Arenas movedizas

Arenas movedizas, de Max Mönch, Alexander Lahl y Kitty Kahane (Impedimenta)

La caída del muro de Berlín es, con seguridad, uno de los acontecimientos más trascendentes de los últimos 30 años y seguramente de todo el siglo XX. Más allá de las consecuencias directas – desintegración del bloque comunista, reunificación de Alemania – su poder simbólico es abrumador. Se hizo tremendamente popular la obra El fin de la Historia y el último hombre en que Francis Fukuyama aseguraba que la Historia tal como la conocíamos había acabado con el fin de la Guerra Fría, el colapso de la Unión Soviética y la victoria hasta el fin de los tiempos de la democracia liberal. Como demuestra todo lo sucedido en los últimos 25 años, Fukuyama estaba terriblemente equivocado.

Max Mönch y Alexander Lahl son los guionistas del cómic dibujado por Kitty Kahane. Sus vivencias en los últimos años de la República Democrática Alemana (RDA) y el relato histórico de los días anteriores y posteriores al 9 de noviembre de 1989 – día de la caída del muro – son la base de la obra. La ficción y la realidad se vuelven a dar la mano, como en muchos de los cómics reseñados con anterioridad, para narrar uno de los episodios más populares y menos conocidos en detalle de nuestro pasado reciente .

Tom Sandman es periodista del New York Times y tras haber estado en China durante los fatídicos hechos de la Plaza de Tiananmen, regresa a Nueva York. Allí, su jefe, fervoroso anticomunista, decide enviarlo a Berlín para informar de los festejos en conmemoración del 40 aniversario de la RDA. Poco después de llegar al Berlín occidental, conoce a Ingrid, una ex-nadadora originaria de la Alemania oriental, que será quien le explique sus experiencias en el bloque comunista.

La historia es aparentemente sencilla, con multitud de anécdotas ya escuchadas muchas veces, pero los autores consiguen mantener nuestra atención con diversos recursos: los dolores de muelas de Sandman, que él interpreta como avisos de sucesos importantes que están por llegar; sus recurrentes sueños, dibujados en hojas que simulan ser de libreta cuadriculada; y por último, la evolución de la relación personal entre Sandman e Ingrid.

La combinación de elementos oníricos con el relato histórico funciona muy bien, especialmente cuando Tom Sandman narra lo que sucedió la noche del 9 de noviembre. Una de las grandes preguntas sobre la caída del Muro es ¿cómo un gobierno que ejercía tan férreo control social pudo permitir que sucediera algo así? Los autores dan una explicación bastante plausible y reconstruyen con detalle la noche de los dirigentes germano-orientales. Un constante toque de humor y de absurdo hace que el relato sea muy ágil.

Otro elemento interesante es la inclusión en la historia de gran cantidad de personajes históricos reales, a la manera de un gran quién es quién en la RDA. Además, la influencia soviética está siempre presente y Mijail Gorbachov tiene un papel relevante. La visión pro-occidental marca claramente todo el cómic y los autores no tratan de ocultarlo, así que no podía evitar tener ciertas reservas con la manera de introducir algunos hechos concretos en la narración; pero aún así la lectura ha sido muy placentera.

A nivel gráfico Arenas movedizas me ha dejado una sensación agridulce. Por un lado, están presentes multitud de recursos interesantes: composiciones de página arriesgadas, un uso del color bastante llamativo o la inclusión de la parte onírica en forma de bocetos en hojas de libreta. Pero al mismo tiempo, el dibujo de una sencillez tan buscada en ocasiones no está  a la altura del resto de la obra. Los personajes son poco expresivos y a diferencia de otros cómics históricos, la recreación de los escenarios no está demasiado conseguida. Pese a ello, el cómic es muy efectivo y tiene gran fluidez, de modo que su lectura es realmente agradable.

El cómic de Mönch, Lahl y Kahane es una gran forma de rememorar un acontecimiento histórico tan importante como la caída del Muro de Berlín, y al mismo tiempo, nos permite reflexionar sobre muchos temas vinculados a este hecho: el papel de la prensa occidental; la naturaleza interna de los países comunistas; las consecuencias directas en la población – la microhistoria -; o el peso de las casualidades y los errores humanos en los grandes sucesos. Una obra divertida, original y muy fácil de leer. Un cómic que nuevamente presenta con rigor el pasado: las arenas movedizas en que estaba apoyado el bloque del este en los 80, las arenas movedizas en que se construye la Historia.

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Paseo de los canadienses

Paseo de los canadienses, de Carlos Guijarro (Edicions de Ponent)

Una casualidad llevó a Carlos Guijarro a descubrir que en la carretera que une Málaga y Almería tuvo lugar una de las mayores tragedias de toda la Guerra Civil. Tras documentarse y entrevistar a varios de los supervivientes decidió crear un cómic que narrara uno los episodios más terribles y al mismo tiempo más desconocidos – fuera de Málaga – de este conflicto bélico. Un dato sirve para comprender la magnitud de los crímenes cometidos por el bando franquista entre Málaga y Almería a inicios de febrero de 1937: los cálculos más modestos hablan de entre 3.000 y 5.000 víctimas mortales, mientras que en  el bombardeo de Gernika, se estima que murieron unas 200 personas.

El resultado de una exhaustiva labor de documentación fue Paseo de los canadienses, nombre que recibe un tramo del camino entre las dos ciudades andaluzas en honor a la labor de los voluntarios de la Cruz Roja canadiense durante la guerra. La formación del autor como historiador queda patente a lo largo del cómic. Además de narrar lo sucedido a los miles de refugiados que huyeron de Málaga tras la caída de ésta a manos de los fascistas italianos, Guijarro incluye múltiples reflexiones en torno a la memoria histórica y al silencio impuesto durante décadas por los vencedores de la guerra.

El cómic presenta dos lineas argumentales que discurren en paralelo: la Málaga de hoy en día y la Málaga de 1937.  En primer lugar, mediante viñetas en color, asistimos al descubrimiento del “Paseo de los canadienses” por parte de Guijarro y a su investigación sobre los hechos, que le lleva a descubrir que Norman Bethune, a quien conocía por su paso por la China de Mao, también estuvo presente en la Guerra Civil como voluntario de las Brigadas Internacionales. Sus escritos y sus fotografías – que aparecen dibujadas en diversas viñetas de la obra – permitieron a Guijarro ser consciente de lo acontecido en la N-340. Esta primera trama culmina con la entrevista a Macarena, la imaginaria abuela de un conocido, que Guijarro utiliza para narrar los hechos de 1937 y que da continuidad a todo el relato.

En segundo término – y en viñetas sepia -,  el autor nos traslada a enero de 1937, cuando la situación en Málaga se hace insostenible para el bando republicano. La inminente llegada de las tropas fascistas italianas y el miedo al ejército africano de Franco hacen que la ciudad esté instalada en el caos. De la mano de la ficticia Macarena, que sirve al autor para hilvanar un relato construido a partir de numerosos testimonios, asistimos a la inacción de las autoridades republicanas, a los problemas para organizar una evacuación, a la cruenta represión que ejercieron los franquistas cuando llegaron a Málaga y a la desesperada huida de miles de personas hacia Almería.

El contraste entre los recuerdos infantiles de Macarena y su visión como anciana que ha mantenido en silencio sus recuerdos es el motor de la obra. Es la forma en que Carlos Guijarro construye la memoria de los hechos lo que me ha parecido más interesante en el cómic. A la manera de Paco Roca en Los surcos del azar, el propio autor se incluye en el relato para dotar de veracidad a lo relatado y los silencios y los sentimientos que provocan los recuerdos en la propia Macarena juegan un papel central en la historia.

Otro elemento destacado de Paseo de los canadienses es la inclusión en el propio relato de documentos de la época, así como de los escritos de diversas personas que vivieron los hechos. El peso del texto es mayor que en la mayoría de cómics actuales y hace que el ritmo de algunos fragmentos sea excesivamente lento, pero la información que incluyen siempre es interesante. La bibliografía incluida al final de la obra es muy completa, hecho que demuestra la voluntad de Guijarro de ceñirse a la verdad histórica de los hechos, en ocasiones incluso en contra de la agilidad del tebeo.

A nivel gráfico son dignos de mención muchos aspectos, pero en primer lugar creo que es justo destacar la dificultad de debutar con una obra de 120 páginas de extensión. El dibujo es correcto y permite que los personajes sean reconocibles y expresivos. Los escenarios en que transcurre la acción son totalmente fieles a la realidad, ya que el proceso de documentación y su traslación a las viñetas eran elementos fundamentales para el autor. El uso del color, aunque sencillo y ya muy visto, es muy efectivo y las composiciones de página son también conservadoras, a pesar de la inclusión de diversas viñetas de gran formato y gran belleza.

Paseo de los canadienses es un auténtico cómic histórico, no es un cómic basado en hechos reales. La matanza de la carretera de Málaga a Almería fue uno de los mayores actos criminales de toda la guerra civil y Carlos Guijarro ha conseguido reflejar perfectamente lo que sucedió. Además, es evidente la reflexión que encierra el cómic y la forma en que el autor ha trasladado lo acontecido al tebeo no es de ninguna manera casual. La memoria histórica es un elemento fundamental en el cómic y Guijarro lo hace explícito en muchos momentos.

Asimismo, el autor valenciano rinde un sentido homenaje a Norman Bethune y sus compañeros, que tanto hicieron por aliviar el sufrimiento de miles de víctimas de la guerra; y, también, da voz a los supervivientes de la masacre que fueron condenados al olvido durante décadas. El miedo a explicar sus historias, la deficiente actuación de las autoridades republicanas que hizo que desde la izquierda no se rememorara este episodio y la avanzada edad de los cada vez más escasos supervivientes jugaban en contra de la recuperación de la memoria. El cómic ha vuelto a demostrar, una vez más, que es un medio muy útil y efectivo para conseguirlo.

Casa Bábili

Casa Bábili, de Duleimi, Rojo y Carbajo (Norma Editorial)

Han pasado más de 12 años desde que los Estados Unidos liderados por George W. Bush y sus aliados – entre ellos la España de José María Aznar -, decidieron invadir Iraq con la excusa de que el régimen de Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva. Como se demostró posteriormente, la CIA falseó diversos informes para tener una coartada y a pesar de que la opinión pública mundial estaba en contra de la guerra, los halcones se salieron con la suya. Desde el presente es fácil comprobar lo erróneo de la decisión y la situación actual de Iraq y los países de su entorno muestra el enorme fracaso de la intervención.

El proyecto Casa Bábili, impulsado por la Fundación Al Fanar y la CEOSI (Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq) , trata de dar a conocer la realidad de los y las civiles iraquíes, las víctimas generalmente olvidadas del conflicto. Para ello adaptaron al cómic la novela Las mujeres de Saturno de la autora iraquí Lutfiya Duleimi. De la mano de los dibujantes Sara Rojo y Javier Carbajo trasladaron al cómic la historia de Hayat Bábili, una joven periodista de Bagdad que padece las consecuencias de la invasión norteamericana y del crecimiento del radicalismo islamista.

La primera parte del cómic se centra en los orígenes históricos de Iraq y su cultura. De la mano de Hayat y sus antepasados, los autores nos trasladan a las diferentes etapas históricas del antiguo Iraq hasta llegar a los inicios del siglo XX en que la presencia occidental empieza a ser una constante. El objetivo de esta parte introductoria es hacer consciente al lector de la riqueza del patrimonio cultural iraquí y de las grandes pérdidas que la guerra ha provocado. Una cultura milenaria ha sido mutilada en tan solo una decena de años.

La segunda parte de la obra nos muestra el día a día de las mujeres iraquíes durante el conflicto. La peligrosidad de vivir en un Bagdad bajo asedio, la crueldad de las tropas norteamericanas y la llegada de radicales islamistas que no aceptan que las mujeres puedan ser autónomas conforman un cóctel terrorífico. El peligro físico se une al sufrimiento psicológico de no saber dónde se encuentran sus seres queridos y a pesar de ello Hayat y sus compañeras tratan de salir adelante y de ayudar a los más necesitados.

Casa Bábili no es un cómic sobre la guerra de Iraq, no esperéis encontrar grandes explicaciones geopolíticas, pero es una obra terriblemente humana. En poco más de 100 páginas asistimos a los actos más nobles y a los más terribles de los que es capaz el ser humano. La denuncia que llevan a cabo los autores tiene una gran fuerza y muestra, contra la versión oficial, que la invasión militar fue y sigue siendo un gran castigo contra la población civil.

Otro de los temas fundamentales de la obra es la pérdida del patrimonio iraquí durante la guerra. Los bombardeos indiscriminados, los saqueos y los incendios deliberados han provocado que edificios tan emblemáticos como la Biblioteca Nacional o los grandes museos que conservaban buena parte de las obras mesopotámicas, sumerias o babilonias más importantes hayan sido parcial o totalmente destruidos. Las pérdidas son irreparables y pocas veces son tenidas en cuenta cuando se hace balance sobre los efectos de la guerra.

A nivel gráfico, la obra no destaca especialmente, pero consigue hacer funcionar el relato. Las composiciones de página son correctas, la gama cromática permite dotar de profundidad a la historia, pero en general, el dibujo está subordinado totalmente a la narración. No es una obra que atraerá al lector por la calidad artística, pero el trabajo de Rojo y Carbajo permite que los personajes y sus tragedias nos sean muy cercanos.

Por último, me gustaría destacar dos aspectos de que hacen de Casa Bábili un proyecto a imitar por organizaciones que busquen concienciar a la población sobre diversas cuestiones a través del cómic. En primer lugar, el cómic se puede leer íntegramente en formato digital, hecho que facilita su uso didáctico, y está disponible en español, inglés y árabe. En segundo término, los extras que incluye la edición en papel – también consultables online – dotan de mayor profundidad al cómic, ya que incluyen artículos académicos y periodísticos sobre diferentes aspectos del conflicto.

La valoración global de la obra es muy positiva ya que cumple perfectamente con su objetivo inicial: dar a conocer la realidad cotidiana de un conflicto tan mediatizado como la guerra de Iraq. Solo cabe felicitar a los autores y a los impulsores de la obra y esperar que iniciativas como ésta, que muestran las potencialidades del cómic, no sean una excepción.

Endurance

Endurance. La legendaria expedición de Shackleton, de Luis Bustos (Planeta DeAgostini)

En el año 2009 el dibujante Luis Bustos publicó con Endurance su primera novela gráfica. Como ha demostrado en sus obras posteriores (Versus ¡GARCÍA!), el dibujante madrileño tiene una especial predilección por los personajes que viven situaciones extremas. Con su primera obra de gran formato no pudo tener un acierto mayor, ya que pocos personajes históricos están a la altura de Ernest Shackleton y sus 26 compañeros de odisea. Con motivo del centenario de la expedición (1915-2015) Planeta ha publicado una nueva y bonita edición que incluye bocetos, un relato histórico de la expedición e interesantes perfiles de los miembros de la tripulación.

La primera década del siglo XX fue la gran época de las exploraciones antárticas. Tras el éxito del noruego Amundsen en llegar al Polo Sur geográfico y después del trágico final de la expedición británica comandada por Scott, Shackleton trató de llegar donde nunca nadie había llegado. Para ello planeó la Expedición Imperial Transantártica, cuyo objetivo era cruzar a pie todo el continente. Para conseguirlo reclutó una tripulación experimentada  que había respondido a su ya famoso anuncio publicado en el London Times en diciembre de 1913: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. 

Cruzar la Antártida a pie era una de las últimas fronteras para el ser humano y Ernest Shackleton y su tripulación eran conscientes de la magnitud de su reto. Es fantástica la doble página con la que Bustos narra la preparación de la expedición y las reticencias que ésta generaba entre sus coetáneos. La Europa de 1915 estaba afrontando los primeros meses de la Primera Guerra Mundial y a pesar de la fascinación que provocaba la Antártida, financiar a otro explorador utópico no era una prioridad. Pese a las dificultades, Shackleton consiguió su objetivo y el Endurance partió de Plymouth el 8 de agosto de 1914.

Tras sendas paradas en Buenos Aires y en Grytviken, ya en diciembre, el barco británico avanzó  hacia su punto de destino, la bahía de Vahsel. Poco antes de alcanzarla, el hielo rodeó el barco y pese a la lucha de la tripulación, lo detuvo. Demasiado lejos de cualquier lugar habitado o desde el que recibir ayuda, la expedición se convirtió en una de las historias más heroicas del siglo XX. La larga espera, la difícil convivencia y la desesperación fueron haciendo mella en la tripulación.

Tras casi un año varados en el hielo, el Endurance dijo basta y fue engullido por el hielo, de modo que los 27 hombres emprendieron una marcha terrible impulsada por su instinto de supervivencia. Tras un largo camino lleno de dificultades, como el acarreo de los botes durante cientos de kilómetros, Shackleton y sus hombres consiguieron llegar hasta la isla Elefante, donde tuvieron que tomar la decisión más difícil de sus vidas. Seis hombres, liderados de nuevo por Ernest Shackleton botaron el James Caird y recorrieron 1.300 kilómetros hasta Grytviken, donde consiguieron ayuda para rescatar a sus compañeros. La odisea había durado casi tres años.

Luis Bustos hizo un gran trabajo con su adaptación de una historia tan conocida, ya que su relato te atrapa y te mantiene en tensión durante las casi 200 páginas de la obra. Uno de los puntos fuertes del cómic es la forma en que Bustos recreó los personajes, ya que permite que nos hagamos una idea fidedigna de las dificultades que tuvieron que afrontar. Además, pese a la complejidad de retratar a un grupo tan amplio, el autor consigue dotar de matices a todos los personajes y los hace reconocibles. La ambientación histórica, en el final de la época de las grandes exploraciones, funciona muy bien y nos permite observar algunos aspectos de la Europa de la Primera Guerra Mundial que generalmente quedan en un segundo término.

En cuanto al dibujo, poco hay que decir sobre el dominio del medio de Luis Bustos. Pese a que es varios años anterior a Versus ¡GARCÍA! y a que fue dibujado de forma analógica, ya se observan algunos de los rasgos característicos del dibujante. El dinamismo, con multitud de líneas cinéticas, la influencia del manga y la expresividad de los personajes son quizás los rasgos más evidentes y más efectivos. Aunque en mi opinión, los grandes aciertos de Bustos son el uso del blanco y negro, pese a la evidente dificultad de recrear un entorno tan blanco como la Antártida; y las composiciones de página, con multitud de recursos y que narrativamente dotan de un gran ritmo al cómic.

Endurance es un gran cómic histórico, bien documentado y perfectamente ambientado, pero es mucho más. Una historia de aventuras que te atrapa desde las primeras páginas, una historia de superación y valentía, de amistad y heroísmo. Luis Bustos consiguió, ya en 2009, mostrar buena parte de las cualidades que lo han convertido en uno de los mejores dibujantes españoles del momento. Además, con motivo del Centenario, Planeta DeAgostini ha editado también una guía didáctica sobre el cómic. Creo que sobran los motivos para recomendar la lectura de Endurance, tanto si conocéis la epopeya de Shackleton como si la desconocéis totalmente, el cómic no os defraudará.