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Las serpientes ciegas

Las serpientes ciegas, de Hdez. Cava y B. Seguí (Bd Banda) També disponible en català (Inrevés Edicions)

Las serpientes ciegas ganó el Premio Nacional de Cómic del 2009, hecho que muestra la gran calidad de esta obra. La historia creada por Felipe Hernández Cava y dibujada por Bartolomé Seguí nos lleva al Nueva York de 1939, y mediante flashbacks, también a diversos escenarios de la Guerra Civil española.

El tono de novela negra es evidente desde el principio, en el que vemos como un enigmático personaje vestido de rojo (color fundamental en la historia) llega a Nueva York en busca de Ben Koch. Poco a poco vamos descubriendo que Koch participó en las Brigadas Internacionales que combatieron el fascismo en la guerra civil. Gracias a los flashbacks, fundamentales en la obra, también vemos los inicios del Partido Comunista americano y la persecución a a la que sus miembros fueron sometidos.

De la mano de Ben Koch también viajamos a la convulsa Barcelona del mayo de 1937, con los enfrentamientos entre anarquistas y comunistas; y posteriormente, en 1938 a uno de los escenerios más decisivos de la guerra civil: la batalla del Ebro. Gracias a estos flashbacks, asistimos al crecimiento personal de Koch y a su pérdida de la inocencia.

El dibujo de Seguí,  aunque muy diferente del de la mayoría de su obra, se adapta perfectamente al ambiente oscuro de Nueva York y a su fascinante arquitectura. El uso del color es fundamental en Las serpientes ciegas, destacando en los momentos trascendentales de la obra y especialmente en los capítulos finales.

Por último, en mi opinión, lo mejor del cómic es su retrato crítico de una época de grandes esperanzas, pero al mismo tiempo de una época de grandes frustraciones. La reflexión en torno al idealismo, al egoísmo y la generosidad propios de la naturaleza humana y en torno a la creación de la memoria son muy acertadas. Además, el final es antológico.

Reyes disfrazados

Reyes disfrazadosde J. Vance y D. Burr. (Norma Editorial)

Esta obra nos traslada a los Estados Unidos de la Gran Depresión. El protagonista, un niño llamado Freddie Bloch, se va de casa ante una situación familiar muy complicada. Huérfano de madre; su padre, alcohólico, se traslada a Detroit en busca de trabajo en la industria automovilística. Freddie se queda con su hermano, quien está metido de lleno en el hampa.

Poco a poco va descubriendo las miserias de una sociedad americana, que en esos años tocó fondo. Los personajes con los que se va encontrando a lo largo del viaje reflejan lo mejor y lo peor de los EEUU de los años 30. La represión policial, la marginación y la pobreza son el día a día de millones de americanos. Freddie también se encuentra en esta situación, pero no pierde la esperanza de llegar hasta Detroit.

La galería de personajes con los que se cruza Freddie es asombrosa, pero entre todos ellos destaca sobremanera un vagabundo que se hace llamar “El Rey de España”. Este hombre conoce los entresijos del mundillo de los más desharrapados de América y va presentando al protagonista las claves para poder sobrevivir.

Es una obra dura que obliga a la reflexión, ya que podemos observar como en la primera potencia económica de esa época, millones de personas tenían una vida que rozaba, y en ocasiones sobrepasaba, la indignidad. El dibujo de estilo underground de Burr se adapta perfectamente al genial guión de Vance y refleja la crudeza de los hechos narrados. Recientemente se ha publicado la continuación de esta historia en un volumen llamado Contra las cuerdas.

La miseria reinante durante los años de la Gran Depresión.

La infancia de Alan

La infancia de Alan, de Emmanuel Guibert (Sins Entido)

Después de la genial La guerra de Alan, Emmanuel Guibert hizo una especie de precuela con La infancia de Alan. El protagonista es el mismo, pero en esta ocasión nos trasladamos a los años 30, en su California natal.

Los recuerdos de Alan Cope sobre su infancia sirven a Guibert para crear un gran retrato de la sociedad americana de la Gran Depresión. Desde la visión de un niño podemos observar como la situación económica afecta a su familia y a sus vecinos. La nostalgia de la infancia y la juventud está muy presente, pero al mismo tiempo Cope y Guibert no idealizan la época, sino que a base de detalles y de momentos cotidianos construyen su historia con bastante verosimilitud.

Es muy interesante para comprender el funcionamiento de la sociedad norteamericana en una época tan convulsa, más allá de los grandes nombres y de los momentos históricos más conocidos. Además, visualmente es un cómic precioso gracias al dibujo de Guibert, que llega a ser prácticamente fotográfico en algunos fragmentos. Mención especial merecen las primeras páginas de la obra, con espectaculares dibujos a color que escapan de las viñetas.