Una guerrita de nada

Una guerrita de nada. Saigón 1961-1963, de Marcelino Truong (Spaceman Books)

La guerra de Vietnam (1955-1975) fue uno de los muchos conflictos bélicos del siglo XX, pero la implicación de los Estados Unidos y sus repercusiones en la superpotencia americana, provocaron que haya tenido una gran difusión. Multitud de películas, de novelas y de cómics han tratado esta guerra, aunque prácticamente siempre desde el punto de vista norteamericano. Los traumas que sufrieron los marines, las consecuencias políticas internas y sus efectos en la Guerra Fría son siempre los protagonistas, por ello este cómic es muy especial.

Una guerrita de nada, obra de Marcelino Truong – de madre francesa y padre vietnamita -, se aleja de la corriente mayoritaria y nos muestra el inicio de la guerra desde el punto de vista del Vietnam del Sur, el aliado de los EEUU. Este hecho, también novedoso, permite observar el inicio del conflicto desde el Vietnam que acabó siendo derrotado y por tanto, también añade matices al tradicional discurso de la izquierda en que Vietnam luchaba contra la gran potencia imperial, ya que Truong muestra cómo muchos vietnamitas eran contrarios al comunismo del Vietnam del Norte.

El padre de Marcelino Truong era diplomático y por este motivo la familia viajaba constantemente. En 1961, ante las turbulencias políticas y el auge del enfrentamiento entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur, Truong Buu Khanh fue reclamado en Saigón y su esposa y sus tres hijos le acompañaron al país asiático. El contraste con Washington, su último destino antes de Vietnam, y Saint Malo, donde vivían los abuelos maternos, fue tremendo, aunque el pequeño Marcelino y sus hermanos se adaptaron bien, mucho mejor que su madre.

El padre del dibujante era muy cercano al autoritario presidente Ngo Dinh Diem, ya que le hacía de intérprete, y a pesar de que no le gustaba demasiado la influencia americana, la veía como un mal menor si servía para luchar contra el comunismo del Viet Cong. El periodo 1961-1963 fue decisivo para el futuro del conflicto, ya que la inestabilidad política en el sur y sus derrotas militares, impulsaron a los Estados Unidos a implicarse al máximo en la guerra. La muerte de John Fitzgerald Kennedy y la necesidad de su sucesor Lyndon B. Johnson de mostrarse duro ante los halcones del complejo militar-industrial, propiciaron que los EEUU se adentraran en una larga guerra, que acabó con una derrota vergonzante.

La mirada infantil del cómic permite un alejamiento del dramatismo de la situación, pero al mismo tiempo Truong la utiliza para criticar las terribles desigualdades que existían en Vietnam del Sur y que fueron la principal causa del apoyo entusiasta que recibían los guerrilleros del Viet Cong. La pertenencia de su padre a la élite cercana a los círculos de poder no impide que los niños y, especialmente su esposa, pasen momentos muy duros, pero las diferencias con el modo de vida de la mayoría de la población son terribles.

Otro elemento muy conseguido de la obra es la combinación de la historia personal del pequeño Marcelino, junto a su familia, y de la gran historia que estaba afectando a Vietnam del Sur. La creciente participación estadounidense, con el envío de un gran número de asesores y de armamento sofisticado tiene una gran presencia; pero es la explicación de la situación política del país, con el descontento de los militares, los desmanes de Diem y su camarilla y las políticas con las que pretendían frenar a los comunistas, la que convierte este cómic en una fantástica introducción a la Guerra de Vietnam.

La parte gráfica del cómic está a un gran nivel y muestra la versatilidad del autor, que ha trabajado durante muchos años como ilustrador. Las composiciones de página combinan grandes viñetas – incluso con abundantes dobles páginas -, con viñetas pequeñas e irregulares e incluso páginas que parecen más de libro ilustrado que de cómic. El uso del color es el gran punto fuerte de la obra, puesto que Truong combina con maestría el bitono anaranjado – colores cálidos que nos trasladan al tórrido clima vietnamita -, con viñetas a todo color y con bitono azulado – para hablar de los grandes aconteciemientos históricos -. El nivel de detalle del armamento y de los escenarios es el adecuado y sin llegar a la precisión de otros autores reseñados en el blog (Paco Roca o Jacques Tardi, por ejemplo) consigue que el dibujo sea totalmente efectivo.

En resumen, Una guerrita de nada es una lectura muy recomendable, especialmente por su novedosa perspectiva, muy alejada de los relatos sobre la guerra de Vietnam más comunes. Las reflexiones del autor desde el presente ayudan a dotar de contexto a los acontecimientos narrados en el cómic, de modo que la lectura es aún más rica. El dibujo funciona muy bien y se queda a mitad de camino entre el manga y la bande dessinée, de modo que también es original y atractivo. Una obra muy completa, un enfoque original, un gran cómic.

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Yo, René Tardi 2

Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B. Mi regreso a Francia, de J. Tardi (Norma Editorial)

Mi regreso a Francia es el segundo volumen de la serie Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B con la que Jacques Tardi relata las vivencias de su padre durante la Segunda Guerra Mundial. En la primera entrega, reseñada anteriormente en el blog, éramos testigos del confinamiento de René Tardi en un campo para prisioneros de guerra durante prácticamente cinco años. La rápida derrota del ejército francés y las penalidades que sufrían Tardi y sus compañeros eran los dos ejes del cómic.

La segunda parte continúa la narración en el momento exacto en que acababa el primer volumen, cuando los prisioneros eran evacuados del campo en pleno invierno, sin un destino demasiado claro. El implacable avance de las fuerzas soviéticas en el este provocó que los alemanes trataran de reagrupar sus fuerzas y sus rehenes – prisioneros de guerra de muchos de los países aliados – en el territorio germano. Para René Tardi y el resto de prisioneros franceses, el avance en dirección oeste era un motivo de esperanza, ya que el reencuentro con su amada Henriette cada vez estaba más cerca.

Como en la primera entrega, la historia es narrada mediante los diálogos ficticios entre Jacques Tardi y su difunto padre, cuya voz proviene de sus diarios de los años 40. En esta ocasión, tienen una especial importancia las cuartillas con las anotaciones – incluídas en las guardas de la fantástica edición de Norma -, que permiten reconstruir el tortuoso viaje entre Hammerstein y Lille que llevó a cabo el padre del dibujante entre el 29 de enero y el 23 de mayo de 1945. Las discusiones entre padre e hijo y las preguntas que quedaron sin respuesta tienen una presencia constante y aligeran el ritmo en ciertos momentos monótono y repetitivo del cómic.

Los apuntes de René Tardi eran exhaustivos, ya que incluían las paradas que hicieron y las estimaciones de los kilómetros que recorrían en cada etapa; pero contenían, como es lógico, algunos elementos inexactos. Jacques Tardi rehízo – en coche – el camino que su padre había recorrido 70 años antes y en el epílogo él y su esposa Dominique Grange explican esta emotiva experiencia y el descubrimiento de cierta información que completaba los diarios paternos.

Además del triste y duro periplo de René Tardi, ejemplo de uno de los episodios más desconocidos de la guerra, esta obra es un gran acercamiento a la Segunda Guerra Mundial, ya que el Jacques Tardi niño le va explicando a su padre los aconteciemientos esenciales de la etapa final del conflicto: el avance soviético en el este, las victorias aliadas en el oeste, la toma de Berlín, el descubrimiento de los campos de concentración, el suicidio de Hitler… todos ellos elementos trascendentes que fueron coetáneos a la travesía de su padre.

Jacques Tardi reconstruye las experiencias de su progenitor sin dulcificarlas y sin esconder los aspectos más brutales, como el asesinato de cinco de los guardias que los custodiaban. Tardi recrimina a su padre su participación en estas acciones y al mismo tiempo muestra como éste no se arrepintió de lo que hizo junto a sus compañeros de calvario. Además, otro elemento que aleja el relato de Tardi de la versión hegemónica sobre la Segunda Guerra Mundial es la inclusión, con todo lujo de detalles, de los bombardeos aliados sobre las ciudades alemanas.

A nivel gráfico, Mi regreso a Francia mantiene la línea marcada en el primer tomo: páginas con tres viñetas alargadas predominio de los grises y gran nivel de detalle en escenarios, vestuario y armamento. La gran novedad es el uso del color, que adquiere más importancia en esta entrega. Más allá de su uso puntual para dar énfasis a algunos aspectos concretos como las banderas, el color se convierte, a medida que avanza la historia, en un elemento narrativo de primer orden: desde el uso de los fondos rojos en los momentos de mayor crueldad hasta el uso de una paleta bastante completa cuando el suplicio del camino llega a su fin.

La serie Yo, René Tardi se ha convertido ya en uno de los mejores cómics sobre la Segunda Guerra Mundial, ya que su original enfoque, centrándose en uno de los millones de  personajes anónimos que tuvieron su papel en el conflicto y la estructura dialogada entre padre e hijo, que recuerda a la canónica Maus, la convierten en una obra muy atractiva.  En un futuro cercano Jacques Tardi publicará un tercer volumen sobre su padre, que continuará con la biografía tras su llegada a Francia y que seguro que volverá a ser muy interesante. Tras ser quizás el dibujante que mejor ha retratado la Primera Guerra Mundial, Tardi demuestra que también está al nivel de los mejores autores que han trasladado al cómic el conflicto bélico más importante del siglo XX.