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El atentado

El atentado, de Duvallier y Chapron

Yasmina Khadra es el seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul, autor de la novela en la que está basado el cómic de Löic Dauvillier y Glen Chapron. Su pasado como militar, su nom de plume femenino y el hecho de escribir en francés, lo han convertido en un personaje muy controvertido. En sus novelas se ha acercado a diversos lugares y conflictos del mundo árabe y musulmán y, en el caso que nos ocupa, El atentado trata de reflejar la realidad de Israel y Palestina, aunque para ello se vale de la ficción y de un personaje brillantemente creado: Amín Jaafari.

Jaafari es un médico palestino que ha conseguido la nacionalidad israelí. Reside en Tel Aviv, está plenamente integrado en la sociedad hebrea y trabaja en un hospital prestigioso. Todo cambia cuando se produce un atentado en un restaurante de la ciudad, que deja 19 víctimas mortales. Una de ellas es su esposa Sihem, quien resulta ser la kamikaze que se ha inmolado. Amín no sabía nada, no conocía la deriva integrista de Sihem, ignoraba completamente cómo había entrado en contacto con grupos terroristas y le parecía imposible que su mujer hubiera cometido un acto de esta naturaleza. Además, las autoridades israelíes sospechan de su implicación y sufre ataques por parte de algunos de sus vecinos israelíes. Su vida ha caído en un agujero negro y el protagonista no sabe el porqué. Esa búsqueda de respuestas es el eje argumental de la obra.

No he leído la novela original y por tanto, no puedo valorar su calidad ni la fidelidad del cómic al argumento creado por Yasmine Khadra. Lo que sí puedo constatar es que el gran mérito de Löic Dauvillier es haber conseguido un ritmo narrativo excelente. Escenas vertiginosas bien enlazadas con momentos de silencio y reflexión; profusión de personajes y escenarios que contrastan con el lento hallazgo de respuestas por parte del protagonista. La combinación de estos elementos consiguen crear una trama adictiva, llena de giros que cambian constantemente nuestra percepción sobre el conflicto entre Israel y Palestina y sobre la infructuosa labor de Amín Jaafari.

atentado2Desde el punto de vista histórico, el cómic no aporta grandes novedades, ya que la acción está situada en un presente indefinido; pero lo que convierte esta obra en una lectura muy recomendable es el complejo retrato que lleva a cabo del conflicto árabe-israelí. El guión de Dauvillier incluye multitud de factores inherentes a la situación que se vive en Palestina: fanatismo, racismo, terrorismo, desesperación, venganza… Amín Jaafari se encuentra en medio de esta vorágine y poco a poco va descubriendo la forma de actuar y las motivaciones de los diversos actores que están implicados en el atentado que cometió su esposa.

El maniqueísmo habitual de los superficiales análisis de nuestros medios de comunicación no tiene cabida en El atentado. En este sentido, son especialmente relevantes las conversaciones de Jaafari con algunos líderes, tanto religiosos como civiles, de los grupos que luchan mediante las armas contra el Estado Israelí. Diálogos pensados, densos, que requieren de una relectura para comprender la profundidad de los argumentos jalonan la búsqueda del protagonista, quien lentamente se adentra en el abismo. No tiene nada que perder y actúa inconscientemente, desoyendo los consejos y las advertencias de las personas que se preocupan por él.

Su retorno a Palestina, donde vive su familia, rompe los esquemas de alguien que se ha acostumbrado a la vida de Tel Aviv. Pone en entredicho sus propias creencias, sus principios se resquebrajan y Amín se sumerge en un mar de dudas. La culpa por no haber conocido en profundidad a Sihem, por no haber percibido su evolución, se suma a su experiencia en primera persona de las atrocidades que comete el ejército israelí. Amín Jaafari es un náufrago que en su deriva nos permite conocer desde dentro uno de los conflcitos más complejos del mundo.

A nivel gráfico el trabajo de Glen Chapron es encomiable. A una estructura fija con cuatro tiras de viñetas por página, la dota de la viveza necesaria para evitar la monotonía. El dibujo busca el realismo, pero no cae en grandes artificios. Sus personajes son expresivos y los escenarios consiguen el grado de verosimilitud necesarios para trasladarnos a lugares con los que estamos familiarizados por su gran presencia en los medios de comunicación. El uso del color como elemento narrativo es adecuado y permite a Chapron crear atmósferas muy efectivas en momentos determinados.

Israel y Palestina son el escenario de numerosos cómics, algunos de ellos anteriormente reseñados en el blog, pero El atentado es una obra diferente. No trata de analizar el conflicto ni busca sus orígenes históricos sino que mediante la ficción nos permite observar desde dentro su desarrollo. Si tan solo queremos confirmar nuestros prejuicios, la obra de Dauvillier y Chapron no será placentera, pero si estamos abiertos a que nuestras ideas preconcebidas evolucionen, El atentado es una obra magnífica. Un cómic que nos cuestiona, que si tenemos una mínima empatía nos incomoda, un gran cómic.

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Así calló Zaratustra

Así calló Zaratustra, de Nicolas Wild (Dibbuks)

La historia reciente de Irán ha protagonizado diversos cómics en los últimos años. Es especialmente conocida Persépolis, la obra de Marjane Satrapi que retrata su infancia y da su visión de la revolución islámica que vivió el país a finales de los 70. Irán también tiene un papel fundamental en el fantástico Los mejores enemigos de Filiu y David B (aquí el segundo volumen).

En los últimos meses, su acuerdo con los Estados Unidos sobre armamento nuclear ha vuelto a llevar a las portadas a los iraníes. La guerra en Siria y los múltiples conflictos latentes en Oriente Medio muestran el peso de Irán en las relaciones internacionales, pero si nos paramos a pensar, no conocemos demasiado de su sociedad, de su gente, de sus tradiciones, de sus minorías… Así calló Zaratustra nos permite acercarnos a estas realidades que siempren quedan en segundo plano cuando leemos sobre el estado heredero del gran Imperio Persa.

Nicolas Wild, tras relatar su paso por Afganistán en Kabul Disco, decidió acercarse al contexto iraní y se encontró con grupo de gente muy especial: los zoroástricos. El zoroastrismo es una de las religiones monoteístas más antiguas y tiene su origen en el Irán preislámico, es decir, en Persia, donde nació su profeta y fundador Zaratustra. El culto al único dios – Ahura Mazda – y el uso ceremonial del fuego son dos de sus rasgos más característicos. La expansión musulmana, que llegó a Persia a mediados del siglo VI, provocó que la mayoría de la población se convirtiera al Islam. La mayor comunidad zoroástrica se exilió a la India, donde se asentaron y donde en la actualidad se les conoce como parsis. 

En Irán solo quedó una pequeña población centrada en la ciudad de Yazd, lugar en el que su cultura y su religión han perdurado hasta nuestros días. La revolución islámica de 1979, impulsada por el ayatolá Jomeini, supuso un grave perjuicio para los zoroástricos, ya que dejaron de ser tolerados por las autoridades del país y se inició un periodo de persecuciones y clandestinidad que ha llegado hasta el presente.

El cómic de Nicolas Wild mezcla la realidad y la ficción para crear un relato realmente apasionante. El asesinato de Cyrus Yazdani, inspirado en el asesinato real del exiliado Kasra Vafadari en Madrid en 2008, da origen a la historia, que nos traslada al París de los refugiados afganos, a la Ginebra de los exiliados iraníes y al Irán zoroástrico de la mano del propio Wild, protagonista de la historia. El descubrimiento de la figura de Yazdani y el intento de esclarecer su muerte son los ejes sobre los que gira la acción, pero el cómic ofrece muchos más elementos de interés.

En primer lugar, la novela gráfica permite conocer los aspectos esenciales de una religión tan antigua y con tantos vínculos con los tres grandes monoteísmos como el Zoroastrismo. En segundo término, gracias a un viaje que lleva a cabo el propio Wild, asistimos a una acelarada clase sobre la realidad sociopolítica iraní. También nos ayuda a comprender la situación de los refugiados afganos en su exilio europeo, concretamente en París, donde se encuentran una acogida no demasiado calurosa. Por último, el sentido del humor es un elemento central en la obra, pese a la seriedad de los temas tratados, y el relato de Nicolas Wild resulta realmente ameno.

En cuanto a la parte gráfica de la obra, el autor francés ha llevado a cabo un trabajo excelente. A la influencia de la línea clara, Wild une una ambientación muy cuidada y un uso brillante del blanco y negro. Su aparente sencillez no esconde algunos recursos muy imaginativos y unos personajes expresivos que consiguen la empatía del lector. El conjunto es realmente efectivo y aunque no destaca por su espectacularidad, el dibujo aporta todo lo necesario para que el cómic funcione.

En definitiva, Así calló Zaratustra es un gran cómic. Grandes dosis de intriga, la cantidad justa de divulgación histórica y un argumento repleto de giros, todo aderezado con mucho sentido del humor. Una gran forma de descubrir una de las realidades más ocultas y desconocidas de Irán.