Auschwitz

Auschwitz, de Pascal Crocci (Norma Editorial)

Maus mostró, de manera magistral, las posibilidades del cómic para hablar de un tema tan trascendente como el Holocausto. Art Spiegelman decidió recuperar los recuerdos de su padre mediante el uso de animales antropomórficos. El acercamiento de Pascal Croci a los terribles actos cometidos en los campos de concentración es muy diferente, ya que lo hace a través del marcado realismo de los escenarios y de las figuras humanas, especialmente las víctimas, con un aire fantasmal.

Croci mezcla historia y ficción para relatar algunos episodios que acontecieron en los campos. Después de entrevistarse con varios supervivientes, Croci dibuja algunas escenas, que aunque ya ampliamente conocidas (algunas de ellas parecen directamente sacadas de La lista de Schindler), siguen mostrando con crudeza la barbarie que aplicó el III Reich para conseguir su Solución final.

Aunque la historia de ficción, en mi opinión, no está a la altura de lo que intenta transmitir Pascal Croci; el fantástico dibujo de esta obra sí que consigue trasladarnos a ese terrible lugar que fue Auschwitz-Birkenau. El blanco y negro, los estilizados cuerpos y las caras angulosas de los prisioneros crean una atmósfera en la que el horror está presente en todo momento.

Algunos de los hechos -verídicos- que dibuja el autor son espeluznantes: la niña que sobrevivió a las cámaras de gas (relatada por un superviviente en Shoah, el documental de Claude Lanzmann); la llegada de los trenes al andén central de Birkenau; las actuaciones de los Kapos, que se aprovechaban de los recién llegados; o los actos de crueldad totalmente gratuitos de los SS que controlaban Auschwitz.

En definitiva, Auschwitz es un cómic correcto, con un dibujo bastante espectacular. Que la parte de ficción no esté a la altura del resto, no impide que sea una obra interesante para tener una visión rápida, sencilla y bastante realista sobre el Holocausto y los campos de concentración. En este caso, creo que puede ser una buena lectura para los y las jóvenes que tengan interés en esta parte tan oscura de la Historia reciente. Quizás para el lector adulto e informado, el conjunto de anécdotas sea algo superficial, pero aún así, su lectura es recomendable.

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La mala gente

La mala gente. Una historia de militantes, de Étienne Davodeau (Ponent Mon)

Étienne Davodeau es el gran autor del cómic documental. Después del éxito que obtuvo con Rural en 2001 (recientemente publicado en España por La Cúpula), en el que se acercaba a la agricultura ecológica y a la lucha de los movimientos ecologistas contra la construcción de una autopista en la región de los Mauges, en el departamento Maine y Loira; Davodeau se acercó a la realidad política, histórica y social de su región de origen.

La mala gente (según la leyenda Mauges tiene su origen etimológico en mauvaises gens) narra la historia del sindicalismo francés en esta región durante la 50, 60 y 70. Los padres del autor participaron en la lucha por conseguir derechos para los trabajadores y, por tanto, Davodeau utiliza su testimonio y el de algunos de sus compañeros para reconstruir la historia. Sus recuerdos infantiles también tienen un lugar destacado en el proceso de recuperar la memoria, ya que desde el presente el autor comprende algunos aspectos de su vida que en su momento no tenían sentido para él.

La sociedad de los Mauges era muy tradicional. Las diferencias sociales eran muy evidentes, pero el conservadurismo omnipresente hacía imposible intentar cambiar las cosas. Este escenario cambió con la llegada a la región de algunos religiosos con ideas innovadoras, que trataron de utilizar las parroquias como un elemento de dinamización y no como garantes del orden establecido. En una zona tan católica como ésta, las nuevas asociaciones parroquiales, que utilizaban el deporte como método de integración y que apostaban por la defensa de los derechos de los trabajadores, provocaron muchos cambios. La educación y la formación de la clase obrera también fueron elementos importantes.

La clase trabajadora empezó a perder el miedo y poco a poco fue organizándose. Aparecieron los primeros sindicatos y organizaron las primeras huelgas. El tradicional paternalismo con el que los empresarios locales habían mantenido subyugados a los trabajadores durante décadas empezaba a quebrarse. Las luchas tenían sentido, empoderaban a  sectores sociales siempre alejados del poder, y sobretodo, se mostraban efectivas. Los sacrificios conseguían resultados y cada vez más gente se sumaba a la lucha obrera.

Los padres de Étienne Davodeau participaron en todos estos acontecimientos, y por tanto, la visión del dibujante es muy cercana a los hechos. Las conversaciones con sus progenitores, situadas en el presente en que el autor está dibujando el cómic, transcurren en paralelo a la acción, y contienen algunos de los mejores momentos de la obra. Las valoraciones y reflexiones de sus padres, 40 años después de los hechos, son muy interesantes para comprender el alcance histórico y las consecuencias de lo narrado en el cómic.

El dibujo de Davodeau, pausado, medido y aparentemente sencillo; junto a la profusión de texto dotan a la obra de su genuino carácter documental. En la línea de Joe Sacco, Étienne Davodeau se incluye en el relato, de manera que la dialéctica entre objetividad y subjetividad es uno de los elementos clave de la novela gráfica.

La mala gente es una obra imprescindible para comprender el desarrollo los años 60 y 70 en Francia, y posteriormente, para entender la llegada al poder de Mitterrand, que contó con el apoyo de estas bases de origen sindical. Una vez más, el cómic vuelve a demostrar que es apto para tratar cualquier tema con rigor; atrás quedaron los años en los que tan sólo era un entretenimiento infantil y juvenil.

He visto ballenas

He visto ballenas, de Javier de Isusi (Astiberri)

La historia de España tiene una importante presencia en el cómic, sobretodo algunos períodos especialmente relevantes: la II República, la Guerra Civil y la dictadura franquista. El pasado reciente, más allá de la Transición a la democracia, ha quedado relegado a un segundo plano. Con He visto ballenas, Javier de Isusi se acerca al terrorismo de ETA, un tema muy complejo y difícil de tratar sin herir sensibilidades.

La propuesta de Isusi es muy original, ya que no trata de hacer una historia del terrorismo ni tiene una visión maniquea y simplista sobre el tema. Lo que narra en el cómic es ficción, aunque está inspirado en la realidad: un preso de ETA que ya había dejado la banda terrorista y que cumplía condena en una prisión francesa, conoció allí a un preso, también arepentido, que había participado en el GAL (la guerra sucia del Estado contra ETA). Ambos presos no trabaron amistad, pero sí que tuvieron una relación cordial. A partir de este hecho, el dibujante es capaz de crear un relato intenso y emocionante.

La novela gráfica gira en torno a tres personajes: Emmanuel, ex-miembro del GAL; Josu, ex-miembro de ETA; y Antón, religioso al que el grupo terrorista asesinó a su padre. La acción transcurre entre el presente y los recuerdos de Antón 25 años atrás. Antón y Josu eran amigos de la infancia, pero la militancia de este último en grupos del entorno de ETA los acabó separando. El asesinato del padre de Antón, hecho fundamental en la vida de ambos, provocó la ruptura definitiva entre ellos.

Pese a ser un tema espinoso, el autor bilbaíno consigue tratarlo con gran delicadeza. La culpa y el perdón son los ejes del cómic. Como reconoce el autor (muy recomendable esta entrevista), su intención no era juzgar o justificar unos hechos, sino tratar de comprender lo que podrían sentir los personajes: “no he tratado de ser objetivo sino todo lo contrario, he intentado meterme en la piel de cada uno de los personajes y poder sentir su subjetividad“.

Las relaciones Antón-Josu y Josu-Emmanuel son la base de la narración, pero los personajes secundarios también están muy conseguidos. La introducción del hijo de Josu como uno de los personajes importantes de la obra, aporta una visión muy interesante, la del familiar del preso al que las acciones de éste afectan de manera directa aún muchos años después. Sus conversaciones con Antón son de lo mejor del cómic, ya que ofrecen muchas reflexiones interesantes.

Javier de Isusi ha utilizado las acuarelas y una gama cromática corta, que va del amarillo al gris pasando por distintos grados de azul, para dotar a la novela gráfica de una atmósfera fría. Con ello, el autor trata de distanciarse de lo que narra y que sean los personajes y los diálogos los que nos lleven a la reflexión. He visto ballenas es un cómic valiente, que aporta muchos elementos para el debate sobre la memoria, la reconciliación y el perdón en el País Vasco. Una lectura que no deja indiferente y que, al menos en mi caso, hace que te replantees muchas ideas preconcebidas.

Cuadernos rusos

Cuadernos rusos. La guerra olvidada del Cáucaso, de Igort (Salamandra Graphic)

Después de narrar la historia de Ucrania, a través de los testimonios directos de ciudadanos de ese país en Cuadernos ucranianos, Igort volvió a la antigua URSS para contar una nueva y terrible historia. En esta ocasión, el autor italiano indaga sobre  el asesinato de la periodista Anna Politkovskaya y la guerra de Chechenia.

Esta conocida activista en favor de los derechos humanos había denunciado los abusos del ejército ruso en su lucha contra los “terroristas” chechenos, hecho que la había enfrentado con el gobierno de Vladimir Putin. Había sido envenenada, había recibido agresiones físicas, e incluso, había sido retenida y torturada por militares rusos. Finalmente, Anna Politkovskaya fue asesinada el 7 de octubre de 2006 en el ascensor de su piso en Moscú.

Igort, con la habilidad que ya demostró en su anterior trabajo sobre Ucrania, utiliza las viñetas, la ilustración y el texto para relatar la historia de la lucha de Politkovskaya. Además, el autor italiano sigue los pasos de la activista e investiga los crímenes del ejército ruso en Chechenia. A través de estos dos relatos, que avanzan en paralelo, Igort crea un cómic muy duro y muy crudo, que denuncia ambas injusticias.

El inicio de Cuadernos Rusos es espectacular, ya que Igort narra en primera persona su visita al piso de Politkovskaya. Con un gran dramatismo, el dibujante reconstruye el asesinato. A partir de este momento, mediante los testimonios de gente cercana a la activista rusa, Igort trata de explicar la lucha que ésta llevaba a cabo: los motivos, los miedos, las consecuencias… La valentía de Anna Politkovskaya, que se enfrentó a un enemigo tremendamente poderoso, es la bandera del autor italiano.

Al mismo tiempo, Igort se enfrasca en una tarea abrumadora: narrar el conflicto de Chechenia alejándose de las visiones más reduccionistas y maniqueas. No trata de escribir la Historia del conflicto de Chechenia, sino que intenta construir su propio relato gracias a los testimonios directos de las víctimas del conflicto. Es muy interesante cómo Igort da voz a los que están condenados a permanecer en silencio: soldados rusos que se negaron a cometer abusos, víctimas chechenas que perdieron a familiares y víctimas de los atentados cometidos por las milicias chechenas.

Igort utiliza con maestría multitud de recursos gráficos para transmitir el dolor y el sufrimiento que padeció mucha gente en Chechenia. Las torturas que llevaba a cabo el ejército ruso, incluso contra algunos militares que no querían participar de estas acciones, son representadas con tremenda dureza, pero al mismo tiempo con gran delicadeza, tratando de respetar el recuerdo de la víctima.

La lectura de Cuadernos rusos es una gran manera de acercarse a la historia reciente de una de las zonas más conflictivas del planeta. La visión de Igort es muy original, ya que rechaza tajantemente la propaganda rusa, pero al mismo tiempo, se aleja de los tópicos difundidos en Occidente sobre el gigante ruso. Visualmente es un cómic magnífico, pero la historia que narra tiene tanta fuerza que te sumerges en ella y olvidas el resto. Igort, en la estela de Joe Sacco, firma un cómic con una historia sólo al alcance de los mejores reporteros de guerra.

Notas al pie de Gaza

Notas al pie de Gaza, de Joe Sacco (Random House Mondadori)

Joe Sacco volvió a los territorios palestinos años después de la publicación de su exitoso Palestina. En la franja de GazaEn esta ocasión viajó con Chris Hedges con la intención de  escribir un reportaje para la revista Harper’s. Poco antes de partir, Sacco leyó a Noam Chomsky sobre lo acontecido en la ciudad palestina de Khan Younis en 1956: el asesinato de 257 civiles palestinos a manos del ejército israelí.

En su característico estilo periodístico, el autor maltés narra su experiencia cotidiana en Gaza; pero en esta ocasión, Sacco va un paso más allá y en un relato paralelo nos va mostrando los resultados de su investigación sobre los hechos de 1956. Como con sus obras sobre la guerra de los Balcanes, el dibujante trata de explicar el origen del conflicto y para ello se remonta 50 años atrás, ante el estupor de los jóvenes gazatíes que no entienden por qué a un extranjero le interesa tanto el pasado con lo que está sucediendo en la actualidad.

La historia, por tanto, discurre en dos planos: por un lado, el presente del reportaje, con las visitas y los testimonios de los supervivientes de 1956 y con la observación directa de las acciones del ejército israelí contra Gaza; y por el otro, con la reconstrucción minuciosa de lo que aconteció en Khan Younis en 1956. Es muy interesante la manera en que Sacco es capaz de recrear los hechos a partir de los recuerdos de los supervivientes y de una exhaustiva labor de investigación archivística por parte de un equipo contratado expresamente por él en Israel. La memoria va acompañada de las pruebas documentales, y Sacco, actuando más como historiador que como reportero, es capaz de construir un relato totalmente veraz.

Lo más interesante de esta novela gráfica es la relación entre pasado y presente. Ante la gran cantidad de hechos relevantes asociados al conflicto árabe-israelí, que haría que cuaquier acontecimiento relatado en el cómic quedara rápidamente obsoleto, Sacco opta por narrar un hecho pretérito que no sucumba ante la vorágine de la actualidad inmediata. Para los palestinos que están sufriendo el día a día de la ocupación israelí, este viaje al pasado no tiene sentido; pero para el dibujante, éste elemento es precisamente el eje central del cómic.

Los archivos israelíes y los informes de la ONU demuestran la veracidad de los testimonios de los supervivientes. Sacco, que no oculta su simpatía por el pueblo palestino – “la versión israelí ya la vemos cada día en los medios de comunicación norteamericanos” -, lleva a cabo un ejercicio bastante diferente a sus anteriores obras. Ya no trata únicamente de reflejar la realidad del presente, la noticia, y, a la manera de los buenos reportajes periodísticos, dotar a la historia de un contexto.

Con Notas al pie de Gaza, el historietista maltés muestra que el cómic es tan versátil que es capaz de presentar los resultados de una investigación histórica sin perder sus señas de identidad. Estructuras gráficas muy cuidadas, cuadros de texto abundantes y su característico dibujo permiten a Sacco salir exitoso de este reto: el cómic como libro de Historia.

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Operación muerte

Operación muerte, de Shigeru Mizuki (Astiberri)

Shigeru Mizuki combatió en el Frente del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial. Fue reclutado en 1942 por la Armada Imperial Japonesa y destinado a la isla de Nueva Bretaña, en Papúa Nueva Guinea. Allí sufrió los horrores de la guerra, desde el maltrato por parte de sus superiores a los bombardeos aliados, a causa de los cuales perdió su brazo izquierdo. Esta terrible experiencia en el ejército estuvo presente durante muchos años e impulsó a Mizuki a escribir sobre ella. Aunque dice en el epílogo que lo que se narra es verídico en un 90%; Operación Muerte no es un relato autobiográfico.

La acción transcurre en la Isla de Nueva Bretaña, donde llegan los soldados en las primeras páginas del cómic. El día a día de los reclutas, muy duro, contrasta con la belleza del escenario. El enemigo aún no ha llegado y sus miedos se centran en las enfermedades  – malaria y disentería – y en la escasez de agua potable y de alimentos. Pese a estas dificultades, lo peor es el trato que reciben por parte de los oficiales. Mizuki asegura en el epílogo que valía más la vida de un caballo que la de un soldado.

A causa de las terribles condiciones que padecen, poco a poco algunos soldados caen enfermos y el ejército sufre sus primeras bajas, mucho antes de que se inicien los combates. La moral de la tropa cae en picado, y pese a los intentos de los mandos de insuflar patriotismo, Mizuki transmite cuál era el sentimiento de la mayoría de los reclutas: el deseo de sobrevivir.

Pese a la épica habitual del cine bélico, la realidad de la guerra poco tiene que ver con esa creación artificial. La absurdidad y la injusticia de la guerra son el eje central de la narración de Mizuki, en un ejercicio similar a las descripciones que hace Tardi de la Primera Guerra Mundial. La omnipresente violencia, la tensión permanente y el insuficiente equipamiento convirtieron en terrible la estancia en la isla. Cuando el enemigo hizo su aparición, las cosas sólo podían ir a peor para los soldados japoneses.

El dibujo de Mizuki, muy característico, consigue recrear el horror y al mismo tiempo, gracias al aire caricaturesco de los personajes, permite que el sentido del humor esté presente. Es destacable la diferencia que existe entre el dibujo de los paisajes y los vehículos militares, muy realista y muy documentado, y el de los protagonistas de la acción. El entorno selvático está perfectamente reflejado y en las escenas violentas Mizuki muestra su maestría. Uno de los elementos más conseguidos es la presencia del enemigo amenazante, con una gran presencia en la segunda mitad del cómic, a pesar de que prácticamente no aparece explícitamente dibujado.

Llegados  este punto, es imprescindible hablar de lo que es una operación muerte, gyokusai en japonés, que consistía en un ataque suicida sobre una posición enemiga. Han tenido mucha difusión las acciones de los kamikazes, los pilotos que estrellaban sus aviones contra objetivos enemigos; pero este tipo de acciones no únicamente sucedían en la aviación. En la marina también era habitual esta orden y Nueva Bretaña fue escenario de la operación muerte en que participó Mizuki.

Shigero Mizuki consigue que la identificación con los soldados sea total. Los oficiales los envían a una muerte segura mientras ellos se quedan en la retaguardia. Las últimas escenas son muy emocionantes. Como escribe Mizuki en el epílogo: “Los muertos nunca han podido contar su experiencia de la guerra. Yo puedo hacerlo. Cuando dibujo una historieta sobre este tema noto cómo me invade la rabia. Imposible luchar contra ella. Sin duda este sentimiento terrible es producido por las almas de todos estos hombres muertos hace mucho tiempo”.

Kiki de Montparnasse

Kiki de Montparnasse, de Catel y Bocquet (Sins Entido)

Alice Prin nació en 1901 en un entorno rural muy humilde, en la región francesa de Borgoña. A pesar de este origen, la protagonista del cómic llegó a convertirse en la gran musa del París de los años 20. Allí fue conocida como Kiki de Montparnasse. La novela gráfica de Catel y Bocquet es una biografía muy documentada de esta peculiar figura.

En la segunda década del siglo XX la capital francesa era el centro cultural más importante de Europa, ya que multitud de artistas de todas las disciplinas residían allí. En pleno apogeo de las vanguardias artísticas, todo joven europeo o norteamericano con ambiciones quería ir a París. Montparnasse, una zona agrícola durante la primera mitad del siglo XIX, era una de las zonas más baratas de la ciudad y por tanto, era donde podían instalarse los jóvenes artistas recién llegados.

Con el paso de los años, el barrio de Montparnasse floreció culturalmente y gran cantidad de cafés y teatros abrieron sus puertas allí. Genios universales de diversas disciplinas se movían por sus calles, pero entre todos ellos había una reina indiscutible: Kiki, la reina de Montparnasse.

Kiki tuvo una infancia complicada, ya que se tuvo que criar con su abuela en un entorno muy pobre y muy cerrado. Cuando aún era una adolescente tuvo que emigrar a París, donde se reencontró con su madre. Tenía la esperanza de dedicarse al mundo del espectáculo; pero una vez en la gran urbe, empezó a trabajar en una panadería. Poco después, con 14 años de edad, inició su carrera como modelo de desnudos para escultores y pintores, hecho que la enfrentó con su madre.

Poco a poco fue entrando en el mundillo del arte parisino. Posó para multitud de jóvenes artistas, algunos de los cuales llegaron a ser muy conocidos: Cocteau, Calder, Fouijta o Gargallo. En el ambiente liberado del París de la época, Kiki también tuvo multitud de amantes, pero su gran amor fue Man Ray. El artista americano la retrató innumerables veces y fue su relación amorosa más duradera.

Además, Kiki fue durante bastantes años la gran estrella de los cabarés parisinos. Cantaba, bailaba y el personaje en que se había convertido era una gran atracción. Su vida fue muy intensa, en todos los sentidos posibles, y por ello, Kiki es una figura esencial para comprender cómo fue el París de los locos años 20.

Cuando llegaron los años 30 todo cambió, y especialmente a partir del 39, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, París perdió toda su luz. Con la ocupación nazi, a partir de 1940, la capital francesa se convirtió en un lugar tétrico en el que Kiki no encajaba. Su vida cada vez iba a peor y la antigua Reina de Montaparnasse se iba convirtiendo poco a poco en una caricatura de sí misma. Finalmente, la muerte la alcanzó bastante joven, pero los años de excesos le habían pasado factura.

La lectura de la novela gráfica de Catel y Bocquet, autores también de Olympe de Gouges, es muy amena. El dibujo de línea clara permite obtener una imagen muy definida de la arquitectura parisina y de la atmósfera que se debía vivir en los círculos artísticos del periodo de entreguerras. La figura de Kiki es deslumbrante, su vida llena de altibajos es tan atractiva como lo debió de ser ella en los años 20; pero este cómic va más allá, ya que lo mejor que ofrece, en mi opinión, es la posibilidad de observar la infinita cantidad de talento que se reunió en París en esa época: Picasso, Breton, Hemingway o Gertrude Stein, entre muchos otros. Todos compartían algo, su veneración por la Reina de Montparnasse.