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Vencidos pero vivos

Vencidos pero vivos, de Le Roy y Kournwsky (Norma)

Tras la Segunda Guerra Mundial, el planeta quedó dividido en dos grandes bloques: el capitalista, liderado por los Estados Unidos; y el comunista, encabezado por la Unión Soviética. Ambas superpotencias ejercían un férreo control sobre sus respectivos aliados y trataban de silenciar a la disidencia. Este hecho era especialmente evidente en América Latina, donde el vecino del norte dominaba totalmente la política y la economía del resto del continente. La Revolución Cubana cambió parcialmente esta situación, pero tras la crisis de los misiles, que a punto estuvo de provocar el inicio de la Tercera Guerra Mundial, se estableció un nuevo statu quo. Cuba era una anomalía, pero Sudamérica y Centroamérica se veían obligadas a seguir los dictados de Washington. Pese a todo, en Chile se produjo un hecho sin precedentes: la izquierda había ganado las elecciones y con Salvador Allende al frente, trataba de crear una vía propia hacia el socialismo. Los Estados Unidos y las élites chilenas no lo podían permitir.

Aunque el cómic de Le Roy y Kournwsky nos habla del 11 de septiembre de 1973 y del golpe de Estado del general Pinochet, la protagonista es Carmen Castillo. Realizadora de documentales afincada en Francia, Castillo participó activamente del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y sufrió la implacable represión de la dictadura pinochetista. En su exilio francés, siempre trató de dar a conocer la realidad chilena. Le Roy conoció su historia, y como explica en el prólogo, inmediatamente fue consciente de la necesidad de darla a conocer.

La trama presenta una estructura temporal relativamente compleja, ya que los flashbacks y flashforwards son constantes. Los autores reconstruyen la biografía de Carmen Castillo, desde su adolescencia y su primer contacto con activistas de izquierda hasta su retorno a Chile – ya en democracia -, pasando por los trágicos hechos de 1973 y 1974 que la forzaron a exiliarse. De la mano de la protagonista, asistimos a una magnífica recreación del contexto histórico de la época: la oligarquía chilena rechazaba el reformismo de Allende y buena parte de la jerarquía militar no estaba dispuesta a aceptar las transformaciones impulsadas por el gobierno. Pese a la crisis económica, la mayoría de la población estaba con su presidente y solo los más pesimistas pensaban que el ejército se atrevería a intervenir directamente en política.

 Uno de los aspectos más interesantes del cómic es la presentación de las relaciones entre el MIR y el gobierno de Allende. Por un lado, apoyaban totalmente al gobierno, pero al mismo tiempo se negaban a entrar en él. Los militantes radicales no compartían el optimismo presidencial y querían estar preparados para la lucha armada, en caso de que esta fuera necesaria. Otro elemento brillante de la obra es la reconstrucción de la represión contra los miembros del MIR. La angustia y el miedo de los pocos que no se resignaban a vivir en una dictadura era constante. Carmen, junto con sus camaradas, cambiaba continuamente de residencia. Los compañeros y compañeras capturados se enfrentaban a la tortura más atroz y algunos de ellos se quebraron y colaboraron con el régimen. A pesar de ello, siguieron luchando en la clandestinidad y muchos dieron su vida por la libertad, como fue el caso de Miguel Enríquez, líder del MIR y pareja de Carmen Castillo, quien fue asesinado el 5 de octubre de 1974.

El momento más emotivo del cómic son las tres páginas que incluyen el último discurso de Salvador Allende, retransmitido por Radio Magallanes. Lo trágico de la escena, las certeras palabras de Allende y las viñetas de Kournwsky, que recogen el Chile que se estaba derrumbando y al nuevo Chile oscuro que estaba surgiendo, forman un conjunto de especial brillantez. Tres páginas vibrantes, trágicas y emocionantes que consiguen que nos estremezcamos.

A nivel gráfico, el trabajo de Kournwsky es excelente. El uso del color es realmente atractivo, ya que permite distinguir las diferentes líneas temporales. El dibujo, en ocasiones simplemente esbozado, transmite inmediatez y es muy efectivo en los momentos más intensos de la obra. Tanto los personajes principales como los escenarios son muy reconocibles y sin buscar un gran realismo, consiguen que situemos perfectamente la acción. Las composiciones de página no son innovadoras, pero permiten que la trama sea muy fluída y la lectura agradable.

La memoria histórica también es un elemento polémico en países como Chile, donde la dictadura es aún bastante reciente. El intento de procesamiento de Augusto Pinochet por parte del juez Baltasar Garzón y su prolongada estancia en Londres, llevó a la primera página de los periódicos europeos al régimen pinochetista, pero en los últimos años ha vuelto a quedar relegada a un segundo plano. La figura de Salvador Allende, reivindicada por amplios sectores de la izquierda, genera aún una gran fascinación, aunque sus políticas en general son bastante desconocidas. Vencidos pero vivos es un cómic que rescata del olvido la vida de Carmen Castillo y con ella, los acontecimientos más trascendentales de la historia chilena del siglo XX. Pese a las dificultades, la protagonista siempre luchó contra el olvido, y con la colaboración de los autores, ha dado un paso más en este sentido. Un esfuerzo encomiable.

Futbolín

Futbolín, de Alessio Spataro (DeBolsillo)

Alexandre Campos Ramírez, más conocido como Alejandro Finisterre o Alexandre de Fisterra, fue el inventor del futbolín. Nació en 1919 en Finisterre y falleció en 2007 en Zamora y, por tanto, vivió en primera persona buena parte de los grandes acontecimientos de la historia del siglo XX. Su azarosa vida lo llevó a ser partícipe de la guerra civil, a exiliarse a París, a vivir en diferentes lugares de latinoamérica (Ecuador, Guatemala o México) y a volver a su España natal durante la transición democrática. Conoció a algunos de los grandes intelectuales y artistas de su tiempo: Frida Kahlo, Jean Paul Sartre o Albert Camus y fue muy cercano a poetas como León Felipe y Juan Larrea.

El dibujante italiano Alessio Spataro conoció la historia de Alexandre de Fisterra a través de Bep Moll, el director del documental Tras el futbolín (aquí se puede ver el teaser), que narra la historia de este archiconocido juego. Su origen no está claro del todo, ya que diversos países europeos se atribuyen su invención. Pese a ello, la vida del protagonista del cómic es tan atractiva, que el futbolín tan solo funciona como nexo entre las diferentes etapas que relata el cómic.

Alexandre tenía 17 años cuando los militares rebeldes dieron el golpe de estado que desembocó en la guerra civil. Tras ser víctima de un bombardeo por parte del bando fascista, acabó en la Colonia Puig, cerca de Montserrat, junto con otros adolescentes heridos. Fue en este lugar donde inició su carrera como inventor. Inspirándose en el tenis de mesa, Alexandre inventó el fútbol de mesa, de modo que los niños y niñas que por sus heridas no podían jugar a fútbol pudieran divertirse. Además también diseñó un pasador de páginas mecánico como regalo para su primer amor.

Tras observar las disputas internas del bando republicano y entrar en contacto con grandes personalidades como Orwell, Picasso o Hemingway; superó un penoso exilio al norte de África. Alexandre asistió al desenlace de la Segunda Guerra Mundial y una vez finalizado el conflicto se instaló en París, donde trató de sacar partido a su invento, aunque sin la patente – registrada en la España republicana – poco pudo hacer. En la capital francesa entró en contacto con la intelectualidad más destacada de la época y especialmente con su amiga de la infancia, la actriz María Casares (hija de Casares Quiroga).

Posteriormente se trasladó a Guatemala, donde vivió en primera persona el golpe de Estado organizado por la CIA y la United Fruit Company contra Jacobo Árbenz. Allí conoció a personajes tan esenciales de la historia del siglo XX como Ernesto “El Che” Guevara o los hermanos Castro. Las autoridades franquistas lo persiguieron e incluso llegaron a detenerlo, pero gracias a su pericia logró escapar. A continuación se fue a México y poco a poco se fue abriendo camino en el mundo editorial.

Su objetivo era volver a España, pero solo cuando fuera un país democrático. Su invento se había extendido por todo el mundo, con diferentes nombres y formatos, pero no pudo obtener demasiado rédito económico. Continuó con su labor editorial y se fue desencantando de la política española, ya que no se cumplieron gran parte de sus anhelos. Tuvo una vida realmente trepidante.

A nivel gráfico la labor de Spataro es excelente. Destaca el bitono azul y rojo con el que está construido el cómic, pero también es muy interesante la cantidad de recursos gráficos y narrativos que utiliza a lo largo de la obra. Desde el breve repaso ilustrado a las diversas teorías sobre el origen del futbolín, hasta las escenas bélicas o algunas viñetas de tono marcadamente expresionista, Spataro demuestra un gran dominio del medio. Sus personajes son capaces de transmitir emociones y las metáforas basadas en el juego que da título a la obra son guiños muy elaborados.

Futbolín es un cómic realmente original que narra una de esas pequeñas grandes historias que todos deberíamos conocer. La complejidad del guión requiere cierto esfuerzo por parte del lector, pero la recompensa es cuantiosa. Seguramente en un país que no haya silenciado su memoria todos los niños y niñas conocerían la biografía de alguien como Alexandre Campos Ramírez, pero ha sido un dibujante italiano quien ha recuperado su historia. Bienvenido sea.

El convoy

El convoy, de Torrents, Lapière y Froidebise (Norma Editorial)

La guerra civil española es una de las grandes tragedias del siglo XX, de modo que ha servido como inspiración para multitud de obras en prácticamente cualquier medio de expresión. El cómic no ha sido ajeno a este hecho, y especialmente en los últimos años son bastantes las obras que se han acercado a diversos aspectos del conflicto. (En el apartado La II república y la guerra civil del blog tenéis varios ejemplos). En este caso, El Convoy nos habla del exilio a Francia y de la dura realidad con que se encontraron los refugiados españoles que huían de la barbarie franquista. (Por si os interesa profundizar, sobre el exilio en el cómic escribí hace unos meses en el número 4 de CuCo Cuadernos de Cómic).

El dibujante Eduard Torrents y el guionista Denis Lapière colaboraron para dar forma a esta historia de ficción que incluye algunos episodios de la historia familiar del dibujante. La premisa es bastante convencional, con una doble línea temporal y una protagonista que une el pasado situado en la guerra y el presente. Pero hay algo que hace a este cómic bastante original: el presente se sitúa en la Barcelona de noviembre de 1975 y no en la actualidad. La acción nos traslada, por tanto, a los días inmediatamente anteriores al fallecimiento del dictador Francisco Franco. El contraste entre el final de la guerra civil y el final del franquismo resume 40 oscuros años de la historia de España.

Fueron cientos de miles las familias que quedaron destruidas durante la guerra. La situación para los republicanos era terrible y la única alternativa a la represión franquista era emprender el camino del exilio. El cruce de los Pirineos en el invierno de 1939 dejó algunas de las imágenes más impactantes de todo el conflicto bélico y Eduard Torrents ha hecho un gran trabajo trasladando estas escenas a viñetas. Un vez en Francia, los refugiados se encontraron con unas autoridades muy hostiles y fueron recluidos en unos campos con unas condiciones pésimas. El cómic refleja con crudeza la desesperación y la miseria que imperaban en estos tétricos lugares y el alivio que suponía conseguir un trabajo y recuperar la dignidad.

Los recuerdos infantiles de Angelita, la protagonista, marcan la linea argumental de la historia; pero es el estado de salud de su madre el elemento que provoca que descubra la parte de su historia familiar que desconocía. Un viaje a Barcelona, un encuentro inesperado y todo aquello que daba por descontado se transforma y adquiere nuevos significados.

Otro aspecto interesante es que el cómic de Torrents y Lapière recupera la historia del Convoy de los 927, los primeros españoles que fueron deportados a Mauthausen. Este es uno de los episodios más terribles que padecieron los refugiados españoles, que tras huir de la venganza salvaje de Franco se encontraron con los criminales actos del nazismo.

A nivel gráfico, el trabajo de Torrents es muy bueno. La influencia de la línea clara es evidente y permite que la atención recaiga en la historia que los autores desean explicar. El trabajo de documentación fue exhaustivo y se deja notar en una ambientación excelente. La recreación de algunos de los edificios más emblemáticos de Barcelona es sencillamente espectacular, sobretodo la del Hospital de Sant Pau, que además tiene un papel central en el relato. Los personajes son expresivos y permiten que nos identifiquemos con sus emociones. Por último, el uso del color es realmente efectivo y permite a Torrents crear viñetas de una gran belleza.

En resumen, El convoy es un cómic muy recomendable. La publicación en un único volumen, a diferencia de la edición francesa original en dos tomos, ha sido un gran acierto por parte de Norma. Es una historia redonda y a pesar de que cae en algunos lugares comunes sobre la guerra civil y el exilio, la visión que da de estos dos episodios es bastante acertada. La memoria histórica, en esta ocasión a través de la memoria familiar, es un elemento central en la obra y el resultado es totalmente satisfactorio. La inclusión de la historia del Convoy de los 927 hace que mi valoración sea aún más positiva y que considere El Convoy uno de los cómics más indicados para trabajar en la educación secundaria.

PD: Vale la pena echar un vistazo a la página web de Eduard Torrents, en la que podréis ver algunos bocetos y viñetas y los comentarios del dibujante sobre su trabajo.

Paseo de los canadienses

Paseo de los canadienses, de Carlos Guijarro (Edicions de Ponent)

Una casualidad llevó a Carlos Guijarro a descubrir que en la carretera que une Málaga y Almería tuvo lugar una de las mayores tragedias de toda la Guerra Civil. Tras documentarse y entrevistar a varios de los supervivientes decidió crear un cómic que narrara uno los episodios más terribles y al mismo tiempo más desconocidos – fuera de Málaga – de este conflicto bélico. Un dato sirve para comprender la magnitud de los crímenes cometidos por el bando franquista entre Málaga y Almería a inicios de febrero de 1937: los cálculos más modestos hablan de entre 3.000 y 5.000 víctimas mortales, mientras que en  el bombardeo de Gernika, se estima que murieron unas 200 personas.

El resultado de una exhaustiva labor de documentación fue Paseo de los canadienses, nombre que recibe un tramo del camino entre las dos ciudades andaluzas en honor a la labor de los voluntarios de la Cruz Roja canadiense durante la guerra. La formación del autor como historiador queda patente a lo largo del cómic. Además de narrar lo sucedido a los miles de refugiados que huyeron de Málaga tras la caída de ésta a manos de los fascistas italianos, Guijarro incluye múltiples reflexiones en torno a la memoria histórica y al silencio impuesto durante décadas por los vencedores de la guerra.

El cómic presenta dos lineas argumentales que discurren en paralelo: la Málaga de hoy en día y la Málaga de 1937.  En primer lugar, mediante viñetas en color, asistimos al descubrimiento del “Paseo de los canadienses” por parte de Guijarro y a su investigación sobre los hechos, que le lleva a descubrir que Norman Bethune, a quien conocía por su paso por la China de Mao, también estuvo presente en la Guerra Civil como voluntario de las Brigadas Internacionales. Sus escritos y sus fotografías – que aparecen dibujadas en diversas viñetas de la obra – permitieron a Guijarro ser consciente de lo acontecido en la N-340. Esta primera trama culmina con la entrevista a Macarena, la imaginaria abuela de un conocido, que Guijarro utiliza para narrar los hechos de 1937 y que da continuidad a todo el relato.

En segundo término – y en viñetas sepia -,  el autor nos traslada a enero de 1937, cuando la situación en Málaga se hace insostenible para el bando republicano. La inminente llegada de las tropas fascistas italianas y el miedo al ejército africano de Franco hacen que la ciudad esté instalada en el caos. De la mano de la ficticia Macarena, que sirve al autor para hilvanar un relato construido a partir de numerosos testimonios, asistimos a la inacción de las autoridades republicanas, a los problemas para organizar una evacuación, a la cruenta represión que ejercieron los franquistas cuando llegaron a Málaga y a la desesperada huida de miles de personas hacia Almería.

El contraste entre los recuerdos infantiles de Macarena y su visión como anciana que ha mantenido en silencio sus recuerdos es el motor de la obra. Es la forma en que Carlos Guijarro construye la memoria de los hechos lo que me ha parecido más interesante en el cómic. A la manera de Paco Roca en Los surcos del azar, el propio autor se incluye en el relato para dotar de veracidad a lo relatado y los silencios y los sentimientos que provocan los recuerdos en la propia Macarena juegan un papel central en la historia.

Otro elemento destacado de Paseo de los canadienses es la inclusión en el propio relato de documentos de la época, así como de los escritos de diversas personas que vivieron los hechos. El peso del texto es mayor que en la mayoría de cómics actuales y hace que el ritmo de algunos fragmentos sea excesivamente lento, pero la información que incluyen siempre es interesante. La bibliografía incluida al final de la obra es muy completa, hecho que demuestra la voluntad de Guijarro de ceñirse a la verdad histórica de los hechos, en ocasiones incluso en contra de la agilidad del tebeo.

A nivel gráfico son dignos de mención muchos aspectos, pero en primer lugar creo que es justo destacar la dificultad de debutar con una obra de 120 páginas de extensión. El dibujo es correcto y permite que los personajes sean reconocibles y expresivos. Los escenarios en que transcurre la acción son totalmente fieles a la realidad, ya que el proceso de documentación y su traslación a las viñetas eran elementos fundamentales para el autor. El uso del color, aunque sencillo y ya muy visto, es muy efectivo y las composiciones de página son también conservadoras, a pesar de la inclusión de diversas viñetas de gran formato y gran belleza.

Paseo de los canadienses es un auténtico cómic histórico, no es un cómic basado en hechos reales. La matanza de la carretera de Málaga a Almería fue uno de los mayores actos criminales de toda la guerra civil y Carlos Guijarro ha conseguido reflejar perfectamente lo que sucedió. Además, es evidente la reflexión que encierra el cómic y la forma en que el autor ha trasladado lo acontecido al tebeo no es de ninguna manera casual. La memoria histórica es un elemento fundamental en el cómic y Guijarro lo hace explícito en muchos momentos.

Asimismo, el autor valenciano rinde un sentido homenaje a Norman Bethune y sus compañeros, que tanto hicieron por aliviar el sufrimiento de miles de víctimas de la guerra; y, también, da voz a los supervivientes de la masacre que fueron condenados al olvido durante décadas. El miedo a explicar sus historias, la deficiente actuación de las autoridades republicanas que hizo que desde la izquierda no se rememorara este episodio y la avanzada edad de los cada vez más escasos supervivientes jugaban en contra de la recuperación de la memoria. El cómic ha vuelto a demostrar, una vez más, que es un medio muy útil y efectivo para conseguirlo.

Los surcos del azar

Los surcos del azar, de Paco Roca (Astiberri)

Paco Roca nos explica en Los surcos del azar la historia de La Nueve (9a compañía de la 2a división blindada o División Leclerc), la compañía del ejército de la Francia Libre integrada por republicanos españoles exiliados después de la guerra civil. Es una de esas historias que todos deberíamos conocer, pero que han quedado en el olvido tras 36 años de dictadura y una Transición en la que no se levantaron las alfombras.

El inicio de la novela gráfica se sitúa en el puerto de Alicante, desde donde intentaban escapar los últimos exiliados. Allí, el único barco que accede a llevárselos es  un carbonero inglés, el Stanbrook.

Uno de los surcos del azar, que dan título al cómic, hizo que los refugiados españoles, que huían del fascismo, llegaran a las colonias francesas del Norte de África y se convirtieran en prisioneros de la colaboracionista Francia de Vichy. Los condenaron a trabajos forzados en el proyecto del ferrocarril Transahariano (Documental: Cautivos en la arena) que tenía que unir el Mediterráneo con Níger a través del desierto. Pero el azar no se quedó ahí, y tenía reservado otro giro en la vida de estos héroes. La creación del ejército de la Francia Libre, dio a los derrotados de la guerra civil otra oportunidad para luchar contra el fascismo.

Los republicanos españoles eran luchadores veteranos y rápidamente consiguieron buena fama dentro del ejército de De Gaulle y De Clerc. Éste último fue el artífice de la creación de La Nueve, la compañía formada mayoritariamente por republicanos españoles. Se embarcaron en la invasión de Europa, siempre con la esperanza de acabar liberando a España del yugo franquista. La Nueve tuvo un papel protagonista en la liberación de París, hecho que quedó inmortalizado, gracias a otro de los surcos del azar, en la portada del diario Libération, que incluyó la foto del republicano Amado Granell como si fuera el capitán Dronne.

El valenciano Amado Granell en la portada del diario Libération tras la liberación de París.
El valenciano Amado Granell (primero por la derecha) en la portada del diario Libération tras la liberación de París.

Los surcos de la Historia fueron muy crueles con estos héroes. Liberaron París de los nazis, llegaron al Nido del Águila (Kehlsteinhaus, en Berchtesgaden), el refugio de Hitler en los Alpes; pero quedaron olvidados por la Historia. Mientras Europa era liberada del fascismo, España vivió 36 años de dictadura franquista; mientras los exiliados republicanos seguían luchando por la Francia Libre, Charles de Gaulle daba un discurso en que afirmaba “que Francia sola y por ella misma se había liberado del nazismo” (discurso en inglés), sin siquiera nombrar a una parte tan importante de su ejército. Después llegaría una decepción aún mayor, cuando los aliados no intentaron liberar a España del fascismo. Hasta el año 2004 los republicanos españoles que ayudaron a liberar Francia no tuvieron un reconocimiento oficial por parte de las autoridades francesas. En España ese reconocimiento no ha llegado, pero Paco Roca con Los surcos del azar les ha rendido un gran homenaje.

El arte de volar

El arte de volar, de A. Altarriba y Kim (Edicions de Ponent) També disponible en català (Editores de Tebeos)

Si tuviera que elegir un cómic para establecerlo como lectura obligatoria para los alumnos de 4º de ESO o de Bachillerato, éste sería El arte de volar, no tendría ninguna duda. Antonio Altarriba quiso homenajear a su padre, que se suicidó en 2001, y creó el guión de esta fantástica novela gráfica. Le ofreció el guión a Kim (Dibujante, entre otras, de la serie Martínez el Facha de El Jueves) y el resultado de esta colaboración fue magnífico.

El protagonista de la narración es Antonio Altarriba Lope, desde su nacimiento en 1910 hasta su muerte en 2001. A lo largo de la vida de Antonio observamos las diferentes etapas históricas de la España del siglo XX y somos testigos de algunos de los acontecimientos históricos fundamentales de esta época. La Segunda República, la Guerra Civil, el exilio a Francia, el Franquismo y, finalmente, la etapa democrática están perfectamente reflejados en el cómic. Esta novela gráfica es un gran ejercicio de memoria histórica, pero además relata la vida de un hombre común, de alguien que fue feliz en algunas etapas, pero sobretodo, de alguien que sufrió lo peor de su tiempo.

Antonio Altarriba padeció la Guerra Civil y el exilio.

En el apartado Propuestas didácticas del blog tenéis a vuestra disposición tanto la Ficha elaborada por mí, como la Guía que creó Antoni Guiral para Edicions de Ponent.