Archivo de la etiqueta: Polonia

Jan Karski

Jan Karski. El hombre que descubrió el Holocausto, de Rizzo y Bonaccorso (Norma Editorial)

Jan Karski debería ser una figura universalmente conocida, pero no lo es. Él fue uno de los héroes que arriesgó su vida para denunciar los crímenes del nazismo y conseguir que el resto del mundo actuara en consecuencia. Desde nuestra perspectiva, más de setenta años después del fin de la guerra, y pese a los intentos revisionistas por negar su existencia, el Holocausto nos parece un hecho incuestionable. El asesinato sistemático de seis millones de personas, mayoritariamente judíos, es un crimen de tal magnitud que parece imposible de ocultar. Pero durante la guerra, esta situación no era tan evidente, y el genocidio perpetrado por el régimen nazi y sus secuaces se llevaba a cabo con total impunidad y sin que las potencias aliadas fueran conscientes de lo que estaba sucediendo.

En la Polonia ocupada, lugar donde se inició el conflicto bélico en septiembre de 1939 sí que sabían lo que estaba ocurriendo. Los guetos, especialmente el de Varsovia, y los campos de concentración y exterminio eran una realidad incontestable. La resistencia polaca, menos conocida que la de otros lugares, llevó a cabo una labor titánica. Debían luchar por sobrevivir y escapar de la Gestapo; pero al mismo tiempo, su objetivo principal era dar a conocer los terribles hechos que llevaban a cabo las autoridades alemanas, para así conseguir el apoyo a su lucha y la implicación militar de las grandes potencias, especialmente de los Estados Unidos. Esta misión fue encomendada, entre otros, a Jan Kozielewski, el protagonista del cómic de Marco Rizzo y Lelio Bonaccorso.La acción se inicia cuando Jan y dos de sus amigos son llamados a filas por el ejército polaco. Su deber es luchar para defender su patria de los invasores: Alemania al oeste y la URSS al este. La endeblez y la desorganización de las fuerzas armadas de Polonia pusieron en bandeja la conquista del país en poco más de un mes. Jan fue hecho prisionero por los soviéticos y fue llevado a un campo de trabajo para prisioneros de guerra en Ucrania. Las condiciones que padeció fueron terribles, pero haciéndose pasar por un soldado raso consiguió que lo transfirieran a las autoridades alemanas en un macabro intercambio. Consiguió escapar y tras recuperarse de sus heridas llegó a Varsovia en noviembre de 1939.

En la capital entró en contacto con el Armia Krajowa, la resistencia polaca, que operaba desde septiembre del 39. Su habilidad y su compromiso hicieron que se le encargara una misión de vital importancia: Jan Kozielewski iba a ser el enlace con el gobierno polaco en el exilio. Tenía que cruzar la Europa ocupada por los nazis para llegar hasta París y pasar información a los dirigentes de su país que habían logrado escapar.  Tras la caída de Francia, su destino era aún más lejano, Londres. Para ello utilizó multitud de nombres falsos, entre ellos Jan Karski, que adoptaría años más tarde como nombre legal.

En uno de sus viajes fue capturado en las montañas de Eslovaquia. Sufrió torturas, consiguió escapar del hospital donde estaba ingresado y regresó a la lucha. Perdió seres queridos, pero su compromiso con la causa no decayó. Los líderes de la resistencia le asignaron una última misión: debía visitar el gueto de Varsovia y un campo de concentración. Su objetivo era dar testimonio a los gobiernos británico y estadounidense de las atrocidades que estaba cometiendo el régimen de Adolf Hitler en Polonia, especialmente del genocidio contra el pueblo judío. Jan no flaqueó y cumplió con su tarea y pese a la incredulidad con la que se encontró, su relato fue una pieza importante en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial.

Rizzo y Bonaccorso han jugado de forma acertada con el tempo narrativo. El cómic se estructura en forma de flashback, puesto que sitúan el epílogo en las primeras páginas, que nos muestran a los principales dirigentes norteamericanos de la época debatiendo sobre el testimonio de Jan Karski. Posteriormente, la acción se divide en siete capítulos, que narran los distintos episodios fundamentales de la lucha del protagonista. El intento de combinar la veracidad histórica – el propio Jan Karski narró sus peripecias en Historia de un estado clandestino – con la fluidez de la acción no siempre funciona, pero aún así es un cómic de lectura agradable. Es destacable la inclusión directa de las palabras escritas por el protagonista en las escenas más duras del cómic, cuando asiste aterrorizado a la realidad del campo de concentración.

A  nivel gráfico el cómic es correcto, pero adolece de ciertas carencias. Reflejar realidades tan duras es una tarea difícil, como bien saben la mayoría de autores que han afrontado este reto, pero Lelio Bonaccorso ha llevado a cabo un trabajo irregular. Así como los personajes no gozan de la expresividad necesaria y las composiciones de página son demasiado convencionales, el uso del color es muy acertado, ya que construye de forma efectiva las atmósferas necesarias para el desarrollo de la acción. Los escenarios están bien construidos y las escenas de acción son bastantes efectivas, pero el conjunto global no está a la altura de lo narrado.Un conflicto de la magnitud de la Segunda Guerra Mundial creó millones de historias personales dignas de ser contadas, y sin duda, ésta es una de ellas. Hasta prácticamente el final de su vida, Jan Karski no gozó del reconocimiento que merecía. De nuevo el cómic demuestra ser un medio eficaz para transmitir acontecimientos históricos y aunque no es una obra redonda, Jan Karski. El hombre que descubrió el Holocausto permite reconstruir una de esas historias que todos y todas deberíamos conocer.

Anuncios

La grieta

La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril (Astiberri)

La situación geopolítica internacional se mueve a una velocidad vertiginosa. Si tan solo hacemos balance del año 2016 nos encontramos con la guerra de Siria, la victoria electoral de Donald Trump, el Brexit, conflictos bélicos en Sudán del Sur o la República Democrática del Congo, enfrentamientos en Ucrania, infinidad de atentados terroristas, el proceso de paz en Colombia, el fallecimiento de Fidel Castro…  Ante este mundo tan convulso, la estabilidad y la prosperidad que teóricamente garantiza la Unión Europea es uno de los pocos asideros que teníamos. Pero en los últimos años este hecho también ha dado un vuelco. La Unión Europea se está resquebrajando y Carlos Spottorno y Guillermo Abril han tratado de encontrar y analizar las grietas que la están dañando.

La grieta es una obra dura, pero tremendamente necesaria. Desde  la valla de Melilla hasta la frontera ártica entre Finlandia y Rusia, pasando por los Balcanes, ambos periodistas – Spottorno, fotógrafo y Abril, reportero – han visitado los lugares más calientes de los confines exteriores de la UE para tratar de comprender y de explicar los múltiples procesos que están afectando al macroestado europeo. Para ello se han valido de su dominio respectivo de la imagen y el texto y han creado un cómic realmente original: todas las viñetas son fotografías y los cuadros de texto nos relatan los acontecimientos que vemos reflejados en ellas, a la manera de un diario.

Los autores han explicado en diversas entrevistas que en primer lugar Carlos Spottorno creó un relato puramente gráfico, a partir de una selección de las 25.000 imágenes que habían tomado a lo largo de tres años; y después Guillermo Abril escribió los textos de apoyo. El objetivo era narrar y dotar de coherencia a lo que se veía en las viñetas – lo que no se ve, no existe –, sin dejar cabos sueltos. Estamos por tanto ante un híbrido entre un extenso reportaje y una novela gráfica. La influencia de las obras de dibujantes como Joe Sacco o Guy Delisle es evidente, pero si hay un cómic que dialoga directamente con La grieta, ese es El fotógrafo. La obra de Guibert, Lefèvre y Lemercier utilizaba conjuntamente fotografía y dibujo para narrar las andanzas de Didier Lefèvre acompañando a una misión de Médicos Sin Fronteras en Afganistán; aunque en La grieta no hay dibujo.

 

Tras una breve introducción, la narración se inicia con la visita de los autores a Melilla, donde toman conciencia de la gigantesca valla que separa Europa de África. En la ciudad autónoma visitan las dependencias de la guardia civil y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Posteriormente cruzan a Marruecos, donde dialogan con las personas que esperan en el monte Gurugú, en unas condiciones terribles, para tratar de cruzar la frontera. Es interesante la manera en que dan voz a los diferentes colectivos implicados y tratan de recabar las diferentes versiones de la situación.

A continuación, Spottorno y Abril se trasladan a los Balcanes, una de las puertas de entrada más utilizada por los refugiados – mayoritariamente sirios, iraquíes y afganos -, que tratan de llegar a Europa. En esta región es donde los periodistas entran en contacto con FRONTEX, el organismo encargado de coordinar las fronteras exteriores de la UE, y observan el funcionamiento de las fronteras con Turquía, seguramente las más delicadas del todo el continente europeo.

El periplo continúa en Lampedusa, la pequeña isla italiana al sur de Sicilia, que geográficamente está más cerca de África que de Europa. De nuevo visitan lugares imprescindibles para conocer el alcance del drama de los refugiados: un gran centro de acogida, el museo con restos de naufragios que ha creado un activista e incluso un avión y una fragata que trabajan en la localización y rescate de embarcaciones que transportan gente desde Libia hasta las costas italianas. El mar proporciona imágenes de gran belleza, pero también escenas de gran dramatismo, como la que ilustra la portada.

Siguiendo el estricto orden cronológico que marca la actualidad, Spottorno y Abril nos trasladan a finales de 2015, a las fronteras de Hungría, Croacia y Eslovenia. El gobierno húngaro, de extrema derecha, había militarizado la frontera y prácticamente la había sellado, de modo que los miles de refugiados, ahora ya en su mayoría sirios, fueron obligados a buscar otras formas de llegar a su ansiado destino. Incontables familias se trasladaban a pie, cargando con sus escasas pertenencias, con el objetivo de llegar a esa Europa idílica que los recibía con alambradas y gases lacrimógenos.

Por último, los autores se fijan en las fronteras del este. El conflicto ucraniano y unas maniobras de la OTAN en los países bálticos muestran una nueva grieta: las relaciones con Rusia. La visión que muestran los autores en esta ocasión es tan solo la versión occidental, que presenta a Rusia como un enemigo peligroso. A pesar de que los autores se muestran razonablemente críticos con las declaraciones de algunos militares atlantistas, se echa en falta la opinión de alguien del otro lado. Es la única pega que le encuentro a la gran labor periodística que han llevado a cabo Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

A nivel gráfico poco hay que decir que no se vea en las imágenes que adjunto en el texto. Visualmente estamos ante un cómic mayúsculo. Las fotografías han sido retocadas de forma que los negros han ganado en intensidad y los colores han quedado en parte difuminados, con un ligero efecto que recuerda al cine y la televisión en tecnicolor. Las composiciones de página tienen un papel fundamental en la narración, ya que dirigen nuestra vista hacia los aspectos que los autores consideran fundamentales. Las grandes imágenes, que en determinados momentos ocupan una página entera o incluso dos, transmiten una gran fuerza e invitan a la reflexión. La inclusión de mapas ayuda a estar siempre situados con exactitud, especialmente en las zonas más desconocidas.

La grieta es un cómic fantástico, sin duda uno de los mejores de 2016, pero va mucho más allá. Es una llamada a nuestra conciencia, un golpe de realidad en estos días inciertos. La organización política que ha conseguido setenta años de paz en el continente que fue asolado por las guerras más sangrientas de la Historia, el gran sueño que fue un día la Unión Europea se está desmoronando. Grietas entre norte y sur, entre este y oeste. Nacionalismos cada vez más poderosos que luchan por derruir la esencia de la Unión. Políticas austericidas y competencia fiscal entre estados. Privatizaciones y recortes en el estado del bienestar. Todos estos elementos están aniquilando lo que un día fue la Unión Europea. La novela gráfica de Spottorno y Abril es un brillante estado de la cuestión, pero en nuestras manos está hacer ver a nuestros dirigentes que tienen que cambiar el rumbo.

PD: os inivito a visitar la web promocional de La grieta para conocer más detalles sobre la obra.