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unahistoria

unahistoria, de Gipi (Salamandra Graphic)

Gipi es uno de los autores de cómic más interesantes del panorama europeo. Llevaba cinco años sin publicar nada y su retorno ha sido a lo grande. unahistoria – junto y en minúscula -, en la línea de sus anteriores obras, vuelve a demostrar el dominio del medio del autor italiano y su constante búsqueda por encontrar nuevos recursos y nuevas soluciones gráficas para contarnos grandes historias.

La novela gráfica consta de dos subtramas: una centrada en Silvano Landi, un escritor de éxito que padece problemas mentales; y la otra, basada en Mauro Landi, el bisabuelo del protagonista, que luchó en la Primera Guerra Mundial. Gipi consigue ir enlazando poco a poco las dos historias, de forma que como indica el título de la obra, ambas acaban convergiendo. Un inicio buscadamente confuso permite ir avanzando hasta que las piezas van encajando: las recurrentes visiones del escritor, su estancia en un hospital psiquiátrico, su pasado y las cartas escritas por su bisabuelo conforman un relato realmente emotivo.

La parte histórica de la obra, con la participación de Mauro Landi en la Primera Guerra Mundial, muestra con detalle cómo fue la vida de los soldados en las trincheras. La crueldad de los oficiales, las condiciones insalubres y los ataques prácticamente suicidas por unos cientos de metros con escaso valor eran el pan de cada día. Pero lo interesante de unahistoria es la manera en que Gipi incluye la poesía y el amor en un contexto tan escabroso. Las cartas que escribió el bisabuelo Landi a su amada son el nexo entre él y su bisnieto.

La subtrama que protagoniza Silvano Landi demuestra de nuevo que Gipi es un gran narrador. El relato lineal está atravesado de los recuerdos del escritor, de las conversaciones entre los médicos que lo están tratando y de sus obsesiones. Su vida personal se vio seriamente afectada por su desempeño profesional a partir del momento en que Landi descubrió las cartas de su antepasado. La visión de un árbol desnudo en medio de una oscura llanura y de una estación de servicio son recurrentes y nos permiten descubrir los momentos más influyentes de su vida.

En cuanto a la parte gráfica, Gipi se mantiene fiel a su particular estilo, esas acuarelas que consiguen construir cualquier atmósfera, pero introduce nuevas soluciones. En un primer momento sorprende el uso de páginas abocetadas en blanco y negro para narrar la estancia de Landi en el psiquiátrico; pero su contraste con el color utilizado para recrear sus recuedos y los de su bisabuelo funciona tremendamente bien.

Más allá de lo estrictamente visual, con un uso del color extraordinario, Gipi utiliza estrategias novedosas que le permiten transmitir con acierto el dramatismo y la emotividad de la historia: páginas mudas, bocadillos vacíos o con garabatos ininteligibles, composiciones de página muy trabajadas, primerísimos planos… La cantidad de recursos es práticamente infinita y el conjunto global es admirable.

unahistoria es un excelente cómic con el que Gipi ha vuelto a demostrar que es un gran narrador y un gran dibujante. Aunque no sea una obra estrictamente histórica, el tratamiento que da a la Primera Guerra Mundial es muy atractivo y la dialéctica entre realidad y ficción, muy importante en otros cómics reseñados anteriormente, juega un papel fundamental. Las reflexiones en torno a la memoria y a su construcción también ocupan un lugar esencial en la narrativa de Gipi, como podréis comprobar si os acercáis a la lectura de cualquiera de sus anteriores obras. En definitiva, una obra que raya a un gran nivel y una lectura con la capacidad de descubrirnos nuevos campos de reflexión.

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Los hijos de octubre

Los hijos de octubre, de Nikolai Maslov (Norma Editorial)

La escena del cómic en Rusia es muy minoritaria y para mí es totalmente desconocida. Como la historia de Europa del Este me interesa mucho, cuando en La novela gráfica, el brillante ensayo de Santiago García, leí que existía un autor ruso que se llamaba Nikolai Maslov, intenté hacerme con alguna de sus obras. Al que pude acceder fue Los hijos de octubre y lo que me encontré me pareció muy interesante.

Maslov, nacido en Siberia, trabajaba en Moscú como vigilante nocturno. En sus largas horas de aburrimiento, empezó a dibujar pequeñas historias con tintes autobiográficos. Cuando tenía algunas páginas dibujadas y un proyecto, se las llevó a Emmanuel Durand, el editor de Astérix en ruso y dueño de la librería especializada en cómic y literatura francesa Pangloss. Maslov le pidió 200$ al mes, el sueldo que ganaba como vigilante, para poder dejar su trabajo y dedicarse completamente a explicar sus historias a través del cómic. Durand confío en él, y el resultado fue Une jeunesse Soviétique, su primera novela gráfica. Ante el éxito en el mercado francés, Durand volvió a apostar por Maslov, y posteriormente publicó Los hijos de octubre, que Norma publicó en 2009 en su colección Graphic Journal, que une periodismo y cómic.

Los hijos de octubre es un compendio de ocho historias cortas que reflejan diversos aspectos de la vida cotidiana en la URSS de los años 80 y la nueva Rusia independiente de los años 90. Maslov, que creció en Siberia y después se trasladó a Moscú tras realizar el servicio militar en Mongolia, refleja la realidad de la cara B de Rusia. La crudeza del clima y el aislamiento geográfico hacen que la vida en Siberia sea tremendamente dura.

Maslov trata con sutileza y realismo diversos aspectos que tienen gran incidencia en la vida de sus compatriotas y que en el pasado le afectaron directamente a él: el alcoholismo, con el desmedido consumo de vodka presente en la mayoría de las historias, especialmente en “Un hijo”; el abandono por parte del Estado de los territorios más alejados de Moscú y de la gente que vive en ellos; la inexistencia de oportunidades; el contraste entre lo urbano y lo rural y un sinfín de temas más.

Los hijos de octubre 3

El dibujo de Maslov, alejado de las corrientes más vanguardistas del cómic, consigue transmitir la sensación de desamparo y se adapta perfectamente a la lúcida tristeza de las historias. Los textos son muy breves, y en ocasiones, prácticamente inexistentes. Aún así, Maslov retrata con gran precisión la desazón de los protagonistas y la sensación de fracaso y la imposibilidad de escapar de él. Es un cómic para leer despacio, prestando atención a los detalles y a las atmósferas, y que nos acerca a como perciben su realidad buena parte de la población rusa, muy alejada de los oligarcas que compran equipos de fútbol y de las grandes decisiones geopolíticas.

Por último, la cuidada edición de Norma incluye tres textos muy interesantes. La introducción, a cargo de José A. Zorrilla, escritor y director de cine y ex-diplomático en Moscú, que enlaza la obra de Maslov con la gran literatura rusa y  su descripción del alma rusa. Una vez finalizado el cómic, el periodista Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Moscú entre 1988 y 2002, escribe un texto biográfico sobre Maslov y conecta la vida del autor con los grandes periodos de la historia de la URSS. Por último, el escritor y guionista Emmanuel Carrère, francés de madre rusa, reflexiona sobre Rusia, sobre su experiencia en Kotelnitch para realizar un documental sobre sus orígenes y sobre el mundo del cómic en Rusia.

Si buscáis un cómic de acción, Los hijos de octubre no es una buena opción; pero si queréis conocer la realidad de esa Rusia que no aparece en los informativos y si buscáis leer un cómic diferente a los más habituales en nuestro entorno, os invito a acercaros a esta obra; seguro que descubriréis muchos elementos interesantes.

España. Una, grande y libre

España. Una, grande y libre, de Carlos Giménez (Glénat, DeBolsillo)

España. Una, grande y libre es un volumen en el que se recopilan las historietas realizadas por Carlos Giménez, en muchos casos con guiones de Ivá, para la revista satírica El Papus, durante 1976 y 1977. Son historias cortas, generalmente de dos páginas, que transmiten la particular visión de los autores sobre los convulsos momentos políticos y sociales de la España de la Transición.

Originalmente estas historias se publicaron en tres volúmenes, que seguían el orden cronólogico para agrupar las historietas en tres etapas: las que tratan sobre el primer gobierno de Adolfo Suárez, a partir de julio de 1976; las que se centran en el Referéndum sobre la Reforma Política de diciembre de 1976; y por último, las que retratan la etapa previa a las Elecciones Generales de junio de 1977. Estos tres hechos, centrales en toda la etapa de la Transición a la democracia, permiten a Carlos Giménez hacer un retrato personal y muy alejado de la verdad histórica oficial de la excesivamente sacralizada Transición.

Son muchos los temas que trata Giménez, pero hay algunos que son especialmente importantes para comprender la Transición, ya que generalmente quedan en un segundo plano o directamente ocultados en las hagiografías del período. La violencia de la extrema derecha o las renuncias que tuvo que hacer la izquierda empiezan a ser tenidas en cuenta en los últimos estudios sobre la España de finales de los 70, pero Carlos Giménez ya denunciaba estos hechos en 1976 y 1977. Los militares, muy poderosos en aquella época, también reciben su cuota de crítica; e incluso, en la última historia, el autor denuncia el atentado que sufrió El Papus.

El característico estilo de Giménez, con unos personajes muy expresivos, en ocasiones caricaturescos, permite dotar de una gran fuerza a las historias. El genial uso del blanco y negro, como en otras de sus obras, consigue retratar con gran realismo la realidad político-social española de la época. Giménez también utiliza elementos comunes en la comunicación política como pancartas, carteles o mítines electorales, de manera que refleja la gran politización de la sociedad de esos años, que ansiaba alejarse del franquismo y crear un estado realmente democrático.

El relato oficial sobre la Transición explica que fue el mejor pacto posible y que todos los actores que intervinieron renunciaron a aspectos importantes de sus propuestas por el bien común de todos los españoles. En España. Una, grande y libre los autores muestran a un Régimen que aún dominaba todos los resortes del poder, que defendía a los grupos violentos de extrema derecha y que utilizaba el miedo a una involución o a una intervención militar para perpetuar las bases del sistema franquista.

Este recopilatorio es una joya para comprender la cruda realidad del paso de la dictadura a la democracia en España, pero también para entender cómo era esa sociedad. Las alusiones a algunos de los delicuentes más famosos de la época, a la multitud de partidos políticos minoritarios que existían o a algunas problemáticas sociales que aún están vigentes complementan la visión política de esta etapa. En ocasiones pensamos que ciertos problemas son muy recientes, pero ya en 1976 y 1977 Carlos Giménez los denunciaba. Esta tira final no es de 2010, es de finales de los años 70.

Hoy, 6 de diciembre de 2014, Día de la Constitución, es una gran ocasión para releer a Giménez y entender el contexto en que ésta se aprobó hace ya 36 años.

Un largo silencio

Un largo silencio, de M. Gallardo y F. Gallardo. (Astiberri) També disponible en català (Edicions de Ponent)

Un largo silencio es el homenaje de Miguel Gallardo a su padre. Francisco Gallardo fue de esos españoles que sufrieron la guerra civil, en la que su bando fue derrotado, y el largo franquismo, en silencio. Tras unas vivencias muy traumáticas, de las que nunca quería hablar, el dibujante consideraba a su padre un cobarde. Pensaba que nunca había asumido riesgos y que por eso siempre vivía temeroso y preocupado por lo que hacía su rebelde hijo. Pero a finales de los años 80, Miguel Gallardo descubrió que sus percepciones tenían poco que ver con la realidad.

Francisco Gallardo fue un soldado republicano durante la guerra civil. Había escrito unas 30 páginas relatando sus experiencias en el conflicto bélico (hasta 1940), que su hijo decidió recuperar como base de una nueva novela gráfica. Es una obra que combina las reflexiones personales de Gallardo padre y las viñetas de Gallardo hijo, que narran los hechos que vivió su progenitor. Además, los documentos de la época que añadió Miguel Gallardo dotan de mayor realismo – si cabe – a la obra.

El dibujo, prácticamente expresionista, se ajusta perfectamente a la gran crudeza de los hechos. La combinación entre texto y viñetas está muy conseguida. En cuanto al color, la edición de 2012 utiliza tres colores, frente al bitono original de 1997.

Un largo silencio es un gran ejercicio de memoria histórica, ya que recupera los recuerdos de una de esas personas invisibles durante mucho tiempo, a las que les tocó vivir una guerra fratricida, y posteriormente casi 40 años de dictadura. Pese a su largo silencio, el protagonista tenía muy claro que la gente de su clase tenía que luchar por la República, “por los que no tienen y nunca han tenido nada“.

Como dice Miguel Gallardo, su padre fue “un héroe“, alguien que consiguió “sobrevivir, sobrevivir para enamorarse de mi madre, para que mi hermano y yo estemos aquí, sobrevivir para hacer amigos, para leer, para reír…

Las viñetas de Miguel Gallardo recrean las vivencias de su padre.

El arte de volar

El arte de volar, de A. Altarriba y Kim (Edicions de Ponent) També disponible en català (Editores de Tebeos)

Si tuviera que elegir un cómic para establecerlo como lectura obligatoria para los alumnos de 4º de ESO o de Bachillerato, éste sería El arte de volar, no tendría ninguna duda. Antonio Altarriba quiso homenajear a su padre, que se suicidó en 2001, y creó el guión de esta fantástica novela gráfica. Le ofreció el guión a Kim (Dibujante, entre otras, de la serie Martínez el Facha de El Jueves) y el resultado de esta colaboración fue magnífico.

El protagonista de la narración es Antonio Altarriba Lope, desde su nacimiento en 1910 hasta su muerte en 2001. A lo largo de la vida de Antonio observamos las diferentes etapas históricas de la España del siglo XX y somos testigos de algunos de los acontecimientos históricos fundamentales de esta época. La Segunda República, la Guerra Civil, el exilio a Francia, el Franquismo y, finalmente, la etapa democrática están perfectamente reflejados en el cómic. Esta novela gráfica es un gran ejercicio de memoria histórica, pero además relata la vida de un hombre común, de alguien que fue feliz en algunas etapas, pero sobretodo, de alguien que sufrió lo peor de su tiempo.

Antonio Altarriba padeció la Guerra Civil y el exilio.

En el apartado Propuestas didácticas del blog tenéis a vuestra disposición tanto la Ficha elaborada por mí, como la Guía que creó Antoni Guiral para Edicions de Ponent.