Historias del barrio

Historias del barrio, de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (Astiberri) També disponible en català (Dolmen)

La época de La Transición fue una etapa de grandes cambios en España. El paso de la dictadura franquista a un sistema democrático fue el aspecto principal; pero a nivel social, la segunda mitad de los años 70 y los primeros años 80 también fueron muy movidos. Con Historias del Barrio, Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí crearon un retrato del Barrio chino de Palma de Mallorca, aunque podría ser muchos barrios de muchas ciudades españolas de esa época.

El relato se basa en los recuerdos de la adolescencia de Beltrán, el guionista de la obra. La Palma de Mallorca de finales de los 70 poco tenía que ver con el centro turístico actual, y  en el caso del Barrio Chino, donde residía Beltrán, este hecho es aún más evidente. La pobreza, el alcoholismo, la violencia machista, la prostitución y las drogas tenían una gran presencia en esta zona de la capital balear; aunque también la amistad, la lealtad y el sentimiento de pertenencia estaban presentes. Historias del Barrio consta de diversos relatos breves, llenos de claroscuros, que conforman una visión cruda de lo que le tocó vivir a mucha gente en la España de esos años.

El guión de Gabi Beltrán está muy bien construido. A través de sus recuerdos, con un toque nostálgico, pero siendo consciente de la fortuna y el esfuerzo que necesitó para salir con éxito de ese difícil entorno, Beltrán presenta sus andanzas juveniles. En su pandilla, formada por chicos del Barrio Chino, la violencia, el abandono y el incumpliemiento de las leyes son el pan de cada día. Al mismo tiempo, los lazos existentes entre ellos tienen mucha fuerza, ya que la mayoría tienen situaciones familiares muy difíciles. La pandilla se acaba convirtiendo en su auténtica familia y en su principal punto de apoyo.
El dibujo de Seguí, se adapta perfectamente a las intenciones narrativas de Beltrán. En esta ocasión, el dibujante mallorquín se aleja del realismo de otras de sus obras (Las Serpientes ciegas) y crea unos personajes intencionadamente impersonales, con unos rasgos no demasiado definidos. Su intención es darnos una vía de escape de la dureza de las historias y acentuar la atmósfera del barrio, en detrimento de la individualización de los protagonistas. En cambio, Seguí sí que dibuja unos escenarios muy próximos a la realidad de la Palma de la época.
Lo mejor del cómic, en mi opinión, es la capacidad de ambos autores de trasladarnos a una época reciente de la Historia de España, que en muchos casos ha sido premeditadamente olvidada. De la mano de un grupo de jóvenes que estaban descubriendo las posibilidades que les ofrecía un lugar como el barrio chino, somos testigos de la dura vida a la que vieron abocados muchos adolescentes de la época.
Su descubrimiento del sexo, alejado de las visiones artificiales y edulcoradas que muestran la mayoría de obras ficción, es un claro ejemplo del tono de la novela gráfica. También  son muy interesantes las reflexiones de Gabi Beltrán sobre su pasado, que avanzan en paralelo al cómic, especialmente los momentos en los que el escritor mallorquín reconoce que pudo haber seguido el camino tortuoso de algunos de sus amigos, que cayeron en la heroína o en la delicuencia.
Por suerte, Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí decidieron dar continuidad a este proyecto, y recientemente Astiberri ha publicado el segundo volumen: Historias del barrio. Caminos, donde podremos seguir las venturas y desventuras de Beltrán y su pandilla en el Barrio Chino de Palma a mediados de los 80. Tengo muchas ganas de leerlo.
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