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Por nuestra cuenta

Por nuestra cuenta. Memorias de Miriam Katin, de Miriam Katin (Ponent Món)

Miriam Katin nació en Budapest en 1942, en el seno de una familia judía. En plena Segunda Guerra Mundial, su padre estaba luchando en el ejército húngaro y ella vivía con su madre. Hungría había formado parte del eje y había luchado contra la Unión Soviética al lado de Alemania, pero simultáneamente estaba negociando su rendición con los aliados. Ante esta situación, Hitler decidió invadir el país magiar en marzo de 1944.

Es en esta fase de la contienda cuando se inicia el relato de Miriam Katin, en que narra cómo ella y su madre consiguieron escapar a la persecución nazi y a la deportación hacia los campos de exterminio – más de 400.000 judíos húngaros fueron llevados a Auschwitz -. Pese a que son las memorias de la autora, la gran protagonista de la obra es su madre: Esther Levy. Las situaciones que tuvo que afrontar fueron terribles, pero se sacrificó constantemente para tratar de salvaguardar el bienestar de su hija. Cualquiera se hubiera rendido y hubiera dejado de luchar, pero su capacidad de sacrificio fue infinita.

Miriam Katin construye el cómic a partir de dos lineas temporales: por un lado, en las páginas en blanco y negro nos sitúa en 1944 y somos testigos de las desventuras que vivieron ella y su madre para huir de la persecución nazi; y por el otro, en páginas con un bello color, nos traslada a finales de los años 60 e inicios de los 70, a su exilio norteamericano, donde asistimos a las reflexiones de la propia Miriam Katin sobre la religión, la memoria y la formación de su identidad.

Hasta el año 1944, Budapest había quedado alejada del frente y Esther Levy y su hija Miriam habían podido llevar una vida relativamente tranquila. Todo cambió con el avance alemán, que trataba de ocupar el país para intentar frenar a las tropas soviéticas. Con la Solución Final a pleno rendimiento, la numerosa comunidad judía húngara estaba en peligro. Al inicio del cómic, Miriam Katin nos muestra los pequeños y dolorosos cambios que tuvo que afrontar su madre: la entrega de su mascota – los perros tendrán un papel destacado en el relato -, la realización de un inventario con todas sus posesiones y, por último, el abandono del piso donde vivían.

A partir de este momento, gracias a la habilidad y al instinto de supervivencia de su madre, ambas consiguieron escapar en diversas ocasiones a su fatal destino. Esther Levy consiguió documentación falsa para ella y su hija y pudieron trasladarse al campo, donde teóricamente iban a estar más seguras. Allí se hicieron pasar por una sirvienta gitana y su hija y tuvieron que hacer frente a situaciones terribles. La persecución hacia los judíos era implacable; las sospechas que se cernían sobre ellas y su nueva identidad eran constantes; y la sensación de desamparo e inseguridad eran permanentes.

Ante situaciones desesperadas los seres humanos reaccionamos de formas muy diversas y el cómic refleja esta amplitud de respuestas: campesinos que se desviven por ayudarlas, gente que trata de aprovecharse de ellas o personas que simplemente las rechazan. El miedo, el odio y la muerte están siempre presentes. Miriam Katin y su madre consiguieron ir superando terribles obstáculos, siempre con la esperanza de salvarse y encontrar a su padre. La autora consigue transmitir la continua sensación de pérdida y la impotencia de su madre, que en ocasiones se veía superada por los acontecimientos.

A nivel propiamente histórico es interesante detenerse en un momento tan complejo como la llegada del ejército rojo a Hungría, que liberaba al país del nazismo, pero al mismo tiempo imponía un nuevo régimen. Además, el cómic reconstruye con acierto la Europa destrozada por la guerra, con cientos de miles de personas que buscaban a sus seres queridos y millones de desplazados que trataban de llegar a sus lugares de origen.

Más allá de los hechos en sí, otro aspecto muy atractivo de la obra son las reflexiones de la Miriam Katin adulta. La relación con su propia hija y su forma de educarla hacen que se plantee muchas cuestiones relevantes. El diálogo que la dibujante establece entre su infancia y la de su hija es muy estimulante. El papel de la religión en su vida, con constantes referencias a lo largo del relato, es fundamental para comprender su evolución personal.

El dibujo aparentemente sencillo de Miriam Katin es muy expresivo y tiene una gran efectividad. El blanco y negro de la mayor parte de las páginas se adapta a la perfección a la reconstrucción de la memoria que lleva a cabo la autora. El trazo expresionista y los juegos con la luz y la sombra nos trasladan a los duros momentos que la dibujante recrea. El contraste con las páginas a color, que muestran una época más amable, es una herramienta muy bien utilizada por Katin. A nivel formal no hay elementos especialmente llamativos, pero todo el aparato gráfico está al servicio de una historia tan potente, que los artificios no son necesarios.
En los últimos años han sido bastantes los cómics que han recuperado la memoria histórica de diversos conflictos. Generalmente, los autores y las autoras han narrado las experiencias de sus progenitores – Art Spiegelman, Antonio Altarriba, Miguel Gallardo… -, pero en Por nuestra cuenta, la propia Miriam Katin es parte fundamental del relato. A pesar de que era una niña muy pequeña y prácticamente no tiene recuerdos sobre los hechos, las conversaciones con su madre y las cartas que ella había escrito a su padre le han permitido reconstruir su historia. El cómic es también, obviamente, un homenaje a su madre y a tantas mujeres valientes que lucharon y sobrevivieron a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo. Honor y memoria.

Yo, René Tardi 2

Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B. Mi regreso a Francia, de J. Tardi (Norma Editorial)

Mi regreso a Francia es el segundo volumen de la serie Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B con la que Jacques Tardi relata las vivencias de su padre durante la Segunda Guerra Mundial. En la primera entrega, reseñada anteriormente en el blog, éramos testigos del confinamiento de René Tardi en un campo para prisioneros de guerra durante prácticamente cinco años. La rápida derrota del ejército francés y las penalidades que sufrían Tardi y sus compañeros eran los dos ejes del cómic.

La segunda parte continúa la narración en el momento exacto en que acababa el primer volumen, cuando los prisioneros eran evacuados del campo en pleno invierno, sin un destino demasiado claro. El implacable avance de las fuerzas soviéticas en el este provocó que los alemanes trataran de reagrupar sus fuerzas y sus rehenes – prisioneros de guerra de muchos de los países aliados – en el territorio germano. Para René Tardi y el resto de prisioneros franceses, el avance en dirección oeste era un motivo de esperanza, ya que el reencuentro con su amada Henriette cada vez estaba más cerca.

Como en la primera entrega, la historia es narrada mediante los diálogos ficticios entre Jacques Tardi y su difunto padre, cuya voz proviene de sus diarios de los años 40. En esta ocasión, tienen una especial importancia las cuartillas con las anotaciones – incluídas en las guardas de la fantástica edición de Norma -, que permiten reconstruir el tortuoso viaje entre Hammerstein y Lille que llevó a cabo el padre del dibujante entre el 29 de enero y el 23 de mayo de 1945. Las discusiones entre padre e hijo y las preguntas que quedaron sin respuesta tienen una presencia constante y aligeran el ritmo en ciertos momentos monótono y repetitivo del cómic.

Los apuntes de René Tardi eran exhaustivos, ya que incluían las paradas que hicieron y las estimaciones de los kilómetros que recorrían en cada etapa; pero contenían, como es lógico, algunos elementos inexactos. Jacques Tardi rehízo – en coche – el camino que su padre había recorrido 70 años antes y en el epílogo él y su esposa Dominique Grange explican esta emotiva experiencia y el descubrimiento de cierta información que completaba los diarios paternos.

Además del triste y duro periplo de René Tardi, ejemplo de uno de los episodios más desconocidos de la guerra, esta obra es un gran acercamiento a la Segunda Guerra Mundial, ya que el Jacques Tardi niño le va explicando a su padre los aconteciemientos esenciales de la etapa final del conflicto: el avance soviético en el este, las victorias aliadas en el oeste, la toma de Berlín, el descubrimiento de los campos de concentración, el suicidio de Hitler… todos ellos elementos trascendentes que fueron coetáneos a la travesía de su padre.

Jacques Tardi reconstruye las experiencias de su progenitor sin dulcificarlas y sin esconder los aspectos más brutales, como el asesinato de cinco de los guardias que los custodiaban. Tardi recrimina a su padre su participación en estas acciones y al mismo tiempo muestra como éste no se arrepintió de lo que hizo junto a sus compañeros de calvario. Además, otro elemento que aleja el relato de Tardi de la versión hegemónica sobre la Segunda Guerra Mundial es la inclusión, con todo lujo de detalles, de los bombardeos aliados sobre las ciudades alemanas.

A nivel gráfico, Mi regreso a Francia mantiene la línea marcada en el primer tomo: páginas con tres viñetas alargadas predominio de los grises y gran nivel de detalle en escenarios, vestuario y armamento. La gran novedad es el uso del color, que adquiere más importancia en esta entrega. Más allá de su uso puntual para dar énfasis a algunos aspectos concretos como las banderas, el color se convierte, a medida que avanza la historia, en un elemento narrativo de primer orden: desde el uso de los fondos rojos en los momentos de mayor crueldad hasta el uso de una paleta bastante completa cuando el suplicio del camino llega a su fin.

La serie Yo, René Tardi se ha convertido ya en uno de los mejores cómics sobre la Segunda Guerra Mundial, ya que su original enfoque, centrándose en uno de los millones de  personajes anónimos que tuvieron su papel en el conflicto y la estructura dialogada entre padre e hijo, que recuerda a la canónica Maus, la convierten en una obra muy atractiva.  En un futuro cercano Jacques Tardi publicará un tercer volumen sobre su padre, que continuará con la biografía tras su llegada a Francia y que seguro que volverá a ser muy interesante. Tras ser quizás el dibujante que mejor ha retratado la Primera Guerra Mundial, Tardi demuestra que también está al nivel de los mejores autores que han trasladado al cómic el conflicto bélico más importante del siglo XX.

Spirou. El botones de verde caqui

Spirou. El botones de verde caqui, de Schwartz y Yann. (Dibbuks)

Spirou es uno de los grandes personajes del cómic franco-belga, prácticamente a la altura de Asterix y Tintín. La serie regular cuenta con más de cincuenta álbumes, pero la editorial Dupuis, que posee los derechos del personaje – a la manera de las grandes editoriales americanas con los superhéroes -, decidió crear una serie independiente en la que participaran grandes autores. Esta serie se llama Una aventura de Spirou y Fantasio por… y en este caso fueron el guionista Yann y el dibujante Olivier Schwartz los encargados de dirigir los pasos de Spirou y su amigo Fantasio.

El periplo editorial de Spirou en España ha sido bastante complejo, pero recientemente Dibbuks se ha hecho con sus derechos. Para dar el pistoletazo de salida al famoso personaje creado por Rob-Vel en 1938, nada mejor que esta historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial en la que el tradicional traje rojo del protagonista se convierte en verde caqui.

La acción se sitúa en la Bruselas ocupada por los alemanes en el año 1942. Spirou, junto con su inseparable ardilla Spip, trabaja como botones en el Hotel Moustic, que se ha convertido en el cuartel general de los invasores. Desde esta complicada posición, Spirou colabora con la resistencia belga pasando información sobre las actividades de los ocupantes. Al mismo tiempo, Fantasio, su compañero de aventuras, trabaja en el periódico Le Soir, controlado en ese momento por la Wehrmacht.

Spirou y Fantasio discuten constantemente entre ellos, ya que se reprochan su aparente colaboración con el enemigo. Fantasio desconoce la oculta labor de su amigo y piensa que Spirou es un traidor, de modo que decide centrarse en la invención de nuevas armas que puedan ayudar a Bélgica y los aliados a escapar del yugo alemán. La relación entre ambos y la lucha de Spirou por arruinar los planes alemanes, mientras estos tratan de cazar al espía desconocido que se adelanta a sus movimientos, son los dos ejes fundamentales de la trama.

El cómic está lleno de momentos muy divertidos, especialmente en los momentos de protagonismo de Fantasio; pero el contexto histórico en el que está incluido el relato, lo dota de una gran profundidad y de diversos niveles de lectura. El retrato de la Bruselas ocupada por los nazis está muy conseguido, ya que multitud de elementos muestran cómo fue la vida en la capital belga durante el conflicto bélico. El miedo de la mayor parte de la sociedad, la división que generó la invasión e incluso los aspectos más oscuros del régimen que implantaron los ocupantes tienen un lugar destacado en la obra.

Otro factor destacado del cómic es la presencia de multitud de guiños a la historia del cómic, con referencias directas a creadores como Hergé o Franquin – dibujante de Spirou y Fantasio durante más de veinte años -, pero también a personajes muy representativos del medio. El lector avezado será capaz de encontrar estos juegos en casi cada página, aunque en mi caso he necesitado una segunda lectura para ser consciente de la presencia de algunos de ellos.

El tono humorístico del cómic no resta complejidad a las reflexiones que han introducido los autores. Un ejemplo es el papel que juega la población civil en un conflicto bélico de estas características, con la difusa frontera entre el colaboracionista y el prudente, entre el temerario y el héroe. La influencia que tuvo el espionaje en la segunda guerra mundial es otro fenómeno que, aunque en clave satírica, tiene importancia en la narración. Las diferencias en el seno de resistencia belga, que en ocasiones acabaron favoreciendo al enemigo es otro tema bien reflejado, y es especialmente interesante la visión que muestran Yann y Schwartz del movimiento zazou, así como del papel del crimen organizado o del desarrollo tecnológico.

En cuanto al dibujo, Olivier Schwartz demuestra ser un digno heredero de la escuela de la línea clara. Los personajes son fieles a la tradición de Spirou, muy expresivos y dotados de un gran dinamismo. Es destacable también la profusa labor de documentación que muestra la precisión de los uniformes y de los escenarios en que se desarrolla la acción. La arquitectura y los lugares emblemáticos de Bruselas son totalmente reconocibles, igual que los aviones o las armas que portan los diversos personajes. El color de Laurence Croix consigue crear la atmósfera perfecta para un ciudad gris que está viviendo una época durísima. El apartado gráfico está a la altura del fantástico guión de Yann.

La lectura de El botones de verde caqui es realmente interesante. Una aventura llena de acción y de humor situada en un contexto histórico tan apasionante, tan crudo y tan cruel como la capital de la Bélgica ocupada por los nazis. Tristeza, alegría, humor absurdo, homenajes al cómic, pasión, acción… y todo en solo sesenta y cuatro páginas. Una obra muy recomendable.

Aleksis Strógonov

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov, de Régnaud y Bravo (Ponent Món)

Había visto varias veces el tomo integral de Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov y siempre me había llamado la atención lo que decía la contraportada: “Una auténtica obra maestra del humor negro que evoca amablemente episodios tan dramáticos como la revolución rusa de 1917, el auge del fascismo en la Alemania de los años veinte o los absurdos conflictos étnicos de los Balcanes“. Finalmente me decidí y me hice con él. Después de la lectura solamente puedo decir una cosa: gran compra.

La edición integral de Ponent Mon reúne los tres volúmenes que crearon Emile Bravo y Jean Régnaud. En el primero, titulado “Bielo”, el protagonista junto con su hermano son partícipes de la Revolución Rusa, ya que están en Bielorrusia luchando contra el Ejército Blanco. En el segundo, “Kino”, Aleksis llega a Berlín cuando la extrema derecha está empezando a coger fuerza y cuando el cine alemán se empieza a consolidar como una industria potente. Por último, “Tamo” narra las andanzas de Aleksis Strógonov en los Balcanes, en pleno ascenso de los movimientos nacionalistas.

Lo más interesante de este cómic es su acercamiento a la historia desde un punto de vista humorístico. La ironía y el absurdo tienen un lugar preponderante y, de la mano de Aleksis Strógonov, una especie de Tintín ruso, los autores nos llevan a visitar tres lugares y tres momentos esenciales para comprender el devenir del siglo XX en Europa. Comunismo, nazismo y nacionalismo han sido ideologías que han marcado profundamente la turbulenta historia del siglo pasado y el enfoque desenfadado de Régnaud y Bravo permite reflexionar ampliamente sobre las tres.

Tras el marcado sentido del humor, Bravo y Régnaud introducen una gran crítica a las grandes ideologías y a los intentos de éstas por establecerse como hegemónicas y como verdades eternas e indiscutibles. Los autores, a través del propio Aleksis, intentan explicar el contexto de la Europa de entreguerras en el que comunismo, nazismo y nacionalismo gozaron de amplia difusión.

Aleksis Strógonov es el nexo entre los diversos escenarios y los esperténticos personajes que lo acompañan a medida que su viaje avanza. El hipócrita revolucionario Bulkin, dispuesto siempre a dirigir el pueblo hacia lo que más convenga a su interés personal; el primo Ulf, que participa en las incipientes camisas púrpuras en Berlín; o Gorana Ranic, la líder de uno de los grupos guerrilleros nacionalistas de una indefinida república balcánica, son algunos de los secundarios de lujo que aparecen a lo largo de los tres álbumes.

El dibujo de Bravo, claro exponente de la línea clara, consigue que los personajes sean muy expresivos y contribuye a incrementar la comicidad de algunos fragmentos. Los escenarios están muy bien construidos y las escenas situadas en Berlín muestran la clara de intención de ser fiel a la arquitectura de la capital alemana. El vestuario también contribuye a crear la sensación de que estamos ante un cómic humorístico de época muy bien documentado.

Un aspecto muy interesante de la obra es la inclusión, en el segundo volumen, de los estudios de la UFA (Universum Film Ag), el principal estudio cinematográfico alemán del periodo de entreguerras como escenario. Buena parte de la acción de “Kino” (cine, en alemán) transcurre en este lugar. Aleksis y Dieter, su compañero de aventuras en Berlín, encuentran trabajo en los estudios y podemos ver las interioridades de un rodaje de la época con una actriz protagonista y un director bastante peculiares.

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov es un cómic bastante diferente a la mayoría de los cómics reseñados anteriormente. En esencia no es un cómic histórico, ya que el contexto tan solo es el escenario en el que se mueven los personajes; pero al mismo tiempo, el tono humorístico de la obra sirve a los autores para elaborar una poderosa crítica a la sociedad europea de los años 20, en el seno de la cual surgieron los terribles totalitarismos del siglo XX. Una lectura muy entretenida, en ocasiones muy divertida, y que gracias a su original enfoque permite que reflexionemos sobre la Europa que vivió dos guerras terribles en 30 años.

Berlín

Berlín, de Jason Lutes (Astiberri)

Con Berlín, el dibujante norteamericano Jason Lutes se embarcó en un proyecto muy ambicioso: una trilogía (24 comic-books, en realidad) sobre la capital alemana entre los años 1928 y 1933. De momento se han publicado los dos primeros volúmenes: Ciudad de piedras (1-8) y Ciudad de humo (9-16), y según el propio Lutes, el tercer volumen es problable que se publique en inglés a finales de este año.

Después de documentarse durante dos años, Lutes creó un retrato coral del Berlín del periodo de entreguerras. En el primer volumen la acción se inicia en 1928 y de la mano de un muy trabajado grupo de personajes, el autor norteamericano nos lleva hasta los sangrientos hechos del 1º de mayo de 1929. En el segundo tomo, el cómic se sitúa en los momentos posteriores a la gran manifestación y avanza hasta las elecciones de 1930 en las que el Partido Nazi se convirtió en la segunda fuerza más votada.

En un primer momento, el relato se centra en la joven Marthe Müller, recién llegada a Berlín, y su relación con el veterano periodista Kurt Severing. De la mano de fräulein Müller, Jason Lutes nos presenta la vibrante vida cultural y artística de la capital alemana.  Además Lutes crea varias tramas que avanzan en paralelo y que describen otras realidades del Berlín de la época.

La vida de los obreros está muy presente, y a través de una familia humilde que se desgarra, asistimos a la escalada de violencia que padeció la ciudad. En una gran metáfora de lo que estaba aconteciendo a nivel general en Alemania, Gudrun – la madre – se acerca a los obreros cercanos al Partido Comunista, mientras que su marido pone sus esperanzas en los violentos escuadrones nacionalsocialistas. A medida que se acerca el 1º de mayo la tensión crece en la ciudad y con la violenta represión ejercida por la policía contra los obreros que se manifiestan, Lutes pone fin al primer volumen de manera trágica.

Berlín. Ciudad de humo mantiene las tramas del primer tomo, pero además añade la visita a la capital alemana de un grupo de Jazz formado por afroamericanos. Su disipada vida de artistas y la noche berlinesa se funden para dotar de aún más profundidad al relato. Al mismo tiempo, Marthe Müller sigue tratando de encontrar su camino en un Berlín cada vez más convulso; y Kurt Severing se interesa por los hechos del 1º de mayo, de manera que los recuerdos de los participantes en la manifestación adquieren una gran importancia.

La familia de Gudrun sigue dividida y todos intentan superar sus difíciles situaciones, aunque la violencia callejera cada vez está más presente en sus vidas. Jason Lutes enriquece más si cabe la novela gráfica y otros personajes se insertan en la narración, entre los que destacan Margarethe, la ex-mujer de Severing, que introduce a Marthe en la noche berlinesa; y una familia judía, cada vez más afectada por el antisemitismo y el creciente poder de los nazis.

Es muy interesante el uso de los flashbacks que hace el dibujante norteamericano, y aunque en ocasiones cortan el ritmo de la acción principal, permiten conocer el contexto histórico en el que se forjó la República de Weimar y el Berlín de los Años 20. El final de la Primera Guerra Mundial, que provocó una gran desmovilización de las tropas alemanas – en general descontentas con los políticos -, dio origen a un nuevo sistema político democrático, muy alejado de la visión imperial del Káiser Guillermo II.

El dibujo es muy sobrio, en un blanco y negro de trazos aparentemente sencillos, pero que consigue transmitir con gran realismo los sentimientos de los personajes. La arquitectura berlinesa es la otra gran protagonista de la obra, ya que Lutes demuestra que se documentó con profusión y enmarca la acción en unas calles y unos edificios totalmente veraces.

En resumen, Berlín es un gran cómic histórico. Lutes se aleja del género biográfico o autobiográfico tan extendido en el género y crea un retrato muy realista de la capital alemana durante un periodo tan importante para la historia europea como los años comprendidos entre 1928 y 1933. Espero que Jason Lutes sea capaz de culminar esta magna obra en 2015 con un tercer volumen a la altura de los dos primeros y que Astiberri nos lo traiga lo antes posible, ya que sin duda alguna, estamos ante uno de los mejores y más complejos cómics de género histórico.

Hitler

Hitler. La novela gráfica, de Shigeru Mizuki (Editores de Tebeos, Glénat)

Los horrores del nazismo y la vida de Adolf Hitler, de la que aún se desconocen algunos aspectos, han provocado un enorme deseo por conocer en profundidad al dictador alemán. El cómic no ha sido ajeno a este interés y el nazismo y, especialmente el holocausto y los campos de concentración han sido el eje de diversas obras. Lo que hace especial la novela gráfica de Shigeru Mizuki, publicada inicialmente por capítulos en una revista japonesa en 1971, es que se centra exclusivamente en la figura de Hitler. No es la biografía definitiva del dictador alemán, pero es una buena manera de acceder por primera vez a su historia.

Creo que es especialmente atractiva para lectores jóvenes, seguramente más acostumbrados a la estética manga, ya que resume a grandes rasgos el recorrido vital del líder nazi, desde sus inicios como pintor en Viena, su paso como soldado por la Primera Guerra Mundial o sus inicios en la extrema derecha, hasta su ascensión al poder absoluto en el III Reich. Es una obra sencilla de leer, que obviamente no hace un análisis complejo de la figura de Hitler, pero es muy útil para dar un repaso breve y entretenido a uno de los personajes históricos que más interés suscitan.

A primera vista, el caricaturesco dibujo de Mizuki parece que le resta credibilidad al relato; pero a medida que se empieza la lectura ésto no es así. El dibujo de los personajes, de aparente sencillez, contrasta con el realismo de los escenarios en que transcurre la acción, que están muy documentados. Con el uso de este mecanismo, Mizuki consigue combinar la veracidad histórica con la capacidad didáctica de la narración.

Es muy interesante observar cómo el autor japonés fue capaz de relatar toda la vida de Adolf Hitler en menos de 300 páginas, sin dejar de lado ninguno de los episodios más destacados. El primer Hitler, pintor fracasado en Viena, no encuentra su lugar en el mundo y empieza a coquetear con el nacionalismo alemán. Después participa en la Primera Guerra Mundial, conflicto que como muestra Mizuki, le marcó profundamente.

A continuación, el relato se centra en la etapa, seguramente, más importante para comprender cómo un personaje de la calaña de Adolf Hitler pudo llegar a tener en sus manos el destino de gran parte del mundo. Los contactos con los grupos de extrema derecha en Múnich, su participación en el golpe de estado fallido del 23, el paso por la cárcel, donde escribió su libro Mein Kampf, y el ascenso hasta el poder absoluto en el Partido Nacionalsocialista tienen un lugar destacado en la novela gráfica. Pero Mizuki también intenta reconstruir la vida privada del dirigente nazi, centrándose especialmente en la relación con su sobrina.

Los últimos capítulos del cómic están dedicados a la Segunda Guerra Mundial y a las decisiones militares de Hitler. En mi opinión, el único problema de la biografía es el poco peso que tienen el holocausto y los campos de concentración, que aparecen, pero de forma tangencial. El final, por todos conocido, con el suicidio del dictador en el búnker de Berlín, refleja acertadamente cómo debieron ser los últimos días de un Hitler ya completamente fuera de sí.

Por último, tan solo recordar que si buscáis una biografía de Adolf Hitler que analice en profundidad la vida y obra del protagonista, es mejor que busquéis una de las múltiples biografías que de él han confeccionado prestigiosos historiadores. En cambio, si queréis tener una visión general y entretenida de su biografía, Hitler. La novela gráfica es una gran opción. La recomiendo especialmente para estudiantes y profesores, ya que es un tema que siempre provoca fascinación y, generalmente, en los programas de estudios no tenemos suficiente tiempo para tratar este tema extensamente.

Auschwitz

Auschwitz, de Pascal Crocci (Norma Editorial)

Maus mostró, de manera magistral, las posibilidades del cómic para hablar de un tema tan trascendente como el Holocausto. Art Spiegelman decidió recuperar los recuerdos de su padre mediante el uso de animales antropomórficos. El acercamiento de Pascal Croci a los terribles actos cometidos en los campos de concentración es muy diferente, ya que lo hace a través del marcado realismo de los escenarios y de las figuras humanas, especialmente las víctimas, con un aire fantasmal.

Croci mezcla historia y ficción para relatar algunos episodios que acontecieron en los campos. Después de entrevistarse con varios supervivientes, Croci dibuja algunas escenas, que aunque ya ampliamente conocidas (algunas de ellas parecen directamente sacadas de La lista de Schindler), siguen mostrando con crudeza la barbarie que aplicó el III Reich para conseguir su Solución final.

Aunque la historia de ficción, en mi opinión, no está a la altura de lo que intenta transmitir Pascal Croci; el fantástico dibujo de esta obra sí que consigue trasladarnos a ese terrible lugar que fue Auschwitz-Birkenau. El blanco y negro, los estilizados cuerpos y las caras angulosas de los prisioneros crean una atmósfera en la que el horror está presente en todo momento.

Algunos de los hechos -verídicos- que dibuja el autor son espeluznantes: la niña que sobrevivió a las cámaras de gas (relatada por un superviviente en Shoah, el documental de Claude Lanzmann); la llegada de los trenes al andén central de Birkenau; las actuaciones de los Kapos, que se aprovechaban de los recién llegados; o los actos de crueldad totalmente gratuitos de los SS que controlaban Auschwitz.

En definitiva, Auschwitz es un cómic correcto, con un dibujo bastante espectacular. Que la parte de ficción no esté a la altura del resto, no impide que sea una obra interesante para tener una visión rápida, sencilla y bastante realista sobre el Holocausto y los campos de concentración. En este caso, creo que puede ser una buena lectura para los y las jóvenes que tengan interés en esta parte tan oscura de la Historia reciente. Quizás para el lector adulto e informado, el conjunto de anécdotas sea algo superficial, pero aún así, su lectura es recomendable.