Kiki de Montparnasse

Kiki de Montparnasse, de Catel y Bocquet (Sins Entido)

Alice Prin nació en 1901 en un entorno rural muy humilde, en la región francesa de Borgoña. A pesar de este origen, la protagonista del cómic llegó a convertirse en la gran musa del París de los años 20. Allí fue conocida como Kiki de Montparnasse. La novela gráfica de Catel y Bocquet es una biografía muy documentada de esta peculiar figura.

En la segunda década del siglo XX la capital francesa era el centro cultural más importante de Europa, ya que multitud de artistas de todas las disciplinas residían allí. En pleno apogeo de las vanguardias artísticas, todo joven europeo o norteamericano con ambiciones quería ir a París. Montparnasse, una zona agrícola durante la primera mitad del siglo XIX, era una de las zonas más baratas de la ciudad y por tanto, era donde podían instalarse los jóvenes artistas recién llegados.

Con el paso de los años, el barrio de Montparnasse floreció culturalmente y gran cantidad de cafés y teatros abrieron sus puertas allí. Genios universales de diversas disciplinas se movían por sus calles, pero entre todos ellos había una reina indiscutible: Kiki, la reina de Montparnasse.

Kiki tuvo una infancia complicada, ya que se tuvo que criar con su abuela en un entorno muy pobre y muy cerrado. Cuando aún era una adolescente tuvo que emigrar a París, donde se reencontró con su madre. Tenía la esperanza de dedicarse al mundo del espectáculo; pero una vez en la gran urbe, empezó a trabajar en una panadería. Poco después, con 14 años de edad, inició su carrera como modelo de desnudos para escultores y pintores, hecho que la enfrentó con su madre.

Poco a poco fue entrando en el mundillo del arte parisino. Posó para multitud de jóvenes artistas, algunos de los cuales llegaron a ser muy conocidos: Cocteau, Calder, Fouijta o Gargallo. En el ambiente liberado del París de la época, Kiki también tuvo multitud de amantes, pero su gran amor fue Man Ray. El artista americano la retrató innumerables veces y fue su relación amorosa más duradera.

Además, Kiki fue durante bastantes años la gran estrella de los cabarés parisinos. Cantaba, bailaba y el personaje en que se había convertido era una gran atracción. Su vida fue muy intensa, en todos los sentidos posibles, y por ello, Kiki es una figura esencial para comprender cómo fue el París de los locos años 20.

Cuando llegaron los años 30 todo cambió, y especialmente a partir del 39, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, París perdió toda su luz. Con la ocupación nazi, a partir de 1940, la capital francesa se convirtió en un lugar tétrico en el que Kiki no encajaba. Su vida cada vez iba a peor y la antigua Reina de Montaparnasse se iba convirtiendo poco a poco en una caricatura de sí misma. Finalmente, la muerte la alcanzó bastante joven, pero los años de excesos le habían pasado factura.

La lectura de la novela gráfica de Catel y Bocquet, autores también de Olympe de Gouges, es muy amena. El dibujo de línea clara permite obtener una imagen muy definida de la arquitectura parisina y de la atmósfera que se debía vivir en los círculos artísticos del periodo de entreguerras. La figura de Kiki es deslumbrante, su vida llena de altibajos es tan atractiva como lo debió de ser ella en los años 20; pero este cómic va más allá, ya que lo mejor que ofrece, en mi opinión, es la posibilidad de observar la infinita cantidad de talento que se reunió en París en esa época: Picasso, Breton, Hemingway o Gertrude Stein, entre muchos otros. Todos compartían algo, su veneración por la Reina de Montparnasse.

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