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El atentado

El atentado, de Duvallier y Chapron

Yasmina Khadra es el seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul, autor de la novela en la que está basado el cómic de Löic Dauvillier y Glen Chapron. Su pasado como militar, su nom de plume femenino y el hecho de escribir en francés, lo han convertido en un personaje muy controvertido. En sus novelas se ha acercado a diversos lugares y conflictos del mundo árabe y musulmán y, en el caso que nos ocupa, El atentado trata de reflejar la realidad de Israel y Palestina, aunque para ello se vale de la ficción y de un personaje brillantemente creado: Amín Jaafari.

Jaafari es un médico palestino que ha conseguido la nacionalidad israelí. Reside en Tel Aviv, está plenamente integrado en la sociedad hebrea y trabaja en un hospital prestigioso. Todo cambia cuando se produce un atentado en un restaurante de la ciudad, que deja 19 víctimas mortales. Una de ellas es su esposa Sihem, quien resulta ser la kamikaze que se ha inmolado. Amín no sabía nada, no conocía la deriva integrista de Sihem, ignoraba completamente cómo había entrado en contacto con grupos terroristas y le parecía imposible que su mujer hubiera cometido un acto de esta naturaleza. Además, las autoridades israelíes sospechan de su implicación y sufre ataques por parte de algunos de sus vecinos israelíes. Su vida ha caído en un agujero negro y el protagonista no sabe el porqué. Esa búsqueda de respuestas es el eje argumental de la obra.

No he leído la novela original y por tanto, no puedo valorar su calidad ni la fidelidad del cómic al argumento creado por Yasmine Khadra. Lo que sí puedo constatar es que el gran mérito de Löic Dauvillier es haber conseguido un ritmo narrativo excelente. Escenas vertiginosas bien enlazadas con momentos de silencio y reflexión; profusión de personajes y escenarios que contrastan con el lento hallazgo de respuestas por parte del protagonista. La combinación de estos elementos consiguen crear una trama adictiva, llena de giros que cambian constantemente nuestra percepción sobre el conflicto entre Israel y Palestina y sobre la infructuosa labor de Amín Jaafari.

atentado2Desde el punto de vista histórico, el cómic no aporta grandes novedades, ya que la acción está situada en un presente indefinido; pero lo que convierte esta obra en una lectura muy recomendable es el complejo retrato que lleva a cabo del conflicto árabe-israelí. El guión de Dauvillier incluye multitud de factores inherentes a la situación que se vive en Palestina: fanatismo, racismo, terrorismo, desesperación, venganza… Amín Jaafari se encuentra en medio de esta vorágine y poco a poco va descubriendo la forma de actuar y las motivaciones de los diversos actores que están implicados en el atentado que cometió su esposa.

El maniqueísmo habitual de los superficiales análisis de nuestros medios de comunicación no tiene cabida en El atentado. En este sentido, son especialmente relevantes las conversaciones de Jaafari con algunos líderes, tanto religiosos como civiles, de los grupos que luchan mediante las armas contra el Estado Israelí. Diálogos pensados, densos, que requieren de una relectura para comprender la profundidad de los argumentos jalonan la búsqueda del protagonista, quien lentamente se adentra en el abismo. No tiene nada que perder y actúa inconscientemente, desoyendo los consejos y las advertencias de las personas que se preocupan por él.

Su retorno a Palestina, donde vive su familia, rompe los esquemas de alguien que se ha acostumbrado a la vida de Tel Aviv. Pone en entredicho sus propias creencias, sus principios se resquebrajan y Amín se sumerge en un mar de dudas. La culpa por no haber conocido en profundidad a Sihem, por no haber percibido su evolución, se suma a su experiencia en primera persona de las atrocidades que comete el ejército israelí. Amín Jaafari es un náufrago que en su deriva nos permite conocer desde dentro uno de los conflcitos más complejos del mundo.

A nivel gráfico el trabajo de Glen Chapron es encomiable. A una estructura fija con cuatro tiras de viñetas por página, la dota de la viveza necesaria para evitar la monotonía. El dibujo busca el realismo, pero no cae en grandes artificios. Sus personajes son expresivos y los escenarios consiguen el grado de verosimilitud necesarios para trasladarnos a lugares con los que estamos familiarizados por su gran presencia en los medios de comunicación. El uso del color como elemento narrativo es adecuado y permite a Chapron crear atmósferas muy efectivas en momentos determinados.

Israel y Palestina son el escenario de numerosos cómics, algunos de ellos anteriormente reseñados en el blog, pero El atentado es una obra diferente. No trata de analizar el conflicto ni busca sus orígenes históricos sino que mediante la ficción nos permite observar desde dentro su desarrollo. Si tan solo queremos confirmar nuestros prejuicios, la obra de Dauvillier y Chapron no será placentera, pero si estamos abiertos a que nuestras ideas preconcebidas evolucionen, El atentado es una obra magnífica. Un cómic que nos cuestiona, que si tenemos una mínima empatía nos incomoda, un gran cómic.

El solar

El solar, de Alfonso López (La Cúpula)

Los años 40 fueron terribles para la mayoría de la población española. El país había quedado arrasado tras la guerra civil, la represión instaurada por el régimen franquista fue atroz y el aislamiento internacional provocado por la alianza del franquismo con la Alemania nazi y la Italia fascista generaba una carestía abrumadora. La situación de quienes habían luchado por la República era aún peor, ya que a la miseria general tenían que añadir sus dificultades para conseguir trabajo o la discriminación social y legal que padecían.

El veterano dibujante Alfonso López decidió situar la acción de El solar en esta época, concretamente en el año 1947, cuando cerró el campo de concentración de Miranda de Ebro, el último que permaneció abierto en España. El contexto histórico está muy cuidado, pero Alfonso López no trata tan solo de recuperar la memoria sobre el pasado, su objetivo con esta obra es por encima de todo homenajear a los tebeos y a los dibujantes que marcaron a varias generaciones. El humor típico de aquellas publicaciones, su lenguaje, los recursos inherentes al medio, y evidentemente, algunos de los personajes más característicos de las viñetas de los años 40 y 50 tienen un papel central en El Solar. López también incluye algunos otros iconos de la cultura popular de aquel tiempo.

El protagonista, Pepe Gazuza – obviamente inspirado en Carpanta, el famoso personaje de Escobar -, deja el campo de Miranda de Ebro y recupera su preciada libertad. Tras un cómico encuentro con el Caudillo, se dirige a la gran ciudad en busca de un porvenir. Allí llega a uno de los lugares más típicos de aquella época: una pensión, donde coincide con un muy peculiar grupo de personajes. Siempre con optimismo, trata de encontrar una ocupación que le permita sobrevivir, pero su pasado se lo pondrá muy difícil.

Al mismo tiempo, Petro – trasunto de Petra, otro de los personajes más conocidos de Escobar – emigra desde su pueblo y llega a la misma ciudad para trabajar de criada. En la casa donde desempeña su labor conoce a Alfonsito, un joven falangista muy intenso, quien se enamora perdidamente de ella y le pide ayuda para dotar al régimen del arma definitiva que la situará entre las grandes potencias mundiales. Con rapidez Alfonso López consigue que ambas tramas se mezclen y la comedia costumbrista da paso a una divertida historia de espionaje.

El argumento es sencillo y transcurre a un ritmo vertiginoso, por ello es necesario fijarse en los detalles. Más allá de los personajes que intervienen en la historia, desde Zipi y Zape hasta Manolete, pasando por Machín, López consigue incluir multitud de aspectos esenciales para comprender el periodo histórico en el que se sitúa la acción. Tienen un papel destacado los criminales nazis que utilizaban España como base para trasladarse a Sudamérica o que directamente se instalaban en la costa levantina o andaluza bajo el manto protector del franquismo. Asismismo, es interesante observar la figura del fantasma, uno de tantos topos que se ocultaron a lo largo y ancho del país para evitar las represalias del régimen. Otros temas aparecen también esbozados en El solar: la caza de nazis llevada a cabo por Simon Wiesenthal, el inicio de la Guerra Fría tras el final de la Segunda Guerra Mundial o las diversas corrientes internas del franquismo que se iban a enfrentar años más tarde.

A nivel gráfico el trabajo de Alfonso López es encomiable. El dibujo de trazo rápido y aparentemente sencillo recuerda claramente al de la época, pero gracias a un gran uso del color consigue actualizarlo y crear un estilo propio. Los personajes, caricaturescos, son tremendamente expresivos. Es también destacable la labor de documentación llevada a cabo por el dibujante, de manera que la Barcelona de la época es reconocible, así como la vestimenta de todos los personajes y los vehículos. Un último elemento fundamental para la efectividad de la obra es el uso que hace Alfonso López del lenguaje. Expresiones ya en desuso, seguramente extraídas o como mínimo inspiradas en el TBO, Jaimito, el DDT o el Pulgarcito jalonan el cómic y consiguen un gran efecto, ya que nos trasladan en un instante a la España de la posguerra.

En definitiva, El solar aúna la recuperación de la memoria sobre un momento muy concreto de la historia de España y al mismo tiempo consigue honrar a toda una generación de dibujantes y a sus creaciones. Para ello no cae en la nostalgia, sino que crea una trama muy fluida plagada de momentos divertidos. Alfonso López realiza un gran trabajo y consigue que alguien como yo, que más allá de Zipi y Zape no he leído casi nada de este periodo, se interese por una etapa crucial del cómic español. Un gran trabajo. PD: podéis leer las primeras páginas de la obra en la página web de La Cúpula.

Basura

Basura, de Derf Backderf (Astiberri)

basura

Pocas cosas hay más cotidianas que la basura,  pero a pesar de ello, es una gran desconocida. Más allá de los contenedores donde la depositamos y de los camiones de recogida que vemos a diario, en general ignoramos completamente lo que sucede posteriormente con nuestros desperdicios. Los residuos conforman una industria enorme que mueve 55.000 millones de dólares anuales en los Estados Unidos, en la que participan enormes conglomerados empresariales como ACS o FCC en España o con la que diversos grupos mafiosos se han lucrado durante décadas en Italia. Es un negocio redondo, con una materia prima prácticamente infinita que todos colaboramos a incrementar.

Derf Backderf, consciente de todo ello y con una experiencia de dos años (1979-1980) trabajando de basurero, ha tratado de dar a conocer este peliagudo tema. Para ello se ha basado en su propia experiencia, ha investigado sobre la materia en cuestión y ha visitado centros de reciclaje, vertederos y plantas de tránsito de basuras. Pese a lo aparentemente arduo de la cuestión, el dibujante norteamericano ha conseguido crear un cómic didáctico, entretenido y muy divertido.

La estructura del cómic es sencilla, pero muy efectiva. En primer lugar Backderf incluye un breve prólogo que narra el devenir histórico de la recogida de basuras, desde el 3.000 aC, cuando se data el vertedero conocido más antiguo en la isla de Creta, hasta los vertederos y plantas de incineración modernas. Es encomiable la capacidad de síntesis del dibujante, que en muy pocas páginas traza las líneas maestras de la recogida de basuras a lo largo de la Historia: los graves problemas de residuos que tuvo Roma, el peligro que suponía su acumulación al lado de las murallas de las ciudades, el uso de los ríos como vertedero natural, los hombres del polvo de Londres…


A continuación, Derf Backderf narra las andanzas de un joven norteamericano que empieza a trabajar como basurero. Aunque la trama es de ficción, en parte está basada en sus propias experiencias de hace más de tres décadas. Es muy interesante cómo Backderf relata la evolución del joven: desde el asco inicial a la total adaptación al medio. La sucesión de escenas muestra multitud de aspectos que juegan un papel fundamental en la gestión de los residuos: las diversas fases del proceso que lleva nuestra basura desde la puerta de casa hasta el vertedero; la corrupción y el nepotismo de la administración municipal; y por encima de todo, las acciones individuales de los vecinos y vecinas, mayoritariamente irrespetuosos con el medio ambiente y con las personas que se encargan de llevarse sus desperdicios.

La gran cantidad de anécdotas y de momentos divertidos están muy bien enlazados y no ocultan el gran peso que el autor confiere a la crítica de nuestra sociedad. Ya sea en el tórrido verano o en el gélido invierno, la basura no se detiene, el ciclo continúa y no somos conscientes del volumen que deshechos que producimos. Las reflexiones del protagonista y de algunos de sus compañeros dotan de profundidad a la trama, pero el gran mérito de Derf Bakckderf es el gran sentido del humor, negro y cínico en ocasiones, que recorre el cómic. La combinación de reflexión y crítica social con una trama realmente entretenida es un gran acierto.


Los personajes están muy conseguidos y permiten apreciar los diversos estereotipos que se dedican a esta imprescindible pero despreciada labor.  Desde los veteranos curtidos hasta los novatos inexpertos, todos forman parte de este mundillo tan especial. La mayoría de personajes son complejos y tienen momentos brillantes, pero es imposible no detenerse en Marv, el anciano trabajador de la perrera municipal, y en Magee, el extravagante trabajador del cementerio de la ciudad. Ambos proporcionan los momentos más cómicos de la obra y permiten aligerar el tono general de denuncia y reflexión tan importantes en la trama.

La parte gráfica de la novela gráfica es también muy remarcable. El bitono azul y negro funciona muy bien y permite a Backderf construir sus ya habituales personajes caricaturescos. Las caras con facciones muy marcadas y los cuerpos que recuerdan al cartoon hacen de contrapunto con la profundidad del argumento. Backderf es un dibujante versátil y como demuestra tanto en el prólogo como en el epílogo, es capaz de buscar el realismo. Pese a la repulsión que provocan, algunos de sus dibujos de basura son realmente espectaculares. Es interesante detenerse en algunos detalles muy propios del medio como el constante uso de onomatopeyas o el juego con el movimiento, especialmente cuando el protagonista recorre las calles a lomos de Betty. 

Este ha sido mi primer contacto con la obra de Derf Backderf, no he leído Mi amigo Dahmery su forma de presentar un tema de tanto calado como este me han parecido muy acertada. Basura presenta el equilibrio justo entre el humor y la crítica social, siempre manteniendo un tono didáctico que lo hace realmente interesante. Si os interesan mínimamente el futuro de nuestro planeta y tenéis conciencia ecológica lo disfrutaréis en gran medida; pero si no es así, seguro que pasaréis un buen rato y además Derf Backderf conseguirá que recapacitéis.

PD: En el colegio en que trabajo estamos preparando un proyecto para trabajar la concienciación medioambiental a través del cómic y Basura es una de las obras que utilizaremos, puesto que el prólogo y el epílogo son grandes herramientas didácticas. Cuando esté más avanzado lo colgaré en la sección de Propuestas Didácticas del blog.

Presidente Trump

Presidente Trump. Dios perdone a América, de Pablo Ríos (Sapristi)

El pasado 8 de noviembre, Donald Trump ganó las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. Uno de los convencidos de su victoria era el dibujante Pablo Ríos (autor de Azul y Pálido, Fútbol. La novela gráfica y actualmente trabajando en un cómic sobre Jesucristo). El día 9 por la mañana, cuando vio confirmado su vaticinio, colgó en las redes sociales varias viñetas que había dibujado en su libreta . Tuvieron cierta repercusión y el editor de Sapristi, Octavio Botana, se puso en contacto con él. Le dijo que le habían gustado mucho esas tiras y le propuso hacer un cómic humorístico sobre el nuevo presidente americano. Con la intención de publicarlo antes de Navidad, el dibujante andaluz tuvo tan solo nueve días para pensar y dibujar cuarenta y seis chistes. El resultado fue Presidente Trump. Dios perdone a América, cuyos derechos ya han sido comprados en Alemania y Francia.

Las páginas mantienen una estructura fija: la primera viñeta con el título, que en muchas ocasiones ya forma parte del chiste, y a continuación tres viñetas – planteamiento, nudo y desenlace -. Debido al poco tiempo disponible, Pablo Ríos tuvo que obligarse a seguir ciertas reglas, por ejemplo, el único personaje que aparece es el propio Trump y la gran mayoría de viñetas presentan al nuevo presidente sentado en el despacho oval. Otros elementos recurrentes también ayudan a conseguir la carcajada: conversaciones telefónicas, noticias en periódicos, juegos con la continuidad de algunos chistes…

Lo más interesante de la obra es que el autor no ha caído en el humor simple de recurrir al físico del protagonista. La situación que Ríos plantea es ¿qué hará Trump cuando ya sea presidente? Partiendo de esta premisa, y basándose en muchas ocasiones en declaraciones reales del Trump candidato, el cómic recorre multitud de temas candentes: política internacional, cambio climático, racismo, machismo…

Gráficamente el cómic funciona muy bien, a pesar del poco tiempo con el que el autor ha contado. La simplicidad del escenario permite que todo el peso recaiga en los diálogos y en la expresividad del personaje principal. Son destacables algunos recursos gráficos utilizados en viñetas concretas, como la reforma de la Casa Blanca o las noticias secundarias de los periódicos.

Presidente Trump. Dios perdone a América es un cómic que tiene muchísimo mérito. Octavio Botana y Sapristi apostaron por un autor con ideas brillantes y vieron la oportunidad de publicar una obra de gran actualidad; y por su parte, Pablo Ríos aceptó el reto de dibujar y crear un cómic en un periodo tan breve. Sinceramente espero que el riesgo tomado por ambos tenga su recompensa y que el cómic tenga éxito comercial. Las risas están aseguradas.

Vencidos pero vivos

Vencidos pero vivos, de Le Roy y Kournwsky (Norma)

Tras la Segunda Guerra Mundial, el planeta quedó dividido en dos grandes bloques: el capitalista, liderado por los Estados Unidos; y el comunista, encabezado por la Unión Soviética. Ambas superpotencias ejercían un férreo control sobre sus respectivos aliados y trataban de silenciar a la disidencia. Este hecho era especialmente evidente en América Latina, donde el vecino del norte dominaba totalmente la política y la economía del resto del continente. La Revolución Cubana cambió parcialmente esta situación, pero tras la crisis de los misiles, que a punto estuvo de provocar el inicio de la Tercera Guerra Mundial, se estableció un nuevo statu quo. Cuba era una anomalía, pero Sudamérica y Centroamérica se veían obligadas a seguir los dictados de Washington. Pese a todo, en Chile se produjo un hecho sin precedentes: la izquierda había ganado las elecciones y con Salvador Allende al frente, trataba de crear una vía propia hacia el socialismo. Los Estados Unidos y las élites chilenas no lo podían permitir.

Aunque el cómic de Le Roy y Kournwsky nos habla del 11 de septiembre de 1973 y del golpe de Estado del general Pinochet, la protagonista es Carmen Castillo. Realizadora de documentales afincada en Francia, Castillo participó activamente del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y sufrió la implacable represión de la dictadura pinochetista. En su exilio francés, siempre trató de dar a conocer la realidad chilena. Le Roy conoció su historia, y como explica en el prólogo, inmediatamente fue consciente de la necesidad de darla a conocer.

La trama presenta una estructura temporal relativamente compleja, ya que los flashbacks y flashforwards son constantes. Los autores reconstruyen la biografía de Carmen Castillo, desde su adolescencia y su primer contacto con activistas de izquierda hasta su retorno a Chile – ya en democracia -, pasando por los trágicos hechos de 1973 y 1974 que la forzaron a exiliarse. De la mano de la protagonista, asistimos a una magnífica recreación del contexto histórico de la época: la oligarquía chilena rechazaba el reformismo de Allende y buena parte de la jerarquía militar no estaba dispuesta a aceptar las transformaciones impulsadas por el gobierno. Pese a la crisis económica, la mayoría de la población estaba con su presidente y solo los más pesimistas pensaban que el ejército se atrevería a intervenir directamente en política.

 Uno de los aspectos más interesantes del cómic es la presentación de las relaciones entre el MIR y el gobierno de Allende. Por un lado, apoyaban totalmente al gobierno, pero al mismo tiempo se negaban a entrar en él. Los militantes radicales no compartían el optimismo presidencial y querían estar preparados para la lucha armada, en caso de que esta fuera necesaria. Otro elemento brillante de la obra es la reconstrucción de la represión contra los miembros del MIR. La angustia y el miedo de los pocos que no se resignaban a vivir en una dictadura era constante. Carmen, junto con sus camaradas, cambiaba continuamente de residencia. Los compañeros y compañeras capturados se enfrentaban a la tortura más atroz y algunos de ellos se quebraron y colaboraron con el régimen. A pesar de ello, siguieron luchando en la clandestinidad y muchos dieron su vida por la libertad, como fue el caso de Miguel Enríquez, líder del MIR y pareja de Carmen Castillo, quien fue asesinado el 5 de octubre de 1974.

El momento más emotivo del cómic son las tres páginas que incluyen el último discurso de Salvador Allende, retransmitido por Radio Magallanes. Lo trágico de la escena, las certeras palabras de Allende y las viñetas de Kournwsky, que recogen el Chile que se estaba derrumbando y al nuevo Chile oscuro que estaba surgiendo, forman un conjunto de especial brillantez. Tres páginas vibrantes, trágicas y emocionantes que consiguen que nos estremezcamos.

A nivel gráfico, el trabajo de Kournwsky es excelente. El uso del color es realmente atractivo, ya que permite distinguir las diferentes líneas temporales. El dibujo, en ocasiones simplemente esbozado, transmite inmediatez y es muy efectivo en los momentos más intensos de la obra. Tanto los personajes principales como los escenarios son muy reconocibles y sin buscar un gran realismo, consiguen que situemos perfectamente la acción. Las composiciones de página no son innovadoras, pero permiten que la trama sea muy fluída y la lectura agradable.

La memoria histórica también es un elemento polémico en países como Chile, donde la dictadura es aún bastante reciente. El intento de procesamiento de Augusto Pinochet por parte del juez Baltasar Garzón y su prolongada estancia en Londres, llevó a la primera página de los periódicos europeos al régimen pinochetista, pero en los últimos años ha vuelto a quedar relegada a un segundo plano. La figura de Salvador Allende, reivindicada por amplios sectores de la izquierda, genera aún una gran fascinación, aunque sus políticas en general son bastante desconocidas. Vencidos pero vivos es un cómic que rescata del olvido la vida de Carmen Castillo y con ella, los acontecimientos más trascendentales de la historia chilena del siglo XX. Pese a las dificultades, la protagonista siempre luchó contra el olvido, y con la colaboración de los autores, ha dado un paso más en este sentido. Un esfuerzo encomiable.

La grieta

La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril (Astiberri)

La situación geopolítica internacional se mueve a una velocidad vertiginosa. Si tan solo hacemos balance del año 2016 nos encontramos con la guerra de Siria, la victoria electoral de Donald Trump, el Brexit, conflictos bélicos en Sudán del Sur o la República Democrática del Congo, enfrentamientos en Ucrania, infinidad de atentados terroristas, el proceso de paz en Colombia, el fallecimiento de Fidel Castro…  Ante este mundo tan convulso, la estabilidad y la prosperidad que teóricamente garantiza la Unión Europea es uno de los pocos asideros que teníamos. Pero en los últimos años este hecho también ha dado un vuelco. La Unión Europea se está resquebrajando y Carlos Spottorno y Guillermo Abril han tratado de encontrar y analizar las grietas que la están dañando.

La grieta es una obra dura, pero tremendamente necesaria. Desde  la valla de Melilla hasta la frontera ártica entre Finlandia y Rusia, pasando por los Balcanes, ambos periodistas – Spottorno, fotógrafo y Abril, reportero – han visitado los lugares más calientes de los confines exteriores de la UE para tratar de comprender y de explicar los múltiples procesos que están afectando al macroestado europeo. Para ello se han valido de su dominio respectivo de la imagen y el texto y han creado un cómic realmente original: todas las viñetas son fotografías y los cuadros de texto nos relatan los acontecimientos que vemos reflejados en ellas, a la manera de un diario.

Los autores han explicado en diversas entrevistas que en primer lugar Carlos Spottorno creó un relato puramente gráfico, a partir de una selección de las 25.000 imágenes que habían tomado a lo largo de tres años; y después Guillermo Abril escribió los textos de apoyo. El objetivo era narrar y dotar de coherencia a lo que se veía en las viñetas – lo que no se ve, no existe –, sin dejar cabos sueltos. Estamos por tanto ante un híbrido entre un extenso reportaje y una novela gráfica. La influencia de las obras de dibujantes como Joe Sacco o Guy Delisle es evidente, pero si hay un cómic que dialoga directamente con La grieta, ese es El fotógrafo. La obra de Guibert, Lefèvre y Lemercier utilizaba conjuntamente fotografía y dibujo para narrar las andanzas de Didier Lefèvre acompañando a una misión de Médicos Sin Fronteras en Afganistán; aunque en La grieta no hay dibujo.

 

Tras una breve introducción, la narración se inicia con la visita de los autores a Melilla, donde toman conciencia de la gigantesca valla que separa Europa de África. En la ciudad autónoma visitan las dependencias de la guardia civil y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Posteriormente cruzan a Marruecos, donde dialogan con las personas que esperan en el monte Gurugú, en unas condiciones terribles, para tratar de cruzar la frontera. Es interesante la manera en que dan voz a los diferentes colectivos implicados y tratan de recabar las diferentes versiones de la situación.

A continuación, Spottorno y Abril se trasladan a los Balcanes, una de las puertas de entrada más utilizada por los refugiados – mayoritariamente sirios, iraquíes y afganos -, que tratan de llegar a Europa. En esta región es donde los periodistas entran en contacto con FRONTEX, el organismo encargado de coordinar las fronteras exteriores de la UE, y observan el funcionamiento de las fronteras con Turquía, seguramente las más delicadas del todo el continente europeo.

El periplo continúa en Lampedusa, la pequeña isla italiana al sur de Sicilia, que geográficamente está más cerca de África que de Europa. De nuevo visitan lugares imprescindibles para conocer el alcance del drama de los refugiados: un gran centro de acogida, el museo con restos de naufragios que ha creado un activista e incluso un avión y una fragata que trabajan en la localización y rescate de embarcaciones que transportan gente desde Libia hasta las costas italianas. El mar proporciona imágenes de gran belleza, pero también escenas de gran dramatismo, como la que ilustra la portada.

Siguiendo el estricto orden cronológico que marca la actualidad, Spottorno y Abril nos trasladan a finales de 2015, a las fronteras de Hungría, Croacia y Eslovenia. El gobierno húngaro, de extrema derecha, había militarizado la frontera y prácticamente la había sellado, de modo que los miles de refugiados, ahora ya en su mayoría sirios, fueron obligados a buscar otras formas de llegar a su ansiado destino. Incontables familias se trasladaban a pie, cargando con sus escasas pertenencias, con el objetivo de llegar a esa Europa idílica que los recibía con alambradas y gases lacrimógenos.

Por último, los autores se fijan en las fronteras del este. El conflicto ucraniano y unas maniobras de la OTAN en los países bálticos muestran una nueva grieta: las relaciones con Rusia. La visión que muestran los autores en esta ocasión es tan solo la versión occidental, que presenta a Rusia como un enemigo peligroso. A pesar de que los autores se muestran razonablemente críticos con las declaraciones de algunos militares atlantistas, se echa en falta la opinión de alguien del otro lado. Es la única pega que le encuentro a la gran labor periodística que han llevado a cabo Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

A nivel gráfico poco hay que decir que no se vea en las imágenes que adjunto en el texto. Visualmente estamos ante un cómic mayúsculo. Las fotografías han sido retocadas de forma que los negros han ganado en intensidad y los colores han quedado en parte difuminados, con un ligero efecto que recuerda al cine y la televisión en tecnicolor. Las composiciones de página tienen un papel fundamental en la narración, ya que dirigen nuestra vista hacia los aspectos que los autores consideran fundamentales. Las grandes imágenes, que en determinados momentos ocupan una página entera o incluso dos, transmiten una gran fuerza e invitan a la reflexión. La inclusión de mapas ayuda a estar siempre situados con exactitud, especialmente en las zonas más desconocidas.

La grieta es un cómic fantástico, sin duda uno de los mejores de 2016, pero va mucho más allá. Es una llamada a nuestra conciencia, un golpe de realidad en estos días inciertos. La organización política que ha conseguido setenta años de paz en el continente que fue asolado por las guerras más sangrientas de la Historia, el gran sueño que fue un día la Unión Europea se está desmoronando. Grietas entre norte y sur, entre este y oeste. Nacionalismos cada vez más poderosos que luchan por derruir la esencia de la Unión. Políticas austericidas y competencia fiscal entre estados. Privatizaciones y recortes en el estado del bienestar. Todos estos elementos están aniquilando lo que un día fue la Unión Europea. La novela gráfica de Spottorno y Abril es un brillante estado de la cuestión, pero en nuestras manos está hacer ver a nuestros dirigentes que tienen que cambiar el rumbo.

PD: os inivito a visitar la web promocional de La grieta para conocer más detalles sobre la obra.

155

155. Simón Radowitzky, de Agustín Comotto. (Nórdica)

Simón Radowitzky fue una figura deslumbrante que participó activamente en algunos de los principales acontecimientos históricos del primer tercio del siglo XX. Tras un trabajo de seis años, el dibujante argentino afincado en Barcelona Agustín Comotto ha recuperado su historia en forma de cómic. El resultado ha sido una novela gráfica de casi 300 páginas en las que el autor reconstruye la vida del anarquista judío y trata de completar los vacíos que la exhaustiva labor de documentación no pudo esclarecer.

La gran cantidad de información incluida en el cómic llevó a Comotto a crear una estructura muy pensada que permitiera un ritmo de lectura ágil, pero al mismo tiempo constituyera una biografía rigurosa. Para ello dividió la obra en tres partes: la primera, más extensa, trata sobre su infancia en Galitzia y su estancia en el penal de Ushuaia; la segunda en la que explica los hechos que llevaron al protagonista a prisión; y por último, la tercera en que narra su participación en la guerra civil española y su llegada a México.

Simón Radowitzky, Shimele en su yiddish materno,  nació en 1891 en la región de Galitzia – en la actual Ucrania -, uno de los territorios europeos del Imperio Ruso. Allí padeció el antisemitismo impulsado por el Zar y la aristocracia y gracias a la hija de un cerrajero para el que trabajó entró en contacto con los círculos anarquistas de su ciudad. Con tan solo 14 años ya era uno de los representantes de los obreros de la fábrica en que trabajaba y estuvo implicado directamente en los hechos revolucionarios de 1905. Ante el temor a su deportación a Siberia se exilió a Argentina, donde llegó en 1908.

El Buenos Aires de la época era un faro de atracción para emigrantes de todos los rincones de Europa, que buscaban trabajo en un país emergente. Allí residían algunos de sus familiares, pero su religiosidad hizo que Simón se mantuviera alejado de ellos. Sus amistadades se circunscribían al pequeño núcleo de anarquistas rusos que igual que él se habían exiliado huyendo de la represión zarista. En su primer año en Argentina, Radowitzky sufrió un gran impacto al ver las condiciones en las que se encontraba su hermano, internado en un manicomio.
La conflictividad social era muy alta y Simón estaba en primera línea, siempre dispuesto a la acción. Tras la brutal represión del 1 de mayo de 1909, dirigida por el jefe de policía de Buenos Aires Ramón Falcón, Radowitzky decidió planificar un atentado para vengar a sus compañeros obreros asesinados. El 14 de noviembre, Simón Radowitzky, que tenía por entonces dieciocho años, lanzó una bomba de fabricación casera contra el carruaje que transportaba a Falcón y a su secretario. Ambos fallecieron y tras un intento de suicidio que fracasó, el protagonista fue detenido y condenado a muerte. Gracias a la intervención de su primo Moshe, que falsificó su partida de nacimiento, logró evitar la pena capital y su condena fue conmutada por cadena perpetua. Se iniciaban sus veintiún largos años de prisión. El elemento fundamental del cómic es la manera en que el autor ha tejido la trama uniendo la memoria autobiográfica y el día a día del confinamiento de Radowitzky en el penal de Ushuaia. Sus recuerdos permiten conocer los acontecimientos en orden aproximadamente cronológico, y las cartas que escribe a Lyudmyla – una de las licencias literarias de Agustín Comotto – son el testimonio del sufrimiento, las penalidades y la esperanza del anarquista encarcelado. La doble línea temporal, vista ya en multitud de cómics, adquiere aquí una profundidad mayor de la habitual, debido a la profusión y el acierto de los flashbacks y su unión con la parte más onírica de los pensamientos del protagonista.

Tras su extensa estancia en prisión, con intento de fuga incluido, y ya convertido en un símbolo, en 1930 Simón Radowitzky consiguió el indulto, aunque este iba acompañado del destierro. Cualquier otro se hubiera dedicado a la búsqueda de una vida tranquila y convencional, pero para él la lucha seguía. Estuvo unos años en Uruguay y después del golpe de estado de los militares rebeldes en España, se alistó en las Brigadas Internacionales. Combatió en el frente de Aragón y asistió en primera persona a las disputas internas del bando republicano, donde presenció los enfrentamientos entre comunistas y anarquistas. Después de la derrota ante el bando franquista, el periplo de Radowitzky continuó en Francia, donde fue internado en el campo de Saint Cyprien. Gracias a sus contactos políticos consiguió llegar a México, donde se estableció hasta su fallecimiento en 1956.

El apartado gráfico de la obra es excelente. El blanco y negro está unido en esta ocasión al uso del color rojo en ciertos momentos del relato y su combinación dota al dibujo de una gran fuerza expresiva. Los escenarios y la ambientación están muy cuidados y el gran tamaño de las páginas (22×28 cm) posibilita unos diseños de página que favorecen al dibujo de Comotto. Las composiciones de página son tradicionales, aunque ocasionalmente nos encontramos con grandes viñetas realmente bellas. Los personajes son reconocibles y aunque no destacan por su expresividad, consiguen un buen seguimiento de la historia. Es interesante la inclusión de correspondencia en algunas páginas y la combinación de texto e imagen a la manera de los libros ilustrados.

Simón Radowitzky es una de esas figuras que todo el mundo debería conocer y que, al menos en España, es totalmente ignorado. Dedicó su vida a luchar por unos ideales y para ello hizo grandes sacrificios. Luchó contra la desigualdad y la injusticia del zarismo, luchó por la justicia social y contra la represión en Argentina, luchó por unas mejores condiciones para sus compañeros en el penal de Ushuaia, luchó por la democracia y la revolución en España. Gracias al cómic de Agustín Comotto todos y todas podemos conocer a Simón Radowitzky y a una época convulsa e intensa que aún nos influye directamente. Una gran historia, un gran cómic y un preso, el 155.

PD: si queréis profundizar en la figura de Simón Radowitzky y en el inicio del siglo pasado en Argentina, os invito a leer este texto de Osvaldo Bayer.