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El solar

El solar, de Alfonso López (La Cúpula)

Los años 40 fueron terribles para la mayoría de la población española. El país había quedado arrasado tras la guerra civil, la represión instaurada por el régimen franquista fue atroz y el aislamiento internacional provocado por la alianza del franquismo con la Alemania nazi y la Italia fascista generaba una carestía abrumadora. La situación de quienes habían luchado por la República era aún peor, ya que a la miseria general tenían que añadir sus dificultades para conseguir trabajo o la discriminación social y legal que padecían.

El veterano dibujante Alfonso López decidió situar la acción de El solar en esta época, concretamente en el año 1947, cuando cerró el campo de concentración de Miranda de Ebro, el último que permaneció abierto en España. El contexto histórico está muy cuidado, pero Alfonso López no trata tan solo de recuperar la memoria sobre el pasado, su objetivo con esta obra es por encima de todo homenajear a los tebeos y a los dibujantes que marcaron a varias generaciones. El humor típico de aquellas publicaciones, su lenguaje, los recursos inherentes al medio, y evidentemente, algunos de los personajes más característicos de las viñetas de los años 40 y 50 tienen un papel central en El Solar. López también incluye algunos otros iconos de la cultura popular de aquel tiempo.

El protagonista, Pepe Gazuza – obviamente inspirado en Carpanta, el famoso personaje de Escobar -, deja el campo de Miranda de Ebro y recupera su preciada libertad. Tras un cómico encuentro con el Caudillo, se dirige a la gran ciudad en busca de un porvenir. Allí llega a uno de los lugares más típicos de aquella época: una pensión, donde coincide con un muy peculiar grupo de personajes. Siempre con optimismo, trata de encontrar una ocupación que le permita sobrevivir, pero su pasado se lo pondrá muy difícil.

Al mismo tiempo, Petro – trasunto de Petra, otro de los personajes más conocidos de Escobar – emigra desde su pueblo y llega a la misma ciudad para trabajar de criada. En la casa donde desempeña su labor conoce a Alfonsito, un joven falangista muy intenso, quien se enamora perdidamente de ella y le pide ayuda para dotar al régimen del arma definitiva que la situará entre las grandes potencias mundiales. Con rapidez Alfonso López consigue que ambas tramas se mezclen y la comedia costumbrista da paso a una divertida historia de espionaje.

El argumento es sencillo y transcurre a un ritmo vertiginoso, por ello es necesario fijarse en los detalles. Más allá de los personajes que intervienen en la historia, desde Zipi y Zape hasta Manolete, pasando por Machín, López consigue incluir multitud de aspectos esenciales para comprender el periodo histórico en el que se sitúa la acción. Tienen un papel destacado los criminales nazis que utilizaban España como base para trasladarse a Sudamérica o que directamente se instalaban en la costa levantina o andaluza bajo el manto protector del franquismo. Asismismo, es interesante observar la figura del fantasma, uno de tantos topos que se ocultaron a lo largo y ancho del país para evitar las represalias del régimen. Otros temas aparecen también esbozados en El solar: la caza de nazis llevada a cabo por Simon Wiesenthal, el inicio de la Guerra Fría tras el final de la Segunda Guerra Mundial o las diversas corrientes internas del franquismo que se iban a enfrentar años más tarde.

A nivel gráfico el trabajo de Alfonso López es encomiable. El dibujo de trazo rápido y aparentemente sencillo recuerda claramente al de la época, pero gracias a un gran uso del color consigue actualizarlo y crear un estilo propio. Los personajes, caricaturescos, son tremendamente expresivos. Es también destacable la labor de documentación llevada a cabo por el dibujante, de manera que la Barcelona de la época es reconocible, así como la vestimenta de todos los personajes y los vehículos. Un último elemento fundamental para la efectividad de la obra es el uso que hace Alfonso López del lenguaje. Expresiones ya en desuso, seguramente extraídas o como mínimo inspiradas en el TBO, Jaimito, el DDT o el Pulgarcito jalonan el cómic y consiguen un gran efecto, ya que nos trasladan en un instante a la España de la posguerra.

En definitiva, El solar aúna la recuperación de la memoria sobre un momento muy concreto de la historia de España y al mismo tiempo consigue honrar a toda una generación de dibujantes y a sus creaciones. Para ello no cae en la nostalgia, sino que crea una trama muy fluida plagada de momentos divertidos. Alfonso López realiza un gran trabajo y consigue que alguien como yo, que más allá de Zipi y Zape no he leído casi nada de este periodo, se interese por una etapa crucial del cómic español. Un gran trabajo. PD: podéis leer las primeras páginas de la obra en la página web de La Cúpula.

La virgen roja

La virgen roja, de Mary M. Talbot y Bryan Talbot (La Cúpula)

Tras los brillantes La niña de sus ojos Sally Heathcote. Sufragista, el matrimonio Talbot ha vuelto a realizar un cómic histórico con perspectiva de género. En esta ocasión han recurrido a una estrategia diferente, y mientras en La niña de sus ojos mezclaban la memoria familiar de Mary Talbot con la biografía de Lucía Joyce y en Sally Heathcote. Sufragista crearon un personaje ficticio para retratar el movimiento sufragista, en La virgen roja han recreado la biografía de Louise Michel, una de las figuras más importantes de la Comuna de París y del anarquismo de finales del siglo XIX.

Como en sus anteriores obras, Mary Talbot ha vuelto a apostar por una trama no lineal. En este caso, asistimos a un encuentro entre la famosa feminista norteamericana Charlotte Perkins Gilman y la hija de una de las compañeras de Louise Michel. Su conversación, centrada en la revolucionaria, va repasando los momentos más decisivos de su vida. La primera parte me ha parecido un poco confusa, pero poco a poco las piezas van encajando y hacia la mitad de la obra la lectura se hace mucho más placentera.

El relato propiamente histórico se inicia en el Montmartre de 1870, en plena guerra franco-prusiana. El régimen de Napoleón III chocó con las ambiciones de la pujante Prusia y el pueblo francés pagó las consecuencias del enfrentamiento. Mary y Bryan Talbot retratan con crudeza las condiciones de vida de los parisinos más humildes, entre los que se encontraba la protagonista del cómic. El caldo de cultivo era ideal para que se produjera un estallido revolucionario y Louise Michel estuvo desde el principio en primera linea.

La capitulación del gobierno, que se refugió en Versalles, provocó la indignación de la población y en el momento en que el ejército trató de requisar los cañones que controlaba la milicia popular, el enfrentamiento entre franceses estalló. Las páginas que recrean estos momentos decisivos son las más emocionantes del cómic y consiguen que nos sumerjamos en la acción. El control popular de la ciudad, a pesar de la diversidad de idelogías que defendían los revolucionarios, desembocó en la denominada Comuna de París.

Los escasos dos meses en que la Comuna dominó París permitieron a Louise Michel impulsar algunas de sus ideas: nacionalización de las viviendas vacías para alojar a las familias más necesitadas, creación de guarderías públicas, impulso a la participación de la mujer en el ámbito público… La autogestión de una gran ciudad como París era un ejemplo muy poderoso y las élites no permitieron que prosperara. La represión fue terrible y las oscuras dobles páginas con que Bryan Talbot la ilustra, muestran su crudeza y la desesperación que Michel debió sentir.

Como muchos de sus compañeros y compañeras Louise Michel fue juzgada por su implicación en la insurrección, aunque su notoriedad consiguió que no fuera condenada a muerte. En el juicio la revolucionaria se dirigió al tribunal con las célebres palabras: «Dado que parece que todo corazón que late por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir no dejaré de clamar venganza y de denunciar, en venganza por mis hermanos…» 

Fue condenada al destierro a la colonia penal de Nueva Caledonia, en Oceanía, junto con algunos de sus compañeros communards. Allí entró en contacto con Nathaniel Lemel, una activista que la influyó en gran medida y que propició su acercamiento al anarquismo. Su mente inquieta y brillante la llevó a colaborar con el Instituto Geográfico de París con sus observaciones sobre la flora y la fauna de las islas. Además, mostró un gran interés en conocer y defender los derechos de los canacos, los nativos de Nueva Caledonia. Llegó incluso a apoyarlos en su rebelión anticolonial, hecho que la distanció de la mayor parte de sus compañeros.

Su regreso a Francia, tras siete años de destierro, fue un gran acontecimiento. Se convirtió en una figura querida y admirada por las clases populares, en el símbolo de aquella maravillosa utopía que fue la Comuna. Pese a su edad avanzada, Louise Michel siguió luchando por los derechos de la mujer, por el laicismo, por la igualdad de todos los franceses… Era un personaje muy incómodo, participaba activamente de todas las protestas, y por ello entró y salió de la cárcel en diversas ocasiones. Los sectores más conservadores de la sociedad francesa la odiaban profundamente, como demostró el ataque que sufrió en 1888 por parte de un monárquico. Su activismo la acompañaría hasta el final de sus días, cuando ya estaba considerada como una de las figuras más importantes del anarquismo europeo.

La importancia de la biografía de Louise Michel es obvia, pero el cómic va más allá. El título de la versión inglesa es The Red Virgin and the Vision of Utopia, hecho que prueba la importancia que dan los autores al concepto de utopía. Esta hace referencia a la Comuna, pero también a la literatura de ciencia ficción de corte utópico, de la que Michel era una gran lectora. La conversación entre Charlotte Perkins Gilman y su anfitriona parisina está llena de referencias literarias y de debates en torno a la visión del futuro que tenían diversos autores. El inicio y el final del cómic, con la presencia del inventor Franz Reichelt, también llevan a la reflexión sobre la utopía y los límites del ser humano. Una bella y trágica metáfora.

La parte gráfica de la obra, a cargo de Bryan Talbot – esta vez en solitario -, sigue la estela de sus anteriores trabajos. Las dos lineas argumentales están trabajadas de formas diferentes, siempre con el contraste entre el blanco y el negro como elemento predominante. Composiciones de página variadas, en muchos casos con viñetas sin marco, dobles páginas muy espectaculares y el uso del color rojo para dotar de fuerza a elementos como la sangre o las banderas son los elementos más destacados del trabajo de Talbot. Es muy destacable también la versatilidad del dibujo del británico, capaz de retratar con acierto el ambiente urbano de París o las paradisíacas islas oceánicas.

La virgen roja es un cómic realmente interesante. En mi opinión no está a la altura de las excelentes obras anteriores del matrimonio Talbot, pero el nivel sigue estando por encima de la media. La figura de Louise Michel, muy desconocida para mí, es presentada de forma acertada, aunque quizás hubiera sido necesario enlazar los grandes acontecimientos de su vida mediante una explicación un poco más detallada de su evolución personal. A pesar de estas lagunas, la lectura es más que recomendable. La Comuna de París es uno de esos hechos históricos prácticamente sepultados en los libros de Historia – pienso especialmente en los libros de texto -, y este cómic es una buena manera de acercarse a un acontecimiento trascendente que dejó una huella tanprofunda.

 PD: En el siguiente enlace podéis leer las primeras páginas del cómic.

La mujer rebelde

La mujer rebelde. La historia de Margaret Sanger, de Peter Bagge (La Cúpula)

Hasta La mujer rebelde no había leído nada de Peter Bagge. Cuando tratando de documentarme para escribir este texto he visto que estaba considerado como uno de los grandes del cómic underground – de ahí que me sonara mínimamente el nombre – me he llevado una agradable sorpresa. Parece difícil encontrar el nexo de unión entre Bagge y Margaret Sanger, la protagonista del cómic, pero es el propio dibujante quien en un texto titulado ¿Por qué Sanger?, incluido al final del cómic, nos da las claves: Margaret Sanger tuvo un papel fundamental en las luchas feministas de inicios del siglo XX y su legado ha llegado hasta nuestros días, pero al mismo tiempo su figura ha sido muy malinterpretada.  Peter Bagge quería dar a conocer su figura y transmitir su propia visión sobre el personaje, para lo que creó una obra realmente interesante.

Margaret Sanger nació en 1879 en el seno de una familia muy numerosa – once hermanos – en Nueva Jersey. Sus padres tenían ascendencia irlandesa y formación católica, aunque su progenitor se alejaría bastante joven de la religión y se convertiría en ateo practicante. Además, Michael Hennessey Higgins – el padre – era un convencido socialista que defendía el sufragio universal y la educación pública. Las ideas paternas y el sufrimiento de su madre, a causa de los dieciocho partos que afrontó, marcaron profundamente a la joven Margaret.

Peter Bagge recorre la infancia y juventud de la protagonista mediante episodios aislados que le permiten presentar los elementos que formarían su personalidad y su activismo futuros. Son especialmente memorables la visita que lleva a cabo con su padre, cantero de profesión, a la tumba de su hermano pequeño o las dificultades que tuvo que afrontar en el instituto. Su dedicación a la familia era plena, pero al mismo tiempo era consciente que debía estudiar para labrarse un futuro. Con la ayuda de sus hermanas, a las que estuvo toda su vida muy unida, pudo conseguirlo.

Margaret Sanger estudió enfermería y con su trabajo en algunas de las zonas más deprimidas de la región de Nueva York llegó a una conclusión: la vida de las mujeres no mejoraría hasta que pudieran decidir libremente sobre su maternidad. Empezó aconsejando a sus pacientes, de forma clandestina, sobre cómo evitar embarazos no deseados y poco a poco se fue convirtiendo en una ferviente defensora del control de la natalidad. A finales del siglo XIX y principios del XX defender este tipo de ideas era algo totalmente revolucionario y Sanger fue perseguida por ello.

Margaret Sanger pasó a ser una figura pública que mostró un gran dominio de la opinión pública y pese a no ser una gran oradora, conseguía que sus actos y sus discursos tuvieran una gran repercusión. Las fuerzas más conservadoras de la sociedad americana trataron siempre de difamarla y de frenar la difusión de sus ideas, provocando que incluso tuviera que exiliarse durante unos años a Europa para escapar a una condena totalmente injusta.

Algunas de sus ideas son muy controvertidas hoy en día, especialmente su defensa de la eugenesia, y también se la acusa entre otras cosas de racista. Peter Bagge no rehúye estas polémicas, al contrario, y presenta a una Sanger compleja, con claroscuros y muy enraizada en la mentalidad de su época, donde lo políticamente correcto aún no dominaba todos los discursos.

Asimismo, su vida personal tiene una gran presencia en el cómic. La relación con sus padres, con sus hermanos y sus hermanas y, finalmente, con su marido y sus hijos salpican de anécdotas toda la trama. Bagge las emplea para humanizar al personaje y para mostrar cómo su vida pública afectó en gran medida a sus relaciones familiares.

Para quienes hayan leído obras anteriores de Peter Bagge, imagino que el dibujo y el color de La mujer rebelde no serán una sorpresa, ya que se mantiene bastante fiel a su estilo. En mi caso sí que lo fue, ya que encontrar un cómic biográfico tan serio – en el mejor sentido de la palabra – con un aire tan caricaturesco me pareció muy original. Los cuerpos alargados, las extremidades curvilíneas y ese aspecto tan de cartoon consiguen crear una sensación de ligereza que contrasta con el contenido y las profundas reflexiones que conforman la obra. Los personajes son tremendamente expresivos y el uso de colores tan planos, aunque parezca mentira, consigue crear las atmósferas adecuadas para que la acción fluya.

Con La mujer rebelde estamos ante una de esas obras que podrían – deberían – incluirse en los planes de estudio de secundaria. Los inicios del feminismo, la reflexión en torno al control de la natalidad, la situación de las mujeres y las desigualdades entre ellas según su clase social, el papel de la Iglesia en la sociedad y muchos otros temas tienen importancia en el cómic. Los textos de apoyo que incluye el autor son muy interesantes, tanto el mencionado al inicio de la reseña, en el que Bagge reflexiona sobre Margaret Sanger como personaje histórico y sobre su consideración actual, como la profusa cronología al final del libro. Aquí podéis leer unas páginas de muestra.

Una gran novela gráfica sobre una de tantas grandes mujeres que la Historia y la sociedad patriarcal en que vivimos han ido arrinconando hacia el olvido.

La niña de sus ojos

La niña de sus ojos, de Mary y Bryan Talbot (La Cúpula)

Mary Talbot es una prestigiosa académica dedicada a los estudios de género. Hija de James S. Atherton, uno de los mayores expertos en Joyce, y casada con el dibujante Bryan Talbot, decidió dar su primer paso en el mundo del cómic con el guión de La niña de sus ojos. Es una obra tremendamente original, ya que no es ni una autobiografía ni una biografía al uso, sino que establece un paralelismo entre su propia vida y la de Lucía Joyce, ambas bajo la influencia de unas figuras paternas que las marcaron profundamente.

El cómic utiliza tres tiempos distintos para situar la acción: en primer lugar, el pasado más reciente, con una Mary Talbot ya adulta, que se decide a crear esta obra; en segundo término, los primeros años de vida de la protagonista, hasta que se convierte en madre; y, por último, la juventud de Lucía Joyce, durante los años 20 y 30 del siglo XX.

La linea argumental centrada en la infancia de Mary Talbot nos lleva a la Inglaterra de posguerra y nos presenta las estrecheces que pasaba la familia Atherton. La relación padre-hija es el eje de la narración, ya que sus hermanos mayores se fueron pronto de casa, y Mary se quedó sola con sus progenitores. Pero la narración también nos permite conocer la situación socioeconómica general y, especialmente, la situación de la mujer en esos oscuros años. Las desigualdades, que se iniciaban ya con la segregación escolar, afectaban a la población femenina en todos los ámbitos de su vida, como vamos viendo a medida que avanza el relato.

En cuanto a Lucía Joyce, la acción nos traslada al París de los años 20, donde vemos desfilar a la élite artística y literaria de la época. Es evidente la identificación de Mary Talbot con Lucía, aunque el retrato que hace de su propio padre es más duro que el que hace de James Joyce. De nuevo la relación padre-hija vuelve a ser fundamental, pero en este caso, la influencia de Nora, la madre de Lucía, es mucho mayor, pese a que su catolicismo feroz la lleva a defender posturas aún más conservadoras que las de su marido.

La hija del escritor irlandés se convirtió en una bailarina de éxito, pero el rechazo familiar a la danza como actividad artística acabó provocando que la abandonase. La discriminación que sufrió Lucía por el hecho de ser mujer, evidente en la comparación con su hermano Giorgio y con la que su madre estaba totalmente de acuerdo, le acabó generando problemas psicológicos. La tormentosa relación que mantuvo con Samuel Beckett, quien ejercía como secretario de su padre, fue la gota que colmó el vaso y la familia decidió que Lucía debía ser internada en un sanatorio mental. Fue el inicio a más de 40 años vagando por este tipo de instituciones y el final de una carrera artística prometedora que fue destruida.

Las diferencias que existen entre los acontecimientos que vivieron ambas protagonistas, no impiden que el cómic plasme con claridad las ideas de Mary Talbot. La denuncia de las injusticias que han sufrido – y aún sufren – las mujeres es la línea de continuidad de la obra. Pero además, muchos otros temas tienen cabida en las escasas 100 páginas de las que consta La niña de sus ojos: las relaciones paterno-filiales, la vida del artista, la vocación, e incluso la influencia de la religión en la vida personal.

El apartado gráfico, como en otras obras de Bryan Talbot (Sally Heathcote. Sufragistatambién en el blog) es muy interesante. El elemento más destacado es el uso del color, ya que cada uno de los tres tiempos en que se sitúa la acción tiene unas características diferentes: la Mary Talbot actual aparece en viñetas influenciadas por la línea clara y con un uso del color bastante convencional; su infancia y adolescencia están representadas mediante viñetas sin marco, composiciones de página más originales y tonos sepia, con puntuales elementos coloreados para darles énfasis; por último, la trama centrada en Lucía Joyce, mantiene la estructura de la segunda parte, pero esta vez con tonos grises, negros y azulados.

El uso  de tres tipos de dibujo diferentes muestra el gran dominio técnico de Bryan Talbot, así como su voluntad de encontrar el estilo más idóneo para cada una de las subtramas. Las tres funcionan perfectamente, aunque son las centradas en el pasado de la guionista y de Lucía Joyce las más brillantes. Un aspecto concreto que ha llamado mi atención y que me ha parecido muy acertado es el uso de notas al pie para introducir los comentarios de Mary Talbot sobre los dibujos de su marido, ya que en ocasiones estos no son fieles a sus recuerdos, y nos lo hace saber mediante frases muy divertidas.

En definitiva, La niña de sus ojos es una lectura totalmente recomendable por multitud de aspectos, desde sus aportaciones históricas hasta sus reflexiones sobre las desigualdades de género. Pero creo que el elemento más original es la creación de una novela gráfica que incluye una biografía, una autobiografía y las memorias personales de la autora sobre las circunstancias en que el propio cómic fue elaborado. De momento la unión del matrimonio Talbot en el cómic ha producido dos obras de mucho nivel sobre temas frecuentemente olvidados, espero que sean los primeros de muchos que están por llegar.

Kafka

Kafka, de Robert Crumb y David Z. Mairowitz (La Cúpula)

Franz Kafka es uno de los más grandes escritores europeos del siglo XX. Su prematura muerte y las múltiples interpretaciones de su obra lo han convertido en un personaje prácticamente mítico. Multitud de académicos han estudiado su literatura y su legado, y muchos son los debates que sus textos han generado.

A primera vista Kafka parece un cómic más, pero la obra de Mairowitz y Crumb no es sólo una novela gráfica, ya que el texto del escritor americano, acompañado por las ilustraciones del padre del Comix, es además un ensayo académico sobre la vida y la obra del escritor checo. La combinación de texto, ilustración y cómic consigue que el conjunto fluya y hace que su lectura sea muy amena.

Kafka fue un judío checo que escribía en alemán y al que le tocó vivir una época muy convulsa: el final del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Kafka, por tanto, pasó su infancia y juventud en el Imperio Austrohúngaro; pero falleció – en 1924 – cuando su Praga natal pertenecía a la Checoslovaquia independiente.

La narración de Mairowitz es muy interesante, ya que a los hechos biográficos de Kafka, añade el análisis literario de sus obras más conocidas – La metamorfosis o El proceso, entre otras -. La relación con su familia, especialmente con su padre, tuvo una gran trascendencia en la vida de Franz Kafka, y éste la trasladó a su escritura. Sus miedos, sus complejos y la visión que tenía sobre sí mismo son elementos claves para comprender su obra, y el dibujo de Crumb consigue transmitirlo perfectamente.

El enfoque de Mairowitz y Crumb, como no podía ser de otra manera, muestra un gran sentido del humor, puesto que reivindican la comicidad y la capacidad de autoparodia de algunos de los textos del escritor de Praga. Las numerosas formas en que Kafka imaginó su propia muerte son buen ejemplo de este aspecto poco conocido, que Crumb y Mairowitz amplifican de manera brillante.

Para los no expertos en la obra de Kafka – como es mi caso – los breves cómics sobre sus obras más representativas son especialmente interesantes. De forma resumida, los autores muestran los aspectos esenciales de sus obras más importantes y es un placer poder contemplar como alguien con un mundo creativo tan especial como Robert Crumb se imagina los relatos de Kafka. Además, los análisis de Mairowitz son muy certeros y descifran con brillantez las intenciones ocultas del escritor.

Por último, dos aspectos concretos me han llamado mucho la atención: en primer lugar, la explicación del origen del adejtivo kakfiano, que según Mairowitz, no concuerda con la obra de Kafka. Para el escritor americano el propio Kafka estaría muy descontento con el significado que ha adquirido esta palabra. En segundo lugar,  es genial como Crumb refleja la conversión de Kafka en un icono turístico para Praga. Aunque la mayoría de turistas seguramente no hayan leído nada del escritor checo, son multitud los que compran alguno de los recuerdos con su cara.  Una gran metáfora de los tiempos que nos han tocado vivir.

Los ignorantes

Los ignorantes, de Étienne Davodeau (La Cúpula)

Los ignorantes no es un cómic histórico, es un cómic periodístico o un reportaje en cómic, si queremos concretar un poco. Pese a este alejamiento del tono general del blog, su enfoque es tan atractivo que creo que es una lectura muy recomendable. En La mala gente Étienne Davodeau se acercó al surgimiento del movimiento sindical de raíz católica en el ámbito rural francés, del que participaron sus padres; y en Rural, el autor galo nos muestra su particular visión sobre la agricultura ecológica y la lucha por preservar el medio ambiente. Con Los ignorantes, Davodeau cierra su particular trilogía agrícola.

El punto de partida del cómic es tremendamente sugerente, puesto que el dibujante francés relata en primera persona su particular intercambio con el viticultor Richard Leroy. Davodeau trabajará en los viñedos de Leroy para poder crear este cómic y descubrir los secretos del vino, y a cambio, instruirá al viticultor en las peculiaridades del mundo del cómic. Ambos son unos ignorantes en el campo que domina el otro, así que el cómic refleja el aprendizaje que produce la convivencia.

Para alguien como yo, con muy pocos conocimientos del mundo del vino y de los procesos que permiten obtener un buen caldoel cómic de Étienne Davodeau es muy instructivo. Fiel al estilo de su autor, Los ignorantes es una obra reposada, de ritmo lento, pero tremendamente interesante. Desde la poda de la viña hasta los elementos que convierten a un buen vino en un gran vino capaz de obtener premios y éxito comercial, Davodeau consigue transmitir la sabiduría de Richard Leroy y nos hace partícipes de su aprendizaje.

El carácter, algo especial, del viticultor galo y su convivencia con el dibujante crean los momentos más humorísticos del cómic, en el que predomina un tono costumbrista. Las visitas a otros bodegueros o a un fabricante artesanal de barricas completan el panorama del importante y prestigioso sector vitivinícola de Francia.

Pero como decía al principio, Los ignorantes es un intercambio, y Richard Leroy recibe las lecciones de Étienne Davodeau sobre cómic. El viticultor no es un experto en la materia, ya que tan solo ha leído algunos de los clásicos infantiles y juveniles, y el dibujante le prepara una interesante serie de lecturas a modo de introducción. El objetivo de Davodeau es que Leroy se haga una idea general de la diversidad de géneros existentes y de la evolución del cómic en los últimos años. Después de cada lectura ambos comentan sus impresiones y Davodeau trata de profundizar en los elementos que considera más importantes.

Además, igual que hace con él Richard Leroy, Davodeau lleva a su compañero de visita a diferentes lugares para conocer mejor el mundo del cómic. En mi opinión esta es la parte más atractiva de la obra para los amantes del cómic, ya que de la mano de Davodeau y Leroy, visitamos a autores tan importantes como Gibrat, Guibert (algunas de sus obras en el blog) o Trondheim; y éstos explican los entresijos de sus cómics. El panorama del cómic se completa con la visita a la editorial de Davodeau, a la imprenta en la que se está produciendo su última obra o a uno de los festivales más importantes para el cómic francobelga, el de Quai des Bulles.

El dibujo de Davodeau, fiel a su estilo, es perfecto para complementar las buenas conversaciones, las buenas lecturas y el buen vino que protagonizan Los ignorantes. Una obra que permite aprender sobre dos mundos tan aparentemente alejados como el cómic y el vino, pero que analizados desde la perspectiva del autor francés presentan muchas semejanzas. Por último, solamente añadir que al final de la obra se incluye un anexo con lo bebido y lo leído durante la realización del cómic, de manera que si tenemos interés es sencillo encontrar tanto los vinos como los cómics que aparecen en la obra.

Macedonia

Macedonia, de Harvey Pekar, H. Robertson y Ed Piskor (La Cúpula)

Harvey Pekar es muy conocido por ser el guionista de la legendaria American Splendor,  en la que grandes dibujantes como Robert Crumb o Joe Sacco, entre otros, daban vida a las andanzas cotidianas del propio Pekar. En esta ocasión, el guionista americano colaboró con Heather Roberson y con el dibujante Ed Piskor para crear Macedonia, una obra muy alejada del costumbrismo intencionadamente patético de American Splendor.

Heather Roberson era una estudiante de Peace and Conflict Studies (Estudios sobre Paz y conflictos) en California. Tras discutir con un profesor que defendía la inevitabilidad de la guerra, y después de utilizar el caso de Macedonia como ejemplo de que era posible evitar el conflicto; decidió viajar al país balcánico a estudiar con detalle cómo era posible que las guerras de la antigua Yugoslavia no hubieran llegado a ese lugar. Éste es el punto de partida del cómic, un viaje a un país bastante desconocido de la mano de la autora, aunque poco tiene que ver Macedonia con la obra de Guy Delisle.

El objetivo de Roberson era escribir su tesis doctoral sobre el caso macedonio, en concreto sobre las herramientas del derecho nacional e internacional que hicieron posible que Macedonia no sufriera una guerra. Esta investigación es la base del cómic, ya que por sus páginas aparecen continuamente jueces, abogados, trabajadores de la ONU, diplomáticos y politólogos que son interrogados en profundidad por la protagonista. En muchas ocasiones la sensación es de estar ante una obra académica y no ante un cómic.

Al mismo tiempo que la investigación avanza, asistimos al descubrimiento de la vida cotidiana macedonia por parte de Heather Roberson. La división étnica entre macedonios y albaneses está muy presente en el país, y Roberson va descubriendo que la realidad nada tiene que ver con el supuesto paraíso multicultural. En mi opinión esta es la parte más interesante del cómic, con los viajes y aventuras de la protagonista, ya que los fragmentos más centrados en la legislación son demasiado densos.

Formalmente, el dibujo de Piskor es correcto, pero aunque trate de conseguir un estilo realista a lo Joe Sacco, creo que no está ni mucho menos a su altura. El afán por transmitir al ciento por ciento los avances de la investigación de Roberson provoca que en muchos momentos los textos sean muy extensos y que el dibujo quede en un segundo plano, tan solo funcionando como contexto.

Finalmente, sólo añadir que Macedonia es una novela gráfica muy interesante. Trata un tema complejo  con total rigurosidad, pero precisamente éste es su punto más débil, ya que la falta de ritmo y la densidad del texto causan que el cómic sea una lectura farragosa. La prioridad de Pekar y Roberson fue la fidelidad a la investigación y este hecho provoca que solo quien esté realmente interesado en los países balcánicos o en los procesos de paz y la naturaleza de los conflictos bélicos disfrutará al máximo su lectura.