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El arte de Charlie Chan Hock Chye

El arte de Charlie Chan Hock Chye. Una historia de Singapur, de Sonny Liew (Dibbuks – Amok Ediciones)

Antes de leer este cómic, de Singapur solo conocía su situación geográfica, en el extremo de la península malaya, y su pasado como colonia británica, especialmente trascendente por su rendición ante los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Su economía había crecido enormemente en la segunda mitad del siglo pasado, ya que era uno de los tigres asiáticos; pero a nivel político y social era totalmente desconocido para mí. A priori, El arte de Charlie Chan Hock Chye, además de tener un nombre complicado, no parecía el cómic más atractivo del mundo. La historia de un país pequeño y muy lejano, por un autor que había trabajado en el mainstream americano. Qué gran sorpresa me he llevado con su lectura.

La premisa del cómic es genial y Sonny Liew demuestra su dominio del medio: a través de la biografía del ficticio dibujante Charlie Chan, recupera los principales episodios de la historia de Singapur en el siglo XX. Para ello no solo ha creado la vida de un dibujante, sino que ha sido capaz de dibujar las supuestas obras que el protagonista fue realizando a lo largo de su larga carrera. La sucesión de estilos permiten observar la evolución del propio Charlie Chan, pero también la evolución del cómic como medio artístico. Ilustraciones, tiras cómicas, caricaturas, funny animals, ciencia ficción… Disney, Tezuka, la EC Comics, Crumb, Miller… El despliegue de Sonny Liew es magnífico y, lo que es aún más importante, consigue que la lectura sea fluida, agradable y muy didáctica.

El relato se inicia con un Charlie Chan de edad avanzada que rememora su carrera como dibujante y nos da su visión sobre el cómic actual. A partir de ahí, nos encontramos con lo que parece una biografía al uso, con la infancia y la adolescencia del protagonista como hilo conductor. Sonny Liew muestra la precariedad en que vivía buena parte de los habitantes de Singapur y nos introduce a las peculiaridades de una sociedad muy dividida entre la población de origen malayo y la población de origen chino. Es destacable cómo esta división se apreciaba en la educación, con escuelas inglesas y escuelas chinas con métodos y orientaciones muy diferentes entre sí. Las protestas estudiantiles y la represión gubernamental causaron una gran impresión en el joven protagonista.

A continuación, Charlie Chan empieza a dibujar cómics siguiendo la estela de Tezuka. Es muy interesante observar cómo Sonny Liew utiliza las distintas obras de Charlie Chan para retratar la situación política del país. El sentido metafórico de sus cómics permite comprender de forma muy sencilla la complejidad de la realidad singapurense. Desde un robot gigante hasta animales con diferentes acentos pasando por la ciencia ficción, el crecimiento de Charlie Chan como dibujante se produce en paralelo a la evolución política del país. El idealismo y la ilusión iniciales dan paso progresivamente al desencanto y el ligero cinismo con que Charlie Chan afronta sus últimos años de vida.

Sonny Liew consigue que la historia política de Singapur resulte muy atractiva. Las alianzas iniciales para acabar con el dominio británico del país; las disputas entre Lee Kuan Yew, de cariz conservador y autoritario, y Lim Chin Siong, sindicalista y de izquierdas, quien fue detenido en diversas ocasiones acusado de comunista y finalmente se tuvo que exiliar; o la unificación con Malasia y la posterior secesión pocos años después son algunos de los episodios fundamentales de la obra. Todo ello siempre aderezado con las reflexiones de Charlie Chan y su accidentada y precaria carrera editorial. El equilibrio entre ambas partes, combinado con el espectacular despliegue gráfico de Sonny Liew hacen de este cómic una obra brillante, merecido ganador de tres premios Eisner.

A nivel gráfico, sin duda El arte de Charlie Chan Hock Chye es uno de los mejores cómics que he leído en los últimos años. La versatilidad de Sonny Liew como dibujante es abrumadora, ya que es capaz de repasar y homenajear a prácticamente la totalidad de la historia del medio. Domina diferentes estilos de dibujo, el blanco y negro y diversos tipos de color; incluye ilustraciones, caricaturas, retratos realistas y además demuestra ser un gran conocedor de los múltiples recursos narrativos del cómic. Es difícil de describir en unas líneas la demostración del dibujante malayo, así que os emplazo a que observéis las primeras páginas y juzguéis.

Sonny Liew ha realizado una obra de muchísimo nivel, que lleva el cómic histórico a una nueva dimensión, gracias a su genial juego entre realidad y ficción. Las piezas encajan de manera brillante y no solo ha relatado una gran historia, sino que ha utilizado la propia historia del cómic como medio narrativo. La aparente complejidad de la obra – 300 páginas – es engañosa, puesto que la lectura se hace realmente sencilla. Como muestra del interés del autor en la veracidad histórica de su obra, ha incluido unas exhaustivas notas al final del cómic donde pormenoriza los datos históricos concretos, una manera perfecta de concluir una obra redonda. ¿Quién dijo que la historia de Singapur no podía ser entretenida?

Así calló Zaratustra

Así calló Zaratustra, de Nicolas Wild (Dibbuks)

La historia reciente de Irán ha protagonizado diversos cómics en los últimos años. Es especialmente conocida Persépolis, la obra de Marjane Satrapi que retrata su infancia y da su visión de la revolución islámica que vivió el país a finales de los 70. Irán también tiene un papel fundamental en el fantástico Los mejores enemigos de Filiu y David B (aquí el segundo volumen).

En los últimos meses, su acuerdo con los Estados Unidos sobre armamento nuclear ha vuelto a llevar a las portadas a los iraníes. La guerra en Siria y los múltiples conflictos latentes en Oriente Medio muestran el peso de Irán en las relaciones internacionales, pero si nos paramos a pensar, no conocemos demasiado de su sociedad, de su gente, de sus tradiciones, de sus minorías… Así calló Zaratustra nos permite acercarnos a estas realidades que siempren quedan en segundo plano cuando leemos sobre el estado heredero del gran Imperio Persa.

Nicolas Wild, tras relatar su paso por Afganistán en Kabul Disco, decidió acercarse al contexto iraní y se encontró con grupo de gente muy especial: los zoroástricos. El zoroastrismo es una de las religiones monoteístas más antiguas y tiene su origen en el Irán preislámico, es decir, en Persia, donde nació su profeta y fundador Zaratustra. El culto al único dios – Ahura Mazda – y el uso ceremonial del fuego son dos de sus rasgos más característicos. La expansión musulmana, que llegó a Persia a mediados del siglo VI, provocó que la mayoría de la población se convirtiera al Islam. La mayor comunidad zoroástrica se exilió a la India, donde se asentaron y donde en la actualidad se les conoce como parsis. 

En Irán solo quedó una pequeña población centrada en la ciudad de Yazd, lugar en el que su cultura y su religión han perdurado hasta nuestros días. La revolución islámica de 1979, impulsada por el ayatolá Jomeini, supuso un grave perjuicio para los zoroástricos, ya que dejaron de ser tolerados por las autoridades del país y se inició un periodo de persecuciones y clandestinidad que ha llegado hasta el presente.

El cómic de Nicolas Wild mezcla la realidad y la ficción para crear un relato realmente apasionante. El asesinato de Cyrus Yazdani, inspirado en el asesinato real del exiliado Kasra Vafadari en Madrid en 2008, da origen a la historia, que nos traslada al París de los refugiados afganos, a la Ginebra de los exiliados iraníes y al Irán zoroástrico de la mano del propio Wild, protagonista de la historia. El descubrimiento de la figura de Yazdani y el intento de esclarecer su muerte son los ejes sobre los que gira la acción, pero el cómic ofrece muchos más elementos de interés.

En primer lugar, la novela gráfica permite conocer los aspectos esenciales de una religión tan antigua y con tantos vínculos con los tres grandes monoteísmos como el Zoroastrismo. En segundo término, gracias a un viaje que lleva a cabo el propio Wild, asistimos a una acelarada clase sobre la realidad sociopolítica iraní. También nos ayuda a comprender la situación de los refugiados afganos en su exilio europeo, concretamente en París, donde se encuentran una acogida no demasiado calurosa. Por último, el sentido del humor es un elemento central en la obra, pese a la seriedad de los temas tratados, y el relato de Nicolas Wild resulta realmente ameno.

En cuanto a la parte gráfica de la obra, el autor francés ha llevado a cabo un trabajo excelente. A la influencia de la línea clara, Wild une una ambientación muy cuidada y un uso brillante del blanco y negro. Su aparente sencillez no esconde algunos recursos muy imaginativos y unos personajes expresivos que consiguen la empatía del lector. El conjunto es realmente efectivo y aunque no destaca por su espectacularidad, el dibujo aporta todo lo necesario para que el cómic funcione.

En definitiva, Así calló Zaratustra es un gran cómic. Grandes dosis de intriga, la cantidad justa de divulgación histórica y un argumento repleto de giros, todo aderezado con mucho sentido del humor. Una gran forma de descubrir una de las realidades más ocultas y desconocidas de Irán.

Spirou. El botones de verde caqui

Spirou. El botones de verde caqui, de Schwartz y Yann. (Dibbuks)

Spirou es uno de los grandes personajes del cómic franco-belga, prácticamente a la altura de Asterix y Tintín. La serie regular cuenta con más de cincuenta álbumes, pero la editorial Dupuis, que posee los derechos del personaje – a la manera de las grandes editoriales americanas con los superhéroes -, decidió crear una serie independiente en la que participaran grandes autores. Esta serie se llama Una aventura de Spirou y Fantasio por… y en este caso fueron el guionista Yann y el dibujante Olivier Schwartz los encargados de dirigir los pasos de Spirou y su amigo Fantasio.

El periplo editorial de Spirou en España ha sido bastante complejo, pero recientemente Dibbuks se ha hecho con sus derechos. Para dar el pistoletazo de salida al famoso personaje creado por Rob-Vel en 1938, nada mejor que esta historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial en la que el tradicional traje rojo del protagonista se convierte en verde caqui.

La acción se sitúa en la Bruselas ocupada por los alemanes en el año 1942. Spirou, junto con su inseparable ardilla Spip, trabaja como botones en el Hotel Moustic, que se ha convertido en el cuartel general de los invasores. Desde esta complicada posición, Spirou colabora con la resistencia belga pasando información sobre las actividades de los ocupantes. Al mismo tiempo, Fantasio, su compañero de aventuras, trabaja en el periódico Le Soir, controlado en ese momento por la Wehrmacht.

Spirou y Fantasio discuten constantemente entre ellos, ya que se reprochan su aparente colaboración con el enemigo. Fantasio desconoce la oculta labor de su amigo y piensa que Spirou es un traidor, de modo que decide centrarse en la invención de nuevas armas que puedan ayudar a Bélgica y los aliados a escapar del yugo alemán. La relación entre ambos y la lucha de Spirou por arruinar los planes alemanes, mientras estos tratan de cazar al espía desconocido que se adelanta a sus movimientos, son los dos ejes fundamentales de la trama.

El cómic está lleno de momentos muy divertidos, especialmente en los momentos de protagonismo de Fantasio; pero el contexto histórico en el que está incluido el relato, lo dota de una gran profundidad y de diversos niveles de lectura. El retrato de la Bruselas ocupada por los nazis está muy conseguido, ya que multitud de elementos muestran cómo fue la vida en la capital belga durante el conflicto bélico. El miedo de la mayor parte de la sociedad, la división que generó la invasión e incluso los aspectos más oscuros del régimen que implantaron los ocupantes tienen un lugar destacado en la obra.

Otro factor destacado del cómic es la presencia de multitud de guiños a la historia del cómic, con referencias directas a creadores como Hergé o Franquin – dibujante de Spirou y Fantasio durante más de veinte años -, pero también a personajes muy representativos del medio. El lector avezado será capaz de encontrar estos juegos en casi cada página, aunque en mi caso he necesitado una segunda lectura para ser consciente de la presencia de algunos de ellos.

El tono humorístico del cómic no resta complejidad a las reflexiones que han introducido los autores. Un ejemplo es el papel que juega la población civil en un conflicto bélico de estas características, con la difusa frontera entre el colaboracionista y el prudente, entre el temerario y el héroe. La influencia que tuvo el espionaje en la segunda guerra mundial es otro fenómeno que, aunque en clave satírica, tiene importancia en la narración. Las diferencias en el seno de resistencia belga, que en ocasiones acabaron favoreciendo al enemigo es otro tema bien reflejado, y es especialmente interesante la visión que muestran Yann y Schwartz del movimiento zazou, así como del papel del crimen organizado o del desarrollo tecnológico.

En cuanto al dibujo, Olivier Schwartz demuestra ser un digno heredero de la escuela de la línea clara. Los personajes son fieles a la tradición de Spirou, muy expresivos y dotados de un gran dinamismo. Es destacable también la profusa labor de documentación que muestra la precisión de los uniformes y de los escenarios en que se desarrolla la acción. La arquitectura y los lugares emblemáticos de Bruselas son totalmente reconocibles, igual que los aviones o las armas que portan los diversos personajes. El color de Laurence Croix consigue crear la atmósfera perfecta para un ciudad gris que está viviendo una época durísima. El apartado gráfico está a la altura del fantástico guión de Yann.

La lectura de El botones de verde caqui es realmente interesante. Una aventura llena de acción y de humor situada en un contexto histórico tan apasionante, tan crudo y tan cruel como la capital de la Bélgica ocupada por los nazis. Tristeza, alegría, humor absurdo, homenajes al cómic, pasión, acción… y todo en solo sesenta y cuatro páginas. Una obra muy recomendable.

Atar Gull

Atar Gull o el destino de un esclavo modélico, de Nury y Brüno. (Dibbuks)

La trata de esclavos tuvo unos efectos devastadores en el continente africano. Los cálculos más conservadores hablan de unos 15 millones de víctimas, – aunque hay estudiosos que las cifran en 60 millones -, hecho que provocó un desastre demográfico y social sin precedentes. La colonización fue un periodo dramático para buena parte de la población africana, y en muchos casos, sus efectos aún se dejan notar; pero las consecuencias de la trata fueron mucho más profundas y duraderas.

Atar Gull está basado en la novela homónima del novelista francés Eugéne Sue, publicada en 1831. En aquella época, la novela causó una gran polémica, ya que denunciaba la esclavitud y el inmenso negocio que ésta generaba. El cómic, con guión de Fabien Nury (guionista de Érase una vez en Francia, entre otras obras),  y dibujo de Brüno,  se centra en la historia de Atar Gull, príncipe de un pueblo del África occidental que fue capturado, vendido y llevado a Jamaica para trabajar en una plantación. Mediante su periplo, podemos observar cómo funcionaba el negocio de la trata de esclavos, desde su inicio en las costas africanas hasta su fin en las plantaciones caribeñas.

Atar Gull es capturado por un pueblo enemigo del suyo y es vendido al capitán Benoit por un oscuro intermediario holandés. El viaje hacia las costas caribeñas es muy accidentado y Atar Gull, junto con el resto de esclavos que intentan sobrevivir en las bodegas del barco, son capturados por el pérfido Brulart. Tras un breve regreso a África para conseguir aún más beneficios, Brulart pone rumbo a Jamaica. Por el camino deberá hacer frente a los ataques de una goleta inglesa y seremos testigos de las horribles condiciones que sufrían los esclavos en estos viajes.

Una vez en Jamaica, Atar Gull es comprado por Tom Will, uno de los mejores amos de la isla. Allí, Atar Gull realizará todas sus tareas con gran eficacia y recibirá un trato relativamente digno por parte de su amo; pero un hecho bastante habitual en las plantaciones afectará de manera brutal al príncipe africano. Desde ese momento, Atar Gull sólo tendrá en mente una cosa: la venganza.

El cómic trata muchos temas importantes en relación a la Historia de África. En primer lugar, desmiente el falso mito del africano pasivo, que solamente entró en la Historia cuando los europeos llegaron al continente y que no se opuso a la conquista. Los europeos no conquistaron el continente africano hasta el final del siglo XIX, y en muchos territorios no se adentraron hasta bien entrado el siglo XX, ya que se encontraron con una feroz resistencia. En el cómic queda muy bien reflejado cómo los intermediarios europeos se instalaron en la costa para comerciar con los gobernantes africanos, que eran los que vendían a sus prisioneros como esclavos. De estas guerras civiles africanas, los que sacaban un mayor provecho eran los europeos, pero los que llevaban a cabo las tareas más duras eran los habitantes de África.

En segundo lugar, los viajes transoceánicos eran terroríficos, ya que los negreros trasladaban su mercancía en unas condiciones inhumanas. El porcentaje de africanas y africanos que sobrevivían a estos viajes era muy escaso, como muestra con acierto el relato de Nury. Solo los más fuertes y los que gozaban de mejor salud eran capaces de resistir al tormento del barco. Una vez en las islas caribeñas, – en el cómic es Jamaica -, o en las costas americanas, los esclavos eran vendidos en mercados como si fueran animales de carga. La frialdad con la que los dueños de las plantaciones compraban y vendían a seres humanos era estremecedora.

Por último, el racismo, aún muy extendido en nuestros días, era una constante en las relaciones entre europeos y africanos. La llegada de los europeos al continente africano era presentada como una misión civilizatoria, que consistía en llevar la religión verdadera y el progreso a los bárbaros africanos. Bajo esta apariencia bienintencionada, se escondía el verdadero objetivo: la explotación económica.

La historia de Atar Gull se enmarca en este contexto histórico, que está muy bien recreado por los autores, pero el gran acierto de este cómic es su uso de los grandes temas de la naturaleza humana. El amor, el odio y la venganza tienen un papel central en la narración y los continuos giros del argumento atraen poderosamente la atención del lector. La ambigüedad moral de buena parte de los personajes consigue llevarnos a la reflexión sobre la capacidad del ser humano para hacer el mal y sobre la fina frontera que separa, en muchas ocasiones, el bien del mal.

El dibujo de Brüno es sorprendente, ya que durante las primeras páginas parece que está buscando el tono con el que plasmar el guión de Nury, pero a medida que avanza la historia, sus dibujos y su uso del color funcionan perfectamente. Un dibujo más realista quizás hubiera oscurecido aún más la trama, y en cambio, el trazo caricaturesco y los colores planos permiten un cierto alejamiento que beneficia al mensaje de denuncia del cómic.

En definitiva, Atar Gull es un cómic muy recomendable para quienes queráis conocer uno de los peores fenómenos de la historia de la humanidad.

Kongo

Kongo, de Tom Tirabosco y Christian Perrissin (Dibbuks)

La historia de África tradicionalmente ha quedado relegada en los planes de estudios, y en muchos casos, se explica tan solo desde el punto de vista de los europeos. Esta es la primera entrada de una nueva sección en el blog sobre cómics que tratan la historia de África, aunque como pasa con los libros de historia, el enfoque mayoritario es el de África vista desde Europa. La historia de África me ha interesado desde que cursé una asignatura sobre el África Contemporánea en la universidad, y creo que los cómics – como con todas las ramas de la Historia – son una buena herramienta para divulgar algunos aspectos de la historia africana que deberían ser de conocimiento obligado.

Kongo es la primera novela gráfica sobre la historia de África que analizo y su lectura me ha resultado muy interesante. El cómic, con guión de Christian Perrissin y dibujo de Tom Tirabosco, relata el viaje que llevó a cabo por el río Congo Jozef Konrad Korzeniowski, quien pasó a la historia como Joseph Conrad. Este viaje por el Congo que controlaba el rey Leopoldo II de Bélgica fue su inspiración para escribir su gran obra El corazón de las tinieblas. Mediante la reconstrucción del viaje por el gran río africano y a través de la correspondencia que mantuvo con su tía, Perrissin consigue que veamos cómo se sintió y qué descubrió el protagonista de la historia.

La Conferencia de Berlín celebrada entre 1884 y 1885 oficializó el inició de la carrera por la conquista de África para explotar su mano de obra y sus recursos naturales. La zona central del continente, que el río Congo recorría, era bastante desconocida, aunque se creía que se podrían obtener grandes beneficios de su control. Las grandes potencias de la época – Gran Bretaña, Francia y, en menor medida, Alemania – no querían que una de las otras se quedara con estos territorios, así que todas aceptaron la propuesta del rey de Bélgica. Ésta consistía en el control directo de la colonia por el propio Rey Leopoldo y no, como era habitual, por parte del Estado Belga. Además, las aguas navegables del Congo estaban abiertas al comercio de todas las potencias europeas.

Leopoldo II de Bélgica estaba considerado internacionalmente como un gran benefactor y aseguraba que en el Estado Libre del Congo – como llamó a sus posesiones africanas – las condiciones de vida de sus habitantes iban a mejorar. El colonialismo europeo, siempre dispuesto a esquilmar los abundantes recursos africanos, utilizaba este tipo de argumentos para maquillar sus verdaderas intenciones. Los colonizadores iban a llevar el progreso, la educación y la verdadera religión a los pobres bárbaros africanos; pero en el fondo el verdadero objetivo era la explotación económica.

Leopoldo llevó estas prácticas hasta los extremos más horripilantes que alguien pueda concebir. Baste un solo dato, el número de víctimas durante su dominio del Estado Libre del Congo se calcula en 10 millones de muertos, prácticamente el 50% de la población. Mientras los congoleses sufrían, el Rey de los belgas y sus secuaces se habían enriquecido enormemente.

El Joseph Conrad que emprende su viaje al Congo, era un marino de origen polaco que había estado en la marina mercante británica durante bastantes años. Como la mayoría de europeos de la época, Conrad – Korzeniowski en aquella época – desconocía lo que sucedía realmente en las lejanas tierras centroafricanas. A lo largo de su periplo hasta  la desembocadura del Congo, Conrad empieza a ser consciente del racismo imperante y del trato vejatorio que reciben los africanos por parte de sus supuestos benefactores.

Joseph Conrad había firmado un contrato de 3 años con la compañía belga que dirigía la explotación económica del Congo. Su tarea era pilotar un vapor por el río y llegar hasta el interior del continente para transportar los grandes cargamentos de marfil que se obtenían en la colonia. Fue un viaje durísimo, en que Conrad se enfrentó a la enfermedad, a la sed, al hambre y al clima ecuatorial; pero lo peor para él fue la clase de gente con la que se encontró. Hombres rudos, tiránicos, que despreciaban el sufrimiento y las vidas de los africanos y que estaban dispuestos a cualquier cosa para enriquecerse lo más rápido posible y volver a Europa.

Además de descubrir los horrores del colonialismo, Joseph Conrad se conoció a sí mismo, como muestran las cartas que escribía a su tía viuda, con la que le unía una estrecha relación. La correspondencia, introducida con gran acierto en el cómic, permite observar la evolución personal del protagonista. Desde su curiosidad e ingenuidad iniciales, vemos cómo Conrad se endurece y cómo intenta luchar contra la perversa maquinaria colonial.

Los personajes secundarios que aparecen a lo largo del relato representan de manera muy acertada los estereotipos de los europeos que viajaban a África a hacer fortuna; pero son los personajes africanos los que nos permiten ser testigos de la vileza de la colonización. Los castigos físicos, las cargas de trabajo sobrehumanas y el desprecio de la mayoría de europeos muestran los costes del gran negocio con el que las élites europeas se enriquecieron.

En cuanto al dibujo de Tom Tirabosco, creo que se adapta perfectamente al tono del relato. El blanco y negro, conseguido mediante la técnica de la monotipia, consigue reflejar perfectamente la opresión del viaje a través de la jungla y el sufrimiento del protagonista y de los africanos con los que se encuentra. Las composiciones son bastante sencillas, pero cumplen su función y  la historia avanza con fluidez. Destacan algunas viñetas de gran tamaño, con una gran belleza visual.

Por último, me ha parecido una gran idea la inclusión al final del cómic de unas páginas anexas en las que Christian Perrissin relata la biografía de Conrad y explica la influencia en su obra del viaje al Congo. Asimismo, Perrissin nos habla de los personajes secundarios que aparecen en el cómic y de los personajes históricos que representan. No soy capaz de imaginar un mejor colofón a esta imprescindible novela gráfica sobre uno de los momentos más terribles de la Historia Contemporánea de África y de Europa.