155

155. Simón Radowitzky, de Agustín Comotto. (Nórdica)

Simón Radowitzky fue una figura deslumbrante que participó activamente en algunos de los principales acontecimientos históricos del primer tercio del siglo XX. Tras un trabajo de seis años, el dibujante argentino afincado en Barcelona Agustín Comotto ha recuperado su historia en forma de cómic. El resultado ha sido una novela gráfica de casi 300 páginas en las que el autor reconstruye la vida del anarquista judío y trata de completar los vacíos que la exhaustiva labor de documentación no pudo esclarecer.

La gran cantidad de información incluida en el cómic llevó a Comotto a crear una estructura muy pensada que permitiera un ritmo de lectura ágil, pero al mismo tiempo constituyera una biografía rigurosa. Para ello dividió la obra en tres partes: la primera, más extensa, trata sobre su infancia en Galitzia y su estancia en el penal de Ushuaia; la segunda en la que explica los hechos que llevaron al protagonista a prisión; y por último, la tercera en que narra su participación en la guerra civil española y su llegada a México.

Simón Radowitzky, Shimele en su yiddish materno,  nació en 1891 en la región de Galitzia – en la actual Ucrania -, uno de los territorios europeos del Imperio Ruso. Allí padeció el antisemitismo impulsado por el Zar y la aristocracia y gracias a la hija de un cerrajero para el que trabajó entró en contacto con los círculos anarquistas de su ciudad. Con tan solo 14 años ya era uno de los representantes de los obreros de la fábrica en que trabajaba y estuvo implicado directamente en los hechos revolucionarios de 1905. Ante el temor a su deportación a Siberia se exilió a Argentina, donde llegó en 1908.

El Buenos Aires de la época era un faro de atracción para emigrantes de todos los rincones de Europa, que buscaban trabajo en un país emergente. Allí residían algunos de sus familiares, pero su religiosidad hizo que Simón se mantuviera alejado de ellos. Sus amistadades se circunscribían al pequeño núcleo de anarquistas rusos que igual que él se habían exiliado huyendo de la represión zarista. En su primer año en Argentina, Radowitzky sufrió un gran impacto al ver las condiciones en las que se encontraba su hermano, internado en un manicomio.
La conflictividad social era muy alta y Simón estaba en primera línea, siempre dispuesto a la acción. Tras la brutal represión del 1 de mayo de 1909, dirigida por el jefe de policía de Buenos Aires Ramón Falcón, Radowitzky decidió planificar un atentado para vengar a sus compañeros obreros asesinados. El 14 de noviembre, Simón Radowitzky, que tenía por entonces dieciocho años, lanzó una bomba de fabricación casera contra el carruaje que transportaba a Falcón y a su secretario. Ambos fallecieron y tras un intento de suicidio que fracasó, el protagonista fue detenido y condenado a muerte. Gracias a la intervención de su primo Moshe, que falsificó su partida de nacimiento, logró evitar la pena capital y su condena fue conmutada por cadena perpetua. Se iniciaban sus veintiún largos años de prisión. El elemento fundamental del cómic es la manera en que el autor ha tejido la trama uniendo la memoria autobiográfica y el día a día del confinamiento de Radowitzky en el penal de Ushuaia. Sus recuerdos permiten conocer los acontecimientos en orden aproximadamente cronológico, y las cartas que escribe a Lyudmyla – una de las licencias literarias de Agustín Comotto – son el testimonio del sufrimiento, las penalidades y la esperanza del anarquista encarcelado. La doble línea temporal, vista ya en multitud de cómics, adquiere aquí una profundidad mayor de la habitual, debido a la profusión y el acierto de los flashbacks y su unión con la parte más onírica de los pensamientos del protagonista.

Tras su extensa estancia en prisión, con intento de fuga incluido, y ya convertido en un símbolo, en 1930 Simón Radowitzky consiguió el indulto, aunque este iba acompañado del destierro. Cualquier otro se hubiera dedicado a la búsqueda de una vida tranquila y convencional, pero para él la lucha seguía. Estuvo unos años en Uruguay y después del golpe de estado de los militares rebeldes en España, se alistó en las Brigadas Internacionales. Combatió en el frente de Aragón y asistió en primera persona a las disputas internas del bando republicano, donde presenció los enfrentamientos entre comunistas y anarquistas. Después de la derrota ante el bando franquista, el periplo de Radowitzky continuó en Francia, donde fue internado en el campo de Saint Cyprien. Gracias a sus contactos políticos consiguió llegar a México, donde se estableció hasta su fallecimiento en 1956.

El apartado gráfico de la obra es excelente. El blanco y negro está unido en esta ocasión al uso del color rojo en ciertos momentos del relato y su combinación dota al dibujo de una gran fuerza expresiva. Los escenarios y la ambientación están muy cuidados y el gran tamaño de las páginas (22×28 cm) posibilita unos diseños de página que favorecen al dibujo de Comotto. Las composiciones de página son tradicionales, aunque ocasionalmente nos encontramos con grandes viñetas realmente bellas. Los personajes son reconocibles y aunque no destacan por su expresividad, consiguen un buen seguimiento de la historia. Es interesante la inclusión de correspondencia en algunas páginas y la combinación de texto e imagen a la manera de los libros ilustrados.

Simón Radowitzky es una de esas figuras que todo el mundo debería conocer y que, al menos en España, es totalmente ignorado. Dedicó su vida a luchar por unos ideales y para ello hizo grandes sacrificios. Luchó contra la desigualdad y la injusticia del zarismo, luchó por la justicia social y contra la represión en Argentina, luchó por unas mejores condiciones para sus compañeros en el penal de Ushuaia, luchó por la democracia y la revolución en España. Gracias al cómic de Agustín Comotto todos y todas podemos conocer a Simón Radowitzky y a una época convulsa e intensa que aún nos influye directamente. Una gran historia, un gran cómic y un preso, el 155.

PD: si queréis profundizar en la figura de Simón Radowitzky y en el inicio del siglo pasado en Argentina, os invito a leer este texto de Osvaldo Bayer.

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Lamia

Lamia, de Rayco Pulido (Astiberri)

El trabajo de Rayco Pulido en Nela me pareció excelente, pero con Lamia se ha superado. Empezando por la hipnótica portada y acabando en una contraportada con un detalle magnífico en el código de barras, todo en el cómic del autor canario está estudiado hasta el milímetro. Tras haber trabajado con guionista y haber adaptado una novela de Benito Pérez Galdós, el dibujante ha sido autor completo en esta ocasión.  El resultado es una obra que se sitúa claramente entre lo mejor que se ha publicado en 2016.

Lamia, nombre que proviene de la mitología clásica – un ser con cabeza de mujer y cuerpo de dragón, temido por su capacidad de seducción sobre los hombres -, nos lleva a la Barcelona de 1943. La guerra civil había finalizado escasamente cuatro años antes y sus efectos eran evidentes. El nacionalcatolicismo impuesto por el régimen dictatorial de Francisco Franco, con la Iglesia como gran aliada, estaba dando forma a una nueva sociedad. El conservadurismo, el deseo de venganza y el machismo campaban a sus anchas y llegaban a todas las capas sociales.

El papel de la mujer estaba restringido al de ama de casa, sufriente esposa y abnegada madre. Especialmente el hecho de ser madre era lo que realizaba y completaba a una mujer de la España de la posguerra. La influencia de la jerarquía eclesiástica era palpable en todos los ámbitos de la vida cotidiana, aunque una de las formas más sutiles y más efectivas para llegar a una gran número de amas de casa era el famoso programa de radio Consultorio sentimental y de belleza de Elena FrancisA la famosa y, como se sabría muchos años después, ficticia doctora le llegaban miles de cartas de mujeres que le pedían consejo. Los valores que este programa transmitía eran de un machismo descarnado y básicamente se resumían en la anulación de cualquier libertad femenina, puesto que la esposa siempre debía complacer a su marido y resistir ante cualquier situación desagradable.

En este contexto sitúa el autor su historia. Lamia es una novela negra en la que Rayco Pulido utiliza con maestría los múltiples recursos del cómic para construir el relato. La trama, que el propio autor define como farsa en 18 capítulos es un rompecabezas que va encajando progresivamente. Uno de los grandes aciertos del autor es el ritmo con el que nos va descubriendo los acontecimientos y las relaciones entre los pintorescos personajes. La estructura, marcadamente simétrica está definida por un punto de inflexión hacia la mitad del cómic que, al menos en mi caso, cambia completamente la percepción de lo que hemos leído hasta entonces.

En diversas entrevistas el dibujante canario pedía a quienes reseñamos cómics que tratáramos de no desvelar detalles de la trama, ya que quería que el lector se situara frente a la obra de la manera más limpia posible y por tanto, dejo en vuestras manos el descubrimiento de los innumerables giros y detalles de un guión trabajadísimo. Fijaos en los personajes, en las situaciones cotidianas, en la muy pensada sucesión de planteamiento, nudo y desenlace y dejaos llevar de la mano de Pulido y Laia – la protagonista – a un argumento que seguro os sorprenderá.

A nivel gráfico Lamia está a un nivel altísimo. La fuerza del blanco y negro ya mostrada en Nela adquiere aquí un tono aún mayor, ya que los marcados contrastes y los juegos con las sombras tienen un papel fundamental en la historia. Impresiona la complejidad de algunas viñetas, con tramas muy complejas y bellas composiciones, e impresiona más que Rayco Pulido haya llevado a cabo todo el trabajo a mano. Los personajes, cuyos rasgos caricaturescos rememoran a los personajes del tebeo clásico, proyectan la expresividad necesaria en cada momento y en cada situación, desde la más grotesco hasta la más discreta, siempre en beneficio del relato.

Pese no haber priorizado la documentación y no haber tratado de reconstruir una Barcelona con gran exactitud histórica, el dibujo construye con acierto la atmósfera de la Barcelona gris de los años cuarenta. Una segunda lectura permite reconocer multitud de detalles situados a lo largo del cómic, con guiños a la capital catalana como los nombres de las calles en catalán, que aunque anacrónicos, dotan de personalidad a los escenarios. Los edificios típicos de l’Eixample o las estrechas calles del centro histórico enmarcan la acción y sirven para mostrar la desigualdad económica y social de la época. Es destacable también la fiel reproducción de objetos y mobiliario típicos de ese periodo.

Aunque Lamia, a diferencia de la mayoría de obras reseñadas en el blog, no tenga vocación de cómic histórico; la inclusión de un contexto tan reconocible y tan bien recreado lo hace un cómic notable en este sentido. El franquismo, tantas veces silenciado e incluso dulcificado, fue un régimen opresor para la población española en general, pero las mujeres sufrieron una doble opresión que está fielmente representada por parte de Rayco Pulido. Si además su lectura es adictiva y su dibujo excepcional, Lamia se convierte por derecho propio en una de las grandes obras del año.

PD: os invito a que visitéis el blog de Rayco Pulido donde incluye materiales y reflexiones realmente interesantes sobre su trabajo.

La virgen roja

La virgen roja, de Mary M. Talbot y Bryan Talbot (La Cúpula)

Tras los brillantes La niña de sus ojos Sally Heathcote. Sufragista, el matrimonio Talbot ha vuelto a realizar un cómic histórico con perspectiva de género. En esta ocasión han recurrido a una estrategia diferente, y mientras en La niña de sus ojos mezclaban la memoria familiar de Mary Talbot con la biografía de Lucía Joyce y en Sally Heathcote. Sufragista crearon un personaje ficticio para retratar el movimiento sufragista, en La virgen roja han recreado la biografía de Louise Michel, una de las figuras más importantes de la Comuna de París y del anarquismo de finales del siglo XIX.

Como en sus anteriores obras, Mary Talbot ha vuelto a apostar por una trama no lineal. En este caso, asistimos a un encuentro entre la famosa feminista norteamericana Charlotte Perkins Gilman y la hija de una de las compañeras de Louise Michel. Su conversación, centrada en la revolucionaria, va repasando los momentos más decisivos de su vida. La primera parte me ha parecido un poco confusa, pero poco a poco las piezas van encajando y hacia la mitad de la obra la lectura se hace mucho más placentera.

El relato propiamente histórico se inicia en el Montmartre de 1870, en plena guerra franco-prusiana. El régimen de Napoleón III chocó con las ambiciones de la pujante Prusia y el pueblo francés pagó las consecuencias del enfrentamiento. Mary y Bryan Talbot retratan con crudeza las condiciones de vida de los parisinos más humildes, entre los que se encontraba la protagonista del cómic. El caldo de cultivo era ideal para que se produjera un estallido revolucionario y Louise Michel estuvo desde el principio en primera linea.

La capitulación del gobierno, que se refugió en Versalles, provocó la indignación de la población y en el momento en que el ejército trató de requisar los cañones que controlaba la milicia popular, el enfrentamiento entre franceses estalló. Las páginas que recrean estos momentos decisivos son las más emocionantes del cómic y consiguen que nos sumerjamos en la acción. El control popular de la ciudad, a pesar de la diversidad de idelogías que defendían los revolucionarios, desembocó en la denominada Comuna de París.

Los escasos dos meses en que la Comuna dominó París permitieron a Louise Michel impulsar algunas de sus ideas: nacionalización de las viviendas vacías para alojar a las familias más necesitadas, creación de guarderías públicas, impulso a la participación de la mujer en el ámbito público… La autogestión de una gran ciudad como París era un ejemplo muy poderoso y las élites no permitieron que prosperara. La represión fue terrible y las oscuras dobles páginas con que Bryan Talbot la ilustra, muestran su crudeza y la desesperación que Michel debió sentir.

Como muchos de sus compañeros y compañeras Louise Michel fue juzgada por su implicación en la insurrección, aunque su notoriedad consiguió que no fuera condenada a muerte. En el juicio la revolucionaria se dirigió al tribunal con las célebres palabras: «Dado que parece que todo corazón que late por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir no dejaré de clamar venganza y de denunciar, en venganza por mis hermanos…» 

Fue condenada al destierro a la colonia penal de Nueva Caledonia, en Oceanía, junto con algunos de sus compañeros communards. Allí entró en contacto con Nathaniel Lemel, una activista que la influyó en gran medida y que propició su acercamiento al anarquismo. Su mente inquieta y brillante la llevó a colaborar con el Instituto Geográfico de París con sus observaciones sobre la flora y la fauna de las islas. Además, mostró un gran interés en conocer y defender los derechos de los canacos, los nativos de Nueva Caledonia. Llegó incluso a apoyarlos en su rebelión anticolonial, hecho que la distanció de la mayor parte de sus compañeros.

Su regreso a Francia, tras siete años de destierro, fue un gran acontecimiento. Se convirtió en una figura querida y admirada por las clases populares, en el símbolo de aquella maravillosa utopía que fue la Comuna. Pese a su edad avanzada, Louise Michel siguió luchando por los derechos de la mujer, por el laicismo, por la igualdad de todos los franceses… Era un personaje muy incómodo, participaba activamente de todas las protestas, y por ello entró y salió de la cárcel en diversas ocasiones. Los sectores más conservadores de la sociedad francesa la odiaban profundamente, como demostró el ataque que sufrió en 1888 por parte de un monárquico. Su activismo la acompañaría hasta el final de sus días, cuando ya estaba considerada como una de las figuras más importantes del anarquismo europeo.

La importancia de la biografía de Louise Michel es obvia, pero el cómic va más allá. El título de la versión inglesa es The Red Virgin and the Vision of Utopia, hecho que prueba la importancia que dan los autores al concepto de utopía. Esta hace referencia a la Comuna, pero también a la literatura de ciencia ficción de corte utópico, de la que Michel era una gran lectora. La conversación entre Charlotte Perkins Gilman y su anfitriona parisina está llena de referencias literarias y de debates en torno a la visión del futuro que tenían diversos autores. El inicio y el final del cómic, con la presencia del inventor Franz Reichelt, también llevan a la reflexión sobre la utopía y los límites del ser humano. Una bella y trágica metáfora.

La parte gráfica de la obra, a cargo de Bryan Talbot – esta vez en solitario -, sigue la estela de sus anteriores trabajos. Las dos lineas argumentales están trabajadas de formas diferentes, siempre con el contraste entre el blanco y el negro como elemento predominante. Composiciones de página variadas, en muchos casos con viñetas sin marco, dobles páginas muy espectaculares y el uso del color rojo para dotar de fuerza a elementos como la sangre o las banderas son los elementos más destacados del trabajo de Talbot. Es muy destacable también la versatilidad del dibujo del británico, capaz de retratar con acierto el ambiente urbano de París o las paradisíacas islas oceánicas.

La virgen roja es un cómic realmente interesante. En mi opinión no está a la altura de las excelentes obras anteriores del matrimonio Talbot, pero el nivel sigue estando por encima de la media. La figura de Louise Michel, muy desconocida para mí, es presentada de forma acertada, aunque quizás hubiera sido necesario enlazar los grandes acontecimientos de su vida mediante una explicación un poco más detallada de su evolución personal. A pesar de estas lagunas, la lectura es más que recomendable. La Comuna de París es uno de esos hechos históricos prácticamente sepultados en los libros de Historia – pienso especialmente en los libros de texto -, y este cómic es una buena manera de acercarse a un acontecimiento trascendente que dejó una huella tanprofunda.

 PD: En el siguiente enlace podéis leer las primeras páginas del cómic.