El sheriff de Babilonia

El sheriff de Babilonia. Bang Bang Bang, de Tom King y Mitch Gerads (ECC)

El 11S es uno de los hechos históricos más trascendentes de los últimos veinte años. La respuesta del gobierno de George W. Bush a los atentados fue la guerra contra el terror. Como consecuencia de este cambio en la política exterior norteamericana, que anunciaba la respuesta inmediata y expeditiva contra cualquier estado que en opinión de los Estados Unidos diera apoyo a Al Qaeda, la administración Bush inició la guerra de Afganistán y, posteriormente, la de Irak. Los grandes medios de comunicación occidentales defendieron que el derrocamiento de Saddam Hussein fue un gran éxito que iba a llevar la democracia y la prosperidad al medio Oriente. A pesar de los variados intentos por maquillar la realidad, la situación de Irak está muy lejos de ser pacifíca y la violencia y el caos siguen siendo los reyes.

En El sheriff de Babilonia, el guión de Tom King y el dibujo de Mitch Gerads se unen para trasladarnos al Bagdad post-Saddam. La zona verde, ese sector artificial donde se guarecen las agencias diplomáticas y los contratistas europeos y norteamericanos; los atentados suicidas; la violencia sectaria; la desolación que provoca observar la destrucción de una ciudad milenaria… Todos estos elementos, y muchos más, conforman un cómic muy interesante para conocer la situación actual de Bagdad. Tom King trabajó en la CIA durante diez años, de modo que su propia experiencia y sus amplios conocimientos sobre el terreno dotan de verosimilitud al contexto en el que se desarrolla una trama densa, compleja y, al mismo tiempo, adictiva.

Este tomo, con el acertado subtítulo de Bang. Bang. Bang., incluye los seis primeros números de la serie. En el primero de ellos, los autores nos presentan a los tres personajes principales: Christopher, Sofía/Saffiya y Nassir. Christopher es uno de los instructores norteamericanos de la nueva policía iraquí; Sofía es una iraquí que pasó su infancia y su adolescencia en los Estados Unidos y ahora ha vuelto para ayudar en la reconstrucción del país; y Nassir es un veterano policía con una larga hoja de servicios para el gobierno de Saddam Hussein. Tres seres humanos aparentemente distintos, a los que el asesinato de uno de los pupilos de Christopher lleva a colaborar.

Uno de los grandes aciertos del cómic es la recreación de la atmósfera cerrada y agobiante de la zona verde. El control militar y policial que ejercen los militares norteamericanos esconde el gran juego de intereses que se lleva a cabo entre bastidores. La reconstrucción de las infraestructuras, los beneficios del petróleo y la naturaleza del nuevo sistema político iraquí provocan tensiones y juego sucio por parte de diversos actores. La guerra soterrada entre chíies y suníes también tiene un papel fundamental en la situación de Bagdad y afecta directamente a los protagonistas.

En medio de este panorama, Christopher, Sofía y Nassir tratan de hallar solución al misterio y encontrar al responsable del asesinato. Al mismo tiempo, King y Gerads son capaces de ir desvelando el pasado de los tres y de ir tejiendo las relaciones entre ellos. El tradicional argumento de la novela negra consistente en encontrar al culpable, se convierte aquí en un retrato colectivo de Bagdad. Este contexto tan bien recreado es lo que convierte a El sheriff de Babilonia en una obra muy interesante para cualquiera que se interese por la política internacional y por la actual situación de Oriente Medio. Los propios autores se vanaglorian en afirmar que es el único cómic cuyo argumento debe ser aprobado previamente por la CIA, puesto que los conocimientos de King podrían revelar informaciones que la agencia no quiere que sean públicas.

A nivel gráfico, el trabajo de Mitch Gerads es impecable. Su dibujo tiene una gran fuerza y su buscado trazo sucio y abierto encaja perfectamente con la realidad que nos quiere contar. Pero si hay un elemento que brilla con luz propia es el uso del color, tarea del propio Gerads. El calor asfixiante de Bagdad y la violencia extrema que rodea a los personajes ganan en potencia y expresividad gracias al color. Los tonos ocres y los marrones tienen un gran peso en el relato, aunque también son destacables el rojo de la sangre y la paleta oscura de las escenas nocturnas. La labor de documentación es evidente que ha sido exhaustiva y este hecho se deja notar en los escenarios donde sucede la acción, así como en los uniformes y los vehículos. Son destacables también las trabajadas composiciones de página y el ritmo que consigue el cómic gracias a ellas. La combinación del guión de King con el dibujo y el color de Gerads funciona de forma muy efectiva.

El sheriff de Babilonia es el primer cómic que reseño del mainstream estadounidense, ya que pertenece al sello Vertigo, de DC Comics, y seguro que no será el último. Un argumento que te atrapa, un dibujo muy potente y, por encima de todo, una historia universal que habla sobre la condición humana. En cualquier contexto, por dantesco que este sea, surgen relaciones personales y estas son las que nos configuran y las que nos interesan y el guión de King lleva a cabo una labor fantástica a este respecto. En tan solo 150 páginas ambos autores consiguen atraparnos en un relato y dotarnos de innumerables elementos de reflexión.

Por nuestra cuenta

Por nuestra cuenta. Memorias de Miriam Katin, de Miriam Katin (Ponent Món)

Miriam Katin nació en Budapest en 1942, en el seno de una familia judía. En plena Segunda Guerra Mundial, su padre estaba luchando en el ejército húngaro y ella vivía con su madre. Hungría había formado parte del eje y había luchado contra la Unión Soviética al lado de Alemania, pero simultáneamente estaba negociando su rendición con los aliados. Ante esta situación, Hitler decidió invadir el país magiar en marzo de 1944.

Es en esta fase de la contienda cuando se inicia el relato de Miriam Katin, en que narra cómo ella y su madre consiguieron escapar a la persecución nazi y a la deportación hacia los campos de exterminio – más de 400.000 judíos húngaros fueron llevados a Auschwitz -. Pese a que son las memorias de la autora, la gran protagonista de la obra es su madre: Esther Levy. Las situaciones que tuvo que afrontar fueron terribles, pero se sacrificó constantemente para tratar de salvaguardar el bienestar de su hija. Cualquiera se hubiera rendido y hubiera dejado de luchar, pero su capacidad de sacrificio fue infinita.

Miriam Katin construye el cómic a partir de dos lineas temporales: por un lado, en las páginas en blanco y negro nos sitúa en 1944 y somos testigos de las desventuras que vivieron ella y su madre para huir de la persecución nazi; y por el otro, en páginas con un bello color, nos traslada a finales de los años 60 e inicios de los 70, a su exilio norteamericano, donde asistimos a las reflexiones de la propia Miriam Katin sobre la religión, la memoria y la formación de su identidad.

Hasta el año 1944, Budapest había quedado alejada del frente y Esther Levy y su hija Miriam habían podido llevar una vida relativamente tranquila. Todo cambió con el avance alemán, que trataba de ocupar el país para intentar frenar a las tropas soviéticas. Con la Solución Final a pleno rendimiento, la numerosa comunidad judía húngara estaba en peligro. Al inicio del cómic, Miriam Katin nos muestra los pequeños y dolorosos cambios que tuvo que afrontar su madre: la entrega de su mascota – los perros tendrán un papel destacado en el relato -, la realización de un inventario con todas sus posesiones y, por último, el abandono del piso donde vivían.

A partir de este momento, gracias a la habilidad y al instinto de supervivencia de su madre, ambas consiguieron escapar en diversas ocasiones a su fatal destino. Esther Levy consiguió documentación falsa para ella y su hija y pudieron trasladarse al campo, donde teóricamente iban a estar más seguras. Allí se hicieron pasar por una sirvienta gitana y su hija y tuvieron que hacer frente a situaciones terribles. La persecución hacia los judíos era implacable; las sospechas que se cernían sobre ellas y su nueva identidad eran constantes; y la sensación de desamparo e inseguridad eran permanentes.

Ante situaciones desesperadas los seres humanos reaccionamos de formas muy diversas y el cómic refleja esta amplitud de respuestas: campesinos que se desviven por ayudarlas, gente que trata de aprovecharse de ellas o personas que simplemente las rechazan. El miedo, el odio y la muerte están siempre presentes. Miriam Katin y su madre consiguieron ir superando terribles obstáculos, siempre con la esperanza de salvarse y encontrar a su padre. La autora consigue transmitir la continua sensación de pérdida y la impotencia de su madre, que en ocasiones se veía superada por los acontecimientos.

A nivel propiamente histórico es interesante detenerse en un momento tan complejo como la llegada del ejército rojo a Hungría, que liberaba al país del nazismo, pero al mismo tiempo imponía un nuevo régimen. Además, el cómic reconstruye con acierto la Europa destrozada por la guerra, con cientos de miles de personas que buscaban a sus seres queridos y millones de desplazados que trataban de llegar a sus lugares de origen.

Más allá de los hechos en sí, otro aspecto muy atractivo de la obra son las reflexiones de la Miriam Katin adulta. La relación con su propia hija y su forma de educarla hacen que se plantee muchas cuestiones relevantes. El diálogo que la dibujante establece entre su infancia y la de su hija es muy estimulante. El papel de la religión en su vida, con constantes referencias a lo largo del relato, es fundamental para comprender su evolución personal.

El dibujo aparentemente sencillo de Miriam Katin es muy expresivo y tiene una gran efectividad. El blanco y negro de la mayor parte de las páginas se adapta a la perfección a la reconstrucción de la memoria que lleva a cabo la autora. El trazo expresionista y los juegos con la luz y la sombra nos trasladan a los duros momentos que la dibujante recrea. El contraste con las páginas a color, que muestran una época más amable, es una herramienta muy bien utilizada por Katin. A nivel formal no hay elementos especialmente llamativos, pero todo el aparato gráfico está al servicio de una historia tan potente, que los artificios no son necesarios.
En los últimos años han sido bastantes los cómics que han recuperado la memoria histórica de diversos conflictos. Generalmente, los autores y las autoras han narrado las experiencias de sus progenitores – Art Spiegelman, Antonio Altarriba, Miguel Gallardo… -, pero en Por nuestra cuenta, la propia Miriam Katin es parte fundamental del relato. A pesar de que era una niña muy pequeña y prácticamente no tiene recuerdos sobre los hechos, las conversaciones con su madre y las cartas que ella había escrito a su padre le han permitido reconstruir su historia. El cómic es también, obviamente, un homenaje a su madre y a tantas mujeres valientes que lucharon y sobrevivieron a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y el nazismo. Honor y memoria.

El atentado

El atentado, de Duvallier y Chapron

Yasmina Khadra es el seudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul, autor de la novela en la que está basado el cómic de Löic Dauvillier y Glen Chapron. Su pasado como militar, su nom de plume femenino y el hecho de escribir en francés, lo han convertido en un personaje muy controvertido. En sus novelas se ha acercado a diversos lugares y conflictos del mundo árabe y musulmán y, en el caso que nos ocupa, El atentado trata de reflejar la realidad de Israel y Palestina, aunque para ello se vale de la ficción y de un personaje brillantemente creado: Amín Jaafari.

Jaafari es un médico palestino que ha conseguido la nacionalidad israelí. Reside en Tel Aviv, está plenamente integrado en la sociedad hebrea y trabaja en un hospital prestigioso. Todo cambia cuando se produce un atentado en un restaurante de la ciudad, que deja 19 víctimas mortales. Una de ellas es su esposa Sihem, quien resulta ser la kamikaze que se ha inmolado. Amín no sabía nada, no conocía la deriva integrista de Sihem, ignoraba completamente cómo había entrado en contacto con grupos terroristas y le parecía imposible que su mujer hubiera cometido un acto de esta naturaleza. Además, las autoridades israelíes sospechan de su implicación y sufre ataques por parte de algunos de sus vecinos israelíes. Su vida ha caído en un agujero negro y el protagonista no sabe el porqué. Esa búsqueda de respuestas es el eje argumental de la obra.

No he leído la novela original y por tanto, no puedo valorar su calidad ni la fidelidad del cómic al argumento creado por Yasmine Khadra. Lo que sí puedo constatar es que el gran mérito de Löic Dauvillier es haber conseguido un ritmo narrativo excelente. Escenas vertiginosas bien enlazadas con momentos de silencio y reflexión; profusión de personajes y escenarios que contrastan con el lento hallazgo de respuestas por parte del protagonista. La combinación de estos elementos consiguen crear una trama adictiva, llena de giros que cambian constantemente nuestra percepción sobre el conflicto entre Israel y Palestina y sobre la infructuosa labor de Amín Jaafari.

atentado2Desde el punto de vista histórico, el cómic no aporta grandes novedades, ya que la acción está situada en un presente indefinido; pero lo que convierte esta obra en una lectura muy recomendable es el complejo retrato que lleva a cabo del conflicto árabe-israelí. El guión de Dauvillier incluye multitud de factores inherentes a la situación que se vive en Palestina: fanatismo, racismo, terrorismo, desesperación, venganza… Amín Jaafari se encuentra en medio de esta vorágine y poco a poco va descubriendo la forma de actuar y las motivaciones de los diversos actores que están implicados en el atentado que cometió su esposa.

El maniqueísmo habitual de los superficiales análisis de nuestros medios de comunicación no tiene cabida en El atentado. En este sentido, son especialmente relevantes las conversaciones de Jaafari con algunos líderes, tanto religiosos como civiles, de los grupos que luchan mediante las armas contra el Estado Israelí. Diálogos pensados, densos, que requieren de una relectura para comprender la profundidad de los argumentos jalonan la búsqueda del protagonista, quien lentamente se adentra en el abismo. No tiene nada que perder y actúa inconscientemente, desoyendo los consejos y las advertencias de las personas que se preocupan por él.

Su retorno a Palestina, donde vive su familia, rompe los esquemas de alguien que se ha acostumbrado a la vida de Tel Aviv. Pone en entredicho sus propias creencias, sus principios se resquebrajan y Amín se sumerge en un mar de dudas. La culpa por no haber conocido en profundidad a Sihem, por no haber percibido su evolución, se suma a su experiencia en primera persona de las atrocidades que comete el ejército israelí. Amín Jaafari es un náufrago que en su deriva nos permite conocer desde dentro uno de los conflcitos más complejos del mundo.

A nivel gráfico el trabajo de Glen Chapron es encomiable. A una estructura fija con cuatro tiras de viñetas por página, la dota de la viveza necesaria para evitar la monotonía. El dibujo busca el realismo, pero no cae en grandes artificios. Sus personajes son expresivos y los escenarios consiguen el grado de verosimilitud necesarios para trasladarnos a lugares con los que estamos familiarizados por su gran presencia en los medios de comunicación. El uso del color como elemento narrativo es adecuado y permite a Chapron crear atmósferas muy efectivas en momentos determinados.

Israel y Palestina son el escenario de numerosos cómics, algunos de ellos anteriormente reseñados en el blog, pero El atentado es una obra diferente. No trata de analizar el conflicto ni busca sus orígenes históricos sino que mediante la ficción nos permite observar desde dentro su desarrollo. Si tan solo queremos confirmar nuestros prejuicios, la obra de Dauvillier y Chapron no será placentera, pero si estamos abiertos a que nuestras ideas preconcebidas evolucionen, El atentado es una obra magnífica. Un cómic que nos cuestiona, que si tenemos una mínima empatía nos incomoda, un gran cómic.

El solar

El solar, de Alfonso López (La Cúpula)

Los años 40 fueron terribles para la mayoría de la población española. El país había quedado arrasado tras la guerra civil, la represión instaurada por el régimen franquista fue atroz y el aislamiento internacional provocado por la alianza del franquismo con la Alemania nazi y la Italia fascista generaba una carestía abrumadora. La situación de quienes habían luchado por la República era aún peor, ya que a la miseria general tenían que añadir sus dificultades para conseguir trabajo o la discriminación social y legal que padecían.

El veterano dibujante Alfonso López decidió situar la acción de El solar en esta época, concretamente en el año 1947, cuando cerró el campo de concentración de Miranda de Ebro, el último que permaneció abierto en España. El contexto histórico está muy cuidado, pero Alfonso López no trata tan solo de recuperar la memoria sobre el pasado, su objetivo con esta obra es por encima de todo homenajear a los tebeos y a los dibujantes que marcaron a varias generaciones. El humor típico de aquellas publicaciones, su lenguaje, los recursos inherentes al medio, y evidentemente, algunos de los personajes más característicos de las viñetas de los años 40 y 50 tienen un papel central en El Solar. López también incluye algunos otros iconos de la cultura popular de aquel tiempo.

El protagonista, Pepe Gazuza – obviamente inspirado en Carpanta, el famoso personaje de Escobar -, deja el campo de Miranda de Ebro y recupera su preciada libertad. Tras un cómico encuentro con el Caudillo, se dirige a la gran ciudad en busca de un porvenir. Allí llega a uno de los lugares más típicos de aquella época: una pensión, donde coincide con un muy peculiar grupo de personajes. Siempre con optimismo, trata de encontrar una ocupación que le permita sobrevivir, pero su pasado se lo pondrá muy difícil.

Al mismo tiempo, Petro – trasunto de Petra, otro de los personajes más conocidos de Escobar – emigra desde su pueblo y llega a la misma ciudad para trabajar de criada. En la casa donde desempeña su labor conoce a Alfonsito, un joven falangista muy intenso, quien se enamora perdidamente de ella y le pide ayuda para dotar al régimen del arma definitiva que la situará entre las grandes potencias mundiales. Con rapidez Alfonso López consigue que ambas tramas se mezclen y la comedia costumbrista da paso a una divertida historia de espionaje.

El argumento es sencillo y transcurre a un ritmo vertiginoso, por ello es necesario fijarse en los detalles. Más allá de los personajes que intervienen en la historia, desde Zipi y Zape hasta Manolete, pasando por Machín, López consigue incluir multitud de aspectos esenciales para comprender el periodo histórico en el que se sitúa la acción. Tienen un papel destacado los criminales nazis que utilizaban España como base para trasladarse a Sudamérica o que directamente se instalaban en la costa levantina o andaluza bajo el manto protector del franquismo. Asismismo, es interesante observar la figura del fantasma, uno de tantos topos que se ocultaron a lo largo y ancho del país para evitar las represalias del régimen. Otros temas aparecen también esbozados en El solar: la caza de nazis llevada a cabo por Simon Wiesenthal, el inicio de la Guerra Fría tras el final de la Segunda Guerra Mundial o las diversas corrientes internas del franquismo que se iban a enfrentar años más tarde.

A nivel gráfico el trabajo de Alfonso López es encomiable. El dibujo de trazo rápido y aparentemente sencillo recuerda claramente al de la época, pero gracias a un gran uso del color consigue actualizarlo y crear un estilo propio. Los personajes, caricaturescos, son tremendamente expresivos. Es también destacable la labor de documentación llevada a cabo por el dibujante, de manera que la Barcelona de la época es reconocible, así como la vestimenta de todos los personajes y los vehículos. Un último elemento fundamental para la efectividad de la obra es el uso que hace Alfonso López del lenguaje. Expresiones ya en desuso, seguramente extraídas o como mínimo inspiradas en el TBO, Jaimito, el DDT o el Pulgarcito jalonan el cómic y consiguen un gran efecto, ya que nos trasladan en un instante a la España de la posguerra.

En definitiva, El solar aúna la recuperación de la memoria sobre un momento muy concreto de la historia de España y al mismo tiempo consigue honrar a toda una generación de dibujantes y a sus creaciones. Para ello no cae en la nostalgia, sino que crea una trama muy fluida plagada de momentos divertidos. Alfonso López realiza un gran trabajo y consigue que alguien como yo, que más allá de Zipi y Zape no he leído casi nada de este periodo, se interese por una etapa crucial del cómic español. Un gran trabajo. PD: podéis leer las primeras páginas de la obra en la página web de La Cúpula.

Basura

Basura, de Derf Backderf (Astiberri)

basura

Pocas cosas hay más cotidianas que la basura,  pero a pesar de ello, es una gran desconocida. Más allá de los contenedores donde la depositamos y de los camiones de recogida que vemos a diario, en general ignoramos completamente lo que sucede posteriormente con nuestros desperdicios. Los residuos conforman una industria enorme que mueve 55.000 millones de dólares anuales en los Estados Unidos, en la que participan enormes conglomerados empresariales como ACS o FCC en España o con la que diversos grupos mafiosos se han lucrado durante décadas en Italia. Es un negocio redondo, con una materia prima prácticamente infinita que todos colaboramos a incrementar.

Derf Backderf, consciente de todo ello y con una experiencia de dos años (1979-1980) trabajando de basurero, ha tratado de dar a conocer este peliagudo tema. Para ello se ha basado en su propia experiencia, ha investigado sobre la materia en cuestión y ha visitado centros de reciclaje, vertederos y plantas de tránsito de basuras. Pese a lo aparentemente arduo de la cuestión, el dibujante norteamericano ha conseguido crear un cómic didáctico, entretenido y muy divertido.

La estructura del cómic es sencilla, pero muy efectiva. En primer lugar Backderf incluye un breve prólogo que narra el devenir histórico de la recogida de basuras, desde el 3.000 aC, cuando se data el vertedero conocido más antiguo en la isla de Creta, hasta los vertederos y plantas de incineración modernas. Es encomiable la capacidad de síntesis del dibujante, que en muy pocas páginas traza las líneas maestras de la recogida de basuras a lo largo de la Historia: los graves problemas de residuos que tuvo Roma, el peligro que suponía su acumulación al lado de las murallas de las ciudades, el uso de los ríos como vertedero natural, los hombres del polvo de Londres…


A continuación, Derf Backderf narra las andanzas de un joven norteamericano que empieza a trabajar como basurero. Aunque la trama es de ficción, en parte está basada en sus propias experiencias de hace más de tres décadas. Es muy interesante cómo Backderf relata la evolución del joven: desde el asco inicial a la total adaptación al medio. La sucesión de escenas muestra multitud de aspectos que juegan un papel fundamental en la gestión de los residuos: las diversas fases del proceso que lleva nuestra basura desde la puerta de casa hasta el vertedero; la corrupción y el nepotismo de la administración municipal; y por encima de todo, las acciones individuales de los vecinos y vecinas, mayoritariamente irrespetuosos con el medio ambiente y con las personas que se encargan de llevarse sus desperdicios.

La gran cantidad de anécdotas y de momentos divertidos están muy bien enlazados y no ocultan el gran peso que el autor confiere a la crítica de nuestra sociedad. Ya sea en el tórrido verano o en el gélido invierno, la basura no se detiene, el ciclo continúa y no somos conscientes del volumen que deshechos que producimos. Las reflexiones del protagonista y de algunos de sus compañeros dotan de profundidad a la trama, pero el gran mérito de Derf Bakckderf es el gran sentido del humor, negro y cínico en ocasiones, que recorre el cómic. La combinación de reflexión y crítica social con una trama realmente entretenida es un gran acierto.


Los personajes están muy conseguidos y permiten apreciar los diversos estereotipos que se dedican a esta imprescindible pero despreciada labor.  Desde los veteranos curtidos hasta los novatos inexpertos, todos forman parte de este mundillo tan especial. La mayoría de personajes son complejos y tienen momentos brillantes, pero es imposible no detenerse en Marv, el anciano trabajador de la perrera municipal, y en Magee, el extravagante trabajador del cementerio de la ciudad. Ambos proporcionan los momentos más cómicos de la obra y permiten aligerar el tono general de denuncia y reflexión tan importantes en la trama.

La parte gráfica de la novela gráfica es también muy remarcable. El bitono azul y negro funciona muy bien y permite a Backderf construir sus ya habituales personajes caricaturescos. Las caras con facciones muy marcadas y los cuerpos que recuerdan al cartoon hacen de contrapunto con la profundidad del argumento. Backderf es un dibujante versátil y como demuestra tanto en el prólogo como en el epílogo, es capaz de buscar el realismo. Pese a la repulsión que provocan, algunos de sus dibujos de basura son realmente espectaculares. Es interesante detenerse en algunos detalles muy propios del medio como el constante uso de onomatopeyas o el juego con el movimiento, especialmente cuando el protagonista recorre las calles a lomos de Betty. 

Este ha sido mi primer contacto con la obra de Derf Backderf, no he leído Mi amigo Dahmery su forma de presentar un tema de tanto calado como este me han parecido muy acertada. Basura presenta el equilibrio justo entre el humor y la crítica social, siempre manteniendo un tono didáctico que lo hace realmente interesante. Si os interesan mínimamente el futuro de nuestro planeta y tenéis conciencia ecológica lo disfrutaréis en gran medida; pero si no es así, seguro que pasaréis un buen rato y además Derf Backderf conseguirá que recapacitéis.

PD: En el colegio en que trabajo estamos preparando un proyecto para trabajar la concienciación medioambiental a través del cómic y Basura es una de las obras que utilizaremos, puesto que el prólogo y el epílogo son grandes herramientas didácticas. Cuando esté más avanzado lo colgaré en la sección de Propuestas Didácticas del blog.

Presidente Trump

Presidente Trump. Dios perdone a América, de Pablo Ríos (Sapristi)

El pasado 8 de noviembre, Donald Trump ganó las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. Uno de los convencidos de su victoria era el dibujante Pablo Ríos (autor de Azul y Pálido, Fútbol. La novela gráfica y actualmente trabajando en un cómic sobre Jesucristo). El día 9 por la mañana, cuando vio confirmado su vaticinio, colgó en las redes sociales varias viñetas que había dibujado en su libreta . Tuvieron cierta repercusión y el editor de Sapristi, Octavio Botana, se puso en contacto con él. Le dijo que le habían gustado mucho esas tiras y le propuso hacer un cómic humorístico sobre el nuevo presidente americano. Con la intención de publicarlo antes de Navidad, el dibujante andaluz tuvo tan solo nueve días para pensar y dibujar cuarenta y seis chistes. El resultado fue Presidente Trump. Dios perdone a América, cuyos derechos ya han sido comprados en Alemania y Francia.

Las páginas mantienen una estructura fija: la primera viñeta con el título, que en muchas ocasiones ya forma parte del chiste, y a continuación tres viñetas – planteamiento, nudo y desenlace -. Debido al poco tiempo disponible, Pablo Ríos tuvo que obligarse a seguir ciertas reglas, por ejemplo, el único personaje que aparece es el propio Trump y la gran mayoría de viñetas presentan al nuevo presidente sentado en el despacho oval. Otros elementos recurrentes también ayudan a conseguir la carcajada: conversaciones telefónicas, noticias en periódicos, juegos con la continuidad de algunos chistes…

Lo más interesante de la obra es que el autor no ha caído en el humor simple de recurrir al físico del protagonista. La situación que Ríos plantea es ¿qué hará Trump cuando ya sea presidente? Partiendo de esta premisa, y basándose en muchas ocasiones en declaraciones reales del Trump candidato, el cómic recorre multitud de temas candentes: política internacional, cambio climático, racismo, machismo…

Gráficamente el cómic funciona muy bien, a pesar del poco tiempo con el que el autor ha contado. La simplicidad del escenario permite que todo el peso recaiga en los diálogos y en la expresividad del personaje principal. Son destacables algunos recursos gráficos utilizados en viñetas concretas, como la reforma de la Casa Blanca o las noticias secundarias de los periódicos.

Presidente Trump. Dios perdone a América es un cómic que tiene muchísimo mérito. Octavio Botana y Sapristi apostaron por un autor con ideas brillantes y vieron la oportunidad de publicar una obra de gran actualidad; y por su parte, Pablo Ríos aceptó el reto de dibujar y crear un cómic en un periodo tan breve. Sinceramente espero que el riesgo tomado por ambos tenga su recompensa y que el cómic tenga éxito comercial. Las risas están aseguradas.

Vencidos pero vivos

Vencidos pero vivos, de Le Roy y Kournwsky (Norma)

Tras la Segunda Guerra Mundial, el planeta quedó dividido en dos grandes bloques: el capitalista, liderado por los Estados Unidos; y el comunista, encabezado por la Unión Soviética. Ambas superpotencias ejercían un férreo control sobre sus respectivos aliados y trataban de silenciar a la disidencia. Este hecho era especialmente evidente en América Latina, donde el vecino del norte dominaba totalmente la política y la economía del resto del continente. La Revolución Cubana cambió parcialmente esta situación, pero tras la crisis de los misiles, que a punto estuvo de provocar el inicio de la Tercera Guerra Mundial, se estableció un nuevo statu quo. Cuba era una anomalía, pero Sudamérica y Centroamérica se veían obligadas a seguir los dictados de Washington. Pese a todo, en Chile se produjo un hecho sin precedentes: la izquierda había ganado las elecciones y con Salvador Allende al frente, trataba de crear una vía propia hacia el socialismo. Los Estados Unidos y las élites chilenas no lo podían permitir.

Aunque el cómic de Le Roy y Kournwsky nos habla del 11 de septiembre de 1973 y del golpe de Estado del general Pinochet, la protagonista es Carmen Castillo. Realizadora de documentales afincada en Francia, Castillo participó activamente del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y sufrió la implacable represión de la dictadura pinochetista. En su exilio francés, siempre trató de dar a conocer la realidad chilena. Le Roy conoció su historia, y como explica en el prólogo, inmediatamente fue consciente de la necesidad de darla a conocer.

La trama presenta una estructura temporal relativamente compleja, ya que los flashbacks y flashforwards son constantes. Los autores reconstruyen la biografía de Carmen Castillo, desde su adolescencia y su primer contacto con activistas de izquierda hasta su retorno a Chile – ya en democracia -, pasando por los trágicos hechos de 1973 y 1974 que la forzaron a exiliarse. De la mano de la protagonista, asistimos a una magnífica recreación del contexto histórico de la época: la oligarquía chilena rechazaba el reformismo de Allende y buena parte de la jerarquía militar no estaba dispuesta a aceptar las transformaciones impulsadas por el gobierno. Pese a la crisis económica, la mayoría de la población estaba con su presidente y solo los más pesimistas pensaban que el ejército se atrevería a intervenir directamente en política.

 Uno de los aspectos más interesantes del cómic es la presentación de las relaciones entre el MIR y el gobierno de Allende. Por un lado, apoyaban totalmente al gobierno, pero al mismo tiempo se negaban a entrar en él. Los militantes radicales no compartían el optimismo presidencial y querían estar preparados para la lucha armada, en caso de que esta fuera necesaria. Otro elemento brillante de la obra es la reconstrucción de la represión contra los miembros del MIR. La angustia y el miedo de los pocos que no se resignaban a vivir en una dictadura era constante. Carmen, junto con sus camaradas, cambiaba continuamente de residencia. Los compañeros y compañeras capturados se enfrentaban a la tortura más atroz y algunos de ellos se quebraron y colaboraron con el régimen. A pesar de ello, siguieron luchando en la clandestinidad y muchos dieron su vida por la libertad, como fue el caso de Miguel Enríquez, líder del MIR y pareja de Carmen Castillo, quien fue asesinado el 5 de octubre de 1974.

El momento más emotivo del cómic son las tres páginas que incluyen el último discurso de Salvador Allende, retransmitido por Radio Magallanes. Lo trágico de la escena, las certeras palabras de Allende y las viñetas de Kournwsky, que recogen el Chile que se estaba derrumbando y al nuevo Chile oscuro que estaba surgiendo, forman un conjunto de especial brillantez. Tres páginas vibrantes, trágicas y emocionantes que consiguen que nos estremezcamos.

A nivel gráfico, el trabajo de Kournwsky es excelente. El uso del color es realmente atractivo, ya que permite distinguir las diferentes líneas temporales. El dibujo, en ocasiones simplemente esbozado, transmite inmediatez y es muy efectivo en los momentos más intensos de la obra. Tanto los personajes principales como los escenarios son muy reconocibles y sin buscar un gran realismo, consiguen que situemos perfectamente la acción. Las composiciones de página no son innovadoras, pero permiten que la trama sea muy fluída y la lectura agradable.

La memoria histórica también es un elemento polémico en países como Chile, donde la dictadura es aún bastante reciente. El intento de procesamiento de Augusto Pinochet por parte del juez Baltasar Garzón y su prolongada estancia en Londres, llevó a la primera página de los periódicos europeos al régimen pinochetista, pero en los últimos años ha vuelto a quedar relegada a un segundo plano. La figura de Salvador Allende, reivindicada por amplios sectores de la izquierda, genera aún una gran fascinación, aunque sus políticas en general son bastante desconocidas. Vencidos pero vivos es un cómic que rescata del olvido la vida de Carmen Castillo y con ella, los acontecimientos más trascendentales de la historia chilena del siglo XX. Pese a las dificultades, la protagonista siempre luchó contra el olvido, y con la colaboración de los autores, ha dado un paso más en este sentido. Un esfuerzo encomiable.

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