Archivo de la etiqueta: España

Picasso en la guerra civil

Picasso en la guerra civil, de Daniel Torres (Norma Editorial)

Daniel Torres es uno de los autores más importantes del cómic español en las últimas décadas. Ya en los 80 era una de las figuras más destacadas de la línea clara valenciana, pero es en los últimos años cuando ha creado obras tan imprescindibles como La casa. Crónica de una conquista o las nuevas aventuras de su personaje Roco Vargas. Picasso en la guerra civil entra sin duda en esa reservada categoría de cómics que dejan huella en el medio, ya que transita un camino prácticamente virgen en nuestro cómic. A priori, tan solo leyendo el título de la obra podríamos pensar que estamos ante un cómic biográfico centrado en una etapa concreta de la vida del universal pintor malagueño; pero si vamos un poco más allá y nos fijamos en el Picasso dibujado por Torres en la portada, algo no cuadra, pues Picasso tenía 55 años en 1936. Ya desde la portada el autor valenciano juega con nosotros.

picasso1El relato se inicia en Burdeos en 1953, con un misterioso encargo que recibe un dibujante de historietas llamado Marcel, con el que el autor homenajea a su padre. Marcel atraviesa el país galo para llegar a Vallauris, un pueblecito de la Costa Azul, donde encontrará a su cliente: Pablo Picasso. El pintor, de 72 años de edad y ya figura universal, contrata a Marcel para crear un cómic sobre un momento de su pasado muy especial: su participación como un joven de 25 años en la guerra civil. Realidad y ficción se dan la mano en el encargo del artista. Las reflexiones que incluye Torres en los diálogos entre dibujante y pintor muestran la profundidad de la obra, ya que el artista diserta entre otros temas sobre la ficción, la realidad, la memoria, la construcción de la propia identidad o la función del arte. Pese a la complejidad de las ideas, la narración fluye a un ritmo vertiginoso gracias al dominio de los recursos gráficos y narrativos que muestra Daniel Torres.

Tras un arduo proceso de creación, que Torres utiliza para poner en boca de Marcel parte de su pensamiento centrado en la naturaleza del cómic y su lenguaje, el dibujante ficticio se pone a trabajar. Es destacable la manera en que la narración avanza gracias a las cartas y las llamadas telefónicas mediante las cuales Marcel se comunica con su esposa. La tensión entre el dibujante y Picasso aumenta a medida que la entrega del trabajo se acerca, hasta que una mañana el joven dibujante lleva al pintor el cómic que protagoniza su ficticio alter ego.

IMG_20180607_172725.jpg

La presencia de un cómic con un estilo gráfico diferente en el interior de otro cómic es un recurso que ya hemos visto anteriormente en obras como El arte de Charlie Chan Hock Chye Las aventuras de Joselito – por citar algunas de las reseñadas anteriormente – , pero en este caso no es un pequeño injerto sino que es un cómic con entidad propia. El joven Picasso vive en Barcelona, en la calle Avinyó, en plena guerra civil. El retrato de la Barcelona en guerra es muy interesante, puesto que Torres nos muestra diversos aspectos de los que conformaron la vida cotidiana de la ciudad en ese terrible periodo: la escasez material, los juegos bélicos de los niños, la presencia de quintacolumnistas, el miedo y la incertidumbre; junto a aspectos más positivos como la esperanza en la victoria o la activa vida cultural que mantenía la capital catalana.

El deseo del joven dibujante, miembro muy activo del Sindicat de Dibuixants, es ir al frente a combatir. No valora demasiado su papel como autor de carteles y octavillas ni su fundamental labor en la propaganda bélica. Su objetivo es luchar por la República armado con un fusil, así que cuando recibe la orden de alistarse y es enviado al Ebro, se lleva una gran alegría. A pesar de ello, el ejército republicano es consciente de la importancia de su labor como dibujante y es destinado a seguir ejerciendo para mantener alta la moral de la tropa. Su firma, Pegasso, es muy admirada por los soldados y pese a la decepción inicial, Pablo Ruiz empieza a ser consciente del valor de la propaganda.

Dentro de este segundo cómic, en los momentos más intensos de la batalla del Ebro, Picasso dibuja un nuevo cómic, en esta ocasión con la intención de minar la moral de los soldados franquistas. A modo de pequeño fanzine, enviado a las trincheras enemigas de forma muy rudimentaria, Pegasso crea una obra que entronca con la tradición satírica de la época. Unas pocas páginas en las que pone el humor gráfico al servicio de una causa tan noble como la defensa de la República y la denuncia de las fechorías de Franco y sus aliados Mussolini y Hitler. Gráficamente es muy potente y el contenido está a la altura de alguien tan combativo como Picasso. Un cómic dentro de un cómic dentro un cómic, muñecas rusas que encajan a la perfección y que tienen un gran sentido narrativo.

picasso2

A nivel gráfico, como no podía ser de otra manera, el trabajo de Daniel Torres es excepcional. Sin buscar un lucimiento artificial, pone toda su habilidad al servicio de la narración. La historia principal está realizada en un bitono verde muy característico y se inserta claramente en la tradición de la línea clara típica del autor valenciano. El segundo cómic, el encargo de Picasso a Marcel, también sigue la línea clara, pero en esta ocasión el blanco y negro y la angulosidad del dibujo rememoran al Hergé más primitivo. Por último, las tiras creadas por Pegasso en el frente, también en blanco y negro, podrían formar parte perfectamente de las publicaciones bélicas de los años 30 y 40. Daniel Torres demuestra un gran dominio del lenguaje del medio y una gran versatilidad, siempre al servicio de la historia que está narrando y de las ideas que nos quiere transmitir.

Picasso en la guerra civil es sin duda uno de los cómics más interesantes de este año. Se han realizado bastantes cómics sobre la guerra civil, pero Daniel Torres demuestra que aún quedan muchas historias por narrar. La realidad y la ficción se combinan para hacernos reflexionar y para llevarnos más allá de la memoria histórica. Como decía al inicio del texto, esta obra abre nuevos caminos a la relfexión sobre la memoria y al uso del cómic como medio de recuperación de nuestro pasado. El despliegue gráfico, la presencia de un genio como Picasso tan bien retratado y una trama muy bien construida conforman un perfecto alegato en defensa de las innumerables virtudes que posee el cómic. Lectura obligatoria.

picasso3

Anuncios

Tibirís

Tibirís, de Arnau Sanz (Trilita Ediciones)

La memoria familiar está siendo en los últimos años la principal fuente para la creación de cómics situados en nuestro pasado. La multitud de ejemplos de calidad y su enorme diversidad temática y formal pueden llevarnos a pensar que ya se ha dicho todo lo que se puede decir sobre la guerra civil y la dictadura, pero nada más lejos de la realidad. Aún queda mucho trabajo por hacer, muchas facetas por analizar y muchos ámbitos que recordar. Arnau Sanz habla en Tibirís de uno de estos temas que han sido muy poco estudiados: la represión de la homosexualidad durante la dictadura.

Tibirís, quien da título a la obra, era el tío de la abuela de Arnau Sanz. Vivía en la casa familiar, pero sufría una fuerte discriminación cotidiana. Uno de los aspectos que llamó la atención del autor es que se cocinaba en su habitación con un hornillo, para estar apartado del resto de la familia. A partir de este hecho, Sanz se interesó por la figura de su antepasado y mediante conversaciones con sus abuelos trató de reconstruir su vida.

Pese al papel central de Tibirís, los auténticos protagonistas del cómic son los abuelos del autor. Las conversaciones cotidianas marcan el relato y mientras cocinan, comen o están en la sala de estar, Sanz interroga a sus abuelos sobre su pasado. A partir de estos diálogos el autor catalán es capaz de ir reconstruyendo la infancia y la juventud de sus abuelos durante la posguerra. No trata de crear un relato biográfico al uso ni un cómic histórico brillantemente documentado. Como bien dice Gerardo Vilches en su reseña, el relato de Sanz consigue recrear el aspecto fragmentario de la memoria.

En lo referente propiamente a la homosexualidad, es muy interesante la forma en la que Sanz va retratando los diferentes aspectos que marcaron la vida de Tibirís. El autor es consciente que lo que intenta es muy difícil, puesto que la única información de la que dispone es la que le transmiten sus abuelos. Pese a ello, algunos momentos le permiten reflexionar sobre la situación de los homosexuales en la terrible España de Franco: los insultos y las agresiones, la necesidad de ocultar la propia identidad, la libertad incipiente cuando salían al extranjero, los lugares clandestinos de reunión o la dificultad de ser aceptados por sus familias son algunos de los ejemplos más evidentes.

Además de la homosexualidad y pese a la brevedad de la obra, Arnau Sanz ha sido capaz de incluir otros temas que marcaron la vida de sus abuelos y de millones de compatriotas durante aquella oscura época. La autoridad de los curas y el miedo que generaban en su abuela muestran el poder del que gozaba la Iglesia; la jerarquía familiar era muy fuerte, como prueba el enfado del bisabuelo del autor con su abuelo, porque consideraba que su abuela no era digna de ser su esposa; o la constante presencia del hambre y el frío que marcan todo el relato son algunos de los aspectos claves en el cómic de Sanz.

A nivel gráfico, como muestran las imágenes que acompañan este texto, el trabajo del dibujante es muy destacable. Diferentes tonalidades de azul permiten a Sanz recrear tanto el presente de las conversaciones con sus abuelos como el pasado de sus recuerdos. Las viñetas, siempre sin marcos, funcionan muy bien y consiguen dotar de ingravidez y de ligereza a la acción, de forma que la reconstrucción de la memoria es muy efectiva. El dibujo de los personajes, aparentemente sencillo, consigue transmitir la expresividad necesaria para que nos identifiquemos con ellos y nos adentremos en el relato. Sin dibujar de forma detallada los escenarios ni los elementos que tradicionalmente utilizan los y las dibujantes para transportarnos al pasado, Arnau Sanz lo consigue con acierto.

Tibirís se enmarca claramente en la gran tradición de cómic memorialístico iniciada por obras como Un largo silencio o El arte de volar, pero lo hace de una manera muy personal y con un enfoque muy original. El peso de la historia no recae en las vidas de los abuelos, como sucede en Jamás tendré 20 años o en Estamos todas bien, sino que Arnau Sanz centra su proceso de hacer memoria en los homosexuales, un colectivo que sufrió una doble opresión durante la dictadura y con el que aún no se ha llevado a cabo la reparación necesaria. Una obra, una vez más, muy necesaria.

tibirc3ads-dest

En transición

En transición, de Alberto Haller y Ana Penyas (Barlin Libros)

La Transición, el periodo comprendido entre la muerte de Franco y la victoria electoral del PSOE en 1982, es uno de los momentos históricos más apasionantes de la España del siglo XX. El paso de una dictadura de corte fascista y aliada del nazismo a un sistema democrático equiparable al resto de países europeos ha sido estudiado en innumerables ocasiones. Tradicionalmente ha sido presentado como un cambio modélico en que una sociedad madura dio los pasos necesarios para transitar de forma pacífica hacia la democracia. Con el obvio distanciamiento que producen las cuatro décadas transcurridas, poco a poco van surgiendo análisis más críticos del proceso que muestran las facetas más oscuras del periodo. En esta corriente se enmarca el libro ilustrado En transición, con guión de Alberto Haller e ilustraciones de Ana Penyas.

Por primera vez escribo sobre un libro ilustrado y no un cómic, pero el nivel gráfico y la profundidad del relato bien merecen esta excepción. En tan solo 32 páginas, Haller y Penyas recorren los ochenta años transcurridos desde la guerra civil. Con muy poco texto, que en ocasiones solo enfatiza el mensaje y la fuerza de las imágenes, los autores tejen un relato consistente que permite observar la cara B de la La Transición.

La narración se inicia con la esperanza que supuso la República y su traumático fin a causa del golpe de Estado orquestado por la derecha y parte del ejército. En solo cuatro dobles páginas Ana Penyas consigue conmovernos y que seamos conscientes del sufrimiento que provocaron la guerra, el exilio y la terrible posguerra. Rápidamente llegamos a 1975, donde se inicia la parte central del relato, con las luchas populares como protagonistas.

La lucha por la amnistía y por la justicia social, con las grandes movilizaciones de la época como marco, contrastan con la violencia que definió el periodo. Una doble página llena de simbolismo, sin necesidad de violencia explícita, permite a la ilustradora valenciana retratar la vertiente mucha veces silenciada de la época, en que se produjeron centenares de asesinatos. Otro aspecto que destacan Haller y Penyas es el olvido que impuso el relato oficial a los crímenes de la dictadura.

En la que seguramente sea la imagen más impactante de toda la obra, Ana Penyas consigue estremecernos mientras denuncia los cientos de miles de muertos en las cunetas que contrastan con la nueva España del boom inmobiliario. El uso que hace Peñas del color y del realismo fotográfico se combinan a la perfección para recordarnos a todos la necesidad de hacer memoria. La Transición fue una época convulsa, llena de dificultades y en que los militares y los grandes poderes de la dictadura pudieron usar su fuerza para imponer una visión muy concreta del pasado, pero cuarenta años después es nuestra labor cambiar esta situación.

A continuación, y como colofón, los autores hablan de las luchas del presente, desde el No a la guerra hasta el 15M y nos invitan a reflexionar sobre la importancia de las luchas colectivas. La potencia del lenguaje visual permite introducir una gran cantidad de matices, profundizar en aspectos generalmente relegados y, al mismo tiempo, disfrutar de la cuidada estética del trabajo de Ana Penyas. En transición es una obra muy necesaria, que aunque menos conocida y con menor repercusión que Estamos todas bien – Premio Fnac Salamandra Graphic y Premio a la autora revelación en el Saló del Còmic de Barcelona – también debería ser tenida en cuenta cuando hablamos de memoria histórica a través del cómic, en este caso, a través de la ilustración.

En el siguiente enlace podéis ver un avance.

El día 3

El día 3, de Cristina Durán, Miguel A. Giner y Laura Ballester (Astiberri) També disponible en català.

El 3 de julio de 2006 se produjo en Valencia uno de los peores accidentes ferroviarios de la historia de Europa. Fallecieron 43 personas y otras 47 resultaron heridas. Solo cinco días después llegaba a la ciudad, con una gran expectación, el papa Benedicto XVI. Las autoridades valencianas, desde el Ayuntamiento a la Generalitat, trataron de pasar página del accidente lo más rápidamente posible, para que tan trágico suceso no empañara el boato de la visita papal. Pese al silencio de los medios de comunicación públicos, hubo periodistas, como Laura Ballester, que llevaron a cabo una labor encomiable y buscaron la verdad. Cristina Durán y Miguel Ángel Giner leyeron su libro Luchando contra el olvido. El largo trayecto de las víctimas del metro de Valencia e inmediatamente decidieron llevarlo al cómic. El resultado, creado entre los tres, es El día 3.

La trama se inicia el día del accidente, pero el cómic se aleja del morbo obsceno y presenta la tragedia de una forma muy cuidada. Mediante personajes ficticios los autores reconstruyen las escenas que debieron vivir las decenas de familias afectadas. El respeto hacia las víctimas es una constante en todo el cómic y tan solo conocemos la información estrictamente necesaria para poder comprender la magnitud del suceso. La intención de las autoridades fue intentar archivar lo más rápidamente el caso y por ello repetían como un mantra que el accidente había sido “impredecible e inevitable“, versión difundida por los medios de comunicación públicos, como el desaparecido Canal Nou, y por la mayor parte de los privados.

1*Pso0GII8R66L3qYq_3CHsQ

El eje de la obra es la lucha de las familias, a través de la Asociación de Víctimas, por esclarecer los hechos y conseguir que los responsables asumieran las negligencias que habían cometido. La labor de políticos, jueces y medios de comunicación, aliados para silenciar la verdad e imponer su versión, centra buena parte de las páginas y Miguel Ángel Giner y Cristina Durán se valen de su dominio del medio para mostrarlo. Las formas geométricas y los grises dan forma al conjunto, pero son los elementos en color rojo los que crean los momentos de mayor emotividad. Al mismo tiempo, otros recursos gráficos ayudan a entender la parte más técnica del relato: mapas, esquemas, diagramas…

Por encima de todos ellos destaca una solución gráfica muy original y totalmente efectiva: los políticos responsables no tienen rostro y en su lugar los autores utilizan una especie de gusanos que poco a poco se van extendiendo. La metáfora es evidente: la corrupción – la suciedad – se fue extendiendo, a partir de las autoridades valencianas, al resto de las instituciones y a la mayor parte de la sociedad, que rápidamente dejó de lado la lucha de los afectados por el accidente. El programa Salvados, dirigido por Jordi Évole, dedicó su episodio del 28 de abril de 2013 al accidente y supuso un punto de inflexión. La sociedad valenciana recuperó la memoria y por fin exigió responsabilidades siete años después de la tragedia. La lucha de las familias había valido la pena y había tenido sentido.

Eldia3_5

El cómic como medio de reivindicación social y como forma de recuperar la memoria de hechos tan cercanos vuelve a mostrar, en manos de Giner y Durán, todas sus virtudes. El día 3, asimismo, evidencia la necesidad que tenemos como sociedad de movilizarnos y de luchar por lo que consideramos justo, sin caer en el pasotismo y la indiferencia que en multitud de ocasiones tratan de generar los poderes económicos y políticos. Una investigación periodística, un homenaje a las víctimas y un grito en favor de quienes perseveran en la defensa de la verdad, Miguel Ángel Giner y Cristina Durán – de la mano de Laura Ballester – han vuelto a realizar un gran trabajo.

Esperaré siempre tu regreso

Esperaré siempre tu regreso, de Jordi Peidro (Desfiladero Ediciones)

Los supervivientes de Mauthausen prometieron explicar lo que habían sufrido en el campo de concentración para que nunca se olvidase. Más de setenta años después de la liberación, son pocos quienes aún pueden dar su testimonio. Uno de ellos es el alcoyano Paco Aura, quien a punto de cumplir cien años de edad, aún mantiene su compromiso con la memoria. El protagonista de Esperaré siempre tu regreso es uno de esos personajes que si hubiera nacido en otro país sería ampliamente conocido, tendría innumerables plazas, calles y monumentos en su honor y cuya biografía se habría adaptado a la gran pantalla. Por desgracia, en España aún queda mucho trabajo por hacer en el ámbito de la memoria histórica y de la recuperación del pasado y por ello es una gran noticia el trabajo de Jordi Peidro con este cómic.

Paco Aura ha vivido muchas vidas en una: combatió, pese a su corta edad, en el bando republicano en la guerra civil; se exilió a Francia, donde fue internado en los campos de Argelés, St. Cyprien y Barcarés; se enroló en una Compañía de Trabajadores Extranjeros; fue capturado por los nazis y deportado a un Stalag, donde encarcelaban a los prisioneros de guerra; fue encerrado en Mauthausen durante casi cinco años y consiguió sobrevivir; trabajó una decena de años como minero en su exilio francés y, finalmente, regresó a la España franquista. Parece increíble pero Paco Aura aún tuvo fuerzas para formar una familia y sobretodo, para explicar cientos de veces su historia en colegios, institutos, asociaciones de todo tipo y medios de comunicación. Su compromiso se ha mantenido intacto hasta el presente, cuando pese a su avanzada edad aún intenta que una sociedad como la nuestra no olvide esta parte esencial de su pasado.

El dibujante y escritor Jordi Peidro, también originario de Alcoy, y por tanto, buen conocedor de la biografía de Paco Aura, decidió utilizar las virtudes del cómic para dar a conocer su historia. El proyecto inicial, de unas ochenta páginas, fue rápidamente sobrepasado, ya que la labor de documentación y las ocasionales visitas al protagonista generaron la necesidad de una extensión mayor. Finalmente, en las casi doscientas páginas de la obra, Peidro ha conseguido relatar de forma ágil las vivencias de Paco Aura, con especial atención a los años en los que vivió en Mauthausen.

La estructura del cómic es sencilla, con el propio protagonista narrando sus vivencias en orden cronológico: guerra civil, exilio, deportación y con mayor detalle sus años en Mauthausen. A lo largo del relato el autor intercala momentos más recientes que muestran algunos aspectos destacados de la lucha de Paco Aura por preservar y difundir la memoria histórica de unos tiempos tan oscuros. Los encuentros con otros supervivientes, especialmente una tensa conversación con un antiguo kapo del campo de concentración, prueban la entereza y el compromiso personal del alcoyano y sus compañeros. La mayor parte del cómic se centra en los terribles hechos que padeció y presenció, pero estos breves momentos de reflexión dotan de mayor profundidad a la trama.

Obviamente, la obra de Jordi Peidro contiene momentos de tremenda dureza. Paco Aura fue testigo de innumerables actos de crueldad por parte de los guardianes de Mauthausen y el dibujante no los ha evitado. Enfrentarnos a hechos tan terribles se hace difícil y es prácticamente imposible no apartar la mirada o no detener la lectura en determinados momentos; pero en estos tiempos en que con frecuencia se banaliza el término nazi, es necesario que todos seamos conscientes de los crímenes cometidos por el régimen de Adolf Hitler. Peidro también narra la implicación de la dictadura franquista, de la mano de Serrano Suñer. Franco fue un cómplice necesario para que miles de republicanos fueran asesinados, hecho muchas veces ocultado deliberadamente.

A nivel gráfico, el trabajo de Jordi Peidro es remarcable. La caracterización de los personajes y el dibujo de los escenarios funcionan con corrección y permiten seguir la historia con facilidad. El uso del color es, asimismo, interesante, con cambios en función del periodo histórico narrado y con una paleta en la que destacan los tonos cálidos. Por último, y como elementos que realzan el conjunto de la obra, son muy destacables las ilustraciones que dan inicio a cada capítulo, de un marcado realismo. Además, la presencia de varias tiras cómicas siguiendo el estilo Bruguera, que narran las andanzas de Serrano Suñer, funcionan muy bien como elemento de crítica y al mismo tiempo como un respiro en el dramatismo extremo de la obra.

1482832979180

En resumen, Esperaré siempre tu regreso es un muy buen cómic y sobretodo es un excepcional trabajo para la recuperación de la memoria histórica. La historia de Paco Aura y el resto de los supervivientes de los campos de concentración debería ser de conocimiento obligado. Pese al silencio al que los sometió el régimen franquista, pese al escaso reconocimiento obtenido ya en democracia, nunca han dejado de explicar su historia y obras como ésta son una buena herramienta para seguir transmitiendo lo que vivieron. Como dice el propio Paco Aura en diversas escenas, su objetivo principal es que lo que vivieron no se vuelva a repetir.

1482955305_322782_1482957870_noticia_normal

PD: podéis leer un avance en este enlace.

Estamos todas bien

Estamos todas bien, de Ana Penyas (Salamandra Graphic)

Mis abuelas nacieron en 1927, las de Ana Penyas un poco después, pero todas forman parte de la misma generación. Las mujeres que eran niñas durante la Guerra Civil, que desarrollaron su juventud en la época más oscura del franquismo, que alcanzaron la madurez hacia el final de la dictadura y que han vivido en democracia la segunda mitad de sus vidas. A la opresión que padeció el conjunto de la sociedad española durante 40 años, las mujeres tuvieron que añadir la desigualdad de género, que por desgracia, aún perdura. De todo esto nos habla la ilustradora valenciana Ana Penyas en Estamos todas bien, su primer cómic largo, con el que ganó la séptima edición del Premio Internacional de Novela Gráfica FNAC – Salamandra Graphic.

ana_penyas_pagina_16

Maruja y Herminia son las protagonistas de la obra y pese a que ambas son aproximadamente de la misma edad, sus vidas han sido bastante diferentes. Ana Penyas enlaza con mucha habilidad sus respectivos presentes, con las habituales problemáticas asociadas a la tercera edad, con la reconstrucción del pasado de ambas. La dibujante se sitúa en la trama conversando con Maruja y Herminia, y por tanto, nos hace testigos del proceso de documentación para la creación del cómic. El objetivo de Penyas no es crear un gran relato sobre la Historia de España en el siglo XX, su intención es homenajear a sus abuelas y hacer visible su memoria, y al mismo tiempo que sus abuelas – y las nuestras – , por una vez, tengan voz propia.

Maruja, cuya familia había padecido la represión franquista tras la guerra, vivía con sus tíos en Las Navas del Marqués, provincia de Ávila. Regentaban un bar y Maruja, apenas una adolescente, pasaba allí largas jornadas. Pocos años después consiguió casarse con el médico del pueblo y aparentemente, su vida pasó a estar solucionada. Pero como bien muestran las páginas dedicadas a la juventud de Maruja y la forma en que ella misma evoca esta etapa de su vida, la soledad y la incomprensión que sufrió, hicieron mella en su carácter. Ya en los años 80, cuando sus hijos son adultos y cuando lenta, pero progresivamente las mujeres empiezan a hacer valer sus derechos, dos elementos serán fundamentales para Maruja: las actividades culturales en su barrio de Alcorcón y el éxito al sacarse el carné de conducir. Por fin goza de libertad y su forma de ver el mundo empieza a cambiar.

1484225656714

En el caso de Herminia, su infancia y juventud tuvieron lugar en Honrubia, en la provincia de Cuenca. Allí vivió bastante feliz, siempre rodeada de gente, puesto que su familia administraba el teatro del pueblo. Pese a la huida de su madre,  los recuerdos de Herminia son positivos. Fue una mujer moderna para su época, que estuvo siempre en contacto con la cultura. Su marido, el abuelo de Ana Penyas, era camionero y el traslado familiar a Valencia es lo que realmente cambió la vida de Herminia. Como la gran mayoría de las mujeres de la época, ella se ocupaba de la casa y los niños y a pesar del nulo reconocimiento, ser ama de casa con seis hijos fue una labor titánica.

Las reflexiones de la ilustradora valenciana sobre la vida de sus abuelas son muy interesantes, especialmente en la conversación que mantiene con su padre donde compara las vidas de Maruja y de Herminia. La vida que han tenido, como nos sucede a todos y todas, ha moldeado la personalidad de las dos y el contraste entre ellas permite incluir a buena parte de las tipologías de nuestras abuelas. El gran acierto de Estamos todas bien es la forma en que a partir de historias personales muy cotidianas, con un marcado costumbrismo, Ana Penyas ha sido capaz de crear un complejo retrato generacional. Imposible sentir indiferencia ante lo que nos cuenta, imposible no sentirse identificado con alguna de las situaciones, imposible no pensar constantemente en nuestras abuelas.

1512131829_641320_1512132537_sumario_normal

A nivel gráfico el trabajo de Ana Penyas es también excelente. Con una estética muy alejada del cómic histórico convencional y con un marcado carácter propio, la dibujante consigue que las historias fluyan con efectividad. Son especialmente destacables dos elementos: por un lado, el uso del color y por el otro, las composiciones de página. Los tonos cálidos, con predominancia de naranjas y ocres para Herminia y rosados y rojos para Maruja, consiguen crear la sensación de intimidad que busca Penyas. Al mismo tiempo, el formato apaisado del cómic está muy bien aprovechado, ya que dota de innumerables posibilidades que la dibujante aprovecha al máximo: ilustraciones a página completa, numerosas viñetas pequeñas en una misma página, textos ilustrados o carteles, que configuran una obra con una estética muy cuidada.

Estamos todas bien es un gran cómic, de lo mejor de 2017 y asusta pensar en lo que será capaz de hacer Ana Penyas si ha alcanzado este nivel en su primera obra larga. Aún no he podido leer En Transición el álbum que ha ilustrado recientemente, pero a priori también es una obra de obligada lectura. Son necesarias las voces femeninas en el cómic histórico, especialmente en el ámbito de la memoria histórica, ya que pese a que existen obras fundamentales sobre mujeres y que protagonizan mujeres – El ala rotaJamás tendré 20 años – los autores siempre han sido hombres. Como decía antes, es inconcecible no recordar a nuestras propias abuelas tras leer Estamos todas bien y no valorar las tremendas injusticias que han padecido. Gracias, Maruja y Herminia. Gracias, Belarmina y Sofía. Gracias, abuelas.

ana_penyas_ilustracion_estamos_bien5-600x422

Espacios en blanco

Espacios en blanco, de Miguel Francisco (Astiberri)

En los últimos años cientos de miles de personas han emigrado desde España hacia el centro y el norte de Europa en busca de una oportunidad laboral. En muchos casos han vivido situaciones complicadas debido a la lejanía de la familia, al desconocimiento del idioma, a la escasez de oportunidades laborales acordes con sus cualificaciones… Por suerte, también hay muchas historias con un balance positivo. El autor de Espacios en blanco, Miguel Francisco, queda englobado en el grupo de quienes tuvieron éxito en el extranjero. Tras dedicarse al mundo del cómic y el diseño durante muchos años, emigró a Finlandia, donde atesora una consolidada carrera en la industria de los videojuegos. Tras mucho tiempo sin hacerlo, se decidió a trabajar de nuevo en un cómic y el resultado ha sido brillante.

La historia personal del autor en Finlandia es interesante, ya que Miguel Francisco nos hace testigos de su accidentada llegada al país nórdico y de su peculiar entrada en su mercado de trabajo. A pesar de ello, lo mejor de Espacios en blanco es la profunda reflexión sobre la memoria y su construcción generacional. Su hijo ha nacido en Finlandia y le hace preguntas sobre su infancia en España y sobre la vida de su abuelo. Esto lleva al dibujante de Badalona a rememorar los interrogatorios a los que él mismo sometía a su padre sobre el pasado de su propio abuelo. El título del cómic no podría ser más adecuado, ya que el objetivo del dibujante es rellenar los espacios en blanco en su memoria familiar para así, transmitírsela a su vástago.

El guión es muy sólido y consigue crear una trama fluida que nos lleva a diferentes etapas de la historia de España siguiendo los pasos del abuelo y el padre del autor. El misterio que suponen los seis años que pasó su abuelo en Argentina en los años 20, la esperanza – y la frustración – que supuso la República para el campesinado andaluz, el estallido de la guerra y la salvaje represión de la posguerra tienen cabida en la memoria familiar de Miguel Francisco. Pese a los constantes saltos temporales, la linea argumental está bien construida y los huecos poco a poco se van rellenando.

Las tres generaciones de niños – abuelo, padre e hijo – permiten a Miguel Francisco establecer un paralelismo claro: el deseo de conocer el pasado de sus respectivos progenitores. Al mismo tiempo , el autor utiliza a los niños para mostrar la evolución de España en el siglo XX. La forma en que se aproximan a la memoria las tres generaciones también merece un apunte: los silencios del padre del autor sobre su dura infancia en los años 40, el deseo de conocer el pasado de su abuelo del propio Miguel en la España de los años 70, y la visión más lúdica y más alejada del hijo del autor se complementan para crear un mosaico muy elaborado. El pasado, el presente y el futuro quedan ligados a través de la memoria.

A nivel gráfico el trabajo del dibujante badalonés es excepcional. Con un estilo muy personal y un gran uso del color, consigue recrear atmósferas muy diversas: desde la oscuridad del invierno de Helsinki a los tórridos veranos del campo andaluz. El contraste entre los vivos colores del presente y los tonos sepias de las viñetas situadas en el pasado es muy efectivo y consigue facilitarnos la lectura. Los personajes, muy estilizados y con marcado estilo cartoon, transmiten emociones y nos permiten identificarnos con ellos, especialmente en el caso de los niños. Las composiciones de página están muy trabajadas y en ocasiones son muy originales. Siempre al servicio de la acción, Miguel Francisco utiliza con maestría los recursos propios del cómic para dotar del ritmo adecuado a la trama. Por último, son dignas de mención las escenas oníricas que incluye el relato, en las que el dibujante se desata y demuestra de lo que es capaz.

En definitiva, Espacios en blanco es una obra muy recomendable. Como otras obras reseñadas anteriormente en este blog, la historia que narra es una historia personal, que en realidad es una historia generacional. En este caso, el protagonista no es Miguel, ni siquiera lo son sus familiares; la protagonista es la transmisión de la memoria de una generación a las siguientes. Tras tantos años de silencio, muchas veces impuesto, es necesario hacer públicas estas pequeñas historias que nos interpelan a todos y a todas y la necesidad de preservarlas para que las nuevas generaciones no las olviden.