relaciones internacionales, pero si nos paramos a pensar, no conocemos demasiado de su sociedad, de su gente, de sus tradiciones, de sus minorías… Así calló Zaratustra nos permite acercarnos a estas realidades que siempren quedan en segundo plano cuando leemos sobre el estado heredero del gran Imperio Persa.

Nicolas Wild, tras relatar su paso por Afganistán en Kabul Disco, decidió acercarse al contexto iraní y se encontró con grupo de gente muy especial: los zoroástricos. El zoroastrismo es una de las religiones monoteístas más antiguas y tiene su origen en el Irán preislámico, es decir, en Persia, donde nació su profeta y fundador Zaratustra. El culto al único dios – Ahura Mazda – y el uso ceremonial del fuego son dos de sus rasgos más característicos. La expansión musulmana, que llegó a Persia a mediados del siglo VI, provocó que la mayoría de la población se convirtiera al Islam. La mayor comunidad zoroástrica se exilió a la India, donde se asentaron y donde en la actualidad se les conoce como parsis. 

En Irán solo quedó una pequeña población centrada en la ciudad de Yazd, lugar en el que su cultura y su religión han perdurado hasta nuestros días. La revolución islámica de 1979, impulsada por el ayatolá Jomeini, supuso un grave perjuicio para los zoroástricos, ya que dejaron de ser tolerados por las autoridades del país y se inició un periodo de persecuciones y clandestinidad que ha llegado hasta el presente.

El cómic de Nicolas Wild mezcla la realidad y la ficción para crear un relato realmente apasionante. El asesinato de Cyrus Yazdani, inspirado en el asesinato real del exiliado Kasra Vafadari en Madrid en 2008, da origen a la historia, que nos traslada al París de los refugiados afganos, a la Ginebra de los exiliados iraníes y al Irán zoroástrico de la mano del propio Wild, protagonista de la historia. El descubrimiento de la figura de Yazdani y el intento de esclarecer su muerte son los ejes sobre los que gira la acción, pero el cómic ofrece muchos más elementos de interés.

En primer lugar, la novela gráfica permite conocer los aspectos esenciales de una religión tan antigua y con tantos vínculos con los tres grandes monoteísmos como el Zoroastrismo. En segundo término, gracias a un viaje que lleva a cabo el propio Wild, asistimos a una acelarada clase sobre la realidad sociopolítica iraní. También nos ayuda a comprender la situación de los refugiados afganos en su exilio europeo, concretamente en París, donde se encuentran una acogida no demasiado calurosa. Por último, el sentido del humor es un elemento central en la obra, pese a la seriedad de los temas tratados, y el relato de Nicolas Wild resulta realmente ameno.

En cuanto a la parte gráfica de la obra, el autor francés ha llevado a cabo un trabajo excelente. A la influencia de la línea clara, Wild une una ambientación muy cuidada y un uso brillante del blanco y negro. Su aparente sencillez no esconde algunos recursos muy imaginativos y unos personajes expresivos que consiguen la empatía del lector. El conjunto es realmente efectivo y aunque no destaca por su espectacularidad, el dibujo aporta todo lo necesario para que el cómic funcione.

En definitiva, Así calló Zaratustra es un gran cómic. Grandes dosis de intriga, la cantidad justa de divulgación histórica y un argumento repleto de giros, todo aderezado con mucho sentido del humor. Una gran forma de descubrir una de las realidades más ocultas y desconocidas de Irán.

Casa Bábili

Casa Bábili, de Duleimi, Rojo y Carbajo (Norma Editorial)

Han pasado más de 12 años desde que los Estados Unidos liderados por George W. Bush y sus aliados – entre ellos la España de José María Aznar -, decidieron invadir Iraq con la excusa de que el régimen de Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva. Como se demostró posteriormente, la CIA falseó diversos informes para tener una coartada y a pesar de que la opinión pública mundial estaba en contra de la guerra, los halcones se salieron con la suya. Desde el presente es fácil comprobar lo erróneo de la decisión y la situación actual de Iraq y los países de su entorno muestra el enorme fracaso de la intervención.

El proyecto Casa Bábili, impulsado por la Fundación Al Fanar y la CEOSI (Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq) , trata de dar a conocer la realidad de los y las civiles iraquíes, las víctimas generalmente olvidadas del conflicto. Para ello adaptaron al cómic la novela Las mujeres de Saturno de la autora iraquí Lutfiya Duleimi. De la mano de los dibujantes Sara Rojo y Javier Carbajo trasladaron al cómic la historia de Hayat Bábili, una joven periodista de Bagdad que padece las consecuencias de la invasión norteamericana y del crecimiento del radicalismo islamista.

La primera parte del cómic se centra en los orígenes históricos de Iraq y su cultura. De la mano de Hayat y sus antepasados, los autores nos trasladan a las diferentes etapas históricas del antiguo Iraq hasta llegar a los inicios del siglo XX en que la presencia occidental empieza a ser una constante. El objetivo de esta parte introductoria es hacer consciente al lector de la riqueza del patrimonio cultural iraquí y de las grandes pérdidas que la guerra ha provocado. Una cultura milenaria ha sido mutilada en tan solo una decena de años.

La segunda parte de la obra nos muestra el día a día de las mujeres iraquíes durante el conflicto. La peligrosidad de vivir en un Bagdad bajo asedio, la crueldad de las tropas norteamericanas y la llegada de radicales islamistas que no aceptan que las mujeres puedan ser autónomas conforman un cóctel terrorífico. El peligro físico se une al sufrimiento psicológico de no saber dónde se encuentran sus seres queridos y a pesar de ello Hayat y sus compañeras tratan de salir adelante y de ayudar a los más necesitados.

Casa Bábili no es un cómic sobre la guerra de Iraq, no esperéis encontrar grandes explicaciones geopolíticas, pero es una obra terriblemente humana. En poco más de 100 páginas asistimos a los actos más nobles y a los más terribles de los que es capaz el ser humano. La denuncia que llevan a cabo los autores tiene una gran fuerza y muestra, contra la versión oficial, que la invasión militar fue y sigue siendo un gran castigo contra la población civil.

Otro de los temas fundamentales de la obra es la pérdida del patrimonio iraquí durante la guerra. Los bombardeos indiscriminados, los saqueos y los incendios deliberados han provocado que edificios tan emblemáticos como la Biblioteca Nacional o los grandes museos que conservaban buena parte de las obras mesopotámicas, sumerias o babilonias más importantes hayan sido parcial o totalmente destruidos. Las pérdidas son irreparables y pocas veces son tenidas en cuenta cuando se hace balance sobre los efectos de la guerra.

A nivel gráfico, la obra no destaca especialmente, pero consigue hacer funcionar el relato. Las composiciones de página son correctas, la gama cromática permite dotar de profundidad a la historia, pero en general, el dibujo está subordinado totalmente a la narración. No es una obra que atraerá al lector por la calidad artística, pero el trabajo de Rojo y Carbajo permite que los personajes y sus tragedias nos sean muy cercanos.

Por último, me gustaría destacar dos aspectos de que hacen de Casa Bábili un proyecto a imitar por organizaciones que busquen concienciar a la población sobre diversas cuestiones a través del cómic. En primer lugar, el cómic se puede leer íntegramente en formato digital, hecho que facilita su uso didáctico, y está disponible en español, inglés y árabe. En segundo término, los extras que incluye la edición en papel – también consultables online – dotan de mayor profundidad al cómic, ya que incluyen artículos académicos y periodísticos sobre diferentes aspectos del conflicto.

La valoración global de la obra es muy positiva ya que cumple perfectamente con su objetivo inicial: dar a conocer la realidad cotidiana de un conflicto tan mediatizado como la guerra de Iraq. Solo cabe felicitar a los autores y a los impulsores de la obra y esperar que iniciativas como ésta, que muestran las potencialidades del cómic, no sean una excepción.