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El club del divorcio

El club del divorcio, de Kazuo Kamimura (ECC Comics)

Kazuo Kamimura ganó el premio al patrimonio en el Festival de Angoulême de 2017 por El club del divorcio. La obra fue publicada originalmente en la revista Weekly Manga Action entre los años 1974 y 1975 de forma semanal y en total está compuesta por cuarenta episodios. Kamimura, pese a su corta vida – falleció a los 46 años de edad -,  fue un autor muy influyente en el manga adulto – gekiga – y fue considerado un maestro por autores como Jiro Taniguchi. Su obra Lady Snowblood inspiró a Quentin Tarantino para crear su archiconocida Kill Bill. Tras el éxito cosechado por El club del divorcio en Francia y también en Italia, donde el festival de Lucca le dedicó una exposición, la editorial ECC, que en 2015 ya editó Historia de una geisha, decidió publicar a finales del pasado año el manga completo recopilado en dos cuidados volúmenes.

Yuko es la protagonista del relato. Tiene 25 años, una hija pequeña y un gran estigma para el Japón de su época: está divorciada. Pese a que en los años setenta el divorcio era legal en Japón, las mujeres divorciadas tenían que afrontar realidades terribles. Generalmente su situación económica era muy delicada, ya que habitualmente tenían una dependencia total de su marido, hecho que se agravaba por la dificultad de encontrar trabajo. Además tenían que lidiar con el rechazo social, en muchos casos por parte de su propia familia. Esta doble discriminación provocaba que en innumerables ocasiones estas mujeres se vieran obligadas a prostituirse o, si eran afortunadas, a trabajar en un local como el que regenta Yuko, donde las mujeres solo entretenían y hacían compañía a los clientes.

El tono de denuncia de Kamimura es evidente. La inclusión de estadísticas oficiales de la época permite que seamos conscientes de la realidad de estos años para las mujeres japonesas. La historia de Yuko, asimismo, muestra también con crudeza los efectos de la crisis económica que azotó Japón en la década de los setenta, a consecuencia de la Crisis del Petróleo. Es una mujer valiente, capaz de gestionar y dirigir su propio negocio en un ambiente tremendamente machista, pero la crisis es para ella un enemigo muy poderoso. Solo gracias a su abnegado esfuerzo y a un poderoso patrón podrá salvar su negocio.

La conciliación laboral y familiar era algo totalmente utópico en esos años y Yuko se ve obligada a dejar a su hija con su propia madre. Las tres generaciones sirven a Kamimura para describir la posición de la mujer japonesa en la sociedad de la época y para enfatizar la problemática que padecían las mujeres como Yuko. Su madre no acepta la vida que lleva y se lo recrimina constantemente. Para empeorar aún más las cosas, el exmarido de Yuko, un músico melancólico y fracasado aparece ocasionalmente y desestabiliza a Yuko y a su hija. El triángulo se cierra con Ken, el joven camarero que trabaja en el club, pérdidamente enamorado de Yuko y de oscuro pasado, que Kamimura utiliza para mantener la tensión a lo largo de la trama, que recordemos, fue creada originalmente como capítulos semanles.

El club del divorcio es un cómic complejo y cargado de detalles, que bien merece una segunda lectura para tomar conciencia de su magnitud. El retrato de la sociedad japonesa de los años setenta y la historia personal de Yuko se entrecruzan y generan multitud de momentos muy emotivos. A nivel histórico es una obra realmente interesante para observar la situación de la mujer en una época muy determinada, pero también para comprender la evolución económica y social de Japón en las pasadas décadas. Algunos de los elementos que más adelante provocaron un gran estancamiento económico y que al mismo tiempo convierten al Japón de hoy en día en un lugar que provoca fascinación ya se vislumbran en la obra de Kamimura.

Uno de los detalles más llamativos del cómic es la visión que muestra el autor de su propio gremio: los dibujantes de manga – mangakas -. Él mismo se retrata como uno de los clientes que visitan el local de Yuko en busca de compañía femenina y, como muestra la siguiente viñeta, se autorretrata con dureza. Su infancia, compartida con su madre y sus hermanas, hace que Kamimura tenga una sensibilidad especial para crear personajes femeninos potentes y complejos, como hace con Yuko.

A nivel gráfico la labor de Kazuo Kamimura es espléndida. El dibujo es muy limpio y el uso del blanco y negro es muy efectivo, tanto gráfica como narrativamente. Las composiciones de página están muy cuidadas y es imposible no maravillarse ante algunos de los recursos que utiliza: planos generales, secuencias tremendamente rítmicas, grandes viñetas que ocupan toda la página… Las imágenes que jalonan este texto son solo algunas muestras del genio creativo y del dominio del medio del autor nipón. Su catálogo parece infinito y cada episodio contiene alguna página que te deja atónito.

Con El club del divorcio estamos sin duda ante una de esas obras que muestran cómo ha evolucionado el mercado del cómic en los últimos años. Pese a los prejuicios que aún existen sobre el manga y a los tópicos que todavía vemos y oímos frecuentemente, el manga tiene una diversidad de géneros y de temáticas prácticamente infinita. Pese a los más de cuarenta años que han transcurrido desde su publicación original, la historia que narra Kamimura es plenamente vigente. Indudablemente, es uno de los mejores cómics publicados en 2017 y así lo demuestra su gran acogida por parte de la crítica.

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Valerosas 1

Valerosas 1. Mujeres que solo hacen lo que ellas quieren, de Pénélope Bagieu (Dibbuks)

Tradicionalmente la Historia ha dejado de lado a la mitad de la población mundial. Más allá de algunas figuras reivindicadas universalmente, la Historia ha sido escrita por hombres y para hombres. Las mujeres que habían llevado a cabo grandes gestas han sido generalmente olvidadas, cuando no ocultadas, y la escasez de referentes que provoca esta situación ha tenido graves consecuencias para las siguientes generaciones. En 2018 y pese a los avances en este ámbito que se han producido en los últimos años, aún queda una gran labor por hacer. Por ello es una gran noticia que Pénélope Bagieu haya creado Valerosas. Mujeres que solo hacen lo que ellas quieren y que esta obra haya gozado del favor del público y de la crítica.

todas-780x674Pénélope Bagieu inició un blog en el periódico Le Monde donde narraba en forma de breves cómics la vida de mujeres que habían tenido vidas destacadas, en el sentido más amplio de la palabra. Su tarea consistía en documentarse sobre ellas y tratar de glosar sus biografías en viñetas. Se alejaba de los grandes nombres conocidos por casi todos – Marie Curie, Virginia Woolf o Frida Kahlo, por poner algunos ejemplos – para rescatar del olvido a figuras femeninas que tenían un muy escaso reconocimiento público. No se trataba tanto de buscar grandes revolucionarias que hubieran marcado el devenir de la humanidad, como de centrarse en mujeres que se alejaron de la vida que supuestamente les tocaba vivir. En este sentido, el subtítulo del cómic es explícito: Mujeres que solo hacen lo que ellas quieren.

Antes de hablar de las protagonistas de este primer volumen, es importante resaltar que la selección abarca desde el siglo IV antes de nuestra era hasta la actualidad; que la autora francesa ha incluido a mujeres de los cinco continentes y que, por tanto, existe una amplísima diversidad temática. La labor de documentación ha sido excelente y la capacidad de síntesis de Bagieu es excepcional, puesto que en seis páginas es capaz de narrar con gran acierto vidas complejas y apasionantes. Otro valor añadido es que la dibujante no ha tratado de dulcificar sus biografías y los momentos brillantes se muestran junto a los más oscuros. Asimismo, son muy interesantes las reflexiones históricas incluidas en los textos de apoyo, con comentarios afilados sobre el olvido o la tergiversación histórica que han padecido estas grandes mujeres.

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En este primer volumen, Pénélope Bagieu narra las vidas de quince mujeres y todas son realmente interesantes, pero hay algunas historietas que brillan con luz propia y que no resisto la tentación de comentar: Margaret Hamilton, la actriz que encarnó a la terrorífica Bruja del Oeste en El mago de Oz; las hermanas Mirabal – Las mariposas – que lucharon hasta las últimas consecuencias contra el dictador Rafael Trujillo en su República Dominicana natal y que se convirtieron en un símbolo de libertad; Annette Kellerman, nadadora, actriz y creadora del primer traje de baño pensado para bañarse y no para esconder el cuerpo de la mujer; Josephine Baker, bailarina, miembro de la Resistencia francesa y luchadora por los derechos civiles en los Estados Unidos; Leymah Gbowee, activista en la lucha contra la violencia machista, ganadora del Nobel de la Paz y trabajadora social indesmayable; y por último, Wu Zetian, la primera y única emperatriz de China, que llevó a cabo reformas formidables en su reino.

Todas ellas, así como el resto de protagonistas de Valerosas, se enfrentaron a los cánones sociales de sus respectivas épocas, pese a las dificultades y las presiones que recibieron. Todas son un ejemplo y estoy convencido que si hubieran sido hombres serían conocidas mundialmente. Por este motivo, la labor de Bagieu tiene un gran valor y convierte a esta obra en una lectura imprescindible, que debería llegar a todas las aulas. La escasez de mujeres que aparecen en los libros de texto y su papel secundario en los grandes relatos historiográficos tienen funestas consecuencias y perpetuan estereotipos muy nocivos para la sociedad.

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El apartado gráfico del cómic también es excelente. La aparente sencillez esconde un gran uso del color y un gran dominio de los recursos narrativos del medio. A consecuencia del formato original, las composiciones de página son muy sencillas, pero, pese a ello, el ritmo es tremendamente fluido. La expresividad de los personajes y el uso de multitud de elementos gráficos – caricaturas, esquemas, mapas, etc. – junto con los textos de apoyo consigue transmitir una gran cantidad de información, de manera que la brevedad del formato no va en detrimento del contenido. Por último, es imposible no destacar las maravillosas ilustraciones a doble página con las que concluye cada uno de los capítulos, realizadas exclusivamente para la versión impresa. Solo por observarlas con calma vale la pena hacerse con el cómic.

Cada vez más autoras aportan su visión sobre el pasado y eso influye también en los temas que abordan. Si Ana Penyas nos hablaba sobre sus abuelas – y las nuestras – en Estamos todas bien, Pénélope Bagieu nos habla de mujeres que todos y todas deberíamos conocer. En las próximas semanas escribiré sobre el segundo volumen, que incluye las biografías de otras quince mujeres. La frescura con la que están narradas las biografías, la calidad del dibujo y el extra que suponen las ilustraciones convierten a Valerosas en una de las mejores obras publicadas en 2017.

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Estamos todas bien

Estamos todas bien, de Ana Penyas (Salamandra Graphic)

Mis abuelas nacieron en 1927, las de Ana Penyas un poco después, pero todas forman parte de la misma generación. Las mujeres que eran niñas durante la Guerra Civil, que desarrollaron su juventud en la época más oscura del franquismo, que alcanzaron la madurez hacia el final de la dictadura y que han vivido en democracia la segunda mitad de sus vidas. A la opresión que padeció el conjunto de la sociedad española durante 40 años, las mujeres tuvieron que añadir la desigualdad de género, que por desgracia, aún perdura. De todo esto nos habla la ilustradora valenciana Ana Penyas en Estamos todas bien, su primer cómic largo, con el que ganó la séptima edición del Premio Internacional de Novela Gráfica FNAC – Salamandra Graphic.

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Maruja y Herminia son las protagonistas de la obra y pese a que ambas son aproximadamente de la misma edad, sus vidas han sido bastante diferentes. Ana Penyas enlaza con mucha habilidad sus respectivos presentes, con las habituales problemáticas asociadas a la tercera edad, con la reconstrucción del pasado de ambas. La dibujante se sitúa en la trama conversando con Maruja y Herminia, y por tanto, nos hace testigos del proceso de documentación para la creación del cómic. El objetivo de Penyas no es crear un gran relato sobre la Historia de España en el siglo XX, su intención es homenajear a sus abuelas y hacer visible su memoria, y al mismo tiempo que sus abuelas – y las nuestras – , por una vez, tengan voz propia.

Maruja, cuya familia había padecido la represión franquista tras la guerra, vivía con sus tíos en Las Navas del Marqués, provincia de Ávila. Regentaban un bar y Maruja, apenas una adolescente, pasaba allí largas jornadas. Pocos años después consiguió casarse con el médico del pueblo y aparentemente, su vida pasó a estar solucionada. Pero como bien muestran las páginas dedicadas a la juventud de Maruja y la forma en que ella misma evoca esta etapa de su vida, la soledad y la incomprensión que sufrió, hicieron mella en su carácter. Ya en los años 80, cuando sus hijos son adultos y cuando lenta, pero progresivamente las mujeres empiezan a hacer valer sus derechos, dos elementos serán fundamentales para Maruja: las actividades culturales en su barrio de Alcorcón y el éxito al sacarse el carné de conducir. Por fin goza de libertad y su forma de ver el mundo empieza a cambiar.

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En el caso de Herminia, su infancia y juventud tuvieron lugar en Honrubia, en la provincia de Cuenca. Allí vivió bastante feliz, siempre rodeada de gente, puesto que su familia administraba el teatro del pueblo. Pese a la huida de su madre,  los recuerdos de Herminia son positivos. Fue una mujer moderna para su época, que estuvo siempre en contacto con la cultura. Su marido, el abuelo de Ana Penyas, era camionero y el traslado familiar a Valencia es lo que realmente cambió la vida de Herminia. Como la gran mayoría de las mujeres de la época, ella se ocupaba de la casa y los niños y a pesar del nulo reconocimiento, ser ama de casa con seis hijos fue una labor titánica.

Las reflexiones de la ilustradora valenciana sobre la vida de sus abuelas son muy interesantes, especialmente en la conversación que mantiene con su padre donde compara las vidas de Maruja y de Herminia. La vida que han tenido, como nos sucede a todos y todas, ha moldeado la personalidad de las dos y el contraste entre ellas permite incluir a buena parte de las tipologías de nuestras abuelas. El gran acierto de Estamos todas bien es la forma en que a partir de historias personales muy cotidianas, con un marcado costumbrismo, Ana Penyas ha sido capaz de crear un complejo retrato generacional. Imposible sentir indiferencia ante lo que nos cuenta, imposible no sentirse identificado con alguna de las situaciones, imposible no pensar constantemente en nuestras abuelas.

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A nivel gráfico el trabajo de Ana Penyas es también excelente. Con una estética muy alejada del cómic histórico convencional y con un marcado carácter propio, la dibujante consigue que las historias fluyan con efectividad. Son especialmente destacables dos elementos: por un lado, el uso del color y por el otro, las composiciones de página. Los tonos cálidos, con predominancia de naranjas y ocres para Herminia y rosados y rojos para Maruja, consiguen crear la sensación de intimidad que busca Penyas. Al mismo tiempo, el formato apaisado del cómic está muy bien aprovechado, ya que dota de innumerables posibilidades que la dibujante aprovecha al máximo: ilustraciones a página completa, numerosas viñetas pequeñas en una misma página, textos ilustrados o carteles, que configuran una obra con una estética muy cuidada.

Estamos todas bien es un gran cómic, de lo mejor de 2017 y asusta pensar en lo que será capaz de hacer Ana Penyas si ha alcanzado este nivel en su primera obra larga. Aún no he podido leer En Transición el álbum que ha ilustrado recientemente, pero a priori también es una obra de obligada lectura. Son necesarias las voces femeninas en el cómic histórico, especialmente en el ámbito de la memoria histórica, ya que pese a que existen obras fundamentales sobre mujeres y que protagonizan mujeres – El ala rotaJamás tendré 20 años – los autores siempre han sido hombres. Como decía antes, es inconcecible no recordar a nuestras propias abuelas tras leer Estamos todas bien y no valorar las tremendas injusticias que han padecido. Gracias, Maruja y Herminia. Gracias, Belarmina y Sofía. Gracias, abuelas.

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La virgen roja

La virgen roja, de Mary M. Talbot y Bryan Talbot (La Cúpula)

Tras los brillantes La niña de sus ojos Sally Heathcote. Sufragista, el matrimonio Talbot ha vuelto a realizar un cómic histórico con perspectiva de género. En esta ocasión han recurrido a una estrategia diferente, y mientras en La niña de sus ojos mezclaban la memoria familiar de Mary Talbot con la biografía de Lucía Joyce y en Sally Heathcote. Sufragista crearon un personaje ficticio para retratar el movimiento sufragista, en La virgen roja han recreado la biografía de Louise Michel, una de las figuras más importantes de la Comuna de París y del anarquismo de finales del siglo XIX.

Como en sus anteriores obras, Mary Talbot ha vuelto a apostar por una trama no lineal. En este caso, asistimos a un encuentro entre la famosa feminista norteamericana Charlotte Perkins Gilman y la hija de una de las compañeras de Louise Michel. Su conversación, centrada en la revolucionaria, va repasando los momentos más decisivos de su vida. La primera parte me ha parecido un poco confusa, pero poco a poco las piezas van encajando y hacia la mitad de la obra la lectura se hace mucho más placentera.

El relato propiamente histórico se inicia en el Montmartre de 1870, en plena guerra franco-prusiana. El régimen de Napoleón III chocó con las ambiciones de la pujante Prusia y el pueblo francés pagó las consecuencias del enfrentamiento. Mary y Bryan Talbot retratan con crudeza las condiciones de vida de los parisinos más humildes, entre los que se encontraba la protagonista del cómic. El caldo de cultivo era ideal para que se produjera un estallido revolucionario y Louise Michel estuvo desde el principio en primera linea.

La capitulación del gobierno, que se refugió en Versalles, provocó la indignación de la población y en el momento en que el ejército trató de requisar los cañones que controlaba la milicia popular, el enfrentamiento entre franceses estalló. Las páginas que recrean estos momentos decisivos son las más emocionantes del cómic y consiguen que nos sumerjamos en la acción. El control popular de la ciudad, a pesar de la diversidad de idelogías que defendían los revolucionarios, desembocó en la denominada Comuna de París.

Los escasos dos meses en que la Comuna dominó París permitieron a Louise Michel impulsar algunas de sus ideas: nacionalización de las viviendas vacías para alojar a las familias más necesitadas, creación de guarderías públicas, impulso a la participación de la mujer en el ámbito público… La autogestión de una gran ciudad como París era un ejemplo muy poderoso y las élites no permitieron que prosperara. La represión fue terrible y las oscuras dobles páginas con que Bryan Talbot la ilustra, muestran su crudeza y la desesperación que Michel debió sentir.

Como muchos de sus compañeros y compañeras Louise Michel fue juzgada por su implicación en la insurrección, aunque su notoriedad consiguió que no fuera condenada a muerte. En el juicio la revolucionaria se dirigió al tribunal con las célebres palabras: «Dado que parece que todo corazón que late por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir no dejaré de clamar venganza y de denunciar, en venganza por mis hermanos…» 

Fue condenada al destierro a la colonia penal de Nueva Caledonia, en Oceanía, junto con algunos de sus compañeros communards. Allí entró en contacto con Nathaniel Lemel, una activista que la influyó en gran medida y que propició su acercamiento al anarquismo. Su mente inquieta y brillante la llevó a colaborar con el Instituto Geográfico de París con sus observaciones sobre la flora y la fauna de las islas. Además, mostró un gran interés en conocer y defender los derechos de los canacos, los nativos de Nueva Caledonia. Llegó incluso a apoyarlos en su rebelión anticolonial, hecho que la distanció de la mayor parte de sus compañeros.

Su regreso a Francia, tras siete años de destierro, fue un gran acontecimiento. Se convirtió en una figura querida y admirada por las clases populares, en el símbolo de aquella maravillosa utopía que fue la Comuna. Pese a su edad avanzada, Louise Michel siguió luchando por los derechos de la mujer, por el laicismo, por la igualdad de todos los franceses… Era un personaje muy incómodo, participaba activamente de todas las protestas, y por ello entró y salió de la cárcel en diversas ocasiones. Los sectores más conservadores de la sociedad francesa la odiaban profundamente, como demostró el ataque que sufrió en 1888 por parte de un monárquico. Su activismo la acompañaría hasta el final de sus días, cuando ya estaba considerada como una de las figuras más importantes del anarquismo europeo.

La importancia de la biografía de Louise Michel es obvia, pero el cómic va más allá. El título de la versión inglesa es The Red Virgin and the Vision of Utopia, hecho que prueba la importancia que dan los autores al concepto de utopía. Esta hace referencia a la Comuna, pero también a la literatura de ciencia ficción de corte utópico, de la que Michel era una gran lectora. La conversación entre Charlotte Perkins Gilman y su anfitriona parisina está llena de referencias literarias y de debates en torno a la visión del futuro que tenían diversos autores. El inicio y el final del cómic, con la presencia del inventor Franz Reichelt, también llevan a la reflexión sobre la utopía y los límites del ser humano. Una bella y trágica metáfora.

La parte gráfica de la obra, a cargo de Bryan Talbot – esta vez en solitario -, sigue la estela de sus anteriores trabajos. Las dos lineas argumentales están trabajadas de formas diferentes, siempre con el contraste entre el blanco y el negro como elemento predominante. Composiciones de página variadas, en muchos casos con viñetas sin marco, dobles páginas muy espectaculares y el uso del color rojo para dotar de fuerza a elementos como la sangre o las banderas son los elementos más destacados del trabajo de Talbot. Es muy destacable también la versatilidad del dibujo del británico, capaz de retratar con acierto el ambiente urbano de París o las paradisíacas islas oceánicas.

La virgen roja es un cómic realmente interesante. En mi opinión no está a la altura de las excelentes obras anteriores del matrimonio Talbot, pero el nivel sigue estando por encima de la media. La figura de Louise Michel, muy desconocida para mí, es presentada de forma acertada, aunque quizás hubiera sido necesario enlazar los grandes acontecimientos de su vida mediante una explicación un poco más detallada de su evolución personal. A pesar de estas lagunas, la lectura es más que recomendable. La Comuna de París es uno de esos hechos históricos prácticamente sepultados en los libros de Historia – pienso especialmente en los libros de texto -, y este cómic es una buena manera de acercarse a un acontecimiento trascendente que dejó una huella tanprofunda.

 PD: En el siguiente enlace podéis leer las primeras páginas del cómic.

La mujer rebelde

La mujer rebelde. La historia de Margaret Sanger, de Peter Bagge (La Cúpula)

Hasta La mujer rebelde no había leído nada de Peter Bagge. Cuando tratando de documentarme para escribir este texto he visto que estaba considerado como uno de los grandes del cómic underground – de ahí que me sonara mínimamente el nombre – me he llevado una agradable sorpresa. Parece difícil encontrar el nexo de unión entre Bagge y Margaret Sanger, la protagonista del cómic, pero es el propio dibujante quien en un texto titulado ¿Por qué Sanger?, incluido al final del cómic, nos da las claves: Margaret Sanger tuvo un papel fundamental en las luchas feministas de inicios del siglo XX y su legado ha llegado hasta nuestros días, pero al mismo tiempo su figura ha sido muy malinterpretada.  Peter Bagge quería dar a conocer su figura y transmitir su propia visión sobre el personaje, para lo que creó una obra realmente interesante.

Margaret Sanger nació en 1879 en el seno de una familia muy numerosa – once hermanos – en Nueva Jersey. Sus padres tenían ascendencia irlandesa y formación católica, aunque su progenitor se alejaría bastante joven de la religión y se convertiría en ateo practicante. Además, Michael Hennessey Higgins – el padre – era un convencido socialista que defendía el sufragio universal y la educación pública. Las ideas paternas y el sufrimiento de su madre, a causa de los dieciocho partos que afrontó, marcaron profundamente a la joven Margaret.

Peter Bagge recorre la infancia y juventud de la protagonista mediante episodios aislados que le permiten presentar los elementos que formarían su personalidad y su activismo futuros. Son especialmente memorables la visita que lleva a cabo con su padre, cantero de profesión, a la tumba de su hermano pequeño o las dificultades que tuvo que afrontar en el instituto. Su dedicación a la familia era plena, pero al mismo tiempo era consciente que debía estudiar para labrarse un futuro. Con la ayuda de sus hermanas, a las que estuvo toda su vida muy unida, pudo conseguirlo.

Margaret Sanger estudió enfermería y con su trabajo en algunas de las zonas más deprimidas de la región de Nueva York llegó a una conclusión: la vida de las mujeres no mejoraría hasta que pudieran decidir libremente sobre su maternidad. Empezó aconsejando a sus pacientes, de forma clandestina, sobre cómo evitar embarazos no deseados y poco a poco se fue convirtiendo en una ferviente defensora del control de la natalidad. A finales del siglo XIX y principios del XX defender este tipo de ideas era algo totalmente revolucionario y Sanger fue perseguida por ello.

Margaret Sanger pasó a ser una figura pública que mostró un gran dominio de la opinión pública y pese a no ser una gran oradora, conseguía que sus actos y sus discursos tuvieran una gran repercusión. Las fuerzas más conservadoras de la sociedad americana trataron siempre de difamarla y de frenar la difusión de sus ideas, provocando que incluso tuviera que exiliarse durante unos años a Europa para escapar a una condena totalmente injusta.

Algunas de sus ideas son muy controvertidas hoy en día, especialmente su defensa de la eugenesia, y también se la acusa entre otras cosas de racista. Peter Bagge no rehúye estas polémicas, al contrario, y presenta a una Sanger compleja, con claroscuros y muy enraizada en la mentalidad de su época, donde lo políticamente correcto aún no dominaba todos los discursos.

Asimismo, su vida personal tiene una gran presencia en el cómic. La relación con sus padres, con sus hermanos y sus hermanas y, finalmente, con su marido y sus hijos salpican de anécdotas toda la trama. Bagge las emplea para humanizar al personaje y para mostrar cómo su vida pública afectó en gran medida a sus relaciones familiares.

Para quienes hayan leído obras anteriores de Peter Bagge, imagino que el dibujo y el color de La mujer rebelde no serán una sorpresa, ya que se mantiene bastante fiel a su estilo. En mi caso sí que lo fue, ya que encontrar un cómic biográfico tan serio – en el mejor sentido de la palabra – con un aire tan caricaturesco me pareció muy original. Los cuerpos alargados, las extremidades curvilíneas y ese aspecto tan de cartoon consiguen crear una sensación de ligereza que contrasta con el contenido y las profundas reflexiones que conforman la obra. Los personajes son tremendamente expresivos y el uso de colores tan planos, aunque parezca mentira, consigue crear las atmósferas adecuadas para que la acción fluya.

Con La mujer rebelde estamos ante una de esas obras que podrían – deberían – incluirse en los planes de estudio de secundaria. Los inicios del feminismo, la reflexión en torno al control de la natalidad, la situación de las mujeres y las desigualdades entre ellas según su clase social, el papel de la Iglesia en la sociedad y muchos otros temas tienen importancia en el cómic. Los textos de apoyo que incluye el autor son muy interesantes, tanto el mencionado al inicio de la reseña, en el que Bagge reflexiona sobre Margaret Sanger como personaje histórico y sobre su consideración actual, como la profusa cronología al final del libro. Aquí podéis leer unas páginas de muestra.

Una gran novela gráfica sobre una de tantas grandes mujeres que la Historia y la sociedad patriarcal en que vivimos han ido arrinconando hacia el olvido.

La niña de sus ojos

La niña de sus ojos, de Mary y Bryan Talbot (La Cúpula)

Mary Talbot es una prestigiosa académica dedicada a los estudios de género. Hija de James S. Atherton, uno de los mayores expertos en Joyce, y casada con el dibujante Bryan Talbot, decidió dar su primer paso en el mundo del cómic con el guión de La niña de sus ojos. Es una obra tremendamente original, ya que no es ni una autobiografía ni una biografía al uso, sino que establece un paralelismo entre su propia vida y la de Lucía Joyce, ambas bajo la influencia de unas figuras paternas que las marcaron profundamente.

El cómic utiliza tres tiempos distintos para situar la acción: en primer lugar, el pasado más reciente, con una Mary Talbot ya adulta, que se decide a crear esta obra; en segundo término, los primeros años de vida de la protagonista, hasta que se convierte en madre; y, por último, la juventud de Lucía Joyce, durante los años 20 y 30 del siglo XX.

La linea argumental centrada en la infancia de Mary Talbot nos lleva a la Inglaterra de posguerra y nos presenta las estrecheces que pasaba la familia Atherton. La relación padre-hija es el eje de la narración, ya que sus hermanos mayores se fueron pronto de casa, y Mary se quedó sola con sus progenitores. Pero la narración también nos permite conocer la situación socioeconómica general y, especialmente, la situación de la mujer en esos oscuros años. Las desigualdades, que se iniciaban ya con la segregación escolar, afectaban a la población femenina en todos los ámbitos de su vida, como vamos viendo a medida que avanza el relato.

En cuanto a Lucía Joyce, la acción nos traslada al París de los años 20, donde vemos desfilar a la élite artística y literaria de la época. Es evidente la identificación de Mary Talbot con Lucía, aunque el retrato que hace de su propio padre es más duro que el que hace de James Joyce. De nuevo la relación padre-hija vuelve a ser fundamental, pero en este caso, la influencia de Nora, la madre de Lucía, es mucho mayor, pese a que su catolicismo feroz la lleva a defender posturas aún más conservadoras que las de su marido.

La hija del escritor irlandés se convirtió en una bailarina de éxito, pero el rechazo familiar a la danza como actividad artística acabó provocando que la abandonase. La discriminación que sufrió Lucía por el hecho de ser mujer, evidente en la comparación con su hermano Giorgio y con la que su madre estaba totalmente de acuerdo, le acabó generando problemas psicológicos. La tormentosa relación que mantuvo con Samuel Beckett, quien ejercía como secretario de su padre, fue la gota que colmó el vaso y la familia decidió que Lucía debía ser internada en un sanatorio mental. Fue el inicio a más de 40 años vagando por este tipo de instituciones y el final de una carrera artística prometedora que fue destruida.

Las diferencias que existen entre los acontecimientos que vivieron ambas protagonistas, no impiden que el cómic plasme con claridad las ideas de Mary Talbot. La denuncia de las injusticias que han sufrido – y aún sufren – las mujeres es la línea de continuidad de la obra. Pero además, muchos otros temas tienen cabida en las escasas 100 páginas de las que consta La niña de sus ojos: las relaciones paterno-filiales, la vida del artista, la vocación, e incluso la influencia de la religión en la vida personal.

El apartado gráfico, como en otras obras de Bryan Talbot (Sally Heathcote. Sufragistatambién en el blog) es muy interesante. El elemento más destacado es el uso del color, ya que cada uno de los tres tiempos en que se sitúa la acción tiene unas características diferentes: la Mary Talbot actual aparece en viñetas influenciadas por la línea clara y con un uso del color bastante convencional; su infancia y adolescencia están representadas mediante viñetas sin marco, composiciones de página más originales y tonos sepia, con puntuales elementos coloreados para darles énfasis; por último, la trama centrada en Lucía Joyce, mantiene la estructura de la segunda parte, pero esta vez con tonos grises, negros y azulados.

El uso  de tres tipos de dibujo diferentes muestra el gran dominio técnico de Bryan Talbot, así como su voluntad de encontrar el estilo más idóneo para cada una de las subtramas. Las tres funcionan perfectamente, aunque son las centradas en el pasado de la guionista y de Lucía Joyce las más brillantes. Un aspecto concreto que ha llamado mi atención y que me ha parecido muy acertado es el uso de notas al pie para introducir los comentarios de Mary Talbot sobre los dibujos de su marido, ya que en ocasiones estos no son fieles a sus recuerdos, y nos lo hace saber mediante frases muy divertidas.

En definitiva, La niña de sus ojos es una lectura totalmente recomendable por multitud de aspectos, desde sus aportaciones históricas hasta sus reflexiones sobre las desigualdades de género. Pero creo que el elemento más original es la creación de una novela gráfica que incluye una biografía, una autobiografía y las memorias personales de la autora sobre las circunstancias en que el propio cómic fue elaborado. De momento la unión del matrimonio Talbot en el cómic ha producido dos obras de mucho nivel sobre temas frecuentemente olvidados, espero que sean los primeros de muchos que están por llegar.

Cuerda de presas

Cuerda de presas, de Jorge García y Fidel Martínez (Astiberri)

La recuperación de la memoria histórica es uno de los grandes temas que la Transición a la democracia en España no afrontó. La muerte del dictador en la cama pospuso el debate hacia el futuro, pero 40 años después la sociedad española en su conjunto aún no ha afrontado esta cuestión. La derecha político-mediática acusa a la izquierda de reabrir heridas del pasado y en muchas ocasiones ha conseguido imponer su visión parcial de la memoria. Por fortuna, en los últimos años, muchos han sido los artistas e intelectuales que han tratado de dar a conocer nuestra historia. El cómic ha tenido un papel importante en esta labor, y con Cuerda de presas  Jorge García y Fidel Martínez consiguieron crear uno de los momentos culminantes de esta corriente.

A diferencia de otras obras reseñadas anteriormente como Un largo silencio, Yo, René Tardi El arte de volar en las que la implicación de los autores era directa, ya que narraban las vivencias de sus padres en la Segunda República y la Guerra Civil o en la Segunda Guerra Mundial; Cuerda de presas retrata las cárceles franquistas de la inmediata posguerra y la represión que padecieron miles de mujeres, las habituales grandes olvidadas de la Historia. García y Martínez utilizan historias cortas para crear un reflejo general del mundo carcelario de los años 40, y de esta manera nos permiten observar diferentes cárceles y situaciones muy diversas, que en conjunto denuncian la barbarie franquista de forma global.

El cómic está compuesto por once historias diferentes, aunque entre algunas de ellas existe cierta continuidad. Cada una tiene un enfoque diferente, pero todas tienen en común la crudeza con que narran las terribles experiencias que padecieron miles de mujeres en los años iniciales de la posguerra. La realidad de las cárceles de la época se entremezcla con los recuerdos de algunas de las protagonistas, que décadas después aún sufren las consecuencias de sus castigos.

La diversidad de historias permite acercarnos a la historia desde diferentes perspectivas: la vida cotidiana en las cárceles, el papel de las autoridades y de las religiosas que generalmente las dirigían, los terroríficos traslados o la explotación laboral de las prisioneras son algunos de los temas tratados con maestría por Jorge García y Fidel Martínez.  Además de los hechos en sí, son especialmente interesantes los silencios y los momentos de reflexión, ya que las historias nos interpelan directamente y en muchos casos hacen que nos estremezcamos.

A nivel gráfico, el trabajo de Martínez es fantástico. El blanco y negro permite crear una atmósfera claustrofóbica que funciona perfectamente como metáfora del encierro de tantas mujeres. El trazo, aparentemente sencillo, crea personajes con mucha expresividad, que transmiten de forma excelente sus sentimientos. Por momentos el dibujo me ha recordado a Miguel Gallardo y a Javier Olivares, aunque el estilo de Fidel Martínez es muy característico.

Cuerda de presas es otra de esas obras que debería postularse como lectura obligatoria en la educación secundaria. La Historia ha dejado en muchas ocasiones a las mujeres en un segundo plano y la historiografía sobre la guerra civil y el franquismo no ha sido una excepción. Aún viven auténticas heroínas como Neus Català o Maria Salvo que deberían tener una calle en cada pueblo, pero que no han recibido el reconocimiento que merecen. El cómic de Jorge García y Fidel Martínez puede realizar un gran papel en este sentido, ya que por un lado saca a la luz una realidad muchas veces olvidada, cuando no silenciada, y también es un homenaje a toda una generación de mujeres que lucharon por la libertad y contra el fascismo y pagaron por ello un alto precio.