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La grieta

La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril (Astiberri)

La situación geopolítica internacional se mueve a una velocidad vertiginosa. Si tan solo hacemos balance del año 2016 nos encontramos con la guerra de Siria, la victoria electoral de Donald Trump, el Brexit, conflictos bélicos en Sudán del Sur o la República Democrática del Congo, enfrentamientos en Ucrania, infinidad de atentados terroristas, el proceso de paz en Colombia, el fallecimiento de Fidel Castro…  Ante este mundo tan convulso, la estabilidad y la prosperidad que teóricamente garantiza la Unión Europea es uno de los pocos asideros que teníamos. Pero en los últimos años este hecho también ha dado un vuelco. La Unión Europea se está resquebrajando y Carlos Spottorno y Guillermo Abril han tratado de encontrar y analizar las grietas que la están dañando.

La grieta es una obra dura, pero tremendamente necesaria. Desde  la valla de Melilla hasta la frontera ártica entre Finlandia y Rusia, pasando por los Balcanes, ambos periodistas – Spottorno, fotógrafo y Abril, reportero – han visitado los lugares más calientes de los confines exteriores de la UE para tratar de comprender y de explicar los múltiples procesos que están afectando al macroestado europeo. Para ello se han valido de su dominio respectivo de la imagen y el texto y han creado un cómic realmente original: todas las viñetas son fotografías y los cuadros de texto nos relatan los acontecimientos que vemos reflejados en ellas, a la manera de un diario.

Los autores han explicado en diversas entrevistas que en primer lugar Carlos Spottorno creó un relato puramente gráfico, a partir de una selección de las 25.000 imágenes que habían tomado a lo largo de tres años; y después Guillermo Abril escribió los textos de apoyo. El objetivo era narrar y dotar de coherencia a lo que se veía en las viñetas – lo que no se ve, no existe –, sin dejar cabos sueltos. Estamos por tanto ante un híbrido entre un extenso reportaje y una novela gráfica. La influencia de las obras de dibujantes como Joe Sacco o Guy Delisle es evidente, pero si hay un cómic que dialoga directamente con La grieta, ese es El fotógrafo. La obra de Guibert, Lefèvre y Lemercier utilizaba conjuntamente fotografía y dibujo para narrar las andanzas de Didier Lefèvre acompañando a una misión de Médicos Sin Fronteras en Afganistán; aunque en La grieta no hay dibujo.

 

Tras una breve introducción, la narración se inicia con la visita de los autores a Melilla, donde toman conciencia de la gigantesca valla que separa Europa de África. En la ciudad autónoma visitan las dependencias de la guardia civil y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Posteriormente cruzan a Marruecos, donde dialogan con las personas que esperan en el monte Gurugú, en unas condiciones terribles, para tratar de cruzar la frontera. Es interesante la manera en que dan voz a los diferentes colectivos implicados y tratan de recabar las diferentes versiones de la situación.

A continuación, Spottorno y Abril se trasladan a los Balcanes, una de las puertas de entrada más utilizada por los refugiados – mayoritariamente sirios, iraquíes y afganos -, que tratan de llegar a Europa. En esta región es donde los periodistas entran en contacto con FRONTEX, el organismo encargado de coordinar las fronteras exteriores de la UE, y observan el funcionamiento de las fronteras con Turquía, seguramente las más delicadas del todo el continente europeo.

El periplo continúa en Lampedusa, la pequeña isla italiana al sur de Sicilia, que geográficamente está más cerca de África que de Europa. De nuevo visitan lugares imprescindibles para conocer el alcance del drama de los refugiados: un gran centro de acogida, el museo con restos de naufragios que ha creado un activista e incluso un avión y una fragata que trabajan en la localización y rescate de embarcaciones que transportan gente desde Libia hasta las costas italianas. El mar proporciona imágenes de gran belleza, pero también escenas de gran dramatismo, como la que ilustra la portada.

Siguiendo el estricto orden cronológico que marca la actualidad, Spottorno y Abril nos trasladan a finales de 2015, a las fronteras de Hungría, Croacia y Eslovenia. El gobierno húngaro, de extrema derecha, había militarizado la frontera y prácticamente la había sellado, de modo que los miles de refugiados, ahora ya en su mayoría sirios, fueron obligados a buscar otras formas de llegar a su ansiado destino. Incontables familias se trasladaban a pie, cargando con sus escasas pertenencias, con el objetivo de llegar a esa Europa idílica que los recibía con alambradas y gases lacrimógenos.

Por último, los autores se fijan en las fronteras del este. El conflicto ucraniano y unas maniobras de la OTAN en los países bálticos muestran una nueva grieta: las relaciones con Rusia. La visión que muestran los autores en esta ocasión es tan solo la versión occidental, que presenta a Rusia como un enemigo peligroso. A pesar de que los autores se muestran razonablemente críticos con las declaraciones de algunos militares atlantistas, se echa en falta la opinión de alguien del otro lado. Es la única pega que le encuentro a la gran labor periodística que han llevado a cabo Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

A nivel gráfico poco hay que decir que no se vea en las imágenes que adjunto en el texto. Visualmente estamos ante un cómic mayúsculo. Las fotografías han sido retocadas de forma que los negros han ganado en intensidad y los colores han quedado en parte difuminados, con un ligero efecto que recuerda al cine y la televisión en tecnicolor. Las composiciones de página tienen un papel fundamental en la narración, ya que dirigen nuestra vista hacia los aspectos que los autores consideran fundamentales. Las grandes imágenes, que en determinados momentos ocupan una página entera o incluso dos, transmiten una gran fuerza e invitan a la reflexión. La inclusión de mapas ayuda a estar siempre situados con exactitud, especialmente en las zonas más desconocidas.

La grieta es un cómic fantástico, sin duda uno de los mejores de 2016, pero va mucho más allá. Es una llamada a nuestra conciencia, un golpe de realidad en estos días inciertos. La organización política que ha conseguido setenta años de paz en el continente que fue asolado por las guerras más sangrientas de la Historia, el gran sueño que fue un día la Unión Europea se está desmoronando. Grietas entre norte y sur, entre este y oeste. Nacionalismos cada vez más poderosos que luchan por derruir la esencia de la Unión. Políticas austericidas y competencia fiscal entre estados. Privatizaciones y recortes en el estado del bienestar. Todos estos elementos están aniquilando lo que un día fue la Unión Europea. La novela gráfica de Spottorno y Abril es un brillante estado de la cuestión, pero en nuestras manos está hacer ver a nuestros dirigentes que tienen que cambiar el rumbo.

PD: os inivito a visitar la web promocional de La grieta para conocer más detalles sobre la obra.

El convoy

El convoy, de Torrents, Lapière y Froidebise (Norma Editorial)

La guerra civil española es una de las grandes tragedias del siglo XX, de modo que ha servido como inspiración para multitud de obras en prácticamente cualquier medio de expresión. El cómic no ha sido ajeno a este hecho, y especialmente en los últimos años son bastantes las obras que se han acercado a diversos aspectos del conflicto. (En el apartado La II república y la guerra civil del blog tenéis varios ejemplos). En este caso, El Convoy nos habla del exilio a Francia y de la dura realidad con que se encontraron los refugiados españoles que huían de la barbarie franquista. (Por si os interesa profundizar, sobre el exilio en el cómic escribí hace unos meses en el número 4 de CuCo Cuadernos de Cómic).

El dibujante Eduard Torrents y el guionista Denis Lapière colaboraron para dar forma a esta historia de ficción que incluye algunos episodios de la historia familiar del dibujante. La premisa es bastante convencional, con una doble línea temporal y una protagonista que une el pasado situado en la guerra y el presente. Pero hay algo que hace a este cómic bastante original: el presente se sitúa en la Barcelona de noviembre de 1975 y no en la actualidad. La acción nos traslada, por tanto, a los días inmediatamente anteriores al fallecimiento del dictador Francisco Franco. El contraste entre el final de la guerra civil y el final del franquismo resume 40 oscuros años de la historia de España.

Fueron cientos de miles las familias que quedaron destruidas durante la guerra. La situación para los republicanos era terrible y la única alternativa a la represión franquista era emprender el camino del exilio. El cruce de los Pirineos en el invierno de 1939 dejó algunas de las imágenes más impactantes de todo el conflicto bélico y Eduard Torrents ha hecho un gran trabajo trasladando estas escenas a viñetas. Un vez en Francia, los refugiados se encontraron con unas autoridades muy hostiles y fueron recluidos en unos campos con unas condiciones pésimas. El cómic refleja con crudeza la desesperación y la miseria que imperaban en estos tétricos lugares y el alivio que suponía conseguir un trabajo y recuperar la dignidad.

Los recuerdos infantiles de Angelita, la protagonista, marcan la linea argumental de la historia; pero es el estado de salud de su madre el elemento que provoca que descubra la parte de su historia familiar que desconocía. Un viaje a Barcelona, un encuentro inesperado y todo aquello que daba por descontado se transforma y adquiere nuevos significados.

Otro aspecto interesante es que el cómic de Torrents y Lapière recupera la historia del Convoy de los 927, los primeros españoles que fueron deportados a Mauthausen. Este es uno de los episodios más terribles que padecieron los refugiados españoles, que tras huir de la venganza salvaje de Franco se encontraron con los criminales actos del nazismo.

A nivel gráfico, el trabajo de Torrents es muy bueno. La influencia de la línea clara es evidente y permite que la atención recaiga en la historia que los autores desean explicar. El trabajo de documentación fue exhaustivo y se deja notar en una ambientación excelente. La recreación de algunos de los edificios más emblemáticos de Barcelona es sencillamente espectacular, sobretodo la del Hospital de Sant Pau, que además tiene un papel central en el relato. Los personajes son expresivos y permiten que nos identifiquemos con sus emociones. Por último, el uso del color es realmente efectivo y permite a Torrents crear viñetas de una gran belleza.

En resumen, El convoy es un cómic muy recomendable. La publicación en un único volumen, a diferencia de la edición francesa original en dos tomos, ha sido un gran acierto por parte de Norma. Es una historia redonda y a pesar de que cae en algunos lugares comunes sobre la guerra civil y el exilio, la visión que da de estos dos episodios es bastante acertada. La memoria histórica, en esta ocasión a través de la memoria familiar, es un elemento central en la obra y el resultado es totalmente satisfactorio. La inclusión de la historia del Convoy de los 927 hace que mi valoración sea aún más positiva y que considere El Convoy uno de los cómics más indicados para trabajar en la educación secundaria.

PD: Vale la pena echar un vistazo a la página web de Eduard Torrents, en la que podréis ver algunos bocetos y viñetas y los comentarios del dibujante sobre su trabajo.

Paseo de los canadienses

Paseo de los canadienses, de Carlos Guijarro (Edicions de Ponent)

Una casualidad llevó a Carlos Guijarro a descubrir que en la carretera que une Málaga y Almería tuvo lugar una de las mayores tragedias de toda la Guerra Civil. Tras documentarse y entrevistar a varios de los supervivientes decidió crear un cómic que narrara uno los episodios más terribles y al mismo tiempo más desconocidos – fuera de Málaga – de este conflicto bélico. Un dato sirve para comprender la magnitud de los crímenes cometidos por el bando franquista entre Málaga y Almería a inicios de febrero de 1937: los cálculos más modestos hablan de entre 3.000 y 5.000 víctimas mortales, mientras que en  el bombardeo de Gernika, se estima que murieron unas 200 personas.

El resultado de una exhaustiva labor de documentación fue Paseo de los canadienses, nombre que recibe un tramo del camino entre las dos ciudades andaluzas en honor a la labor de los voluntarios de la Cruz Roja canadiense durante la guerra. La formación del autor como historiador queda patente a lo largo del cómic. Además de narrar lo sucedido a los miles de refugiados que huyeron de Málaga tras la caída de ésta a manos de los fascistas italianos, Guijarro incluye múltiples reflexiones en torno a la memoria histórica y al silencio impuesto durante décadas por los vencedores de la guerra.

El cómic presenta dos lineas argumentales que discurren en paralelo: la Málaga de hoy en día y la Málaga de 1937.  En primer lugar, mediante viñetas en color, asistimos al descubrimiento del “Paseo de los canadienses” por parte de Guijarro y a su investigación sobre los hechos, que le lleva a descubrir que Norman Bethune, a quien conocía por su paso por la China de Mao, también estuvo presente en la Guerra Civil como voluntario de las Brigadas Internacionales. Sus escritos y sus fotografías – que aparecen dibujadas en diversas viñetas de la obra – permitieron a Guijarro ser consciente de lo acontecido en la N-340. Esta primera trama culmina con la entrevista a Macarena, la imaginaria abuela de un conocido, que Guijarro utiliza para narrar los hechos de 1937 y que da continuidad a todo el relato.

En segundo término – y en viñetas sepia -,  el autor nos traslada a enero de 1937, cuando la situación en Málaga se hace insostenible para el bando republicano. La inminente llegada de las tropas fascistas italianas y el miedo al ejército africano de Franco hacen que la ciudad esté instalada en el caos. De la mano de la ficticia Macarena, que sirve al autor para hilvanar un relato construido a partir de numerosos testimonios, asistimos a la inacción de las autoridades republicanas, a los problemas para organizar una evacuación, a la cruenta represión que ejercieron los franquistas cuando llegaron a Málaga y a la desesperada huida de miles de personas hacia Almería.

El contraste entre los recuerdos infantiles de Macarena y su visión como anciana que ha mantenido en silencio sus recuerdos es el motor de la obra. Es la forma en que Carlos Guijarro construye la memoria de los hechos lo que me ha parecido más interesante en el cómic. A la manera de Paco Roca en Los surcos del azar, el propio autor se incluye en el relato para dotar de veracidad a lo relatado y los silencios y los sentimientos que provocan los recuerdos en la propia Macarena juegan un papel central en la historia.

Otro elemento destacado de Paseo de los canadienses es la inclusión en el propio relato de documentos de la época, así como de los escritos de diversas personas que vivieron los hechos. El peso del texto es mayor que en la mayoría de cómics actuales y hace que el ritmo de algunos fragmentos sea excesivamente lento, pero la información que incluyen siempre es interesante. La bibliografía incluida al final de la obra es muy completa, hecho que demuestra la voluntad de Guijarro de ceñirse a la verdad histórica de los hechos, en ocasiones incluso en contra de la agilidad del tebeo.

A nivel gráfico son dignos de mención muchos aspectos, pero en primer lugar creo que es justo destacar la dificultad de debutar con una obra de 120 páginas de extensión. El dibujo es correcto y permite que los personajes sean reconocibles y expresivos. Los escenarios en que transcurre la acción son totalmente fieles a la realidad, ya que el proceso de documentación y su traslación a las viñetas eran elementos fundamentales para el autor. El uso del color, aunque sencillo y ya muy visto, es muy efectivo y las composiciones de página son también conservadoras, a pesar de la inclusión de diversas viñetas de gran formato y gran belleza.

Paseo de los canadienses es un auténtico cómic histórico, no es un cómic basado en hechos reales. La matanza de la carretera de Málaga a Almería fue uno de los mayores actos criminales de toda la guerra civil y Carlos Guijarro ha conseguido reflejar perfectamente lo que sucedió. Además, es evidente la reflexión que encierra el cómic y la forma en que el autor ha trasladado lo acontecido al tebeo no es de ninguna manera casual. La memoria histórica es un elemento fundamental en el cómic y Guijarro lo hace explícito en muchos momentos.

Asimismo, el autor valenciano rinde un sentido homenaje a Norman Bethune y sus compañeros, que tanto hicieron por aliviar el sufrimiento de miles de víctimas de la guerra; y, también, da voz a los supervivientes de la masacre que fueron condenados al olvido durante décadas. El miedo a explicar sus historias, la deficiente actuación de las autoridades republicanas que hizo que desde la izquierda no se rememorara este episodio y la avanzada edad de los cada vez más escasos supervivientes jugaban en contra de la recuperación de la memoria. El cómic ha vuelto a demostrar, una vez más, que es un medio muy útil y efectivo para conseguirlo.