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Pies descalzos (II)

Pies descalzos. Una historia de Hiroshima (Parte 2), de Keiji Nakazawa (DeBolsillo, Penguin Random House)

El segundo volumen  de Pies descalzos, la gran obra de Keiji Nakazawa (el primer tomo aquí), sigue las desventuras de Gen Nakaoka en su lucha por la supervivencia en la Hiroshima destruida por la bomba atómica. Recordemos que en la obra original (Hadashi no Gen) la acción estaba dividida en 10 partes, así que el segundo tomo publicado por DeBolsillo sigue en el punto exacto en que nos dejó el primero. El bombardeo atómico ocurrió unos meses antes y Japón firmó su rendición ante los Estados Unidos, pero la vida de millones de japoneses sigue siendo terrible.

La llegada del general americano Douglas MacArthur, que se convirtió en la máxima autoridad política del Japón ocupado en la inmediata posguerra, da inicio a la acción. Gen sigue siendo un testigo de excepción de lo que esta ocurriendo en su ciudad y ve con resignación el poder y la privilegiada situación que ostentan los militares americanos. Nakazawa utiliza el contraste entre estos y los soldados nipones que vuelven del frente, sumidos en la desesperación, para denunciar la responsabilidad de los Aliados y de las autoridades japonesas en el sufrimiento del pueblo.

Dos son los aspectos centrales de esta denuncia: en primer lugar, la ominosa censura a los efectos de la bomba, ya que las nuevas autoridades no permitían informar sobre ellos para evitar posibles revueltas antiamericanas; y posteriormente, la crónica desnutrición que padecía gran parte de la población. Con el recurso ya analizado en el primer volumen de la generalización a partir de un ejemplo concreto, el mangaka consigue recrear con crudeza la lucha por conseguir alimentos. Gen y sus hermanos y amigos hacen lo indecible por conseguir algo que llevarse a la boca: mendigar, robar, cazar perros… la situación que describe Nakazawa es terrible.

Pero no a todo el mundo le fueron mal las cosas en la Hiroshima y el Japón de posguerra. El mercado negro floreció y fueron numerosos los japoneses que se enriquecieron con la especulación a costa del sufrimiento de sus compatriotas. En este contexto, Nakazawa introduce uno de los elementos fundamentales en este volumen: la yakuza, es decir, la mafia japonesa. Un país inestable en el que las fuerzas policiales tienen muy poco peso es el caldo de cultivo ideal para estas organizaciones. El control del mercado negro y la extorsión, aderezados con una gran violencia, son los elementos que permiten a la yakuza dominar el territorio y ser la autoridad más real y más cercana para la mayoría de japoneses.

Como hizo en el primer volumen, Keiji Nakazawa no deja ningún tema polémico sin tratar. En esta ocasión, son dos los ámbitos que me han parecido más interesantes: la impunidad de los soldados americanos y sus relaciones con las mujeres japonesas; y también la situación de la educación de los niños y niñas japoneses. Una de las subtramas más trágicas del cómic muestra cómo dos hermanas consiguen sobrevivir gracias a que la mayor, tras haber sido violada por un soldado norteamericano, decidió mantener relaciones con los militares a cambio de alimentos y dinero. La forma en que Nakazawa presenta la humillación de estas dos chicas representa perfectamente cómo se sintió buena parte de la población japonesa ante la ocupación.

Como decía antes, la educación tiene un lugar importante en este segundo volumen. Los colegios reabren y Gen vuelve a las clases, pero la destrucción y la miseria son las que rigen el día a día de los estudiantes y los profesores. La inexistencia de medios materiales, la sobrepoblación de las aulas y el abandono escolar tienen una gran presencia. Una generación entera de japoneses padeció esta tesitura y su vida quedó marcada para siempre.

A pesar de la introducción de estas nuevas temáticas, la reflexión en torno a la memoria sigue muy presente. La llamada Fiesta de la paz, celebrada el 6 de agosto de 1947 en conmemoración del segundo aniversario del bombardeo atómico, es un buen ejemplo. Las autoridades niponas junto con la administración estadounidense trataron de ocultar las consecuencias reales del bombardeo y la pésima situación que sufrían la mayoría de las víctimas. La hipocresía de aquellos que siempre apostaron por la guerra y ahora se presentan como pacifistas y la ocultación de la responsabilidad imperial que llevó a cabo en nuevo gobierno son magistralmente retratados por Keiji Nakazawa.

Como sucedía en el anterior volumen, es imposible citar todos los aspectos históricos que introduce el autor para reconstruir el Japón de la posguerra, pero es necesario hacer referencia a un tema muy escabroso: el negocio de la muerte. Gen, en su afán por conseguir dinero para comprar alimentos para su hermana enferma, aprende a recitar los Sutras – las   oraciones budistas que sirven para despedir a los muertos – y se convierte en una especie de predicador ambulante. En muchas ocasiones se cuestiona si es lícito aporvecharse de la muerte de sus conciudadanos para hacer dinero a costa de sus familias, pero el instinto de supervivencia y su deseo de salvar a su hermana son más fuertes.

Los médicos, de nuevo, son protagonistas de algunos de los episodios más siniestros de la obra. La especulación con sus servicios y con los medicamentos les permiten una vida privilegiada que contrasta con la de sus vecinos. Además, algunos de ellos colaboraban con los centros de investigación americanos, que ante una eventual guerra atómica contra la URSS estaban estudiando los efectos de la radiación en las víctimas de Hiroshima. Si en el primer tomo Nakazawa hacía recaer la culpa de la guerra en el régimen japonés, en éste, el peso de la responsabilidad norteamericana es mucho mayor.

Las calaveras convertidas en souvenirs, los centros de internamiento para huérfanos, la corrupción policial y su connivencia con la yakuza, el hambre constante, las dificultades para encontrar trabajo, la censura… Nakazawa siguió creando un gran y cruel retrato del Japón de posguerra. Hasta aquí llega el segundo volumen, tan solo la mitad de la obra, y ya son inumerables los motivos por los que recomendar su lectura. En las próximas semanas los volúmenes tercero y cuarto, que seguro que están a la altura.

Una guerrita de nada

Una guerrita de nada. Saigón 1961-1963, de Marcelino Truong (Spaceman Books)

La guerra de Vietnam (1955-1975) fue uno de los muchos conflictos bélicos del siglo XX, pero la implicación de los Estados Unidos y sus repercusiones en la superpotencia americana, provocaron que haya tenido una gran difusión. Multitud de péliculas, de novelas y de cómics han tratado esta guerra, aunque prácticamente siempre desde el punto de vista norteamericano. Los traumas que sufrieron los marines, las consecuencias políticas internas y sus efectos en la Guerra Fría son siempre los protagonistas, por ello este cómic es muy especial.

Una guerrita de nada, obra de Marcelino Truong – de madre francesa y padre vietnamita -, se aleja de la corriente mayoritaria y nos muestra el inicio de la guerra desde el punto de vista del Vietnam del Sur, el aliado de los EEUU. Este hecho, también novedoso, permite observar el inicio del conflicto desde el Vietnam que acabó siendo derrotado y por tanto, también añade matices al tradicional discurso de la izquierda en que Vietnam luchaba contra la gran potencia imperial, ya que Truong muestra cómo muchos vietnamitas eran contrarios al comunismo del Vietnam del Norte.

El padre de Marcelino Truong era diplomático y por este motivo la familia viajaba constantemente. En 1961, ante las turbulencias políticas y el auge del enfrentamiento entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, Truong Buu Khanh fue reclamado en Saigón y su esposa y sus tres hijos le acompañaron al país asiático. El contraste con Washington, su último destino antes de Vietnam, y Saint Malo, donde vivían los abuelos maternos, fue tremendo, aunque el pequeño Marcelino y sus hermanos se adaptaron bien, mucho mejor que su madre.

El padre del dibujante era muy cercano al autoritario presidente Ngo Dinh Diem, ya que le hacía de intérprete, y a pesar de que no le gustaba demasiado la influencia americana, la veía como un mal menor si servía para luchar contra el comunismo del Viet Cong. El periodo 1961-1963 fue decisivo para el futuro del conflicto, ya que la inestabilidad política en el sur y sus derrotas militares, impulsaron a los Estados Unidos a implicarse al máximo en la guerra. La muerte de John Fitzgerald Kennedy y la necesidad de su sucesor Lyndon B. Johnson de mostrarse duro ante los halcones del complejo militar-industrial, propiciaron que los EEUU se adentraran en una larga guerra, que acabó con una derrota vergonzante.

La mirada infantil del cómic permite un alejamiento del dramatismo de la situación, pero al mismo tiempo Truong la utiliza para criticar las terribles desigualdades que existían en Vietnam del Sur y que fueron la principal causa del apoyo entusiasta que recibían los guerrilleros del Viet Cong. La pertenencia de su padre a la élite cercana a los círculos de poder no impide que los niños y, especialmente su esposa, pasen momentos muy duros, pero las diferencias con el modo de vida de la mayoría de la población son terribles.

Otro elemento muy conseguido de la obra es la combinación de la historia personal del pequeño Marcelino, junto a su familia, y de la gran historia que estaba afectando a Vietnam del Sur. La creciente participación estadounidense, con el envío de un gran número de asesores y de armamento sofisticado tiene una gran presencia; pero es la explicación de la situación política del país, con el descontento de los militares, los desmanes de Diem y su camarilla y las políticas con las que pretendían frenar a los comunistas, la que convierte este cómic en una fantástica introducción a la Guerra de Vietnam.

La parte gráfica del cómic está a un gran nivel y muestra la versatilidad del autor, que ha trabajado durante muchos años como ilustrador. Las composiciones de página combinan grandes viñetas – incluso con abundantes dobles páginas -, con viñetas pequeñas e irregulares e incluso páginas que parecen más de libro ilustrado que de cómic. El uso del color es el gran punto fuerte de la obra, puesto que Truong combina con maestría el bitono anaranjado – colores cálidos que nos trasladan al tórrido clima vietnamita -, con viñetas a todo color y con bitono azulado – para hablar de los grandes aconteciemientos históricos -. El nivel de detalle del armamento y de los escenarios es el adecuado y sin llegar a la precisión de otros autores reseñados en el blog (Paco Roca o Jacques Tardi, por ejemplo) consigue que el dibujo sea totalmente efectivo.

En resumen, Una guerrita de nada es una lectura muy recomendable, especialmente por su novedosa perspectiva, muy alejada de los relatos sobre la guerra de Vietnam más comunes. Las reflexiones del autor desde el presente ayudan a dotar de contexto a los acontecimientos narrados en el cómic, de modo que la lectura es aún más rica. El dibujo funciona muy bien y se queda a mitad de camino entre el manga y la bande dessinée, de modo que también es original y atractivo. Una obra muy completa, un enfoque original, un gran cómic.

Los mejores enemigos (II)

Los mejores enemigos. Una historia de las relaciones internacionales entre Estados Unidos y Oriente Medio. Segunda parte 1953-1984, de J.P. Filiu y David B. (Norma Editorial)

Tras el primer tomo dedicado al largo periodo 1783-1953 (reseñado aquí), la segunda parte de Los mejores enemigos se centra en una etapa mucho más corta, pero mucho más intensa de las relaciones entre los Estados Unidos y Oriente Medio. En plena guerra fría, la importancia geoestratégica de esta región aumentó su importancia para la superpotencia occidental, que se implicó aún con más énfasis en la zona.

Jean-Pierre Filiu, experto en Oriente Medio, y el dibujante David B. mantienen la línea del primer volumen, y por tanto, estamos ante un ensayo histórico en forma de cómic. No existe una linea argumental con unos personajes concretos, sino que el cómic narra, mediante el texto de Filiu y las fantásticas ilustraciones de David B., los acontecimientos históricos más importantes del periodo 1953 – 1984 en las relaciones entre Estados Unidos y Oriente Medio. Esta segunda parte mantiene la unidad con la primera, ya que empieza en el capítulo 5, justo donde acabó el volumen anterior, aunque ambos se pueden leer de forma independiente.

El relato se inicia en los años 50, en plena escalada de tensión entre los bloques antagónicos de la Guerra Fría. El contexto es esencial para comprender las causas y el desarrollo de la Guerra de los Seis Días de 1967, que enfrentó a Israel – el principal aliado norteamericano en la región – con Egipto, Siria, Jordania e Irak, que es el eje central del primer capítulo. La tensión de las negociaciones y las fases del breve conflicto están perfectamente detalladas.

A continuación, Filiu y David B. se centran en las consecuencias del conflicto del 67 y en la inestabilidad que generó en toda la región. La diplomacia americana, liderada por Kissinger, jugó un papel fundamental, siempre al lado de Israel y en contra de los países árabes, aliados de la Unión Soviética. La guerra del Yom Kippur y la crisis del petróleo fueron momentos trascendentales de esta etapa, que llevaron al clímax de 1979, que los autores afirman que fue un punto de inflexión para los Estados Unidos en Oriente Medio. 

La presidencia de Jimmy Carter tuvo un cariz diferente a la de Nixon, como muestra el impulso a las negociaciones entre Egipto e Israel que culminaron con los acuerdos de Camp David. Pero en Oriente Medio, 1979 estuvo marcado por la Revolución Iraní liderada por el Ayatolá Jomeini.

Para los Estados Unidos, que habían perdido un aliado en la figura del Sha, el peor momento fue el secuestro de 66 rehenes americanos en la embajada de Teherán, el 4 de noviembre. Además, la imagen de los Estados Unidos empeoró en todo el mundo musulmán por los rumores sobre su implicación en los sucesos de La Meca del 20 de noviembre. Las protestas ante las embajadas y la quema de banderas estadounidenses fueron una constante. Por último, a esta convulsa situación se unieron dos conflictos que marcaron toda la década de los 80: la invasión soviética de Afganistán y la guerra entre Irán e Irak.

Finalmente, el último capítulo está dedicado a la complejísima situación que se vivió en el Líbano entre los años 1982 y 1984. La implicación occidental – encabezada por los Estados Unidos -, la participación siria, los campos de refugiados palestinos, la implacable política exterior de Israel, la división religiosa libanesa… todos estos elementos propiciaron una escalada de violencia brutal y unas disputas diplomáticas muy tensas. La masacre de Sabra y Chatila (ver Vals con Bashir) fue seguramente el peor episodio, pero no fue lel único. A pesar de la dificultad, Filiu y David B. consiguen desentrañar el laberinto libanés de una manera bastante correcta.

A nivel gráfico poco hay que decir sobre el trabajo de David B., que mantiene su marcado estilo, aunque en esta ocasión encuentra nuevas soluciones. El uso que hace de los personajes para representar los escenarios del conflicto – extremidades alargadas o posiciones dignas de contorsionistas, por ejemplo – es magistral. Además las composiciones de página son brillantes, así como la construcción de las viñetas que, en ocasiones muy cargadas de personajes, ayudan a trasladar la complejidad de los acontecimientos narrados. Se observa cierta evolución respecto al anterior volumen, pero los elementos más característicos, como el blanco y negro y los personajes caricaturescos, siguen presentes.

Los mejores enemigos mantiene el gran nivel de la primera parte. Como en esta ocasión se acerca a una etapa mucho más cercana a la actual, en la que aún se dejan notar las consecuencias del periodo 1953-1984, seguramente ayude a aclarar ciertas dudas y confusiones aún vigentes. Es un cómic realmente didáctico que permite un acercamiento ameno y riguroso a hechos muy trascendentes para comprender algunos de los conflictos que marcan y han marcado el inicio del siglo XXI. Estoy expectante ya por la siguiente entrega.

Versus

Versus, de Luis Bustos (Entrecomics)

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Versus es la adaptación de Luis Bustos del relato A piece of steak (“Un buen bistec”) de Jack London. Esta historia fue publicada en el Saturday Evening Post en 1909, pero más de 100 años después, Bustos ha mostrado que sigue totalmente vigente. Pese a que no es un cómic de género histórico, como la mayoría de obras reseñadas anteriormente, Versus presenta tangecialmente algunos aspectos muy reveladores de la sociedad americana de inicios del siglo XX.

El protagonista del cómic es Tom King, un fantástico boxeador en horas bajas. Se ha hecho mayor y ha perdido su lugar privilegiado en el mundo del boxeo. Aún así, tiene una última oportunidad, un combate contra el joven negro Jesse Sandel.

Tom King lleva toda la vida peleando, ha ganado mucho dinero y ha tenido un nivel de vida muy elevado durante mucho tiempo; pero las cosas han cambiado. Debido a su precaria situación económica trata de encontrar un empleo, de lo que sea, pero es constantemente rechazado. La crisis que afecta a la industria y al puerto de su ciudad provocan que el desempleo sea muy elevado y Tom King es incapaz de aportar el sustento que necesitan su mujer, Lizzie, y sus hijos.

El combate entre King y Sandel, magistralmente dibujado por Bustos, simboliza la lucha entre lo viejo y lo nuevo; entre el obrero blanco del Este de los EEUU y los negros del Sur que llegan al noreste en busca de su merecida oportunidad. Los EEUU están cambiando a una velocidad vertiginosa a inicios del siglo XX y King es la metáfora de la vieja sociedad que trata de resistir los cambios.

El capitalismo salvaje de la época, que utiliza a los obreros para enriquecerse y cuando yo no le son útiles los abandona, está perfectamente reflejado en la novela gráfica. King, que ha ganado y ha hecho ganar mucho dinero, sólo tiene su oportunidad si acepta una condiciones míseras, pero la presión de tener que mantener a su familia es tan apremiante que no le queda otro remedio que aceptar. El bistec del título del relato, hace referencia a la miseria que padecen King y su familia (y gran parte de la sociedad americana), ya que el boxeador no puede comprar ni un pedazo de carne, e incluso, para que él pueda alimentarse la noche antes del combate, sus hijos se van a la cama sin cenar.

Luis Bustos ha hecho un trabajo genial con esta adaptación. A nivel gráfico, la variedad de recursos de la que hace gala el madrileño es apabullante. Las composiciones de página están muy cuidadas, y muchas de ellas son tremendamente originales, mención especial para el uso de las cuerdas del ring como límites entre las viñetas y para las raíces de Tom King, espectaculares ambas. Multitud de estilos están presentes en Versus, pero en mi caso las reminiscencias a Frank Miller y a Osamu Tezuka son las más reconocibles.

Por último, digna de destacar también la preciosa edición que ha hecho la pequeña editorial Entrecomics Comics. Es cuadrada, como un cuadrilátero; el papel de la portada es áspero como los guantes de un boxeador o como la historia que cuenta. Una historia fantástica con un dibujo excepcional, y para que veáis que lo elogios no son gratuitos os enlazo unas páginas de muestra disponibles en la web de la editorial.

Operación muerte

Operación muerte, de Shigeru Mizuki (Astiberri)

Shigeru Mizuki combatió en el Frente del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Fue reclutado en 1942 por la Armada Imperial Japonesa y destinado a la isla de Nueva Bretaña, en Papúa Nueva Guinea. Allí sufrió los horrores de la guerra, desde el maltrato por parte de sus superiores a los bombardeos aliados, a causa de los cuales perdió su brazo izquierdo. Esta terrible experiencia en el ejército estuvo presente durante muchos años e impulsó a Mizuki a escribir sobre ella. Aunque dice en el epílogo que lo que se narra es verídico en un 90%; Operación Muerte no es un relato autobiográfico.

La acción transcurre en la Isla de Nueva Bretaña, donde llegan los soldados en las primeras páginas del cómic. El día a día de los reclutas, muy duro, contrasta con la belleza del escenario. El enemigo aún no ha llegado y sus miedos se centran en las enfermedades  – malaria y disentería – y en la escasedad de agua potable y de alimentos. Pese a estas dificultades, lo peor es el trato que reciben por parte de los oficiales. Mizuki asegura en el epílogo que valía más la vida de un caballo que la de un soldado.

A causa de las terribles condiciones que padecen, poco a poco algunos soldados caen enfermos y el ejército sufre sus primeras bajas, mucho antes de que se inicien los combates. La moral de la tropa cae en picado, y pese a los intentos de los mandos de insuflar patriotismo, Mizuki transmite cuál era el sentimiento de la mayoría de los reclutas: el deseo de sobrevivir.

Pese a la épica habitual del cine bélico, la realidad de la guerra poco tiene que ver con esa creación artificial. La absurdidad y la injusticia de la guerra son el eje central de la narración de Mizuki, en un ejercicio similar a las descripciones que hace Tardi de la Primera Guerra Mundial. La omnipresente violencia, la tensión permanente y el insuficiente equipamiento convirtieron en terrible la estancia en la isla. Cuando el enemigo hizo su aparición, las cosas sólo podían ir a peor para los soldados japoneses.

El dibujo de Mizuki, muy característico, consigue recrear el horror y al mismo tiempo, gracias al aire caricaturesco de los personajes, permite que el sentido del humor esté presente. Es destacable la diferencia que existe entre el dibujo de los paisajes y los vehículos militares, muy realista y muy documentado, y el de los protagonistas de la acción. El entorno selvático está perfectamente reflejado y en las escenas violentas Mizuki muestra su maestría. Uno de los elementos más conseguidos es la presencia del enemigo amenazante, con una gran presencia en la segunda mitad del cómic, a pesar de que prácticamente no aparece explícitamente dibujado.

Llegados  este punto, es imprescindible hablar de lo que es una operación muerte, gyokusai en japonés, que consistía en un ataque suicida sobre una posición enemiga. Han tenido mucha difusión las acciones de los kamikazes, los pilotos que estrellaban sus aviones contra objetivos enemigos; pero este tipo de acciones no únicamente sucedían en la aviación. En la marina también era habitual esta orden y Nueva Bretaña fue escenario de la operación muerte en que participó Mizuki.

Shigero Mizuki consigue que la identificación con los soldados sea total. Los oficiales los envían a una muerte segura mientras ellos se quedan en la retaguardia. Las últimas escenas son muy emocionantes. Como escribe Mizuki en el epílogo: “Los muertos nunca han podido contar su experiencia de la guerra. Yo puedo hacerlo. Cuando dibujo una historieta sobre este tema noto cómo me invade la rabia. Imposible luchar contra ella. Sin duda este sentimiento terrible es producido por las almas de todos estos hombres muertos hace mucho tiempo”.

Las serpientes ciegas

Las serpientes ciegas, de Hdez. Cava y B. Seguí (Bd Banda) També disponible en català (Inrevés Edicions)

Las serpientes ciegas ganó el Premio Nacional de Cómic del 2009, hecho que muestra la gran calidad de esta obra. La historia creada por Felipe Hernández Cava y dibujada por Bartolomé Seguí nos lleva al Nueva York de 1939, y mediante flashbacks, también a diversos escenarios de la Guerra Civil española.

El tono de novela negra es evidente desde el principio, en el que vemos como un enigmático personaje vestido de rojo (color fundamental en la historia) llega a Nueva York en busca de Ben Koch. Poco a poco vamos descubriendo que Koch participó en las Brigadas Internacionales que combatieron el fascismo en la guerra civil. Gracias a los flashbacks, fundamentales en la obra, también vemos los inicios del Partido Comunista americano y la persecución a a la que sus miembros fueron sometidos.

De la mano de Ben Koch también viajamos a la convulsa Barcelona del mayo de 1937, con los enfrentamientos entre anarquistas y comunistas; y posteriormente, en 1938 a uno de los escenerios más decisivos de la guerra civil: la batalla del Ebro. Gracias a estos flashbacks, asistimos al crecimiento personal de Koch y a su pérdida de la inocencia.

El dibujo de Seguí,  aunque muy diferente del de la mayoría de su obra, se adapta perfectamente al ambiente oscuro de Nueva York y a su fascinante arquitectura. El uso del color es fundamental en Las serpientes ciegas, destacando en los momentos trascendentales de la obra y especialmente en los capítulos finales.

Por último, en mi opinión, lo mejor del cómic es su retrato crítico de una época de grandes esperanzas, pero al mismo tiempo de una época de grandes frustraciones. La reflexión en torno al idealismo, al egoísmo y la generosidad propios de la naturaleza humana y en torno a la creación de la memoria son muy acertadas. Además, el final es antológico.

Reyes disfrazados

Reyes disfrazadosde J. Vance y D. Burr. (Norma Editorial)

Esta obra nos traslada a los Estados Unidos de la Gran Depresión. El protagonista, un niño llamado Freddie Bloch, se va de casa ante una situación familiar muy complicada. Huérfano de madre; su padre, alcohólico, se traslada a Detroit en busca de trabajo en la industria automovilística. Freddie se queda con su hermano, quien está metido de lleno en el hampa.

Poco a poco va descubriendo las miserias de una sociedad americana, que en esos años tocó fondo. Los personajes con los que se va encontrando a lo largo del viaje reflejan lo mejor y lo peor de los EEUU de los años 30. La represión policial, la marginación y la pobreza son el día a día de millones de americanos. Freddie también se encuentra en esta situación, pero no pierde la esperanza de llegar hasta Detroit.

La galería de personajes con los que se cruza Freddie es asombrosa, pero entre todos ellos destaca sobremanera un vagabundo que se hace llamar “El Rey de España”. Este hombre conoce los entresijos del mundillo de los más desharrapados de América y va presentando al protagonista las claves para poder sobrevivir.

Es una obra dura que obliga a la reflexión, ya que podemos observar como en la primera potencia económica de esa época, millones de personas tenían una vida que rozaba, y en ocasiones sobrepasaba, la indignidad. El dibujo de estilo underground de Burr se adapta perfectamente al genial guión de Vance y refleja la crudeza de los hechos narrados. Recientemente se ha publicado la continuación de esta historia en un volumen llamado Contra las cuerdas.

La miseria reinante durante los años de la Gran Depresión.