El fotógrafo

El fotógrafo, de Guibert, Lefèvre y Lemercier (Sins Entido, Glénat)

Didier Lefèvre es un fotógrafo francés, que en 1986 decide acompañar a un equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) a Afganistán, que en esos momentos está en plena guerra con la URSS. El fotógrafo narra, mediante el dibujo y la fotografía, esta brutal experiencia que marcó a Lefèvre para siempre.

El protagonista viaja de París a Pakistán, donde MSF se prepara para cruzar la frontera y empezar el verdadero viaje. El choque cultural es muy grande y Guibert, un poco a la manera de Guy Delisle, refleja los elementos más curiosos de este nuevo entorno. Desde allí parten hacia Afganistán, donde el viaje se convierte en una gran aventura.

La expedición de MSF tiene como objetivo llegar al norte de Afganistán, donde la población está más desasistida. Para llegar hasta allí deben cruzar la cordillera del Hindu Kush, con sus picos de más de 6.000 m de altura. El frío y la nieve, el peligro de los bombardeos soviéticos y las disputas entre los clanes afganos hacen que el trayecto sea muy peligroso.

Además de Lefèvre, los personajes principales son los miembros de la expedición de MSF a los que vamos conociendo poco a poco. Sus motivaciones, sus dudas y sus miedos tienen un papel fundamental en el relato. El pueblo afgano se erige también en protagonista, ya que el retrato de sus costumbres y de cómo se adapta a la difícil situación que le ha tocado vivir es un elemento esencial del cómic. El sufrimiento provocado por la guerra es fundamental en la obra, pero también la capacidad de adaptación y de sacar provecho de los problemas.

A nivel gráfico, lo más destacado de El fotógrafo es el uso de dibujo y fotografía. Las viñetas de Guibert van creando la línea narrativa y las fotografías de Lefèvre (hizo más de 4.000 a lo largo del viaje) dotan de mayor realismo a la obra, de modo que nos trasladan directamente al corazón de Afganistán. Las fotografías nos acercan a los personajes que Didier Lefèvre va conociendo y nos permiten sufrir junto a él en su viaje de retorno a Pakistán.

El resultado global es fantástico. Una gran aventura situada en un contexto histórico muy cercano, hace menos de 30 años. En Afganistán y Pakistán, dos países en los que los conflictos que observamos en el cómic siguen totalmente vigentes. La visión de primera mano de las actividades de una organización como MSF en una zona de guerra. El crecimiento personal del protagonista y los cambios que su visión occidental padece. Todo ello conforma una obra maravillosa.

Los surcos del azar

Los surcos del azar, de Paco Roca (Astiberri)

Paco Roca nos explica en Los surcos del azar la historia de La Nueve (9a compañía de la 2a división blindada o División Leclerc), la compañía del ejército de la Francia Libre integrada por republicanos españoles exiliados después de la guerra civil. Es una de esas historias que todos deberíamos conocer, pero que han quedado en el olvido tras 36 años de dictadura y una Transición en la que no se levantaron las alfombras.

El inicio de la novela gráfica se sitúa en el puerto de Alicante, desde donde intentaban escapar los últimos exiliados. Allí, el único barco que accede a llevárselos es  un carbonero inglés, el Stanbrook.

Uno de los surcos del azar, que dan título al cómic, hizo que los refugiados españoles, que huían del fascismo, llegaran a las colonias francesas del Norte de África y se convirtieran en prisioneros de la colaboracionista Francia de Vichy. Los condenaron a trabajos forzados en el proyecto del ferrocarril Transahariano (Documental: Cautivos en la arena) que tenía que unir el Mediterráneo con Níger a través del desierto. Pero el azar no se quedó ahí, y tenía reservado otro giro en la vida de estos héroes. La creación del ejército de la Francia Libre, dio a los derrotados de la guerra civil otra oportunidad para luchar contra el fascismo.

Los republicanos españoles eran luchadores veteranos y rápidamente consiguieron buena fama dentro del ejército de De Gaulle y De Clerc. Éste último fue el artífice de la creación de La Nueve, la compañía formada mayoritariamente por republicanos españoles. Se embarcaron en la invasión de Europa, siempre con la esperanza de acabar liberando a España del yugo franquista. La Nueve tuvo un papel protagonista en la liberación de París, hecho que quedó inmortalizado, gracias a otro de los surcos del azar, en la portada del diario Libération, que incluyó la foto del republicano Amado Granell como si fuera el capitán Dronne.

El valenciano Amado Granell en la portada del diario Libération tras la liberación de París.
El valenciano Amado Granell (primero por la derecha) en la portada del diario Libération tras la liberación de París.

Los surcos de la Historia fueron muy crueles con estos héroes. Liberaron París de los nazis, llegaron al Nido del Águila (Kehlsteinhaus, en Berchtesgaden), el refugio de Hitler en los Alpes; pero quedaron olvidados por la Historia. Mientras Europa era liberada del fascismo, España vivió 36 años de dictadura franquista; mientras los exiliados republicanos seguían luchando por la Francia Libre, Charles de Gaulle daba un discurso en que afirmaba “que Francia sola y por ella misma se había liberado del nazismo” (discurso en inglés), sin siquiera nombrar a una parte tan importante de su ejército. Después llegaría una decepción aún mayor, cuando los aliados no intentaron liberar a España del fascismo. Hasta el año 2004 los republicanos españoles que ayudaron a liberar Francia no tuvieron un reconocimiento oficial por parte de las autoridades francesas. En España ese reconocimiento no ha llegado, pero Paco Roca con Los surcos del azar les ha rendido un gran homenaje.

El almanaque de mi padre

El almanaque de mi padre, de Jiro Taniguchi (Planeta de Agostini)

Jiro Taniguchi, dibujante japonés nacido en 1947, trabajaba normalmente con guionistas. Él era el encargado de dar vida a los guiones, y por tanto, de adaptar su dibujo a los deseos de otros, generalmente con grandiosos resultados. En cambio, en El almanaque de mi padre, fue el autor integral del cómic y el resultado fue magnífico.

Yoichi Yamashita es el protagonista de la historia. Es un hombre que vive en Tokyo y debido a sus compromisos laborales ha perdido el contacto con su familia, que reside en Tottori, en el suroeste rural japonés. La muerte de su padre es el hecho que da inicio al relato, ya que Yoichi se ve obligado a volver a su pueblo y reencontrarse con su hermana, su tío, su madrastra y, sobretodo, con su pasado.

El gran incendio de Tottori del año 1952 supuso un punto de inflexión en la vida del pequeño Yoichi y en la relación con su padre. Con la ayuda de su hermana y de su tío Daisuke, el protagonista va reconstruyendo su historia y la pérdida de contacto con su padre. Los sentimientos de Yoichi van cambiando a medida que va descubriendo cómo era en realidad su padre, que se había convertido en un desconocido para él.

La familia Yamashita y el municipio de Tottori conforman un gran retrato del Japón rural de la posguerra. Taniguchi, mediante esta historia familiar, consigue mostrar al lector la realidad de una generación entera de japoneses. La sensación de que la vida en el pueblo imponía unos límites terribles para la gente joven; el deseo de escapar a Tokyo, la tierra de las oportunidades, era compartido por millones de jóvenes japoneses, y entre ellos se encontraba el propio Jiro Taniguchi. El almanaque de mi padre no es una obra autobiográfica, pero como el autor reconoce en el epílogo, hay determinados elementos que sí lo son.

Un dibujo muy cuidado, una historia muy emotiva y una relación padre-hijo en la cual todos podemos sentirnos reflejados en un determinado momento son los ingredientes que conforman esta majestuosa novela gráfica. La nostalgia, el rencor y el arrepentimiento son sentimientos tremendamente humanos, y Jiro Taniguchi traslada esta humanidad a las viñetas en blanco y negro como lo haría el mejor novelista.

 

Cuadernos ucranianos

Cuadernos ucranianos [Memorias de los tiempos de la URSS], de Igort (Sins Entido)

Últimamente, Ucrania está muy de actualidad. Su conflicto con Rusia aparece continuamente en los informativos, pero la historia ucraniana, especialmente en el siglo XX, es muy interesante. Los ucranianos han sufrido mucho en los últimos 100 años: guerra civil rusa, la gran hambruna de 1932-1933, la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial o el accidente nuclear de Chérnobil son algunos de los momentos más destacados de este periodo.

El autor italiano Igort se instaló durante prácticamente dos años en el país, y se dedicó a entrevistar a sus habitantes para construir un relato escalofriante. La estructura de la novela consta de una pequeña introducción, los relatos de 4 víctimas de la historia ucraniana y un emotivo y reivindicativo epílogo.

La edición es una preciosidad: combina viñetas a color con aspecto de bocetos, sin definir del todo, con grandes dibujos en blanco y negro o en sepia que ocupan la mayor parte de las páginas. El conjunto es fantástico, puesto que transmite la crueldad y la dureza del relato; y al mismo tiempo es una muestra de la búsqueda de la perfección  estética y del dominio técnico de Igort.

En una entrevista concedida por el autor en el Salón del Cómic de Barcelona en 2011 a Entrecomics, Igort afirma que lo más difícil fue ser fiel a las historias que los supervivientes de los desastres históricos le narraban. Le daba miedo no estar a la altura y transmitir los relatos sin hacerles justicia. En mi opinión, el historietista italiano ha tenido éxito en esta labor. La lectura de Cuadernos ucranianos es dura, produce un gran impacto y no solo por el fondo de lo narrado, también por la forma en que Igort lo traduce al lenguaje del cómic.

Los 4 protagonistas de la novela gráfica son Serafina Andréyevna, que explica sus recuerdos de la gran hambruna de 1932 y 1933, durante la cual el canibalismo se extendió como forma de supervivencia; y posteriormente remomemora los problemas causados por la catástrofe de Chernóbil. Nicolái Vasílievich, quien narra sus recuerdos desde los difíciles años 30 hasta la caída del comunismo, pasando por la brutalidad de la ocupación nazi o las penosas condiciones laborales impuestas por la industrialización forzada.

María Ivánovna, que relata las duras vivencias de una mujer del campo ucraniano que sufrió la deskulakización (intento de eliminar a los pequeños propietarios rurales) y las dificultades para criar a una hija prácticamente en solitario. Y, por último, Nicolái Ivánovich, quien relata con nostalgia cómo se vivía bajo el comunismo y, en contraste, los problemas de la Ucrania rural actual.

Entre los recuerdos de los protagonistas, Igort lleva a cabo un trabajo fabuloso con la recopilación de documentos y de datos concretos que confirman las historias personales de estos supervivientes. Los archivos soviéticos o artículos de prensa de la época son sus fuentes, que muestran la hipocresía y el cinismo de los responsables de decisiones que afectaron a millones de personas.

Se calcula que durante los años de la gran hambruna murieron aproximadamente 5 millones de ucranianos, la mayoría de ellos como consecuencia directa de la decisión de Stalin de castigar al pueblo ucraniano por su rebeldía ante los dictados de Moscú. Las consecuencias de Chérnobil aún están presentes más de 25 años después del accidente, y a pesar de que las autoridades soviéticas y posteriormente ucranianas, han tratado de ocultar la magnitud del desastre.

La muerte blanca

La muerte blanca, de Morrison y Adlard (Planeta de Agostini)

Generalmente, cuando pensamos en la Primera Guerra Mundial recordamos la guerra de trincheras y las batallas de Verdún o del Somme. La muerte blanca nos traslada a otro escenario de esta contienda: los Alpes y los enfrentamientos entre el ejército italiano y el austriaco. Allí, ambos bandos tenían un enemigo común: el frío y la nieve.

El cómic de Morrison y Adlard narra las experiencias de diversos soldados italianos en este frente bélico. La lucha por la supervivencia, más que la lucha por derrotar al enemigo, son el motor que impulsa a estos hombres, que padecen unas condiciones terribles.

Su lectura es muy interesante para observar un tipo diferente de guerra en un escenario relativamente alejado de la frontera franco-alemana, tradicional protagonista de esta gran guerra. Además, el dibujo transmite muy bien las sensaciones que debían tener los soldados durante los largos inviernos allá en Los Alpes.

Pyongyang

Pyonyang, de Guy Delisle (Astiberri)

Pyongyang nos sumerge en uno de los países más herméticos del mundo: Corea del Norte. Es un país prácticamente imposible de visitar, ni siquiera como turista. Los pocos extranjeros que obtienen el permiso de entrar en el territorio norcoreano son controlados exhaustivamente por unos “guías” enviados por el gobierno. Guy Delisle padece este tipo de seguimiento en su estancia en la capital – Pyongyang -, mientras intenta trabajar con unos medios limitadísimos como director de un estudio de animación.

La crítica social y política es esencial en esta obra, ya que Delisle nos muestra desde dentro la absurdidad que padecen la gran mayoría de los norcoreanos, que sufren en silencio las acciones de un régimen brutal. El humor y la autoparodia son elementos básicos de esta obra, ya que el autor trata de relativizar la grave situación del país, especialmente porque sólo le dejan acceder a una parte de la realidad.

En el apartado Propuestas didácticas del blog podéis consultar la ficha didáctica de esta obra.

Los mejores enemigos

Los mejores enemigos. Una historia de las relaciones entre EE UU y Oriente Medio. 1a parte 1783-1953, de David B. y J.P. Filiu (Norma)

A diferencia de la mayoría de los cómics de género histórico, Los mejores enemigos es un ensayo histórico. No es una ficción histórica ni una biografía, es un libro de Historia en viñetas.

David B. y J.P. Filiu narran de manera magistral las turbulentas relaciones entre los EEUU y Oriente Medio. La introducción, que relaciona el Gilgamesh con la política exterior norteamericana más reciente, es el punto de partida. Desde allí asistimos a la narración del contacto entre los EEUU y los piratas del Magreb a finales del s.XVIII e inicios del XIX; a las relaciones petroleras con Arabia Saudí y a la implicación estadounidense en la política interior iraní, con el golpe de estado a Mossadegh. Espero que la 2a parte llegue pronto a las librerías.

Si habéis leído otras obras de David B. (La ascensión del gran mal, especialmente) conoceréis su característico dibujo, que en esta ocasión se adapta perfectamente a los textos de Filiu. La atmósfera que crean sus viñetas, dotadas en muchos momentos de una gran fuerza simbólica, es ideal para analizar con rigor la política exterior de los EEUU.

En el apartado Propuestas didácticas del blog podéis consultar la ficha didáctica de esta obra.