El juego de las golondrinas

El juego de las golondrinas, de Zeina Abirached (Sins Entido)

La guerra civil del Líbano duró más de 15 años, desde mediados de los años 70 hasta inicios de los 90. Zeina Abirached, la autora del cómic, nació en Beirut en 1981, de modo que toda su infancia transcurrió en un país en guerra. Aquellos años la marcaron profundamente y una vez llegó a la edad adulta, ya con experiencia en el campo de la ilustración, se sirvió del cómic para transmitir sus vivencias.

El juego de las golondrinas está situado en un Beirut que lleva una década en guerra, pero no es un cómic bélico. Al principio del relato la autora describe de forma muy visual cuál era la situación de la capital libanesa a mediados de la década de los 80, pero rápidamente se centra en la historia personal que quiere narrar. Los protagonistas de la historia – autobiográfica – son ella y su hermano, sus padres y su abuela, y por encima de todos ellos, los vecinos y vecinas de su edificio, que cada tarde se reúnen en el recibidor de su casa.

Una tarde cualquiera, los padres de la autora han ido a casa de su abuela y una de las vecinas se queda al cuidado de los niños. El resto de vecinos, cada uno con una historia que vamos descubriendo poco a poco, van llegando, como cada tarde, a la entrada de la casa, ya que es el punto más seguro del edificio. La tardanza de los padres es la excusa que utiliza Zeina Abirached para retratar la vida cotidiana del Beirut en guerra.

El peso de la narración recae en las historias personales y las relaciones de los vecinos, que tras incontables horas de encierro se han convertido en una auténtica familia. Todos los personajes tienen un papel importante en la construcción del relato, pero son especialmente destacables Ernest, que perdió a su hermano gemelo al inicio del conflicto y está obsesionado con Cyrano de Bergerac, y Chucri, un taxista que conoce como pocos la mejor manera de moverse por la ciudad y que se ofrece a ir a buscar a los progenitores de la autora.

A pesar de que el eje de la historia no es la guerra en sí, algunos aspectos que Abirached retrata son fundamentales para comprender la naturaleza de una ciudad sitiada a finales del siglo XX. Los desplazamientos por Beirut se han complicado mucho y como muestra la primera imagen de este texto, los habitantes de la capital libanesa han tenido que trazar nuevas rutas para desplazarse. La fisonomía de la capital libanesa ha cambiado drásticamente y elementos como las jardineras o los sacos de arena se han convertido en esenciales para garantizar la supervivencia. Los bombardeos son una realidad cotidiana y los ciudadanos crean estrategias para protegerse y para advertir a sus conocidos. Y por último, las comunicaciones son tremendamente complicadas, como demuestra la larga espera para conseguir realizar una llamada telefónica, genialmente dibujada por Abirached.

A nivel gráfico, el trabajo de Zeina Abirached es encomiable. Es imposible obviar la influencia de Marjane Satrapi (Persépolis), aunque un análisis un poco más detallado permite obervar las diferencias entre las dos: Abirached tiene un dibujo más geométrico, con composiciones de página y de viñeta realmente potentes y su uso del blanco y negro también se aleja del de la autora iraní, ya que la gran presencia del negro ayuda a crear la atmósfera de encierro y claustrofobia que domina el cómic. Quizás no tan evidente, también hay escenas que recuerdan a David B. (Los mejores enemigos. Parte 1 y Parte 2) y sus elementos oníricos.

Además, Zeina Abirached muestra su dominio de la ilustración y de la composición de múltiples formas a lo largo del cómic. Me han parecido dignos de mención tres recursos que emplea: en primer lugar, su magistral uso de los elementos urbanos para crear una sensación de encierro muy conseguida; en segundo término, la presencia constante, como fondo de muchas viñetas, del tapiz que muestra la liberación de los israelíes por parte de Moisés, colgado en la pared del recibidor de la casa; y por último, los juegos gráficos y las repeticiones que muestran la monotonía y la imposibilidad de vislumbrar el final del conflicto.

El cómic de Zeina Abirached es un cómic que aprovecha el conflicto bélico para hablar de la naturaleza humana y de los vínculos que surgen en situaciones tan extremas. La visión infantil que aparece en determinados momentos de la historia permite respirar en el ambiente asfixiante que muestra el cómic, pero al mismo tiempo lleva a la reflexión y a la toma de conciencia en un momento en que millones de niños y niñas, ya marcados de por vida, sufren las terribles consecuencias de las guerras. Quizás no es la mejor obra para entender el origen ni la geopolítica de la guerra civil del Líbano, sin embargo sí sirve para dar voz a sus víctimas silenciosas.

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¡GARCÍA!

¡GARCÍA!, de Santiago García y Luis Bustos (Astiberri)

La gran mayoría de cómics analizados hasta la fecha en el blog son obras centradas en periodos históricos concretos que retratan con mayor o menor verosimilitud la realidad histórica. ¡GARCÍA! es totalmente diferente, su planteamiento no es histórico, es una ucronía. Como docente, me he encontrado cientos de veces con la pregunta: “¿Qué hubiera pasado si…?”, puesto que la ucronía es uno de los elementos más fascinantes para los interesados en la historia. Santiago García y Luis Bustos nos plantean la respuesta a la pregunta: “¿Qué pasaría si un superagente secreto franquista fuera trasladado a nuestros días?”. El resultado es inmejorable: ¡GARCÍA!

Santiago García creó el guión del cómic hace varios años. En principio lo iba a dibujar Manel Fontdevila (lo explica en su página web), que llegó a tener listas unas cien  páginas. Finalmente ha sido Luis Bustos (dibujante de Versus, entre otras muchas obras) el encargado de plasmar el genial guión de García, guionista también de Beowulf – obra con la que también tuvo que cambiar de dibujante -, Las Meninas y Fútbol. La novela gráfica, además de otros cómics que por temática no encajan en la filosofía de este blog. La combinación del guión de Santiago García, de ritmo trepidante, con la versatilidad de Luis Bustos, capaz de crear un Madrid muy realista y unas escenas de acción espectaculares, han conseguido crear un cómic fantástico que se lee de forma vertiginosa, y que además incluye múltiples elementos para la reflexión.

Desde el punto de vista histórico ¡GARCÍA! es muy interesante, ya que permite observar la evolución de España en los últimos cuarenta años. La trama se inicia en un futuro muy cercano en que la situación política española es un caos, pero un caos bastante verosímil: los dos grandes partidos se han unido en un gobierno de concentración y un nuevo partido de izquierdas, cuyo líder posee una vistosa perilla, es la favorito según las encuestas para ganar las siguientes elecciones. El secuestro de la líder del partido que uno de los personajes denomina “el de los herederos del Caudillo” – con un asombroso parecido a una de nuestras políticas más populares – desencadena la acción. Ante esta difícil situación, los oscuros servicios secretos, dirigidos por el oscuro Don Jaime, deciden utilizar su arma más poderosa: el superagente secreto García, que lleva más de cuarenta años criogenizado.

Una vez García llega al Madrid de la segunda década del siglo XXI es realmente valioso ser testigos de los cambios que percibe. Los medios de transporte, las formas de comunicación o las formas en que la gente se relaciona se han transformado totalmente, pero las estructuras políticas solo han evolucionado ligeramente. Este es el elemento más valioso – desde el espíritu de este blog – del cómic: tras más de 40 años del final de Franquismo, el poder sigue administrado por los mismos actores, por las mismas instituciones, e incluso, por las mismas personas.

Otro elemento que hace de la lectura de ¡GARCÍA! una gran manera de reflexionar sobre la España de nuestros días es la integración de diversos temas tremendamente actuales: el papel de los medios de comunicación en la pervivencia del régimen, maravillosamente representado por Aquilino, que a todos y todas nos será familiar; la precariedad laboral y las dificultades de los jóvenes para salir adelante, de la mano de Antonia, un personaje construido de forma magistral por los autores; y, por último, el papel de la opinión pública y su manipulación. El cómic es un thriller político que ilustra de forma muy acertada las partes más oscuras de la España del siglo XXI.

Además de todos estos aspectos, ¡GARCÍA! es un gran cómic de acción. Las casi doscientas páginas de este primer tomo se leen en un santiamén, ya que el ritmo de la trama es realmente frenético. La narración va de menos a más y las últimas páginas literalmente se devoran cuando, de repente, llegamos al final. Por suerte, Bustos y García están ya trabajando en el segundo volumen y en los próximos meses podremos conocer el desenlace.

A nivel gráfico el trabajo de Luis Bustos es asombroso. Como ya demostró en Versus, es sin duda uno de los dibujantes que mejor domina el blanco y negro. Sus dibujos presentan infinidad de matices y el nivel de detalle es abrumador. La influencia del manga y del pulp se deja notar y las escenas de acción fluyen. Las composiciones de página están muy trabajadas, siempre en beneficio del desarrollo de la trama y no para el puro lucimiento del dibujante. Por último, es destacable la forma en que Bustos ha recreado Madrid, con viñetas realmente espectaculares que nos trasladan directamente a algunos de los lugares más emblemáticos de la capital. La inclusión de algunas páginas dibujadas por Manel Fontdevila ha sido un gran acierto, ya que el contraste con el dibujo de Luis Bustos es brutal y nos recuerdan a los cómics de Roberto Alcázar y Pedrín a los que los autores claramente homenajean.

En resumen, ¡GARCÍA! es un cómic tremendamente atractivo por multitud de motivos. El juego histórico – la ucronía – que llevan a cabo García y Bustos nos permite cuestionarnos muchas cosas que generalmente tenemos asumidas y que solo últimamente han entrado en cuestión: ¿tanto ha cambiado España en los últimos cuarenta años? ¿Realmente la Transición fue tan modélica como defiende la versión oficial? ¿Los poderes fácticos que dirigen el Estado son esencialmente los mismos? ¿Vivimos en una democracia genuina? Los niveles de lectura del cómic son prácticamente infinitos y cada lector encontrará sus propios matices, pero además, ¡GARCÍA! es un cómic de acción tremendamente entretenido. Una lectura genial que seguro que culminará con una segunda parte de altísimo nivel. Muchas ganas de saber cómo García y Bustos ponen fin a la historia. En unos meses lo sabremos.

Las guerras silenciosas

Las guerras silenciosas, de Jaime Martín (Norma Editorial)

La guerra de Ifni es uno de los conflictos bélicos más desconocidos de la España del siglo XX. El régimen de Franco consiguió ocultarlo a la opinión pública de la época y ante la atracción que en los últimos años ha ejercido la guerra civil, la guerra del Protectorado Sur – nombre que recibía el territorio – ha pasado desapercibida. Fue un conflicto corto, que tuvo lugar entre octubre de 1957 y abril de 1958, en el que murieron 198 soldados españoles, 574 fueron heridos y 80 fueron declarados desaparecidos. (Ver Ifni. La guerra que perdió Franco en El País).

En los años posteriores al conflicto, que formalmente no había terminado, Sidi Ifni fue el destino de miles de jóvenes españoles que eran enviados allí a cumplir con el servicio militar obligatorio. Uno de estos desafortunados reclutas fue el padre del dibujante Jaime Martín, que llegó a Ifni en 1962. Tras una estancia forzada de dieciocho meses pudo regresar a Barcelona, pero la experiencia lo había marcado profundamente y de por vida. Tras escuchar a su padre explicando las anécdotas de la mili centenares de veces y después de leer el diario que éste había escrito sobre su tiempo en el norte de África, Jaime Martín decidió crear un cómic que relatara sus peripecias. Las guerras silenciosas fue publicado en 2013 en Francia – donde fue nominado a mejor obra en el Festival de Angoulême – y, finalmente, en 2014 Norma lo publicó en castellano.

El relato de Jaime Martín tiene tres niveles narrativos: por un lado, los recuerdos de su padre durante su estancia en Ifni; coetánea a esta primera linea argumental, el cómic nos muestra los recuerdos de su madre sobre esa época; y en último lugar, con el propio dibujante como protagonista, somos testigos del proceso de creación de la obra. La combinación de las tres funciona muy bien y el ritmo narrativo es el adecuado para que la historia avance.

A pesar de la importancia del resto de personajes, el protagonista indiscutible de la obra es el padre de Jaime Martín. Sus recuerdos retratan de forma muy certera la España de los años 60. Su infancia es un claro ejemplo de las duras condiciones materiales que padecía buena parte de la población española. Su juventud, la etapa en la que debía iniciar una vida autónoma, fue truncada por el servicio militar, que en aquella época tenía una duración de dos años. Asimismo, en otra muestra de los valores que imponía la dictadura franquista, un hombre no era considerado un hombre de verdad hasta que no había cumplido con su deber hacia la patria y por tanto, hasta después de hacer la mili era difícil encontrar trabajo.

Un gran acierto de Jaime Martín es incluir en el relato la visión de su madre, que muestra la precaria situación de las mujeres en una sociedad tan machista. Es espeluznante cómo narra la persecución y el seguimiento que padecían muchas chicas por parte de las familias de sus novios que estaban haciendo la mili. Las múltiples discriminaciones que padecían, en todos los ámbitos, son perfectamente reflejadas en el cómic, de modo que el relato principal gana en profundidad y en matices.

La linea argumental situada en el presente también es muy interesante, ya que Jaime Martín nos habla de las dudas que lo asaltan durante el proceso de creación de la obra. La implicación personal en la historia que narra, como les sucede a Antonio Altarriba en El arte de volar o a Miguel Gallardo en Un largo silencio, hace que la forma en que es transmitida la historia de su padre sea realmente importante y, en momentos concretos vemos la presión que sufría el dibujante mientras trasladaba al cómic las memorias de su progenitor.

A nivel gráfico el trabajo de Jaime Martín es fabuloso. Se nota que el proceso de documentación ha sido exhaustivo y los elementos militares – uniformes, vehículos, escenarios – son totalmente realistas. El uso de fotografías como recurso puntual – a diferencia de Guibert en El fotógrafo donde las fotografías son la base del cómic – funciona fantásticamente y dota de mayor verosimilitud al relato. Las composiciones de página son variadas, sin llegar a ser excesivamente atrevidas, pero aportan la necesaria fluidez a la narración. La edición de Norma, de un tamaño mayor que sus habituales tomos de novela gráfica, permite al dibujante barcelonés crear viñetas realmente espectaculares. El color está a una gran altura, especialmente en los fragmentos situados en Ifni, en plena zona desértica. Gerardo Vilches compara en su reseña, con acierto, los colores que utiliza Martín con los de Paco Roca en Los surcos del azar, ya que el escenario es parecido.

La conjunción de las tres tramas es lo que hace que Las guerras silenciosas sea un cómic redondo. El retrato del franquismo y de la sociedad que el régimen creó está a la altura del mejor libro de historia sobre el periodo. El papel de la mujer, la despiadada actitud de los oficiales hacia sus soldados, las durísimas condiciones que éstos sufrían, la impotencia de tener que malgastar dos años de su vida en beneficio de un régimen sanguinario, la manipulación informativa… todos estos temas y muchos más tienen cabida en las 160 páginas de Las guerras silenciosas. Momentos trágicos, momentos divertidos, momentos entrañables y grandes reflexiones hacen de esta obra uno de los mejores ejemplos de la recuperación de la memoria histórica a través del cómic.

PD: os recomiendo encarecidamente la lectura de esta entrevista a Jaime Martín en el blog Cosas de Absenta, de Roser Messa.

PD 2: también es muy recomendable echar un vistazo a esta entrada en el blog del propio dibujante en el que incluye una galería fotográfica realmente interesante.