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Pasolini

Pasolini, de Davide Toffolo (451 Editores)

Pier Paolo Pasolini, nacido en Bolonia en 1912 y asesinado en oscuras circunstancias en Ostia en 1975, fue uno de los intelectuales europeos más comprometidos de mediados del siglo XX. Su triple condición de comunista, católico y homosexual hizo que sufriera el rechazo de buena parte de la sociedad italiana de su época. Tras tener un papel destacado en múltiples campos del arte y el pensamiento y una vida personal tremendamente agitada, su figura se hace prácticamente inabarcable. El dibujante – entre otras muchas facetas –  Davide Toffolo se sirvió del cómic para tratar de retratar a este fabuloso personaje y el resultado fue magnífico.

Pasolini es una obra muy original. Un alter ego de Davide Toffolo sigue por diversos lugares de Italia, esenciales en la vida del cineasta italiano, a un personaje que se hace llamar Pasolini. El juego entre realidad y ficción, presente en muchas de las obras del Pasolini real, tiene un papel fundamental en el cómic. Este personaje que se hace llamar Pasolini y que tiene el aspecto de Pasolini, solo habla utilizando palabras pronunciadas o escritas por el pensador italiano. El trabajo de documentación de Toffolo fue exhaustivo y el resultado así lo atestigua.

Las reflexiones que Pier Paolo Pasolini hizo en vida en multitud de escritos y entrevistas son utilizadas por Toffolo con maestría para crear un retrato muy completo de su personalidad. Las diferentes etapas de su vida, los lugares en los que residió y su evolución intelectual nos permiten conocer la biografía del autor italiano. Pero además, sus reflexiones sobre los temas fundamentales en su vida, como el compromiso político, la naturaleza del arte, la religión o la homesexualidad tienen un papel central en la historia.

La forma en la que Davide Toffolo construye la narración es realmente efectiva. La intriga que crea en torno al imitador de Pasolini hace que el ritmo del relato sea el adecuado, a pesar de la complejidad de algunos de los diálogos. Son de una gran belleza los momentos oníricos en los que el deseo de conocer y encontrar a Pasolini se mezclan con algunas de las imágenes que éste más había utilizado, como el cocodrilo o su presencia en el vientre materno.

A nivel gráfico, el trabajo de Toffolo es también encomiable. El trazo en apariencia sencillo, el blanco y negro y, en muchas viñetas, la ausencia de fondos, permiten que el peso de la acción recaiga en los personajes y que toda nuestra atención se dirija a las palabras de Pasolini. Los personajes, dibujados con toques caricaturescos, consiguen transmitir bien los sentimientos, y a pesar de la presencia constante del pensador transalpino, Toffolo consigue que seamos conscientes de su evolución – degeneración – física, unida inexorablemente a la evolución de su pensamiento.

A medida que el relato nos acerca a la muerte de Pier Paolo Pasolini, el dibujo se simplifica y no he podido evitar pensar en el trazo de Frederik Peeters en Píldoras azules o en Lupus La presencia de elementos fantásticos permite cierta libertad a Toffolo, que la aprovecha para romper con las composiciones de página más tradicionales del resto del cómic. Es especialmente valiosa la reproducción que el dibujante realiza del guión en forma cómic de la película La Tierra vista desde la Luna, la única presencia del color en toda la obra.
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Pier Paolo Pasolini es una figura esencial en el transcurso del siglo XX y no se me ocurre una mejor manera de introducirse en su obra y su pensamiento que este cómic. En poco más de 150 páginas Toffolo ha conseguido crear un muy buen resumen de su forma de entender el mundo. Su muerte aún no del todo esclarecida, lo acabó de convertir en un personaje mítico, incluso reverenciado, aunque sus ideas políticas están muy alejadas del neoliberalismo imperante en nuestros días.

La burguesía reduce todo a mercancía. La poesía, en cambio, no es mercancía porque no se puede consumir. […] No hay nevera o bufanda fabricada en Varese que se pueda consumir en la posteridad.”

PD: con motivo de la exposición Pasolini-Roma en el CCCB (Centre de Cultura Contemporània de Barcelona) publicaron materiales interesantes sobre Pasolini y los cómics y esta entrevista con Davide Toffolo.

Kiki de Montparnasse

Kiki de Montparnasse, de Catel y Bocquet (Sins Entido)

Alice Prin nació en 1901 en un entorno rural muy humilde, en la región francesa de Borgoña. A pesar de este origen, la protagonista del cómic llegó a convertirse en la gran musa del París de los años 20. Allí fue conocida como Kiki de Montparnasse. La novela gráfica de Catel y Bocquet es una biografía muy documentada de esta peculiar figura.

En la segunda década del siglo XX la capital francesa era el centro cultural más importante de Europa, ya que multitud de artistas de todas las disciplinas residían allí. En pleno apogeo de las vanguardias artísticas, todo joven europeo o norteamericano con ambiciones quería ir a París. Montparnasse, una zona agrícola durante la primera mitad del siglo XIX, era una de las zonas más baratas de la ciudad y por tanto, era donde podían instalarse los jóvenes artistas recién llegados.

Con el paso de los años, el barrio de Montparnasse floreció culturalmente y gran cantidad de cafés y teatros abrieron sus puertas allí. Genios universales de diversas disciplinas se movían por sus calles, pero entre todos ellos había una reina indiscutible: Kiki, la reina de Montparnasse.

Kiki tuvo una infancia complicada, ya que se tuvo que criar con su abuela en un entorno muy pobre y muy cerrado. Cuando aún era una adolescente tuvo que emigrar a París, donde se reencontró con su madre. Tenía la esperanza de dedicarse al mundo del espectáculo; pero una vez en la gran urbe, empezó a trabajar en una panadería. Poco después, con 14 años de edad, inició su carrera como modelo de desnudos para escultores y pintores, hecho que la enfrentó con su madre.

Poco a poco fue entrando en el mundillo del arte parisino. Posó para multitud de jóvenes artistas, algunos de los cuales llegaron a ser muy conocidos: Cocteau, Calder, Fouijta o Gargallo. En el ambiente liberado del París de la época, Kiki también tuvo multitud de amantes, pero su gran amor fue Man Ray. El artista americano la retrató innumerables veces y fue su relación amorosa más duradera.

Además, Kiki fue durante bastantes años la gran estrella de los cabarés parisinos. Cantaba, bailaba y el personaje en que se había convertido era una gran atracción. Su vida fue muy intensa, en todos los sentidos posibles, y por ello, Kiki es una figura esencial para comprender cómo fue el París de los locos años 20.

Cuando llegaron los años 30 todo cambió, y especialmente a partir del 39, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, París perdió toda su luz. Con la ocupación nazi, a partir de 1940, la capital francesa se convirtió en un lugar tétrico en el que Kiki no encajaba. Su vida cada vez iba a peor y la antigua Reina de Montaparnasse se iba convirtiendo poco a poco en una caricatura de sí misma. Finalmente, la muerte la alcanzó bastante joven, pero los años de excesos le habían pasado factura.

La lectura de la novela gráfica de Catel y Bocquet, autores también de Olympe de Gouges, es muy amena. El dibujo de línea clara permite obtener una imagen muy definida de la arquitectura parisina y de la atmósfera que se debía vivir en los círculos artísticos del periodo de entreguerras. La figura de Kiki es deslumbrante, su vida llena de altibajos es tan atractiva como lo debió de ser ella en los años 20; pero este cómic va más allá, ya que lo mejor que ofrece, en mi opinión, es la posibilidad de observar la infinita cantidad de talento que se reunió en París en esa época: Picasso, Breton, Hemingway o Gertrude Stein, entre muchos otros. Todos compartían algo, su veneración por la Reina de Montparnasse.

Las meninas

Las Meninas, de S. García y J. Olivares (Astiberri)

La obra de Santiago García y Javier Olivares es tremendamente original. No es una biografía de Velázquez, aunque algunos episodios de su vida son el hilo conductor de la narración; y tampoco es la historia del famoso cuadro del pintor sevillano. Las Meninas incluye estos dos elementos, pero va mucho más allá: reflexiones sobre la naturaleza del arte, sobre qué convierte a una obra en obra maestra, sobre la recepción posterior de estas obras, sobre la influencia de los grandes genios en las generaciones posteriores de artistas, sobre el paso de artesano a artista y muchos temas más.

A partir del intento por parte de Velázquez de ingresar en la Orden de Santiago, esto es, de acceder a la nobleza, asistimos a diversos episodios que configuraron el carácter del artista y que marcaron profundamente la evolución de su obra. Sus dos viajes a Italia fueron importantes, pero fue el encuentro con José de Ribera, “El españoleto” en Nápoles, el que más huella dejó  en Velázquez. Su ambición por crear una “auténtica obra maestra” que lo hiciera inmortal fue el motor del pintor.

Las relaciones de Velázquez con otros pintores de su época y con su esclavo tienen un papel central en el relato, ya que García y Olivares muestran con maestría cómo éstas influyen en la evolución pictórica y personal del artista. Las diferentes visiones del arte que tienen Rubens y Velázquez, por ejemplo, quedan perfectamente plasmadas, y sirven para evidenciar que el debate en torno a su naturaleza no es algo reciente.

Además de la gestación de Las Meninas, en la novela gráfica son muy importantes las apariciones de otros artistas como Dalí o Picasso, que dan fe de la influencia que tuvo en ellos y en su obra el cuadro de Velázquez. El deseo del sevillano de ser recordado por su obra se ha convertido en realidad y a lo largo de más de 300 años ha influido en multitud de artistas.

Otro elemento fundamental es la figura del pintor de corte, en este caso en la corte de Felipe IV. La relación entre el monarca y el pintor es muy cercana, pero al mismo tiempo las formalidades y la burocracia de la época hacen que en ocasiones surjan conflictos. Trabajar en un oficio manual impedía el acceso a la nobleza, así que Velázquez tenía que justificar que lo que él hacía no era un oficio sino un arte, hecho que chocaba con la mentalidad de la época. Velázquez fue revolucionario en muchos aspectos.

A nivel gráfico poco puedo decir, la demostración de Javier Olivares es sencillamente espectacular. La multitud de estilos, los juegos visuales con todo tipo de viñetas y la fuerza que transmite cada pincelada convierten la lectura de Las Meninas en una gran experiencia.

Por último, me gustaría destacar el final del cómic en el que por fin descubrimos cuál es el secreto de Las Meninas. La habilidad que muestran García y Olivares para resolver el misterio es fantástica. Una gran novela gráfica con multitud de lecturas posibles, que en mi humilde opinión está perfectamente a la altura del cuadro de Velázquez.