Píldoras azules

Píldoras azules, de Frederik Peeters (Astiberri)

El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) provoca el Síndrome de la inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Fue descubierto en 1983, pero aún hoy, más de treinta años después, sigue siendo un gran estigma para quienes la padecen y un gran misterio lleno de tabúes y de tópicos para la mayoría de la población. Para el dibujante Frederik Peeters  también era un gran desconocido, hasta que se topó con Cati y su hijo de 3 años.

Píldoras azules no es un cómic histórico, aunque se enmarca en el género autobiográfico. Tampoco es un cómic científico que trate de divulgar los pormenores de la enfermedad. La obra de Peeters es un cómic romántico que no cae en lo empalagoso ni en la lágrima fácil. Como dice Antoni Guiral en su comentario en Tebeosfera, por muchas cosas que se digan sobre Píldoras Azules, hay que leerlo para poder comprender su magnitud.

La editorial Astiberri publicó Píldoras azules en 2002, pero en 2015 la ha vuelto a reeditar con una docena de páginas adicionales que muestran a Cati y su hijo, los protagonistas del relato junto al propio dibujante, trece años después de lo narrado en el cómic. Este material nuevo es muy interesante, ya que permite observar la evolución de la enfermedad, los avances científicos, y sobretodo, las reflexiones del adolescente que solo tenía tres años en la obra original.

70a1f7d2700fe4cf32771a092d6143c8La historia comienza con el joven Frederik Peeters y sus encuentros casuales con Cati, una chica algo mayor que él a la que conoce a través de unos amigos. Cuatro años después vuelven a encontrarse y Peeters ya es dibujante profesional y Cati está infelizmente casada y tiene un hijo. A partir de este momento se inicia una relación que estará marcada, en un primer momento por la confesión, y posteriormente, por la relación a tres entre ellos y la enfermedad.

La narración no se conforma con recoger un conjunto de anécdotas, sino que va mucho más allá. Las dudas de ambos, los sentimientos  que van transformando su relación – desde la culpa hasta el amor absoluto -, el papel de Frederik Peeters como padre, y especialmente, sus reflexiones en torno a la vida y el amor son los ejes del relato. La sensibilidad que muestra el autor suizo para exponer los aspectos más íntimos de su relación con Cati es abrumadora.

La visión que muestra Peeters de la enfermedad es realmente valiosa, ya que no cae en el alarmismo, pero al mismo tiempo tampoco tiene una perspectiva idealizada o despreocupada. Los pequeños descubrimientos que realizan como pareja, con la supervisión de un médico magníficamente recreado, juegan un papel fundamental en el progreso de la historia. Los momentos llenos de optimismo y de esperanza se entrecruzan con las escenas pesimistas y con los miedos de ambos.

Los fragmentos oníricos, utilizados con maestría por Peeters, sirven para introducir sus profundas reflexiones sobre la naturaleza de sus sentimientos hacia Cati y su hijo. Multitud de metáforas visuales enriquecen el relato. Entre ellas destacan el uso de un rinoceronte blanco y de un mamut que tienen una gran importancia en la historia.

En el apartado gráfico Frederik Peeters, pese a su juventud, demostró una gran capacidad para utilizar multitud de los recursos propios del cómic. Su trazo expresionista, sus caras y, por encima de todo, sus ojos consiguen transmitir la crudeza y la ternura, la esperanza y el miedo de los personajes. El blanco y negro funciona maravillosamente para trasladar la intimidad de lo narrado y consigue que hechos e ideas fluyan, conviertiendo la lectura en adictiva. Es interesante, también, observar la diferencia entre el dibujo original y el de las nuevas páginas, mucho más estilizado.

En resumen, Pildoras Azules es un cómic majestuoso. La historia es preciosa y la manera en que Peeters trata un tema tan delicado está a la altura. El dibujo muestra el excelso nivel del dibujante, el guión funciona, es divertido, es triste… No se me ocurre una mejor manera de acercarse al VIH-SIDA, una de las realidades más complejas de nuestro tiempo, sin caer en sentimentalismos ni en la autocompasión. Lectura cien por cien recomendable.

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