Soñadores

Soñadores. Cuatro genios que cambiaron la Historia, de Baudoin y Villani (Astiberri)

El relato tradicional de la Segunda Guerra Mundial se basa en los grandes acontecimientos – Stalingrado, Pearl Harbour o Normandía, entre otros – y en los grandes nombres – Hitler, Stalin o Churchill – ,  y evidentemente, es un relato incompleto. Millones de experiencias personales distintas conformaron la realidad de un conflicto bélico de dimensiones universales. Soñadores, el cómic del dibujante Edmond Baudoin con guión del matemático Cédric Villani, narra cuatro de estas pequeñas grandes historias y nos permite conocer a cuatro de las personas que más influyeron en el devenir de la guerra.

La obra está estructurada en dos partes que se van intercalando: por un lado, las conversaciones entre Baudoin y Villani en que reflexionan sobre los protagonistas, su legado y su reconocimiento y sobre la naturaleza del conocimiento científico; y por el otro, las historias de los tres científicos y el militar a los que hace referencia el título del cómic. Los monólogos de Werner Heisenberg, uno de los padres de la física cuántica cuyos estudios posibilitaron la fabricación de la bomba atómica, de Alan Turing, precursor de la informática y responsable de descifrar el código Enigma, de Leo Szilard, descubridor de la reacción nuclear en cadena e impulsor del Proyecto Manhattan y de Hugh Dowding, militar británico al mando de la RAF durante la batalla de Inglaterra, cargan con el peso narrativo del cómic.

Los autores no han creado un cómic biográfico al uso, han ido mucho más allá. Gracias a una gran labor de documentación y al profundo saber científico del guionista, Baudoin y Villani han conseguido dotar de vida a los personajes. Los cuatro hablan en primera persona y mientras narran los hechos de los que fueron partícipes van incluyendo sus reflexiones sobre lo que les tocó vivir. A pesar de la inclusión de abundantes explicaciones teóricas sobre complejos conceptos científicos, los autores han conseguido crear retratos muy personales y acercar al lector la voz de los cuatro genios.

En primer lugar, vemos a Heisenberg el 6 de agosto de 1945, el día del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima. El físico alemán estaba encerrado en Farm Hall con otros reputados científicos germanos y allí se enteraron a través de la BBC del lanzamiento y sus consecuencias. No sabían que sus conversaciones estaban siendo grabadas y debatieron sobre su implicación en la creación de tan funesta arma y sobre su derrota frente al Proyecto Manhattan norteamericano. Heisenberg, quien había mantenido una posición ambivalente frente a Hitler, se retiró a su habitación para tratar de descifrar cómo habían conseguido crear la bomba y cuáles habían sido sus errores. Dos días después fue capaz de ofrecer un seminario a sus colegas, ya con los cálculos correctos y con la reconstrucción completa del proceso de fabricación de la bomba. La forma en que Villani y Baudoin recrean sus pensamientos y sus dudas es magistral, pero no responden a la gran pregunta: ¿Heisenberg sabía cómo fabricar la bomba atómica y no lo hizo para no entregársela a Hitler o pese a sus intentos fue incapaz de fabricarla? Setenta años después el debate sigue abierto.

El segundo episodio está dedicado a Alan Turing. Los autores nos sitúan el 7 de junio de 1954, el día en que el matemático británico falleció. Turing está atormentado por el trato vejatorio que ha recibido en su país tras su fundamental papel en la victoria aliada. Turing repasa su lucha contra el Código Enigma y la forma en que consiguió desencriptar las comunicaciones alemanas. A continuación rememora los castigos que le fueron impuestos por su condición de homosexual. En un alegato contra la discriminación y contra la homofobia, Turing se muestra sereno ante quienes  se beneficiaron de su trabajo y su genio, pero mostraron una gran ingratitud.

A continuación, Villani y Baudoin nos trasladan al 9 de enero de 1960 para dar voz a Leo Szilard, científico húngaro que tuvo un papel central en la carrera atómica. Está en el hospital, enfermo de cáncer, y reflexiona sobre su forma de entender la ciencia, muy alejada de la de la mayor parte de sus colegas. Además relata su labor en la gestación del Proyecto Manhattan, ya que fue él quien convenció a Albert Einstein para que le escribiera al presidente Roosevelt con el objetivo de conseguir fondos para la investigación nuclear. Su trabajo con grandes nombres de la ciencia como Enrico Fermi, Niels Bohr o Frédéric Joliot-Curie comparten protagonismo con sus enfrentamientos con los militares. Ferviente defensor de los derechos humanos y partidario del desarme atómico, estuvo siempre a favor del pensamiento alternativo y de la innovación, incluso para el tratamiento de su enfermedad.

Por último, viajamos a 1968, cuando un ya anciano Hugh Dowding asistió al rodaje de La batalla de Inglaterra, en la que Laurence Olivier interpretaba al propio Dowding. Allí, el veterano militar rememora su participación en la guerra. Los cambios que efectuó en la estrategia defensiva británica permitieron al país resistir los bombardeos alemanes y ganar tiempo hasta la entrada de la Unión Soviética y de los Estados Unidos en el conflicto. Pese a todas las trabas con las que se encontró, a la escasez de medios disponibles y la inexperiencia de los pilotos de la Royal Air Force (RAF), sus decisiones demostraron ser acertadas. A pesar de ello, Sir Hugh Dowding, mariscal del aire, y Keith Park, vicemariscal y su hombre de confianza, fueron destituidos por haberse mostrado demasiado independientes. Años después, ya finalizada la guerra, sus méritos fueron reconocidos y se le rindieron multitud de homenajes.

A nivel gráfico poco se puede decir del trabajo de Edmond Baudoin, uno de los grandes dibujantes europeos de la actualidad. El blanco y negro funciona a las mil maravillas para recrear las cuatro historias. La combinación entre viñetas más clásicas y páginas más cercanas al libro ilustrado permite conjugar las diferentes temáticas del cómic. Es muy interesante observar la evolución en el dibujo de los cuatro episodios: oscuro y tétrico el de Heisenberg, onírico y lleno de metáforas el de Turing, desdibujado y con muchas referencias a la historia del arte el de Szilard y más realista el de Dowding. Siempre al servicio del relato, Baudoin realiza una prodigiosa muestra de sus recursos.
En definitiva, con Soñadores estamos ante un gran cómic histórico que no solo reconstruye con meticulosidad las biografías de cuatro figuras fundamentales en la historia del siglo XX. También es un libro científico que permite conocer a algunas de las mentes e ideas más brillantes de la pasada centuria. Y por último, y por encima de todo, es un cómic que hace las preguntas adecuadas sobre la condición humana, sobre el papel que juegan los individuos en la Historia, sobre los aciertos y errores que han configurado el mundo en el que vivimos.

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La mujer rebelde

La mujer rebelde. La historia de Margaret Sanger, de Peter Bagge (La Cúpula)

Hasta La mujer rebelde no había leído nada de Peter Bagge. Cuando tratando de documentarme para escribir este texto he visto que estaba considerado como uno de los grandes del cómic underground – de ahí que me sonara mínimamente el nombre – me he llevado una agradable sorpresa. Parece difícil encontrar el nexo de unión entre Bagge y Margaret Sanger, la protagonista del cómic, pero es el propio dibujante quien en un texto titulado ¿Por qué Sanger?, incluido al final del cómic, nos da las claves: Margaret Sanger tuvo un papel fundamental en las luchas feministas de inicios del siglo XX y su legado ha llegado hasta nuestros días, pero al mismo tiempo su figura ha sido muy malinterpretada.  Peter Bagge quería dar a conocer su figura y transmitir su propia visión sobre el personaje, para lo que creó una obra realmente interesante.

Margaret Sanger nació en 1879 en el seno de una familia muy numerosa – once hermanos – en Nueva Jersey. Sus padres tenían ascendencia irlandesa y formación católica, aunque su progenitor se alejaría bastante joven de la religión y se convertiría en ateo practicante. Además, Michael Hennessey Higgins – el padre – era un convencido socialista que defendía el sufragio universal y la educación pública. Las ideas paternas y el sufrimiento de su madre, a causa de los dieciocho partos que afrontó, marcaron profundamente a la joven Margaret.

Peter Bagge recorre la infancia y juventud de la protagonista mediante episodios aislados que le permiten presentar los elementos que formarían su personalidad y su activismo futuros. Son especialmente memorables la visita que lleva a cabo con su padre, cantero de profesión, a la tumba de su hermano pequeño o las dificultades que tuvo que afrontar en el instituto. Su dedicación a la familia era plena, pero al mismo tiempo era consciente que debía estudiar para labrarse un futuro. Con la ayuda de sus hermanas, a las que estuvo toda su vida muy unida, pudo conseguirlo.

Margaret Sanger estudió enfermería y con su trabajo en algunas de las zonas más deprimidas de la región de Nueva York llegó a una conclusión: la vida de las mujeres no mejoraría hasta que pudieran decidir libremente sobre su maternidad. Empezó aconsejando a sus pacientes, de forma clandestina, sobre cómo evitar embarazos no deseados y poco a poco se fue convirtiendo en una ferviente defensora del control de la natalidad. A finales del siglo XIX y principios del XX defender este tipo de ideas era algo totalmente revolucionario y Sanger fue perseguida por ello.

Margaret Sanger pasó a ser una figura pública que mostró un gran dominio de la opinión pública y pese a no ser una gran oradora, conseguía que sus actos y sus discursos tuvieran una gran repercusión. Las fuerzas más conservadoras de la sociedad americana trataron siempre de difamarla y de frenar la difusión de sus ideas, provocando que incluso tuviera que exiliarse durante unos años a Europa para escapar a una condena totalmente injusta.

Algunas de sus ideas son muy controvertidas hoy en día, especialmente su defensa de la eugenesia, y también se la acusa entre otras cosas de racista. Peter Bagge no rehúye estas polémicas, al contrario, y presenta a una Sanger compleja, con claroscuros y muy enraizada en la mentalidad de su época, donde lo políticamente correcto aún no dominaba todos los discursos.

Asimismo, su vida personal tiene una gran presencia en el cómic. La relación con sus padres, con sus hermanos y sus hermanas y, finalmente, con su marido y sus hijos salpican de anécdotas toda la trama. Bagge las emplea para humanizar al personaje y para mostrar cómo su vida pública afectó en gran medida a sus relaciones familiares.

Para quienes hayan leído obras anteriores de Peter Bagge, imagino que el dibujo y el color de La mujer rebelde no serán una sorpresa, ya que se mantiene bastante fiel a su estilo. En mi caso sí que lo fue, ya que encontrar un cómic biográfico tan serio – en el mejor sentido de la palabra – con un aire tan caricaturesco me pareció muy original. Los cuerpos alargados, las extremidades curvilíneas y ese aspecto tan de cartoon consiguen crear una sensación de ligereza que contrasta con el contenido y las profundas reflexiones que conforman la obra. Los personajes son tremendamente expresivos y el uso de colores tan planos, aunque parezca mentira, consigue crear las atmósferas adecuadas para que la acción fluya.

Con La mujer rebelde estamos ante una de esas obras que podrían – deberían – incluirse en los planes de estudio de secundaria. Los inicios del feminismo, la reflexión en torno al control de la natalidad, la situación de las mujeres y las desigualdades entre ellas según su clase social, el papel de la Iglesia en la sociedad y muchos otros temas tienen importancia en el cómic. Los textos de apoyo que incluye el autor son muy interesantes, tanto el mencionado al inicio de la reseña, en el que Bagge reflexiona sobre Margaret Sanger como personaje histórico y sobre su consideración actual, como la profusa cronología al final del libro. Aquí podéis leer unas páginas de muestra.

Una gran novela gráfica sobre una de tantas grandes mujeres que la Historia y la sociedad patriarcal en que vivimos han ido arrinconando hacia el olvido.