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Jan Karski

Jan Karski. El hombre que descubrió el Holocausto, de Rizzo y Bonaccorso (Norma Editorial)

Jan Karski debería ser una figura universalmente conocida, pero no lo es. Él fue uno de los héroes que arriesgó su vida para denunciar los crímenes del nazismo y conseguir que el resto del mundo actuara en consecuencia. Desde nuestra perspectiva, más de setenta años después del fin de la guerra, y pese a los intentos revisionistas por negar su existencia, el Holocausto nos parece un hecho incuestionable. El asesinato sistemático de seis millones de personas, mayoritariamente judíos, es un crimen de tal magnitud que parece imposible de ocultar. Pero durante la guerra, esta situación no era tan evidente, y el genocidio perpetrado por el régimen nazi y sus secuaces se llevaba a cabo con total impunidad y sin que las potencias aliadas fueran conscientes de lo que estaba sucediendo.

En la Polonia ocupada, lugar donde se inició el conflicto bélico en septiembre de 1939 sí que sabían lo que estaba ocurriendo. Los guetos, especialmente el de Varsovia, y los campos de concentración y exterminio eran una realidad incontestable. La resistencia polaca, menos conocida que la de otros lugares, llevó a cabo una labor titánica. Debían luchar por sobrevivir y escapar de la Gestapo; pero al mismo tiempo, su objetivo principal era dar a conocer los terribles hechos que llevaban a cabo las autoridades alemanas, para así conseguir el apoyo a su lucha y la implicación militar de las grandes potencias, especialmente de los Estados Unidos. Esta misión fue encomendada, entre otros, a Jan Kozielewski, el protagonista del cómic de Marco Rizzo y Lelio Bonaccorso.La acción se inicia cuando Jan y dos de sus amigos son llamados a filas por el ejército polaco. Su deber es luchar para defender su patria de los invasores: Alemania al oeste y la URSS al este. La endeblez y la desorganización de las fuerzas armadas de Polonia pusieron en bandeja la conquista del país en poco más de un mes. Jan fue hecho prisionero por los soviéticos y fue llevado a un campo de trabajo para prisioneros de guerra en Ucrania. Las condiciones que padeció fueron terribles, pero haciéndose pasar por un soldado raso consiguió que lo transfirieran a las autoridades alemanas en un macabro intercambio. Consiguió escapar y tras recuperarse de sus heridas llegó a Varsovia en noviembre de 1939.

En la capital entró en contacto con el Armia Krajowa, la resistencia polaca, que operaba desde septiembre del 39. Su habilidad y su compromiso hicieron que se le encargara una misión de vital importancia: Jan Kozielewski iba a ser el enlace con el gobierno polaco en el exilio. Tenía que cruzar la Europa ocupada por los nazis para llegar hasta París y pasar información a los dirigentes de su país que habían logrado escapar.  Tras la caída de Francia, su destino era aún más lejano, Londres. Para ello utilizó multitud de nombres falsos, entre ellos Jan Karski, que adoptaría años más tarde como nombre legal.

En uno de sus viajes fue capturado en las montañas de Eslovaquia. Sufrió torturas, consiguió escapar del hospital donde estaba ingresado y regresó a la lucha. Perdió seres queridos, pero su compromiso con la causa no decayó. Los líderes de la resistencia le asignaron una última misión: debía visitar el gueto de Varsovia y un campo de concentración. Su objetivo era dar testimonio a los gobiernos británico y estadounidense de las atrocidades que estaba cometiendo el régimen de Adolf Hitler en Polonia, especialmente del genocidio contra el pueblo judío. Jan no flaqueó y cumplió con su tarea y pese a la incredulidad con la que se encontró, su relato fue una pieza importante en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial.

Rizzo y Bonaccorso han jugado de forma acertada con el tempo narrativo. El cómic se estructura en forma de flashback, puesto que sitúan el epílogo en las primeras páginas, que nos muestran a los principales dirigentes norteamericanos de la época debatiendo sobre el testimonio de Jan Karski. Posteriormente, la acción se divide en siete capítulos, que narran los distintos episodios fundamentales de la lucha del protagonista. El intento de combinar la veracidad histórica – el propio Jan Karski narró sus peripecias en Historia de un estado clandestino – con la fluidez de la acción no siempre funciona, pero aún así es un cómic de lectura agradable. Es destacable la inclusión directa de las palabras escritas por el protagonista en las escenas más duras del cómic, cuando asiste aterrorizado a la realidad del campo de concentración.

A  nivel gráfico el cómic es correcto, pero adolece de ciertas carencias. Reflejar realidades tan duras es una tarea difícil, como bien saben la mayoría de autores que han afrontado este reto, pero Lelio Bonaccorso ha llevado a cabo un trabajo irregular. Así como los personajes no gozan de la expresividad necesaria y las composiciones de página son demasiado convencionales, el uso del color es muy acertado, ya que construye de forma efectiva las atmósferas necesarias para el desarrollo de la acción. Los escenarios están bien construidos y las escenas de acción son bastantes efectivas, pero el conjunto global no está a la altura de lo narrado.Un conflicto de la magnitud de la Segunda Guerra Mundial creó millones de historias personales dignas de ser contadas, y sin duda, ésta es una de ellas. Hasta prácticamente el final de su vida, Jan Karski no gozó del reconocimiento que merecía. De nuevo el cómic demuestra ser un medio eficaz para transmitir acontecimientos históricos y aunque no es una obra redonda, Jan Karski. El hombre que descubrió el Holocausto permite reconstruir una de esas historias que todos y todas deberíamos conocer.

Arenas movedizas

Arenas movedizas, de Max Mönch, Alexander Lahl y Kitty Kahane (Impedimenta)

La caída del muro de Berlín es, con seguridad, uno de los acontecimientos más trascendentes de los últimos 30 años y seguramente de todo el siglo XX. Más allá de las consecuencias directas – desintegración del bloque comunista, reunificación de Alemania – su poder simbólico es abrumador. Se hizo tremendamente popular la obra El fin de la Historia y el último hombre en que Francis Fukuyama aseguraba que la Historia tal como la conocíamos había acabado con el fin de la Guerra Fría, el colapso de la Unión Soviética y la victoria hasta el fin de los tiempos de la democracia liberal. Como demuestra todo lo sucedido en los últimos 25 años, Fukuyama estaba terriblemente equivocado.

Max Mönch y Alexander Lahl son los guionistas del cómic dibujado por Kitty Kahane. Sus vivencias en los últimos años de la República Democrática Alemana (RDA) y el relato histórico de los días anteriores y posteriores al 9 de noviembre de 1989 – día de la caída del muro – son la base de la obra. La ficción y la realidad se vuelven a dar la mano, como en muchos de los cómics reseñados con anterioridad, para narrar uno de los episodios más populares y menos conocidos en detalle de nuestro pasado reciente .

Tom Sandman es periodista del New York Times y tras haber estado en China durante los fatídicos hechos de la Plaza de Tiananmen, regresa a Nueva York. Allí, su jefe, fervoroso anticomunista, decide enviarlo a Berlín para informar de los festejos en conmemoración del 40 aniversario de la RDA. Poco después de llegar al Berlín occidental, conoce a Ingrid, una ex-nadadora originaria de la Alemania oriental, que será quien le explique sus experiencias en el bloque comunista.

La historia es aparentemente sencilla, con multitud de anécdotas ya escuchadas muchas veces, pero los autores consiguen mantener nuestra atención con diversos recursos: los dolores de muelas de Sandman, que él interpreta como avisos de sucesos importantes que están por llegar; sus recurrentes sueños, dibujados en hojas que simulan ser de libreta cuadriculada; y por último, la evolución de la relación personal entre Sandman e Ingrid.

La combinación de elementos oníricos con el relato histórico funciona muy bien, especialmente cuando Tom Sandman narra lo que sucedió la noche del 9 de noviembre. Una de las grandes preguntas sobre la caída del Muro es ¿cómo un gobierno que ejercía tan férreo control social pudo permitir que sucediera algo así? Los autores dan una explicación bastante plausible y reconstruyen con detalle la noche de los dirigentes germano-orientales. Un constante toque de humor y de absurdo hace que el relato sea muy ágil.

Otro elemento interesante es la inclusión en la historia de gran cantidad de personajes históricos reales, a la manera de un gran quién es quién en la RDA. Además, la influencia soviética está siempre presente y Mijail Gorbachov tiene un papel relevante. La visión pro-occidental marca claramente todo el cómic y los autores no tratan de ocultarlo, así que no podía evitar tener ciertas reservas con la manera de introducir algunos hechos concretos en la narración; pero aún así la lectura ha sido muy placentera.

A nivel gráfico Arenas movedizas me ha dejado una sensación agridulce. Por un lado, están presentes multitud de recursos interesantes: composiciones de página arriesgadas, un uso del color bastante llamativo o la inclusión de la parte onírica en forma de bocetos en hojas de libreta. Pero al mismo tiempo, el dibujo de una sencillez tan buscada en ocasiones no está  a la altura del resto de la obra. Los personajes son poco expresivos y a diferencia de otros cómics históricos, la recreación de los escenarios no está demasiado conseguida. Pese a ello, el cómic es muy efectivo y tiene gran fluidez, de modo que su lectura es realmente agradable.

El cómic de Mönch, Lahl y Kahane es una gran forma de rememorar un acontecimiento histórico tan importante como la caída del Muro de Berlín, y al mismo tiempo, nos permite reflexionar sobre muchos temas vinculados a este hecho: el papel de la prensa occidental; la naturaleza interna de los países comunistas; las consecuencias directas en la población – la microhistoria -; o el peso de las casualidades y los errores humanos en los grandes sucesos. Una obra divertida, original y muy fácil de leer. Un cómic que nuevamente presenta con rigor el pasado: las arenas movedizas en que estaba apoyado el bloque del este en los 80, las arenas movedizas en que se construye la Historia.

Yo, René Tardi 2

Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B. Mi regreso a Francia, de J. Tardi (Norma Editorial)

Mi regreso a Francia es el segundo volumen de la serie Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B con la que Jacques Tardi relata las vivencias de su padre durante la Segunda Guerra Mundial. En la primera entrega, reseñada anteriormente en el blog, éramos testigos del confinamiento de René Tardi en un campo para prisioneros de guerra durante prácticamente cinco años. La rápida derrota del ejército francés y las penalidades que sufrían Tardi y sus compañeros eran los dos ejes del cómic.

La segunda parte continúa la narración en el momento exacto en que acababa el primer volumen, cuando los prisioneros eran evacuados del campo en pleno invierno, sin un destino demasiado claro. El implacable avance de las fuerzas soviéticas en el este provocó que los alemanes trataran de reagrupar sus fuerzas y sus rehenes – prisioneros de guerra de muchos de los países aliados – en el territorio germano. Para René Tardi y el resto de prisioneros franceses, el avance en dirección oeste era un motivo de esperanza, ya que el reencuentro con su amada Henriette cada vez estaba más cerca.

Como en la primera entrega, la historia es narrada mediante los diálogos ficticios entre Jacques Tardi y su difunto padre, cuya voz proviene de sus diarios de los años 40. En esta ocasión, tienen una especial importancia las cuartillas con las anotaciones – incluídas en las guardas de la fantástica edición de Norma -, que permiten reconstruir el tortuoso viaje entre Hammerstein y Lille que llevó a cabo el padre del dibujante entre el 29 de enero y el 23 de mayo de 1945. Las discusiones entre padre e hijo y las preguntas que quedaron sin respuesta tienen una presencia constante y aligeran el ritmo en ciertos momentos monótono y repetitivo del cómic.

Los apuntes de René Tardi eran exhaustivos, ya que incluían las paradas que hicieron y las estimaciones de los kilómetros que recorrían en cada etapa; pero contenían, como es lógico, algunos elementos inexactos. Jacques Tardi rehízo – en coche – el camino que su padre había recorrido 70 años antes y en el epílogo él y su esposa Dominique Grange explican esta emotiva experiencia y el descubrimiento de cierta información que completaba los diarios paternos.

Además del triste y duro periplo de René Tardi, ejemplo de uno de los episodios más desconocidos de la guerra, esta obra es un gran acercamiento a la Segunda Guerra Mundial, ya que el Jacques Tardi niño le va explicando a su padre los aconteciemientos esenciales de la etapa final del conflicto: el avance soviético en el este, las victorias aliadas en el oeste, la toma de Berlín, el descubrimiento de los campos de concentración, el suicidio de Hitler… todos ellos elementos trascendentes que fueron coetáneos a la travesía de su padre.

Jacques Tardi reconstruye las experiencias de su progenitor sin dulcificarlas y sin esconder los aspectos más brutales, como el asesinato de cinco de los guardias que los custodiaban. Tardi recrimina a su padre su participación en estas acciones y al mismo tiempo muestra como éste no se arrepintió de lo que hizo junto a sus compañeros de calvario. Además, otro elemento que aleja el relato de Tardi de la versión hegemónica sobre la Segunda Guerra Mundial es la inclusión, con todo lujo de detalles, de los bombardeos aliados sobre las ciudades alemanas.

A nivel gráfico, Mi regreso a Francia mantiene la línea marcada en el primer tomo: páginas con tres viñetas alargadas predominio de los grises y gran nivel de detalle en escenarios, vestuario y armamento. La gran novedad es el uso del color, que adquiere más importancia en esta entrega. Más allá de su uso puntual para dar énfasis a algunos aspectos concretos como las banderas, el color se convierte, a medida que avanza la historia, en un elemento narrativo de primer orden: desde el uso de los fondos rojos en los momentos de mayor crueldad hasta el uso de una paleta bastante completa cuando el suplicio del camino llega a su fin.

La serie Yo, René Tardi se ha convertido ya en uno de los mejores cómics sobre la Segunda Guerra Mundial, ya que su original enfoque, centrándose en uno de los millones de  personajes anónimos que tuvieron su papel en el conflicto y la estructura dialogada entre padre e hijo, que recuerda a la canónica Maus, la convierten en una obra muy atractiva.  En un futuro cercano Jacques Tardi publicará un tercer volumen sobre su padre, que continuará con la biografía tras su llegada a Francia y que seguro que volverá a ser muy interesante. Tras ser quizás el dibujante que mejor ha retratado la Primera Guerra Mundial, Tardi demuestra que también está al nivel de los mejores autores que han trasladado al cómic el conflicto bélico más importante del siglo XX.

Aleksis Strógonov

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov, de Régnaud y Bravo (Ponent Món)

Había visto varias veces el tomo integral de Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov y siempre me había llamado la atención lo que decía la contraportada: “Una auténtica obra maestra del humor negro que evoca amablemente episodios tan dramáticos como la revolución rusa de 1917, el auge del fascismo en la Alemania de los años veinte o los absurdos conflictos étnicos de los Balcanes“. Finalmente me decidí y me hice con él. Después de la lectura solamente puedo decir una cosa: gran compra.

La edición integral de Ponent Mon reúne los tres volúmenes que crearon Emile Bravo y Jean Régnaud. En el primero, titulado “Bielo”, el protagonista junto con su hermano son partícipes de la Revolución Rusa, ya que están en Bielorrusia luchando contra el Ejército Blanco. En el segundo, “Kino”, Aleksis llega a Berlín cuando la extrema derecha está empezando a coger fuerza y cuando el cine alemán se empieza a consolidar como una industria potente. Por último, “Tamo” narra las andanzas de Aleksis Strógonov en los Balcanes, en pleno ascenso de los movimientos nacionalistas.

Lo más interesante de este cómic es su acercamiento a la historia desde un punto de vista humorístico. La ironía y el absurdo tienen un lugar preponderante y, de la mano de Aleksis Strógonov, una especie de Tintín ruso, los autores nos llevan a visitar tres lugares y tres momentos esenciales para comprender el devenir del siglo XX en Europa. Comunismo, nazismo y nacionalismo han sido ideologías que han marcado profundamente la turbulenta historia del siglo pasado y el enfoque desenfadado de Régnaud y Bravo permite reflexionar ampliamente sobre las tres.

Tras el marcado sentido del humor, Bravo y Régnaud introducen una gran crítica a las grandes ideologías y a los intentos de éstas por establecerse como hegemónicas y como verdades eternas e indiscutibles. Los autores, a través del propio Aleksis, intentan explicar el contexto de la Europa de entreguerras en el que comunismo, nazismo y nacionalismo gozaron de amplia difusión.

Aleksis Strógonov es el nexo entre los diversos escenarios y los esperténticos personajes que lo acompañan a medida que su viaje avanza. El hipócrita revolucionario Bulkin, dispuesto siempre a dirigir el pueblo hacia lo que más convenga a su interés personal; el primo Ulf, que participa en las incipientes camisas púrpuras en Berlín; o Gorana Ranic, la líder de uno de los grupos guerrilleros nacionalistas de una indefinida república balcánica, son algunos de los secundarios de lujo que aparecen a lo largo de los tres álbumes.

El dibujo de Bravo, claro exponente de la línea clara, consigue que los personajes sean muy expresivos y contribuye a incrementar la comicidad de algunos fragmentos. Los escenarios están muy bien construidos y las escenas situadas en Berlín muestran la clara de intención de ser fiel a la arquitectura de la capital alemana. El vestuario también contribuye a crear la sensación de que estamos ante un cómic humorístico de época muy bien documentado.

Un aspecto muy interesante de la obra es la inclusión, en el segundo volumen, de los estudios de la UFA (Universum Film Ag), el principal estudio cinematográfico alemán del periodo de entreguerras como escenario. Buena parte de la acción de “Kino” (cine, en alemán) transcurre en este lugar. Aleksis y Dieter, su compañero de aventuras en Berlín, encuentran trabajo en los estudios y podemos ver las interioridades de un rodaje de la época con una actriz protagonista y un director bastante peculiares.

Las auténticas aventuras de Aleksis Strógonov es un cómic bastante diferente a la mayoría de los cómics reseñados anteriormente. En esencia no es un cómic histórico, ya que el contexto tan solo es el escenario en el que se mueven los personajes; pero al mismo tiempo, el tono humorístico de la obra sirve a los autores para elaborar una poderosa crítica a la sociedad europea de los años 20, en el seno de la cual surgieron los terribles totalitarismos del siglo XX. Una lectura muy entretenida, en ocasiones muy divertida, y que gracias a su original enfoque permite que reflexionemos sobre la Europa que vivió dos guerras terribles en 30 años.

Berlín

Berlín, de Jason Lutes (Astiberri)

Con Berlín, el dibujante norteamericano Jason Lutes se embarcó en un proyecto muy ambicioso: una trilogía (24 comic-books, en realidad) sobre la capital alemana entre los años 1928 y 1933. De momento se han publicado los dos primeros volúmenes: Ciudad de piedras (1-8) y Ciudad de humo (9-16), y según el propio Lutes, el tercer volumen es problable que se publique en inglés a finales de este año.

Después de documentarse durante dos años, Lutes creó un retrato coral del Berlín del periodo de entreguerras. En el primer volumen la acción se inicia en 1928 y de la mano de un muy trabajado grupo de personajes, el autor norteamericano nos lleva hasta los sangrientos hechos del 1º de mayo de 1929. En el segundo tomo, el cómic se sitúa en los momentos posteriores a la gran manifestación y avanza hasta las elecciones de 1930 en las que el Partido Nazi se convirtió en la segunda fuerza más votada.

En un primer momento, el relato se centra en la joven Marthe Müller, recién llegada a Berlín, y su relación con el veterano periodista Kurt Severing. De la mano de fräulein Müller, Jason Lutes nos presenta la vibrante vida cultural y artística de la capital alemana.  Además Lutes crea varias tramas que avanzan en paralelo y que describen otras realidades del Berlín de la época.

La vida de los obreros está muy presente, y a través de una familia humilde que se desgarra, asistimos a la escalada de violencia que padeció la ciudad. En una gran metáfora de lo que estaba aconteciendo a nivel general en Alemania, Gudrun – la madre – se acerca a los obreros cercanos al Partido Comunista, mientras que su marido pone sus esperanzas en los violentos escuadrones nacionalsocialistas. A medida que se acerca el 1º de mayo la tensión crece en la ciudad y con la violenta represión ejercida por la policía contra los obreros que se manifiestan, Lutes pone fin al primer volumen de manera trágica.

Berlín. Ciudad de humo mantiene las tramas del primer tomo, pero además añade la visita a la capital alemana de un grupo de Jazz formado por afroamericanos. Su disipada vida de artistas y la noche berlinesa se funden para dotar de aún más profundidad al relato. Al mismo tiempo, Marthe Müller sigue tratando de encontrar su camino en un Berlín cada vez más convulso; y Kurt Severing se interesa por los hechos del 1º de mayo, de manera que los recuerdos de los participantes en la manifestación adquieren una gran importancia.

La familia de Gudrun sigue dividida y todos intentan superar sus difíciles situaciones, aunque la violencia callejera cada vez está más presente en sus vidas. Jason Lutes enriquece más si cabe la novela gráfica y otros personajes se insertan en la narración, entre los que destacan Margarethe, la ex-mujer de Severing, que introduce a Marthe en la noche berlinesa; y una familia judía, cada vez más afectada por el antisemitismo y el creciente poder de los nazis.

Es muy interesante el uso de los flashbacks que hace el dibujante norteamericano, y aunque en ocasiones cortan el ritmo de la acción principal, permiten conocer el contexto histórico en el que se forjó la República de Weimar y el Berlín de los Años 20. El final de la Primera Guerra Mundial, que provocó una gran desmovilización de las tropas alemanas – en general descontentas con los políticos -, dio origen a un nuevo sistema político democrático, muy alejado de la visión imperial del Káiser Guillermo II.

El dibujo es muy sobrio, en un blanco y negro de trazos aparentemente sencillos, pero que consigue transmitir con gran realismo los sentimientos de los personajes. La arquitectura berlinesa es la otra gran protagonista de la obra, ya que Lutes demuestra que se documentó con profusión y enmarca la acción en unas calles y unos edificios totalmente veraces.

En resumen, Berlín es un gran cómic histórico. Lutes se aleja del género biográfico o autobiográfico tan extendido en el género y crea un retrato muy realista de la capital alemana durante un periodo tan importante para la historia europea como los años comprendidos entre 1928 y 1933. Espero que Jason Lutes sea capaz de culminar esta magna obra en 2015 con un tercer volumen a la altura de los dos primeros y que Astiberri nos lo traiga lo antes posible, ya que sin duda alguna, estamos ante uno de los mejores y más complejos cómics de género histórico.

Yo, René Tardi

Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B, de J. Tardi (Norma Editorial)

Jacques Tardi es el gran dibujante de la Primera Guerra Mundial, pero en esta ocasión, de la mano de René Tardi – su padre – nos traslada a los escenarios de la Segunda Guerra Mundial. Los recuerdos de Tardi padre son la base del cómic, y a través de sus experiencias como soldado y como prisionero en un campo de prisioneros vemos cómo vivió el conflicto.

Lo más original de Yo, René Tardi es la inclusión de Tardi hijo en el relato. Su yo adolescente es el que dialoga con su padre para descubrir cómo vivió la guerra. El tono del chico, impertinente en ocasiones, pone a prueba a su padre para explicar de modo coherente la absurdidad de un conflicto bélico. En la línea de sus obras sobre la Primera Guerra Mundial, Tardi sigue mostrando un gran antibelicismo.

La obra está dividida en dos partes: en primer lugar la breve experiencia como soldado y la contundente derrota frente al ejército alemán; y en segundo término el largo encierro en el campo de prisioneros Stalag II B. Esta segunda parte es la más interesante, ya que sin llegar al nivel de detalle de Primo Levi en su Trilogía de Auschwitz, Tardi consigue recrear las duras condiciones que le tocó padecer a su padre.

La estructura del cómic es constante, con tres largas viñetas por página, hecho que dota de un ritmo algo monótono al relato. Aún así, gracias a las conversaciones entre padre e hijo y a los recuerdos del primero, la historia avanza y es entretenida. El armamento, los uniformes y los vehículos están bien documentados, pero destaca el retrato del campo, muy bien reflejado en el cómic. Su estructura, sus diversas dependencias y especialmente las relaciones entre los prisioneros y entre los prisioneros y sus guardianes nos dan muchísima información sobre este tipo de lugares.

Por último, me gustaría destacar un hecho esencial: Yo, René Tardi es otra gran muestra de la recuperación de la memoria histórica a través del cómic. Los paralelismos con otras obras como Maus, El arte de volar o Un largo silencio son evidentes: el hijo que recrea los recuerdos de su padre y que gracias a ellos, reconstruye una época pasada con gran interés histórico. También es una manera de “hacer las paces” con los recuerdos del hijo respecto al padre, y este elemento está muy presente en Yo, René Tardi. Lectura muy recomendable.

La Gran Guerra

La gran guerra, de Joe Sacco (Random House Mondadori)

Joe Sacco, autor de Palestina. En la franja de Gaza y de Gorazde. Zona protegida, se ha acercado en numerosas ocasiones a los conflictos bélicos. Su estilo tiene dos ejes claros: un gran realismo y dar voz a los olvidados de las guerras. Con La Gran Guerra el autor maltés fue un paso más allá.

Sacco creó una obra de arte para explicar y denunciar la barbarie de la Batalla del Somme. Inspirado en los tapices medievales, Joe Sacco dibujó una única ilustración continua de más de 7 metros de longitud. En ella podemos observar lo que aconteció el 1 de julio de 1916, el primer día de la batalla, en el considerado como el día más sangriento de la toda la Primera Guerra Mundial.

Lo que hace especialmente interesante a esta obra, además de la maravillosa demostración artística de Sacco, es que podemos observar todas las fases de la guerra de trincheras. Desde el palacete alejado del frente en que se aloja el general Douglas Haig, hasta los soldados heridos en la enfermería, pasando por los soldados que alegremente se dirigen al campo de batalla; todos son protagonistas.

Si hablamos de un uso puramente educativo, nuestros estudiantes pueden hacerse una idea bastante clara, en una observación rápida, de cómo fueron las principales batallas de la Primera Guerra Mundial. La guerra de trincheras está fielmente reflejada, y aunque a diferencia de Tardi, esta obra no contiene texto, la fuerza de la ilustración transmite muchísima información. Sacco se documentó con profusión, y por tanto, el cómic está muy cuidado en lo referente a uniformes, armas, vehículos, etc.

Para no perdernos ante la magnitud de la obra, ésta contiene una leyenda donde se indica lo que está representado a lo largo de toda la ilustración. Además, el cómic viene acompañado de un dossier elaborado por el historiador Adam Hochschild con la explicación académica de la batalla.

Por último, os quiero explicar la experiencia que tuve en una clase de Historia del Mundo Contemporáneo de 1º de Bachillerato cuando llevé mi ejemplar de La gran guerra. En un primer momento, no comprendían lo que estaban viendo, pero en cuanto empezaron a reconocer aspectos que habíamos explicado en clase, se quedaron entusiasmados. Multitud de conceptos y de aspectos concretos de la guerra quedaron resueltos gracias a esta brillante representación gráfica.