Tibirís

Tibirís, de Arnau Sanz (Trilita Ediciones)

La memoria familiar está siendo en los últimos años la principal fuente para la creación de cómics situados en nuestro pasado. La multitud de ejemplos de calidad y su enorme diversidad temática y formal pueden llevarnos a pensar que ya se ha dicho todo lo que se puede decir sobre la guerra civil y la dictadura, pero nada más lejos de la realidad. Aún queda mucho trabajo por hacer, muchas facetas por analizar y muchos ámbitos que recordar. Arnau Sanz habla en Tibirís de uno de estos temas que han sido muy poco estudiados: la represión de la homosexualidad durante la dictadura.

Tibirís, quien da título a la obra, era el tío de la abuela de Arnau Sanz. Vivía en la casa familiar, pero sufría una fuerte discriminación cotidiana. Uno de los aspectos que llamó la atención del autor es que se cocinaba en su habitación con un hornillo, para estar apartado del resto de la familia. A partir de este hecho, Sanz se interesó por la figura de su antepasado y mediante conversaciones con sus abuelos trató de reconstruir su vida.

Pese al papel central de Tibirís, los auténticos protagonistas del cómic son los abuelos del autor. Las conversaciones cotidianas marcan el relato y mientras cocinan, comen o están en la sala de estar, Sanz interroga a sus abuelos sobre su pasado. A partir de estos diálogos el autor catalán es capaz de ir reconstruyendo la infancia y la juventud de sus abuelos durante la posguerra. No trata de crear un relato biográfico al uso ni un cómic histórico brillantemente documentado. Como bien dice Gerardo Vilches en su reseña, el relato de Sanz consigue recrear el aspecto fragmentario de la memoria.

En lo referente propiamente a la homosexualidad, es muy interesante la forma en la que Sanz va retratando los diferentes aspectos que marcaron la vida de Tibirís. El autor es consciente que lo que intenta es muy difícil, puesto que la única información de la que dispone es la que le transmiten sus abuelos. Pese a ello, algunos momentos le permiten reflexionar sobre la situación de los homosexuales en la terrible España de Franco: los insultos y las agresiones, la necesidad de ocultar la propia identidad, la libertad incipiente cuando salían al extranjero, los lugares clandestinos de reunión o la dificultad de ser aceptados por sus familias son algunos de los ejemplos más evidentes.

Además de la homosexualidad y pese a la brevedad de la obra, Arnau Sanz ha sido capaz de incluir otros temas que marcaron la vida de sus abuelos y de millones de compatriotas durante aquella oscura época. La autoridad de los curas y el miedo que generaban en su abuela muestran el poder del que gozaba la Iglesia; la jerarquía familiar era muy fuerte, como prueba el enfado del bisabuelo del autor con su abuelo, porque consideraba que su abuela no era digna de ser su esposa; o la constante presencia del hambre y el frío que marcan todo el relato son algunos de los aspectos claves en el cómic de Sanz.

A nivel gráfico, como muestran las imágenes que acompañan este texto, el trabajo del dibujante es muy destacable. Diferentes tonalidades de azul permiten a Sanz recrear tanto el presente de las conversaciones con sus abuelos como el pasado de sus recuerdos. Las viñetas, siempre sin marcos, funcionan muy bien y consiguen dotar de ingravidez y de ligereza a la acción, de forma que la reconstrucción de la memoria es muy efectiva. El dibujo de los personajes, aparentemente sencillo, consigue transmitir la expresividad necesaria para que nos identifiquemos con ellos y nos adentremos en el relato. Sin dibujar de forma detallada los escenarios ni los elementos que tradicionalmente utilizan los y las dibujantes para transportarnos al pasado, Arnau Sanz lo consigue con acierto.

Tibirís se enmarca claramente en la gran tradición de cómic memorialístico iniciada por obras como Un largo silencio o El arte de volar, pero lo hace de una manera muy personal y con un enfoque muy original. El peso de la historia no recae en las vidas de los abuelos, como sucede en Jamás tendré 20 años o en Estamos todas bien, sino que Arnau Sanz centra su proceso de hacer memoria en los homosexuales, un colectivo que sufrió una doble opresión durante la dictadura y con el que aún no se ha llevado a cabo la reparación necesaria. Una obra, una vez más, muy necesaria.

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En transición

En transición, de Alberto Haller y Ana Penyas (Barlin Libros)

La Transición, el periodo comprendido entre la muerte de Franco y la victoria electoral del PSOE en 1982, es uno de los momentos históricos más apasionantes de la España del siglo XX. El paso de una dictadura de corte fascista y aliada del nazismo a un sistema democrático equiparable al resto de países europeos ha sido estudiado en innumerables ocasiones. Tradicionalmente ha sido presentado como un cambio modélico en que una sociedad madura dio los pasos necesarios para transitar de forma pacífica hacia la democracia. Con el obvio distanciamiento que producen las cuatro décadas transcurridas, poco a poco van surgiendo análisis más críticos del proceso que muestran las facetas más oscuras del periodo. En esta corriente se enmarca el libro ilustrado En transición, con guión de Alberto Haller e ilustraciones de Ana Penyas.

Por primera vez escribo sobre un libro ilustrado y no un cómic, pero el nivel gráfico y la profundidad del relato bien merecen esta excepción. En tan solo 32 páginas, Haller y Penyas recorren los ochenta años transcurridos desde la guerra civil. Con muy poco texto, que en ocasiones solo enfatiza el mensaje y la fuerza de las imágenes, los autores tejen un relato consistente que permite observar la cara B de la La Transición.

La narración se inicia con la esperanza que supuso la República y su traumático fin a causa del golpe de Estado orquestado por la derecha y parte del ejército. En solo cuatro dobles páginas Ana Penyas consigue conmovernos y que seamos conscientes del sufrimiento que provocaron la guerra, el exilio y la terrible posguerra. Rápidamente llegamos a 1975, donde se inicia la parte central del relato, con las luchas populares como protagonistas.

La lucha por la amnistía y por la justicia social, con las grandes movilizaciones de la época como marco, contrastan con la violencia que definió el periodo. Una doble página llena de simbolismo, sin necesidad de violencia explícita, permite a la ilustradora valenciana retratar la vertiente mucha veces silenciada de la época, en que se produjeron centenares de asesinatos. Otro aspecto que destacan Haller y Penyas es el olvido que impuso el relato oficial a los crímenes de la dictadura.

En la que seguramente sea la imagen más impactante de toda la obra, Ana Penyas consigue estremecernos mientras denuncia los cientos de miles de muertos en las cunetas que contrastan con la nueva España del boom inmobiliario. El uso que hace Peñas del color y del realismo fotográfico se combinan a la perfección para recordarnos a todos la necesidad de hacer memoria. La Transición fue una época convulsa, llena de dificultades y en que los militares y los grandes poderes de la dictadura pudieron usar su fuerza para imponer una visión muy concreta del pasado, pero cuarenta años después es nuestra labor cambiar esta situación.

A continuación, y como colofón, los autores hablan de las luchas del presente, desde el No a la guerra hasta el 15M y nos invitan a reflexionar sobre la importancia de las luchas colectivas. La potencia del lenguaje visual permite introducir una gran cantidad de matices, profundizar en aspectos generalmente relegados y, al mismo tiempo, disfrutar de la cuidada estética del trabajo de Ana Penyas. En transición es una obra muy necesaria, que aunque menos conocida y con menor repercusión que Estamos todas bien – Premio Fnac Salamandra Graphic y Premio a la autora revelación en el Saló del Còmic de Barcelona – también debería ser tenida en cuenta cuando hablamos de memoria histórica a través del cómic, en este caso, a través de la ilustración.

En el siguiente enlace podéis ver un avance.