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Oscuridades programadas

Oscuridades programadas. Crónicas desde Turquía, Siria e Irak, de Sarah Glidden (Salamandra Graphic)Hace varios años leí Una judía americana perdida en Israel y me pareció una obra bastante interesante. Sarah Glidden viajaba a Israel gracias al programa Derecho de nacimiento que permite viajar a todos los judíos del mundo a Israel para ver in situ sus raíces. La dibujante norteamericana narraba sus experiencias durante el viaje y reflexionaba sobre su condición de judía, sobre la realidad del conflicto entre Israel y Palestina y sobre la visión que de éste llegaba a través de los medios de comunicación. Aunque no era un cómic redondo, ya permitía observar que la relación entre cómic, veracidad y periodismo era fundamental para la autora de Boston.

Con Oscuridades promgramadas Glidden no ha dado un paso más, en realidad ha dado un gran salto hacia adelante. En 2010, tras conseguir financiación a través de la plataforma Kickstarter viajó a Oriente Medio junto con dos periodistas amigos suyos del Seattle Globalist – Sarah y Alex – y un exmarine que había participado en la guerra de Irak – Dan -. Su objetivo era cubrir la crisis de refugiados que estaba teniendo lugar en la región a consecuencia de la invasión norteamericana y la guerra entre sunníes y chiíes que tenía lugar en territorio irakí.

Como indica el subtítulo del cómic, el viaje de los cuatro jóvenes estadounidenses transcurrió entre Turquía, Siria e Irak. Su primera parada los llevó a la ciudad turca de Van, cerca de la frontera con Irán, desde donde debían coger un autobús hacia Irak. Allí, mientras llevaban a cabo los engorrosos trámites para cruzar la frontera, entraron en contacto con refugiados iraníes que les explicaron cuál era la situación interna de su país y los motivos de su huida.

Unos días después llegaron al kurdistán irakí, a la ciudad de Suleimaniya. Allí, de nuevo, entraron en contacto con refugiados del resto de Irak, pero también conocieron de primera mano las trágicas experiencias que vivieron los kurdos bajo la dictadura de Saddam Hussein. Aunque desde occidente se ha idealizado bastante el kurdistán, Sarah Glidden refleja los problemas internos de la comunidad. Las discrepancias entre el gobierno regional y parte de la población se hacen evidentes con la situación que padecían unos centenares de refugiados kurdos de la ciudad de Kirkuk. Uno de los testimonios más interesantes es el de Sam, refugiado kurdo en los Estados Unidos que fue expulsado por haber tenido contacto con un miembro de Al Qaeda. La fina linea entre verdad y ficción provoca que los jóvenes estadounidenses se cuestionen sus propias creencias.

Posteriormente, se trasladaron a Damasco, donde se encontraron con ciertas dificultades para llevar a cabo su trabajo. El gobierno de Bashar Al Assad les impuso la presencia de un guía, pero pese al engorro hallaron estrategias para llevar a cabo su labor. De nuevo entrevistaron a refugiados irakíes y escucharon los motivos de su exilio. Mayoritariamente culpan de su situación a los Estados Unidos y su intervención armada, hecho que lleva a Dan a cuestionarse parte de sus ideas preconcebidas. Las entrevistas con expertos de ACNUR y la visita a algunas de sus instalaciones completan un panorama global de la situación de los refugiados en 2010, antes del inicio de las primaveras árabes o la guerra de Siria, que han agravado en gran medida la situación. 

A pesar del peso evidente de la parte autobiográfica en el cómic, el elemento central es la reflexión sobre la naturaleza del periodismo. La observación del trabajo de los periodistas del Globalist – Sarah Stuteville y Alex Stonehill – que lleva a cabo la dibujante y su posterior análisis, muestran de forma muy clara cómo se crean las noticias. La exigencia de conseguir el interés del publico, las presiones de los editores, las preferencias de los propios periodistas y, por encima de todo, la tozuda realidad, marcan completamente su agenda. la gran pregunta ¿qué es el periodismo? está siempre presente.

Es realmente interesante toda la trama vinculada a Dan, el exmarine amigo de la infancia de Sarah Stuteville que viaja con ellos. La periodista tiene una idea muy clara de la historia que quiere contar sobre él: un marine que participó en la invasión de Irak y que ahora vuelve a Oriente Medio y es consciente de las consecuencias de los actos del ejército americano. El perdón y el arrepentimiento tenían que ser los ejes del relato, pero Dan no vive su retorno a la zona de conflicto como Sarah esperaba. La multitud de entrevistas, las conversaciones a varias bandas y los contactos con refugiados no consiguen que Dan diga lo que los periodistas esperaban que dijera y su relación personal se ve afectada por ello.

A nivel gráfico el trabajo de Sarah Glidden es muy acertado. Sus acuarelas enmarcan perfectamente la acción y la reflexión sin robarles protagonismo. Sus soluciones gráficas – composiciones de página, por ejemplo – no son demasiado originales, pero permiten dotar de un ritmo pausado, idóneo para llevarnos por donde la autora desea que transitemos. Los escenarios en los que transcurren los hechos están bien documentados, aunque solo aparecen en los momentos necesarios. Vale la pena detenerse en los paisajes desolados de las zonas desérticas, en que la paleta cromática de Glidden y la suavidad de las acuarelas crean viñetas de gran belleza.

Si os interesa el periodismo no podéis dejar de leer Oscuridades programadas. Si queréis conocer cómo vivieron los irakíes la invasión norteamircana y la sangrienta posguerra no podéis dejar de leer este cómic. Seguramente fue Joe Sacco quien inició el camino del periodismo en viñetas, pero han sido muchos autores más quienes han seguido su estela. Sarah Glidden, sin duda, es una de sus alumnas más aventajadas y ha conseguido un estilo propio con un gran peso para el pensamiento sobre la propia acción de crear y sobre la naturaleza del periodismo. Una lectura compleja que os obligará a pensar y a analizar el trabajo periodístico de otra manera.

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El sheriff de Babilonia

El sheriff de Babilonia. Bang Bang Bang, de Tom King y Mitch Gerads (ECC)

El 11S es uno de los hechos históricos más trascendentes de los últimos veinte años. La respuesta del gobierno de George W. Bush a los atentados fue la guerra contra el terror. Como consecuencia de este cambio en la política exterior norteamericana, que anunciaba la respuesta inmediata y expeditiva contra cualquier estado que en opinión de los Estados Unidos diera apoyo a Al Qaeda, la administración Bush inició la guerra de Afganistán y, posteriormente, la de Irak. Los grandes medios de comunicación occidentales defendieron que el derrocamiento de Saddam Hussein fue un gran éxito que iba a llevar la democracia y la prosperidad al medio Oriente. A pesar de los variados intentos por maquillar la realidad, la situación de Irak está muy lejos de ser pacifíca y la violencia y el caos siguen siendo los reyes.

En El sheriff de Babilonia, el guión de Tom King y el dibujo de Mitch Gerads se unen para trasladarnos al Bagdad post-Saddam. La zona verde, ese sector artificial donde se guarecen las agencias diplomáticas y los contratistas europeos y norteamericanos; los atentados suicidas; la violencia sectaria; la desolación que provoca observar la destrucción de una ciudad milenaria… Todos estos elementos, y muchos más, conforman un cómic muy interesante para conocer la situación actual de Bagdad. Tom King trabajó en la CIA durante diez años, de modo que su propia experiencia y sus amplios conocimientos sobre el terreno dotan de verosimilitud al contexto en el que se desarrolla una trama densa, compleja y, al mismo tiempo, adictiva.

Este tomo, con el acertado subtítulo de Bang. Bang. Bang., incluye los seis primeros números de la serie. En el primero de ellos, los autores nos presentan a los tres personajes principales: Christopher, Sofía/Saffiya y Nassir. Christopher es uno de los instructores norteamericanos de la nueva policía iraquí; Sofía es una iraquí que pasó su infancia y su adolescencia en los Estados Unidos y ahora ha vuelto para ayudar en la reconstrucción del país; y Nassir es un veterano policía con una larga hoja de servicios para el gobierno de Saddam Hussein. Tres seres humanos aparentemente distintos, a los que el asesinato de uno de los pupilos de Christopher lleva a colaborar.

Uno de los grandes aciertos del cómic es la recreación de la atmósfera cerrada y agobiante de la zona verde. El control militar y policial que ejercen los militares norteamericanos esconde el gran juego de intereses que se lleva a cabo entre bastidores. La reconstrucción de las infraestructuras, los beneficios del petróleo y la naturaleza del nuevo sistema político iraquí provocan tensiones y juego sucio por parte de diversos actores. La guerra soterrada entre chíies y suníes también tiene un papel fundamental en la situación de Bagdad y afecta directamente a los protagonistas.

En medio de este panorama, Christopher, Sofía y Nassir tratan de hallar solución al misterio y encontrar al responsable del asesinato. Al mismo tiempo, King y Gerads son capaces de ir desvelando el pasado de los tres y de ir tejiendo las relaciones entre ellos. El tradicional argumento de la novela negra consistente en encontrar al culpable, se convierte aquí en un retrato colectivo de Bagdad. Este contexto tan bien recreado es lo que convierte a El sheriff de Babilonia en una obra muy interesante para cualquiera que se interese por la política internacional y por la actual situación de Oriente Medio. Los propios autores se vanaglorian en afirmar que es el único cómic cuyo argumento debe ser aprobado previamente por la CIA, puesto que los conocimientos de King podrían revelar informaciones que la agencia no quiere que sean públicas.

A nivel gráfico, el trabajo de Mitch Gerads es impecable. Su dibujo tiene una gran fuerza y su buscado trazo sucio y abierto encaja perfectamente con la realidad que nos quiere contar. Pero si hay un elemento que brilla con luz propia es el uso del color, tarea del propio Gerads. El calor asfixiante de Bagdad y la violencia extrema que rodea a los personajes ganan en potencia y expresividad gracias al color. Los tonos ocres y los marrones tienen un gran peso en el relato, aunque también son destacables el rojo de la sangre y la paleta oscura de las escenas nocturnas. La labor de documentación es evidente que ha sido exhaustiva y este hecho se deja notar en los escenarios donde sucede la acción, así como en los uniformes y los vehículos. Son destacables también las trabajadas composiciones de página y el ritmo que consigue el cómic gracias a ellas. La combinación del guión de King con el dibujo y el color de Gerads funciona de forma muy efectiva.

El sheriff de Babilonia es el primer cómic que reseño del mainstream estadounidense, ya que pertenece al sello Vertigo, de DC Comics, y seguro que no será el último. Un argumento que te atrapa, un dibujo muy potente y, por encima de todo, una historia universal que habla sobre la condición humana. En cualquier contexto, por dantesco que este sea, surgen relaciones personales y estas son las que nos configuran y las que nos interesan y el guión de King lleva a cabo una labor fantástica a este respecto. En tan solo 150 páginas ambos autores consiguen atraparnos en un relato y dotarnos de innumerables elementos de reflexión.

El piano oriental

El piano oriental, de Zeina Abirached (Salamandra Graphic)

Zeina Abirached nació en Beirut en 1981, en plena guerra civil libanesa. Relató sus vivencias durante el conflicto en El juego de las golondrinas, cuya publicación provocó multitud de comparaciones con la iraní Marjane Satrapi. En 2004 se trasladó a París – donde reside actualmente – aunque con frecuencia vuelve a su país natal. Su obra siempre ha estado marcada por las relaciones entre Oriente y Occidente y en El piano oriental lleva esta dialéctica a un nivel superior. Su identidad dual, junto con la música, es la gran protagonista del cómic.

La obra de Abirached está estructurada en forma de dos relatos paralelos: por un lado, la historia de Abdallah Kamanja, inspirado en su bisabuelo Abdallah Chahine, en el Beirut de los años 50; y por el otro, la experiencia de la propia dibujante con sus recuerdos infantiles y la conformación de su identidad a caballo entre París y la capital libanesa. Las conexiones y los cruces entre ambas lineas argumentales son constantes y tras acabar la lectura reconoces que ambas historias son lo mismo: un alegato en defensa de la multiculturalidad y de las identidades cruzadas y difusas. Oriente y Occidente son construcciones culturales, estereotipos en los que Zeina Abirached no encaja.

El bisabuelo de la dibujante se definía a sí mismo como inventor. A pesar de trabajar en una oficina, su verdadera pasión era la música, concretamente el piano. Se dedicaba a afinar los pianos que había en Beirut y de esta manera tuvo una idea: crear un piano capaz de unir la música oriental con la occidental. Los pianos occidentales tenían una separación mínima entre sus teclas de medio tono, mientras que la música oriental posee intervalos de un cuarto de tono, hecho que las hacía incompatibles. Tras un arduo trabajo durante varios años, Abdallah encontró la solución técnica y creó el primer – y único – piano oriental.

 

Abdallah escribió a los fabricantes de pianos Hoffman, quienes se mostraron muy interesados en su creación y lo invitaron a visitarlos a Viena. Allí llegó el inventor libanés junto con su amigo Víctor, una persona realmente peculiar, y su piano. Los austríacos se quedaron embelesados ante el despliegue del bisabuelo de Abirached y le ofrecieron un contrato. La única condición para fabricar su instrumento en serie fue que Abdallah tenía que conseguir cien pedidos, algo que acabó resultando imposible. Difícil encontrar una metáfora más acertada sobre las relaciones entre Oriente y Occidente.

Al mismo tiempo que vemos las peripecias de su bisabuelo, la dibujante nos habla de sí misma. Su difícil relación con la lengua árabe, que a pesar de ser su idioma materno le trae recuerdos negativos, centra la parte dedicada a su primera infancia. Posteriormente, somos testigos de su acercamiento al francés y de la consolidación de este idioma al mismo nivel que el materno. La conciencia bilingüe de Abirached, mitad francófona mitad arabófona, refleja un vínculo directo con el invento de su antepasado.

El apartado gráfico del cómic es absolutamente brillante. Como en obras anteriores, la autora franco-libanesa utiliza con maestría el blanco y negro, pero en El piano oriental es el negro el que posee una mayor carga expresiva y narrativa. La dibujante consigue crear unos personajes muy elocuentes a pesar de estar construidos con unos rasgos aparentemene sencillos. Beirut, escenario de buena parte de la trama, está perfectamente reflejada y aunque el realismo no es una de las prioridades de la autora,  el cómic nos traslada con acierto a la capital libanesa de antes de la guerra civil.

El nivel global es altísimo, pero lo que hace especial a este cómic es la conexión entre dibujo y música. Abirached puso todo su empeño en trasladar el lenguaje musical al lenguaje del cómic y para ello utilizó todo tipo de recursos: onomatopeyas que conforman secuencias rítmicas, uso del blanco y negro para diferenciar las notas orientales de las occidentales, composiciones de página que siguen líneas melódicas, una doble página desplegable absolutamente maravillosa para mostrar el teclado del piano y la unión de ambas músicas… Imposible enumerar todas las formas en que la franco-libanesa demuestra su talento.Con El piano oriental estamos ante una obra que muestra la gran evolución de Zeina Abirached. A lo largo de las viñetas queda patente la gran reflexión que esconde cada una de las decisiones gráficas de la autora. Como sucede con las grandes historias, este es un cómic muy personal que al mismo tiempo relata una historia universal. El cómic, una vez más, demuestra que es capaz de tratar con acierto cualquier temática, por compleja que esta sea.

PD: Por si tenéis curiosidad os dejo con una grabación de Abdallah Chahine, el auténtico bisabuelo de Zeina Abirached, tocando su piano.

Casa Bábili

Casa Bábili, de Duleimi, Rojo y Carbajo (Norma Editorial)

Han pasado más de 12 años desde que los Estados Unidos liderados por George W. Bush y sus aliados – entre ellos la España de José María Aznar -, decidieron invadir Iraq con la excusa de que el régimen de Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva. Como se demostró posteriormente, la CIA falseó diversos informes para tener una coartada y a pesar de que la opinión pública mundial estaba en contra de la guerra, los halcones se salieron con la suya. Desde el presente es fácil comprobar lo erróneo de la decisión y la situación actual de Iraq y los países de su entorno muestra el enorme fracaso de la intervención.

El proyecto Casa Bábili, impulsado por la Fundación Al Fanar y la CEOSI (Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq) , trata de dar a conocer la realidad de los y las civiles iraquíes, las víctimas generalmente olvidadas del conflicto. Para ello adaptaron al cómic la novela Las mujeres de Saturno de la autora iraquí Lutfiya Duleimi. De la mano de los dibujantes Sara Rojo y Javier Carbajo trasladaron al cómic la historia de Hayat Bábili, una joven periodista de Bagdad que padece las consecuencias de la invasión norteamericana y del crecimiento del radicalismo islamista.

La primera parte del cómic se centra en los orígenes históricos de Iraq y su cultura. De la mano de Hayat y sus antepasados, los autores nos trasladan a las diferentes etapas históricas del antiguo Iraq hasta llegar a los inicios del siglo XX en que la presencia occidental empieza a ser una constante. El objetivo de esta parte introductoria es hacer consciente al lector de la riqueza del patrimonio cultural iraquí y de las grandes pérdidas que la guerra ha provocado. Una cultura milenaria ha sido mutilada en tan solo una decena de años.

La segunda parte de la obra nos muestra el día a día de las mujeres iraquíes durante el conflicto. La peligrosidad de vivir en un Bagdad bajo asedio, la crueldad de las tropas norteamericanas y la llegada de radicales islamistas que no aceptan que las mujeres puedan ser autónomas conforman un cóctel terrorífico. El peligro físico se une al sufrimiento psicológico de no saber dónde se encuentran sus seres queridos y a pesar de ello Hayat y sus compañeras tratan de salir adelante y de ayudar a los más necesitados.

Casa Bábili no es un cómic sobre la guerra de Iraq, no esperéis encontrar grandes explicaciones geopolíticas, pero es una obra terriblemente humana. En poco más de 100 páginas asistimos a los actos más nobles y a los más terribles de los que es capaz el ser humano. La denuncia que llevan a cabo los autores tiene una gran fuerza y muestra, contra la versión oficial, que la invasión militar fue y sigue siendo un gran castigo contra la población civil.

Otro de los temas fundamentales de la obra es la pérdida del patrimonio iraquí durante la guerra. Los bombardeos indiscriminados, los saqueos y los incendios deliberados han provocado que edificios tan emblemáticos como la Biblioteca Nacional o los grandes museos que conservaban buena parte de las obras mesopotámicas, sumerias o babilonias más importantes hayan sido parcial o totalmente destruidos. Las pérdidas son irreparables y pocas veces son tenidas en cuenta cuando se hace balance sobre los efectos de la guerra.

A nivel gráfico, la obra no destaca especialmente, pero consigue hacer funcionar el relato. Las composiciones de página son correctas, la gama cromática permite dotar de profundidad a la historia, pero en general, el dibujo está subordinado totalmente a la narración. No es una obra que atraerá al lector por la calidad artística, pero el trabajo de Rojo y Carbajo permite que los personajes y sus tragedias nos sean muy cercanos.

Por último, me gustaría destacar dos aspectos de que hacen de Casa Bábili un proyecto a imitar por organizaciones que busquen concienciar a la población sobre diversas cuestiones a través del cómic. En primer lugar, el cómic se puede leer íntegramente en formato digital, hecho que facilita su uso didáctico, y está disponible en español, inglés y árabe. En segundo término, los extras que incluye la edición en papel – también consultables online – dotan de mayor profundidad al cómic, ya que incluyen artículos académicos y periodísticos sobre diferentes aspectos del conflicto.

La valoración global de la obra es muy positiva ya que cumple perfectamente con su objetivo inicial: dar a conocer la realidad cotidiana de un conflicto tan mediatizado como la guerra de Iraq. Solo cabe felicitar a los autores y a los impulsores de la obra y esperar que iniciativas como ésta, que muestran las potencialidades del cómic, no sean una excepción.

El juego de las golondrinas

El juego de las golondrinas, de Zeina Abirached (Sins Entido)

La guerra civil del Líbano duró más de 15 años, desde mediados de los años 70 hasta inicios de los 90. Zeina Abirached, la autora del cómic, nació en Beirut en 1981, de modo que toda su infancia transcurrió en un país en guerra. Aquellos años la marcaron profundamente y una vez llegó a la edad adulta, ya con experiencia en el campo de la ilustración, se sirvió del cómic para transmitir sus vivencias.

El juego de las golondrinas está situado en un Beirut que lleva una década en guerra, pero no es un cómic bélico. Al principio del relato la autora describe de forma muy visual cuál era la situación de la capital libanesa a mediados de la década de los 80, pero rápidamente se centra en la historia personal que quiere narrar. Los protagonistas de la historia – autobiográfica – son ella y su hermano, sus padres y su abuela, y por encima de todos ellos, los vecinos y vecinas de su edificio, que cada tarde se reúnen en el recibidor de su casa.

Una tarde cualquiera, los padres de la autora han ido a casa de su abuela y una de las vecinas se queda al cuidado de los niños. El resto de vecinos, cada uno con una historia que vamos descubriendo poco a poco, van llegando, como cada tarde, a la entrada de la casa, ya que es el punto más seguro del edificio. La tardanza de los padres es la excusa que utiliza Zeina Abirached para retratar la vida cotidiana del Beirut en guerra.

El peso de la narración recae en las historias personales y las relaciones de los vecinos, que tras incontables horas de encierro se han convertido en una auténtica familia. Todos los personajes tienen un papel importante en la construcción del relato, pero son especialmente destacables Ernest, que perdió a su hermano gemelo al inicio del conflicto y está obsesionado con Cyrano de Bergerac, y Chucri, un taxista que conoce como pocos la mejor manera de moverse por la ciudad y que se ofrece a ir a buscar a los progenitores de la autora.

A pesar de que el eje de la historia no es la guerra en sí, algunos aspectos que Abirached retrata son fundamentales para comprender la naturaleza de una ciudad sitiada a finales del siglo XX. Los desplazamientos por Beirut se han complicado mucho y como muestra la primera imagen de este texto, los habitantes de la capital libanesa han tenido que trazar nuevas rutas para desplazarse. La fisonomía de la capital libanesa ha cambiado drásticamente y elementos como las jardineras o los sacos de arena se han convertido en esenciales para garantizar la supervivencia. Los bombardeos son una realidad cotidiana y los ciudadanos crean estrategias para protegerse y para advertir a sus conocidos. Y por último, las comunicaciones son tremendamente complicadas, como demuestra la larga espera para conseguir realizar una llamada telefónica, genialmente dibujada por Abirached.

A nivel gráfico, el trabajo de Zeina Abirached es encomiable. Es imposible obviar la influencia de Marjane Satrapi (Persépolis), aunque un análisis un poco más detallado permite obervar las diferencias entre las dos: Abirached tiene un dibujo más geométrico, con composiciones de página y de viñeta realmente potentes y su uso del blanco y negro también se aleja del de la autora iraní, ya que la gran presencia del negro ayuda a crear la atmósfera de encierro y claustrofobia que domina el cómic. Quizás no tan evidente, también hay escenas que recuerdan a David B. (Los mejores enemigos. Parte 1 y Parte 2) y sus elementos oníricos.

Además, Zeina Abirached muestra su dominio de la ilustración y de la composición de múltiples formas a lo largo del cómic. Me han parecido dignos de mención tres recursos que emplea: en primer lugar, su magistral uso de los elementos urbanos para crear una sensación de encierro muy conseguida; en segundo término, la presencia constante, como fondo de muchas viñetas, del tapiz que muestra la liberación de los israelíes por parte de Moisés, colgado en la pared del recibidor de la casa; y por último, los juegos gráficos y las repeticiones que muestran la monotonía y la imposibilidad de vislumbrar el final del conflicto.

El cómic de Zeina Abirached es un cómic que aprovecha el conflicto bélico para hablar de la naturaleza humana y de los vínculos que surgen en situaciones tan extremas. La visión infantil que aparece en determinados momentos de la historia permite respirar en el ambiente asfixiante que muestra el cómic, pero al mismo tiempo lleva a la reflexión y a la toma de conciencia en un momento en que millones de niños y niñas, ya marcados de por vida, sufren las terribles consecuencias de las guerras. Quizás no es la mejor obra para entender el origen ni la geopolítica de la guerra civil del Líbano, sin embargo sí sirve para dar voz a sus víctimas silenciosas.

Los mejores enemigos (II)

Los mejores enemigos. Una historia de las relaciones internacionales entre Estados Unidos y Oriente Medio. Segunda parte 1953-1984, de J.P. Filiu y David B. (Norma Editorial)

Tras el primer tomo dedicado al largo periodo 1783-1953 (reseñado aquí), la segunda parte de Los mejores enemigos se centra en una etapa mucho más corta, pero mucho más intensa de las relaciones entre los Estados Unidos y Oriente Medio. En plena guerra fría, la importancia geoestratégica de esta región aumentó su importancia para la superpotencia occidental, que se implicó aún con más énfasis en la zona.

Jean-Pierre Filiu, experto en Oriente Medio, y el dibujante David B. mantienen la línea del primer volumen, y por tanto, estamos ante un ensayo histórico en forma de cómic. No existe una linea argumental con unos personajes concretos, sino que el cómic narra, mediante el texto de Filiu y las fantásticas ilustraciones de David B., los acontecimientos históricos más importantes del periodo 1953 – 1984 en las relaciones entre Estados Unidos y Oriente Medio. Esta segunda parte mantiene la unidad con la primera, ya que empieza en el capítulo 5, justo donde acabó el volumen anterior, aunque ambos se pueden leer de forma independiente.

El relato se inicia en los años 50, en plena escalada de tensión entre los bloques antagónicos de la Guerra Fría. El contexto es esencial para comprender las causas y el desarrollo de la Guerra de los Seis Días de 1967, que enfrentó a Israel – el principal aliado norteamericano en la región – con Egipto, Siria, Jordania e Irak, que es el eje central del primer capítulo. La tensión de las negociaciones y las fases del breve conflicto están perfectamente detalladas.

A continuación, Filiu y David B. se centran en las consecuencias del conflicto del 67 y en la inestabilidad que generó en toda la región. La diplomacia americana, liderada por Kissinger, jugó un papel fundamental, siempre al lado de Israel y en contra de los países árabes, aliados de la Unión Soviética. La guerra del Yom Kippur y la crisis del petróleo fueron momentos trascendentales de esta etapa, que llevaron al clímax de 1979, que los autores afirman que fue un punto de inflexión para los Estados Unidos en Oriente Medio. 

La presidencia de Jimmy Carter tuvo un cariz diferente a la de Nixon, como muestra el impulso a las negociaciones entre Egipto e Israel que culminaron con los acuerdos de Camp David. Pero en Oriente Medio, 1979 estuvo marcado por la Revolución Iraní liderada por el Ayatolá Jomeini.

Para los Estados Unidos, que habían perdido un aliado en la figura del Sha, el peor momento fue el secuestro de 66 rehenes americanos en la embajada de Teherán, el 4 de noviembre. Además, la imagen de los Estados Unidos empeoró en todo el mundo musulmán por los rumores sobre su implicación en los sucesos de La Meca del 20 de noviembre. Las protestas ante las embajadas y la quema de banderas estadounidenses fueron una constante. Por último, a esta convulsa situación se unieron dos conflictos que marcaron toda la década de los 80: la invasión soviética de Afganistán y la guerra entre Irán e Irak.

Finalmente, el último capítulo está dedicado a la complejísima situación que se vivió en el Líbano entre los años 1982 y 1984. La implicación occidental – encabezada por los Estados Unidos -, la participación siria, los campos de refugiados palestinos, la implacable política exterior de Israel, la división religiosa libanesa… todos estos elementos propiciaron una escalada de violencia brutal y unas disputas diplomáticas muy tensas. La masacre de Sabra y Chatila (ver Vals con Bashir) fue seguramente el peor episodio, pero no fue lel único. A pesar de la dificultad, Filiu y David B. consiguen desentrañar el laberinto libanés de una manera bastante correcta.

A nivel gráfico poco hay que decir sobre el trabajo de David B., que mantiene su marcado estilo, aunque en esta ocasión encuentra nuevas soluciones. El uso que hace de los personajes para representar los escenarios del conflicto – extremidades alargadas o posiciones dignas de contorsionistas, por ejemplo – es magistral. Además las composiciones de página son brillantes, así como la construcción de las viñetas que, en ocasiones muy cargadas de personajes, ayudan a trasladar la complejidad de los acontecimientos narrados. Se observa cierta evolución respecto al anterior volumen, pero los elementos más característicos, como el blanco y negro y los personajes caricaturescos, siguen presentes.

Los mejores enemigos mantiene el gran nivel de la primera parte. Como en esta ocasión se acerca a una etapa mucho más cercana a la actual, en la que aún se dejan notar las consecuencias del periodo 1953-1984, seguramente ayude a aclarar ciertas dudas y confusiones aún vigentes. Es un cómic realmente didáctico que permite un acercamiento ameno y riguroso a hechos muy trascendentes para comprender algunos de los conflictos que marcan y han marcado el inicio del siglo XXI. Estoy expectante ya por la siguiente entrega.

El árabe del futuro

El árabe del futuro. Una juventud en Oriente Medio (1978-1984), de Riad Sattouf. (Salamandra Graphic)

Oriente Medio es una de esas zonas del mundo que está de constante actualidad. A causa de su gran presencia mediática, son muchos los cómics que han tratado la realidad de histórica de la región. Riad Sattouf, de madre francesa y padre sirio, ha sido el último dibujante en narrar su visión del contraste entre occidente y el mundo árabe y lo ha hecho de una forma brillante y muy original.

El árabe del futuro ha cosechado un gran éxito en Francia y  la obtención del Fauve d’Or a la mejor obra en el Festival de Angoulême ha provocado su lanzamiento definitvo al mercado internacional. Aquí fue Salamandra Graphic la que apostó por esta obra. Sattouf había publicado anteriormente otros cómics exitosos como Pascal Brutal o La vida secreta de los jóvenes, publicada originalmente en la revista satírica Charlie Hebdo; pero ha sido El árabe del futuro la que le ha granjeado el reconocimiento que en España aún no había recibido. A la espera de los siguientes volúmenes que completarán la trilogía, esta primera parte me ha parecido realmente interesante.

Riad Sattouf nos traslada a sus primeros años de vida, desde 1978, año de su nacimiento, hasta 1984. A modo de introducción, el autor presenta cómo se conocieron sus padres, una joven francesa moderna y sofisticada y un joven sirio, deseoso de cambiar el mundo, que estaba haciendo un doctorado en París. La llegada al mundo de Riad coincide con la obtención del título de doctor por parte de su progenitor, de modo que la familia inicia una nueva etapa.

Tras una intensa búsqueda de trabajo en multitud de universidades, finalmente es la Universidad de Trípoli la que contrata a Abdel-Razak – Sattouf padre -. La familia se traslada a la Libia de un joven Gadafi, visto con esperanza por los árabes laicos y progresistas como el progenitor de Riad. Una vez en Trípoli empiezan a descubrir la verdadera situación del país y se topan con aspectos totalmente inverosímiles desde su perspectiva occidentalizada, como la inexistencia de cerraduras en las casas, ya que la ley permitía cualquier libio entrase a vivir en un piso vacío, de modo que solo había pestillos para cerrar desde el interior.

La visión infantil de Riad permite relativizar el dramatismo de algunos momentos realmente duros que vivió la familia Sattouf en su estancia en Libia. Después de pasar por la mala experiencia de estar varios meses sin cobrar y de las dificultades de la madre para hacer una vida normal en una sociedad muy machista, deciden volver a la Bretaña. Antes, en uno de los momentos más curiosos del cómic, Riad Sattouf refleja la visita de su tío y de su abuela a Libia y de los malentendidos que ésta provoca.

Tras una breve estancia en Francia, en un pueblecito de la Bretaña junto con su abuela materna, la familia de Riad se traslada de nuevo. En esta ocasión Siria es el destino de los Sattouf. La Siria de esos años estaba gobernada con mano firme por Hafez Al-Asad. Abdel-Razak, también admira su forma de gobernar con mano dura, ya que en sus propias palabras los árabes necesitan alguien que les dirija.  El destino final es su pueblo natal, cerca de Homs.

La extensa familia paterna tiene un papel fundamental en la vida de Riad, ya que son sus primos los que hacen que empiece a ser consciente de las diferencias culturales que existen entre ellos. Las dificultades en la comunicación, la precaria situación de su madre y los cambios en la mentalidad y en la forma de actuar de su padre se combinan para crear un retrato cotidiano muy vívido, muy divertido, pero al mismo tiempo muy duro.

Algunos elementos me han llamado especialmente la atención: la situación de las precarias escuelas sirias; el reflejo en los niños de las actitudes de sus padres, muy marcados por los conflictos árabes con Israel que provocan que el racismo esté a la orden del día y que los juguetes sean tremendamente especiales; y, por último, las relaciones familiares, totalmente distintas a las que estamos acostumbrados. El pequeño Riad padece todos estos aspectos de la vida en Siria, pero también es capaz de adaptarse a algunos de estos nuevos códigos y poco a poco se va acostumbrando.

El cómic, como decía al principio, constará de tres volúmenes, por lo que podremos seguir las andanzas de Riad quien, tras unas breves vacaciones en Francia, retorna a Siria junto a sus padres. Estoy realmente intrigado por su aterrizaje en la escuela y por su paso a la adolescencia, qeu seguro que le dota de una mayor conciencia sobre las diferencias, a todos los niveles, entre la Bretaña y Homs.

El guión es magnífico, pero creo que lo que hace especial a esta obra es la enorme cantidad de recursos gráficos de los que se sirve Riad Sattouf para hacer avanzar la historia. A simple vista destaca el uso del color, con las páginas azules dedicadas a Francia, las amarillas a Libia y las rosas a Siria, de modo que en todo momento somos conscientes del lugar en que se desarrollan los hechos. Otros elementos ayudan a la perfecta comprensión del cómic, como los cuadros de texto en los que el Sattouf dibujante nos comenta el contexto en el que va sucediendo la acción o las pequeñas aclaraciones sobre aspectos curiosos que el autor destaca con el uso de flechas y descripciones breves en clave humorística.

El dibujo de los personajes es caricaturesco, pero no resta dramatismo ni crudeza a los momentos duros de la historia, al contrario, ya que los personajes son muy expresivos.  Los escenarios, no demasiado trabajados, aportan el contexto justo para situar la acción, aunque en ocasiones Riad Sattouf se vale de imágenes muy realistas para mostrar las condiciones en las que vivía la gente, especialmente en Siria.

El árabe del futuro es un cómic espléndido. La historia es muy entretenida, incluye multitud de elementos de reflexión y nos da a conocer el contraste entre occidente y el mundo árabe en los aspectos más cotidianos, hecho realmente interesante y novedoso, puesto que generalmente estas diferencias se presentan en clave de alta política. El apartado gráfico es excelente y para quien tenga algunos conocimientos del lenguaje del cómic los detalles que utiliza el autor para construir la novela gráfica son prácticamente infinitos. En resumen, una lectura muy recomendable y ahora solo nos queda esperar a que llega la segunda parte, esperemos que sea pronto.