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Alpha

Alpha. Abiyán – Estación París Norte, de Bessora y Barroux (Norma)

Cientos de miles de personas han fallecido en los últimos años intentando dejar sus países de origen con el objetivo de llegar a Europa. Tras escuchar y ver tantas veces estas tragedias, las sociedades europeas se han inmunizado y, salvo honrosas excepciones, han centrado su atención en otros temas más candentes. Pese a ello, la enorme desigualdad existente entre el Norte y el Sur del Mediterráneo, agravada por los conflictos de Siria, Libia o el norte de Nigeria, sigue provocando que los flujos migratorios no dejen de crecer. Con Alpha. Abiyán – Estación París Norte la escritora belga Bessora y el dibujante francés Barroux han tratado de dar voz a los protagonistas de esta gran tragedia.

Galardonado con el Premio Médicos sin Fronteras 2015, el cómic se aleja de los relatos tradicionales y nos pone en la piel de Alpha, un marfileño que trata de llegar a París, donde se han establecido su mujer y su hijo.  De esta manera los autores nos muestran las distintas etapas del viaje, desde el lugar de origen hasta la llegada a Europa, pasando por los terribles y peligrosos lugares intermedios que conforman el camino. A nivel formal es un cómic muy original, puesto que a la manera de un diario personal y con dibujos hechos con rotulador, los autores consiguen transmitir una sensación de espontaneidad y veracidad muy conseguida.

Alpha se endeudó para pagar el viaje de su mujer y su hijo, a quienes esperaba en París su cuñada. Ante la falta de noticias, decide viajar a París siguiendo el rastro de sus seres queridos. En primer lugar intenta seguir las vías legales, pero la embajada francesa en Abiyán tan solo le pone trabas. La burocracia descarnada, que facilita los negocios y los movimientos de capital, pone límites a las personas e imposibilita el viaje de Alpha con visado de turista a Francia. Un vuelo de unas horas que cuesta unos cientos de euros, se convierte en una odisea de dos años mucho más cara y llena de peligros. Tras haber pagado una elevada cantidad por el viaje de su mujer y su hijo, el protagonista se ve obligado a vender su pequeño negocio de ebanistería para iniciar su propio viaje.

El tránsito hacia el Sáhara en una sobrecargada furgoneta y sobretodo los encuentros con sus diversos compañeros de viaje dan inicio a la travesía. La mayoría son jóvenes que quieren llegar a Europa en busca de una oportunidad, pero también hay madres jóvenes, con sus hijos de corta edad, que buscan un futuro mejor para ellos. Otros escapan de la turbulenta situación política de sus respectivos países. En un primer momento, todos tienen en común la esperanza, en muchos casos llena de ingenuidad, de llegar a una tierra opulenta que los acogerá de buen grado, pero poco a poco, a medida que su viaje avanza van conociendo la realidad. Es impactante cómo reflejan los autores la desesperación de jóvenes que, a mitad de camino y tras vivir hechos espeluznantes, tratan de regresar a sus lugares de origen. El espejismo que representa Europa merece tantos sacrificios.

Los lugares a los que llega el protagonista en busca de un nuevo transporte que lo acerque a su destino final, como Gao en Mali, parecen una mezcla del far west y un futuro apocalíptico, pero son tremendamente reales. Explotación sexual, droga, enfermedad, violencia y desesperación son los elementos que conforman una realidad durísima. Aún así, Alpha los va superando, en ocasiones trabajando en condiciones miserables durante meses para afrontar un nuevo pago; en otras arriesgándose a un viaje condenado al fracaso. Se va acercando a su objetivo, pero aún le queda el último gran obstáculo: el Mediterráneo.

Lo más interesante de la obra de Bessora y Barroux es la verosimilitud que han conseguido recrear. No tratan de hacer un cómic convencional con un mensaje agradable para nuestras conciencias, lo que consiguen es retratar lo que han vivido y están viviendo ahora mismo cientos de miles de personas. Alpha es un personaje de ficción, pero sería fácil encontrar en nuestras ciudades a muchas personas que han pasado por experiencias similares. Tras la lectura, la reflexión es obligada, puesto que su mensaje produce desasosiego y nos hace cuestionarnos muchas cosas.

Gráficamente, el trabajo de Barroux es muy interesante. Alejándose del dibujo realista, consigue dotar de realismo al cómic. El uso de rotuladores y de un potente blanco y negro, contrasta con un  cuidado uso del color para destacar algunos elementos. La intención original de recrear un auténtico diario de viaje se ve en aspectos como las manchas de tinta que traspasan algunas páginas o una tipografía manual bien trabajada. El uso de grandes viñetas y extensos textos de apoyo le confiere una apariencia de cómic documental idónea para el mensaje que nos transmite la trama.

En estos tiempos de activismos desde el sofá y de declaraciones vacías de contenido real, Alpha. Abiyán – Estación París Norte remueve nuestras conciencias. Para tratar de solucionar una de las cuestiones más complejas que debemos afrontar como sociedad, la desigualdad Norte – Sur y sus consecuencias, es imprescindible que seamos conscientes de las causas reales de los procesos y que empaticemos con las personas que sufren las consecuencias de nuestras decisiones políticas. Con el auge de los nacionalismos y la extrema derecha que asola buena parte de Occidente, este cómic es una lectura imprescindible.

 

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Tocadiscos

Tocadiscos, de Zidrou y Beuchot (Norma Editorial)

Tocadiscos es la segunda entrega de la trilogía africana que están llevando a cabo el guionista Zidrou y el dibujante Raphaël Beuchot. En la primera, El cuentacuentos,  ambos nos trasladaban a un entorno africano imaginario en el que asistíamos a un homenaje a los griots – contadores de historias -. En esta ocasión, el contexto está muy claro, ya que la acción se sitúa en 1930 y transcurre entre Bruselas y el Congo Belga.

El protagonista del cómic es Eugène Ysaÿe, un vetereno violinista al que un compromiso familiar lleva a Léopoldville – actual Kinshasa -, la capital de la colonia belga del Congo. Una vez allí, conoce a Tocadiscos, un criado africano que se encarga de manejar el tocadiscos de 78 revoluciones que posee la familia de Ysaÿe. Las diferencias entre ellos, entre Europa y África, y su descubrimiento y conocimiento mutuos son el eje de la narración. Como en otras obras de Zidrou, los momentos oníricos y la creación de ambientes intimistas tienen un gran peso en el relato.

Aunque el objetivo de la obra no es presentar en profundidad el contexto histórico, hay muchos elementos que nos permiten acercarnos a una época realmente interesante. En 1930 Bélgica celebraba el centenario de su independencia. Era un momento de esplendor. Atrás habían quedado las atrocidades cometidas por Leopoldo II en su filantrópica misión en el Estado Libre del Congo (se calcula que murieron entre 6 y 10 millones de personas) y los horrores de la Primera Guerra Mundial. El imperialismo europeo regía triunfante los destinos de la mayoría de la población del planeta e incluso un país tan pequeño como Bélgica podía controlar un territorio tan extenso y tan rico en recursos como el Congo.

La obra de Zidrou y Beuchot, pese a no profundizar en el tema, muestra la férrea división social que habían impuesto los colonizadores. Los europeos podían llevar una vida llena de lujos en el exótico – uno de tantos tópicos – continente africano, mientras la población africana sostenía todo el sistema mediante su trabajo en condiciones muy precarias y sufriendo constantes injusticias. Las excusas del progreso y la evangelización, en 1930, ya habían quedado en desuso y todo el mundo tenía claro que el objetivo de la colonización era la explotación económica de la población y de los recursos naturales de África.

La separación entre población africana y población europea, a pesar de no llegar a los niveles de crueldad del apartheid sudafricano, era un imperativo legal. No obstante, como nos permite vislumbrar el cómic, esta estricta separación en la práctica no siempre era seguida al pie de la letra. Otros temas de interés son esbozados también por Zidrou y Beuchot, aunque la brevedad de la obra no permite desarrollarlos: los estereotipos que tenían los europeos sobre África y los africanos; los cambios en la vida cotidiana de la población local en solo una o dos generaciones o la difícil convivencia entre tradición y modernidad.

La sensible mirada de Eugène Ysaÿe nos permite descubrir la fascinación que muchos occidentales de la época sintieron por África. La fauna y la vegetación, el clima, el peso de la oralidad y la tradición son aspectos que Ysaÿe va descubriendo a medida que avanza la trama. Su relación con Tocadiscos va evolucionando y poco a poco empieza a ser consciente de lo mucho que tienen en común. La música, parte esencial del cómic, es el nexo de unión entre ellos y se convierte en un lenguaje que trasciende sus diferencias.

A nivel gráfico, Tocadiscos se mantiene fiel a la linea iniciada con El cuentacuentos. La linea clara nos remite a la tradición francobelga, aunque es el color el aspecto central del cómic. La paleta de Beuchot, aunque es totalmente diferente para la parte del relato que transcurre en Bruselas, está llena de colores cálidos. La luz es omnipresente y el contraste entre ambos escenarios es marcadísimo. Uno de los recursos más interesantes es el uso de figuras de aires dalinianos para representar los sueños de Ysaÿe. Por último, son muy destacbles las dobles páginas dibujadas por Beuchot, que además de ser  de gran belleza,  sirven como inicio y final de las diversas partes de la obra.

En resumen, Tocadiscos es un cómic notable. La sensibilidad de Zidrou y el dibujo de Bechot se vuelven a combinar a la perfección y crean otra pequeña joya. A nivel histórico es más lo que sugiere que lo que explica, pero su lectura es muy atractiva y permite tener un contacto inicial, y suave, con algunos de los hechos más terribles de la época contemporánea.

Aya de Yopougon

Aya de Yopougon, de Marguerite Abouet y Clément Oubrerie (Norma)

Generalmente África aparece en nuestras vidas como fuente de malas noticias: guerras, desastres humanitarios, catástrofes naturales o epidemias. Además, cuando hablamos de la Historia de África – y me incluyo -, normalmente nos referimos a las épocas más oscuras de su historia, como el esclavismo o la colonización, pero también al genocidio de Ruanda o al apartheid sudafricano. Los cómics que he reseñado anteriormente sobre la Historia de África, con la excepción de El cuentacuentos, siguen este patrón; pero la saga de Aya de Yopougon muestra un continente africano totalmente diferente.

Marguerite Abouet es una escritora costamarfileña que nació en 1971 y a los 12 años se fue a vivir a París. Los recuerdos de su feliz infancia en el popular barrio de Yopougon, en Abidjan, la acompañaron en el tránsito hacia la edad adulta. En 2005 decidió crear un cómic junto con el dibujante Clément Oubrerie para hablar de la realidad cotidiana de una de las ciudades más grandes del África occidental. El primer volumen de Aya de Yopugon obtuvo  el premio al Mejor primer álbum en el festival de Angoulême en 2006 y a partir de ese momento, la colección, que consta de seis volúmenes, gozó de gran éxito.

Aya es una joven de clase media de Yopougon y junto a sus amigas Adjoua y Bintou nos presenta la vida cotidiana de su barrio. La acción se sitúa a finales de los años 70, aunque como reconoce Marguerite Abouet en esta interesante entrevista, los temas tratados en los cómics son muy importantes en la actualidad. Las inquietudes de la juventud marfileña están muy presentes a lo largo de los seis volúmenes, pero Abouet y Oubrerie tratan infinidad de temas: desde las relaciones entre padres e hijos hasta la difícil convivencia entre tradición y  modernidad, pasando por un aspecto fundamental en la mayoría de sociedades africanas, el papel de las mujeres.

A medida que la narración avanza, nuevos personajes permiten introducir otras temáticas realmente interesantes como el papel de la religión y la proliferación de nuevas pequeñas iglesias cristianas; la emigración y los contrastes que provocan la llegada a un destino europeo – París, en la mayoría de los casos -; o las diferencias entre la ciudad y el campo. En las más de 700 páginas que comprenden los seis álbumes los autores han sabido crear un gran retrato de la vida cotidiana del África occidental.Lo más novedoso de Aya de Yopougon es este reflejo de la vida cotidiana, que se aleja de la mayoría de historias sobre África que aparecen en los medios de comunicación. El costumbrismo del relato tiene más fuerza que la denuncia social, aunque ésta también está presente, de manera que el retrato de Abidjan muestra una gran vitalidad. Los africanos y, especialmente, las africanas son presentados de manera positiva, no son víctimas del pasado ni del presente, sino los forjadores y forjadoras de su propio futuro.

34916761En cuanto al dibujo, Clément Oubrerie ha sabido reflejar la atmósfera adecuada al guión de Abouet. El marcado uso del color y unos personajes tremendamente expresivos,dotan de vida a las diferentes historias que se cruzan en el cómic. Las composiciones de página son bastante sencillas, aunque destacan algunas viñetas a página completa en los momentos más trascendentes o, en ocasiones, en los más hilarantes del relato.

Aya-5En definitiva, la lectura de Aya de Yopougon  es muy recomendable, especialmente por dos motivos: en primer lugar, las historias que tienen que afrontar Aya y sus amigas son muy divertidas, y por tanto, el cómic es muy entretenido; y en segundo lugar, la obra de Abouet y Oubrerie permiten un acercamiento al continente africano mucho más cercano al día a día de la mayoría de la población que los trágicos relatos a los que estamos acostumbrados.

Por último, os dejo el enlace a una muy interesante propuesta didáctica  de la ONG Paz con dignidad para trabajar la lectura de Aya de Yopougon en el 4º curso de la Educación Secundaria Obligatoria; y el tráiler de la adaptación del cómic al cine de animación, largometraje estrenado en 2013.

 

Atar Gull

Atar Gull o el destino de un esclavo modélico, de Nury y Brüno. (Dibbuks)

La trata de esclavos tuvo unos efectos devastadores en el continente africano. Los cálculos más conservadores hablan de unos 15 millones de víctimas, – aunque hay estudiosos que las cifran en 60 millones -, hecho que provocó un desastre demográfico y social sin precedentes. La colonización fue un periodo dramático para buena parte de la población africana, y en muchos casos, sus efectos aún se dejan notar; pero las consecuencias de la trata fueron mucho más profundas y duraderas.

Atar Gull está basado en la novela homónima del novelista francés Eugéne Sue, publicada en 1831. En aquella época, la novela causó una gran polémica, ya que denunciaba la esclavitud y el inmenso negocio que ésta generaba. El cómic, con guión de Fabien Nury (guionista de Érase una vez en Francia, entre otras obras),  y dibujo de Brüno,  se centra en la historia de Atar Gull, príncipe de un pueblo del África occidental que fue capturado, vendido y llevado a Jamaica para trabajar en una plantación. Mediante su periplo, podemos observar cómo funcionaba el negocio de la trata de esclavos, desde su inicio en las costas africanas hasta su fin en las plantaciones caribeñas.

Atar Gull es capturado por un pueblo enemigo del suyo y es vendido al capitán Benoit por un oscuro intermediario holandés. El viaje hacia las costas caribeñas es muy accidentado y Atar Gull, junto con el resto de esclavos que intentan sobrevivir en las bodegas del barco, son capturados por el pérfido Brulart. Tras un breve regreso a África para conseguir aún más beneficios, Brulart pone rumbo a Jamaica. Por el camino deberá hacer frente a los ataques de una goleta inglesa y seremos testigos de las horribles condiciones que sufrían los esclavos en estos viajes.

Una vez en Jamaica, Atar Gull es comprado por Tom Will, uno de los mejores amos de la isla. Allí, Atar Gull realizará todas sus tareas con gran eficacia y recibirá un trato relativamente digno por parte de su amo; pero un hecho bastante habitual en las plantaciones afectará de manera brutal al príncipe africano. Desde ese momento, Atar Gull sólo tendrá en mente una cosa: la venganza.

El cómic trata muchos temas importantes en relación a la Historia de África. En primer lugar, desmiente el falso mito del africano pasivo, que solamente entró en la Historia cuando los europeos llegaron al continente y que no se opuso a la conquista. Los europeos no conquistaron el continente africano hasta el final del siglo XIX, y en muchos territorios no se adentraron hasta bien entrado el siglo XX, ya que se encontraron con una feroz resistencia. En el cómic queda muy bien reflejado cómo los intermediarios europeos se instalaron en la costa para comerciar con los gobernantes africanos, que eran los que vendían a sus prisioneros como esclavos. De estas guerras civiles africanas, los que sacaban un mayor provecho eran los europeos, pero los que llevaban a cabo las tareas más duras eran los habitantes de África.

En segundo lugar, los viajes transoceánicos eran terroríficos, ya que los negreros trasladaban su mercancía en unas condiciones inhumanas. El porcentaje de africanas y africanos que sobrevivían a estos viajes era muy escaso, como muestra con acierto el relato de Nury. Solo los más fuertes y los que gozaban de mejor salud eran capaces de resistir al tormento del barco. Una vez en las islas caribeñas, – en el cómic es Jamaica -, o en las costas americanas, los esclavos eran vendidos en mercados como si fueran animales de carga. La frialdad con la que los dueños de las plantaciones compraban y vendían a seres humanos era estremecedora.

Por último, el racismo, aún muy extendido en nuestros días, era una constante en las relaciones entre europeos y africanos. La llegada de los europeos al continente africano era presentada como una misión civilizatoria, que consistía en llevar la religión verdadera y el progreso a los bárbaros africanos. Bajo esta apariencia bienintencionada, se escondía el verdadero objetivo: la explotación económica.

La historia de Atar Gull se enmarca en este contexto histórico, que está muy bien recreado por los autores, pero el gran acierto de este cómic es su uso de los grandes temas de la naturaleza humana. El amor, el odio y la venganza tienen un papel central en la narración y los continuos giros del argumento atraen poderosamente la atención del lector. La ambigüedad moral de buena parte de los personajes consigue llevarnos a la reflexión sobre la capacidad del ser humano para hacer el mal y sobre la fina frontera que separa, en muchas ocasiones, el bien del mal.

El dibujo de Brüno es sorprendente, ya que durante las primeras páginas parece que está buscando el tono con el que plasmar el guión de Nury, pero a medida que avanza la historia, sus dibujos y su uso del color funcionan perfectamente. Un dibujo más realista quizás hubiera oscurecido aún más la trama, y en cambio, el trazo caricaturesco y los colores planos permiten un cierto alejamiento que beneficia al mensaje de denuncia del cómic.

En definitiva, Atar Gull es un cómic muy recomendable para quienes queráis conocer uno de los peores fenómenos de la historia de la humanidad.

El cuentacuentos

El cuentacuentos, de Zidrou y Beuchot. (Norma)

El griot (cuentacuentos) es una figura muy popular en algunos países del África occidental. La sabiduría de muchos pueblos se ha ido transmitiendo de generación en generación a través de las historias que han explicado los griots de aldea en aldea. La tradición oral que ellos y ellas – también hay mujeres griot – representan, ha permitido preservar muchos aspectos culturales que de otra manera se hubieran perdido. En El cuentacuentos, mediante el dibujo de Raphaël Beuchot, el guionista belga Zidrou rinde un sentido homenaje a estas personas que se han dedicado a contar historias durante siglos.

La acción se sitúa en un país africano imaginario. De la mano de Souleymane, un titiritero ambulante a quien el pueblo conoce como Érase una vez, descubrimos que las autoridades han establecido un régimen de terror en el que está prohibido explicar historias. Érase una vez se enfrentó en el pasado a Salif, el siniestro gobernante, y pagó un alto precio. Aún así, sigue decidido a explicar sus historias a todo aquel dispuesto a escucharlas para conseguir que la gente pueda evadirse de su dura realidad cotidiana.

El relato se compone de la historia principal, en la que vemos cómo Érase una vez trata de luchar contra el régimen opresor, y de diversos cuentos breves que narra el propio griot o algunos de los numerosos personajes secundarios presentes en la acción. Algunos de estos cuentos permiten a los autores trasladarnos al mundo mágico al que lleva Érase una vez a los niños y niñas de las aldeas que visita. Otros, en cambio, sirven para contextualizar la situación actual de sus protagonistas.

Zidrou y Beuchot utilizan gran cantidad de recursos originales para crear una historia que te atrapa: desde los diálogos de algunos personajes que apelan directamente al lector, pasando por objetos y animales que hablan y nos hacen reflexionar sobre algunos aspectos de la historia, hasta un gran uso del color que permite diferenciar la realidad de la ficción. El simbolismo es uno de los elementos claves de El cuentacuentos, empezando por la lucha de Érase una vez que representa el poder de la palabra contra la opresión. La libertad es otro aspecto fundamental, ya que las historias que explica Érase una vez dan la posibilidad de imaginar y de soñar a los habitantes de estos lugares y escaparse, así, al  férreo control de las autoridades.

El cuentacuentos no es propiamente una obra de temática histórica, pero consigue trasladarnos a los entornos rurales de muchos países africanos, en los que los griot aún gozan de una importante posición. El cómic también funciona como una denuncia hacia algunos de los régimenes que gobiernan buena parte de los Estados de África con el apoyo de las grandes potencias occidentales.  Además de la belleza de la historia, creo que estos dos elementos hacen que esta obra tenga perfecta cabida en el tono general del blog.

Por último solo añadir, parafraseando a Érase una vez, que la historia que nos cuentan Zidrou y Beuchot es ‘amarga como la muerte, dulce como la vida y suave como el amor’. Una gran lectura, acercaos a ella y dejaos llevar.

Kongo

Kongo, de Tom Tirabosco y Christian Perrissin (Dibbuks)

La historia de África tradicionalmente ha quedado relegada en los planes de estudios, y en muchos casos, se explica tan solo desde el punto de vista de los europeos. Esta es la primera entrada de una nueva sección en el blog sobre cómics que tratan la historia de África, aunque como pasa con los libros de historia, el enfoque mayoritario es el de África vista desde Europa. La historia de África me ha interesado desde que cursé una asignatura sobre el África Contemporánea en la universidad, y creo que los cómics – como con todas las ramas de la Historia – son una buena herramienta para divulgar algunos aspectos de la historia africana que deberían ser de conocimiento obligado.

Kongo es la primera novela gráfica sobre la historia de África que analizo y su lectura me ha resultado muy interesante. El cómic, con guión de Christian Perrissin y dibujo de Tom Tirabosco, relata el viaje que llevó a cabo por el río Congo Jozef Konrad Korzeniowski, quien pasó a la historia como Joseph Conrad. Este viaje por el Congo que controlaba el rey Leopoldo II de Bélgica fue su inspiración para escribir su gran obra El corazón de las tinieblas. Mediante la reconstrucción del viaje por el gran río africano y a través de la correspondencia que mantuvo con su tía, Perrissin consigue que veamos cómo se sintió y qué descubrió el protagonista de la historia.

La Conferencia de Berlín celebrada entre 1884 y 1885 oficializó el inició de la carrera por la conquista de África para explotar su mano de obra y sus recursos naturales. La zona central del continente, que el río Congo recorría, era bastante desconocida, aunque se creía que se podrían obtener grandes beneficios de su control. Las grandes potencias de la época – Gran Bretaña, Francia y, en menor medida, Alemania – no querían que una de las otras se quedara con estos territorios, así que todas aceptaron la propuesta del rey de Bélgica. Ésta consistía en el control directo de la colonia por el propio Rey Leopoldo y no, como era habitual, por parte del Estado Belga. Además, las aguas navegables del Congo estaban abiertas al comercio de todas las potencias europeas.

Leopoldo II de Bélgica estaba considerado internacionalmente como un gran benefactor y aseguraba que en el Estado Libre del Congo – como llamó a sus posesiones africanas – las condiciones de vida de sus habitantes iban a mejorar. El colonialismo europeo, siempre dispuesto a esquilmar los abundantes recursos africanos, utilizaba este tipo de argumentos para maquillar sus verdaderas intenciones. Los colonizadores iban a llevar el progreso, la educación y la verdadera religión a los pobres bárbaros africanos; pero en el fondo el verdadero objetivo era la explotación económica.

Leopoldo llevó estas prácticas hasta los extremos más horripilantes que alguien pueda concebir. Baste un solo dato, el número de víctimas durante su dominio del Estado Libre del Congo se calcula en 10 millones de muertos, prácticamente el 50% de la población. Mientras los congoleses sufrían, el Rey de los belgas y sus secuaces se habían enriquecido enormemente.

El Joseph Conrad que emprende su viaje al Congo, era un marino de origen polaco que había estado en la marina mercante británica durante bastantes años. Como la mayoría de europeos de la época, Conrad – Korzeniowski en aquella época – desconocía lo que sucedía realmente en las lejanas tierras centroafricanas. A lo largo de su periplo hasta  la desembocadura del Congo, Conrad empieza a ser consciente del racismo imperante y del trato vejatorio que reciben los africanos por parte de sus supuestos benefactores.

Joseph Conrad había firmado un contrato de 3 años con la compañía belga que dirigía la explotación económica del Congo. Su tarea era pilotar un vapor por el río y llegar hasta el interior del continente para transportar los grandes cargamentos de marfil que se obtenían en la colonia. Fue un viaje durísimo, en que Conrad se enfrentó a la enfermedad, a la sed, al hambre y al clima ecuatorial; pero lo peor para él fue la clase de gente con la que se encontró. Hombres rudos, tiránicos, que despreciaban el sufrimiento y las vidas de los africanos y que estaban dispuestos a cualquier cosa para enriquecerse lo más rápido posible y volver a Europa.

Además de descubrir los horrores del colonialismo, Joseph Conrad se conoció a sí mismo, como muestran las cartas que escribía a su tía viuda, con la que le unía una estrecha relación. La correspondencia, introducida con gran acierto en el cómic, permite observar la evolución personal del protagonista. Desde su curiosidad e ingenuidad iniciales, vemos cómo Conrad se endurece y cómo intenta luchar contra la perversa maquinaria colonial.

Los personajes secundarios que aparecen a lo largo del relato representan de manera muy acertada los estereotipos de los europeos que viajaban a África a hacer fortuna; pero son los personajes africanos los que nos permiten ser testigos de la vileza de la colonización. Los castigos físicos, las cargas de trabajo sobrehumanas y el desprecio de la mayoría de europeos muestran los costes del gran negocio con el que las élites europeas se enriquecieron.

En cuanto al dibujo de Tom Tirabosco, creo que se adapta perfectamente al tono del relato. El blanco y negro, conseguido mediante la técnica de la monotipia, consigue reflejar perfectamente la opresión del viaje a través de la jungla y el sufrimiento del protagonista y de los africanos con los que se encuentra. Las composiciones son bastante sencillas, pero cumplen su función y  la historia avanza con fluidez. Destacan algunas viñetas de gran tamaño, con una gran belleza visual.

Por último, me ha parecido una gran idea la inclusión al final del cómic de unas páginas anexas en las que Christian Perrissin relata la biografía de Conrad y explica la influencia en su obra del viaje al Congo. Asimismo, Perrissin nos habla de los personajes secundarios que aparecen en el cómic y de los personajes históricos que representan. No soy capaz de imaginar un mejor colofón a esta imprescindible novela gráfica sobre uno de los momentos más terribles de la Historia Contemporánea de África y de Europa.