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La voz que no cesa

La voz que no cesa. Vida de Miguel Hernández, de Ramón Boldú y Ramón Pereira (Astiberri)

Miguel Hernández es uno de los grandes nombres de la literatura española del siglo XX. Como la de tantos otros grandes artistas y literatos, su vida quedó profundamente marcada por la Guerra Civil. Sus orígenes humildes, su prematura muerte y su fantástica obra poética lo convirtieron en una figura prácticamente legendaria. Ramón Pereira y Ramón Boldú crearon en 2014, con la desaparecida editorial EDT (Editores de Tebeos) esta biografía en forma de cómic. Con motivo del 75 aniversario de la muerte del poeta, y en esta ocasión de la mano de Astiberri, han ampliado la obra para incluir algunas escenas trascendentes que no tenían cabida en la edición original. Con prólogo de Joan Manuel Serrat, La voz que no cesa es una manera inmejorable de acercarse a la vida y obra del poeta de Orihuela.

El cómic de Pereira y Boldú recorre los 31 años de vida de Miguel Hernández, dedicando especial atención a su formación, a los conflictos con su padre, a su vida amorosa y a sus relaciones con otros intelectuales en sus estancias en Madrid. La sucesión de anécdotas, muy bien enlazadas, permite a los autores retratar la evolución personal del protagonista, al tiempo que describen el contexto en el que surgió un artista de su talla. La Orihuela de principios de siglo era un buen ejemplo del atraso y la desigualdad que dominaban la España rural de la época. Miguel Hernández pudo asistir a la escuela tan solo unos pocos años, ya que la prioridad de su padre era que colaborara con la economía familiar haciendo de pastor de cabras.  Pese a ello, el amor de Miguel por la poesía y por el teatro hicieron de él un gran lector. Y con el tiempo, un gran escritor.

Poco a poco fue entrando en contacto con el pequeño mundo de la cultura local. Colaboraba con revistas literarias e incluso llegó a ganar algún premio. Sus amigos le ayudaban económicamente y el religioso Luis Almarcha trataba de impulsar su carrera. El poeta oroliano, no obstante, tenía un objetivo claro: viajar a Madrid y labrarse allí una sólida trayectoria literaria. Cuando consiguió visitar la capital, el 31 de diciembre de 1931, gracias a diversos contactos, tuvo la ocasión de conocer a buena parte de los grandes nombres de su tiempo: Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca… Las dificultades económicas le impidieron seguir en Madrid y se vio obligado a volver a Orihuela, pero a pesar de todo esta experiencia fue muy enriquecedora y le permitió dar un gran impulso a su obra.

Eran tiempos muy convulsos para España y Miguel tenía muy claro su posicionamiento político, siempre al lado de los desfavorecidos. Cuando el golpe de estado del 18 de julio de 1936 dio inicio a la Guerra Civil, se alistó en el bando republicano y mostró de nuevo su compromiso. Durante el conflicto bélico llevó a cabo diversas funciones, desde comisario político a soldado raso. Su consideración como uno de los referentes culturales de la República y su pertenencia al Partido Comunista lo llevaron a Moscú durante el Festival de Teatro Soviético. A su vuelta, le asignaron la labor de acompañar al frente a los soldados e infundirles valor mediante sus escritos y sus arengas. Allí conoció la verdadera naturaleza de la guerra, pero el contacto directo con quienes se sacrificaban por unos ideales hizo que su compromiso político se mantuviera inquebrantable.

Al finalizar la guerra, buena parte de los intelectuales españoles se exilió a Francia o a América, pero Miguel Hernández volvió a Orihuela a los brazos de su amada Josefina. Allí, tras intentar vivir de forma más o menos clandestina, fue detenido y encarcelado. Fue condenado a muerte, pena que le fue conmutada, pero su precaria salud le impediría volver a vivir en libertad. Ramón Pereira y Ramón Boldú han estado particularmente acertados con el tratamiento que han dado al encarcelamiento del poeta. Pese a lo indigno de la situación, han conseguido retratar a un Miguel Hernández que conserva intacta su humanidad hasta el final de sus días.

Uno de los aspectos más interesantes del cómic es la inclusión de parte de la obra poética del protagonista en el relato. No solo los autores han recreado las situaciones en las que los poemas o las obras de teatro fueron compuestas, sino que han conseguido que tengan un papel narrativo destacado. Algunas de sus obras más conocidas, de hecho, tienen un papel fundamental en el cómic: la elegía a su gran amigo Ramón Sijé, Perito en lunas El rayo que no cesa, evidente inspiración para el título del cómic.

A nivel gráfico el trabajo de Boldú es excelente. Consigue adecuar su dibujo tanto al costumbrismo con toques humorísticos que recorre gran parte de la obra como a la acción y el dinamismo de la guerra. Las composiciones de página están muy trabajadas, no solo a nivel de viñetas, también con la rotulación y el uso de los textos de los poemas de Miguel Hernández como elementos narrativos. Es destacable asimismo el toque caricaturesco de los personajes, especialmente cuando hacen su aparición los grandes personajes literarios que intervienen en el relato.

El género biográfico tiene un largo recorrido en el cómic, ya que es una puerta de entrada inmejorable a la vida de personajes históricos trascendentes. En el caso de La voz que no cesa, dos aspectos lo convierten en una obra redonda: por un lado la propia vida de Miguel Hernández, llena de momentos dignos de ser narrados; y por el otro, la perfecta mezcla de vida y obra que han conseguido crear Pereira y Boldú. Relatar la vida de un poeta que vivió una época tan convulsa es interesante, pero si además, sin perder fluidez, se consigue incluir su obra poética, el trabajo adquiere un nuevo valor. Una gran manera de conmemorar el 75 aniversario de la muerte de uno de los más grandes escritores del siglo XX.

 

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La grieta

La grieta, de Carlos Spottorno y Guillermo Abril (Astiberri)

La situación geopolítica internacional se mueve a una velocidad vertiginosa. Si tan solo hacemos balance del año 2016 nos encontramos con la guerra de Siria, la victoria electoral de Donald Trump, el Brexit, conflictos bélicos en Sudán del Sur o la República Democrática del Congo, enfrentamientos en Ucrania, infinidad de atentados terroristas, el proceso de paz en Colombia, el fallecimiento de Fidel Castro…  Ante este mundo tan convulso, la estabilidad y la prosperidad que teóricamente garantiza la Unión Europea es uno de los pocos asideros que teníamos. Pero en los últimos años este hecho también ha dado un vuelco. La Unión Europea se está resquebrajando y Carlos Spottorno y Guillermo Abril han tratado de encontrar y analizar las grietas que la están dañando.

La grieta es una obra dura, pero tremendamente necesaria. Desde  la valla de Melilla hasta la frontera ártica entre Finlandia y Rusia, pasando por los Balcanes, ambos periodistas – Spottorno, fotógrafo y Abril, reportero – han visitado los lugares más calientes de los confines exteriores de la UE para tratar de comprender y de explicar los múltiples procesos que están afectando al macroestado europeo. Para ello se han valido de su dominio respectivo de la imagen y el texto y han creado un cómic realmente original: todas las viñetas son fotografías y los cuadros de texto nos relatan los acontecimientos que vemos reflejados en ellas, a la manera de un diario.

Los autores han explicado en diversas entrevistas que en primer lugar Carlos Spottorno creó un relato puramente gráfico, a partir de una selección de las 25.000 imágenes que habían tomado a lo largo de tres años; y después Guillermo Abril escribió los textos de apoyo. El objetivo era narrar y dotar de coherencia a lo que se veía en las viñetas – lo que no se ve, no existe –, sin dejar cabos sueltos. Estamos por tanto ante un híbrido entre un extenso reportaje y una novela gráfica. La influencia de las obras de dibujantes como Joe Sacco o Guy Delisle es evidente, pero si hay un cómic que dialoga directamente con La grieta, ese es El fotógrafo. La obra de Guibert, Lefèvre y Lemercier utilizaba conjuntamente fotografía y dibujo para narrar las andanzas de Didier Lefèvre acompañando a una misión de Médicos Sin Fronteras en Afganistán; aunque en La grieta no hay dibujo.

 

Tras una breve introducción, la narración se inicia con la visita de los autores a Melilla, donde toman conciencia de la gigantesca valla que separa Europa de África. En la ciudad autónoma visitan las dependencias de la guardia civil y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Posteriormente cruzan a Marruecos, donde dialogan con las personas que esperan en el monte Gurugú, en unas condiciones terribles, para tratar de cruzar la frontera. Es interesante la manera en que dan voz a los diferentes colectivos implicados y tratan de recabar las diferentes versiones de la situación.

A continuación, Spottorno y Abril se trasladan a los Balcanes, una de las puertas de entrada más utilizada por los refugiados – mayoritariamente sirios, iraquíes y afganos -, que tratan de llegar a Europa. En esta región es donde los periodistas entran en contacto con FRONTEX, el organismo encargado de coordinar las fronteras exteriores de la UE, y observan el funcionamiento de las fronteras con Turquía, seguramente las más delicadas del todo el continente europeo.

El periplo continúa en Lampedusa, la pequeña isla italiana al sur de Sicilia, que geográficamente está más cerca de África que de Europa. De nuevo visitan lugares imprescindibles para conocer el alcance del drama de los refugiados: un gran centro de acogida, el museo con restos de naufragios que ha creado un activista e incluso un avión y una fragata que trabajan en la localización y rescate de embarcaciones que transportan gente desde Libia hasta las costas italianas. El mar proporciona imágenes de gran belleza, pero también escenas de gran dramatismo, como la que ilustra la portada.

Siguiendo el estricto orden cronológico que marca la actualidad, Spottorno y Abril nos trasladan a finales de 2015, a las fronteras de Hungría, Croacia y Eslovenia. El gobierno húngaro, de extrema derecha, había militarizado la frontera y prácticamente la había sellado, de modo que los miles de refugiados, ahora ya en su mayoría sirios, fueron obligados a buscar otras formas de llegar a su ansiado destino. Incontables familias se trasladaban a pie, cargando con sus escasas pertenencias, con el objetivo de llegar a esa Europa idílica que los recibía con alambradas y gases lacrimógenos.

Por último, los autores se fijan en las fronteras del este. El conflicto ucraniano y unas maniobras de la OTAN en los países bálticos muestran una nueva grieta: las relaciones con Rusia. La visión que muestran los autores en esta ocasión es tan solo la versión occidental, que presenta a Rusia como un enemigo peligroso. A pesar de que los autores se muestran razonablemente críticos con las declaraciones de algunos militares atlantistas, se echa en falta la opinión de alguien del otro lado. Es la única pega que le encuentro a la gran labor periodística que han llevado a cabo Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

A nivel gráfico poco hay que decir que no se vea en las imágenes que adjunto en el texto. Visualmente estamos ante un cómic mayúsculo. Las fotografías han sido retocadas de forma que los negros han ganado en intensidad y los colores han quedado en parte difuminados, con un ligero efecto que recuerda al cine y la televisión en tecnicolor. Las composiciones de página tienen un papel fundamental en la narración, ya que dirigen nuestra vista hacia los aspectos que los autores consideran fundamentales. Las grandes imágenes, que en determinados momentos ocupan una página entera o incluso dos, transmiten una gran fuerza e invitan a la reflexión. La inclusión de mapas ayuda a estar siempre situados con exactitud, especialmente en las zonas más desconocidas.

La grieta es un cómic fantástico, sin duda uno de los mejores de 2016, pero va mucho más allá. Es una llamada a nuestra conciencia, un golpe de realidad en estos días inciertos. La organización política que ha conseguido setenta años de paz en el continente que fue asolado por las guerras más sangrientas de la Historia, el gran sueño que fue un día la Unión Europea se está desmoronando. Grietas entre norte y sur, entre este y oeste. Nacionalismos cada vez más poderosos que luchan por derruir la esencia de la Unión. Políticas austericidas y competencia fiscal entre estados. Privatizaciones y recortes en el estado del bienestar. Todos estos elementos están aniquilando lo que un día fue la Unión Europea. La novela gráfica de Spottorno y Abril es un brillante estado de la cuestión, pero en nuestras manos está hacer ver a nuestros dirigentes que tienen que cambiar el rumbo.

PD: os inivito a visitar la web promocional de La grieta para conocer más detalles sobre la obra.

Lamia

Lamia, de Rayco Pulido (Astiberri)

El trabajo de Rayco Pulido en Nela me pareció excelente, pero con Lamia se ha superado. Empezando por la hipnótica portada y acabando en una contraportada con un detalle magnífico en el código de barras, todo en el cómic del autor canario está estudiado hasta el milímetro. Tras haber trabajado con guionista y haber adaptado una novela de Benito Pérez Galdós, el dibujante ha sido autor completo en esta ocasión.  El resultado es una obra que se sitúa claramente entre lo mejor que se ha publicado en 2016.

Lamia, nombre que proviene de la mitología clásica – un ser con cabeza de mujer y cuerpo de dragón, temido por su capacidad de seducción sobre los hombres -, nos lleva a la Barcelona de 1943. La guerra civil había finalizado escasamente cuatro años antes y sus efectos eran evidentes. El nacionalcatolicismo impuesto por el régimen dictatorial de Francisco Franco, con la Iglesia como gran aliada, estaba dando forma a una nueva sociedad. El conservadurismo, el deseo de venganza y el machismo campaban a sus anchas y llegaban a todas las capas sociales.

El papel de la mujer estaba restringido al de ama de casa, sufriente esposa y abnegada madre. Especialmente el hecho de ser madre era lo que realizaba y completaba a una mujer de la España de la posguerra. La influencia de la jerarquía eclesiástica era palpable en todos los ámbitos de la vida cotidiana, aunque una de las formas más sutiles y más efectivas para llegar a una gran número de amas de casa era el famoso programa de radio Consultorio sentimental y de belleza de Elena FrancisA la famosa y, como se sabría muchos años después, ficticia doctora le llegaban miles de cartas de mujeres que le pedían consejo. Los valores que este programa transmitía eran de un machismo descarnado y básicamente se resumían en la anulación de cualquier libertad femenina, puesto que la esposa siempre debía complacer a su marido y resistir ante cualquier situación desagradable.

En este contexto sitúa el autor su historia. Lamia es una novela negra en la que Rayco Pulido utiliza con maestría los múltiples recursos del cómic para construir el relato. La trama, que el propio autor define como farsa en 18 capítulos es un rompecabezas que va encajando progresivamente. Uno de los grandes aciertos del autor es el ritmo con el que nos va descubriendo los acontecimientos y las relaciones entre los pintorescos personajes. La estructura, marcadamente simétrica está definida por un punto de inflexión hacia la mitad del cómic que, al menos en mi caso, cambia completamente la percepción de lo que hemos leído hasta entonces.

En diversas entrevistas el dibujante canario pedía a quienes reseñamos cómics que tratáramos de no desvelar detalles de la trama, ya que quería que el lector se situara frente a la obra de la manera más limpia posible y por tanto, dejo en vuestras manos el descubrimiento de los innumerables giros y detalles de un guión trabajadísimo. Fijaos en los personajes, en las situaciones cotidianas, en la muy pensada sucesión de planteamiento, nudo y desenlace y dejaos llevar de la mano de Pulido y Laia – la protagonista – a un argumento que seguro os sorprenderá.

A nivel gráfico Lamia está a un nivel altísimo. La fuerza del blanco y negro ya mostrada en Nela adquiere aquí un tono aún mayor, ya que los marcados contrastes y los juegos con las sombras tienen un papel fundamental en la historia. Impresiona la complejidad de algunas viñetas, con tramas muy complejas y bellas composiciones, e impresiona más que Rayco Pulido haya llevado a cabo todo el trabajo a mano. Los personajes, cuyos rasgos caricaturescos rememoran a los personajes del tebeo clásico, proyectan la expresividad necesaria en cada momento y en cada situación, desde la más grotesco hasta la más discreta, siempre en beneficio del relato.

Pese no haber priorizado la documentación y no haber tratado de reconstruir una Barcelona con gran exactitud histórica, el dibujo construye con acierto la atmósfera de la Barcelona gris de los años cuarenta. Una segunda lectura permite reconocer multitud de detalles situados a lo largo del cómic, con guiños a la capital catalana como los nombres de las calles en catalán, que aunque anacrónicos, dotan de personalidad a los escenarios. Los edificios típicos de l’Eixample o las estrechas calles del centro histórico enmarcan la acción y sirven para mostrar la desigualdad económica y social de la época. Es destacable también la fiel reproducción de objetos y mobiliario típicos de ese periodo.

Aunque Lamia, a diferencia de la mayoría de obras reseñadas en el blog, no tenga vocación de cómic histórico; la inclusión de un contexto tan reconocible y tan bien recreado lo hace un cómic notable en este sentido. El franquismo, tantas veces silenciado e incluso dulcificado, fue un régimen opresor para la población española en general, pero las mujeres sufrieron una doble opresión que está fielmente representada por parte de Rayco Pulido. Si además su lectura es adictiva y su dibujo excepcional, Lamia se convierte por derecho propio en una de las grandes obras del año.

PD: os invito a que visitéis el blog de Rayco Pulido donde incluye materiales y reflexiones realmente interesantes sobre su trabajo.

Soñadores

Soñadores. Cuatro genios que cambiaron la Historia, de Baudoin y Villani (Astiberri)

El relato tradicional de la Segunda Guerra Mundial se basa en los grandes acontecimientos – Stalingrado, Pearl Harbour o Normandía, entre otros – y en los grandes nombres – Hitler, Stalin o Churchill – ,  y evidentemente, es un relato incompleto. Millones de experiencias personales distintas conformaron la realidad de un conflicto bélico de dimensiones universales. Soñadores, el cómic del dibujante Edmond Baudoin con guión del matemático Cédric Villani, narra cuatro de estas pequeñas grandes historias y nos permite conocer a cuatro de las personas que más influyeron en el devenir de la guerra.

La obra está estructurada en dos partes que se van intercalando: por un lado, las conversaciones entre Baudoin y Villani en que reflexionan sobre los protagonistas, su legado y su reconocimiento y sobre la naturaleza del conocimiento científico; y por el otro, las historias de los tres científicos y el militar a los que hace referencia el título del cómic. Los monólogos de Werner Heisenberg, uno de los padres de la física cuántica cuyos estudios posibilitaron la fabricación de la bomba atómica, de Alan Turing, precursor de la informática y responsable de descifrar el código Enigma, de Leo Szilard, descubridor de la reacción nuclear en cadena e impulsor del Proyecto Manhattan y de Hugh Dowding, militar británico al mando de la RAF durante la batalla de Inglaterra, cargan con el peso narrativo del cómic.

Los autores no han creado un cómic biográfico al uso, han ido mucho más allá. Gracias a una gran labor de documentación y al profundo saber científico del guionista, Baudoin y Villani han conseguido dotar de vida a los personajes. Los cuatro hablan en primera persona y mientras narran los hechos de los que fueron partícipes van incluyendo sus reflexiones sobre lo que les tocó vivir. A pesar de la inclusión de abundantes explicaciones teóricas sobre complejos conceptos científicos, los autores han conseguido crear retratos muy personales y acercar al lector la voz de los cuatro genios.

En primer lugar, vemos a Heisenberg el 6 de agosto de 1945, el día del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima. El físico alemán estaba encerrado en Farm Hall con otros reputados científicos germanos y allí se enteraron a través de la BBC del lanzamiento y sus consecuencias. No sabían que sus conversaciones estaban siendo grabadas y debatieron sobre su implicación en la creación de tan funesta arma y sobre su derrota frente al Proyecto Manhattan norteamericano. Heisenberg, quien había mantenido una posición ambivalente frente a Hitler, se retiró a su habitación para tratar de descifrar cómo habían conseguido crear la bomba y cuáles habían sido sus errores. Dos días después fue capaz de ofrecer un seminario a sus colegas, ya con los cálculos correctos y con la reconstrucción completa del proceso de fabricación de la bomba. La forma en que Villani y Baudoin recrean sus pensamientos y sus dudas es magistral, pero no responden a la gran pregunta: ¿Heisenberg sabía cómo fabricar la bomba atómica y no lo hizo para no entregársela a Hitler o pese a sus intentos fue incapaz de fabricarla? Setenta años después el debate sigue abierto.

El segundo episodio está dedicado a Alan Turing. Los autores nos sitúan el 7 de junio de 1954, el día en que el matemático británico falleció. Turing está atormentado por el trato vejatorio que ha recibido en su país tras su fundamental papel en la victoria aliada. Turing repasa su lucha contra el Código Enigma y la forma en que consiguió desencriptar las comunicaciones alemanas. A continuación rememora los castigos que le fueron impuestos por su condición de homosexual. En un alegato contra la discriminación y contra la homofobia, Turing se muestra sereno ante quienes  se beneficiaron de su trabajo y su genio, pero mostraron una gran ingratitud.

A continuación, Villani y Baudoin nos trasladan al 9 de enero de 1960 para dar voz a Leo Szilard, científico húngaro que tuvo un papel central en la carrera atómica. Está en el hospital, enfermo de cáncer, y reflexiona sobre su forma de entender la ciencia, muy alejada de la de la mayor parte de sus colegas. Además relata su labor en la gestación del Proyecto Manhattan, ya que fue él quien convenció a Albert Einstein para que le escribiera al presidente Roosevelt con el objetivo de conseguir fondos para la investigación nuclear. Su trabajo con grandes nombres de la ciencia como Enrico Fermi, Niels Bohr o Frédéric Joliot-Curie comparten protagonismo con sus enfrentamientos con los militares. Ferviente defensor de los derechos humanos y partidario del desarme atómico, estuvo siempre a favor del pensamiento alternativo y de la innovación, incluso para el tratamiento de su enfermedad.

Por último, viajamos a 1968, cuando un ya anciano Hugh Dowding asistió al rodaje de La batalla de Inglaterra, en la que Laurence Olivier interpretaba al propio Dowding. Allí, el veterano militar rememora su participación en la guerra. Los cambios que efectuó en la estrategia defensiva británica permitieron al país resistir los bombardeos alemanes y ganar tiempo hasta la entrada de la Unión Soviética y de los Estados Unidos en el conflicto. Pese a todas las trabas con las que se encontró, a la escasez de medios disponibles y la inexperiencia de los pilotos de la Royal Air Force (RAF), sus decisiones demostraron ser acertadas. A pesar de ello, Sir Hugh Dowding, mariscal del aire, y Keith Park, vicemariscal y su hombre de confianza, fueron destituidos por haberse mostrado demasiado independientes. Años después, ya finalizada la guerra, sus méritos fueron reconocidos y se le rindieron multitud de homenajes.

A nivel gráfico poco se puede decir del trabajo de Edmond Baudoin, uno de los grandes dibujantes europeos de la actualidad. El blanco y negro funciona a las mil maravillas para recrear las cuatro historias. La combinación entre viñetas más clásicas y páginas más cercanas al libro ilustrado permite conjugar las diferentes temáticas del cómic. Es muy interesante observar la evolución en el dibujo de los cuatro episodios: oscuro y tétrico el de Heisenberg, onírico y lleno de metáforas el de Turing, desdibujado y con muchas referencias a la historia del arte el de Szilard y más realista el de Dowding. Siempre al servicio del relato, Baudoin realiza una prodigiosa muestra de sus recursos.
En definitiva, con Soñadores estamos ante un gran cómic histórico que no solo reconstruye con meticulosidad las biografías de cuatro figuras fundamentales en la historia del siglo XX. También es un libro científico que permite conocer a algunas de las mentes e ideas más brillantes de la pasada centuria. Y por último, y por encima de todo, es un cómic que hace las preguntas adecuadas sobre la condición humana, sobre el papel que juegan los individuos en la Historia, sobre los aciertos y errores que han configurado el mundo en el que vivimos.

¡GARCÍA! 2

¡GARCÍA! 2, de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri)

Tras el intenso primer volumen de ¡GARCÍA!, mis expectativas respecto al segundo eran muy elevadas, pero Santiago García y Luis Bustos han estado claramente a la altura. La historia del superagente secreto franquista en una España muy parecida a la actual ha mantenido un nivel altísimo y el segundo tomo es un in crescendo imparable que culmina con un gran final. La acción, los giros dramáticos y el humor tienen una gran presencia; pero además, como ya vimos en la primera parte, los autores han conseguido abrir multitud de caminos a la reflexión.

Antonia, la joven periodista, y García, del que seguimos sin conocer su nombre, mantienen el protagonismo del relato, aunque la trama gana en complejidad. El contraste entre la España franquista y una España inspirada en el presente sigue en el meollo de la acción y permite ir conociendo mejor a alguien tan enigmático como García. Su visión del mundo, anclada en los años sesenta, es obligada a convivir con los referentes actuales y esto genera conflictos y situaciones en las que los autores dan lo mejor de sí mismos. Una buena muestra es la desternillante boda a la que García asiste con Antonia, ya que sus convicciones son golpeadas duramente y somos testigos de como el protagonista va evolucionando, aunque sea a marchas forzadas.

El papel de Antonia en este segundo volumen gana en profundidad. Ya no es solo una joven aprendiz de periodista, ahora es una auténtica mujer de acción. Ya no necesita que alguien – casi siempre un hombre – le diga qué debe o qué puede hacer, es ella la que coge las riendas de su vida y la que actúa en cada momento según su criterio. Su relación con el agente García también va creciendo y ambos descubren que tienen muchas cosas en común, pese a las diferencias de edad, de género o de ideología. Por encima de todas ellas está su integridad, que los aleja de la mayoría de personajes de la obra.

Este segundo tomo del cómic vuelve a estar lleno de guiños a la actualidad. La situación política es tremendamente complicada, el descontento de la gente se hace cada vez más evidente y los poderes fácticos están dispuestos a intervenir para favorecer sus intereses particulares. La expresión cloacas del Estado adquiere todo su significado en las páginas del cómic. Los servicios secretos, los medios de comunicación, los grupos mafiosos y algunos políticos corrupctos – ay, la omnipresente corrupción – dirigen el destino del país y solo García y Antonia conocen la verdad y tratan de combatirla.

Al mismo tiempo que transcurre la trepidante acción, García – y nosotros, lectores, junto a él – va descubriendo su pasado. Personajes oscuros, traiciones y cuarenta años de criogenización que poco a poco van encajando como las piezas de un puzzle. La construcción narrativa del relato es fantástica, solo hay que fijarse en el inicio del cómic, con el encadenamiento de diversos flashbacks, cada vez más alejados del presente, y que sirven a García y Bustos para volver a situarnos en la trama y para aumentar nuestro deseo de saber qué está pasando.

La lectura es vertiginosa y es recomendable una relectura para poder valorar los numerosos detalles. Uno de mis favoritos es la secuencia de la persecución, que mientras permite demostrar el dinamismo del dibujo de Luis Bustos, consigue llevarnos a la carcajada con el prototipo y los muy alejados referentes culturales de García y Antonia. La recreación del Valle de los Caídos, que gana en presencia en este volumen o las intervenciones fortuitas de un policía municipal, que se va haciendo imprescindible, son otros elementos a los que prestar atención.

El apartado gráfico vuelve a estar a un altísimo nivel. Luis Bustos se desata y su blanco y negro consigue atraparnos de nuevo. La mencionada escena de la persecución sirve como ejemplo del dinamismo del que consigue dotar a sus dibujos el dibujante madrileño. Los escenarios, los ambientes y los personajes, siempre con esa fuerza tan características de Bustos, están muy bien construidos y son muy expresivos. Con momentos para el lucimiento – algunas dobles páginas y algunas composiciones de página son espectaculares -, pero siempre consiguiendo que el cómic funcione, vale la pena leer con detenimiento y fijarse en los detallas más nimios, ya que nada es casual.

La distinción clásica entre guionista y dibujante pierde sentido en este caso, como en el resto de obras de Santiago García, y es imposible saber quién es responsable de cada giro argumental o de cada solución gráfica, así que ambos autores han conseguido realizar uno de sus mejores trabajos. Ahora solo nos queda esperar a que Bustos y García se decidan a crear más historias de García, el superhéroe español de nuestro tiempo. Estoy convencido que la España de 2016 es una fuente de inspiración inagotable y que no tardaremos en poder disfrutar de nuevas aventuras.

¡GARCÍA!

¡GARCÍA!, de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri)

La gran mayoría de cómics analizados hasta la fecha en el blog son obras centradas en periodos históricos concretos que retratan con mayor o menor verosimilitud la realidad histórica. ¡GARCÍA! es totalmente diferente, su planteamiento no es histórico, es una ucronía. Como docente, me he encontrado cientos de veces con la pregunta: “¿Qué hubiera pasado si…?”, puesto que la ucronía es uno de los elementos más fascinantes para los interesados en la historia. Santiago García y Luis Bustos nos plantean la respuesta a la pregunta: “¿Qué pasaría si un superagente secreto franquista fuera trasladado a nuestros días?”. El resultado es inmejorable: ¡GARCÍA!

Santiago García creó el guión del cómic hace varios años. En principio lo iba a dibujar Manel Fontdevila (lo explica en su página web), que llegó a tener listas unas cien  páginas. Finalmente ha sido Luis Bustos (dibujante de Versus, entre otras muchas obras) el encargado de plasmar el genial guión de García, guionista también de Beowulf – obra con la que también tuvo que cambiar de dibujante -, Las Meninas y Fútbol. La novela gráfica, además de otros cómics que por temática no encajan en la filosofía de este blog. La combinación del guión de Santiago García, de ritmo trepidante, con la versatilidad de Luis Bustos, capaz de crear un Madrid muy realista y unas escenas de acción espectaculares, han conseguido crear un cómic fantástico que se lee de forma vertiginosa, y que además incluye múltiples elementos para la reflexión.

Desde el punto de vista histórico ¡GARCÍA! es muy interesante, ya que permite observar la evolución de España en los últimos cuarenta años. La trama se inicia en un futuro muy cercano en que la situación política española es un caos, pero un caos bastante verosímil: los dos grandes partidos se han unido en un gobierno de concentración y un nuevo partido de izquierdas, cuyo líder posee una vistosa perilla, es la favorito según las encuestas para ganar las siguientes elecciones. El secuestro de la líder del partido que uno de los personajes denomina “el de los herederos del Caudillo” – con un asombroso parecido a una de nuestras políticas más populares – desencadena la acción. Ante esta difícil situación, los oscuros servicios secretos, dirigidos por el oscuro Don Jaime, deciden utilizar su arma más poderosa: el superagente secreto García, que lleva más de cuarenta años criogenizado.

Una vez García llega al Madrid de la segunda década del siglo XXI es realmente valioso ser testigos de los cambios que percibe. Los medios de transporte, las formas de comunicación o las formas en que la gente se relaciona se han transformado totalmente, pero las estructuras políticas solo han evolucionado ligeramente. Este es el elemento más valioso – desde el espíritu de este blog – del cómic: tras más de 40 años del final de Franquismo, el poder sigue administrado por los mismos actores, por las mismas instituciones, e incluso, por las mismas personas.

Otro elemento que hace de la lectura de ¡GARCÍA! una gran manera de reflexionar sobre la España de nuestros días es la integración de diversos temas tremendamente actuales: el papel de los medios de comunicación en la pervivencia del régimen, maravillosamente representado por Aquilino, que a todos y todas nos será familiar; la precariedad laboral y las dificultades de los jóvenes para salir adelante, de la mano de Antonia, un personaje construido de forma magistral por los autores; y, por último, el papel de la opinión pública y su manipulación. El cómic es un thriller político que ilustra de forma muy acertada las partes más oscuras de la España del siglo XXI.

Además de todos estos aspectos, ¡GARCÍA! es un gran cómic de acción. Las casi doscientas páginas de este primer tomo se leen en un santiamén, ya que el ritmo de la trama es realmente frenético. La narración va de menos a más y las últimas páginas literalmente se devoran cuando, de repente, llegamos al final. Por suerte, Bustos y García están ya trabajando en el segundo volumen y en los próximos meses podremos conocer el desenlace.

A nivel gráfico el trabajo de Luis Bustos es asombroso. Como ya demostró en Versus, es sin duda uno de los dibujantes que mejor domina el blanco y negro. Sus dibujos presentan infinidad de matices y el nivel de detalle es abrumador. La influencia del manga y del pulp se deja notar y las escenas de acción fluyen. Las composiciones de página están muy trabajadas, siempre en beneficio del desarrollo de la trama y no para el puro lucimiento del dibujante. Por último, es destacable la forma en que Bustos ha recreado Madrid, con viñetas realmente espectaculares que nos trasladan directamente a algunos de los lugares más emblemáticos de la capital. La inclusión de algunas páginas dibujadas por Manel Fontdevila ha sido un gran acierto, ya que el contraste con el dibujo de Luis Bustos es brutal y nos recuerdan a los cómics de Roberto Alcázar y Pedrín a los que los autores claramente homenajean.

En resumen, ¡GARCÍA! es un cómic tremendamente atractivo por multitud de motivos. El juego histórico – la ucronía – que llevan a cabo García y Bustos nos permite cuestionarnos muchas cosas que generalmente tenemos asumidas y que solo últimamente han entrado en cuestión: ¿tanto ha cambiado España en los últimos cuarenta años? ¿Realmente la Transición fue tan modélica como defiende la versión oficial? ¿Los poderes fácticos que dirigen el Estado son esencialmente los mismos? ¿Vivimos en una democracia genuina? Los niveles de lectura del cómic son prácticamente infinitos y cada lector encontrará sus propios matices, pero además, ¡GARCÍA! es un cómic de acción tremendamente entretenido. Una lectura genial que seguro que culminará con una segunda parte de altísimo nivel. Muchas ganas de saber cómo García y Bustos ponen fin a la historia. En unos meses lo sabremos.

Una vida en China

Una vida en China, de Li Kunwu y P. Ôtié (Astiberri)

Una vida en china es una obra que consta de 3 volúmenes y que relata la historia de la China Contemporánea – desde los años 50 hasta la actualidad – desde la perspectiva tremendamente personal de Li Kunwu, un artista chino perteneciente al Partido Comunista. A diferencia de obras similares de autores como Guy Delisle o Joe Sacco, Li Kunwu – que contó con la colaboración de Pascal Ôtié, guionista francés residente en el país asiático – no es un observador externo de los acontecimientos, sino que narra sus propias vivencias y las de su gente más cercana.

Esta perspectiva propiamente china de la historia de su país hace realmente interesante la lectura del cómic, ya que está muy alejada de los tópicos occidentales. La lucha del autor por recordar los elementos más escabrosos del pasado y hacerlos llegar al gran público es encomiable, y pese al dolor que muchos acontecimientos causaron en su círculo más íntimo, nos hace partícipes de ellos.

El primer volumen, El tiempo del padre, se centra en la infancia y adolescencia del protagonista. Abarca desde su nacimiento en el 55 hasta la muerte de Mao, el Gran Timonel. Los hechos más importantes de esta época fueron los desastres provocados por el Gran salto adelante y la Revolución cultural. Li Kunwu rememora su participación entusiasta en estos acontecimientos y consigue hacernos comprender cómo fue posible que el pueblo chino se adhiriera a estos proyectos. Los guardias rojos comparten el protagonismo con los sentimientos contradictorios del joven Li cuando su padre es enviado a un campo de reeducación. Es un volumen sumamente trágico que permite que nos internemos en dos de los momentos más trascendentes y trágicos de la historia de China en la segunda mitad del siglo XX.

El segundo tomo, El tiempo del partido, narra el periodo 1976-1980, desde la muerte de Mao Zedong hasta el cambio de rumbo que supuso la llegada al poder de Deng Xiaopin tras el convulso final de la Revolución cultural. Para Li Kunwu, ya veinteañero, es un momento esencial, ya que durante estos años trata incansablemente de ser adimitido en el Partido Comunista. Para ello deberá afrontar innumerables obstáculos, empezando por su larga estancia en el ejército y acabando con la limpieza del pasado de su familia. Uno de los episodios más impresionantes es el relato del luto por la muerte de Mao, ya que la mayoría de la población china se quedó, literalmente, huérfana. Además, Li y Ôtié reflejan con gran acierto el sentimiento de liberación colectiva que se produjo en cuanto se proclamó la culpabilidad de la Banda de los Cuatro, formada entre otros por la esposa del gran líder.

Por último, El tiempo del dinero, es quizás el más interesante desde el punto de vista actual. Con la llegada al poder de Deng Xiaopin – el Pequeño Timonel – la dirección política y, especialmente, la económica cambiaron radicalmente. Es conocida su frase “da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones”, que dio inicio a un proceso denominado por las autoridades de reforma y apertura que cambió de arrriba a abajo la situación del país. Li Kunwu retrata el estado actual de China, presentando los éxitos de las nuevas políticas, pero también los problemas que éstas han generado. La desigualdad creciente y la situación cada vez más precaria de los millones de obreros y campesinos chinos, que han visto como el Estado se desentendía de su bienestar, dotan de dramatismo – y de realismo – a esta tercera parte.

A nivel gráfico, el trabajo de Li Kunwu es muy interesante. Tras varias décadas como dibujante en el periódico Yunnan Ribao ésta ha sido su primera incursión en el cómic, medio que en China es visto como un arte menor. Su dibujo es aparentemente sencillo, pero es capaz de recrear con gran detalle los escenarios en que transcurre la acción. Sus personajes, con toques caricaturescos, son muy expresivos y transmiten un gran dinamismo. El blanco y negro funciona muy bien y permite a Li crear atmósferas muy adecuadas en los momentos de mayor tensión. Juega con el dibujo de los fondos, en ocasiones vacíos, para centrar nuestra atención donde le interesa y las composiciones de página están bien trabajadas.

Una vida en China es un gran cómic histórico. Para cualquiera que desee conocer la evolución del gigante asiático en los últimos sesenta años debería ser de lectura obligada. Un aspecto que lo hace tremendamente interesante, como decía al principio, es que Li Kunwu presenta una China muy compleja y alejada de los estereotipos. Tampoco es un relato propagandístico, ya que los momentos más terribles y los grandes errores del Partido están presentes. La gran virtud del cómic es este equilibrio que permite que nos hagamos una idea bastante fidedigna de lo acontecido en China, un país generalmente bastante desconocido. También es una lectura muy amena, con momentos muy divertidos, por lo que os recomiendo encarecidamente su lectura. Una de las mejores obras reseñadas hasta la fecha.