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Kongo

Kongo, de Tom Tirabosco y Christian Perrissin (Dibbuks)

La historia de África tradicionalmente ha quedado relegada en los planes de estudios, y en muchos casos, se explica tan solo desde el punto de vista de los europeos. Esta es la primera entrada de una nueva sección en el blog sobre cómics que tratan la historia de África, aunque como pasa con los libros de historia, el enfoque mayoritario es el de África vista desde Europa. La historia de África me ha interesado desde que cursé una asignatura sobre el África Contemporánea en la universidad, y creo que los cómics – como con todas las ramas de la Historia – son una buena herramienta para divulgar algunos aspectos de la historia africana que deberían ser de conocimiento obligado.

Kongo es la primera novela gráfica sobre la historia de África que analizo y su lectura me ha resultado muy interesante. El cómic, con guión de Christian Perrissin y dibujo de Tom Tirabosco, relata el viaje que llevó a cabo por el río Congo Jozef Konrad Korzeniowski, quien pasó a la historia como Joseph Conrad. Este viaje por el Congo que controlaba el rey Leopoldo II de Bélgica fue su inspiración para escribir su gran obra El corazón de las tinieblas. Mediante la reconstrucción del viaje por el gran río africano y a través de la correspondencia que mantuvo con su tía, Perrissin consigue que veamos cómo se sintió y qué descubrió el protagonista de la historia.

La Conferencia de Berlín celebrada entre 1884 y 1885 oficializó el inició de la carrera por la conquista de África para explotar su mano de obra y sus recursos naturales. La zona central del continente, que el río Congo recorría, era bastante desconocida, aunque se creía que se podrían obtener grandes beneficios de su control. Las grandes potencias de la época – Gran Bretaña, Francia y, en menor medida, Alemania – no querían que una de las otras se quedara con estos territorios, así que todas aceptaron la propuesta del rey de Bélgica. Ésta consistía en el control directo de la colonia por el propio Rey Leopoldo y no, como era habitual, por parte del Estado Belga. Además, las aguas navegables del Congo estaban abiertas al comercio de todas las potencias europeas.

Leopoldo II de Bélgica estaba considerado internacionalmente como un gran benefactor y aseguraba que en el Estado Libre del Congo – como llamó a sus posesiones africanas – las condiciones de vida de sus habitantes iban a mejorar. El colonialismo europeo, siempre dispuesto a esquilmar los abundantes recursos africanos, utilizaba este tipo de argumentos para maquillar sus verdaderas intenciones. Los colonizadores iban a llevar el progreso, la educación y la verdadera religión a los pobres bárbaros africanos; pero en el fondo el verdadero objetivo era la explotación económica.

Leopoldo llevó estas prácticas hasta los extremos más horripilantes que alguien pueda concebir. Baste un solo dato, el número de víctimas durante su dominio del Estado Libre del Congo se calcula en 10 millones de muertos, prácticamente el 50% de la población. Mientras los congoleses sufrían, el Rey de los belgas y sus secuaces se habían enriquecido enormemente.

El Joseph Conrad que emprende su viaje al Congo, era un marino de origen polaco que había estado en la marina mercante británica durante bastantes años. Como la mayoría de europeos de la época, Conrad – Korzeniowski en aquella época – desconocía lo que sucedía realmente en las lejanas tierras centroafricanas. A lo largo de su periplo hasta  la desembocadura del Congo, Conrad empieza a ser consciente del racismo imperante y del trato vejatorio que reciben los africanos por parte de sus supuestos benefactores.

Joseph Conrad había firmado un contrato de 3 años con la compañía belga que dirigía la explotación económica del Congo. Su tarea era pilotar un vapor por el río y llegar hasta el interior del continente para transportar los grandes cargamentos de marfil que se obtenían en la colonia. Fue un viaje durísimo, en que Conrad se enfrentó a la enfermedad, a la sed, al hambre y al clima ecuatorial; pero lo peor para él fue la clase de gente con la que se encontró. Hombres rudos, tiránicos, que despreciaban el sufrimiento y las vidas de los africanos y que estaban dispuestos a cualquier cosa para enriquecerse lo más rápido posible y volver a Europa.

Además de descubrir los horrores del colonialismo, Joseph Conrad se conoció a sí mismo, como muestran las cartas que escribía a su tía viuda, con la que le unía una estrecha relación. La correspondencia, introducida con gran acierto en el cómic, permite observar la evolución personal del protagonista. Desde su curiosidad e ingenuidad iniciales, vemos cómo Conrad se endurece y cómo intenta luchar contra la perversa maquinaria colonial.

Los personajes secundarios que aparecen a lo largo del relato representan de manera muy acertada los estereotipos de los europeos que viajaban a África a hacer fortuna; pero son los personajes africanos los que nos permiten ser testigos de la vileza de la colonización. Los castigos físicos, las cargas de trabajo sobrehumanas y el desprecio de la mayoría de europeos muestran los costes del gran negocio con el que las élites europeas se enriquecieron.

En cuanto al dibujo de Tom Tirabosco, creo que se adapta perfectamente al tono del relato. El blanco y negro, conseguido mediante la técnica de la monotipia, consigue reflejar perfectamente la opresión del viaje a través de la jungla y el sufrimiento del protagonista y de los africanos con los que se encuentra. Las composiciones son bastante sencillas, pero cumplen su función y  la historia avanza con fluidez. Destacan algunas viñetas de gran tamaño, con una gran belleza visual.

Por último, me ha parecido una gran idea la inclusión al final del cómic de unas páginas anexas en las que Christian Perrissin relata la biografía de Conrad y explica la influencia en su obra del viaje al Congo. Asimismo, Perrissin nos habla de los personajes secundarios que aparecen en el cómic y de los personajes históricos que representan. No soy capaz de imaginar un mejor colofón a esta imprescindible novela gráfica sobre uno de los momentos más terribles de la Historia Contemporánea de África y de Europa.

 

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Aleksis Strógonov

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov, de Régnaud y Bravo (Ponent Món)

Había visto varias veces el tomo integral de Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov y siempre me había llamado la atención lo que decía la contraportada: “Una auténtica obra maestra del humor negro que evoca amablemente episodios tan dramáticos como la revolución rusa de 1917, el auge del fascismo en la Alemania de los años veinte o los absurdos conflictos étnicos de los Balcanes“. Finalmente me decidí y me hice con él. Después de la lectura solamente puedo decir una cosa: gran compra.

La edición integral de Ponent Mon reúne los tres volúmenes que crearon Emile Bravo y Jean Régnaud. En el primero, titulado “Bielo”, el protagonista junto con su hermano son partícipes de la Revolución Rusa, ya que están en Bielorrusia luchando contra el Ejército Blanco. En el segundo, “Kino”, Aleksis llega a Berlín cuando la extrema derecha está empezando a coger fuerza y cuando el cine alemán se empieza a consolidar como una industria potente. Por último, “Tamo” narra las andanzas de Aleksis Strógonov en los Balcanes, en pleno ascenso de los movimientos nacionalistas.

Lo más interesante de este cómic es su acercamiento a la historia desde un punto de vista humorístico. La ironía y el absurdo tienen un lugar preponderante y, de la mano de Aleksis Strógonov, una especie de Tintín ruso, los autores nos llevan a visitar tres lugares y tres momentos esenciales para comprender el devenir del siglo XX en Europa. Comunismo, nazismo y nacionalismo han sido ideologías que han marcado profundamente la turbulenta historia del siglo pasado y el enfoque desenfadado de Régnaud y Bravo permite reflexionar ampliamente sobre las tres.

Tras el marcado sentido del humor, Bravo y Régnaud introducen una gran crítica a las grandes ideologías y a los intentos de éstas por establecerse como hegemónicas y como verdades eternas e indiscutibles. Los autores, a través del propio Aleksis, intentan explicar el contexto de la Europa de entreguerras en el que comunismo, nazismo y nacionalismo gozaron de amplia difusión.

Aleksis Strógonov es el nexo entre los diversos escenarios y los esperténticos personajes que lo acompañan a medida que su viaje avanza. El hipócrita revolucionario Bulkin, dispuesto siempre a dirigir el pueblo hacia lo que más convenga a su interés personal; el primo Ulf, que participa en las incipientes camisas púrpuras en Berlín; o Gorana Ranic, la líder de uno de los grupos guerrilleros nacionalistas de una indefinida república balcánica, son algunos de los secundarios de lujo que aparecen a lo largo de los tres álbumes.

El dibujo de Bravo, claro exponente de la línea clara, consigue que los personajes sean muy expresivos y contribuye a incrementar la comicidad de algunos fragmentos. Los escenarios están muy bien construidos y las escenas situadas en Berlín muestran la clara de intención de ser fiel a la arquitectura de la capital alemana. El vestuario también contribuye a crear la sensación de que estamos ante un cómic humorístico de época muy bien documentado.

Un aspecto muy interesante de la obra es la inclusión, en el segundo volumen, de los estudios de la UFA (Universum Film Ag), el principal estudio cinematográfico alemán del periodo de entreguerras como escenario. Buena parte de la acción de “Kino” (cine, en alemán) transcurre en este lugar. Aleksis y Dieter, su compañero de aventuras en Berlín, encuentran trabajo en los estudios y podemos ver las interioridades de un rodaje de la época con una actriz protagonista y un director bastante peculiares.

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov es un cómic bastante diferente a la mayoría de los cómics reseñados anteriormente. En esencia no es un cómic histórico, ya que el contexto tan solo es el escenario en el que se mueven los personajes; pero al mismo tiempo, el tono humorístico de la obra sirve a los autores para elaborar una poderosa crítica a la sociedad europea de los años 20, en el seno de la cual surgieron los terribles totalitarismos del siglo XX. Una lectura muy entretenida, en ocasiones muy divertida, y que gracias a su original enfoque permite que reflexionemos sobre la Europa que vivió dos guerras terribles en 30 años.

La guerra de Alan

La guerra de Alande Emmanuel Guibert (Ponent Món)

Durante sus vacaciones en en el oeste de Francia, Emmanuel Guibert conoció a un jubilado norteamericano. Poco a poco se fueron haciendo amigos y Guibert descubrió que tras Alan Cope había una historia muy interesante. En los 3 volúmenes de La guerra de Alan, el autor francés nos narra la experiencia de Alan durante la Segunda Guerra Mundial.

Cada volumen relata una parte de sus vivencias: su instrucción en los EEUU y la llegada a Europa; la guerra propiamente dicha, aunque Alan no participa directamente en los grandes momentos históricos; y el fin de la guerra y su retorno a casa. Es muy interesante el retrato del día a día de un soldado, de las pequeñas cosas que son importantes para cada uno de nosotros, y com éstas encajan en el gran relato de la Segunda Guerra Mundial.

El dibujo de Guibert ayuda a resaltar la importancia de la memoria, de los recuerdos de Alan Cope, protagonista absoluto del cómic. Un gran ejemplo de historia oral, llevado en esta ocasión a la novela gráfica.