Archivo de la etiqueta: Periodismo

Oscuridades programadas

Oscuridades programadas. Crónicas desde Turquía, Siria e Irak, de Sarah Glidden (Salamandra Graphic)Hace varios años leí Una judía americana perdida en Israel y me pareció una obra bastante interesante. Sarah Glidden viajaba a Israel gracias al programa Derecho de nacimiento que permite viajar a todos los judíos del mundo a Israel para ver in situ sus raíces. La dibujante norteamericana narraba sus experiencias durante el viaje y reflexionaba sobre su condición de judía, sobre la realidad del conflicto entre Israel y Palestina y sobre la visión que de éste llegaba a través de los medios de comunicación. Aunque no era un cómic redondo, ya permitía observar que la relación entre cómic, veracidad y periodismo era fundamental para la autora de Boston.

Con Oscuridades promgramadas Glidden no ha dado un paso más, en realidad ha dado un gran salto hacia adelante. En 2010, tras conseguir financiación a través de la plataforma Kickstarter viajó a Oriente Medio junto con dos periodistas amigos suyos del Seattle Globalist – Sarah y Alex – y un exmarine que había participado en la guerra de Irak – Dan -. Su objetivo era cubrir la crisis de refugiados que estaba teniendo lugar en la región a consecuencia de la invasión norteamericana y la guerra entre sunníes y chiíes que tenía lugar en territorio irakí.

Como indica el subtítulo del cómic, el viaje de los cuatro jóvenes estadounidenses transcurrió entre Turquía, Siria e Irak. Su primera parada los llevó a la ciudad turca de Van, cerca de la frontera con Irán, desde donde debían coger un autobús hacia Irak. Allí, mientras llevaban a cabo los engorrosos trámites para cruzar la frontera, entraron en contacto con refugiados iraníes que les explicaron cuál era la situación interna de su país y los motivos de su huida.

Unos días después llegaron al kurdistán irakí, a la ciudad de Suleimaniya. Allí, de nuevo, entraron en contacto con refugiados del resto de Irak, pero también conocieron de primera mano las trágicas experiencias que vivieron los kurdos bajo la dictadura de Saddam Hussein. Aunque desde occidente se ha idealizado bastante el kurdistán, Sarah Glidden refleja los problemas internos de la comunidad. Las discrepancias entre el gobierno regional y parte de la población se hacen evidentes con la situación que padecían unos centenares de refugiados kurdos de la ciudad de Kirkuk. Uno de los testimonios más interesantes es el de Sam, refugiado kurdo en los Estados Unidos que fue expulsado por haber tenido contacto con un miembro de Al Qaeda. La fina linea entre verdad y ficción provoca que los jóvenes estadounidenses se cuestionen sus propias creencias.

Posteriormente, se trasladaron a Damasco, donde se encontraron con ciertas dificultades para llevar a cabo su trabajo. El gobierno de Bashar Al Assad les impuso la presencia de un guía, pero pese al engorro hallaron estrategias para llevar a cabo su labor. De nuevo entrevistaron a refugiados irakíes y escucharon los motivos de su exilio. Mayoritariamente culpan de su situación a los Estados Unidos y su intervención armada, hecho que lleva a Dan a cuestionarse parte de sus ideas preconcebidas. Las entrevistas con expertos de ACNUR y la visita a algunas de sus instalaciones completan un panorama global de la situación de los refugiados en 2010, antes del inicio de las primaveras árabes o la guerra de Siria, que han agravado en gran medida la situación. 

A pesar del peso evidente de la parte autobiográfica en el cómic, el elemento central es la reflexión sobre la naturaleza del periodismo. La observación del trabajo de los periodistas del Globalist – Sarah Stuteville y Alex Stonehill – que lleva a cabo la dibujante y su posterior análisis, muestran de forma muy clara cómo se crean las noticias. La exigencia de conseguir el interés del publico, las presiones de los editores, las preferencias de los propios periodistas y, por encima de todo, la tozuda realidad, marcan completamente su agenda. la gran pregunta ¿qué es el periodismo? está siempre presente.

Es realmente interesante toda la trama vinculada a Dan, el exmarine amigo de la infancia de Sarah Stuteville que viaja con ellos. La periodista tiene una idea muy clara de la historia que quiere contar sobre él: un marine que participó en la invasión de Irak y que ahora vuelve a Oriente Medio y es consciente de las consecuencias de los actos del ejército americano. El perdón y el arrepentimiento tenían que ser los ejes del relato, pero Dan no vive su retorno a la zona de conflicto como Sarah esperaba. La multitud de entrevistas, las conversaciones a varias bandas y los contactos con refugiados no consiguen que Dan diga lo que los periodistas esperaban que dijera y su relación personal se ve afectada por ello.

A nivel gráfico el trabajo de Sarah Glidden es muy acertado. Sus acuarelas enmarcan perfectamente la acción y la reflexión sin robarles protagonismo. Sus soluciones gráficas – composiciones de página, por ejemplo – no son demasiado originales, pero permiten dotar de un ritmo pausado, idóneo para llevarnos por donde la autora desea que transitemos. Los escenarios en los que transcurren los hechos están bien documentados, aunque solo aparecen en los momentos necesarios. Vale la pena detenerse en los paisajes desolados de las zonas desérticas, en que la paleta cromática de Glidden y la suavidad de las acuarelas crean viñetas de gran belleza.

Si os interesa el periodismo no podéis dejar de leer Oscuridades programadas. Si queréis conocer cómo vivieron los irakíes la invasión norteamircana y la sangrienta posguerra no podéis dejar de leer este cómic. Seguramente fue Joe Sacco quien inició el camino del periodismo en viñetas, pero han sido muchos autores más quienes han seguido su estela. Sarah Glidden, sin duda, es una de sus alumnas más aventajadas y ha conseguido un estilo propio con un gran peso para el pensamiento sobre la propia acción de crear y sobre la naturaleza del periodismo. Una lectura compleja que os obligará a pensar y a analizar el trabajo periodístico de otra manera.

Anuncios

La grieta

La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril (Astiberri)

La situación geopolítica internacional se mueve a una velocidad vertiginosa. Si tan solo hacemos balance del año 2016 nos encontramos con la guerra de Siria, la victoria electoral de Donald Trump, el Brexit, conflictos bélicos en Sudán del Sur o la República Democrática del Congo, enfrentamientos en Ucrania, infinidad de atentados terroristas, el proceso de paz en Colombia, el fallecimiento de Fidel Castro…  Ante este mundo tan convulso, la estabilidad y la prosperidad que teóricamente garantiza la Unión Europea es uno de los pocos asideros que teníamos. Pero en los últimos años este hecho también ha dado un vuelco. La Unión Europea se está resquebrajando y Carlos Spottorno y Guillermo Abril han tratado de encontrar y analizar las grietas que la están dañando.

La grieta es una obra dura, pero tremendamente necesaria. Desde  la valla de Melilla hasta la frontera ártica entre Finlandia y Rusia, pasando por los Balcanes, ambos periodistas – Spottorno, fotógrafo y Abril, reportero – han visitado los lugares más calientes de los confines exteriores de la UE para tratar de comprender y de explicar los múltiples procesos que están afectando al macroestado europeo. Para ello se han valido de su dominio respectivo de la imagen y el texto y han creado un cómic realmente original: todas las viñetas son fotografías y los cuadros de texto nos relatan los acontecimientos que vemos reflejados en ellas, a la manera de un diario.

Los autores han explicado en diversas entrevistas que en primer lugar Carlos Spottorno creó un relato puramente gráfico, a partir de una selección de las 25.000 imágenes que habían tomado a lo largo de tres años; y después Guillermo Abril escribió los textos de apoyo. El objetivo era narrar y dotar de coherencia a lo que se veía en las viñetas – lo que no se ve, no existe –, sin dejar cabos sueltos. Estamos por tanto ante un híbrido entre un extenso reportaje y una novela gráfica. La influencia de las obras de dibujantes como Joe Sacco o Guy Delisle es evidente, pero si hay un cómic que dialoga directamente con La grieta, ese es El fotógrafo. La obra de Guibert, Lefèvre y Lemercier utilizaba conjuntamente fotografía y dibujo para narrar las andanzas de Didier Lefèvre acompañando a una misión de Médicos Sin Fronteras en Afganistán; aunque en La grieta no hay dibujo.

 

Tras una breve introducción, la narración se inicia con la visita de los autores a Melilla, donde toman conciencia de la gigantesca valla que separa Europa de África. En la ciudad autónoma visitan las dependencias de la guardia civil y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Posteriormente cruzan a Marruecos, donde dialogan con las personas que esperan en el monte Gurugú, en unas condiciones terribles, para tratar de cruzar la frontera. Es interesante la manera en que dan voz a los diferentes colectivos implicados y tratan de recabar las diferentes versiones de la situación.

A continuación, Spottorno y Abril se trasladan a los Balcanes, una de las puertas de entrada más utilizada por los refugiados – mayoritariamente sirios, iraquíes y afganos -, que tratan de llegar a Europa. En esta región es donde los periodistas entran en contacto con FRONTEX, el organismo encargado de coordinar las fronteras exteriores de la UE, y observan el funcionamiento de las fronteras con Turquía, seguramente las más delicadas del todo el continente europeo.

El periplo continúa en Lampedusa, la pequeña isla italiana al sur de Sicilia, que geográficamente está más cerca de África que de Europa. De nuevo visitan lugares imprescindibles para conocer el alcance del drama de los refugiados: un gran centro de acogida, el museo con restos de naufragios que ha creado un activista e incluso un avión y una fragata que trabajan en la localización y rescate de embarcaciones que transportan gente desde Libia hasta las costas italianas. El mar proporciona imágenes de gran belleza, pero también escenas de gran dramatismo, como la que ilustra la portada.

Siguiendo el estricto orden cronológico que marca la actualidad, Spottorno y Abril nos trasladan a finales de 2015, a las fronteras de Hungría, Croacia y Eslovenia. El gobierno húngaro, de extrema derecha, había militarizado la frontera y prácticamente la había sellado, de modo que los miles de refugiados, ahora ya en su mayoría sirios, fueron obligados a buscar otras formas de llegar a su ansiado destino. Incontables familias se trasladaban a pie, cargando con sus escasas pertenencias, con el objetivo de llegar a esa Europa idílica que los recibía con alambradas y gases lacrimógenos.

Por último, los autores se fijan en las fronteras del este. El conflicto ucraniano y unas maniobras de la OTAN en los países bálticos muestran una nueva grieta: las relaciones con Rusia. La visión que muestran los autores en esta ocasión es tan solo la versión occidental, que presenta a Rusia como un enemigo peligroso. A pesar de que los autores se muestran razonablemente críticos con las declaraciones de algunos militares atlantistas, se echa en falta la opinión de alguien del otro lado. Es la única pega que le encuentro a la gran labor periodística que han llevado a cabo Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

A nivel gráfico poco hay que decir que no se vea en las imágenes que adjunto en el texto. Visualmente estamos ante un cómic mayúsculo. Las fotografías han sido retocadas de forma que los negros han ganado en intensidad y los colores han quedado en parte difuminados, con un ligero efecto que recuerda al cine y la televisión en tecnicolor. Las composiciones de página tienen un papel fundamental en la narración, ya que dirigen nuestra vista hacia los aspectos que los autores consideran fundamentales. Las grandes imágenes, que en determinados momentos ocupan una página entera o incluso dos, transmiten una gran fuerza e invitan a la reflexión. La inclusión de mapas ayuda a estar siempre situados con exactitud, especialmente en las zonas más desconocidas.

La grieta es un cómic fantástico, sin duda uno de los mejores de 2016, pero va mucho más allá. Es una llamada a nuestra conciencia, un golpe de realidad en estos días inciertos. La organización política que ha conseguido setenta años de paz en el continente que fue asolado por las guerras más sangrientas de la Historia, el gran sueño que fue un día la Unión Europea se está desmoronando. Grietas entre norte y sur, entre este y oeste. Nacionalismos cada vez más poderosos que luchan por derruir la esencia de la Unión. Políticas austericidas y competencia fiscal entre estados. Privatizaciones y recortes en el estado del bienestar. Todos estos elementos están aniquilando lo que un día fue la Unión Europea. La novela gráfica de Spottorno y Abril es un brillante estado de la cuestión, pero en nuestras manos está hacer ver a nuestros dirigentes que tienen que cambiar el rumbo.

PD: os inivito a visitar la web promocional de La grieta para conocer más detalles sobre la obra.

Barcelona. Los vagabundos de la chatarra

Barcelona. Los vagabundos de la chatarra, de Jorge Carrión y Sagar (Norma Editorial)

El cómic periodístico o periodismo en viñetas, las etiquetas no importan, está  viviendo un gran auge en los últimos años. Autores como Joe Sacco o Guy Delisle y obras como El fotógrafo han mostrado, desde enfoques totalmente diferentes, las enormes posibilidades de este género. Hasta el momento las historias que estos cómics narraban eran lejanas, incluso exóticas en muchas ocasiones, pero Barcelona. Los vagabundos de la chatarra recrea una realidad muy cercana. Además, como destaca Javier López Menacho en La Réplica, por primera vez el periodismo en cómic se hace a cuatro manos y no a dos.

El escritor Jorge Carrión – guionista de la obra – y el dibujante Sagar Forniés concibieron este cómic como un reportaje sobre el mundo de la chatarra en la capital catalana. Para ello, como haría cualquier buen periodista, fueron a visitar los lugares emblemáticos de este negocio y trataron de hablar con sus protagonistas. A lo largo del cómic los autores muestran cómo la presencia del cuaderno de dibujo en lugar de la  cámara les facilitó las cosas, ya que era un medio de acercamiento menos agresivo para los entrevistados.

La narración abarca un año, desde el emblemático 11 de septiembre de 2012, con la gran manifestación que tuvo lugar en Barcelona, hasta el 11 de septiembre de 2013, con el independentismo en pleno auge. Bajo los grandes acontecimientos, que constituyen el contexto en el que se desarrollan las diversas historias, Carrión y Forniés se centran en la realidad oculta de la ciudad, que solo aparece en los grandes medios cuando sucede una tragedia. Desde el puerto hasta las naves industriales okupadas en Poblenou pasando por la construcción del nuevo mercado de los Encantes, los escenarios en los que tienen lugar los paseos en bici de los autores son muy reconocibles para cualquiera que conozca mínimamente Barcelona.

La galería de personajes del cómic es realmente especial y muestra la heterogeneidad de las gentes que participan en el negocio de la chatarra. Trabajadores del puerto que quieren mantenerse en el anonimato, inmigrantes subsaharianos que llevan muchos años luchando por prosperar en la idílica Europa, un expresidiario rumano que trata de sacar adelante a su familia… Lo mejor de la obra, en mi opinión, es la construcción – el retrato – de estos personajes, especialmente de Vasile, un chatarrero rumano que recorre cada día decenas de kilómetros con su carro de supermercado; y de Abudu, un senegalés que ha tenido una vida muy difícil y que se ha convertido en una especie de líder de los africanos que viven en la nave de la calle Puigcerdà.

Aprovechando al máximo las posibilidades que ofrece el cómic, Carrión y Forniés utilizan múltiples tipologías textuales para dotar de mayor profundidad a su relato. Informes a página completa que explican los orígenes y el desarrollo histórico de los Encantes conviven con los tweets del Ayuntamiento de Barcelona cuando los okupas que se dedican a la chatarra son desalojados. La necesaria reflexión que exige plasmar esta investigación en cómic, hace que esta obra sea un reportaje mucho más completo, y personal – elemento esencial -, que cualquier información que podamos encontrar en un medio de comunicación tradicional.

A nivel gráfico, el dibujo de Sagar es realmente espectacular y consigue transmitir la inmediatez de las entrevistas al mismo tiempo que reconstruye unos escenarios completamente fieles a la realidad. El trazo desdibujado y un gran uso del color hacen que la obra tenga una atmósfera muy característica. Las composiciones de página están muy trabajadas y la multitud de planos que utiliza Sagar dotan al cómic de un tono cinematográfico que funciona realmente bien.

lINT012034515Barcelona-la-chatarra1A la manera de Joe Sacco, los autores aparecen como personajes del cómic, de modo que en todo momento tenemos claro que el relato es subjetivo. En ningún momento afirman que Barcelona. Los vagabundos de la chatarra sea la verdad, es tan solo su verdad y éso, en los tiempos que corren en el periodismo, es digno de admirar. Los anexos incluyen una entrevista en formato cómic que realizaron los autores al propio Sacco en una visita de éste a Barcelona en la que se reflexiona sobre la naturaleza del periodismo, sobre el compromiso ético del periodista y sobre las posibilidades del cómic en este género.

Por último, es destacable la página web que han creado los autores junto a Norma Editorial, en la que se incluyen materiales muy interesantes: desde una guía didáctica a noticias relacionadas con los temas reflejados en el cómic. También son interesantes las ilustraciones y los bocetos que Sagar publicó en su blog.

En definitiva, la obra de Jorge Carrión y Sagar Forniés es muy recomendable, por la temática, por la forma en que está tratada y porque es periodismo en cómic sobre una realidad cotidiana que todos y todas hemos visto alguna vez. Es una gran manera de acercarnos a las tremendas desigualdades que existen en nuestras ciudades y que generalmente quedan alejadas del gran foco informativo. Una gran lectura con muchos aspectos sobre los que reflexionar.

 

Cuadernos rusos

Cuadernos rusos. La guerra olvidada del Cáucaso, de Igort (Salamandra Graphic)

Después de narrar la historia de Ucrania, a través de los testimonios directos de ciudadanos de ese país en Cuadernos ucranianos, Igort volvió a la antigua URSS para contar una nueva y terrible historia. En esta ocasión, el autor italiano indaga sobre  el asesinato de la periodista Anna Politkovskaya y la guerra de Chechenia.

Esta conocida activista en favor de los derechos humanos había denunciado los abusos del ejército ruso en su lucha contra los “terroristas” chechenos, hecho que la había enfrentado con el gobierno de Vladimir Putin. Había sido envenenada, había recibido agresiones físicas, e incluso, había sido retenida y torturada por militares rusos. Finalmente, Anna Politkovskaya fue asesinada el 7 de octubre de 2006 en el ascensor de su piso en Moscú.

Igort, con la habilidad que ya demostró en su anterior trabajo sobre Ucrania, utiliza las viñetas, la ilustración y el texto para relatar la historia de la lucha de Politkovskaya. Además, el autor italiano sigue los pasos de la activista e investiga los crímenes del ejército ruso en Chechenia. A través de estos dos relatos, que avanzan en paralelo, Igort crea un cómic muy duro y muy crudo, que denuncia ambas injusticias.

El inicio de Cuadernos Rusos es espectacular, ya que Igort narra en primera persona su visita al piso de Politkovskaya. Con un gran dramatismo, el dibujante reconstruye el asesinato. A partir de este momento, mediante los testimonios de gente cercana a la activista rusa, Igort trata de explicar la lucha que ésta llevaba a cabo: los motivos, los miedos, las consecuencias… La valentía de Anna Politkovskaya, que se enfrentó a un enemigo tremendamente poderoso, es la bandera del autor italiano.

Al mismo tiempo, Igort se enfrasca en una tarea abrumadora: narrar el conflicto de Chechenia alejándose de las visiones más reduccionistas y maniqueas. No trata de escribir la Historia del conflicto de Chechenia, sino que intenta construir su propio relato gracias a los testimonios directos de las víctimas del conflicto. Es muy interesante cómo Igort da voz a los que están condenados a permanecer en silencio: soldados rusos que se negaron a cometer abusos, víctimas chechenas que perdieron a familiares y víctimas de los atentados cometidos por las milicias chechenas.

Igort utiliza con maestría multitud de recursos gráficos para transmitir el dolor y el sufrimiento que padeció mucha gente en Chechenia. Las torturas que llevaba a cabo el ejército ruso, incluso contra algunos militares que no querían participar de estas acciones, son representadas con tremenda dureza, pero al mismo tiempo con gran delicadeza, tratando de respetar el recuerdo de la víctima.

La lectura de Cuadernos rusos es una gran manera de acercarse a la historia reciente de una de las zonas más conflictivas del planeta. La visión de Igort es muy original, ya que rechaza tajantemente la propaganda rusa, pero al mismo tiempo, se aleja de los tópicos difundidos en Occidente sobre el gigante ruso. Visualmente es un cómic magnífico, pero la historia que narra tiene tanta fuerza que te sumerges en ella y olvidas el resto. Igort, en la estela de Joe Sacco, firma un cómic con una historia sólo al alcance de los mejores reporteros de guerra.

Notas al pie de Gaza

Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco (Random House Mondadori)

Joe Sacco volvió a los territorios palestinos años después de la publicación de su exitoso Palestina. En la franja de GazaEn esta ocasión viajó con Chris Hedges con la intención de  escribir un reportaje para la revista Harper’s. Poco antes de partir, Sacco leyó a Noam Chomsky sobre lo acontecido en la ciudad palestina de Khan Younis en 1956: el asesinato de 257 civiles palestinos a manos del ejército israelí.

En su característico estilo periodístico, el autor maltés narra su experiencia cotidiana en Gaza; pero en esta ocasión, Sacco va un paso más allá y en un relato paralelo nos va mostrando los resultados de su investigación sobre los hechos de 1956. Como con sus obras sobre la guerra de los Balcanes, el dibujante trata de explicar el origen del conflicto y para ello se remonta 50 años atrás, ante el estupor de los jóvenes gazatíes que no entienden por qué a un extranjero le interesa tanto el pasado con lo que está sucediendo en la actualidad.

La historia, por tanto, discurre en dos planos: por un lado, el presente del reportaje, con las visitas y los testimonios de los supervivientes de 1956 y con la observación directa de las acciones del ejército israelí contra Gaza; y por el otro, con la reconstrucción minuciosa de lo que aconteció en Khan Younis en 1956. Es muy interesante la manera en que Sacco es capaz de recrear los hechos a partir de los recuerdos de los supervivientes y de una exhaustiva labor de investigación archivística por parte de un equipo contratado expresamente por él en Israel. La memoria va acompañada de las pruebas documentales, y Sacco, actuando más como historiador que como reportero, es capaz de construir un relato totalmente veraz.

Lo más interesante de esta novela gráfica es la relación entre pasado y presente. Ante la gran cantidad de hechos relevantes asociados al conflicto árabe-israelí, que haría que cuaquier acontecimiento relatado en el cómic quedara rápidamente obsoleto, Sacco opta por narrar un hecho pretérito que no sucumba ante la vorágine de la actualidad inmediata. Para los palestinos que están sufriendo el día a día de la ocupación israelí, este viaje al pasado no tiene sentido; pero para el dibujante, éste elemento es precisamente el eje central del cómic.

Los archivos israelíes y los informes de la ONU demuestran la veracidad de los testimonios de los supervivientes. Sacco, que no oculta su simpatía por el pueblo palestino – “la versión israelí ya la vemos cada día en los medios de comunicación norteamericanos” -, lleva a cabo un ejercicio bastante diferente a sus anteriores obras. Ya no trata únicamente de reflejar la realidad del presente, la noticia, y, a la manera de los buenos reportajes periodísticos, dotar a la historia de un contexto.

Con Notas al pie de Gaza, el historietista maltés muestra que el cómic es tan versátil que es capaz de presentar los resultados de una investigación histórica sin perder sus señas de identidad. Estructuras gráficas muy cuidadas, cuadros de texto abundantes y su característico dibujo permiten a Sacco salir exitoso de este reto: el cómic como libro de Historia.

comic-joesacco_286-2