Beowulf

Beowulf, de Santiago García y David Rubín (Astiberri)

Las adaptaciones literarias al cómic son bastante habituales, aunque pocas alcanzan el nivel del Beowulf de David Rubín y Santiago García. Desde un respeto absoluto por la historia original, ambos autores consiguen dotar a su relato de un ritmo y una espectacularidad pocas veces vistas en un cómic.

El Beowulf es el gran poema épico de la tradición anglosajona y se considera que fue compuesto entre los siglos V y VII. Como sucede con la mayoría de obras que se conservan de este género, el Beowulf fue un poema de transmisión oral que se fijó por escrito posteriormente. La versión más antigua conservada es la del Códice Nowell, escrita en Inglés antiguo.

El cómic, fiel al argumento del poema, narra la historia del reino de Dinamarca, devastado por los ataques del monstruo Grendel. Los mejores soldados del país han intentado vencerlo, pero todos han perecido. En medio de tal desesperación, llega a estas tierras Beowulf, quién dice ser un gran guerrero, y que asegura que es capaz de matar al monstruo.

Tras encontrar a Grendel y después de un duro combate, magistralmente dibujado por Rubín, Beowulf regresa con un brazo del monstruo, trofeo que evidencia su victoria. La historia no acaba aquí, ya que un nuevo monstruo mucho más feroz, la madre de Grendel, llega al reino para vengarse. Beowulf, ya un héroe que ha alcanzado la gloria, vuelve a salir victorioso del enfrentamiento.

El relato nos traslada unas décadas más allá, a la vejez de Beowulf, que tras haber reinado durante un largo período de estabilidad, debe enfrentarse a un último desafío: el Dragón. Nuestro héroe, ya en plena madurez, es consciente de lo que ha conseguido a lo largo de su vida, y por tanto, sabe que su historia le sobrevivirá. De esta manera se enfrenta sin miedo al monstruo, sabe que su gloria es inmortal.

Visualmente el cómic creado por García y Rubín es apabullante. El uso del color y la cantidad prácticamente infinita de recursos narrativos que utilizan tienen un nivel altísimo. En muchos aspectos es un cómic muy innovador, ya que por ejemplo, no utiliza cuadros de texto y prácticamente en cada página nos encontramos con una composición distinta y tremendamente original. Es muy interesante cómo guionista y dibujante han conseguido unir la absoluta tradición del poema con la introducción de elementos novedosos y rompedores en el lenguaje del cómic. El conjunto es fantástico.

Por último, creo que es imprescindible destacar el genial recurso de las últimas páginas, en los que autores y lectores somos incluídos en la gran tradición que une el poema épico en forma oral hasta su difusión actual en multitud de formatos. Una cosa es evidente, Beowulf, como era su anhelo, consiguió la inmortalidad; el cómic, más de 1.000 años después,  prueba que la gloria del héroe es eterna.

 

Yo, René Tardi

Yo, René Tardi. Prisionero de guerra en Stalag II B, de J. Tardi (Norma Editorial)

Jacques Tardi es el gran dibujante de la Primera Guerra Mundial, pero en esta ocasión, de la mano de René Tardi – su padre – nos traslada a los escenarios de la Segunda Guerra Mundial. Los recuerdos de Tardi padre son la base del cómic, y a través de sus experiencias como soldado y como prisionero en un campo de prisioneros vemos cómo vivió el conflicto.

Lo más original de Yo, René Tardi es la inclusión de Tardi hijo en el relato. Su yo adolescente es el que dialoga con su padre para descubrir cómo vivió la guerra. El tono del chico, impertinente en ocasiones, pone a prueba a su padre para explicar de modo coherente la absurdidad de un conflicto bélico. En la línea de sus obras sobre la Primera Guerra Mundial, Tardi sigue mostrando un gran antibelicismo.

La obra está dividida en dos partes: en primer lugar la breve experiencia como soldado y la contundente derrota frente al ejército alemán; y en segundo término el largo encierro en el campo de prisioneros Stalag II B. Esta segunda parte es la más interesante, ya que sin llegar al nivel de detalle de Primo Levi en su Trilogía de Auschwitz, Tardi consigue recrear las duras condiciones que le tocó padecer a su padre.

La estructura del cómic es constante, con tres largas viñetas por página, hecho que dota de un ritmo algo monótono al relato. Aún así, gracias a las conversaciones entre padre e hijo y a los recuerdos del primero, la historia avanza y es entretenida. El armamento, los uniformes y los vehículos están bien documentados, pero destaca el retrato del campo, muy bien reflejado en el cómic. Su estructura, sus diversas dependencias y especialmente las relaciones entre los prisioneros y entre los prisioneros y sus guardianes nos dan muchísima información sobre este tipo de lugares.

Por último, me gustaría destacar un hecho esencial: Yo, René Tardi es otra gran muestra de la recuperación de la memoria histórica a través del cómic. Los paralelismos con otras obras como Maus, El arte de volar o Un largo silencio son evidentes: el hijo que recrea los recuerdos de su padre y que gracias a ellos, reconstruye una época pasada con gran interés histórico. También es una manera de “hacer las paces” con los recuerdos del hijo respecto al padre, y este elemento está muy presente en Yo, René Tardi. Lectura muy recomendable.

El Folies Bergère

El Folies Bergère, de Zidrou y Francis Porcel (Norma Editorial)

Leí recientemente El Folies Bergère y su lectura me impactó mucho. No es un cómic estrictamente histórico, ya que la fantasía y los elementos sobrenaturales tienen un papel importante en la obra; pero aún así, creo que cumple varios requisitos para ser reseñada en el blog.

La acción del cómic transcurre en la Primera Guerra Mundial en Francia. El retrato de las trincheras que han creado Zidrou y Porcel es muy realista. La muerte, la fetidez y la podredumbre están muy presentes y muestran con gran crudeza las durísimas condiciones que padecían los soldados. La influencia de Tardi es bastante clara y en diversas ocasiones durante la lectura también recordé la película Senderos de Gloria.

La 17a División de Infantería decidió ponerse el nombre del cabaret parisino El Folies Bergère, en una suerte de autoparodia sobre su situación y con la esperanza de, una vez acabada la guerra, asistir todos juntos a ver una función. La galería de personajes que componen la división son un buen reflejo de la Francia de la época y pese a la terrible situación que les ha tocado vivir son capaces de mostrar un gran sentido del humor, muy negro en ocasiones.

En la división hay personajes realmente memorables, como el cabo Verrat o el soldado Rubignoles, pero todo “mejora” con la llegada de un capellán que tiene la misión de investigar los sucesos paranormales que están ocurriendo en el frente. Las viñetas en las que el capellán se enfrenta con sus miedos son geniales.

Uno de los elementos más interesantes del cómic es la aparición de Claude Monet en la época en la que está pintando Los nenúfares. Sus encuentros con el hermano de uno de los soldados de El Folies Bergère son brillantes, ya que muestran dos visiones del arte contrapuestas, e incluso el genial pintor francés duda de su obra ante las opiniones del chico.

El dibujo de Porcel se adapta perfectamente al guión de Zidrou, ya que consigue reflejar con un gran realismo las trincheras y el sufrimiento de los soldados; y al mismo tiempo, refleja el sentido onírico y fantasioso de algunos fragmentos. El uso del color es fantástico, ya que entre ocres y grises algunos elementos aparecen remarcados gracias a unos colores con mucha fuerza.

Resumiendo, una gran obra sobre la Primera Guerra Mundial, pero El Folies Bergère va mucho más allá. Es una historia de fantasía, de misterio, con intriga y con un gran final. La brutalidad de la guerra en contraste con las pequeñas cosas que nos hacen humanos, la muerte y la vida, el dolor y el humor; los grandes temas de la naturaleza humana.

Las meninas

Las Meninas, de S. García y J. Olivares (Astiberri)

La obra de Santiago García y Javier Olivares es tremendamente original. No es una biografía de Velázquez, aunque algunos episodios de su vida son el hilo conductor de la narración; y tampoco es la historia del famoso cuadro del pintor sevillano. Las Meninas incluye estos dos elementos, pero va mucho más allá: reflexiones sobre la naturaleza del arte, sobre qué convierte a una obra en obra maestra, sobre la recepción posterior de estas obras, sobre la influencia de los grandes genios en las generaciones posteriores de artistas, sobre el paso de artesano a artista y muchos temas más.

A partir del intento por parte de Velázquez de ingresar en la Orden de Santiago, esto es, de acceder a la nobleza, asistimos a diversos episodios que configuraron el carácter del artista y que marcaron profundamente la evolución de su obra. Sus dos viajes a Italia fueron importantes, pero fue el encuentro con José de Ribera, “El españoleto” en Nápoles, el que más huella dejó  en Velázquez. Su ambición por crear una “auténtica obra maestra” que lo hiciera inmortal fue el motor del pintor.

Las relaciones de Velázquez con otros pintores de su época y con su esclavo tienen un papel central en el relato, ya que García y Olivares muestran con maestría cómo éstas influyen en la evolución pictórica y personal del artista. Las diferentes visiones del arte que tienen Rubens y Velázquez, por ejemplo, quedan perfectamente plasmadas, y sirven para evidenciar que el debate en torno a su naturaleza no es algo reciente.

Además de la gestación de Las Meninas, en la novela gráfica son muy importantes las apariciones de otros artistas como Dalí o Picasso, que dan fe de la influencia que tuvo en ellos y en su obra el cuadro de Velázquez. El deseo del sevillano de ser recordado por su obra se ha convertido en realidad y a lo largo de más de 300 años ha influido en multitud de artistas.

Otro elemento fundamental es la figura del pintor de corte, en este caso en la corte de Felipe IV. La relación entre el monarca y el pintor es muy cercana, pero al mismo tiempo las formalidades y la burocracia de la época hacen que en ocasiones surjan conflictos. Trabajar en un oficio manual impedía el acceso a la nobleza, así que Velázquez tenía que justificar que lo que él hacía no era un oficio sino un arte, hecho que chocaba con la mentalidad de la época. Velázquez fue revolucionario en muchos aspectos.

A nivel gráfico poco puedo decir, la demostración de Javier Olivares es sencillamente espectacular. La multitud de estilos, los juegos visuales con todo tipo de viñetas y la fuerza que transmite cada pincelada convierten la lectura de Las Meninas en una gran experiencia.

Por último, me gustaría destacar el final del cómic en el que por fin descubrimos cuál es el secreto de Las Meninas. La habilidad que muestran García y Olivares para resolver el misterio es fantástica. Una gran novela gráfica con multitud de lecturas posibles, que en mi humilde opinión está perfectamente a la altura del cuadro de Velázquez.

El invierno del dibujante

El invierno del dibujante, de Paco Roca (Astiberri)

Después del apabullante éxito de ArrugasPaco Roca volvió a conquistar el favor de público y crítica con El invierno del dibujante, su particular homenaje a toda una era de la historieta española: la época de la Editorial Bruguera. Fue en 1957, en pleno franquismo, cuando cinco de sus dibujantes más importantes (Conti, Cifré, Escobar, Giner y Peñarroya) trataron de establecerse por su cuenta, con la creación de la revista Tío Vivo. Éste es el episodio con el que Paco Roca consigue retratar el mundo del cómic en la Barcelona de los 50.

En esa época los autores padecían una situación muy complicada, ya que los contratos establecían que los personajes y todas sus creaciones eran propiedad de la editorial y ellos tan sólo recibían un sueldo, más o menos digno, a cambio de su trabajo. Ante esta situación, los protagonistas de la obra decidieron cambiar las cosas con la creación de una nueva revista dirigida a un público más adulto y en la que ellos tuvieran el control total.

A finales de los años 50, en una España controlada férreamente por el régimen, que unos trabajadores de una de las industrias culturales más importantes de la época crearan una cooperativa fue algo revolucionario. Aunque finalmente el nuevo proyecto no obtuvo el éxito deseado, al menos sirvió para mostrar a los propios dibujantes su valor; y a los empresarios del sector, que tenían que mejorar las condiciones de sus trabajadores.

Paco Roca narra las vivencias de este grupo mediante flashbacks y flashforwards, y para resaltar la estructura temporal del cómic utiliza el color. Las cuatro franjas temporales en que el autor valenciano divide la acción cuentan con páginas de un color distinto. Gracias a este recurso, sabemos en qué momento de la historia se sitúan las viñetas que estamos leyendo.

 

Además del mundo de la historieta, también es protagonista de la obra la Barcelona de los años 50. Para representarla lo más fidedignamente posible, Paco Roca se sirvió de diversos recursos: las fotografías de Català Roca; las películas de la época y los primeros programas de televisión. Gracias a estas fuentes y a la observación directa de la ciudad, en la que aún quedan vestigios de las décadas de los 50 y 60, el autor valenciano fue capaz de recrear este periodo concreto de la historia de la capital catalana.

En definitiva, El invierno del dibujante es una novela gráfica esencial para comprender la evolución del sector editorial del cómic en España, y además, es un muy buen retrato de las relaciones laborales durante el régimen franquista y de la Barcelona de la posguerra. Una gran lectura.

Dublinés

Dublinés, de Alfonso Zapico (Astiberri)

Alfonso Zapico ganó con Dublinés el Premio Nacional de Cómic en el año 2012. La biografía de James Joyce, uno de los escritores más importantes del siglo XX, se ha convertido por méritos propios en una de las mejores novelas gráficas de los últimos años.

Joyce fue un personaje muy peculiar. Consciente de su propia grandeza, se sentía un incomprendido y llevaba una vida, en ocasiones, muy miserable. Alfonso Zapico creó un relato muy entretenido, muy bien documentado y salpicado de dramatismo y sentido del humor, que da una visión muy completa del excéntrico escritor irlandés.

En mi opinión hay dos elementos que hacen especialmente interesante esta obra: por un lado, la recreación de los diversos escenarios en los que vivió el escritor irlandés – Dublín, Trieste, París y Zúrich-; y por el otro, cómo Zapico consigue que veamos de cerca los procesos creativo y autodestructivo, ambos simultáneos, de una de las grandes plumas de la historia de la literatura.

Por las páginas de Dublinés pasan un gran un gran número de escritores y escritoras: Henrik Ibsen, W. B. Yeats, Ezra Pound, H. G. Wells, T. S. Eliot, Virginia Woolf, Marcel Proust, Ernest Hemingway o Samuel Beckett. Además también aparecen otros grandes personajes del mundo del arte y la cultura como Sergéi Eisenstein, Henri Matisse, André Gide o Le Corbusier; e incluso Lenin. Así, Zapico, a través de la vida de Joyce, también retrata los círculos de la alta cultura europea de inicios del siglo XX.

Si os interesa la figura de Joyce, también vale la pena la lectura de La ruta Joyce, del propio Zapico, en la que narra sus viajes por Europa siguiendo las andanzas del escritor y el proceso creativo de Dublinés.

El autor de Ulises y sus andanzas por media Europa.

Las serpientes ciegas

Las serpientes ciegas, de Hdez. Cava y B. Seguí (Bd Banda) També disponible en català (Inrevés Edicions)

Las serpientes ciegas ganó el Premio Nacional de Cómic del 2009, hecho que muestra la gran calidad de esta obra. La historia creada por Felipe Hernández Cava y dibujada por Bartolomé Seguí nos lleva al Nueva York de 1939, y mediante flashbacks, también a diversos escenarios de la Guerra Civil española.

El tono de novela negra es evidente desde el principio, en el que vemos como un enigmático personaje vestido de rojo (color fundamental en la historia) llega a Nueva York en busca de Ben Koch. Poco a poco vamos descubriendo que Koch participó en las Brigadas Internacionales que combatieron el fascismo en la guerra civil. Gracias a los flashbacks, fundamentales en la obra, también vemos los inicios del Partido Comunista americano y la persecución a a la que sus miembros fueron sometidos.

De la mano de Ben Koch también viajamos a la convulsa Barcelona del mayo de 1937, con los enfrentamientos entre anarquistas y comunistas; y posteriormente, en 1938 a uno de los escenerios más decisivos de la guerra civil: la batalla del Ebro. Gracias a estos flashbacks, asistimos al crecimiento personal de Koch y a su pérdida de la inocencia.

El dibujo de Seguí,  aunque muy diferente del de la mayoría de su obra, se adapta perfectamente al ambiente oscuro de Nueva York y a su fascinante arquitectura. El uso del color es fundamental en Las serpientes ciegas, destacando en los momentos trascendentales de la obra y especialmente en los capítulos finales.

Por último, en mi opinión, lo mejor del cómic es su retrato crítico de una época de grandes esperanzas, pero al mismo tiempo de una época de grandes frustraciones. La reflexión en torno al idealismo, al egoísmo y la generosidad propios de la naturaleza humana y en torno a la creación de la memoria son muy acertadas. Además, el final es antológico.