Archivo de la etiqueta: Guerra

Casa Bábili

Casa Bábili, de Duleimi, Rojo y Carbajo (Norma Editorial)

Han pasado más de 12 años desde que los Estados Unidos liderados por George W. Bush y sus aliados – entre ellos la España de José María Aznar -, decidieron invadir Iraq con la excusa de que el régimen de Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva. Como se demostró posteriormente, la CIA falseó diversos informes para tener una coartada y a pesar de que la opinión pública mundial estaba en contra de la guerra, los halcones se salieron con la suya. Desde el presente es fácil comprobar lo erróneo de la decisión y la situación actual de Iraq y los países de su entorno muestra el enorme fracaso de la intervención.

El proyecto Casa Bábili, impulsado por la Fundación Al Fanar y la CEOSI (Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq) , trata de dar a conocer la realidad de los y las civiles iraquíes, las víctimas generalmente olvidadas del conflicto. Para ello adaptaron al cómic la novela Las mujeres de Saturno de la autora iraquí Lutfiya Duleimi. De la mano de los dibujantes Sara Rojo y Javier Carbajo trasladaron al cómic la historia de Hayat Bábili, una joven periodista de Bagdad que padece las consecuencias de la invasión norteamericana y del crecimiento del radicalismo islamista.

La primera parte del cómic se centra en los orígenes históricos de Iraq y su cultura. De la mano de Hayat y sus antepasados, los autores nos trasladan a las diferentes etapas históricas del antiguo Iraq hasta llegar a los inicios del siglo XX en que la presencia occidental empieza a ser una constante. El objetivo de esta parte introductoria es hacer consciente al lector de la riqueza del patrimonio cultural iraquí y de las grandes pérdidas que la guerra ha provocado. Una cultura milenaria ha sido mutilada en tan solo una decena de años.

La segunda parte de la obra nos muestra el día a día de las mujeres iraquíes durante el conflicto. La peligrosidad de vivir en un Bagdad bajo asedio, la crueldad de las tropas norteamericanas y la llegada de radicales islamistas que no aceptan que las mujeres puedan ser autónomas conforman un cóctel terrorífico. El peligro físico se une al sufrimiento psicológico de no saber dónde se encuentran sus seres queridos y a pesar de ello Hayat y sus compañeras tratan de salir adelante y de ayudar a los más necesitados.

Casa Bábili no es un cómic sobre la guerra de Iraq, no esperéis encontrar grandes explicaciones geopolíticas, pero es una obra terriblemente humana. En poco más de 100 páginas asistimos a los actos más nobles y a los más terribles de los que es capaz el ser humano. La denuncia que llevan a cabo los autores tiene una gran fuerza y muestra, contra la versión oficial, que la invasión militar fue y sigue siendo un gran castigo contra la población civil.

Otro de los temas fundamentales de la obra es la pérdida del patrimonio iraquí durante la guerra. Los bombardeos indiscriminados, los saqueos y los incendios deliberados han provocado que edificios tan emblemáticos como la Biblioteca Nacional o los grandes museos que conservaban buena parte de las obras mesopotámicas, sumerias o babilonias más importantes hayan sido parcial o totalmente destruidos. Las pérdidas son irreparables y pocas veces son tenidas en cuenta cuando se hace balance sobre los efectos de la guerra.

A nivel gráfico, la obra no destaca especialmente, pero consigue hacer funcionar el relato. Las composiciones de página son correctas, la gama cromática permite dotar de profundidad a la historia, pero en general, el dibujo está subordinado totalmente a la narración. No es una obra que atraerá al lector por la calidad artística, pero el trabajo de Rojo y Carbajo permite que los personajes y sus tragedias nos sean muy cercanos.

Por último, me gustaría destacar dos aspectos de que hacen de Casa Bábili un proyecto a imitar por organizaciones que busquen concienciar a la población sobre diversas cuestiones a través del cómic. En primer lugar, el cómic se puede leer íntegramente en formato digital, hecho que facilita su uso didáctico, y está disponible en español, inglés y árabe. En segundo término, los extras que incluye la edición en papel – también consultables online – dotan de mayor profundidad al cómic, ya que incluyen artículos académicos y periodísticos sobre diferentes aspectos del conflicto.

La valoración global de la obra es muy positiva ya que cumple perfectamente con su objetivo inicial: dar a conocer la realidad cotidiana de un conflicto tan mediatizado como la guerra de Iraq. Solo cabe felicitar a los autores y a los impulsores de la obra y esperar que iniciativas como ésta, que muestran las potencialidades del cómic, no sean una excepción.

Las guerras silenciosas

Las guerras silenciosas, de Jaime Martín (Norma Editorial)

La guerra de Ifni es uno de los conflictos bélicos más desconocidos de la España del siglo XX. El régimen de Franco consiguió ocultarlo a la opinión pública de la época y ante la atracción que en los últimos años ha ejercido la guerra civil, la guerra del Protectorado Sur – nombre que recibía el territorio – ha pasado desapercibida. Fue un conflicto corto, que tuvo lugar entre octubre de 1957 y abril de 1958, en el que murieron 198 soldados españoles, 574 fueron heridos y 80 fueron declarados desaparecidos. (Ver Ifni. La guerra que perdió Franco en El País).

En los años posteriores al conflicto, que formalmente no había terminado, Sidi Ifni fue el destino de miles de jóvenes españoles que eran enviados allí a cumplir con el servicio militar obligatorio. Uno de estos desafortunados reclutas fue el padre del dibujante Jaime Martín, que llegó a Ifni en 1962. Tras una estancia forzada de dieciocho meses pudo regresar a Barcelona, pero la experiencia lo había marcado profundamente y de por vida. Tras escuchar a su padre explicando las anécdotas de la mili centenares de veces y después de leer el diario que éste había escrito sobre su tiempo en el norte de África, Jaime Martín decidió crear un cómic que relatara sus peripecias. Las guerras silenciosas fue publicado en 2013 en Francia – donde fue nominado a mejor obra en el Festival de Angoulême – y, finalmente, en 2014 Norma lo publicó en castellano.

El relato de Jaime Martín tiene tres niveles narrativos: por un lado, los recuerdos de su padre durante su estancia en Ifni; coetánea a esta primera linea argumental, el cómic nos muestra los recuerdos de su madre sobre esa época; y en último lugar, con el propio dibujante como protagonista, somos testigos del proceso de creación de la obra. La combinación de las tres funciona muy bien y el ritmo narrativo es el adecuado para que la historia avance.

A pesar de la importancia del resto de personajes, el protagonista indiscutible de la obra es el padre de Jaime Martín. Sus recuerdos retratan de forma muy certera la España de los años 60. Su infancia es un claro ejemplo de las duras condiciones materiales que padecía buena parte de la población española. Su juventud, la etapa en la que debía iniciar una vida autónoma, fue truncada por el servicio militar, que en aquella época tenía una duración de dos años. Asimismo, en otra muestra de los valores que imponía la dictadura franquista, un hombre no era considerado un hombre de verdad hasta que no había cumplido con su deber hacia la patria y por tanto, hasta después de hacer la mili era difícil encontrar trabajo.

Un gran acierto de Jaime Martín es incluir en el relato la visión de su madre, que muestra la precaria situación de las mujeres en una sociedad tan machista. Es espeluznante cómo narra la persecución y el seguimiento que padecían muchas chicas por parte de las familias de sus novios que estaban haciendo la mili. Las múltiples discriminaciones que padecían, en todos los ámbitos, son perfectamente reflejadas en el cómic, de modo que el relato principal gana en profundidad y en matices.

La linea argumental situada en el presente también es muy interesante, ya que Jaime Martín nos habla de las dudas que lo asaltan durante el proceso de creación de la obra. La implicación personal en la historia que narra, como les sucede a Antonio Altarriba en El arte de volar o a Miguel Gallardo en Un largo silencio, hace que la forma en que es transmitida la historia de su padre sea realmente importante y, en momentos concretos vemos la presión que sufría el dibujante mientras trasladaba al cómic las memorias de su progenitor.

A nivel gráfico el trabajo de Jaime Martín es fabuloso. Se nota que el proceso de documentación ha sido exhaustivo y los elementos militares – uniformes, vehículos, escenarios – son totalmente realistas. El uso de fotografías como recurso puntual – a diferencia de Guibert en El fotógrafo donde las fotografías son la base del cómic – funciona fantásticamente y dota de mayor verosimilitud al relato. Las composiciones de página son variadas, sin llegar a ser excesivamente atrevidas, pero aportan la necesaria fluidez a la narración. La edición de Norma, de un tamaño mayor que sus habituales tomos de novela gráfica, permite al dibujante barcelonés crear viñetas realmente espectaculares. El color está a una gran altura, especialmente en los fragmentos situados en Ifni, en plena zona desértica. Gerardo Vilches compara en su reseña, con acierto, los colores que utiliza Martín con los de Paco Roca en Los surcos del azar, ya que el escenario es parecido.

La conjunción de las tres tramas es lo que hace que Las guerras silenciosas sea un cómic redondo. El retrato del franquismo y de la sociedad que el régimen creó está a la altura del mejor libro de historia sobre el periodo. El papel de la mujer, la despiadada actitud de los oficiales hacia sus soldados, las durísimas condiciones que éstos sufrían, la impotencia de tener que malgastar dos años de su vida en beneficio de un régimen sanguinario, la manipulación informativa… todos estos temas y muchos más tienen cabida en las 160 páginas de Las guerras silenciosas. Momentos trágicos, momentos divertidos, momentos entrañables y grandes reflexiones hacen de esta obra uno de los mejores ejemplos de la recuperación de la memoria histórica a través del cómic.

PD: os recomiendo encarecidamente la lectura de esta entrevista a Jaime Martín en el blog Cosas de Absenta, de Roser Messa.

PD 2: también es muy recomendable echar un vistazo a esta entrada en el blog del propio dibujante en el que incluye una galería fotográfica realmente interesante.

Una guerrita de nada

Una guerrita de nada. Saigón 1961-1963, de Marcelino Truong (Spaceman Books)

La guerra de Vietnam (1955-1975) fue uno de los muchos conflictos bélicos del siglo XX, pero la implicación de los Estados Unidos y sus repercusiones en la superpotencia americana, provocaron que haya tenido una gran difusión. Multitud de péliculas, de novelas y de cómics han tratado esta guerra, aunque prácticamente siempre desde el punto de vista norteamericano. Los traumas que sufrieron los marines, las consecuencias políticas internas y sus efectos en la Guerra Fría son siempre los protagonistas, por ello este cómic es muy especial.

Una guerrita de nada, obra de Marcelino Truong – de madre francesa y padre vietnamita -, se aleja de la corriente mayoritaria y nos muestra el inicio de la guerra desde el punto de vista del Vietnam del Sur, el aliado de los EEUU. Este hecho, también novedoso, permite observar el inicio del conflicto desde el Vietnam que acabó siendo derrotado y por tanto, también añade matices al tradicional discurso de la izquierda en que Vietnam luchaba contra la gran potencia imperial, ya que Truong muestra cómo muchos vietnamitas eran contrarios al comunismo del Vietnam del Norte.

El padre de Marcelino Truong era diplomático y por este motivo la familia viajaba constantemente. En 1961, ante las turbulencias políticas y el auge del enfrentamiento entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, Truong Buu Khanh fue reclamado en Saigón y su esposa y sus tres hijos le acompañaron al país asiático. El contraste con Washington, su último destino antes de Vietnam, y Saint Malo, donde vivían los abuelos maternos, fue tremendo, aunque el pequeño Marcelino y sus hermanos se adaptaron bien, mucho mejor que su madre.

El padre del dibujante era muy cercano al autoritario presidente Ngo Dinh Diem, ya que le hacía de intérprete, y a pesar de que no le gustaba demasiado la influencia americana, la veía como un mal menor si servía para luchar contra el comunismo del Viet Cong. El periodo 1961-1963 fue decisivo para el futuro del conflicto, ya que la inestabilidad política en el sur y sus derrotas militares, impulsaron a los Estados Unidos a implicarse al máximo en la guerra. La muerte de John Fitzgerald Kennedy y la necesidad de su sucesor Lyndon B. Johnson de mostrarse duro ante los halcones del complejo militar-industrial, propiciaron que los EEUU se adentraran en una larga guerra, que acabó con una derrota vergonzante.

La mirada infantil del cómic permite un alejamiento del dramatismo de la situación, pero al mismo tiempo Truong la utiliza para criticar las terribles desigualdades que existían en Vietnam del Sur y que fueron la principal causa del apoyo entusiasta que recibían los guerrilleros del Viet Cong. La pertenencia de su padre a la élite cercana a los círculos de poder no impide que los niños y, especialmente su esposa, pasen momentos muy duros, pero las diferencias con el modo de vida de la mayoría de la población son terribles.

Otro elemento muy conseguido de la obra es la combinación de la historia personal del pequeño Marcelino, junto a su familia, y de la gran historia que estaba afectando a Vietnam del Sur. La creciente participación estadounidense, con el envío de un gran número de asesores y de armamento sofisticado tiene una gran presencia; pero es la explicación de la situación política del país, con el descontento de los militares, los desmanes de Diem y su camarilla y las políticas con las que pretendían frenar a los comunistas, la que convierte este cómic en una fantástica introducción a la Guerra de Vietnam.

La parte gráfica del cómic está a un gran nivel y muestra la versatilidad del autor, que ha trabajado durante muchos años como ilustrador. Las composiciones de página combinan grandes viñetas – incluso con abundantes dobles páginas -, con viñetas pequeñas e irregulares e incluso páginas que parecen más de libro ilustrado que de cómic. El uso del color es el gran punto fuerte de la obra, puesto que Truong combina con maestría el bitono anaranjado – colores cálidos que nos trasladan al tórrido clima vietnamita -, con viñetas a todo color y con bitono azulado – para hablar de los grandes aconteciemientos históricos -. El nivel de detalle del armamento y de los escenarios es el adecuado y sin llegar a la precisión de otros autores reseñados en el blog (Paco Roca o Jacques Tardi, por ejemplo) consigue que el dibujo sea totalmente efectivo.

En resumen, Una guerrita de nada es una lectura muy recomendable, especialmente por su novedosa perspectiva, muy alejada de los relatos sobre la guerra de Vietnam más comunes. Las reflexiones del autor desde el presente ayudan a dotar de contexto a los acontecimientos narrados en el cómic, de modo que la lectura es aún más rica. El dibujo funciona muy bien y se queda a mitad de camino entre el manga y la bande dessinée, de modo que también es original y atractivo. Una obra muy completa, un enfoque original, un gran cómic.

36-39 Malos tiempos

36-39 Malos tiempos, de Carlos Giménez (Glénat, DeBolsillo)

Después de haber hablado en otras de sus obras sobre diferentes etapas de la historia de España (Paracuellos), Carlos Giménez se acercó con 36-39 Malos tiempos a la guerra civil. Este cómic fue originalmente publicado en cuatro álbumes de gran formato por Glénat entre los años 2007 y 2009, y en el 2011 DeBolsillo lo reeditó en un único tomo apaisado.

El dibujante madrileño muestra con esta obra su particular visión de la guerra civil española. Como hiciera en sus anteriores trabajos, Carlos Giménez se centra en la vida cotidiana de la gente y en los pequeños detalles que marcaron la experiencia vital de la mayoría de españoles que vivieron el conflicto. Los grandes nombres y las grandes batallas no tienen cabida en Malos tiempos.

Es bien conocida la adscripción política de Giménez, vinculado siempre a las izquierdas, pero en el cómic trata de mostrar como la gente de a pie sufrió por igual en ambos bandos. En ocasiones fue el azar el que decidió en qué lado del frente vivía una determinada familia. Además, el dibujante refleja cómo tanto republicanos como rebeldes cometieron atrocidades, aunque deja claro que fue el bando franquista el que empezó la contienda.

A través de la familia de Marcelino, el prototipo del obrero idealizado, y sus experiencias en el Madrid bombardeado, asistimos a la degradación que padeció la población sitiada. El hambre y la injusticia son omnipresentes y la dureza de algunos momentos provoca una sensación desagradable en el lector. Creo que ésto es muy positivo, ya que nos permite tner una visión más cercana y certera de lo que suposo la guerra para la población española de la época.

A nivel gráfico, el 36-39 Malos tiempos original de Glénat consistía en tres tiras regulares de viñetas por página, mientras que en la edición de DeBolsillo la estructura ha cambiado a dos tiras por página. Esta monotonía compositiva hace que toda la atención del lector recaiga en la narración, con un uso bastante abundante de cuadros de texto.

El dibujo de Giménez, en la línea de Paracuellos y Barrio, refleja perfectamente las consecuencias de la guerra en los personajes. Los afilados rostros provocados por el hambre, los niños de rodillas huesudas y ojos saltones y los ancianos que parecen esqueletos crean una atmósfera de crudeza perfecta para transmitir el mensaje del autor.

Carlos Giménez sigue con su lucha contra el olvido, por la recuperación de la memoria de la reciente historia de España y al mismo tiempo denuncia la injusticia y la brutalidad de la guerra. Las guerras sólo provocan sufrimiento, pero debemos recordarlas para que no vuelvan a repetirse.

El Folies Bergère

El Folies Bergère, de Zidrou y Francis Porcel (Norma Editorial)

Leí recientemente El Folies Bergère y su lectura me impactó mucho. No es un cómic estrictamente histórico, ya que la fantasía y los elementos sobrenaturales tienen un papel importante en la obra; pero aún así, creo que cumple varios requisitos para ser reseñada en el blog.

La acción del cómic transcurre en la Primera Guerra Mundial en Francia. El retrato de las trincheras que han creado Zidrou y Porcel es muy realista. La muerte, la fetidez y la podredumbre están muy presentes y muestran con gran crudeza las durísimas condiciones que padecían los soldados. La influencia de Tardi es bastante clara y en diversas ocasiones durante la lectura también recordé la película Senderos de Gloria.

La 17a División de Infantería decidió ponerse el nombre del cabaret parisino El Folies Bergère, en una suerte de autoparodia sobre su situación y con la esperanza de, una vez acabada la guerra, asistir todos juntos a ver una función. La galería de personajes que componen la división son un buen reflejo de la Francia de la época y pese a la terrible situación que les ha tocado vivir son capaces de mostrar un gran sentido del humor, muy negro en ocasiones.

En la división hay personajes realmente memorables, como el cabo Verrat o el soldado Rubignoles, pero todo “mejora” con la llegada de un capellán que tiene la misión de investigar los sucesos paranormales que están ocurriendo en el frente. Las viñetas en las que el capellán se enfrenta con sus miedos son geniales.

Uno de los elementos más interesantes del cómic es la aparición de Claude Monet en la época en la que está pintando Los nenúfares. Sus encuentros con el hermano de uno de los soldados de El Folies Bergère son brillantes, ya que muestran dos visiones del arte contrapuestas, e incluso el genial pintor francés duda de su obra ante las opiniones del chico.

El dibujo de Porcel se adapta perfectamente al guión de Zidrou, ya que consigue reflejar con un gran realismo las trincheras y el sufrimiento de los soldados; y al mismo tiempo, refleja el sentido onírico y fantasioso de algunos fragmentos. El uso del color es fantástico, ya que entre ocres y grises algunos elementos aparecen remarcados gracias a unos colores con mucha fuerza.

Resumiendo, una gran obra sobre la Primera Guerra Mundial, pero El Folies Bergère va mucho más allá. Es una historia de fantasía, de misterio, con intriga y con un gran final. La brutalidad de la guerra en contraste con las pequeñas cosas que nos hacen humanos, la muerte y la vida, el dolor y el humor; los grandes temas de la naturaleza humana.

La Gran Guerra

La gran guerra, de Joe Sacco (Random House Mondadori)

Joe Sacco, autor de Palestina. En la franja de Gaza y de Gorazde. Zona protegida, se ha acercado en numerosas ocasiones a los conflictos bélicos. Su estilo tiene dos ejes claros: un gran realismo y dar voz a los olvidados de las guerras. Con La Gran Guerra el autor maltés fue un paso más allá.

Sacco creó una obra de arte para explicar y denunciar la barbarie de la Batalla del Somme. Inspirado en los tapices medievales, Joe Sacco dibujó una única ilustración continua de más de 7 metros de longitud. En ella podemos observar lo que aconteció el 1 de julio de 1916, el primer día de la batalla, en el considerado como el día más sangriento de la toda la Primera Guerra Mundial.

Lo que hace especialmente interesante a esta obra, además de la maravillosa demostración artística de Sacco, es que podemos observar todas las fases de la guerra de trincheras. Desde el palacete alejado del frente en que se aloja el general Douglas Haig, hasta los soldados heridos en la enfermería, pasando por los soldados que alegremente se dirigen al campo de batalla; todos son protagonistas.

Si hablamos de un uso puramente educativo, nuestros estudiantes pueden hacerse una idea bastante clara, en una observación rápida, de cómo fueron las principales batallas de la Primera Guerra Mundial. La guerra de trincheras está fielmente reflejada, y aunque a diferencia de Tardi, esta obra no contiene texto, la fuerza de la ilustración transmite muchísima información. Sacco se documentó con profusión, y por tanto, el cómic está muy cuidado en lo referente a uniformes, armas, vehículos, etc.

Para no perdernos ante la magnitud de la obra, ésta contiene una leyenda donde se indica lo que está representado a lo largo de toda la ilustración. Además, el cómic viene acompañado de un dossier elaborado por el historiador Adam Hochschild con la explicación académica de la batalla.

Por último, os quiero explicar la experiencia que tuve en una clase de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato cuando llevé mi ejemplar de La gran guerra. En un primer momento, no comprendían lo que estaban viendo, pero en cuanto empezaron a reconocer aspectos que habíamos explicado en clase, se quedaron entusiasmados. Multitud de conceptos y de aspectos concretos de la guerra quedaron resueltos gracias a esta brillante representación gráfica.

El fotógrafo

El fotógrafo, de Guibert, Lefèvre y Lemercier (Sins Entido, Glénat)

Didier Lefèvre es un fotógrafo francés, que en 1986 decide acompañar a un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) a Afganistán, que en esos momentos está en plena guerra con la URSS. El fotógrafo narra, mediante el dibujo y la fotografía, esta brutal experiencia que marcó a Lefèvre para siempre.

El protagonista viaja de París a Pakistán, donde MSF se prepara para cruzar la frontera y empezar el verdadero viaje. El choque cultural es muy grande y Guibert, un poco a la manera de Guy Delisle, refleja los elementos más curiosos de este nuevo entorno. Desde allí parten hacia Afganistán, donde el viaje se convierte en una gran aventura.

La expedición de MSF tiene como objetivo llegar al norte de Afganistán, donde la población está más desasistida. Para llegar hasta allí deben cruzar la cordillera del Hindu Kush, con sus picos de más de 6.000 m de altura. El frío y la nieve, el peligro de los bombardeos soviéticos y las disputas entre los clanes afganos hacen que el trayecto sea muy peligroso.

Además de Lefèvre, los personajes principales son los miembros de la expedición de MSF a los que vamos conociendo poco a poco. Sus motivaciones, sus dudas y sus miedos tienen un papel fundamental en el relato. El pueblo afgano se erige también en protagonista, ya que el retrato de sus costumbres y de cómo se adapta a la difícil situación que le ha tocado vivir es un elemento esencial del cómic. El sufrimiento provocado por la guerra es fundamental en la obra, pero también la capacidad de adaptación y de sacar provecho de los problemas.

A nivel gráfico, lo más destacado de El fotógrafo es el uso de dibujo y fotografía. Las viñetas de Guibert van creando la línea narrativa y las fotografías de Lefèvre (hizo más de 4.000 a lo largo del viaje) dotan de mayor realismo a la obra, de modo que nos trasladan directamente al corazón de Afganistán. Las fotografías nos acercan a los personajes que Didier Lefèvre va conociendo y nos permiten sufrir junto a él en su viaje de retorno a Pakistán.

El resultado global es fantástico. Una gran aventura situada en un contexto histórico muy cercano, hace menos de 30 años. En Afganistán y Pakistán, dos países en los que los conflictos que observamos en el cómic siguen totalmente vigentes. La visión de primera mano de las actividades de una organización como MSF en una zona de guerra. El crecimiento personal del protagonista y los cambios que su visión occidental padece. Todo ello conforma una obra maravillosa.