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La virgen roja

La virgen roja, de Mary M. Talbot y Bryan Talbot (La Cúpula)

Tras los brillantes La niña de sus ojos Sally Heathcote. Sufragista, el matrimonio Talbot ha vuelto a realizar un cómic histórico con perspectiva de género. En esta ocasión han recurrido a una estrategia diferente, y mientras en La niña de sus ojos mezclaban la memoria familiar de Mary Talbot con la biografía de Lucía Joyce y en Sally Heathcote. Sufragista crearon un personaje ficticio para retratar el movimiento sufragista, en La virgen roja han recreado la biografía de Louise Michel, una de las figuras más importantes de la Comuna de París y del anarquismo de finales del siglo XIX.

Como en sus anteriores obras, Mary Talbot ha vuelto a apostar por una trama no lineal. En este caso, asistimos a un encuentro entre la famosa feminista norteamericana Charlotte Perkins Gilman y la hija de una de las compañeras de Louise Michel. Su conversación, centrada en la revolucionaria, va repasando los momentos más decisivos de su vida. La primera parte me ha parecido un poco confusa, pero poco a poco las piezas van encajando y hacia la mitad de la obra la lectura se hace mucho más placentera.

El relato propiamente histórico se inicia en el Montmartre de 1870, en plena guerra franco-prusiana. El régimen de Napoleón III chocó con las ambiciones de la pujante Prusia y el pueblo francés pagó las consecuencias del enfrentamiento. Mary y Bryan Talbot retratan con crudeza las condiciones de vida de los parisinos más humildes, entre los que se encontraba la protagonista del cómic. El caldo de cultivo era ideal para que se produjera un estallido revolucionario y Louise Michel estuvo desde el principio en primera linea.

La capitulación del gobierno, que se refugió en Versalles, provocó la indignación de la población y en el momento en que el ejército trató de requisar los cañones que controlaba la milicia popular, el enfrentamiento entre franceses estalló. Las páginas que recrean estos momentos decisivos son las más emocionantes del cómic y consiguen que nos sumerjamos en la acción. El control popular de la ciudad, a pesar de la diversidad de idelogías que defendían los revolucionarios, desembocó en la denominada Comuna de París.

Los escasos dos meses en que la Comuna dominó París permitieron a Louise Michel impulsar algunas de sus ideas: nacionalización de las viviendas vacías para alojar a las familias más necesitadas, creación de guarderías públicas, impulso a la participación de la mujer en el ámbito público… La autogestión de una gran ciudad como París era un ejemplo muy poderoso y las élites no permitieron que prosperara. La represión fue terrible y las oscuras dobles páginas con que Bryan Talbot la ilustra, muestran su crudeza y la desesperación que Michel debió sentir.

Como muchos de sus compañeros y compañeras Louise Michel fue juzgada por su implicación en la insurrección, aunque su notoriedad consiguió que no fuera condenada a muerte. En el juicio la revolucionaria se dirigió al tribunal con las célebres palabras: «Dado que parece que todo corazón que late por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir no dejaré de clamar venganza y de denunciar, en venganza por mis hermanos…» 

Fue condenada al destierro a la colonia penal de Nueva Caledonia, en Oceanía, junto con algunos de sus compañeros communards. Allí entró en contacto con Nathaniel Lemel, una activista que la influyó en gran medida y que propició su acercamiento al anarquismo. Su mente inquieta y brillante la llevó a colaborar con el Instituto Geográfico de París con sus observaciones sobre la flora y la fauna de las islas. Además, mostró un gran interés en conocer y defender los derechos de los canacos, los nativos de Nueva Caledonia. Llegó incluso a apoyarlos en su rebelión anticolonial, hecho que la distanció de la mayor parte de sus compañeros.

Su regreso a Francia, tras siete años de destierro, fue un gran acontecimiento. Se convirtió en una figura querida y admirada por las clases populares, en el símbolo de aquella maravillosa utopía que fue la Comuna. Pese a su edad avanzada, Louise Michel siguió luchando por los derechos de la mujer, por el laicismo, por la igualdad de todos los franceses… Era un personaje muy incómodo, participaba activamente de todas las protestas, y por ello entró y salió de la cárcel en diversas ocasiones. Los sectores más conservadores de la sociedad francesa la odiaban profundamente, como demostró el ataque que sufrió en 1888 por parte de un monárquico. Su activismo la acompañaría hasta el final de sus días, cuando ya estaba considerada como una de las figuras más importantes del anarquismo europeo.

La importancia de la biografía de Louise Michel es obvia, pero el cómic va más allá. El título de la versión inglesa es The Red Virgin and the Vision of Utopia, hecho que prueba la importancia que dan los autores al concepto de utopía. Esta hace referencia a la Comuna, pero también a la literatura de ciencia ficción de corte utópico, de la que Michel era una gran lectora. La conversación entre Charlotte Perkins Gilman y su anfitriona parisina está llena de referencias literarias y de debates en torno a la visión del futuro que tenían diversos autores. El inicio y el final del cómic, con la presencia del inventor Franz Reichelt, también llevan a la reflexión sobre la utopía y los límites del ser humano. Una bella y trágica metáfora.

La parte gráfica de la obra, a cargo de Bryan Talbot – esta vez en solitario -, sigue la estela de sus anteriores trabajos. Las dos lineas argumentales están trabajadas de formas diferentes, siempre con el contraste entre el blanco y el negro como elemento predominante. Composiciones de página variadas, en muchos casos con viñetas sin marco, dobles páginas muy espectaculares y el uso del color rojo para dotar de fuerza a elementos como la sangre o las banderas son los elementos más destacados del trabajo de Talbot. Es muy destacable también la versatilidad del dibujo del británico, capaz de retratar con acierto el ambiente urbano de París o las paradisíacas islas oceánicas.

La virgen roja es un cómic realmente interesante. En mi opinión no está a la altura de las excelentes obras anteriores del matrimonio Talbot, pero el nivel sigue estando por encima de la media. La figura de Louise Michel, muy desconocida para mí, es presentada de forma acertada, aunque quizás hubiera sido necesario enlazar los grandes acontecimientos de su vida mediante una explicación un poco más detallada de su evolución personal. A pesar de estas lagunas, la lectura es más que recomendable. La Comuna de París es uno de esos hechos históricos prácticamente sepultados en los libros de Historia – pienso especialmente en los libros de texto -, y este cómic es una buena manera de acercarse a un acontecimiento trascendente que dejó una huella tanprofunda.

 PD: En el siguiente enlace podéis leer las primeras páginas del cómic.

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La mujer rebelde

La mujer rebelde. La historia de Margaret Sanger, de Peter Bagge (La Cúpula)

Hasta La mujer rebelde no había leído nada de Peter Bagge. Cuando tratando de documentarme para escribir este texto he visto que estaba considerado como uno de los grandes del cómic underground – de ahí que me sonara mínimamente el nombre – me he llevado una agradable sorpresa. Parece difícil encontrar el nexo de unión entre Bagge y Margaret Sanger, la protagonista del cómic, pero es el propio dibujante quien en un texto titulado ¿Por qué Sanger?, incluido al final del cómic, nos da las claves: Margaret Sanger tuvo un papel fundamental en las luchas feministas de inicios del siglo XX y su legado ha llegado hasta nuestros días, pero al mismo tiempo su figura ha sido muy malinterpretada.  Peter Bagge quería dar a conocer su figura y transmitir su propia visión sobre el personaje, para lo que creó una obra realmente interesante.

Margaret Sanger nació en 1879 en el seno de una familia muy numerosa – once hermanos – en Nueva Jersey. Sus padres tenían ascendencia irlandesa y formación católica, aunque su progenitor se alejaría bastante joven de la religión y se convertiría en ateo practicante. Además, Michael Hennessey Higgins – el padre – era un convencido socialista que defendía el sufragio universal y la educación pública. Las ideas paternas y el sufrimiento de su madre, a causa de los dieciocho partos que afrontó, marcaron profundamente a la joven Margaret.

Peter Bagge recorre la infancia y juventud de la protagonista mediante episodios aislados que le permiten presentar los elementos que formarían su personalidad y su activismo futuros. Son especialmente memorables la visita que lleva a cabo con su padre, cantero de profesión, a la tumba de su hermano pequeño o las dificultades que tuvo que afrontar en el instituto. Su dedicación a la familia era plena, pero al mismo tiempo era consciente que debía estudiar para labrarse un futuro. Con la ayuda de sus hermanas, a las que estuvo toda su vida muy unida, pudo conseguirlo.

Margaret Sanger estudió enfermería y con su trabajo en algunas de las zonas más deprimidas de la región de Nueva York llegó a una conclusión: la vida de las mujeres no mejoraría hasta que pudieran decidir libremente sobre su maternidad. Empezó aconsejando a sus pacientes, de forma clandestina, sobre cómo evitar embarazos no deseados y poco a poco se fue convirtiendo en una ferviente defensora del control de la natalidad. A finales del siglo XIX y principios del XX defender este tipo de ideas era algo totalmente revolucionario y Sanger fue perseguida por ello.

Margaret Sanger pasó a ser una figura pública que mostró un gran dominio de la opinión pública y pese a no ser una gran oradora, conseguía que sus actos y sus discursos tuvieran una gran repercusión. Las fuerzas más conservadoras de la sociedad americana trataron siempre de difamarla y de frenar la difusión de sus ideas, provocando que incluso tuviera que exiliarse durante unos años a Europa para escapar a una condena totalmente injusta.

Algunas de sus ideas son muy controvertidas hoy en día, especialmente su defensa de la eugenesia, y también se la acusa entre otras cosas de racista. Peter Bagge no rehúye estas polémicas, al contrario, y presenta a una Sanger compleja, con claroscuros y muy enraizada en la mentalidad de su época, donde lo políticamente correcto aún no dominaba todos los discursos.

Asimismo, su vida personal tiene una gran presencia en el cómic. La relación con sus padres, con sus hermanos y sus hermanas y, finalmente, con su marido y sus hijos salpican de anécdotas toda la trama. Bagge las emplea para humanizar al personaje y para mostrar cómo su vida pública afectó en gran medida a sus relaciones familiares.

Para quienes hayan leído obras anteriores de Peter Bagge, imagino que el dibujo y el color de La mujer rebelde no serán una sorpresa, ya que se mantiene bastante fiel a su estilo. En mi caso sí que lo fue, ya que encontrar un cómic biográfico tan serio – en el mejor sentido de la palabra – con un aire tan caricaturesco me pareció muy original. Los cuerpos alargados, las extremidades curvilíneas y ese aspecto tan de cartoon consiguen crear una sensación de ligereza que contrasta con el contenido y las profundas reflexiones que conforman la obra. Los personajes son tremendamente expresivos y el uso de colores tan planos, aunque parezca mentira, consigue crear las atmósferas adecuadas para que la acción fluya.

Con La mujer rebelde estamos ante una de esas obras que podrían – deberían – incluirse en los planes de estudio de secundaria. Los inicios del feminismo, la reflexión en torno al control de la natalidad, la situación de las mujeres y las desigualdades entre ellas según su clase social, el papel de la Iglesia en la sociedad y muchos otros temas tienen importancia en el cómic. Los textos de apoyo que incluye el autor son muy interesantes, tanto el mencionado al inicio de la reseña, en el que Bagge reflexiona sobre Margaret Sanger como personaje histórico y sobre su consideración actual, como la profusa cronología al final del libro. Aquí podéis leer unas páginas de muestra.

Una gran novela gráfica sobre una de tantas grandes mujeres que la Historia y la sociedad patriarcal en que vivimos han ido arrinconando hacia el olvido.

La niña de sus ojos

La niña de sus ojos, de Mary y Bryan Talbot (La Cúpula)

Mary Talbot es una prestigiosa académica dedicada a los estudios de género. Hija de James S. Atherton, uno de los mayores expertos en Joyce, y casada con el dibujante Bryan Talbot, decidió dar su primer paso en el mundo del cómic con el guión de La niña de sus ojos. Es una obra tremendamente original, ya que no es ni una autobiografía ni una biografía al uso, sino que establece un paralelismo entre su propia vida y la de Lucía Joyce, ambas bajo la influencia de unas figuras paternas que las marcaron profundamente.

El cómic utiliza tres tiempos distintos para situar la acción: en primer lugar, el pasado más reciente, con una Mary Talbot ya adulta, que se decide a crear esta obra; en segundo término, los primeros años de vida de la protagonista, hasta que se convierte en madre; y, por último, la juventud de Lucía Joyce, durante los años 20 y 30 del siglo XX.

La linea argumental centrada en la infancia de Mary Talbot nos lleva a la Inglaterra de posguerra y nos presenta las estrecheces que pasaba la familia Atherton. La relación padre-hija es el eje de la narración, ya que sus hermanos mayores se fueron pronto de casa, y Mary se quedó sola con sus progenitores. Pero la narración también nos permite conocer la situación socioeconómica general y, especialmente, la situación de la mujer en esos oscuros años. Las desigualdades, que se iniciaban ya con la segregación escolar, afectaban a la población femenina en todos los ámbitos de su vida, como vamos viendo a medida que avanza el relato.

En cuanto a Lucía Joyce, la acción nos traslada al París de los años 20, donde vemos desfilar a la élite artística y literaria de la época. Es evidente la identificación de Mary Talbot con Lucía, aunque el retrato que hace de su propio padre es más duro que el que hace de James Joyce. De nuevo la relación padre-hija vuelve a ser fundamental, pero en este caso, la influencia de Nora, la madre de Lucía, es mucho mayor, pese a que su catolicismo feroz la lleva a defender posturas aún más conservadoras que las de su marido.

La hija del escritor irlandés se convirtió en una bailarina de éxito, pero el rechazo familiar a la danza como actividad artística acabó provocando que la abandonase. La discriminación que sufrió Lucía por el hecho de ser mujer, evidente en la comparación con su hermano Giorgio y con la que su madre estaba totalmente de acuerdo, le acabó generando problemas psicológicos. La tormentosa relación que mantuvo con Samuel Beckett, quien ejercía como secretario de su padre, fue la gota que colmó el vaso y la familia decidió que Lucía debía ser internada en un sanatorio mental. Fue el inicio a más de 40 años vagando por este tipo de instituciones y el final de una carrera artística prometedora que fue destruida.

Las diferencias que existen entre los acontecimientos que vivieron ambas protagonistas, no impiden que el cómic plasme con claridad las ideas de Mary Talbot. La denuncia de las injusticias que han sufrido – y aún sufren – las mujeres es la línea de continuidad de la obra. Pero además, muchos otros temas tienen cabida en las escasas 100 páginas de las que consta La niña de sus ojos: las relaciones paterno-filiales, la vida del artista, la vocación, e incluso la influencia de la religión en la vida personal.

El apartado gráfico, como en otras obras de Bryan Talbot (Sally Heathcote. Sufragistatambién en el blog) es muy interesante. El elemento más destacado es el uso del color, ya que cada uno de los tres tiempos en que se sitúa la acción tiene unas características diferentes: la Mary Talbot actual aparece en viñetas influenciadas por la línea clara y con un uso del color bastante convencional; su infancia y adolescencia están representadas mediante viñetas sin marco, composiciones de página más originales y tonos sepia, con puntuales elementos coloreados para darles énfasis; por último, la trama centrada en Lucía Joyce, mantiene la estructura de la segunda parte, pero esta vez con tonos grises, negros y azulados.

El uso  de tres tipos de dibujo diferentes muestra el gran dominio técnico de Bryan Talbot, así como su voluntad de encontrar el estilo más idóneo para cada una de las subtramas. Las tres funcionan perfectamente, aunque son las centradas en el pasado de la guionista y de Lucía Joyce las más brillantes. Un aspecto concreto que ha llamado mi atención y que me ha parecido muy acertado es el uso de notas al pie para introducir los comentarios de Mary Talbot sobre los dibujos de su marido, ya que en ocasiones estos no son fieles a sus recuerdos, y nos lo hace saber mediante frases muy divertidas.

En definitiva, La niña de sus ojos es una lectura totalmente recomendable por multitud de aspectos, desde sus aportaciones históricas hasta sus reflexiones sobre las desigualdades de género. Pero creo que el elemento más original es la creación de una novela gráfica que incluye una biografía, una autobiografía y las memorias personales de la autora sobre las circunstancias en que el propio cómic fue elaborado. De momento la unión del matrimonio Talbot en el cómic ha producido dos obras de mucho nivel sobre temas frecuentemente olvidados, espero que sean los primeros de muchos que están por llegar.

Cuerda de presas

Cuerda de presas, de Jorge García y Fidel Martínez (Astiberri)

La recuperación de la memoria histórica es uno de los grandes temas que la Transición a la democracia en España no afrontó. La muerte del dictador en la cama pospuso el debate hacia el futuro, pero 40 años después la sociedad española en su conjunto aún no ha afrontado esta cuestión. La derecha político-mediática acusa a la izquierda de reabrir heridas del pasado y en muchas ocasiones ha conseguido imponer su visión parcial de la memoria. Por fortuna, en los últimos años, muchos han sido los artistas e intelectuales que han tratado de dar a conocer nuestra historia. El cómic ha tenido un papel importante en esta labor, y con Cuerda de presas  Jorge García y Fidel Martínez consiguieron crear uno de los momentos culminantes de esta corriente.

A diferencia de otras obras reseñadas anteriormente como Un largo silencio, Yo, René Tardi El arte de volar en las que la implicación de los autores era directa, ya que narraban las vivencias de sus padres en la Segunda República y la Guerra Civil o en la Segunda Guerra Mundial; Cuerda de presas retrata las cárceles franquistas de la inmediata posguerra y la represión que padecieron miles de mujeres, las habituales grandes olvidadas de la Historia. García y Martínez utilizan historias cortas para crear un reflejo general del mundo carcelario de los años 40, y de esta manera nos permiten observar diferentes cárceles y situaciones muy diversas, que en conjunto denuncian la barbarie franquista de forma global.

El cómic está compuesto por once historias diferentes, aunque entre algunas de ellas existe cierta continuidad. Cada una tiene un enfoque diferente, pero todas tienen en común la crudeza con que narran las terribles experiencias que padecieron miles de mujeres en los años iniciales de la posguerra. La realidad de las cárceles de la época se entremezcla con los recuerdos de algunas de las protagonistas, que décadas después aún sufren las consecuencias de sus castigos.

La diversidad de historias permite acercarnos a la historia desde diferentes perspectivas: la vida cotidiana en las cárceles, el papel de las autoridades y de las religiosas que generalmente las dirigían, los terroríficos traslados o la explotación laboral de las prisioneras son algunos de los temas tratados con maestría por Jorge García y Fidel Martínez.  Además de los hechos en sí, son especialmente interesantes los silencios y los momentos de reflexión, ya que las historias nos interpelan directamente y en muchos casos hacen que nos estremezcamos.

A nivel gráfico, el trabajo de Martínez es fantástico. El blanco y negro permite crear una atmósfera claustrofóbica que funciona perfectamente como metáfora del encierro de tantas mujeres. El trazo, aparentemente sencillo, crea personajes con mucha expresividad, que transmiten de forma excelente sus sentimientos. Por momentos el dibujo me ha recordado a Miguel Gallardo y a Javier Olivares, aunque el estilo de Fidel Martínez es muy característico.

Cuerda de presas es otra de esas obras que debería postularse como lectura obligatoria en la educación secundaria. La Historia ha dejado en muchas ocasiones a las mujeres en un segundo plano y la historiografía sobre la guerra civil y el franquismo no ha sido una excepción. Aún viven auténticas heroínas como Neus Català o Maria Salvo que deberían tener una calle en cada pueblo, pero que no han recibido el reconocimiento que merecen. El cómic de Jorge García y Fidel Martínez puede realizar un gran papel en este sentido, ya que por un lado saca a la luz una realidad muchas veces olvidada, cuando no silenciada, y también es un homenaje a toda una generación de mujeres que lucharon por la libertad y contra el fascismo y pagaron por ello un alto precio.

Modotti. Una mujer del siglo XX

Modotti. Una mujer del siglo XX, de Ángel de la Calle (Sins Entido)

Tina Modotti fue una fotógrafa, activista comunista, actriz y modelo, entre otras cosas, de origen italiano, que fue partícipe directa de buena parte de los acontecimientos históricos más importantes de la primera mitad del siglo XX. Si hubiera nacido hombre, seguramente sería una figura mundialmente conocida, pero como nació mujer su vida ha tenido muy poca repercusión. Ángel de la Calle, gran conocedor de sus peripecias, trató de dar a conocer a Tina Modotti con la publicación de Modotti. Una mujer del siglo XX en 2003. Posteriormente, también en Sins Entido, el cómic fue reeditado en 2007 y 2011.

El cómic de Ángel de la Calle no es una biografía al uso, ya que el relato se estructura en dos ejes: la vida de Tina Modotti y el proceso de investigación que llevó a cabo el autor. Las dos tramas se van combinando, de forma que vemos las interesantes reflexiones de De la Calle y su uso y crítica de las biografías existentes, a medida que avanza la historia personal de la fotógrafa. Además, para enriquecer aún más la historia, ésta no sigue un orden cronológico estricto, de modo que la vida de Modotti se va construyendo como si fuera un puzzle.

Tina Modotti se trasladó con su familia a la costa oeste de los Estados Unidos desde el norte de Italia, a inicios del siglo pasado, como cientos de miles de sus compatriotas. De manera bastante casual acabó trabajando como actriz en el Hollywood del cine mudo y gracias a los contactos que estableció allí, pasó a relacionarse con artistas de diversas disciplinas. Se trasladó a México donde, de la mano de Edward Weston, inició su carrera como fotógrafa. Desde una fotografía más artística, sus intereses derivaron hacia los temas sociales, con las grandes desigualdades de la sociedad mexicana de la época como eje central de su fotografía.

Se relacionaba con la élite cultural del país y pronto entró el Partido Comunista. La persecución a la que los miembros del Partido eran sometidos, la llevó a establecerse en Europa. Berlín y Moscú, la Asturias del 34 y, posteriormente, la Guerra Civil española fueron los escenarios en los que Modotti se implicó plenamente, poniendo su vida en peligro en multitud de ocasiones. Su participación en el Partido Comunista, en plenos años 30, era cada vez mayor – llegó a hacer diversas misiones para el Cominform -, e incluso fue la causa de su abandono de la fotografía.

Su participación en grandes acontecimientos históricos, sus relaciones – de todo tipo – con los y las mejores artistas de su época y su misteriosa muerte, junto con el ritmo del guión, hacen que la lectura de la novela gráfica te atrape. Después de leerla, solo una pregunta me vino a la cabeza: “¿Cómo es posible que no conociera la historia de Tina Modotti?”.  Volviendo al inicio, creo que su condición de mujer contribuyó a que no fuera una figura demasiado conocida. Un hombre que hubiera vivido una cuarta parte de las cosas que vivió Modotti tendría multitud de libros y películas glosando sus hazañas.

Además, otro aspecto destacado del cómic es que Tina Modotti es la protagonista real de su vida, es ella la que toma sus propias decisiones, en todos los ámbitos. Es ella la que se enfrenta al machismo imperante en la época y la que en muchas ocasiones vence. Ella es la gran mujer y no está detrás de ningún hombre, al contrario, son ellos los que están tras Tina, invalidando la tópica frase.

El apartado gráfico del cómic es correcto, aunque no es la parte más destacada de la obra. El blanco y negro funciona bien, así como los fondos desdibujados o inexistentes, en ocasiones, que permiten hacer énfasis en la acción y en los diálogos. Quizás sería mejorable el dibujo de los personajes secundarios, ya que ante su gran número y su parecido, en ciertos momentos se hace difícil distinguirlos. Uno de los elementos más interesantes es la inclusión de dibujos de muchas fotografías de Modotti, de manera que además de conocer su vida también nos introducimos en su obra artística.

Los anexos que incluye el cómic (Edición de 2011) son la guinda del pastel, ya que incluyen un texto de Tina Modotti sobre la fotografía, una docena de sus fotografías más valiosas y un epílogo de Paco Taibo sobre la obra de Ángel de la Calle y sobre el periplo de ambos – Taibo también aparece en la obra – durante la investigación para elaborar el cómic. Una gran lectura y un gran personaje, que todos y todas deberíamos conocer.

Sally Heathcote. Sufragista

Sally Heathcote. Sufragista, de Mary Talbot, Bryan Talbot y Kate Charlesworth. (La Cúpula)

La lucha de las mujeres por conseguir el derecho a voto es uno de esos episodios que suele aparecer como un breve o como una actividad complementaria en los libros de texto. Ante esto, desde que empecé a dar clases de Historia, siempre he tratado de resaltar la importancia de este hecho fundamental en la historia del siglo XX. En mi anterior blog escribí un texto (en catalán) en el que resumo el largo camino hacia el sufragio femenino. En una época en que damos el voto de las mujeres por descontado y en que nos llenamos la boca con la palabra igualdad cuando aún vivimos en una sociedad en que las mujeres sufren discriminación en muchos ámbitos, la publicación de Sally Heathcote. Sufragista es una gran noticia.

Mary M. Talbot, académica muy reconocida en temas de género y que está vinculada al mundo del cómic a través de su marido, el dibujante británico Bryan Talbot, es la guionista de la obra. El dibujo corre a cargo de Kate Charlesworth y del propio Bryan Talbot. Juntas decidieron crear una obra que reflejara la lucha del movimiento sufragista británico, las suffraggettes, en los años inmediatamente anteriores a la Primera Guerra Mundial.

Uno de los elementos más interesantes del cómic es la creación de una protagonista ficticia, Sally Heathcote, que permite a las autoras recrear desde dentro el movimiento sufragista. Por tanto, en un claro homenaje a la multitud de mujeres anónimas que se implicaron activamente en el movimiento, este cómic no es una biografía al uso de una de sus grandes figuras. Sally, una chica de clase trabajadora de Manchester, entra a trabajar en el servicio doméstico de Emmeline Pankhurst, fundadora de la Women’s Social and Political Union (WSPU). Su contacto constante con las mujeres que están luchando por conseguir el sufragio femenino hace que Sally se vaya implicando cada vez más en su lucha.

La acción se inicia a finales de los años 60 con una Sally Heathcote ya anciana que recuerda sus días de lucha, pero rápidamente las autoras nos trasladan a la Inglaterra de inicios de siglo. Mediante continuos flashbacks y flashforwards asistimos a los momentos cumbre de la lucha de las sufragistas. La aparición de las figuras más destacadas del movimiento y sus disputas internas afectan directamente a la vida de la protagonista, que además sufre el brutal machismo de la época en su vida cotidiana.

El pacifismo que practican las sufragistas en la primera etapa de su lucha no consigue ningún resultado efectivo y, a pesar de las tensiones que provoca en su seno, la WSPU apuesta por la acción violenta como método reivindicativo. Su forma de llamar la atención de unas élites políticas que las desprecian y las humillan es atacar la propiedad, el elemento más sagrado en la Inglaterra de la primera década del siglo pasado. Los ataques a escaparates o a las casas de algunos líderes políticos acaban derivando en acciones directas contra los responsables de la discriminación que sufren las mujeres.

Ante esta escalada, la represión por parte de los sucesivos gobiernos es brutal. Las luchadoras sufren un trato execrable por parte de la policía y muchas de ellas son enviadas a la cárcel, donde su situación es terrible. Su respuesta es clara: huelgas de hambre; la lucha sigue. Pero el gobierno no cede y las alimenta por la fuerza, de la manera más cruel imaginable. Aún así estas auténticas heroínas modernas no desfallecen.

La mayor parte de la sociedad, incluidas muchas mujeres, está muy influida por la visión que muestran los medios de comunicación, hecho recogido también en el cómic. Sally Heathcote es testigo y sufre en primera persona los ataques tanto policiales como de numerosos hombres contrarios a la igualdad política. Las autoras nos ponen en la piel de Sally y sus compañeras y asistimos, en primera persona, a momentos espeluznantes.

La llegada de la Primera Guerra Mundial supone un punto de inflexión para el movimiento, ya que la tensión entre el pacifismo y el patriotismo y la implicación de las mujeres inglesas en la retaguardia del conflicto hacen cambiar mucho las cosas. Los recuerdos de Sally Heathcote ilustran una lucha frecuentemente ignorada, como muestra el pasotismo de su nieta ante la posibilidad de ir a votar por primera vez.

El apartado gráfico del cómic está, también, a un nivel altísimo. El uso del blanco y negro dota a la obra de la atmósfera gris de la época y permite recrear con gran veracidad los escenarios en los que se sitúa la acción, con un gran protagonismo del Londres eduardiano. Las composiciones de página, como se puede observar en las imágenes anteriores son tremendamente sugerentes, especialmente cuando la acción se escapa de los marcos de las viñetas.

Pero el toque mágico se lo da el uso del color. El cabello pelirrojo de Sally hace al personaje inconfundible, como sucede con el abrigo violeta de Emmeline Pankhurst, y además facilita el seguimiento de la acción, ya que permite distinguir a los principales entre la multitud de personajes femeninos. La recreación de las insignias y los folletos de la WSPU, siempre con el violeta y el verde acompañando al blanco, dotan de verosimilitud y le dan mucha fuerza a la lucha de Sally Heathcote. Por último, vale la pena fijarse en las portadas de las diferentes partes en que las autoras dividen la obra y en las páginas de periódico y las cartas que hacen de Sally un personaje histórico en un contexto perfectamente construido.

Sally Heathcote. Sufragista es una novela gráfica que te atrapa y que consigue trasladarte a un periodo de la historia reciente decisivo para comprender el mundo en el que nos ha tocado vivir. Los anexos, que incluyen una completa cronología de la lucha del movimiento sufragista y las completas notas con las traducciones de todos los lemas, pancartas y panfletos son la guinda del pastel. Además, por si aún tenéis dudas, podéis echar un vistazo a las primeras páginas del fantástico trabajo que han realizado los Talbot y Charlesworth. Esta es una de esas obras que entran en el selecto grupo de cómics que deberían ser de lectura obligatoria en la educación secundaria.