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Aleksis Strógonov

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov, de Régnaud y Bravo (Ponent Món)

Había visto varias veces el tomo integral de Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov y siempre me había llamado la atención lo que decía la contraportada: “Una auténtica obra maestra del humor negro que evoca amablemente episodios tan dramáticos como la revolución rusa de 1917, el auge del fascismo en la Alemania de los años veinte o los absurdos conflictos étnicos de los Balcanes“. Finalmente me decidí y me hice con él. Después de la lectura solamente puedo decir una cosa: gran compra.

La edición integral de Ponent Mon reúne los tres volúmenes que crearon Emile Bravo y Jean Régnaud. En el primero, titulado “Bielo”, el protagonista junto con su hermano son partícipes de la Revolución Rusa, ya que están en Bielorrusia luchando contra el Ejército Blanco. En el segundo, “Kino”, Aleksis llega a Berlín cuando la extrema derecha está empezando a coger fuerza y cuando el cine alemán se empieza a consolidar como una industria potente. Por último, “Tamo” narra las andanzas de Aleksis Strógonov en los Balcanes, en pleno ascenso de los movimientos nacionalistas.

Lo más interesante de este cómic es su acercamiento a la historia desde un punto de vista humorístico. La ironía y el absurdo tienen un lugar preponderante y, de la mano de Aleksis Strógonov, una especie de Tintín ruso, los autores nos llevan a visitar tres lugares y tres momentos esenciales para comprender el devenir del siglo XX en Europa. Comunismo, nazismo y nacionalismo han sido ideologías que han marcado profundamente la turbulenta historia del siglo pasado y el enfoque desenfadado de Régnaud y Bravo permite reflexionar ampliamente sobre las tres.

Tras el marcado sentido del humor, Bravo y Régnaud introducen una gran crítica a las grandes ideologías y a los intentos de éstas por establecerse como hegemónicas y como verdades eternas e indiscutibles. Los autores, a través del propio Aleksis, intentan explicar el contexto de la Europa de entreguerras en el que comunismo, nazismo y nacionalismo gozaron de amplia difusión.

Aleksis Strógonov es el nexo entre los diversos escenarios y los esperténticos personajes que lo acompañan a medida que su viaje avanza. El hipócrita revolucionario Bulkin, dispuesto siempre a dirigir el pueblo hacia lo que más convenga a su interés personal; el primo Ulf, que participa en las incipientes camisas púrpuras en Berlín; o Gorana Ranic, la líder de uno de los grupos guerrilleros nacionalistas de una indefinida república balcánica, son algunos de los secundarios de lujo que aparecen a lo largo de los tres álbumes.

El dibujo de Bravo, claro exponente de la línea clara, consigue que los personajes sean muy expresivos y contribuye a incrementar la comicidad de algunos fragmentos. Los escenarios están muy bien construidos y las escenas situadas en Berlín muestran la clara de intención de ser fiel a la arquitectura de la capital alemana. El vestuario también contribuye a crear la sensación de que estamos ante un cómic humorístico de época muy bien documentado.

Un aspecto muy interesante de la obra es la inclusión, en el segundo volumen, de los estudios de la UFA (Universum Film Ag), el principal estudio cinematográfico alemán del periodo de entreguerras como escenario. Buena parte de la acción de “Kino” (cine, en alemán) transcurre en este lugar. Aleksis y Dieter, su compañero de aventuras en Berlín, encuentran trabajo en los estudios y podemos ver las interioridades de un rodaje de la época con una actriz protagonista y un director bastante peculiares.

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov es un cómic bastante diferente a la mayoría de los cómics reseñados anteriormente. En esencia no es un cómic histórico, ya que el contexto tan solo es el escenario en el que se mueven los personajes; pero al mismo tiempo, el tono humorístico de la obra sirve a los autores para elaborar una poderosa crítica a la sociedad europea de los años 20, en el seno de la cual surgieron los terribles totalitarismos del siglo XX. Una lectura muy entretenida, en ocasiones muy divertida, y que gracias a su original enfoque permite que reflexionemos sobre la Europa que vivió dos guerras terribles en 30 años.

Berlín

Berlín, de Jason Lutes (Astiberri)

Con Berlín, el dibujante norteamericano Jason Lutes se embarcó en un proyecto muy ambicioso: una trilogía (24 comic-books, en realidad) sobre la capital alemana entre los años 1928 y 1933. De momento se han publicado los dos primeros volúmenes: Ciudad de piedras (1-8) y Ciudad de humo (9-16), y según el propio Lutes, el tercer volumen es problable que se publique en inglés a finales de este año.

Después de documentarse durante dos años, Lutes creó un retrato coral del Berlín del periodo de entreguerras. En el primer volumen la acción se inicia en 1928 y de la mano de un muy trabajado grupo de personajes, el autor norteamericano nos lleva hasta los sangrientos hechos del 1º de mayo de 1929. En el segundo tomo, el cómic se sitúa en los momentos posteriores a la gran manifestación y avanza hasta las elecciones de 1930 en las que el Partido Nazi se convirtió en la segunda fuerza más votada.

En un primer momento, el relato se centra en la joven Marthe Müller, recién llegada a Berlín, y su relación con el veterano periodista Kurt Severing. De la mano de fräulein Müller, Jason Lutes nos presenta la vibrante vida cultural y artística de la capital alemana.  Además Lutes crea varias tramas que avanzan en paralelo y que describen otras realidades del Berlín de la época.

La vida de los obreros está muy presente, y a través de una familia humilde que se desgarra, asistimos a la escalada de violencia que padeció la ciudad. En una gran metáfora de lo que estaba aconteciendo a nivel general en Alemania, Gudrun – la madre – se acerca a los obreros cercanos al Partido Comunista, mientras que su marido pone sus esperanzas en los violentos escuadrones nacionalsocialistas. A medida que se acerca el 1º de mayo la tensión crece en la ciudad y con la violenta represión ejercida por la policía contra los obreros que se manifiestan, Lutes pone fin al primer volumen de manera trágica.

Berlín. Ciudad de humo mantiene las tramas del primer tomo, pero además añade la visita a la capital alemana de un grupo de Jazz formado por afroamericanos. Su disipada vida de artistas y la noche berlinesa se funden para dotar de aún más profundidad al relato. Al mismo tiempo, Marthe Müller sigue tratando de encontrar su camino en un Berlín cada vez más convulso; y Kurt Severing se interesa por los hechos del 1º de mayo, de manera que los recuerdos de los participantes en la manifestación adquieren una gran importancia.

La familia de Gudrun sigue dividida y todos intentan superar sus difíciles situaciones, aunque la violencia callejera cada vez está más presente en sus vidas. Jason Lutes enriquece más si cabe la novela gráfica y otros personajes se insertan en la narración, entre los que destacan Margarethe, la ex-mujer de Severing, que introduce a Marthe en la noche berlinesa; y una familia judía, cada vez más afectada por el antisemitismo y el creciente poder de los nazis.

Es muy interesante el uso de los flashbacks que hace el dibujante norteamericano, y aunque en ocasiones cortan el ritmo de la acción principal, permiten conocer el contexto histórico en el que se forjó la República de Weimar y el Berlín de los Años 20. El final de la Primera Guerra Mundial, que provocó una gran desmovilización de las tropas alemanas – en general descontentas con los políticos -, dio origen a un nuevo sistema político democrático, muy alejado de la visión imperial del Káiser Guillermo II.

El dibujo es muy sobrio, en un blanco y negro de trazos aparentemente sencillos, pero que consigue transmitir con gran realismo los sentimientos de los personajes. La arquitectura berlinesa es la otra gran protagonista de la obra, ya que Lutes demuestra que se documentó con profusión y enmarca la acción en unas calles y unos edificios totalmente veraces.

En resumen, Berlín es un gran cómic histórico. Lutes se aleja del género biográfico o autobiográfico tan extendido en el género y crea un retrato muy realista de la capital alemana durante un periodo tan importante para la historia europea como los años comprendidos entre 1928 y 1933. Espero que Jason Lutes sea capaz de culminar esta magna obra en 2015 con un tercer volumen a la altura de los dos primeros y que Astiberri nos lo traiga lo antes posible, ya que sin duda alguna, estamos ante uno de los mejores y más complejos cómics de género histórico.

Reyes disfrazados

Reyes disfrazadosde J. Vance y D. Burr. (Norma Editorial)

Esta obra nos traslada a los Estados Unidos de la Gran Depresión. El protagonista, un niño llamado Freddie Bloch, se va de casa ante una situación familiar muy complicada. Huérfano de madre; su padre, alcohólico, se traslada a Detroit en busca de trabajo en la industria automovilística. Freddie se queda con su hermano, quien está metido de lleno en el hampa.

Poco a poco va descubriendo las miserias de una sociedad americana, que en esos años tocó fondo. Los personajes con los que se va encontrando a lo largo del viaje reflejan lo mejor y lo peor de los EEUU de los años 30. La represión policial, la marginación y la pobreza son el día a día de millones de americanos. Freddie también se encuentra en esta situación, pero no pierde la esperanza de llegar hasta Detroit.

La galería de personajes con los que se cruza Freddie es asombrosa, pero entre todos ellos destaca sobremanera un vagabundo que se hace llamar “El Rey de España”. Este hombre conoce los entresijos del mundillo de los más desharrapados de América y va presentando al protagonista las claves para poder sobrevivir.

Es una obra dura que obliga a la reflexión, ya que podemos observar como en la primera potencia económica de esa época, millones de personas tenían una vida que rozaba, y en ocasiones sobrepasaba, la indignidad. El dibujo de estilo underground de Burr se adapta perfectamente al genial guión de Vance y refleja la crudeza de los hechos narrados. Recientemente se ha publicado la continuación de esta historia en un volumen llamado Contra las cuerdas.

La miseria reinante durante los años de la Gran Depresión.

La infancia de Alan

La infancia de Alan, de Emmanuel Guibert (Sins Entido)

Después de la genial La guerra de Alan, Emmanuel Guibert hizo una especie de precuela con La infancia de Alan. El protagonista es el mismo, pero en esta ocasión nos trasladamos a los años 30, en su California natal.

Los recuerdos de Alan Cope sobre su infancia sirven a Guibert para crear un gran retrato de la sociedad americana de la Gran Depresión. Desde la visión de un niño podemos observar como la situación económica afecta a su familia y a sus vecinos. La nostalgia de la infancia y la juventud está muy presente, pero al mismo tiempo Cope y Guibert no idealizan la época, sino que a base de detalles y de momentos cotidianos construyen su historia con bastante verosimilitud.

Es muy interesante para comprender el funcionamiento de la sociedad norteamericana en una época tan convulsa, más allá de los grandes nombres y de los momentos históricos más conocidos. Además, visualmente es un cómic precioso gracias al dibujo de Guibert, que llega a ser prácticamente fotográfico en algunos fragmentos. Mención especial merecen las primeras páginas de la obra, con espectaculares dibujos a color que escapan de las viñetas.