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Lamia

Lamia, de Rayco Pulido (Astiberri)

El trabajo de Rayco Pulido en Nela me pareció excelente, pero con Lamia se ha superado. Empezando por la hipnótica portada y acabando en una contraportada con un detalle magnífico en el código de barras, todo en el cómic del autor canario está estudiado hasta el milímetro. Tras haber trabajado con guionista y haber adaptado una novela de Benito Pérez Galdós, el dibujante ha sido autor completo en esta ocasión.  El resultado es una obra que se sitúa claramente entre lo mejor que se ha publicado en 2016.

Lamia, nombre que proviene de la mitología clásica – un ser con cabeza de mujer y cuerpo de dragón, temido por su capacidad de seducción sobre los hombres -, nos lleva a la Barcelona de 1943. La guerra civil había finalizado escasamente cuatro años antes y sus efectos eran evidentes. El nacionalcatolicismo impuesto por el régimen dictatorial de Francisco Franco, con la Iglesia como gran aliada, estaba dando forma a una nueva sociedad. El conservadurismo, el deseo de venganza y el machismo campaban a sus anchas y llegaban a todas las capas sociales.

El papel de la mujer estaba restringido al de ama de casa, sufriente esposa y abnegada madre. Especialmente el hecho de ser madre era lo que realizaba y completaba a una mujer de la España de la posguerra. La influencia de la jerarquía eclesiástica era palpable en todos los ámbitos de la vida cotidiana, aunque una de las formas más sutiles y más efectivas para llegar a una gran número de amas de casa era el famoso programa de radio Consultorio sentimental y de belleza de Elena FrancisA la famosa y, como se sabría muchos años después, ficticia doctora le llegaban miles de cartas de mujeres que le pedían consejo. Los valores que este programa transmitía eran de un machismo descarnado y básicamente se resumían en la anulación de cualquier libertad femenina, puesto que la esposa siempre debía complacer a su marido y resistir ante cualquier situación desagradable.

En este contexto sitúa el autor su historia. Lamia es una novela negra en la que Rayco Pulido utiliza con maestría los múltiples recursos del cómic para construir el relato. La trama, que el propio autor define como farsa en 18 capítulos es un rompecabezas que va encajando progresivamente. Uno de los grandes aciertos del autor es el ritmo con el que nos va descubriendo los acontecimientos y las relaciones entre los pintorescos personajes. La estructura, marcadamente simétrica está definida por un punto de inflexión hacia la mitad del cómic que, al menos en mi caso, cambia completamente la percepción de lo que hemos leído hasta entonces.

En diversas entrevistas el dibujante canario pedía a quienes reseñamos cómics que tratáramos de no desvelar detalles de la trama, ya que quería que el lector se situara frente a la obra de la manera más limpia posible y por tanto, dejo en vuestras manos el descubrimiento de los innumerables giros y detalles de un guión trabajadísimo. Fijaos en los personajes, en las situaciones cotidianas, en la muy pensada sucesión de planteamiento, nudo y desenlace y dejaos llevar de la mano de Pulido y Laia – la protagonista – a un argumento que seguro os sorprenderá.

A nivel gráfico Lamia está a un nivel altísimo. La fuerza del blanco y negro ya mostrada en Nela adquiere aquí un tono aún mayor, ya que los marcados contrastes y los juegos con las sombras tienen un papel fundamental en la historia. Impresiona la complejidad de algunas viñetas, con tramas muy complejas y bellas composiciones, e impresiona más que Rayco Pulido haya llevado a cabo todo el trabajo a mano. Los personajes, cuyos rasgos caricaturescos rememoran a los personajes del tebeo clásico, proyectan la expresividad necesaria en cada momento y en cada situación, desde la más grotesco hasta la más discreta, siempre en beneficio del relato.

Pese no haber priorizado la documentación y no haber tratado de reconstruir una Barcelona con gran exactitud histórica, el dibujo construye con acierto la atmósfera de la Barcelona gris de los años cuarenta. Una segunda lectura permite reconocer multitud de detalles situados a lo largo del cómic, con guiños a la capital catalana como los nombres de las calles en catalán, que aunque anacrónicos, dotan de personalidad a los escenarios. Los edificios típicos de l’Eixample o las estrechas calles del centro histórico enmarcan la acción y sirven para mostrar la desigualdad económica y social de la época. Es destacable también la fiel reproducción de objetos y mobiliario típicos de ese periodo.

Aunque Lamia, a diferencia de la mayoría de obras reseñadas en el blog, no tenga vocación de cómic histórico; la inclusión de un contexto tan reconocible y tan bien recreado lo hace un cómic notable en este sentido. El franquismo, tantas veces silenciado e incluso dulcificado, fue un régimen opresor para la población española en general, pero las mujeres sufrieron una doble opresión que está fielmente representada por parte de Rayco Pulido. Si además su lectura es adictiva y su dibujo excepcional, Lamia se convierte por derecho propio en una de las grandes obras del año.

PD: os invito a que visitéis el blog de Rayco Pulido donde incluye materiales y reflexiones realmente interesantes sobre su trabajo.

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Jamás tendré 20 años

Jamás tendré 20 años, de Jaime Martín (Norma Editorial)

Tras indagar en los recuerdos de sus padres para crear ese gran cómic que es Las guerras silenciosasJaime Martín fue consciente que la historia de sus abuelos maternos también era digna de ser dibujada. Se llegó a plantear incluirla junto con la de su progenitor en la guerra de Ifni, pero finalmente decidió que la entidad del relato merecía un cómic independiente. Por lo tanto, aunque ha sido publicada dos años después, (tres años después en Francia) cronológicamente Jamás tendré 20 años es anterior a Las guerras silenciosas, a pesar de que ambas comparten diversos personajes y algunos hechos se llegan a solapar. La memoria familiar del dibujante de l’Hospitalet vuelve a protagonizar un cómic y de nuevo ese relato tan personal es fiel reflejo de toda una época y de toda una generación: los que sufrieron y perdieron la guerra y después tuvieron que arreglárselas para sobrevivir a las represalias y el hambre de la posguerra.

La acción se inicia con una comida familiar en el campo, que permite al autor reflexionar sobre las reacciones de sus abuelos ante cosas aparentemente inocuas como los juegos de guerra de sus nietos. Lágrimas que no tenían sentido para unos niños de los años 70, pero que escondían una trágica historia.

Isabel vivía en Melilla con sus padres, en un entorno tremendamente humilde. Trabajaba en el servicio doméstico de un coronel leal a la república, aunque su pasión era la costura. No había aprendido a leer, pero eso no le impedía tener inquietudes intelectuales y frecuentar los debates del pequeño círculo que conformaban sus amigos: los anarquistas de Melilla. Cuando los militares rebeldes iniciaron el golpe de estado en la ciudad norteafricana, el 17 de julio de 1936 – un día antes que en la península -, Isabel se vio obligada a huir para escapar a una muerte segura. Sus compañeros fueron perseguidos y fusilados, hecho que la marcó para siempre. Ella recibió la ayuda del coronel y pudo escapar hacia Orán. Desde allí, vía Marsella, consiguió llegar al barrio de Santa Eulalia de Hospitalet de Llobregat, en la periferia de Barcelona, donde residían unos familiares.

Al mismo tiempo, Jaime – el abuelo del dibujante – se había alistado como voluntario en la columna Carlos Marx, que había salido de la capital catalana para luchar en el frente de Aragón contra los fascistas. Poco después de llegar al frente, Jaime recibió una carta que le informaba del precario estado de salud de su madre. Regresó rápidamente a casa y allí encontró a la sobrina de su vecina, a la cual no conocía, cuidando de su madre. Era Isabel.

Las terribles vivencias de Jaime durante el conflicto bélico, siempre jalonadas de anécdotas que muestran el poco valor que tenía la vida durante esos años, configuran la segunda parte de la trama. La documentación llevada a cabo por Jaime Martín ha sido exhaustiva y se hace notar en aspectos como los uniformes, el armamento o los vehículos. El miedo, el valor y la esperanza conforman los recuerdos de su abuelo, quien consiguió escapar en diversas ocasiones de la muerte. Es muy interesante la forma en que el autor ha recreado la experiencia bélica de Jaime: sus ficticias cartas a Isabel permiten ir narrando los acontecimientos mediante los cuadros de texto incluidos en las viñetas.  Cuando acabó la guerra, aunque desolado, pudo volver a casa. Le esperaban Isabel y la represión que iba a implantar el régimen de Franco.

En Hospitalet iniciaban una nueva etapa. Estaban juntos, pero tenían que afrontar la miseria y el miedo a venganzas y represalias. De nuevo, Jaime sorteó la tumba de forma casi milagrosa, esta vez en un lugar muy cercano a su hogar. Isabel tuvo que buscar la forma de sacar adelante a la familia, que ya contaba con tres miembros. Sus raíces melillenses le permitieron introducirse en el contrabando de tabaco. Es espeluznante observar cómo se veía obligada a utilizar a sus hijas para sortear a las fuerzas policiales, quienes además siempre recibían su correspondiente soborno.

Tras comprender que el estraperlo no podía ser una opción válida a largo plazo, Isabel y Jaime estudiaron sus escasas posibilidades y entraron en el mundo del vidrio. El reciclaje, algo aparentemente tan moderno, era el sustento de miles de familias en la paupérrima España franquista. El esfuerzo y dedicación de Jaime y sus tres hijas limpiando y transportando botellas y frascos de todo tipo, junto con la visión comercial y el arte negociador de Isabel consiguieron que la familia fuera prosperando poco a poco. La primera radio o el primer coche del barrio contrastaban con las calles sin asfaltar y la pobreza generalizada de sus vecinos.

Las tres hijas del matrimonio, la madre del dibujante y sus dos hermanas, protagonizan el final de la obra. El papel de la mujer bajo el franquismo estaba reducido a aprender a hacer las tareas del hogar y encontrar marido, pero Encarna – madre de Jaime Martín -, como ya habíamos visto en Las guerras silenciosas no estaba dispuesta a dejar que los demás decidieran su futuro. A pesar de las presiones familiares, fue ella y solo ella la que decidió con quien iba a compartir su vida. No le pudo dar una mayor alegría a su padre.

Jaime Martín ha mantenido algunos de los elementos que hicieron brillar su anterior obra. El color sigue teniendo un papel fundamental, aunque obviamente la paleta cromática ha cambiado para reflejar nuevas situaciones: la dureza de la guerra, las dificultades de la primera posguerra y la esperanza de los años 60. Ante la imposibilidad de utilizar fotografías para ilustrar la acción – como había hecho en el cómic sobre su padre -, el dibujante ha optado por recrear los escenarios a partir de imágenes de archivo y de los recuerdos familiares. El resultado sigue siendo ejemplar. Sin grandes innovaciones en las composiciones de página, siempre al servicio de la narración, en esta ocasión es destacable la abundante inclusión de viñetas panorámicas, especialmente bellas cuando retratan paisajes. Los característicos personajes son muy expresivos y consiguen que nos identifiquemos plenamente con ellos.

Jamás tendré 20 años, cuyo título refleja la pérdida que experimentó toda una generación, es un sentido homenaje que Jaime Martín rinde a sus abuelos; pero al mismo tiempo es un tributo a millones de personas que sufrieron la guerra y sus consecuencias. Millones de vidas truncadas, millones de historias individuales que configuran la memoria histórica de una época oscura que algunos desean enterrar en el olvido. La guerra civil empezó hace más de ochenta años, cada vez quedan menos testimonios directos del conflicto y es imprescindible preservarlos. Esta obra es una gran contribución a esta labor, pero además es un gran cómic. La unión de ambos aspectos lo convierten en una obra fundamental.

PD: Os invito a visitar la web de Jaime Martín, donde podréis ver bocetos y otros materiales originales de la obra.

El convoy

El convoy, de Torrents, Lapière y Froidebise (Norma Editorial)

La guerra civil española es una de las grandes tragedias del siglo XX, de modo que ha servido como inspiración para multitud de obras en prácticamente cualquier medio de expresión. El cómic no ha sido ajeno a este hecho, y especialmente en los últimos años son bastantes las obras que se han acercado a diversos aspectos del conflicto. (En el apartado La II república y la guerra civil del blog tenéis varios ejemplos). En este caso, El Convoy nos habla del exilio a Francia y de la dura realidad con que se encontraron los refugiados españoles que huían de la barbarie franquista. (Por si os interesa profundizar, sobre el exilio en el cómic escribí hace unos meses en el número 4 de CuCo Cuadernos de Cómic).

El dibujante Eduard Torrents y el guionista Denis Lapière colaboraron para dar forma a esta historia de ficción que incluye algunos episodios de la historia familiar del dibujante. La premisa es bastante convencional, con una doble línea temporal y una protagonista que une el pasado situado en la guerra y el presente. Pero hay algo que hace a este cómic bastante original: el presente se sitúa en la Barcelona de noviembre de 1975 y no en la actualidad. La acción nos traslada, por tanto, a los días inmediatamente anteriores al fallecimiento del dictador Francisco Franco. El contraste entre el final de la guerra civil y el final del franquismo resume 40 oscuros años de la historia de España.

Fueron cientos de miles las familias que quedaron destruidas durante la guerra. La situación para los republicanos era terrible y la única alternativa a la represión franquista era emprender el camino del exilio. El cruce de los Pirineos en el invierno de 1939 dejó algunas de las imágenes más impactantes de todo el conflicto bélico y Eduard Torrents ha hecho un gran trabajo trasladando estas escenas a viñetas. Un vez en Francia, los refugiados se encontraron con unas autoridades muy hostiles y fueron recluidos en unos campos con unas condiciones pésimas. El cómic refleja con crudeza la desesperación y la miseria que imperaban en estos tétricos lugares y el alivio que suponía conseguir un trabajo y recuperar la dignidad.

Los recuerdos infantiles de Angelita, la protagonista, marcan la linea argumental de la historia; pero es el estado de salud de su madre el elemento que provoca que descubra la parte de su historia familiar que desconocía. Un viaje a Barcelona, un encuentro inesperado y todo aquello que daba por descontado se transforma y adquiere nuevos significados.

Otro aspecto interesante es que el cómic de Torrents y Lapière recupera la historia del Convoy de los 927, los primeros españoles que fueron deportados a Mauthausen. Este es uno de los episodios más terribles que padecieron los refugiados españoles, que tras huir de la venganza salvaje de Franco se encontraron con los criminales actos del nazismo.

A nivel gráfico, el trabajo de Torrents es muy bueno. La influencia de la línea clara es evidente y permite que la atención recaiga en la historia que los autores desean explicar. El trabajo de documentación fue exhaustivo y se deja notar en una ambientación excelente. La recreación de algunos de los edificios más emblemáticos de Barcelona es sencillamente espectacular, sobretodo la del Hospital de Sant Pau, que además tiene un papel central en el relato. Los personajes son expresivos y permiten que nos identifiquemos con sus emociones. Por último, el uso del color es realmente efectivo y permite a Torrents crear viñetas de una gran belleza.

En resumen, El convoy es un cómic muy recomendable. La publicación en un único volumen, a diferencia de la edición francesa original en dos tomos, ha sido un gran acierto por parte de Norma. Es una historia redonda y a pesar de que cae en algunos lugares comunes sobre la guerra civil y el exilio, la visión que da de estos dos episodios es bastante acertada. La memoria histórica, en esta ocasión a través de la memoria familiar, es un elemento central en la obra y el resultado es totalmente satisfactorio. La inclusión de la historia del Convoy de los 927 hace que mi valoración sea aún más positiva y que considere El Convoy uno de los cómics más indicados para trabajar en la educación secundaria.

PD: Vale la pena echar un vistazo a la página web de Eduard Torrents, en la que podréis ver algunos bocetos y viñetas y los comentarios del dibujante sobre su trabajo.

Fútbol. La novela gráfica

Fútbol. La novela gráfica, de Santiago García y Pablo Ríos (Astiberri)

A priori Fútbol. La novela gráfica no tenía cabida en este blog, ya que no reflejaba ningún acontecimiento histórico ni describía la situación de un periodo histórico concreto. Pero tras la lectura, muy placentera, creo que este cómic encaja perfectamente en la sección Mundo actual. Santiago García y Pablo Ríos, con la excusa de hablar sobre una de sus pasiones – el fútbol -, crearon una obra que va mucho más allá del deporte y que retrata de manera brillante la sociedad española de finales del siglo XX e inicios del siglo XXI.

Me gusta mucho el deporte en general y el fútbol en particular, así que cuando me decidí a leer la obra de García y Ríos intuía que me iba a gustar. Me esperaba una narración tradicional centrada en algunos de los momentos más trascendentes de este deporte o en las grandes gestas, quizás en la realidad oculta que no aparece en los medios. Era posible también una historia centrada en los hinchas, parte esencial del juego, pero generalmente olvidada. Pero estaba equivocado, Fútbol. La novela gráfica va mucho más lejos y es mucho más original.

El cómic empieza con una explicación de la Teoría de Juegos aplicada al fútbol, con un gráfico ejemplo de su uso en la lucha entre Marvel y DC por la preeminencia en el mercado de cómics americano. Después, el protagonista, con un claro parecido físico a Santiago García, narra el origen de su pasión por el fútbol gracias a la relación con su padre, ex-futbolista profesional. A partir de ese momento, el cómic se convierte en una sucesión de historias breves muy bien enlazadas que permiten a los autores abordar grandes temas que afectan no solo al fútbol sino también a la sociedad en su conjunto.

Muchos son los temas de interés que tratan Santiago García y Pablo Ríos: la homosexualidad en el deporte de élite, con la maravillosa historia de Koldo y Aitor; el machismo imperante en el fútbol, extensible al resto de la sociedad, de la mano de Julia, otro personaje espléndidamente construido; el papel social del arte, gracias a Chuliá y su deseo de utilizar el fútbol profesional como medio de expresión artístico; la corrupción política vinculada a la burbuja inmobialiaria y al balompié, mediante una especie de Jesús Gil de Torremolinos o como decía al principio, la teoría de juegos y su aplicación en el deporte rey. Pero por encima de todos ellos, el gran tema del cómic es la dualidad entre realidad y ficción.

El fútbol ha adquirido su posición central en nuestra sociedad gracias a la combinación de elementos reales y a la construcción de mitos en torno a él. García y Ríos muestran con fino sentido del humor y ligera ironía el proceso mediante el cual se construyen estos pasajes míticos de la historia del fútbol. Dos de los ejemplos que utilizan los autores son el equipo Cosmos, de un pueblo de la sierra de Madrid, sobre el que vecinos y rivales se ponen de acuerdo muchos años después en torno a su peculiaridad y la película Evasión o Victoriaseguramente el ejemplo más conocido de ficción futbolística, aunque esté basada – muy libremente – en hechos reales.

El apartado gráfico del cómic también tiene un nivel altísimo. El dibujo de Pablo Ríos, de trazos desdibujados, tiene una gran expresividad y sus personajes con aire caricaturesco funcionan perfectamente para transmitir el punto irónico que atraviesa toda la obra. La composición de página es constante, con seis viñetas por página en tres filas de dos viñetas cada una, con la excepción de un par de de viñetas a doble página realmente espectaculares, situadas al inicio y al final de la obra para dotar de simetría al conjunto.

El conjunto general es muy bueno, aunque el eje central de la parte gráfica es el color. Pablo Ríos demuestra una gran habilidad para utilizarlo como elemento narrativo, ya que prácticamente cada historia dispone de una paleta diferente. La historia de Koldo y Aitor ejemplifica como el color se puede convertir en un aspecto esencial en una narración y y no solo cumplir con su finalidad estética.

En resumen, Fútbol. La novela gráfica es un gran cómic que interesará tanto a los aficionados al fútbol como a los que no lo sean pero quieran conocer desde otro punto de vista algunas de las características fundamentales de nuestra sociedad. Su lectura es muy amena y divertida, pero al mismo tiempo son multitud las reflexiones trascendentes que contiene, hecho que permite una lectura a diversos niveles. El fútbol es uno de los elementos esenciales para comprender la sociedad contemporánea y este cómic nos ayuda a visualizar muchos de los porqués.

Como dice la contraportada: “El fútbol es misterio. El fútbol es pasión. El fútbol es sexo. El fútbol es negocio. El fútbol es política. El fútbol es todo”. 

Barcelona. Los vagabundos de la chatarra

Barcelona. Los vagabundos de la chatarra, de Jorge Carrión y Sagar (Norma Editorial)

El cómic periodístico o periodismo en viñetas, las etiquetas no importan, está  viviendo un gran auge en los últimos años. Autores como Joe Sacco o Guy Delisle y obras como El fotógrafo han mostrado, desde enfoques totalmente diferentes, las enormes posibilidades de este género. Hasta el momento las historias que estos cómics narraban eran lejanas, incluso exóticas en muchas ocasiones, pero Barcelona. Los vagabundos de la chatarra recrea una realidad muy cercana. Además, como destaca Javier López Menacho en La Réplica, por primera vez el periodismo en cómic se hace a cuatro manos y no a dos.

El escritor Jorge Carrión – guionista de la obra – y el dibujante Sagar Forniés concibieron este cómic como un reportaje sobre el mundo de la chatarra en la capital catalana. Para ello, como haría cualquier buen periodista, fueron a visitar los lugares emblemáticos de este negocio y trataron de hablar con sus protagonistas. A lo largo del cómic los autores muestran cómo la presencia del cuaderno de dibujo en lugar de la  cámara les facilitó las cosas, ya que era un medio de acercamiento menos agresivo para los entrevistados.

La narración abarca un año, desde el emblemático 11 de septiembre de 2012, con la gran manifestación que tuvo lugar en Barcelona, hasta el 11 de septiembre de 2013, con el independentismo en pleno auge. Bajo los grandes acontecimientos, que constituyen el contexto en el que se desarrollan las diversas historias, Carrión y Forniés se centran en la realidad oculta de la ciudad, que solo aparece en los grandes medios cuando sucede una tragedia. Desde el puerto hasta las naves industriales okupadas en Poblenou pasando por la construcción del nuevo mercado de los Encantes, los escenarios en los que tienen lugar los paseos en bici de los autores son muy reconocibles para cualquiera que conozca mínimamente Barcelona.

La galería de personajes del cómic es realmente especial y muestra la heterogeneidad de las gentes que participan en el negocio de la chatarra. Trabajadores del puerto que quieren mantenerse en el anonimato, inmigrantes subsaharianos que llevan muchos años luchando por prosperar en la idílica Europa, un expresidiario rumano que trata de sacar adelante a su familia… Lo mejor de la obra, en mi opinión, es la construcción – el retrato – de estos personajes, especialmente de Vasile, un chatarrero rumano que recorre cada día decenas de kilómetros con su carro de supermercado; y de Abudu, un senegalés que ha tenido una vida muy difícil y que se ha convertido en una especie de líder de los africanos que viven en la nave de la calle Puigcerdà.

Aprovechando al máximo las posibilidades que ofrece el cómic, Carrión y Forniés utilizan múltiples tipologías textuales para dotar de mayor profundidad a su relato. Informes a página completa que explican los orígenes y el desarrollo histórico de los Encantes conviven con los tweets del Ayuntamiento de Barcelona cuando los okupas que se dedican a la chatarra son desalojados. La necesaria reflexión que exige plasmar esta investigación en cómic, hace que esta obra sea un reportaje mucho más completo, y personal – elemento esencial -, que cualquier información que podamos encontrar en un medio de comunicación tradicional.

A nivel gráfico, el dibujo de Sagar es realmente espectacular y consigue transmitir la inmediatez de las entrevistas al mismo tiempo que reconstruye unos escenarios completamente fieles a la realidad. El trazo desdibujado y un gran uso del color hacen que la obra tenga una atmósfera muy característica. Las composiciones de página están muy trabajadas y la multitud de planos que utiliza Sagar dotan al cómic de un tono cinematográfico que funciona realmente bien.

lINT012034515Barcelona-la-chatarra1A la manera de Joe Sacco, los autores aparecen como personajes del cómic, de modo que en todo momento tenemos claro que el relato es subjetivo. En ningún momento afirman que Barcelona. Los vagabundos de la chatarra sea la verdad, es tan solo su verdad y éso, en los tiempos que corren en el periodismo, es digno de admirar. Los anexos incluyen una entrevista en formato cómic que realizaron los autores al propio Sacco en una visita de éste a Barcelona en la que se reflexiona sobre la naturaleza del periodismo, sobre el compromiso ético del periodista y sobre las posibilidades del cómic en este género.

Por último, es destacable la página web que han creado los autores junto a Norma Editorial, en la que se incluyen materiales muy interesantes: desde una guía didáctica a noticias relacionadas con los temas reflejados en el cómic. También son interesantes las ilustraciones y los bocetos que Sagar publicó en su blog.

En definitiva, la obra de Jorge Carrión y Sagar Forniés es muy recomendable, por la temática, por la forma en que está tratada y porque es periodismo en cómic sobre una realidad cotidiana que todos y todas hemos visto alguna vez. Es una gran manera de acercarnos a las tremendas desigualdades que existen en nuestras ciudades y que generalmente quedan alejadas del gran foco informativo. Una gran lectura con muchos aspectos sobre los que reflexionar.

 

El invierno del dibujante

El invierno del dibujante, de Paco Roca (Astiberri)

Después del apabullante éxito de ArrugasPaco Roca volvió a conquistar el favor de público y crítica con El invierno del dibujante, su particular homenaje a toda una era de la historieta española: la época de la Editorial Bruguera. Fue en 1957, en pleno franquismo, cuando cinco de sus dibujantes más importantes (Conti, Cifré, Escobar, Giner y Peñarroya) trataron de establecerse por su cuenta, con la creación de la revista Tío Vivo. Éste es el episodio con el que Paco Roca consigue retratar el mundo del cómic en la Barcelona de los 50.

En esa época los autores padecían una situación muy complicada, ya que los contratos establecían que los personajes y todas sus creaciones eran propiedad de la editorial y ellos tan sólo recibían un sueldo, más o menos digno, a cambio de su trabajo. Ante esta situación, los protagonistas de la obra decidieron cambiar las cosas con la creación de una nueva revista dirigida a un público más adulto y en la que ellos tuvieran el control total.

A finales de los años 50, en una España controlada férreamente por el régimen, que unos trabajadores de una de las industrias culturales más importantes de la época crearan una cooperativa fue algo revolucionario. Aunque finalmente el nuevo proyecto no obtuvo el éxito deseado, al menos sirvió para mostrar a los propios dibujantes su valor; y a los empresarios del sector, que tenían que mejorar las condiciones de sus trabajadores.

Paco Roca narra las vivencias de este grupo mediante flashbacks y flashforwards, y para resaltar la estructura temporal del cómic utiliza el color. Las cuatro franjas temporales en que el autor valenciano divide la acción cuentan con páginas de un color distinto. Gracias a este recurso, sabemos en qué momento de la historia se sitúan las viñetas que estamos leyendo.

 

Además del mundo de la historieta, también es protagonista de la obra la Barcelona de los años 50. Para representarla lo más fidedignamente posible, Paco Roca se sirvió de diversos recursos: las fotografías de Català Roca; las películas de la época y los primeros programas de televisión. Gracias a estas fuentes y a la observación directa de la ciudad, en la que aún quedan vestigios de las décadas de los 50 y 60, el autor valenciano fue capaz de recrear este periodo concreto de la historia de la capital catalana.

En definitiva, El invierno del dibujante es una novela gráfica esencial para comprender la evolución del sector editorial del cómic en España, y además, es un muy buen retrato de las relaciones laborales durante el régimen franquista y de la Barcelona de la posguerra. Una gran lectura.

Las serpientes ciegas

Las serpientes ciegas, de Hdez. Cava y B. Seguí (Bd Banda) També disponible en català (Inrevés Edicions)

Las serpientes ciegas ganó el Premio Nacional de Cómic del 2009, hecho que muestra la gran calidad de esta obra. La historia creada por Felipe Hernández Cava y dibujada por Bartolomé Seguí nos lleva al Nueva York de 1939, y mediante flashbacks, también a diversos escenarios de la Guerra Civil española.

El tono de novela negra es evidente desde el principio, en el que vemos como un enigmático personaje vestido de rojo (color fundamental en la historia) llega a Nueva York en busca de Ben Koch. Poco a poco vamos descubriendo que Koch participó en las Brigadas Internacionales que combatieron el fascismo en la guerra civil. Gracias a los flashbacks, fundamentales en la obra, también vemos los inicios del Partido Comunista americano y la persecución a a la que sus miembros fueron sometidos.

De la mano de Ben Koch también viajamos a la convulsa Barcelona del mayo de 1937, con los enfrentamientos entre anarquistas y comunistas; y posteriormente, en 1938 a uno de los escenerios más decisivos de la guerra civil: la batalla del Ebro. Gracias a estos flashbacks, asistimos al crecimiento personal de Koch y a su pérdida de la inocencia.

El dibujo de Seguí,  aunque muy diferente del de la mayoría de su obra, se adapta perfectamente al ambiente oscuro de Nueva York y a su fascinante arquitectura. El uso del color es fundamental en Las serpientes ciegas, destacando en los momentos trascendentales de la obra y especialmente en los capítulos finales.

Por último, en mi opinión, lo mejor del cómic es su retrato crítico de una época de grandes esperanzas, pero al mismo tiempo de una época de grandes frustraciones. La reflexión en torno al idealismo, al egoísmo y la generosidad propios de la naturaleza humana y en torno a la creación de la memoria son muy acertadas. Además, el final es antológico.