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Trágica derrota

Trágica derrota, de Nozoe Nobuhisa (ECC Ediciones)

En 2015 se cumplieron 70 años del final de la Segunda Guerra Mundial. En la memoria del pueblo japonés tenía lugar el 70 aniversario del lanzamiento de las bombas atómicas norteamericanas sobre Hiroshima y Nagasaki y la posterior rendición. La sociedad nipona quedó profundamente marcada por el conflicto y por su responsabilidad en el inicio de las hostilidades. El manga no fue ajeno a este hecho y numerosos autores han tratado de reflejar su visión sobre el conflicto. En este sentido, algunas de las obras más importantes son Adolf, del gran Osamu Tezuka – el Dios del manga -; Operación muerte, de Shigeru Mizuki; y Pies descalzos, de Keiji Nakazawa (aquí el volumen 2).

En Trágica derrota, Nozoe Nobuhisa también nos acerca a la memoria de la Segunda Guerra Mundial – Guerra del Pacífico para los japoneses -, pero lo hace de una forma muy diferente a las obras anteriormente citadas. Nobuhisa creó seis relatos independientes que tratan sobre los recuerdos de diferentes supervivientes del conflicto. Es interesante la forma en que el autor consigue no solo recordar el pasado sino también retratar el proceso de construcción de la memoria. Los supervivientes, desde el presente, rememoran los episodios que marcaron profundamente sus vidas.

La primera historia, una de las más emotivas y mejor construidas, narra la experiencia de un piloto de Kaiten, los torpedos suicidas que utilizó la marina japonesa hacia el final de la guerra. Nobuhisa reconstruye con maestría la ideología militarista que impuso el régimen japonés a toda la sociedad y los sentimientos de buena parte de los soldados, dispuestos a entregar su vida por la patria. La forma en que el autor concluye este relato, rompiendo nuestras expectativas como lectores, me ha parecido un gran acierto.

A continuación, el dibujante recrea las experiencias de otro antiguo soldado. En esta ocasión, el anciano protagonista se entrega a la policía y confiesa haber cometido un asesinato. Cuando la policía descubre cuándo se produjo el crimen, el autor disecciona el sentimiento de culpa que afecta décadas después a los combatientes. Ante el ascenso del nacionalismo y de cierto revisionismo histórico que está teniendo lugar en la actualidad en el país asiático, la reflexión sobre la culpa que lleva a cabo Nobuhisa es realmente interesante.

El tercer episodio es seguramente el más duro de todos. Con el potente título de Hambre, el mangaka nos habla de las terribles condiciones que sufrieron los soldados japoneses que lucharon hasta el final en las islas del Pacífico. El sufrimiento extremo transforma al ser humano en un animal que instintivamente lucha por su supervivencia e incluso lo lleva a cometer actos que consideramos inhumanos. Esto que lo que padeció el protagonista del relato, quien siete décadas después aún tiene pesadillas con aquellos hechos.

Las mujeres japonesas son el protagonista colectivo de la cuarta historia. Tras años de ocupación de la zona oriental de China, donde Japón cometió auténticas atrocidades, la derrota definitiva provocó un gran deseo de venganza. Como ha sucedido en otros conflictos a lo largo de la Historia y como aún sucede hoy en día en muchos lugares, las mujeres fueron el objetivo de quienes querían vengarse de los crímenes de su enemigo. La protagonista del relato fue violada junto con muchas otras compatriotas por soldados chinos y el posterior miedo al rechazo y al estigma hizo que mantuviera para siempre el silencio. La deleznable intervención de un soldado japonés, que trata de sacar provecho de la situación, la llevará a tomar una decisión extrema que la atormentará años después.

El quinto capítulo relata la trágica experiencia de dos hermanos que tras perderse la pista durante la guerra, se encontraron en una desolada isla del Pacífico cuando los avances norteamericanos parecían imparables. La naturaleza de su encuentro es espeluznante, pero Nobuhisa es capaz de transmitirnos aún más emociones con la situación actual del anciano superviviente. Tras vivir unos acontecimientos tan atroces, el personaje principal no pierde la dignidad ni en una situación que a cualquiera de nosotros nos llevaría al límite.

Por último, el autor construye una narración de una gran intensidad en la que mezcla los recuerdos de un pescador que también luchó en la Segunda Guerra Mundial. Su vida quedó tan marcada por el conflicto, que ha relacionado el resto de sucesos importantes que ha vivido con lo que le ocurrió setenta años atrás. La relación con su familia, las trágicas pérdidas que se ha visto obligado a afrontar y su propio final son indesligables de su memoria de la guerra.

A nivel gráfico el trabajo de Nozoe Nobuhisa es impecable. El uso del blanco y negro es muy efectivo para trasladarnos a lugares y momentos tan oscuros como los narrados. A pesar de la falta de dinamismo general de la obra, con composiciones de página muy convencionales y grandes textos de apoyo, la narración fluye a buen ritmo. Es destacable la belleza de muchas de las viñetas, en ocasiones de un realismo prácticamente fotográfico y es evidente que la tarea de documentación ha sido exhaustiva. Los personajes son muy expresivos y el autor utiliza el contraste entre el gran detalle de los rostros de los protagonistas y las facciones más sencillas de los secundarios para centrar la acción en los hechos principales.

Dos últimos detalles de Trágica derrota me han acabado de cautivar: por un lado, el epílogo, que mezcla viñetas y texto y que permite al autor explicitar sus reflexiones y sus sentimientos respecto a los temas tratados en el cómic; por el otro, la ilustración que cierra cada uno de los capítulos (al final de este texto) y que incluye una frase sobre la guerra y la condición humana, relacionada con cada uno de los episodios. Pese a ser una obra bastante breve, compuesta de relatos cortos, Nozoe Nobuhisa ha conseguido crear una obra que invita a la reflexión, que introduce ideas muy potentes, que no evita ningún tema escabroso y que hace una gran labor en la recuperación de la memoria histórica de Japón. Estamos ante un gran cómic histórico y una lectura totalmente recomendable.

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Presidente Trump

Presidente Trump. Dios perdone a América, de Pablo Ríos (Sapristi)

El pasado 8 de noviembre, Donald Trump ganó las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. Uno de los convencidos de su victoria era el dibujante Pablo Ríos (autor de Azul y Pálido, Fútbol. La novela gráfica y actualmente trabajando en un cómic sobre Jesucristo). El día 9 por la mañana, cuando vio confirmado su vaticinio, colgó en las redes sociales varias viñetas que había dibujado en su libreta . Tuvieron cierta repercusión y el editor de Sapristi, Octavio Botana, se puso en contacto con él. Le dijo que le habían gustado mucho esas tiras y le propuso hacer un cómic humorístico sobre el nuevo presidente americano. Con la intención de publicarlo antes de Navidad, el dibujante andaluz tuvo tan solo nueve días para pensar y dibujar cuarenta y seis chistes. El resultado fue Presidente Trump. Dios perdone a América, cuyos derechos ya han sido comprados en Alemania y Francia.

Las páginas mantienen una estructura fija: la primera viñeta con el título, que en muchas ocasiones ya forma parte del chiste, y a continuación tres viñetas – planteamiento, nudo y desenlace -. Debido al poco tiempo disponible, Pablo Ríos tuvo que obligarse a seguir ciertas reglas, por ejemplo, el único personaje que aparece es el propio Trump y la gran mayoría de viñetas presentan al nuevo presidente sentado en el despacho oval. Otros elementos recurrentes también ayudan a conseguir la carcajada: conversaciones telefónicas, noticias en periódicos, juegos con la continuidad de algunos chistes…

Lo más interesante de la obra es que el autor no ha caído en el humor simple de recurrir al físico del protagonista. La situación que Ríos plantea es ¿qué hará Trump cuando ya sea presidente? Partiendo de esta premisa, y basándose en muchas ocasiones en declaraciones reales del Trump candidato, el cómic recorre multitud de temas candentes: política internacional, cambio climático, racismo, machismo…

Gráficamente el cómic funciona muy bien, a pesar del poco tiempo con el que el autor ha contado. La simplicidad del escenario permite que todo el peso recaiga en los diálogos y en la expresividad del personaje principal. Son destacables algunos recursos gráficos utilizados en viñetas concretas, como la reforma de la Casa Blanca o las noticias secundarias de los periódicos.

Presidente Trump. Dios perdone a América es un cómic que tiene muchísimo mérito. Octavio Botana y Sapristi apostaron por un autor con ideas brillantes y vieron la oportunidad de publicar una obra de gran actualidad; y por su parte, Pablo Ríos aceptó el reto de dibujar y crear un cómic en un periodo tan breve. Sinceramente espero que el riesgo tomado por ambos tenga su recompensa y que el cómic tenga éxito comercial. Las risas están aseguradas.

Soñadores

Soñadores. Cuatro genios que cambiaron la Historia, de Baudoin y Villani (Astiberri)

El relato tradicional de la Segunda Guerra Mundial se basa en los grandes acontecimientos – Stalingrado, Pearl Harbour o Normandía, entre otros – y en los grandes nombres – Hitler, Stalin o Churchill – ,  y evidentemente, es un relato incompleto. Millones de experiencias personales distintas conformaron la realidad de un conflicto bélico de dimensiones universales. Soñadores, el cómic del dibujante Edmond Baudoin con guión del matemático Cédric Villani, narra cuatro de estas pequeñas grandes historias y nos permite conocer a cuatro de las personas que más influyeron en el devenir de la guerra.

La obra está estructurada en dos partes que se van intercalando: por un lado, las conversaciones entre Baudoin y Villani en que reflexionan sobre los protagonistas, su legado y su reconocimiento y sobre la naturaleza del conocimiento científico; y por el otro, las historias de los tres científicos y el militar a los que hace referencia el título del cómic. Los monólogos de Werner Heisenberg, uno de los padres de la física cuántica cuyos estudios posibilitaron la fabricación de la bomba atómica, de Alan Turing, precursor de la informática y responsable de descifrar el código Enigma, de Leo Szilard, descubridor de la reacción nuclear en cadena e impulsor del Proyecto Manhattan y de Hugh Dowding, militar británico al mando de la RAF durante la batalla de Inglaterra, cargan con el peso narrativo del cómic.

Los autores no han creado un cómic biográfico al uso, han ido mucho más allá. Gracias a una gran labor de documentación y al profundo saber científico del guionista, Baudoin y Villani han conseguido dotar de vida a los personajes. Los cuatro hablan en primera persona y mientras narran los hechos de los que fueron partícipes van incluyendo sus reflexiones sobre lo que les tocó vivir. A pesar de la inclusión de abundantes explicaciones teóricas sobre complejos conceptos científicos, los autores han conseguido crear retratos muy personales y acercar al lector la voz de los cuatro genios.

En primer lugar, vemos a Heisenberg el 6 de agosto de 1945, el día del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima. El físico alemán estaba encerrado en Farm Hall con otros reputados científicos germanos y allí se enteraron a través de la BBC del lanzamiento y sus consecuencias. No sabían que sus conversaciones estaban siendo grabadas y debatieron sobre su implicación en la creación de tan funesta arma y sobre su derrota frente al Proyecto Manhattan norteamericano. Heisenberg, quien había mantenido una posición ambivalente frente a Hitler, se retiró a su habitación para tratar de descifrar cómo habían conseguido crear la bomba y cuáles habían sido sus errores. Dos días después fue capaz de ofrecer un seminario a sus colegas, ya con los cálculos correctos y con la reconstrucción completa del proceso de fabricación de la bomba. La forma en que Villani y Baudoin recrean sus pensamientos y sus dudas es magistral, pero no responden a la gran pregunta: ¿Heisenberg sabía cómo fabricar la bomba atómica y no lo hizo para no entregársela a Hitler o pese a sus intentos fue incapaz de fabricarla? Setenta años después el debate sigue abierto.

El segundo episodio está dedicado a Alan Turing. Los autores nos sitúan el 7 de junio de 1954, el día en que el matemático británico falleció. Turing está atormentado por el trato vejatorio que ha recibido en su país tras su fundamental papel en la victoria aliada. Turing repasa su lucha contra el Código Enigma y la forma en que consiguió desencriptar las comunicaciones alemanas. A continuación rememora los castigos que le fueron impuestos por su condición de homosexual. En un alegato contra la discriminación y contra la homofobia, Turing se muestra sereno ante quienes  se beneficiaron de su trabajo y su genio, pero mostraron una gran ingratitud.

A continuación, Villani y Baudoin nos trasladan al 9 de enero de 1960 para dar voz a Leo Szilard, científico húngaro que tuvo un papel central en la carrera atómica. Está en el hospital, enfermo de cáncer, y reflexiona sobre su forma de entender la ciencia, muy alejada de la de la mayor parte de sus colegas. Además relata su labor en la gestación del Proyecto Manhattan, ya que fue él quien convenció a Albert Einstein para que le escribiera al presidente Roosevelt con el objetivo de conseguir fondos para la investigación nuclear. Su trabajo con grandes nombres de la ciencia como Enrico Fermi, Niels Bohr o Frédéric Joliot-Curie comparten protagonismo con sus enfrentamientos con los militares. Ferviente defensor de los derechos humanos y partidario del desarme atómico, estuvo siempre a favor del pensamiento alternativo y de la innovación, incluso para el tratamiento de su enfermedad.

Por último, viajamos a 1968, cuando un ya anciano Hugh Dowding asistió al rodaje de La batalla de Inglaterra, en la que Laurence Olivier interpretaba al propio Dowding. Allí, el veterano militar rememora su participación en la guerra. Los cambios que efectuó en la estrategia defensiva británica permitieron al país resistir los bombardeos alemanes y ganar tiempo hasta la entrada de la Unión Soviética y de los Estados Unidos en el conflicto. Pese a todas las trabas con las que se encontró, a la escasez de medios disponibles y la inexperiencia de los pilotos de la Royal Air Force (RAF), sus decisiones demostraron ser acertadas. A pesar de ello, Sir Hugh Dowding, mariscal del aire, y Keith Park, vicemariscal y su hombre de confianza, fueron destituidos por haberse mostrado demasiado independientes. Años después, ya finalizada la guerra, sus méritos fueron reconocidos y se le rindieron multitud de homenajes.

A nivel gráfico poco se puede decir del trabajo de Edmond Baudoin, uno de los grandes dibujantes europeos de la actualidad. El blanco y negro funciona a las mil maravillas para recrear las cuatro historias. La combinación entre viñetas más clásicas y páginas más cercanas al libro ilustrado permite conjugar las diferentes temáticas del cómic. Es muy interesante observar la evolución en el dibujo de los cuatro episodios: oscuro y tétrico el de Heisenberg, onírico y lleno de metáforas el de Turing, desdibujado y con muchas referencias a la historia del arte el de Szilard y más realista el de Dowding. Siempre al servicio del relato, Baudoin realiza una prodigiosa muestra de sus recursos.
En definitiva, con Soñadores estamos ante un gran cómic histórico que no solo reconstruye con meticulosidad las biografías de cuatro figuras fundamentales en la historia del siglo XX. También es un libro científico que permite conocer a algunas de las mentes e ideas más brillantes de la pasada centuria. Y por último, y por encima de todo, es un cómic que hace las preguntas adecuadas sobre la condición humana, sobre el papel que juegan los individuos en la Historia, sobre los aciertos y errores que han configurado el mundo en el que vivimos.

El silencio de nuestros amigos

El silencio de nuestros amigos, de Mark Long, Jim Demonakos y Nate Powell (Planeta de Agostini)

La lucha por los derechos civiles es uno de los acontecimientos más importantes en la historia de los Estados Unidos  del siglo XX. En una época en que se había derrotado al nazismo alemán y en que se había iniciado el proceso de descolonización, los EEUU aún tenían leyes que atentaban contra muchos de sus ciudadanos. El racismo y la discriminación que padecía la minoría negra eran el gran lunar del país autoproclamado  Líder del mundo libre.

El silencio de nuestros debe su título a la famosa frase de Martin Luther King: “Al final, no recordamos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos”. Está basado en los recuerdos del guionista Mark Long, y nos traslada a una época tan reciente como 1968, poco antes del asesinato de Luther King. De la mano de sus recuerdos y del muy interesante dibujo de Nate Powell asistimos a la conflictiva situación que se vivía en Texas, uno de los Estados del Sur en los que el racismo y la discriminación estaban más presentes.

El padre de Mark Long era periodista en San Antonio y fue trasladado a Houston para trabajar en una televisión local. Allí, la situación racial era muy tensa, especialmente en el entorno de la Texas Southern University – a la que asistían solo estudiantes negros -, y del Tercer Distrito, en el que estaban condenados a vivir, en unas condiciones muy duras, los afromericanos de la ciudad. Las protestas eran frecuentes y la represión policial era una constante.

A pesar de la segregación, el padre de Mark Long conoció y, posteriormente, trabó amistad con Larry Thomas, uno de los líderes del movimiento por los derechos civiles. Las dos familias, una blanca y la otra negra, realizaron ciertas actividades juntas, a pesar del estupor de los respectivos vecindarios. La narración gira en torno a esta relación y a los graves incidentes ocurridos entre la policía y los manifestantes; pero todo lo vemos a través de la mirada infantil del pequeño Mark Long.

Los hechos que aparecen en el cómic fueron realmente graves, ya que durante las protestas falleció un policía y cinco estudiantes fueron acusados de su asesinato, aunque finalmente quedaron en libertad sin ningún cargo. El padre de Mark Long estuvo presente y fue testigo de lo que sucedió, de modo que su testimonio fue fundamental en el juicio.

El cómic contiene muchos elementos que lo hacen realmente interesante. El trabajo de periodista del padre permite presentar la visión que ofrecían los medios de comunicación del conflicto racial; las actuaciones policiales son introducidas con gran realismo;  y por último, la ambigüedad moral de ciertos sectores sociales está perfectamente reflejada.

En cuanto al dibujo de Nate Powell, es muy destacado su uso del blanco y negro, muy relacionado con lo que va narrando el cómic. En ocasiones funciona como un símbolo y es un elemento sobre el que vale la pena prestar atención. Algunos recursos que utiliza me han parecido muy atractivos: la aparición de la música y la televisión (como se observa en la imagen anterior); el uso de páginas de color negro en las escenas nocturnas; y algunas de las composiciones de página, que son muy innovadoras.

El silencio de nuestros amigos es un buen cómic, entretenido y muy emotivo. El contexto histórico está perfectamente reflejado y la introducción de muchos elementos autobiográficos funciona fantásticamente. Creo que es una lectura muy recomendable y permite conocer la lucha por los derechos civiles desde la óptica del norteamericano medio y no desde la de los grandes líderes mundialmente conocidos, hecho que resulta bastante novedoso.

En un momento en que ciertas visiones xenófobas vuelven a tener gran seguimiento, es muy importante la recuperación de la memoria de esta trágica lucha y de la gente anónima que se sacrificó por la libertad y la igualdad.