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El solar

El solar, de Alfonso López (La Cúpula)

Los años 40 fueron terribles para la mayoría de la población española. El país había quedado arrasado tras la guerra civil, la represión instaurada por el régimen franquista fue atroz y el aislamiento internacional provocado por la alianza del franquismo con la Alemania nazi y la Italia fascista generaba una carestía abrumadora. La situación de quienes habían luchado por la República era aún peor, ya que a la miseria general tenían que añadir sus dificultades para conseguir trabajo o la discriminación social y legal que padecían.

El veterano dibujante Alfonso López decidió situar la acción de El solar en esta época, concretamente en el año 1947, cuando cerró el campo de concentración de Miranda de Ebro, el último que permaneció abierto en España. El contexto histórico está muy cuidado, pero Alfonso López no trata tan solo de recuperar la memoria sobre el pasado, su objetivo con esta obra es por encima de todo homenajear a los tebeos y a los dibujantes que marcaron a varias generaciones. El humor típico de aquellas publicaciones, su lenguaje, los recursos inherentes al medio, y evidentemente, algunos de los personajes más característicos de las viñetas de los años 40 y 50 tienen un papel central en El Solar. López también incluye algunos otros iconos de la cultura popular de aquel tiempo.

El protagonista, Pepe Gazuza – obviamente inspirado en Carpanta, el famoso personaje de Escobar -, deja el campo de Miranda de Ebro y recupera su preciada libertad. Tras un cómico encuentro con el Caudillo, se dirige a la gran ciudad en busca de un porvenir. Allí llega a uno de los lugares más típicos de aquella época: una pensión, donde coincide con un muy peculiar grupo de personajes. Siempre con optimismo, trata de encontrar una ocupación que le permita sobrevivir, pero su pasado se lo pondrá muy difícil.

Al mismo tiempo, Petro – trasunto de Petra, otro de los personajes más conocidos de Escobar – emigra desde su pueblo y llega a la misma ciudad para trabajar de criada. En la casa donde desempeña su labor conoce a Alfonsito, un joven falangista muy intenso, quien se enamora perdidamente de ella y le pide ayuda para dotar al régimen del arma definitiva que la situará entre las grandes potencias mundiales. Con rapidez Alfonso López consigue que ambas tramas se mezclen y la comedia costumbrista da paso a una divertida historia de espionaje.

El argumento es sencillo y transcurre a un ritmo vertiginoso, por ello es necesario fijarse en los detalles. Más allá de los personajes que intervienen en la historia, desde Zipi y Zape hasta Manolete, pasando por Machín, López consigue incluir multitud de aspectos esenciales para comprender el periodo histórico en el que se sitúa la acción. Tienen un papel destacado los criminales nazis que utilizaban España como base para trasladarse a Sudamérica o que directamente se instalaban en la costa levantina o andaluza bajo el manto protector del franquismo. Asismismo, es interesante observar la figura del fantasma, uno de tantos topos que se ocultaron a lo largo y ancho del país para evitar las represalias del régimen. Otros temas aparecen también esbozados en El solar: la caza de nazis llevada a cabo por Simon Wiesenthal, el inicio de la Guerra Fría tras el final de la Segunda Guerra Mundial o las diversas corrientes internas del franquismo que se iban a enfrentar años más tarde.

A nivel gráfico el trabajo de Alfonso López es encomiable. El dibujo de trazo rápido y aparentemente sencillo recuerda claramente al de la época, pero gracias a un gran uso del color consigue actualizarlo y crear un estilo propio. Los personajes, caricaturescos, son tremendamente expresivos. Es también destacable la labor de documentación llevada a cabo por el dibujante, de manera que la Barcelona de la época es reconocible, así como la vestimenta de todos los personajes y los vehículos. Un último elemento fundamental para la efectividad de la obra es el uso que hace Alfonso López del lenguaje. Expresiones ya en desuso, seguramente extraídas o como mínimo inspiradas en el TBO, Jaimito, el DDT o el Pulgarcito jalonan el cómic y consiguen un gran efecto, ya que nos trasladan en un instante a la España de la posguerra.

En definitiva, El solar aúna la recuperación de la memoria sobre un momento muy concreto de la historia de España y al mismo tiempo consigue honrar a toda una generación de dibujantes y a sus creaciones. Para ello no cae en la nostalgia, sino que crea una trama muy fluida plagada de momentos divertidos. Alfonso López realiza un gran trabajo y consigue que alguien como yo, que más allá de Zipi y Zape no he leído casi nada de este periodo, se interese por una etapa crucial del cómic español. Un gran trabajo. PD: podéis leer las primeras páginas de la obra en la página web de La Cúpula.